Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de las Inadaptadas (Vicky y Josita en este caso.)
oxOXOxo
Capítulo 19:
La tierna Chiara hala el pelo del español para separarle de ella, metiéndole de paso una cachetada de muerte y empujándole. No por maldad, ni enojo. Es que le tiembla todo el cuerpo. Se lleva las manos a la cara roja como el tomate que el moreno se empeña en llamarla.
Y como no, por el beso también. No ha sido el primero, pero el que al parecer –está muy segura- tampoco sea el de Toño, ha hecho que sea el mejor de su vida. Aunque duda mucho que la reacción hubiese sido la misma de besarse con otro chico experimentado. Ay no, ha estado tan ida en los labios ibéricos que apenas si ha notado a los niños pasando junto a ellos.
Antonio se queda con los labios en pose de beso, pensando si en sobarse la mejilla o el cuero cabelludo. Hasta debe tener un mechón menos. Mira a la chica con el ceño fruncido, intentando entender el cambio repentino cuando creía que estaba yendo todo muy bien.
—Estamos en... Todos nos ven —dice con una desconcertante timidez que patea al comportamiento violento anterior.
—Estamos... ¡Ah! —recuerda donde están parados, sonriendo otra vez e ignorando con facilidad las miradas abochornadas de los niños de cursos menores —. ¡Ese sí que fue un gran beso, Tomatico!
La italiana aprieta los dientes y le da otra cachetada para salir corriendo con un chillido avergonzado. El español abre la boca y sale corriendo tras ella cuando al ver que, enojada o no, Chiara le voltea a ver si le sigue con unos ojitos muy esperanzados.
Y estos sí que no van a ir a clases y nadie sabrá qué les pasó… hasta que Alfred e Iván vayan de chismosos.
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Francis, con los ojos hinchados y el pelo amarrado en un moño, espera a que Antonio regrese de donde sea que se haya ido. La campana ya había sonado dos veces y nada. Bueno, qué se le iba a hacer. Ni siquiera el profesor parecía querer empezar las clases.
Ni él prestar atención.
Sólo bastó un pequeño momento del día anterior para que su confianza auto fundada se desvaneciera como sus revistas de "Doctora Corazón". En todas ellas le prometían éxito total cuando se lo propusiera pero… No había sido así.
¡Pero había seguido todos los pasos con exactitud! ¡Fue una estafa total! Y Arthur se había enojado… ¿O es que el beso no le gustó? Imposible, Antoine nunca le mentiría. A lo mejor y… ¡Bah! A lo mejor y nunca había ayudado a nadie también…
—Ah —la gran figura del ruso entrando al aula llama su atención.
Iván se acomoda en su lugar pesadamente sin importarle mucho la hora, deja sus libros en el pupitre y mira sonriente todo el lugar. Francis se gira a Gilbert que está adherido a su PSP.
—Ya vengo, Gilber —le dice, aunque el alemán no le vaya a poner atención.
Sabe que justo ahora no es la preocupación lo que lo está moviendo, si no el egoísmo. Su orgullo herido. Su deseo de saber si todo lo que ha aprendido ha sido en vano e inútil.
—Ah, privet —le saluda Iván en cuanto el francés se sienta a su lado.
—Bonjour —le sonríe —, ¿Cómo estás hoy?
—Muy bien —incluso tiene una sonrisita. Fran se echa un poco hacia atrás, sorprendido.
—Eso es bueno, ¿puedo saber por qué?
—Porque Alfred no quería ser mi amigo, y sí pero él no lo sabía y nos besamos y ya somos amigos otra vez y nos dimos cuenta que nos gustamos porque vamos de las manos, comemos juntos y sentimos cosas raras cuando pasa.
—Oh... ¿Son amigos...? —y en su mente está chillando que no, novios deberían ser. Pero no lo dirá.
—Da —él tan feliz y es que terminaron su conversación muy rápido.
—Mmm... ¿Cómo estuvo el beso? —pone los codos en la mesa y se apoya en las manos, hablando más bajo.
—¿Cuál?
—¿Cómo que cuál? ¿Cuántas veces pasó, pícaro? —sonríe, muy interesado.
—Dos veces, uno ayer y otro hoy —cuenta con los dedos y Francis, eres oficialmente la tercera persona con la que este niño habla tanto. El francés levanta las cejas, pensando en algo así como que ya lo manejan bien todo el asunto.
—Eso es estupendo, ¿Cómo estuvo? —no se le va a olvidar la pregunta.
