*¡Bienvenidos una semana más! Después del último capítulo donde pudimos conocer un poco más a la familia de Melinda, vamos a ver qué tal se le da manejarse poco a poco en un bufete.
Espero vuestros comentarios. ¡Gracias por seguir una semana más!*
11
Ahí viene ella, el tiburón
- Son espaciosas. ¿Cuánto has dicho que cuestan?
- 25 dólares el metro cuadrado. ¿A que es una ganga?
Estaban paseando de la mano por las que serían las nuevas oficinas de Florrick, Agos & Associates, la nueva casa profesional de Cary. El sitio tenía un aspecto perfecto para el nuevo bufete, destilando seriedad y compromiso, aquello que querían transmitirles a sus clientes. Tenían un tono amarillo pálido agradable a la vista, que no crispaba los nervios, y estaban rodeados de madera, recordándole un poco a Lockhart & Gardner. Cary se veía satisfecho con los pasos que iba dando. Dentro de poco sería señor de aquellos lares, el jefe y responsable de un grupo de personas que estarían a su cargo, tarea para la cual estaba más que preparado. El resto del equipo también se encontrada en las oficinas esperando a que Alicia llegase.
- Un segundo – le dijo Cary mientras sacaba su móvil. Era Alicia – ¿Dónde estás?
- Creo que es la recepción.
- Voy para allá – Cary colgó –. Voy a ir a buscarla. ¿Me vigilas a la tropa? – Melinda asintió y él la besó. Ya había conocido a Carey Zepps, el clon de nombre de su novio, pero todavía le faltaba el resto del grupo por entablar un mínimo de relación.
A los pocos minutos, Alicia y Cary aparecieron por el final del pasillo muy animados, con ese aire triunfador que te da el tener la sartén por el mango, controlando la situación. Sabía que se tenían que ir cuanto antes para no ser pillados por Diane y Will. Cary le había contado que Kalinda ya había descubierto su plan y que estaba encubriéndole, algo que a Melinda no le hacía ninguna gracia. Entendía que era su amiga pero, ¿a qué precio? Lo que había aprendido de aquella mujer con botas de cuero en tan poco tiempo era que no te podías fiar de ella por mucho que quisieras. Ella trabajaba para Will y Diane aunque no tuviese un contrato que la atase a ellos, como le había dicho Cary, pero era fiel a quienes consideraba sus amigos. Melinda tenía la sensación de que todo el plan iba a explotar por los aires si seguían esperando.
- La gente quiere sus bonificaciones y no los conseguirán hasta dentro de dos meses más. Tenemos que esperar – le había dicho Cary intentando calmarla.
- ¿Sabes qué, Cary? Que le jodan a las bonificaciones. Si no salimos ya de allí cagando leches os van a poner en la calle y le diréis adiós a vuestro último sueldo y al extra de dinero que estáis esperando. Estoy con Alicia, hay que irse ya – Melinda no paraba de dar vueltas a la habitación mientras Cary le seguía con la mirada. A veces se sorprendía por considerarse dentro del grupo de abogados que iba a dar el salto, pero estaba demasiado cerca de ellos como para no sentirse así –. Tenemos a Chumhum, nos podemos ir ya de forma pacífica. Si se enteran la cosa puede acabar francamente mal.
- No pasará eso – Cary se había puesto serio y un poco guerrero.
- ¿Cómo estás tan seguro? ¿Crees que Kalinda no va a hablar, que va a mantener tu secretito por mucho más tiempo? ¡Estamos jugando con fuego, Cary, y nos vamos a quemar! – la voz iba subiendo de decibelios.
- No va a hablar – le respondió tranquilamente –, no va a traicionarme de esta manera.
- Ya veremos, Agos. Yo que tú no las tendría todas conmigo, te la puede jugar.
En el fondo, Cary sabía que tanto Alicia como Melinda tenían razón, había que salir cuanto antes, y ahora que tenían las oficinas era una buena oportunidad, pero si esperaban a las bonificaciones tendría un millón de dólares más que invertir en este nuevo proyecto. Era demasiado tentador como para dejarlo escapar.
