Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de Las Inadaptadas (Vicky y Josita en este caso.)
xoXOXox
Capítulo 12:
Y pasan exactamente dos segundos para que la cara de Alfred se descomponga en cámara lenta mientras las rodillas de la pequeña hermana de Iván se le entierran en el estomago. El ruso intenta apañarla antes de la colisión, extendiendo las manos hacia ambos y fallando al recibir las manos de la niña en la cara.
Nataliya, con expresión de maldad pura, sonríe al escuchar un quejido ahogado salir de la boca del americano y este ve por un momento lucecitas. Alfred, con el golpe y las cosquillas que ya lo habían dejado moreteado, agarra a la niña de la cintura y la aparta como puede. Ella chilla agarrándose a Iván porque al parecer no pueden ser civilizados por un rato.
Y es que ella no es nada frágil pero si para Katyusha Iván lo es, para Iván Nat es de porcelana. Aunque esté fingiendo la muy gamberra.
—No le hagas daño a Nataliya —pide el ruso con un tono de voz diferente al que nunca había usado con él.
Alfred levanta la vista de la mocosa infernal y se le abre la boca de la impresión. Ese no era el Iván de hace un rato. Con la mirada fija en él, los ojos vacíos y un aura severa, el mayor se veía listo para defender a su hermana de cualquier tormenta. Traga con fuerza.
—¡No se lo hago! —replica a pesar del shock, frunciendo el ceño y sin entender este cambio tan repentino. Ella hace un pucherito abrazando a su hermano, pretendiendo estar asustada.
—Es pequeña y delicada, debes tratarla mejor —sigue el chico con voz suave, sin notar que lo están manipulando ni que está comportándose extraño.
—¡Pero si no le hice nada, Iván! —se pone de pie, desconsolado porque le crea el villano.
La niña sonríe maliciosamente desde el cuello de su hermano, sintiendo al ruso perfectamente normal. Iván deja que prácticamente lo ahorque en el abrazo, acariciándole la espalda. Mira al americano fijamente por lo que parece una eternidad antes de relajarse y soltar a la pequeña. Sonríe otra vez.
—Ven siéntate, escoge un personaje y Nataliya déjame jugar, ahora sí ganaré —deja a Nat en su silla y toma los controles del piso, extendiéndole uno a Alfred.
Al no se sienta, dolido con el regaño y es el héroe y no lo regañan... lo alaban, entienden por qué se defiende, ¡no lo regañan! Y sobre todo porque este es Iván e Iván es cute, no... Mira el control y se cruza de brazos.
—No...
—¿Alfred? —levanta las cejas y baja un poco la mano.
—No! —y es que sabe que está siendo infantil pero... Se quiere ir. Se pasa el antebrazo por los ojos y de un salto pasa a los hermanos, saliendo del cuarto rápidamente.
El ruso se levanta con la necesidad de seguirle con un nudo en la garganta, pensando que hizo algo mal y no sabe qué. A lo mejor y fue por el juego.
—¿Alfred? —le llama pero el otro no se detiene.
Alfred baja las escaleras a prisa y cruza la sala. No está llorando porque es demasiado cool para eso, pero sí que se siente traicionado. Luego se reirá de esto cuando por fin asocie la traición con otro sentimiento, pero no ahora.
—¿Por qué no quieres jugar si tú vas ganando? —baja las escaleras, quedando a pocos pasos de él.
Nat se va detrás pero se queda en la sala, a una distancia prudente. Ya hizo mucho de las suyas, tampoco quiere que su hermano la deje de querer otra vez. Alfred se detiene con la mano en la puerta, comiéndose el cerebro para inventar una buena excusa que no lo deje como tonto y dramático.
Se gira despacio hacia el mayor, sin mirarle.
—Es que... Ya me voy... I mean, ya me tengo que ir —se muerde el labio.
—Pero es temprano, se darán cuenta que te saltaste la escuela —y el tono de voz es perfecto para decir "no quiero que te vayas".
—Y-ya diré algo —sigue sin mirarle.
