*¡Por fin ha llegado el momento que todo fan de The Good Wife estaba esperando: Hitting The Fan ya está aquí! Esta vez contamos con la participación y el apoyo de Melinda en esta nueva aventura que comienza para Cary y cía.

Gracias por seguir una semana más y espero vuestras impresiones*

14

Y Lockhart & Gardner ardió

Jamás, ninguno de los dos, hubiese pensado que aquel día que había empezado de lo más sereno, con los pájaros cantando en un Chicago que le daba la bienvenida a septiembre, fuese a terminar con el corazón acelerado, el pulso alterado y una sensación formidable por dentro. Allí estaba ella, tumbada en la cama en un sueño profundo. Un mechón le caía por la cara y él se lo apartó, descubriendo aquel rostro que tanto quería. Siguió la línea de su cabello castaño oscuro hasta un poco por debajo de los hombros, ahí donde terminaba, y continuó por el resto del brazo acariciándola. Con ella se sentía seguro en esta aventura que estaba a punto de comenzar, con su apoyo incondicional y aquella fe que tenía en él, algo que le resultaba un arma de doble filo. Por una parte le animaba a continuar pero, por otra, le daba mucho miedo defraudarla y que saliese corriendo de sus brazos. Hacía muy poco que se había enterado de que Diane había dado el gran paso con McVeigh. ¿Llegaría ese momento con Melinda, donde no importa lo diferente que sean dos personas para unir sus vidas para siempre? ¿Ella aceptaría semejante compromiso? Sabía que sí pero, ¿y él? Decidió acariciarle la cara y despertarla de una manera dulce y suave, ya era la hora de levantarse y encaminarse a aquel lugar que ya no sentía suyo aunque, ¿cuándo lo había hecho? Se había sentido vapuleado en cierta manera por el trato tan desigual que había tenido. Hace cuatro años dio todo de sí por conseguir aquel puesto de trabajo, trabajó más que nadie, luchó por los casos que caían en sus manos y, ¿para qué? Para que la mujer que ocupaba las televisiones en ese momento se llevase el premio gordo. Más tarde, Glenn Childs le haría una oferta que no podría rechazar, aprovechándose de su orgullo y ego heridos y el sentimiento de desprecio que estaba cultivando hacia Alicia Florrick. Así llegó hasta lo más alto, convirtiéndose en el ayudante del fiscal del Estado más joven con Peter Florrick, a quien le dejó claro su rivalidad con su mujer antes de que ocupase él el cargo mayor. Después, admitiendo un error, dejó aquel empleo y, sorprendiéndose a sí mismo por el cambio que había dado su relación con Alicia, convirtiéndose en buenos amigos, consiguió volver al lado oscuro, como lo llamaban sus compañeros de profesión. Ahora tocaba una nueva etapa confeccionada por él mismo, donde él tomaría las riendas de su carrera profesional.

Melinda empezó a despertarse y unos ojos marrones se posaron sobre él. De repente, los volvió a cerrar.

- Dime, por favor, que no es hora de levantarse – se estaba haciendo la remolona y él tenía el plan perfecto para animarla a salir de entre las sábanas.

- Efectivamente. Venga – empezó a besarle la cara –, tienes un montón de niños esperando y no querrás que estén todo el día allí metidos, ¿verdad? – volvió a mirarle y de forma seria.

- Wow, y tú tienes un matrimonio profesional roto en la oficina – empezó a vitorear como si su equipo favorito hubiese ganado. Cary no pudo más que reírse – ¡Eso sí que es una buena forma de motivarse!

- Vale, vale. Yo tampoco tengo ganas de levantarme – la cogió por la cintura y la trajo hacia sí –, pero no podemos faltar a nuestras obligaciones, ¿verdad? Somos dos profesionales – puso tono de broma en su voz, intentando hacerla reír, a lo que ella respondió.

- ¿Puedo quedarme así, contigo, el resto de mi vida? – él se perdió en su nuca para luego conquistar su cuello a besos.

