*¡Feliz Navidad a todos! Espero que la historia os siga interesando y que poco a poco me vayáis diciendo qué os está pareciendo. En próximos episodios vais a poder ver claramente cómo la serie y el fic se van entremezclando, un punto que me parece que lo hace más cercano a lo que hemos visto hasta ahora.
¡Gracias por seguir leyéndome y nos leemos el año que viene!*
6
Espera, ¿qué?
Se encontraba en pleno sueño placentero cuando el móvil empezó a vibrar como un loco. "Demasiado temprano", pensó, tapándose los oídos con la almohada. Había llegado a casa hace un par de horas y lo que necesitaba era dormir a gusto después de una noche un poco movidita con algunos de sus pequeños pacientes vomitando por la reacción a la medicina y otros retorciéndose de dolor. Había sido una experiencia completamente agotadora, tanto física como psicológicamente. Odiaba ver a los niños tan mal; se le partía el corazón con tan solo pensarlo. "No puedes implicarte con los pacientes, Melinda, porque sólo son eso, pacientes. No son familiares ni amigos, sino gente que viene y va", le había dicho un profesor durante su época en la facultad. No podía estar más en desacuerdo. Lo que le hacía implicarse de verdad con aquellos críos era conocerlos, conocer a sus familias y su historia; así tendría una razón de peso para levantarse todos los días y luchar por ellos cuando nadie más podía hacerlo.
Tras pensárselo varias veces y con la segunda vez que el teléfono vibraba, decidió que era hora de cogerlo.
- ¿Estás despierta? – por un momento no podía ubicar la voz a una cara. Estaba demasiado cansada y adormecida como para hacer semejante trabajo.
- Hace dos horas que llegué a casa y estaba durmiendo. ¿Tú qué crees? – ya empezaba a sentirse más persona, y una que estaba molesta con esa perturbación de su rutina mañanera.
- ¿Soñabas conmigo? – ahora sí que sabía perfectamente quién era. Se imaginó la escena mientras pronunciaba esa frase: sentado en su sillón poniendo todo su peso en un lado, pegado al teléfono susurrando y con esa sonrisa traviesa que a veces le dedicaba.
- ¡Cary! – se oyó una risa al otro lado de la línea – ¿Qué quieres?
- Tengo un caso entre manos y necesito tu colaboración – la interrumpió un segundo al ver que iba a protestar – En este caso no estoy solo, Alicia también se ha apuntado.
- ¿A qué debemos la presencia de la mujer del fiscal del Estado? – se notó cierto tono picante, como si buscase la provocación con sus palabras.
- Will nos lo ha mandado a ambos. Él está trabajando con Diane en un caso muy importante y quería que los mejores abogados del bufete se hiciesen cargo de este – podía ver a la perfección cómo su pecho se hinchaba de orgullo al decir eso y su cara de niño salía al paso.
- Tú no tienes abuela, ¿verdad? – se estaba empezando a despertar. Se apoyó en el antebrazo izquierdo. "Menuda pose de adolescente que tienes. Sólo te falta enrollar el cable del teléfono si tuviese", se rio para sus adentros con aquella imagen.
- Bueno, ¿te apuntas? ¿Puedo contar con la mejor doctora de Chicago? – estaba rogándole como si fuese un niño. No pudo más que sonreír mientras se imaginaba la escena.
- ¿Sólo de Chicago? – el tono travieso hizo acto de aparición y él se rio tímidamente.
- ¿De todo el país? – cauteloso, esperando la reacción desde el otro lado de la línea telefónica.
- Está bien, está bien. ¿Te parece bien que me pase en una hora por el bufete? Dame tiempo para ducharme, desayunar y meterme café en vena – le vino a la mente la imagen de Lorelai Gilmore pidiéndole a Luke aquello mismo.
- Perfecto.