—Ah —mira a Nataliya y luego al suelo, sintiendo ahora sí definitivamente que hizo algo mal y por eso Alfred se quiere ir y ya no serán amigos. Pero entiende que debe irse, ¿qué iba a pasar sino? ¿Amarrarlo a la pata de la cama para que no se fuera? —, pues, está bien; ¿nos vemos mañana en la escuela?
Al le mira la cara y se le aprieta el estómago. Tampoco quiere irse y ya está notando que fue una tontería enojarse porque el ruso prefería a... Fuck. ¿Esos eran celos? Rayos, se ríe mentalmente de sí mismo, encogiéndose de hombros y acercándose al mayor unos pasitos.
El ruso se acerca también y piensa que es para despedirse, con el americano nunca se sabe. Al se acerca más sin comprender lo que está sintiendo en su totalidad, si celos o tristeza o si es lo mismo. Le pone el dedo índice en la mano al chico frente a él.
Iván mira el dedo, curioso por lo que hará ya que en poco tiempo, Al siempre lo sorprende con algo. Además le gusta su tacto, es diferente a sus hermanas que le hastía, Al es suave y cálido, natural.
El americano lo quita, porque antes lo llevó de la mano y para él fue especial porque no le parecía dar vergüenza... El dedo ahora se lo pone en la nariz, dando otro pasito. El ruso lo mira fijamente con esa cara de acosador profesional que tiene y sin darse cuenta le coloca una mano en el hombro.
Al se pone de puntas porque sigue siendo muy pequeño y tiembla un poquito con la mano. Pone una propia en el antebrazo del mayor y se inclina hacia él...
—Deben estar jugando —suena la voz de Katyusha en la puerta justo también cuando Nataliya se lanza contra Alfred otra vez.
Iván, que lo estaba mirando fijamente y no se enteraba de lo que estaba pasando a su alrededor, da un salto cuando el chico que estaba muy cerca de su rostro sale de su campo de visión como un borrón. Así, como magia se le esfuma. Parpadea y lo busca con la mirada, encontrándolo en el suelo y con la niña encima.
—¡Natalyaa! —protesta el eslavo intentando quitarla de encima del chico y ahí termina de abrir la puerta Kat, que ni le sorprende la horrorosa escena de masacre sino que corre hasta su hermano.
El americano esta vez no se la quita de encima, acepta su destino mientras se pregunta qué rayos estaba por hacer. Se pone las manos en la cara.
—¡Vanya! —le abraza la mayor, casi ahogándole con el pecho. Iván suelta a la pequeña por la impresión, siendo arrollado. RIP Iván.
—¿Alfred? —pregunta su padre metiendo sólo la cabeza por la entrada al verlo en el suelo con la niña encima, pensando que está jugando con ella... a algo muy violento por cierto.
Nataliya le estrella las manos en puños en el pecho repetidamente y da un respingo con la voz extraña. El chico palidece, levantando la vista y estúpidamente pensando que lo descubrieron haciendo lo que estaba haciendo y no en que se escapó de la escuela.
—Dad?! —se levanta de golpe.
—¿Qué estás haciendo, Alfred? De seguro estás molestando a la niñita —le riñe inevitablemente, molesto con el asunto de la escuela.
—No! ¡No iba a besa-! —se calla solito, rojo hasta la punta de los dedos y ahí va Kat y le quita a Nataliya, permitiéndole levantarse —, no le estaba haciendo nada...
—Mmm… Tenemos que hablar jovencito —se despide de la chica con un asentimiento y se da media vuelta —, tengo tus cosas en el auto.
Al agacha la cabeza y siente que el camino frente a él fuera directo al paredón, sabiendo desde YA el regaño y el inminente castigo que se va a ganar. Se detiene un momento.
—Bye... — cabizbajo se despide de los hermanos y se va hacia el auto.
Iván le mira irse, desconsolado.
—¿Llamaste a su papá? ¿Va a regañar a mi amigo? —pregunta a su hermana mayor.
—No, a él también lo llamó el director —le dice bajito —. Le pedí que no lo hiciera pero no sé que vaya a pasar —agrega la chica.
