*¡Hola a todos otra vez y gracias por seguir leyendo! Esta vez aumentamos un poco la temperatura con impactantes noticias. Vais a ir viendo cómo poco a poco la historia se enreda con la serie para crear algo algo más homogéneo. Espero vuestras impresiones y que os deje con ganas de más *
7
Bombardeando Chicago
- Atento – Cary la estaba abrazando por la espalda mientras era testigo de cómo comenzaba el día.
Melinda le había dicho en alguna ocasión que lo mejor del turno de noche era poder ver el amanecer desde la azotea del hospital, donde aquel círculo naranja podía ser visto sin hacer daño a la vista, justo antes de que llegase a su punto de máximo esplendor. Eran casi las ocho de la mañana y la sensación reconfortante que sentía se extendió por todo su cuerpo, relajándose ante aquella maravillosa vista.
- Vale la pena quedarse hasta tan tarde, ¿verdad? O hasta tan temprano, depende de tu punto de vista – le sonrió y este la besó en el cuello sin apartarla de él.
- La verdad es que sí – la apretó contra sí y ella lo recibió de buena gana – ¿Tienes la noche libre, no?
- Sí, ¿por qué? – la curiosidad se asomó en su mente y el corazón le empezó a latir un poco más rápido.
- Había pensado que podíamos ir a cenar – lo dijo cautelosamente, viendo cómo podía reaccionar ante esa proposición.
- ¿Me estás pidiendo una cita? – preguntó guiñando un ojo y compungiendo la cara. Sabía que se estaba metiendo en terreno fangoso.
- Algo así – se rio ante el momento incómodo que acababan de vivir. ¿Realmente le estaba pidiendo una cita? Podría ser, pero lo que tenía en mente era mucho más que bombones, flores y hablar de sentimientos. Había llegado el momento de contarle lo que le rondaba por la mente sin tapujos.
Después del incidente que había vivido en el bufete, Melinda estuvo trabajando en el caso con Diane y Will, lo que pareció un gran cambio de aires pero sin salir de las mismas cuatro paredes que era, a grandes rasgos, la planta 28 del edificio. Mientras que con Cary no tenía que ensayar sus intervenciones en los juicios, con este tándem todo tenía que estar atado y bien atado, por lo que los preparativos del caso le parecían de lo más tediosos y aburridos. Trabajando con Diane se dio cuenta de que era ella quien llevaba los pantalones en aquella relación, pero sin menospreciar la opinión de su compañero en ningún momento. Era una mujer con gran carácter pero de aspecto apacible si no se le hacía enfadar o la frustración no hacía mella en ella, inteligente, con una risa que parecía una melodía y un sentido del humor muy fino. La parte femenina del bufete era de lo más elegante, conjuntada hasta el más mínimo detalle pero sin perder la garra que podría restarle su imagen; profesional y con la mente despierta, pero al mismo tiempo sensata y reflexiva sobre cualquier movimiento en relación a la estrategia a seguir. Si la comparaba con Will, con quien había trabajado antes, eran el día y la noche. Gardner era más impetuoso, con los sentimientos a flor de piel y preparado para atacar en cualquier momento, listo para la acción y con ansias de ganar, ambicioso. Ahora que los veía juntos, Will escuchaba más a su socia, se dejaba aconsejar y se permitía un instante para pensar en las alternativas que les podían ser de utilidad si el camino principal se truncaba. Era como ver a un matrimonio con sus luces y sus sombras: sus gritos, sus peleas, sus reconciliaciones, tomándose una copa al comprobar que la dirección seguía siendo la correcta. "Fascinante" es lo que pensó cuando vio cómo se abrazaban cuando todo estaba a oscuras, el resto de la planta en silencio, y el despacho de Diane se convirtió en un pequeño santuario.