—Mal y bien —no especifica cual, hablándole de ambos.
—¿No te gustaron? —inclina la cabeza, sintiéndose culpable de sentirse menos mal porque no sólo a él no le hayan salido las cosas bien.
Y podrían estar hablando de cosas porno pero con el ruido que hay en esa aula... Mira qué lindo todos esos niños gritando, chateando y jugando mientras el profesor Laurinatis está llorando en un rincón. No debió seguir la carrera de educación… él quería ser músico….
—Da, el primero fue mal porque nos chocamos y nos dolió. Y el otro fue bien, juntamos nuestros labios así —junta las puntas de sus dedos —, pero fue diferente al de tu amigo.
—¿Eh? —se queda perplejo —, ¿qué amigo?
—El de cabello café con la hermana de Felicia.
—¡Antoine! —se ríe —, mira el muy...
—Da, estaban en la puerta y era un beso muy diferente. no sé cómo explicarlo.
—No, no. Ya me imagino cómo era —sabiéndolo muy bien. Saca su móvil y entra a Youtube –, ¿algo así?
Le pone el móvil al frente donde se puede ver alguna escena de alguna película cualquiera donde una pareja se está besando en un crucero. Se abrazan, sus bocas se abren sutilmente y algunos gemidos pueden ser escuchados. Ni hablar de lo que están haciendo sus lenguas. Demos gracias por el desastre que hay en el aula.
—Ah, da —y tiene la misma cara de póker que tenía en la entrada. Si fuera Alfred, tendría la cabeza enterrada en la tierra. Francis asiente, mandando un mensaje está vez.
—Asumiré entonces que tu beso fue bastante... Casto —se acuerda del suyo con Arthur y aprieta los ojos.
—¿Qué es casto? ¿Es algo malo? —agrega al verle apretar los ojos.
—Sólo me acordaba de... —le mira también y niega —, casto es... Inocente, nuevo, no como el de mi amigo y el del video que te mostré. Pero eso no significa que el tuyo esté mal, de hecho, es bastante tierno —sonríe otra vez, olvidándose de sus problemas.
Iván suelta una pequeña sonrisa otra vez, contento con todo esto.
—¿Puedo contarte algo? —se inclina un poco hacia el ruso.
—Da.
—Me gusta el papa de Alfred —suspira.
—Oh —es una expresión de sorpresa sin mucho tono de sorpresa.
—Sí... —ni lo nota —, ayer lo besé mientras ustedes estaban arriba.
—¿Entonces ustedes se gustan? —frunce el ceño intentando comprender por sí mismo sin preguntar mucho.
—Sí… No, no —se ríe para nada feliz —, me gritó muy feo por besarle.
—¿Se enojó por besarlo? —recuerda la mirada que le dio cuando lo echó de la casa y se sorprende también de que un beso pueda enojar a alguien cuando a él le hizo sentir… bien.
—Oui —carita triste —, y me echó.
—Ah, a mí también.
—¿En serio? Es un gruñón —se cruza de brazos.
—Regañó a Alfred —también a Mathew, pero no creo que le importara mucho.
El pobre Math sobrevivirá.
—Ah... —suspira —, puede que sea mi culpa...
—¿Y si no sabes que le gustas? Yo me di cuenta la segunda vez… ¡Ah! ¿Y ya has ido a comer con él tomados de las manos? —la voz de la experiencia hablando.
—Se lo dije —levanta las cejas —, no... No hemos ido. No le di tiempo de nada, sólo le besé y ya. No me creyó.
—Eso es lo que falta —tan seguro. Y como a Fran no le están saliendo las cosas bieeeen, le cree.
—Debería cocinarle algo... —asiente, sumergiéndose en la idea.
—Es una buena idea —imagina a su amigo comiendo y riendo y sonriéndole. Sí, es una buena idea.
—¿Me puedes ayudar también con distraer a los gemelos? —le sonríe, emocionado ahora.
—Da —y lo hará aunque no se dé cuenta, con que a uno lo paraliza del miedo y al otro lo pone tonto…
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—Hey, ¡a almorzar! —Gilbert deja la PSP en la mesa al oír la campanada del almuerzo. Mas se queda buscando a sus amigos, confundido. Los que se suponen deberían estar en los pupitres junto a él.
Se gira en su asiento y se encuentra a Francis viendo algo en el móvil junto al gigante. Oh, bien. A esto se le llama traición. Y toda traición merece una venganza.