- Hey, un aplauso a Alicia por avisarnos de que los socios nos tenían vigilados. Esperemos que con los móviles desechables tengamos suficiente – el grupo ya había empezado a aplaudir y la última frase se quedó en casi un susurro, lo que le hizo reírse a Melinda de Carey Zepps por dentro –. Ya sabéis, los móviles de Lockhart & Gardner para los asuntos del bufete, los desechables para todo lo demás.
La pesadilla sólo acababa de comenzar. David Lee, el astuto zorro de Lockhart & Gardner se estaba oliendo el pastel, como si el plan del nuevo bufete estuviese señalizado con luces de neón cual estampa de Las Vegas. Había dado la señal de alarma al resto de socios, principalmente a Will y Diane, ante el posible motín de los asociados de cuarto año. Las "inocentes" comidas y cenas que estos estaban teniendo con los clientes para llevárselos a Florrick/Agos habían sido la chispa que había encendido la mecha, por lo que Lee estaba de lo más borde con todos ellos. El motín tenía su razón de ser, al igual que la marcha de estos de aquel lugar: no sólo los grandes jefes se llevaban la gloria tras el trabajo de investigación de sus secuaces, sino que la promesa de ser todos socios se había roto y sólo había sido concedida para el ojito derecho de Will Gardner, Alicia. Melinda conocía de segunda mano la relación que estos dos tenían. Compañeros en la universidad de Georgetown, Will se quedó prendado de su inteligente amiga y nunca más pudo dejar ese sentimiento, aunque esta se hubiese casado más tarde con Peter Florrick, actual gobernador de Illinois. Por lo que le había dicho Cary en una conversación sobre por qué Alicia se había unido al grupo de disidentes, Will y esta tuvieron un escarceo amoroso mientras el matrimonio de ella estaba en sus horas más bajas tras el escándalo. A Melinda no le pilló muy de sorpresa ya que había notado un ambiente especial entre ambos, sobre todo con las miradas que le echaba él a aquella mujer que había sido humillada por televisión y que había cambiado totalmente desde entonces, renaciendo de las cenizas con gran esfuerzo. Por tanto, conociendo esto, que se le ofreciese a Alicia la posibilidad de ser socia era, aunque injusta para el resto, lógica, creando cierta ruptura con el resto del grupo de asociados de cuarto año. Pero, gracias a esa misma mujer, los integrantes del nuevo bufete conocían la peligrosa situación en la que se encontraban y las acciones a tomar para que no terminase explotando todo.
Alicia acababa de colgar el teléfono.
- Cary, ¿estás seguro de que Chumhum viene con nosotros? – Melinda se había acercado a ellos.
- Tranquila. Hablo todos los días con Neil Gross – intentaba tranquilizarla pero en el fondo no estaba surtiendo mucho efecto –. ¿Qué pasa?
- Will quiere que esté presente en la reunión con él.
- ¿Crees que sospecha algo?
- No – negó con la cabeza –. No – repitió con mayor seguridad –. Estamos a salvo – y una sonrisa se dibujó en su cara.
- Yo me tengo que ir al hospital. ¿Nos vemos más tarde? – se aventuró a decir Melinda en aquella conversación "privada".
- Claro. ¿Te importa pasarte por la oficina? Creo que Gross nos va a dar trabajo – ella le besó, intentando saborear el momento que le ayudaría a continuar con un día largo en aquella planta tan enfermizamente blanca.
- ¿Y quién no te lo da? – le miró por última vez por el rabillo del ojo sonriendo.