También tuvo la oportunidad de ver a Kalinda en acción, aunque se podía sentir que estaba tan extrañada como ella por el cambio de última hora. En cierta forma, le daba un poco de reparo que ella estuviese revoloteando por el despacho de Diane cuando estaban trabajando, no le hacía sentirse cómoda sabiendo lo que sabía ni sintiendo lo que sentía. No le producía confianza, sabía que escondía algo aunque no sabía muy bien el qué. Tras unos días intentando conseguir unos papeles del hospital, fue a buscar su ayuda. No quería perjudicar al caso, así que hizo de tripas corazón y fue con ella hasta el depósito donde estaban todos los papeles de pacientes anteriores. Conocía al muchacho que estaba en la garita ya que no era la primera visita que hacía.
- Así que eres amiga de Cary – soltó tanteando el terreno –. Habla maravillas de ti a todo el mundo. Parece que le has calado hondo – Melinda se estaba viendo en una pelea de gatas y no le apetecía nada ponerse a soltar dagas por la boca.
- Es un chico estupendo, muy trabajador. Sabe lo que hace en el bufete – respondió inocentemente –. Nos hemos hecho amigos.
- ¿No estáis saliendo? – había empezado la conversación de verdad, sin rodeos.
- Tú eres muy directa, ¿no? – la miró con cara seria pero sin perder una pizca de travesura –. Nos estamos conociendo, simplemente. ¿Tienes algún problema con eso? – se paró en mitad del pasillo rodeada de archivadores enormes llenos y llenos de papeles. No dejó de mirarla en ningún instante. Kalinda se paró un poco más adelante.
- No, ninguno. Estoy bien – dijo encogiéndose de hombros. Melinda no se lo tragaba.
- Eso me parecía a mí. Además, no tienes ningún interés en Cary aparte de ser amigo tuyo, ¿no? – ella también sabía cómo devolverlas y no tenía ningún problema en hacerlo.
- Sólo quiero que sea feliz – "¿en serio?", se había preguntado. "Si eso fuera cierto dejarías de jugar con él como si fuese un peluche". Melinda estaba empezando a sentir un calor en su interior que no le era desconocido en absoluto. El enfado corría por sus venas; todos lo que le había contado Cary sobre su relación con la investigadora volvía a su cabeza como si fuese una cinta, recalcando ciertos detalles que le hacían pensar lo peor de aquella persona que tenía enfrente.
Finalmente encontraron los papeles y se largaron, dejando allí las palabras que habían sido pequeños puñales envenenados. Kalinda había tanteado el terreno y se había encontrado ante un firme rival, una que no había encontrado en su vida. Siempre había querido a Cary pero no de la misma forma que él lo hacía con ella, por lo que sabía que tenía que dejarle pasar página y que continuase con su vida, encontrando a alguien distinto a ella y con la que congeniase. Por cómo hablaba de Melinda, ella parecía ese alguien, se le iluminaba la cara con sólo pronunciar su nombre. Se notaba la conexión y el buen feeling que había entre ambos pero, ¿a qué se debía este papel protector que se había adjudicado? ¿Era sólo porque él era su amigo o sentía algo más, algo que no quería reconocer? Lo que sí no podía dejar de ver era que él era feliz, justo lo que ella quería.
Le había costado mucho elegir algo que ponerse. No estaba acostumbrada a los vestidos ni a los zapatos de tacón, y mucho menos maquillarse un poco más, con sombra de ojos y máscara de pestañas de por medio. La base de maquillaje era lo mínimo que se ponía para que la gente no viese que podía haber salido del elenco de The Walking Dead todas las mañanas. Al final escogió un vestido negro ceñido con escote cuadrado con tirantes, lo que le realzaba el busto de forma considerable. Su hermana le había ayudado a hacerse un moño para no tener tanto calor durante la velada.
- Estás guapísima, Melinda. Si no le dejas embobado así, ya puedes darle puerta – Elia siempre siendo tan comprensiva. No sólo jugaba el papel de hermana, sino también el de amiga. Estaba como loca por casarla y que formase una familia, pero lo mantenía en su fuero interno ya que sabía que su hermana era una mujer muy independiente que no necesitaba más que de sí misma para seguir. Se lo había demostrado varias veces desde que era chiquitita, luego durante la adolescencia, incluso en un duro trago como fue el divorcio de sus padres. Aunque ella fuese la hermana mayor, Melinda ejerció como tal y le ofreció un hombro en el que llorar por la terrible noticia.