El francés se ríe de algo y apunta alguna cosa en una hoja, relajado. Renovado y con nuevas esperanzas. Hasta que siente la fría humedad del agua empaparle la cabeza y la ropa. Se muere allí mismo, lanzando un grito de diva derrotada.
—¿Pero qué... ? —se vuelve al culpable y levanta las cejas al ver a Gil —, ¿Gilbert?
—¡Traidor! —le grita y le saca la lengua. Les presento al Gilbert de primaria. Deja caer la mano donde sostenía la botella del delito.
—Quoi?!
—¡¿Por qué estás con ese?! —cualquiera pensaría que está celoso por otra cosa.
—¡Porque me estaba ayudando en algo! —se pasa una mano por el pelo, sacándose el agua.
—Jum —bufa un poco —, ¿y vas a almorzar con ese? ¿Donde está Tony?
Iván se pregunta por primera vez en su vida por qué Gilbert siempre se comporta así cuando está él involucrado. Se le olvida a los dos segundos. Francis fulmina al albino y no puede creer que le esté preguntando eso cuando su ropa está hecha un desastre. Sí sabe dónde está el español, pero no se lo dirá.
—¡Estoy todo mojado por tu culpa! ¿Crees que me voy a presentar así frente todo el mundo?
—Podemos comer aquí —propone Gil que por fin notó lo enojado que está su amigo.
—Non! ¡No me la voy a pasar el resto del día mojado! ¡Me vas a llevar a mi casa para que pueda cambiarme! —le ordena.
—¿Eh?
—¡Nada de "eh"! ¡Ve por tu motocicleta! —toma la hoja de la mesa del ruso y se va por su mochila, evaporando el agua de su pelo con sólo el enojo.
Iván se despide de ellos con la mano, tomando también su mochila y caminando tranquilo en plan "lalalala".
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Alfred, que quería hacerse el interesante y no contar nada, fue obligado igualmente.
—¡Tú! ¡¿Por qué no llegabas?! —le grita Feli justo cuando le ve entrar. Los niños presentes también lo miran y hasta el profesor hace un facepalm —, ¿por qué Iván estaba deprimido? ¿Por qué te ocultabas? ¿Qué paso? ¡Debes darme tu número de celular!
El americano corre hasta ella, saludando a todos de paso. "Aquí no hay nada que veeer."
—Yaaaa, tranquilaaaa —la sujeta de los hombros y saca el móvil —, no hay explicación, todo tenía un propósito —pose cool.
—¿Entonces cual era el plan? ¿Matarnos a todos de los nervios? —se envía un mensaje desde el móvil del americano.
—Es que ya te dije... —sonríe y la mueca enfadada de la chica lo detiene —, ven, sentemos.
—Escúpelo todo —la delicadeza italiana.
—Pues... —prepárate para una historia distorsionada con explosiones, carreras de autos e Iván acostado en la playa recibiendo un súper sensual beso de telenovela —. Y chocamos los dientes.
—¡Ay no! ¿Y él qué dijo? —se ríe, importándole poco todo lo exagerado del asunto.
—¡Nada! —y ahora no le parece mal ello —, pero antes, cuando veníamos hacia acá…
Le cuenta en el oído... muy tonto porque contó todo lo anterior gritando. Ya media escuela lo sabe. El profesor tose y se sonroja.
—Che cosa?! ¡Qué hermosoooo! —emocionada.
Todo el pueblito debe de haberlos visto, vamos. Pero no creo que nadie se burle de ellos siendo Iván uno de los involucrados.
—Yeeeees —él también se emociona y luego cae en cuenta de algo —, ¿Cómo que matarlos de los nervios?
—¡A todos! Francis ayer habló conmigo, me dijo que Iván estaba triste y faltaste a clase. Pensé que se habían peleado o que él te había dicho que no le gustabas.
Alfred no sabe quién sea Francis, ni que lo vio ayer.
—No peleamos... Y no falté por gusto, estaba... Eh... Meditando. Los héroes lo hacen.
—¡Ah, claro! Veee~, ¡entonces por eso llegaste tan tarde hoy!
—¡No era tan tarde! —se ríe.
—¡Claro que sí era muy tarde! ¿No ves que yo llegué más temprano que tú?
Los ojos de Al se ensanchan con esa información.
—Faq! ¡Es cierto! —y se muere de risa.
—¡¿Te das cuenta?!
esperamos que le guste ;) ¿que creen que hará Francis?