- Ojalá – contestó suspirando.

Tras turnarse para ducharse, eligió uno de los trajes que había dejado en casa de su novia. Llevaban saliendo un par de meses pero, al ver que las cosas iban tan bien y que él pasaba más tiempo en la casa de ella que en la suya, decidieron que era mejor trasladar algunas de sus cosas allí. Con el traje marrón, una camisa lila claro y una corbata magenta que le quedaba bien, cogió el maletín y se dirigió a las oficinas de Lockhart & Gardner en su coche tras despedirse de Melinda, quien todavía estaba apurando el vaso de zumo al que era habitual en los desayunos.

Nada más entrar por la puerta del hall, vio cómo Carey Zepps era dirigido hacia la salida por personal de seguridad del edificio. "Mierda, se han enterado".

- Sé que empezaste a despedir a gente antes de que yo pudiera descargar todos los archivos, pero aún estoy aquí – soltó Zepps mientras él pasaba por delante. "Buen chico", pensó para sí. Mensaje recibido. Todavía quedaba trabajo por delante.

Su cabeza iba a mil por hora intentando encajar todas las piezas: cómo se habían enterado, cómo podían descargar el resto de los archivos, a quiénes habían descubierto. El ascensor estaba todavía abierto y se metió en él, presionando varias veces el botón de la planta 28 víctima de la tensión. Cuando las puertas se estaban cerrando, se volvieron a abrir e intentó no perder el control. Nada más salir vio el revuelo causado: gente por todas partes, David Lee dando órdenes como si de un nazi de la Segunda Guerra Mundial se tratase, pidiendo que los de seguridad mirasen por todas partes buscando a sus judíos particulares. Beth le susurró, mientras iba hacia su despacho, que no sabían que ella estaba en su equipo y le mandó callar con un gesto. Pero lo que más le llamó la atención fue el desorden del despacho de Alicia, que estaba frente al suyo. Lo que parecía que una vez había estado sobre su escritorio ahora estaba en el suelo, y ella se encontraba sentada mirándolo a él mientras Robyn la vigilaba. Con paso firme entró en su oficina con un solo pensamiento en su cabeza, su portátil. Abrió el primer cajón del escritorio y se sorprendió de que no estuviese allí, donde solía guardarlo.

- ¿Sabes lo que me ofende más? – empezó una voz femenina al otro lado del despacho. Cary alzó la mirada para ver a Diane, quien sostenía el aparato con su brazo derecho –. El hecho de que yo te defendí – él se metió las manos en los bolsillos, en posición de "no te tengo miedo" –. Yo te contraté.

- ¿Eso es lo que más te ofende? ¿De verdad? – no se podía creer lo que aquella señora estaba soltando por su boca –. ¿No que se le prometiera a todos los de cuarto año llegar a ser socios? – no podía enmascarar el tono de desprecio que estaba sintiendo en su interior.

- Entonces, ¿con esos te asocias? – su voz sonaba altanera, como si tuviese el control de la situación –. ¿Con los de cuarto año? – Cary se acababa de dar cuenta de que había cometido un fallo de principiante. No tenía que haber dado ese dato, ahora sabían más de lo que deberían.

- No, estoy recalcando algo – intentó arreglarlo como pudo pero el fallo ya estaba ahí –. Esto lo has hecho tú.

- Lo triste es, Cary, que yo era tu mentora – intentaba sonar conciliadora, pero él no estaba sintiendo ninguna pena. Estaba preparando las balas que iba a disparar a continuación – Si tenías alguna queja, haber venido a mí. En cada escollo del camino, estaba aquí para ayudarte…

- Vamos, Diane, esto no es un campamento – la interrumpió. Se había acabado el aguantar esa bazofia que estaba saliendo por su boca. Aquí se había terminado el juego y empezaba otro muy diferente –. Cuando llamé a tu puerta no me quisiste enseñar. Querías saber…

- Es alucinante – esta vez le interrumpió ella –, cómo has malinterpretado las cosas.