El ruso mira a la chica con pesar y sale de la casa justo para ver el auto arrancar.
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Arthur mira a su hijo abrir la puerta del copiloto y pese a sus creencias de que los trapos sucios se lavan en casa, decide hablar ya.
—Me llamó el director... —empieza, modulando la voz.
Al se sienta y se hace bolita, esperando el regaño. Aunque no hizo nada malo, piensa. Y no importa mucho que la damisela en peligro fuera en realidad un monstruo pequeñito, él la había salvado.
—Estaba muy enojado, y más por lo que me dijo el señor director, ¡insinuó que no sé nada de ti! Y cuando salí de la oficina, esa chica me dijo que los ayudaste.
El menor le mira a los ojos un segundo, sintiendo mucho aprecio por la hermana de su amigo.
—Al, sé que te gusta ser el héroe, pero en casos como estos debes decirme, ¿qué tal que te pasara algo y yo pensando que estás en la escuela?
—Sorry dad, sé que estuvo mal pero... Iván necesitaba ayuda —miente porque sólo por verlo se le fue detrás.
—Estaba muy enojado jovencito —y este es otro que está mintiendo, porque la mitad de su enojo es para el director que le dijo que no cuidaba bien a su hijo.
Alfred aparta la mirada.
—Cuando me dijeron que te fuiste de la escuela pensé que te habían molestado los mismos que te golpearon la otra vez —sí, que no crea que no le vio los moretones, pero cae en el problema de todo papá —. Si fueras un poco más calmado como Mathew esto no pasaría…
El menor aprieta los ojos con eso, tomándolo igual o peor que una bofetada.
—¡Ya sé que Mattie es el gemelo bueno! ¡Que sólo te causo problemas! —y ahora no puede evitar llorar, porque aunque ame a su hermano, le molesta ser comparado con él.
—¡No me refería a eso! Ambos son muy problemáticos cuando se lo proponen, pero siempre me llaman por ti, quizás eres más travieso, pero eres mi hijo. No es como que no te quiera, ¡Deja de llorar, bloddy hell!
—¡Pues siempre me estás comparando con él! —balbucea —, ¡todo lo que hago no son más que problemas para ti!
—¡Alfred! —grita y lo mira no es capaz de continuar. Sabe que suele compararlos pero no que le pudiera afectar tanto. Se limpia el sudor de la frente y suspira —. Alfred, cuando llegues a casa busca como ponerte al día y has tus deberes.
Al no le contesta y espera a que su padre encienda el auto para irse ya. Se cubre la cara con la mochila, avergonzado de llorar. Arthur enciende su auto y el camino es en silencio hasta llegar a casa.
Mientras mira hacia afuera, Al intenta con todas sus fuerzas no pensar en nada. Quiere a su papá y no se puede enojar con él. Bueno, no mucho. Le duele que no entienda el camino que eligió. Piensa también en que Math no tiene la culpa pero que igual se ha llevado una parte mala de todo esto.
Y no quiere lastimarlo sólo porque se siente menos. Él es un súper héroe y los héroes afrontan todo con firmeza.
Arthur estaciona el auto en la cochera y entra a la casa sin mirar otra vez al menor, terriblemente necesitado de un café. Es en estos momentos que extraña a su mujer y piensa que ya sus pequeños están entrando a la adolescencia y que no sabe cómo evitar estas cosas.
Alfred le sigue sin decir nada y a pesar de que lo agradece, le hubiera gustado un abrazo. Se va a su cuarto.
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Nataliya se retuerce como serpiente para que Katyusha la deje ir, extrañando acosar a su hermano. Esta la suelta en el piso y se va a empezar con la cena. Iván sigue de pie en la entrada y ella le toma de la mano, viéndola fijamente como si no fuese una mano.
Él no se mueve, ni la siente, pensando aun que van a regañar a Alfred y no dejarán que sea su amigo y estará solo de nuevo, cada uno con sus dramas. Nat le abre la mano, la pone en varios ángulos y por fin termina poniendo un dedo como vio que el niño raro hizo.
