* ¡Gracias por estar otra vez por aquí! Estamos en la antesala de lo que será Hitting The Fan, por lo que dentro de dos semanas podréis leerlo sin falta. En este capítulo nos adentramos en la calma antes de la tormenta.

¡Disfrutad y comentad! *

13

Masturbarse es bueno para la salud, ¿no?

A seis días de despedirse de aquella combinación de madera y cristal que era la planta 28, los problemas no paraban de crecer. La tensión iba en aumento con la inminente salida de Diane del bufete, casi por la puerta de atrás, arrojándola algunas monedas como si de un mendigo se tratase. Melinda veía que las cosas se podían torcer y ni siquiera se encontraba en el ojo del huracán, aunque su novio Cary sí. Lockhart había optado por no pasarse por la oficina y dejar a Will al cargo de todo, con quien ya casi ni se hablaba. Era un caos, los días felices en el bufete parecían quedar muy atrás.

En ese momento de acordó de Robyn, la investigadora que iba a venirse con ellos. Cary le había dicho que Kalinda era imposible de contratar, demasiado dinero de por medio. Ella, mientras, había respirado aliviada y por un momento dio gracias a Dios, lo que le pareció bastante lamentable viniendo de una atea como ella. Robyn le recordaba en cierta manera a ella al ser el punto de discordia entre tanto trajeado en el grupo. Vestía de manera muy informal pero cómoda al mismo tiempo, siendo totalmente lo contrario a Kalinda. Zapatillas, vaqueros, camisetas, eran sus básicos, los que compartía con ella incluso cuando andaba por el hospital. A pesar de lo distinta que era, encajaba bien en el grupo y Cary la tenía en alta estima.

- ¿Tú también vienes con nosotros? – susurró en una de las reuniones clandestinas que organizaban los integrantes del selecto grupo.

- Sí, también estoy a bordo – le sonrió. Le pareció un poco invasiva pero lo achacó a la simple curiosidad.

- Soy Robyn, la investigadora – le tendió la mano y Melinda la aceptó.

- Melinda.

- Ah, ¡tú eres la novia de Cary! Habla mucho sobre ti. Dice que eres muy buena con los casos médicos – tenía un entusiasmo raro pero, sorprendentemente, se lo contagió, cayéndole bien en ese mismo instante.

- Él también habla de ti. Dice que nos vas a hacer ganar casos. Trabajaste en el Tesoro, ¿verdad? – cuando Cary se lo contó, le pareció un dato a tener muy cuenta. Les podría sacar las castañas del fuego en más de una ocasión.

- Oh, sí, durante un tiempo. Pagaba las facturas – se encogió de hombros.

Las siguientes veces que habló con Robyn, le pareció la persona más pizpireta de aquel grupo tan estirado que era Florrick, Agos & Associates, pura energía, sintiéndose un poco más cercana a ella por ser los dos puntos más dispares del resto de integrantes. Poco a poco se fueron conociendo, sobre todo porque en las reuniones casi ni hablaban en alto, así que decidieron que era mejor intercambiar experiencias y hacerse amigas. Así aprendió que Robyn venía de una familia muy hippie, con varios hermanos y con una filosofía muy de "haz el amor y no la guerra", lo que le sorprendió a Melinda conociendo de antemano el dato sobre el Tesoro. Que ella hubiese acabado como investigadora le había sorprendido aún más, pero se mostraba contenta y con ganas de seguir aprendiendo el oficio pero desde la perspectiva de un bufete y no de una institución estatal.

A pesar de que el asunto de Diane era lo que ocupaba la mayor parte de las conversaciones de aquel lugar, había aparecido otro problema: no se podían descargar los archivos de los clientes que Florrick/Agos iba a llevarse consigo. Cary se había mostrado un poco nervioso e irascible con Melinda, a lo que ella respondió dejándole su propio espacio. Estaba soportando una gran cantidad de presión sobre sus hombros y, aunque quería ayudarle, ella no podía hacer nada. Él ya se había mostrado muy agradecido por la conversación que tuvo con Alicia, la cual fue un empujón para que ella tomase una decisión definitiva. Habían tenido una velada de lo más romántica y tranquila en casa, con una cena de por medio con velas y una buena sesión de sexo apasionado en el sofá, liberando la tensión que ambos habían acumulado. El problema con los archivos recaía sobre todo en Alicia, ya que los socios no tenían un farewell que les ponía trabas para ello, así que la pobre se la tenía que jugar.

- ¿Os dais cuenta en la situación que ponéis a Alicia? Es socia y espía de Florrick/Agos más que socia fundadora. Lo debe de estar pasando fatal – intentaba que Cary se pusiese en su piel pero el otro también tenía lo suyo encima.

- Lo sé, pero los documentos son muy importantes. Si no los sacamos ya y esperamos a que el bufete nos los dé, puede hacerlo con retraso, por lo que no podremos trabajar, los clientes se mosquearán, nos dejarán y… - se estaba poniendo rojo. Parecía que estaba a punto de explotar.

- Hey – Melinda lo paró en seco poniéndole sus manos sobre los hombros –. Tienes que tranquilizarte un poco. Sé – estaba a punto de cortarla pero ella le mandó callar con un gesto –, sé que no es fácil pero no quiero que tengas un infarto tan joven, ¿vale? Sólo quiero que sepas que Alicia también está sometida a mucha presión, todos lo estáis, y tenéis que aguantar sólo un poco más. Luego ya podréis vivir fuera del armario – sonrió intentando animarle, cosa que surtió efecto.