- ¡¿Qué malinterpreté?! Me despediste – el tono de la conversación iba subiendo poco a poco –. La primera vez. Le di más horas a este bufete que nadie, hice mi mejor trabajo para ti y me despediste.

- Te despedimos por Alicia y te repusiste de ello rápido – seguía siendo fría y constante en el ataque. Diane no iba a perder los papeles fácilmente.

- Necesito empezar algo nuevo por mí mismo, igual que Will y tú lo necesitasteis.

- ¡Entonces hazlo con tus clientes! – sonó dura. Cary había pulsado un botón delicado.

- ¡No son tus clientes! – él no se iba a quedar atrás –. ¿Cuándo fue la última vez que te interesaste por Chumhum? – estaba dolido. ¿De verdad Diane estaba tan herida con él después del trato tan injusto que había recibido durante todos estos años? "Menuda patraña", pensó para sí – ¿Cuál fue la última vez?

- ¿Os lleváis a Chumhum? – Diane intentaba mantener la calma pero le quedaba poco para abrir la compuerta y soltar todo lo que verdaderamente sentía.

- Lo estoy usando como ejemplo – Cary se dio cuenta que había cometido un fallo. Otra vez. "¿Qué coño te pasa? ¡No le puedes decir nada de esto, imbécil!".

- Estamos listos – Will acababa de aparecer por la puerta completamente serio. Esto les había cabreado de verdad.

- Estaré ahí – respondió ella antes de que su marido profesional se alejase –. Lista de asociados que se van con vosotros – le arrojó un bloc de notas.

- Puedes adivinar – Cary había sacado el tono chulo. Sólo quería irse de allí con la mayor cantidad de archivos que pudiese y comenzar de nuevo. Tiró el bloc de notas sin importarle si se perdía por algún rincón de su oficina.

- Si no quieres que despidamos a todos los de cuarto año, nombra a todos los que se van con vosotros. Estoy hablando en serio – y vaya si lo hacía.

- ¿Por qué te preocupa? – la pregunta de Cary era legítima. Diane ya no tenía ningún futuro entre esas cuatro paredes –. Te vas al Supremo. ¿Por qué te preocupa? – lo dijo con todo el desprecio que pudo. No podía entender cómo Diane, quien había sido casi vapuleada en esas oficinas unos días antes, estaba tan en su contra.

- No me gusta la traición, y me gusta este bufete. Ahora escribe los nombres – se dirigió hacia la puerta –. Y Cary, estás despedido.

- Por segunda vez – intentó, casi, tomárselo con cierto humor.

- Sí, por segunda vez. Lárgate de una maldita vez.

Se dejó caer sobre la mesa y suspiró, viendo que al final el sueño de irse de forma tranquila que tenía Melinda se había hecho añicos. Sabía que Alicia y Melinda tenían razón con lo de irse lo antes posible, y ahora incluso maldecía internamente el haber esperado tanto tiempo. Levantó la cabeza y su mirada se encontró con la de Alicia, fría y dura como el acero, esperando a ser ahorcada públicamente ante el resto de personas que formaban la plantilla de Lockhart & Gardner, su reciente antiguo hogar, si es que lo había sentido alguna vez como tal.

A unas cuantas manzanas de allí, un móvil empezó a vibrar en un bolsillo. Melinda llevaba un par de horas pasando consulta y tenía la jornada convenientemente, como pensaría más tarde, más corta, por lo que tras el último crío, que sufría de una alergia un poco severa, vio cómo el papeleo se iba a convertir en su nuevo amigo por unas horas.

- ¿Sí? – sabía que era Cary pero le pareció raro que le llamase cuando casi le acababa de ver.

- ¿Melinda? ¿Estás ahí? – se le notaba agitado. Había un alboroto muy grande tras la línea telefónica.

- Sí. ¿Qué pasa? ¿Dónde estás? – estaba preocupada. ¿Había pasado algo grave?