Salir de la cama le parecía un completo crimen. Necesitaba realmente dormir, no chutarse varios litros de café en el cuerpo. Se duchó rápidamente con agua fría y, mientras se iba secando envuelta en una toalla, se tomó un café y eligió la ropa que se iba a poner. Una camiseta y unos vaqueros tendrían que servir, no estaba de humor para ir toda arreglada para ayudar con un caso. Estar entre una montonera de papeles le parecía como meterse en el barro, poniéndose hasta las cejas de ese material marrón y viscoso para conseguir encontrar algo jugoso con lo que atacar en los juzgados. No hacía falta vestirse de forma elegante para aquello, no era abogada; ¿por qué ensuciar un traje tan caro entonces? Cogió el BMW y se dirigió hacia el despacho en lo que le pareció el camino más aburrido y largo que había hecho en tiempo. Mientras iba escuchando las últimas novedades en música dance del momento, mano de santo para cuando los párpados no quieren mantenerse abiertos, cayó en la cuenta de que iba a trabajar codo con codo con Alicia Florrick. La había conocido hace un par de años en una gala benéfica a la que su padre le había llevado del brazo, presumiendo de hija mientras ella sólo se dedicaba a sonreír. No sabía muy bien de qué podía hablar con aquellos abogados que estaban pululando por el gran salón adornado con lámparas de araña y decoraciones doradas que brillaban a la luz. Algunos se dedicaban a charlar sobre sus excursiones al campo de golf, otros sobre cómo sus acciones subían y se hacían un poco más ricos que ayer, y luego estaban los enfrascados en tertulias legales sobre supuestos casos que eran realmente los que estaban llevando en aquel momento pero de los que no podían confirmar o negar nada. Melinda se encontraba perdidísima y a punto de perder la poca paciencia que le quedaba. Sin embargo, en uno de aquellos paseos que daba su padre por el lugar buscando a viejas glorias de profesión o a antiguos compañeros, se encontró con Peter y Alicia Florrick. Siempre había sentido cierta simpatía por esa mujer desde que salió el escándalo con su marido, admiraba su paciencia por haber seguido con él y salir adelante con sus hijos, aunque no compartía su postura.
- Si fuese ella, le cortaba los huevos en la cárcel. Jamás podría hacer lo que ha hecho ella. Ya es suficientemente duro enterarse de ello como para llevar la cornamenta y seguir con él – le había dicho a su hermana en la cocina de su casa, mientras preparaban la comida amenizándola con una copa de vino.
- Tú siempre tan violenta, ¿no? ¿Tú crees que se llevan tan bien como aparentan? Viendo cómo es ella, una madre coraje y todo ese rollo, no creo que sea oro todo lo que reluce – Elia seguía cortando las patatas mientras Melinda veía en la televisión unas imágenes de la protagonista de su conversación.
- Puede ser que le haya perdonado, pero no me lo creo. La ha humillado delante de todo el mundo. Eso no se perdona con facilidad, y tampoco se olvida. Piénsalo bien – su hermana dejó de cortar para centrar su atención en ella –, Florrick va a querer volver a su hábitat natural. Necesita ganarse el voto de la gente. ¿Qué mejor que hacerlo con su esposa al lado?
- ¿Están haciendo un papel entonces? – acababa de meter las patatas en la sartén y dedicaba casi toda su atención a ellas.
- El de sus vidas, hermana, el de sus vidas – respondió dándole un pequeño sorbo a su copa.
Alicia lucía muy elegante con un vestido no muy pomposo, de corte heleno, que le favorecía muchísimo al ser de un color azul marino. Se mostraba feliz y relajada del brazo de su marido saludando al resto de los invitados.
- Señor fiscal del Estado – había saludado su padre mientras le soltaba el brazo y le ofrecía la mano derecha a Peter – Un placer volver a verlo por aquí.
- Hombre, Richard – le devolvió el saludo de buena gana riendo – ¿Qué hace un granuja como tú en Chicago? ¿Ya no quieren verte por Nueva York? – se notaba que se conocían de antes, aunque para Melinda era la primera vez que los veía en carne y hueso.
- Estoy de paso por un caso. Así también veo a la familia. Te presento a mi hija menor, Melinda – dijo mientras esta le tendía la mano a Peter y él se la estrechaba con un "mucho gusto" de por medio –. Es pediatra y cardióloga.
- ¿Operas también?
- Sí, también soy cirujana. Hago un poco de todo – se rio para quitarle hierro al asunto. Estaba harta de añadir ese pequeño detalle a las presentaciones.
- Señora Florrick – su padre había cambiado completamente de tercio la conversación –, espero poder verla pronto al otro lado en un juicio. Me gustaría enfrentarme a usted – aunque el tono era informal, se notó cierta ansiedad por que aquello se produjese cuanto antes posible. Parecía que su padre quería ganarle la batalla y poder presumir de ello en sus círculos más íntimos.
- Lo mismo digo. Será todo un placer – Alicia contestó con un tono un poco altivo pero que demostraba su absoluta seguridad ante tal reto, acompañándolo de una sonrisa que decía "te estoy esperando".
Al despedirse, Melinda volvió a estrechar la mano de Peter Florrick e imitó el gesto con Alicia, acercándose a su oído aprovechando que su padre seguía hablando con el marido y diciéndole "patea su culo" completamente en serio y mostrando su apoyo a aquella mujer que tantas veces había visto en televisión.
Cuando llegó a la planta 28, Cary la estaba esperando en recepción donde la recibió con un beso en la mejilla. Aunque al principio la sorprendió, luego comprendió el porqué: no quería un corrillo de voces cuchicheando sobre ellos dos. También había que añadir que estaban conociéndose, no saliendo juntos.