Tras dos horas de consultas donde veía que los pacientes aparecían con cuentagotas debido al verano, las vacaciones y que el tiempo acompañaba a que las enfermedades comunes no estuviesen tan a la orden del día, se embarcó en una operación de ocho y con un paciente adulto, saliéndose de aquellos pequeños cuerpos a los que tenía que auscultar día tras día. Aunque las operaciones la ponían nerviosa en un principio, con el paso de las horas su estado iba cambiando, se iba relajando y disfrutaba de las vistas, de su trabajo. A veces podía darse el caso de que ocurriese alguna incidencia, pero normalmente todo iba rodado. Cada operación era como una ceremonia en la que los instrumentos estaban perfectamente expuestos en sus bandejas metálicas, esterilizados y listos para el uso. Los asistentes estaban en sus puestos, al igual que el anestesista, preparados para comenzar la tarea y recibir las diferentes órdenes de la jefa de la orquesta, ella. Para que las operaciones no fuesen tan aburridas, y porque a veces el cansancio podía hacer mella, Melinda siempre ponía música para amenizar, normalmente de los ochenta, de la cual era gran fan. Otras veces tiraba de música dance, lo que daba a los espectadores de sus operaciones la falsa idea de que estuviesen en una discoteca y no en un quirófano. Luego, al ver el gran trabajo realizado, dejaban los posibles juicios a un lado y acataban la decisión musical.
Cuando salió del quirófano, todo lo que quería era una ducha fría y su cama, sentir el tacto de las sábanas frescas en su piel mientras se iba dejando llevar por el cansancio para terminar en los brazos de Morfeo. Sin embargo, había quedado con Cary en su oficina.
- ¿Has salido ya? – había decidido que podían cambiar de planes, así que mejor hacérselo saber cuanto antes.
- Sigo por aquí. ¿Al final vienes? – se le notaba interés en la voz. Pensó que le iba a romper el corazón.
- Estoy cansadísima, trasplante de corazón. Pero… – le interrumpió antes de que no la dejase terminar –. Había pensado que podía ir a tu apartamento y quedarme allí a dormir. ¿Qué te parece?
- ¿Venirte a mi cueva? – Cary estaba esperando cierto comentario.
- Ah, ¿pero ahora eres Batman o qué? – sabía que ella diría algo sobre eso. Ambos se rieron.
- ¿Te acuerdas dónde es? – por un momento se preocupó. Tendría que salir dentro de nada hacia allí o esperaría mucho tiempo en la puerta y se la podría encontrar dormida.
- Sí, sí, no te preocupes.
- Salgo para allá, ¿vale? Puedo seguir trabajando en casa – la verdad es que el cambio de aires le podría ir bien, inspirarle un poco. El caso de Neil Gross le estaba dando más de un quebradero de cabeza.
Cary llegó diez minutos más tarde que ella, quien esperaba pacientemente en su puerta.
- Estaba a punto de intentar forzarla – dijo riéndose.
- Bueno, si necesita un abogado, señorita, cuente conmigo – la besó y abrió la puerta.
La estancia desprendía jovialidad pero al mismo tenía un toque clásico con la madera de color claro. Nada más entrar se encontraba la cocina con una barra americana y unos taburetes con los forros azul marino, dándole un poco de contraste con la luminosidad que desprendía el resto de la estancia. A la izquierda estaba el salón con un sofá de tela gris y una televisión de plasma en un ángulo perfecto para verlo desde él. A la izquierda de este estaba el dormitorio y el baño. Aunque no era un apartamento muy grande, era perfecto para un hombre como Cary, quien pasaba mucho más tiempo en su puesto de trabajo que en su hogar. "Tú lo que tienes es una mansión, Melinda, no lo niegues. Tienes dinero, así de simple", se sintió culpable, pero era cierto. Tenía una habitación enorme para ella, otra para Amelia cuando se quedaba alguna noche suelta durante el año, su propia oficina y otra que ni tan siquiera había amueblado ya que no sabía ni con qué decorarla. Había tenido mucha suerte en encontrarse aquel lugar y habérselo podido permitir.
- Si no es porque te he visto dormir, juraría que has estado toda la noche trabajando aquí – le dijo a la mañana siguiente, acercándosele por detrás mientras le pasaba las manos por los hombros e iban bajando por su pecho, besándole el cuello relajándolo. Cary estaba sentado con el portátil abierto en una mesita que tenía cerca de la cocina.