Pero si con esto no tenían suficiente, las cosas en el bufete se volvían a agitar, aunque no tanto como con Diane. Una de las asistentes, Chrissy Quinn, había demandado a varios abogados de la empresa, entre ellos a Cary. Supuestamente, Agos se había masturbado delante de ella.

- ¿Perdona? – Melinda se intentó contener pero no pudo y explotó en una gran risotada.

- Lo que oyes – Cary estaba viendo cómo su novia estaba llorando casi de la risa en sus narices.

- Ya no saben qué inventarse para joder a la gente y conseguir dinero, ¿verdad? – logró decir cuando dejó de reírse. Esto le parecía un cachondeo padre.

- Así que no te lo crees. Menos mal, tenía un poco de miedo – Carry andaba con cuidado aunque sabía que ella se lo iba a tomar a bien.

- ¿Cómo me lo voy a creer? De verdad, Cary, qué cosas tienes, cielo. Es tan absurdo que es mejor reírse. ¿Qué pasó en realidad? ¿No le estabas enseñando cómo te la pelas? – empezó a reírse de nuevo.

- Vale, vale – se rio con ella. Realmente era muy absurdo –. Lo que pasó fue que le pedí que se quedase hasta tarde para discutir un caso. El fiscal quería hablar con nosotros y negociar un acuerdo de tres años. Así que, cuando me comunicó la oferta, hice un "gesto de masturbación", si lo quieres llamar así – Melinda había empezado a reírse otra vez –. ¿Puedes parar un segundo? – Cary se mostraba divertido.

- ¡Es demasiado estúpido todo como para no descojonarme, Cary! – su risa reverberaba por todo el apartamento. Podría despertar al edificio entero si se lo propusiese –. ¿Y qué? ¿No pilló el significado del gesto? ¡Dios, es superpaguata! – la risa se convirtió en una amplia sonrisa. Cary se la devolvió.

- Al parecer no – empezó a reírse. Realmente era absurdo. "Menos mal que es mentira", llegaron a pensar los dos.

Más tarde, Cary le habido contado que Alicia también había tenido su susto pero que Elsbeth Tascioni, la abogada que había contratado el bufete para manejar esto, lo había hecho con gran maestría y todo se había quedado en una anécdota para ambos. Sin embargo, quien no lo tenía tan fácil era Howard Lyman, uno de los socios más antiguos de Lockhart & Gardner. Al parecer Lyman era un gran cero a la izquierda que se dedicaba a dormir la siesta sin pantalones ni calzoncillos en su oficina. Saltándose el dato de que tanto su novio como Zepps habían gastado una broma a algunos asistentes del bufete para que fueran a su despacho y se encontrase tal percal, Melinda se había quedado con que había un vídeo que ponía en peligro a la empresa por culpa de este señor.

- Uno de los nuestro le dio el vídeo a Viola Walsh, la abogada demandante. Ya nos hemos encargado de él – Cary estaba enfadado y bastante serio. Estaba de pie enfrente de Melinda, quien estaba sentada en su sofá mientras se bebían ambos una cerveza.

- ¿Encargado de él? Suenas como Tony Soprano, Cary. ¿Lo habéis mandado al fondo del mar, que se convierta en comida para los peces? – no se sabía quién de los dos estaba más asombrado en ese momento, si él por la referencia o ella por imaginarse cosas raras.

- ¡No! Le hemos obligado a que renuncie y que acepte la responsabilidad de sus actos – se sentó a su lado.

- ¿Y los bonos? No estará muy contento con haberlos perdido – Melinda no se fiaba un pelo de ese hombre. Tenía la sensación de que había que andar con pies de plomo a su lado.

- No te preocupes, Tony lo sobrellevará – Cary se mostraba confiado aunque ella prefirió prevenirle.

- No me fío un pelo de él, sinceramente. Es lo más estúpido que ha podido hacer. Esto nos pone a todos en peligro, se podía haber cargado el plan – se estaba alterando por momentos. El tipo la había fastidiado bien –. ¿Por qué no echarle? Se lo ha ganado a pulso – hablaba completamente en serio. La idea empezó a formarse en su mente como un remolino.

- No podemos echar a los nuestros. Mandaría un mensaje equivocado al resto – le estaba excusando, Melinda quería atacar. Se levantó de nuevo para intentar tranquilizarse.

- No, Cary, mandaría el mensaje adecuado: quien la caga, la paga. Así de sencillo. No podemos dejar que un capullo como Tony nos joda los planes por querer ser un héroe o lo que cojones quiera ser. No podemos tener a gente así en el equipo, nos puede hacer mucho daño – estaba seria, intentando contener cierta rabia que la noticia le había producido. Sabía lo mucho que le había costado a Cary y al resto llegar hasta ahí sin que casi nadie supiese el secreto, excepto Kalinda.

- Lo vigilaré de cerca, ¿vale? No te preocupes – la besó en la frente y se sentó a su lado, donde dejó una mano en uno de sus muslos.

Aunque ya llevaba unas cuantas horas en la cama, Melinda se había despertado de repente dándole vueltas a lo que Tony había hecho, la acusación sobre Cary y Alicia y el problema de dimensiones épicas en el que se había convertido la salida de Diane. La mecha estaba encendida y sólo faltaban unos pocos días para que todo terminase, como ella deseaba, de la mejor manera posible. Lo que pasa es que los sueños nunca se hacen realidad, ¿verdad?