- Es difícil de explicar – le había dicho a su hermana –. Hablamos mucho, nos divertimos juntos, nos lo pasamos bien, y a todo eso le añades que nos comemos la boca – Melinda no perdía el sentido del humor ni siquiera cuando tenía que explicarle su situación amorosa a su hermana –. En el estado de Facebook pondría "conociéndonos".
En el despacho estaba Alicia leyendo unos papeles como si le fuese la vida en ello. Viéndola de esa forma, Melinda sentía curiosidad sobre cómo trabajaba bajo presión, cómo se movía en los juzgados y si era tan buena como le había contado Cary en una de sus conversaciones nocturnas.
- Alicia, creo que ya conoces a Melinda – esta miró a aquella desconocida y cayó en la cuenta.
- Sí, de la gala de recaudación de hace un par de años. ¿Cómo estás? - le había tendido la mano cuando Melinda ya estaba respondiendo.
- Muy bien, con ganas de saber de qué se trata esto en lo que estáis trabajando – estaba mintiendo pero no quería sonar descortés.
- ¿Te acuerdas de nuestro primer caso con el revuelo en el St. Mary's? – Cary se estaba sentando en su sillón mientras Melinda hacía lo mismo pero en la silla que estaba en frente de él –. Al final no hemos llegado a ningún acuerdo y vamos a demandar al hospital.
- Queremos que sea una demanda colectiva, por lo que tenemos a Kalinda buscando más casos para organizarlo todo – había completado Alicia de forma seria. Se la veía totalmente metida en el caso y con ganas de guerrear.
- ¿Y yo tengo que hablar sobre qué? – entre el sueño y el cansancio, Melinda se encontraba más perdida de lo normal. Sus neuronas no daban para más.
- Estás en la junta del hospital en el que trabajas. Podrías hablar sobre qué se hace ante estos casos, que sería despedir a los médicos o ponerlos en una especie de cuarentena, ¿no? – ella asintió con la cabeza –. O sobre los casos en sí cuando sepamos mejor de qué tratan. Ahora estamos buscando indicios de que el hospital sabía lo que estaba pasando pero no estaba realizando acciones de ningún tipo.
- Os puedo echar una mano con eso de momento – necesitaba hacer algo útil o sentía que se iba a quedar dormida de un momento a otro.
Estuvieron leyendo papeles durante un rato en silencio, por lo que Melinda se encontraba cómoda en aquel ambiente. Cary le había traído un café cuando fue a buscar uno para él, Alicia había preferido abstenerse en esta ronda. A veces se preguntaban cosas o comentaban algunos detalles que encontraban durante la lectura. De repente, como si apareciese de la nada, una figura femenina se asomó por la puerta.
- He encontrado diez casos más y todos están dispuestos a unirse a nuestra causa. Por lo que me han dicho algunos, conocen más personas afectadas, por lo que podríamos añadir al menos quince más – chaqueta de cuero, lo mismo que la falda y unas botas que le llegaban por debajo de la rodilla. Con su libreta en la mano, sabía perfectamente quién era pero necesitaba oír su nombre.
- Perfecto, Kalinda – había dado en el clavo. Cary la sonrió y sintió por dentro un ramalazo de celos, cierto enfado que no entendía muy bien. O no quería entenderlo. Cary le había contado su relación con ella, cómo se movía y lo buena profesional que era. A partir de estos datos, se había hecho una imagen de aquella mujer que acababa de formar parte del ambiente que habían creado: jugaba con los sentimientos de la gente para obtener lo que quería. Parece ser que ya lo había hecho con él varias veces, no lo negaba, pero tampoco se sentía muy culpable por haber caído en la trampa una vez tras otra. Eso le había hecho ver el alcance de los sentimientos de Cary hacia ella y no le gustaba un pelo. ¿Realmente merecería darle una oportunidad al muchacho con esa situación sentimental que tenía entre manos? A veces se lo planteaba de forma inocente –. Te presento a Melinda Cavanaugh. Es quien me está ayudando con los casos médicos – Kalinda le tendió la mano y ella hizo lo mismo con firmeza. No se iba a achantar ante su enemiga, su némesis como incluso la había llegado a considerar.
- Mucho gusto – había añadido ella a la presentación –. Ya veo que nos estás haciendo ganar casos. Bienvenida al equipo.
- Gracias, pero todo el mérito no es mío sino también de Cary – dijo quitándole importancia mientras le dedicaba una mirada de complicidad a él –, quien ha hecho un gran trabajo.
- Bueno, yo os dejo – dijo Kalinda tras una breve pausa –. Voy a investigar el resto de casos entremedias – Ya estaba alejándose cuando volvió –. Ah, creo que esto os puede interesar – le dio a Cary una carpeta con una serie de papeles.