- Estamos demandando al NSA. Entre que el juez ha fallado a su favor y que Gross está más tocapelotas de lo normal, no sé cómo no estallo – Melinda seguía por una de sus mejillas.
- Porque le necesitamos. Sin Chumhum no hay bufete y te quieres largar. Ten paciencia – había empezado a masajearle la espalda, a lo que él respondió dejando de escribir en su portátil y dándose la vuelta hacia ella.
- Gracias, por apoyarme y animarme – la trajo hacia sí mientras le pasaba las manos por la cintura e iban bajando –. Significa mucho para mí.
- Hey, tú haces lo mismo conmigo. No tienes que agradecerme nada – se sentó en sus rodillas –. Así que demandando al NSA. ¿No te parece un poco exagerado? – tenía la mano apoyada en su pecho. Parecía que el ambiente se estaba llenando con esa tensión que solía aparecer cuando estaban juntos pero algo la retenía, Neil Gross en espíritu.
El NSA era la Agencia de Seguridad Nacional, la cual se dedicaba a rastrear llamadas con contenido sospechoso y así poder entrar en acción si hubiese alguna amenaza a la vista. Neil Gross estaba viendo que la opinión pública le estaba dando de lo lindo al ser acusado de entregar correos de sus clientes con contenido interesante para la Agencia y no podía defenderse ante la prensa ya que tenía una orden de mantenerse callado al respecto. Demandar al NSA era la única solución a la vista que Cary, Alicia y Carey Zepps, quienes llevaban el caso, tenían.
- Es lo único que podemos hacer. De todas formas estamos estudiando otras vías y tenemos a Kalinda investigando el caso. Saldremos adelante – sonrió y ella le besó. Sabía que lo harían, tenían que hacerlo si querían que Chumhum fuese su primer e importante cliente. Sin él no habría bufete.
- ¿Neil Gross es tan snob y capullo como me imagino o gana algo en persona? – quería quitarle hierro al asunto. Cary se quedó un segundo pensativo.
- Bueno, gana en que más capullo de lo que piensas.
- ¡Lo sabía! – él se rio. Melinda le había visto más de una vez por la televisión o leído cosas sobre él en internet y no podía caerle peor. Altanero, con un ego como una casa, Neil Gross estaba en la lista de gente que le daban ganas de matar con sólo verla. No podía con los tipos con egos enormes, sólo sabían alardear de lo buenos y millonarios que eran. Y no eran buenos para nada.
Después de ver las oficinas y cómo todo iba tomando forma poco a poco, la duda que había tenido Melinda durante días se iba haciendo más fuerte. Más que una duda, era una decisión en ciernes, a punto de ser tomada después de ser reflexionada por un tiempo, sopesando los pros y los contras. Estaba claro que iba a irse con Cary y Alicia al nuevo bufete, que les serviría de apoyo en los casos médicos pero, ¿y si podía servir de apoyo en otras áreas? Sabía que su novio se negaría en rotundo al sólo escucharlo pero ella realmente quería dar el paso. Tras pasar por su casa, ducharse y cambiarse de ropa, estuvo adecentando su apartamento un poco y llamó a su sobrina para saber cómo iban las cosas. La pequeña preguntó por Cary, a lo que su tía sonrió tras la línea telefónica. Parecía que había calado hondo en el corazón de la pequeña, lo que era toda una proeza. Amelia no preguntaba por cualquiera que había conocido en un día, Cary tendría que tener un hueco especial.
A media tarde, pensó que no estaría mal acercarse por el bufete y contarle su propuesta a Cary y Alicia, ver cómo reaccionaban y si tenían una respuesta sobre ello. Después de llamarle y ver que las cosas estaban más o menos en calma, hacía acto de aparición en la planta correspondiente a Lockhart & Gardner. Esta vez fue directamente al despacho y los vio a ambos concentrados en una conversación de lo más apasionante, la estrategia para el caso de Chumhum.