Elia ya se había marchado cuando Cary tocó el timbre. Se estaba terminando de arreglar y dándose los últimos retoques cuando le abrió.
- Cojo mis cosas y nos vamos – le dijo en un abrir y cerrar de ojos cuando este se dio cuenta de que había desaparecido hacia lo que suponía que era su habitación.
- No te preocupes, tenemos tiempo de sobra – Cary se había quedado alucinado con lo poco que estaba viendo del apartamento – ¡Wow, tienes un apartamento genial! No me di cuenta la última vez – Melinda iba a su encuentro con el bolso en una mano y el móvil sujeto en la otra.
- Tampoco pudiste ver mucho – le sonrió y a él se le iluminó la cara cuando la imitó – ¿Te gusta? – señaló con la cabeza al amplio salón blanco con el suelo negro, en el cual se reflejaba la luz.
Los dos sofás que se encontraban allí eran rojos, aportándole un toque de color a la combinación clásica de la estancia. El resto de muebles eran de madera oscura, como el mueble bar de la esquina o la gran estantería que cubría la pared de la derecha. De estilo loft, cocina y salón se encontraban juntos pero bien diferenciados, por lo que se podía charlar tranquilamente con los invitados si se hacía una pequeña reunión. Esta tenía un estilo un poco diferente al tratarse de muebles de madera más clara con remaches en plateado que le deban un aspecto más juvenil pero sin desencantar con el resto de la estancia. Lo más impresionante de aquel lugar eran las dos grandes cristaleras que formaban las "paredes" del salón, dando la sensación de que Chicago estaba dentro del apartamento y no al otro lado del cristal. Le daba una mayor amplitud y una sensación de libertad extraña. Al lado de la cocina estaba la puerta que daba a la escalera que subía a la azotea del edificio, la cual le pertenecía a Melinda ya que entraba dentro del contrato. Cary nunca había subido pero le había dicho que tenía instalado un jacuzzi ya que a su sobrina le encantaba pasar algunas tardes de verano chapoteando en su piscina particular.
- Es impresionante. ¿Tan bien pagado está ser médico a pesar del momento económico en el que vivimos? – temía que hubiese hecho una pregunta demasiado personal, pero lo hecho, hecho estaba. Esperaba que Melinda se lo hubiese tomado a bien.
- Ten en cuenta que no solamente estoy en dos departamentos al mismo tiempo, sino que también formo parte de la junta. Es un plus que me llevo, pero no sólo cuento con ese dinero – había dado con el quid de la cuestión. La niña de papá salía a relucir o, mejor dicho, de otro hombre de su familia – El padre de mi madre ha sido bróker toda su vida, por lo que conoce bien la Bolsa. Tenía su pequeña fortuna, por lo que siempre tanto la familia de mi madre como la de mi padre han vivido bien y nunca les ha faltado de nada. Cuando mi hermana y yo nacimos, mi abuelo se empeñó en hacernos un pequeño depósito y coger parte de ese dinero e invertirlo en bolsa para hacerlo crecer. Así, poco a poco, fuimos teniendo nuestro propio dinero y pasamos a poder utilizarlo cuando cumplimos la mayoría de edad. Mi abuelo sigue "jugando" con ese dinero, invirtiéndolo y continúa dando sus frutos, así que parto con ventaja – le sonrió. No le gustaba presumir de dinero pero lo tenía y podía comprarse cosas como aquel apartamento, del cual se enamoró la primera vez que lo vio.
- Tu abuelo es un hombre inteligente. Ojalá invirtiese mi dinero tan bien como él – se notaba un toque de tristeza en su voz y ella sintió una compasión tremenda. "No lo ha tenido fácil, se tuvo que sacar las castañas del fuego él solo".
- Si quieres puede. Le digo que es para un amigo y seguro que lo hará encantado. Tengo que venderte bien porque es muy selectivo con la gente a la que hace este tipo de favores, pero si viene de mí seguro que dice que sí – sonrió quitándole dramatismo al asunto. No quería que la cita se fuese al traste.
- En otra ocasión – se acercó a ella y le tendió la mano para que se la cogiese – Ahora nos vamos a cenar. Por cierto, estás preciosa – le dijo al oído. Ella sonrió.