- Estoy en la cafetería del edificio de oficinas. Se han enterado, Mel, nos han echado a todos. Robyn y Beth todavía siguen dentro pero no creo que por mucho tiempo.

- ¿Cómo se han enterado? – no se lo podía creer. ¿Se habría ido alguien de la lengua? "Lo último que nos faltaba".

- Ni idea. ¿Puedes venir? Podrías servirnos de ayuda – parecía desesperado.

- Todavía no he terminado mi turno, Cary, pero puedo decir que no me encuentro bien. ¿Seguro que necesitas mi ayuda? – se sentía mal por dejar su puesto de trabajo, pero sabía que él haría lo mismo por ella.

- Te debería un gran favor. De ti no sospecharían si vas a mi despacho.

- ¿Estás seguro de eso? Porque yo no – le interrumpió –. De todas formas, voy para allá.

Aunque era la jefa del departamento, se sentía como una empleada más y, a pesar de que no hacía falta que se excusase, lo hizo con su enfermera de confianza, Ellie. Esta sabía que Melinda estaba como una rosa pero algo importante tenía que haber pasado si salía corriendo de allí. Cuando llegó, encontró a una gran masa de gente con sus teléfonos en ristre sin parar de llamar.

- ¿Le has llamado? Inténtalo hasta que se te caigan los dedos. Tenemos que ponernos en contacto con los clientes lo antes posible – había dicho uno de los asociados. Iba reconociendo las caras, a muchas de ellas.

- Dios mío, estamos en la trinchera – no se había dado cuenta de que lo había soltado cuando Cary lo miró extrañado –. ¿Los clientes?

- Estoy esperando a que Neil Gross me devuelva la llamada. ¿Has podido salir bien del hospital? – Cary le había cogido por los hombros como un padre que está preocupado por su hijo.

- Sí, perfectamente. No te preocupes por eso – intentó tranquilizarlo y le besó. Por un momento sintió un poco de vergüenza, pero necesitaba mostrarle su mayor apoyo –. ¿Qué narices ha pasado? ¿Cómo se han enterado?

- No tenemos ni idea, pero han despedido a todos los socios de cuarto año – respondió Carey.

- Diane me obligó a escribirle una lista de la gente que se iba al nuevo bufete. Puse a todos los asociados que no pueden despedir, a los discapacitados – Cary sonrió orgulloso de su jugada, aunque era un poco cruel en el fondo. "La única salida ante esa situación".

- ¡Ahora nadie tiene bonificaciones! – soltó Tony, todavía resentido por lo que Alicia y Cary le obligaron a hacer días antes.

- ¿Sabes qué, Tony? ¡Que te jodan a ti y a las putas bonificaciones! Si no hubiésemos esperado por eso no nos habrían pillado – Melinda estaba empezando a perder la paciencia con ese chaval. Si quería buscarle las cosquillas a alguien, se las iba a encontrar a ella.

- ¡Hey, hey! ¡Basta ya! – dijo Carey.

- Mel, ¿puedes hacernos un favor enorme? – ella asintió –. Necesito que cojas un pen drive que tengo en mi escritorio con algunos archivos que pudimos descargar antes de que nos dejaran sin acceso. ¿Crees que podrás?

- ¿Tú crees que no piensan que estoy con vosotros? He pasado mucho tiempo ayudándoos con los casos médicos – Melinda estaba empezando a dudar hasta de su sombra –. Por intentarlo que no quede, ¿no?

Se dirigió al ascensor y se metió en él nada más abrirse. La subida hasta el bufete le pareció el viaje al mismo infierno. Tendría que hacer el papel de su vida por un rato, coger el pen drive y salir con el aspecto más inocente que pudiese adoptar. Nada más abrirse las puertas, Alicia estaba frente a ella, con Will detrás, escoltada por dos personas de seguridad.

- Lo siento – logró decir Melinda y se fue de allí lo más rápido que pudo.

- Nunca quise que esto fuese personal – llegó a escuchar detrás de sí mientras se encaminaba hacia el despacho.