Kalinda se fue finalmente mientras Alicia rodeaba la mesa para posicionarse al lado de su compañero y echar una ojeada al contenido.
- ¿Estás leyendo lo mismo que yo? – le preguntó Cary. Se podía intuir que había encontrado algo jugoso.
- Se lo tenemos que mostrar a Will y a Diane – le miró a los ojos. Se estaban entendiendo sólo con ese gesto.
- ¿Qué pasa? – Melinda no tenía fuerzas para encontrarse en aquella situación. Su cuerpo le estaba gritando que necesitaba una cama en aquel mismo instante.
Alicia y Cary salieron del despacho y se dirigieron al de Diane. Melinda los perseguía por detrás preguntándose todavía qué era lo que habían leído como para reaccionar de esa manera.
- Will, Diane – comenzó diciendo Alicia cuando llegó a la estancia. Estos dos estaban enfrascados en una conversación cuando dirigieron su mirada a aquella voz –. El St. Mary's sabía lo que estaba pasando.
- ¿Cómo…? – Will estaba en shock. Se podía ver cómo su cerebro estaba intentando procesar aquella frase y planificar una estrategia de ataque multimillonaria al mismo tiempo.
- Kalinda ha conseguido unos papeles en los que se deja claro que la junta conocía esta serie de negligencias médicas pero quería mantenerse al margen y que los diferentes departamentos se hiciesen cargo de ello – a Cary le brillaban los ojos de emoción, habían dado con la aguja en el pajar. Ante ellos se abría no sólo un caso multimillonario, sino escandaloso que podría dar a conocer todavía más el bufete.
- ¿Tenemos casos suficientes para la demanda colectiva contra el hospital? – Diane acababa de quitarse las gafas de leer y les miraba fijamente.
- Kalinda ha encontrado diez y todos quieren participar. Dice que puede encontrar quince más – Alicia estaba mostrando las garras. Se les presentaba un caso de lo más jugoso y lo tendrían para ella y Cary. Este le había hablado de aquel juicio simulado sobre una famosa bebida energética y sobre cómo, junto con Alicia, le había pateado el culo a Will y Diane. La dinámica con ella era estupenda, se conocían desde hace varios años; habían estado en el mismo bando y en el contrario, por lo que sabían cómo jugar sus cartas y lo mucho que ambos lucharían por dar lo mejor de sí. En ese momento, Cary se dio cuenta de que algún día no muy lejano volaría solo y formaría su propio bufete, pero era más un sueño que una realidad.
- Genial, chicos. Dejadnos el caso a nosotros. El nuestro se va a demorar un poco más y podemos ponernos con este – ¿en serio les iba a quitar esta oportunidad delante de sus narices?
- Will, podemos hacernos cargo perfectamente. Lo hemos estado trabajando juntos, buscando entre decenas de papeles algo que nos pudiese servir… – Alicia se estaba mosqueando y conteniéndose al mismo tiempo. Cary no podía creer lo que estaba oyendo, como tampoco Melinda.
- No te preocupes, Alicia. Una parte de los honorarios que ganemos irá para vosotros por vuestro esfuerzo – Diane se mantenía al lado de Will, apoyándole en su decisión.
- Ya estábamos pensando la estrategia y los testimonios para apoyar la causa – Cary se estaba refiriendo ella y dos pares de ojos se posaron en su rostro.
- Melinda, ¿verdad? Soy Diane Lockhart, creo que no nos conocemos – estaba sacando su lado más amable después de la desfachatez que acababa de cometer.
- No, no he tenido el gusto – dijo tendiéndole la mano con una pequeña sonrisa, bajando la tensión que había en el ambiente. Ella se la estrechó con firmeza. Melinda desvió la mirada hacia Will, quien asintió como gesto de aprobación.
- Os mantendremos informados del proceso – y Will dio por concluida la pequeña reunión.
Los tres salieron del despacho. Mientras Alicia ocultaba como podía la rabia que sentía, Cary tenía las facciones del rostro tensas, intentando no mandar al carajo todo por un segundo. Melinda estaba perpleja, no podía terminar de creerse lo que acababa de pasar. Quería tocarle la espalda para calmarle pero no sabía cómo reaccionaría, así que simplemente se puso a su lado mientras caminaban de regreso a su despacho.
- ¿Qué coño acaba de pasar? – quería mostrarle su apoyo y que viese que tampoco entendía nada. ¿Por qué quitarles una oportunidad tan buena como esa? ¿Por qué siempre se tiene que llevar la gloria el jefe?
- Nos acaban de robar en nuestra cara. Eso es lo que acaba de pasar.