De forma inconsciente, durante el trayecto al restaurante se había creado una especie de tensión entre ellos, como esa que se formaba cada vez que estaban juntos a solas, como la última vez en su apartamento, con la espalda apoyada en la pared del recibidor mientras Cary le bajaba la cremallera de la falda y ella le abría la camisa de un tirón. Melinda se sacudió el pensamiento y con él el calor que estaba sintiendo. Era demasiado pronto para excitarse de aquella manera. "Cenaréis, os lo pasaréis bien y socializaréis. Todo puede pasar, depende de ti".
La cena fue bastante distendida, hablando sobre unas cosas y otras, a veces del terreno profesional y otras del personal, de su niñez o adolescencia, varias trivialidades. Se estaban conociendo más de lo que se hubiese imaginado. Los dos optaron por carpaccio acompañado de unas verduritas y salsa al oporto con una copa de vino que había elegido Cary personalmente. Se lo estaba pasando bien y se notaba en el ambiente, tranquilo, sin silencios incómodos. Sorprendentemente perfecto. Cuando llegaron al postre, ambos se relajaron un poco más y empezó la cita de verdad.
- Quería quedar contigo porque quería contarte una cosa – empezó diciendo él. Melinda notaba cómo el corazón le iba a mil por hora –. Es un secreto que he estado ocultando a Will y Diane todo este tiempo y no sabía si podía confiar en ti pero ahora sé que sí – estaba muy serio y ella no quería moverse ni un milímetro. Se había quedado un tanto paralizada.
Los dos acercaron sus cabezas para que el resto de la gente no los oyera. Por un momento se sintió como una adolescente cuando su mejor amiga le cuenta quién es el chico que le gusta. La idea le hizo gracia pero se limitó a estar seria y no estropear el momento.
- Como viste el otro día, Will y Diane se quedan los casos más importantes. El resto, los asociados de cuarto año, los trabajamos a fondo, pero quienes se llevan la gloria son ellos. Hemos estado hablando y vamos a formar nuestro propio bufete – Melinda se había quedado un poco sorprendida, pero al mismo tiempo le parecía el paso natural que había que dar. La situación era insostenible y no podía continuar por mucho tiempo así sin que antes explotase. Cary la estaba mirando cauteloso, esperando alguna reacción por parte de su interlocutora, pero decidió proseguir –. Lo hablé con Alicia y, aunque sea socia, también quiere cambiar de aires, avanzar, y sabe que no va a poder hacerlo con Will y Diane todavía en el trono. Ya has visto lo bien que trabajamos, nos entendemos aunque tengamos puntos de vista distintos, y eso es algo a tener muy en cuenta. Además, su apellido puede atraer a mucha gente – le dio vergüenza decir eso, se le notaba en la postura, pero era cierto. El apellido Florrick podía dar muy buenos resultados en cuanto a la captación de clientes, pero también podría ser un hándicap que había que considerar.
- Te veo muy seguro de ello. Ya hablamos sobre esto, pero antes sonaba más a un deseo que a una realidad. ¿Fue lo del último caso la gota que colmó el vaso? – no sabía qué decir excepto que quería cogerle la mano y apretársela para que sintiese que le apoyaba.
- Básicamente – dijo haciendo una mueca que terminó en una sonrisa –. Este puede ser el paso más grande que dé en mi vida profesional, construir algo mío donde todos podamos decidir de una forma más democrática que en Lockhart & Gardner – se le notaba entusiasmado, como cada vez que hablaba de su trabajo, de los años que estuvo en la oficina del fiscal del Estado. Quería empezar esta aventura lo antes posible –. Será diferente.
- Me alegro mucho por ti, Cary, de verdad – acertó a responder tras una breve pausa. Finalmente sucumbió a sus deseos y le apretó la mano con la suya, sonriéndole para que viese que lo apoyaba en su decisión.
- Te lo agradezco, Mel, pero ahí no termina la cosa – se había puesto serio de nuevo. Venía otro bombazo.
- ¿Qué pasa? – "¡Suéltalo ya!".