"Alicia ha caído", pensó para sí. Por un momento se acordó de cuando la vio en su televisor con el gesto demacrado por el llanto reciente, al lado de su marido y con el pelo hacia atrás, mostrando inocencia y vulnerabilidad al mismo tiempo. Pero esta vez era diferente, era una humillación encubierta. Era posible que todos los del bufete la quisiesen ver ardiendo como si de una bruja se tratase, pero ella iba a salir triunfante entre las llamas porque nada podría quemarla ya, no después de lo de Peter.

Todo estaba hecho un desastre, con los papeles fuera de su sitio, los teléfonos por el suelo. Sintió que aquella habitación había perdido toda su dignidad. Buscó entre el lío y encontró lo que buscaba, guardándoselo lo más rápido posible.

- ¿Qué estás haciendo? – no hizo falta que se girara para que reconociese la voz.

- Estoy buscando unas notas que le dejé a Cary. Son mías y las necesito de vuelta – Kalinda estaba en la puerta vigilando mientras Melinda rebuscaba en la maraña de papeles que se había convertido el escritorio, fingiendo buscar las dichosas notas.

- No – se había acercado y le había parado. Melinda estaba sintiendo cierto calor dentro de sí, nada que ver con las altas temperaturas que todavía estaban sufriendo en la ciudad. La investigadora estaba a escasos centímetros de ella. Las ganas de cogerle del pescuezo iban en aumento.

- No son de un caso, Kalinda, sino notas que tomé hace tiempo en la universidad. Así Cary se entera de los informes médicos – estaba seria, mirándole directamente a los ojos.

- No, Melinda. No puedes llevarte nada – no mostraba ningún sentimiento en su rostro, pero utilizaba un tono conciliador, intentando no empezar una pelea.

- Has tomado partido, ¿verdad? – no tenía tiempo que perder y menos para ser simpática con ella.

- Sólo estoy haciendo mi trabajo. Todavía no he tomado partido por nadie.

- No me mientas, Kalinda. A lo mejor eres amiga de Cary, pero no creo que vayas a dejar a tus amiguitos de Lockhart & Gardner aquí solos y desprotegidos – Melinda se había puesto en plan jugadora total y no iba a dejar pasar el estado de gracia en el que se encontraba sin aprovecharse de ello.

- Bueno, bueno, pero a quién tenemos aquí. Si es la churri de Judas – David Lee acababa de hacer acto de aparición. Melinda también tenía material para él –. ¿Robándonos como tu novio?

- Sólo cogiendo algunas notas que son mías – recalcó la posesión del objeto. Lee entró en el despacho y se puso enfrente de ella con esa pose chulesca –. ¿Puedo llevármelas?

- No, querida. Ya te las mandaremos. ¿Qué prefieres, tu casa o el nuevo bufete de tu novio? Danos la dirección y…

- ¿Cree que soy tan estúpida para decirle algo, señor Lee? – Melinda no aguantaba más –. Tendrá que ser más inteligente que eso. Se lo aseguro.

- Oh, pero si tiene carácter – estaba tomándola el pelo con ese tono de sabelotodo bromista que le hacía perder la paciencia. Había tratado con David en contadas ocasiones, pero lo suficiente como para no aguantarle durante mucho tiempo.

- No me vacile o verá realmente todo el carácter que puedo tener – le dijo con tono amenazante.

- Otra Judas más – la lengua viperina de David Lee estaba despertándose del letargo.

- ¿Judas? Yo no he rendido pleitesía en ningún momento a este bufete. Creo en las causas justas y me uno a ellas si puedo.

- ¿Justa? ¡Han robado nuestros clientes!

¡- Los mismos a los que sólo acudís para obtener su dinero! ¿Quién trabaja a los clientes, señor Lee? Apuesto que usted no, sino sus secuaces. Usted, al igual que Diane y Will, hace acto de aparición en el último momento para adjudicarse el mérito que no le corresponde. Usted – le paró los pies; David quería atacar –, usted es sólo un aprovechado, una serpiente que saca tajada del dolor ajeno de la gente y lo disfruta. Espero que el día de mañana, cuando se dé cuenta de que está en el bando perdedor, venga llamando a nuestra puerta rogándonos por un puesto de trabajo.