Cuando por fin nota a la niña se da cuenta también que esta caricia no tiene nada que ver con la Al hace un rato. Nataliya sólo lo está revisando y tocándolo con curiosidad, en cambio con su amigo, con Alfred había sentido… calor. Hay algo raro con él, ¿se sentía triste? Le acaricia un poco la cabeza a la niña.
—Nat por favor, estoy cansado —se suelta por completo de la niña y se encierra en su cuarto.
Nataliya se queda ahí viéndolo raro pero prefiere, por esta vez, estar con Kat.
Iván se acuesta en su cama y se pregunta por qué está triste o si está enfermo, decide que más tarde le preguntara a su sestra. Así que después de la cena y que Katyusha durmiera a Nataliya, Iván se sienta con ella en la sala.
—Sestra, hay algo que quiero preguntarte.
—¿Mmm? —dice ella, desviando la atención de la novela de la noche.
—Sestra, ¿crees que estoy enfermo? —así tan directo y sin explicarse.
—No lo creo. ¿Te sientes mal?
—Me siento… mal —no sabe cómo explicar —. Es que Alfred se puso raro mientras jugábamos y se quería ir, pero luego se acercó mucho a mí, me tocó la mano y me dolió el estomago muy raro. Luego llegaron ustedes y entonces él no será más mi amigo.
La chica se voltea completamente hacia él y le pone una mano en el estómago.
—Pobrecito, ¿te sigue doliendo? —le toma las manos a ver si está herido o algo.
—No, pero si te hablo me duele —en realidad lo que le duele es decir que no va a ser más amigo del americano.
—¡Ay no! —se preocupa ahora sí y lo hala a la cocina, buscando cosas para un té y un termómetro —. Abre le boca.
Él la abre y se preocupa porque no le gusta el té, tal vez no debió preguntar. Katyusha le mete el termómetro y pone a calentar el agua.
—No tienes nada en las manos, ¿por qué te tocó? —los que no están acostumbrados que gente del exterior los toque.
—No sé, él es así siempre me toca —y eso suena supremamente mal. La chica levanta las cejas con eso y le saca el termómetro.
—No tienes fiebre —mira el artilugio y lo pone por ahí —, ¿te toca siempre?
—Ah, qué bien —sonríe con lo de no tener fiebre —, da, siempre me toca.
Ella inclina la cabeza y pone ambas manos en la mesa frente al menor.
—¿Y eso te agrada? —se preocupa. El menor se lo piensa un poco y asiente.
—Da, no me molesta.
—Oh, entonces no te está haciendo algo malo —sonríe y se va por una taza y el agua caliente. Le pone una bolsita y cinco cucharadas de azúcar, sin tomar en cuenta que eso ya no es con sentido médico.
El chico se toma el té porque está dulce y así sí le gusta, mientras da sorbos le responde.
—Niet, no es algo malo.
—Es un buen niño —se sienta frente a él, preparándose ella también un té —, ¿hizo algo más?
Iván piensa justo en el momento que estaban con los videojuegos y por algún motivo no quiere decirlo.
—Da, jugamos con Nataliya.
—Nataliya estaba muy cansada —asiente la chica, dando un sorbo —, es bonito que tengas un buen amigo.
—También tengo una amiga —levanta las cejas y es que le parece toda una hazaña —. Se llama Felicia y tiene una hermana pero casi no hablamos.
—¡Felicia! —exclama Kat —, la conocí antes, qué niña tan dulce. Tráela a jugar también —imaginándose desde ya algunas cosas. Esta chica ve muchas novelas.
—Ah, ¿en serio? Espero que no la regañen también —se termina el té.
—Yo también —le toma de la mano, contenta —, invítalos siempre que quieras.
Iván asiente y ya no se siente tan agobiado, ni triste ni enfermo, sólo le tocaba esperar hasta mañana.
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Primero que todo, ¡una disculpa por estas dos semanas sin actualización! Dx
Segundo, muchas gracias por sus reviews, han sido tan bonitos y constructivos que nos dan fuerza para seguir mejorando. ¡Muchas gracias! :3