- Quiero que te vengas conmigo al nuevo bufete. Vamos a necesitar a un profesional para los casos médicos y te quiero a ti – se quedó sin respiración pero no por la oferta en sí sino por el "te quiero a ti". Si quería ganar puntos, Cary lo estaba consiguiendo con creces –. Diane tiene a McVeigh como experto en balística, incluso tienen una relación sentimental así que, siempre va a contar con él. Quiero algo parecido entre los dos – le costaba respirar, no podía tragar saliva y tenía la garganta muy seca. Cogió la copa de vino con la otra mano para no deshacerse de la de Cary y se la bebió toda.
- Wow, no sé qué decir. Suena muy serio – se rio un poco intentando quitar la sensación de rareza que había en el ambiente. ¿Por qué sentía que estaba en el sueño más extraño de su vida? –. Claro, cuenta conmigo. Ya sabes que te apoyo en tu particular batalla – le miró a los ojos y sonrió de manera cómplice.
- ¿Así es como lo ves? – se rio cogiéndole su mano con las dos suyas.
- Bueno, cuando el bufete se ponga en marcha es posible que te enfrentes a Will y Diane, ¿no? Tendrás que hacerte valer, demostrarles lo que se han perdido por tratarte tan mal. ¿Cuántos sois, por cierto?
- Unos quince. Queremos conseguir al menos un grupo de veinte personas.
- ¿Y de cuántos clientes estamos hablando? – le preocupaba mucho la cartera tan pequeña que se iban a llevar. Necesitaban un cliente potente para empezar.
- Bueno, seguimos concertando citas con algunos sin que los socios lo sepan, excepto Alicia obviamente, pero te puedo decir – empezó a susurrar todavía más. Una nueva bomba estaba a punto de explotar –, que tenemos a Chumhum asegurado – sonreía lleno de orgullo, como si esperase que alguien le diese una palmadita en el hombro para felicitarle.
- ¿Tenéis a Neil Gross? – no se lo podía creer. Chumhum era la empresa más potente del momento con el buscador web predilecto de la gente. Parecía que nadie podía hacerle sombra, ni siquiera Patric Edelstein, su directo competidor y fundador de una de las redes sociales más famosas. Cary sonrió de oreja a oreja –. ¡Wow, Agos, eso sí que es una gran noticia! – le devolvió el gesto. ¡Menudo movimiento aquel! Con Chumhum desde el principio, el nuevo bufete tenía una prometedora proyección de futuro. ¿O estaba poniendo demasiadas esperanzas en un proyecto que ni siquiera era suyo?
Lo que no podía negar era que quería formar parte de ese proyecto. Había trabajado con Cary, sabía las ganas que le ponía a cada caso, se dejaba la piel, así que sabía en su fuero interno que no iba a parar de luchar por sacar adelante a su pequeña criatura, porque este nuevo bufete era eso, una pequeña criatura que nacía de los sueños de un grupo de personas hartos de ser tratados como animales de cuadra. Querían su reconocimiento por su duro trabajo, no que otros se llevasen la gloria después tantas horas empleadas. Cary la quería para ayudarle en los casos médicos pero, ¿y si había alguna otra forma de poder echarle una mano? Le acompañó hasta la puerta de su apartamento cogida por la cintura. Era una estampa de lo más romántica y cómplice.
- ¿Tienes que trabajar mañana? – le preguntó ella inocentemente. Se sentía extrañamente cómoda en ese instante, ligera por el vino pero plenamente consciente de lo que estaba sucediendo.
- No, me lo voy a dar de descanso. No voy a estar siempre trabajando, ¿no crees? – otra vez esa sonrisa, otra vez el efecto entre sus piernas. La tensión empezaba a incrementar.
- Haces muy bien. Entonces, ¿te apetece tomarte la última copa en mi casa? – le miró mordiéndose el labio, como si acabase de hacer una pequeña travesura. Tenía ganas de tocarle y sabía que él quería que lo hiciese también. El calor volvió a aparecer, notaba el sudor por debajo del vestido ceñido. Esa parte de su cuerpo estaba gritando su nombre desesperadamente. Le necesitaba. Ahora.
Y entonces la puerta se cerró tras ellos.