- Me alegra veros a los dos juntos intercambiando ideas – añadió cuando los humos se hubiesen relajado, intentando ponerle un toque de humor al acalorado encuentro. Gross seguía siendo un grano en el culo, pero uno muy valioso –. Quería comentaros una oferta que tengo.
- ¿Una oferta? – preguntó extrañada Alicia. Melinda cerró la puerta del despacho. Lo que estaba a punto de decirles no tenía que salir de ahí.
- Es sobre nuestra nueva casa – sus interlocutores se mostraron un poco más ubicados en la conversación –. Quiero invertir en ella – Melinda esperó a que el mensaje calara un segundo y prestó especialmente atención a cualquier gesto de Cary –. En cierta manera, formo parte del nuevo bufete, os apoyo moralmente, pero también me gustaría hacerlo económicamente.
- No, Mel, no hace falta que lo hagas. No es necesario – Cary se había puesto de pie e intentaba ser comprensivo con ella. ¿Realmente quería meterse en esta aventura? Alicia prefirió ver cómo se las arreglaban estos dos por un minuto.
- Quiero hacerlo, Cary. Quiero poner mi dinero en este proyecto porque creo en él – se acercó un poco más –, creo en ti, en Alicia y en todos los que están a bordo. Sé que vais a luchar hasta el final por que esto salga adelante, así que si quiero hacerlo voy a hacerlo. No es necesario hablarlo más – le sonrió. Quería transmitirle que hablaba realmente en serio, que quería apoyarle hasta el final y no sólo como su novia, sino como toda una profesional.
- ¿Y si sale mal? ¿Y si pierdes todo tu dinero? – Cary estaba preocupado de veras. No quería decepcionarla, ni tampoco a sí mismo.
- Pues entonces lo habremos perdido todos, pero sabiendo que hemos luchado por ello hasta el último minuto, ¿no? El dinero que estoy invirtiendo es mío, puedo hacerlo y quiero hacerlo – recalcó.
- Así que, ¿qué serías? ¿Socia fundadora? – preguntó Alicia intentando averiguar cómo meter a la nueva jugadora en el tablero.
- Socia son palabras mayores, ¿no? ¿Mi contribución va a darme tal título al principio? ¿O mejor socia? Pensadlo de este modo: el resto de la gente son socios de segunda categoría por así decirlo, no socios fundadores, vosotros lo sois. Meterme a mí en vuestro grupo puede ser complicado de cara al resto, ¿no creéis? – Melinda estaba pensando como una jugadora nata, una mujer de negocios viendo cómo puede meterse en el juego pero sin hacer saltar varias liebres por el camino.
- Entonces socia, pero con miras a ser socia fundadora en un futuro – respondió Cary –. Así los demás estarán calmados por el momento. Ya le haremos frente en el futuro.
- Bienvenida entonces – Alicia le tendió la mano y esta se la estrechó. Era oficial, formaba realmente parte del equipo. Ahora había que irse de aquel lugar lo más rápido posible.
La reunión con Neil Gross se alargó un poco más de las ocho de la tarde, la cual había comenzado hora y media antes porque "era el único hueco de mi agenda que estaba disponible". Melinda vio cómo aquel hombre de unos cuarenta años seguía vistiendo como un veinteañero, como un tipo que sigue queriendo ser joven pero hace el ridículo al mismo tiempo. El problema es que tenía tanto poder y dinero en sus manos que nadie tenía el coraje suficiente para decírselo a la cara. Cary y Alicia estaban al punto de la extenuación tanto por el caso como por la jornada laboral. Llevaban todo el día viendo qué nueva estrategia podían tomar y cómo hacerlo para presentárselo a aquel hombre. El NSA estaba utilizando armas que, de primeras, no estaban disponibles para el bufete, sólo para ellos. Estos habían pensado darle la vuelta a la situación y ver si podían utilizarlas de todas formas. Cuando la reunión terminó, Cary se acercó hasta el despacho para coger unos documentos.
- ¿Crees que me firmará un autógrafo? ¿"Para Melinda, mi mayor fan. Con cariño, Neil Gross"? – dijo sarcásticamente Melinda, cosa que alegró a Cary.
- ¿Quieres probar? – le preguntó siguiéndole la broma mientras le indicaba que fuese delante de él.
Melinda entró en la sala de reuniones ante la extraña mirada de aquel tipo, quien le dio un repaso de abajo a arriba. Se sintió como si fuese un nuevo juguete ante un niño inquieto; lo que no sabía aquel crío es que el juguete traía garras de fábrica.
- Señor Gross, Melinda Cavanaugh, es una de nuestras asociadas más apreciadas – Cary se había pasado con la descripción. "Última de la lista sería más preciso", pensó para sí.
- Ah, otra abogada. Encantado – le tendió la mano.
- No, señor Gross, soy pediatra y cardióloga, no abogada. Se puede decir que soy una asociada especial – le soltó mientras le estrechaba la mano. Una parte de sí quería rompérsela pero se abstuvo de jugársela. No tenía intención de darle cancha al cuarentón disfrazado de veinteañero cool.
- Oh, culpa mía. ¿Y qué le lleva a embarcarse en esta aventura? – ¿estaba Gross intentando sacarle de sus casillas?
- Conozco a los implicados, creo en ellos y en su causa. No necesito más razones – creyó oportuno cambiar el viraje de la conversación –. Por cierto, gran fan de Chummie. Una ardilla nerd muy mona – una sonrisa maliciosa apareció en su rostro. Chummie era la mascota del buscador Chumhum, la cual era muy graciosa y se encargaba de enseñar el funcionamiento del artilugio en los vídeos explicativos.
- Así que le gusta Chumhum, y lo utiliza, ¿verdad? – Melinda asintió –. Empezamos bien si es fan de la compañía.
- Oh, sí, pero no de usted – las cosas se ponían serias –. Ni de sus métodos. Ya he visto en las noticias lo que ha pasado y no es la primera vez que ocurre algo así – Melinda estaba jugando con fuego e iba con actitud de no quemarse.
- Para eso estoy aquí, para arreglar este lío – de repente se puso serio – De todas formas, tenga cuidado con lo que dice, a ver si sus palabras van a dañar a sus amigos aquí presentes.
- ¿Me está amenazando, señor Gross? ¿Quiere arreglar también ese lío si le denuncio? – sabía jugar y lo estaba demostrando –. No se preocupe, no va tener que lidiar conmigo en el bufete, sino con ellos dos – ladeó la cabeza señalándolos –. Después de todo este tiempo teniendo a Cary como su putita, y sí, me ha oído bien, no se atreva a dejarnos en la estacada o me aseguraré de que no consiga consejo legal en gran parte del país – no quería decirle quién era su padre, pero estaba dispuesta a utilizarlo en esta ocasión. A lo mejor necesitaba refuerzos para hacer valer su advertencia.
- ¿Me está amenazando, señorita Cavanaugh?
- Oh, no. Le estoy advirtiendo. Si le estuviera amenazando lo sabría de sobra – hizo una pequeña pausa, observando su reacción –. ¿Sabe el problema que tienen los tipos como usted, la nueva generación de Steve Jobs? Su gran ego. Parece que es lo único grande que tienen – le sonrió y él hizo lo mismo. El juego había acabado. Por ahora.
- Bueno, creo que se ha hecho un poco tarde, ¿no creéis? Mañana os veré en el juicio – Neil Gross salió por la puerta y se dirigió al ascensor junto con su abogado de la costa oeste, por lo que supo más tarde Melinda.
- ¿Qué ha sido eso? – Cary estaba molesto y no podía ocultarlo.
- Estoy dejando claro que nadie no os va a tomar por el puto pito del sereno y menos un capullo como aquel – hablaba más en serio que nunca, incluso con cierto tono amenazador.
Si Florrick/Agos quería sobrevivir, necesitarían muchas agallas para eso, y no sólo en los tribunales.