- Jamás – sentenció él.

- Nunca diga de este agua no beberé, señor Lee – había ganado la partida. Esta vez no había podido con ella.

- Vete de una puta vez de aquí y dile a tus amiguitos que van a pasar mucha hambre – estaba cabreado de verdad. La jugada no le había salido como él había deseado. En vez de triunfante, salió escaldado.

- Eso quisiera usted, pero no le vamos a dar el gusto. Mientras, ahóguese con un M&M's.

Melinda salió del despacho y se encontró con Robyn enfrente del ascensor, haciendo el papel de que la escoltaba con una mirada muy atenta. Nadie todavía había descubierto que estaba en el otro bando.

- Estoy descargando todos los archivos que puedo. ¿Has cogido el pen drive?

- Dos amigas me han ayudado – dijo refiriéndose a sus pechos, donde albergaba la pequeña memoria externa.

- Bien hecho – Robyn sonrió.

- Aguanta todo lo que puedas, compañera – le dijo mientras se metía en el ascensor y se cerraban las puertas.

Al volver a la cafetería se encontró a Alicia en el teléfono hablando con el señor Vonerich, de Financieras SVI, quien ya había sido contactado por Lockhart & Gardner, por lo que había un cliente que se había caído de la lista. El Grupo Paisley también.

- ¿Sabemos algo de Chumhum? – dijo un poco sofocada por la pequeña carrera que sentía en su interior.

- Todavía esperando la llamada. ¿Conseguiste el pen drive?

- Por supuesto – dijo mientras se lo sacaba del escote. Fue testigo de cómo Carey Zepps se quedó embobado con la estampa. Cary la besó.

- Genial. ¿Cómo sigue la situación por allí? – sabía por quiénes preguntaba realmente.

- Todavía no han descubierto a Beth y a Robyn, quien está descargando archivos como una loca. Lo lleva bien pero creo que está a punto de perder el control. Es mucha presión.

De repente, Cary se dio cuenta de que Kalinda estaba en la puerta haciéndole señas. Melinda, por su parte, después de la pequeña confrontación que había tenido con ella, se fiaba todavía menos. Sabía en su fuero interno que era leal a Will y Diane así que, ¿qué hacía allí hablando con su novio?

- ¿Qué ha sido eso? – le preguntó inocentemente Melinda en un susurro cuando volvió.

- Kalinda quiere venirse con nosotros. Le he dicho que consiga los archivos de Chumhum y nos los mande a las oficinas – se mostraba confiado, todo lo contrario a su novia, quien creía que había cometido un terrible error.

- ¿Estás de coña, no? – le miró totalmente seria –. Kalinda es fiel al bufete del que te acaban de despedir. ¿De verdad te has creído que está con nosotros?

- Kalinda no me la jugaría, Mel. Es mi amiga – le contestó con la misma seriedad e incluso con un toque frío en la voz. Melinda se lo devolvió.

- Ella sólo es tu amiga cuando necesita información mientras juega con tus sentimientos, como ahora. La acabas de cagar bien, Agos, y si no espera y mira.

Sólo necesitó un par de horas para ver el resultado de su "momento de amigos" con Kalinda. Zepps llegó con una placa del Departamento de Sanidad que estaba en la puerta de sus oficinas junto con una orden: "Cerrado por plaga de ratas". Alicia lo captó el vuelo, esto había sido obra de David Lee, quien no podía dejar de vengarse de aquellos pobres valientes que se habían jugado todo por seguir su propio camino. Ahora, sin oficinas, todo iba a ser mucho más complicado que antes. ¿Dónde alojarse durante este tiempo de búsqueda de unas nuevas? Por su parte, Robyn había sido descubierta tras el chivatazo de Kalinda y se había unido a la pequeña fiesta, ayudando hasta en el más mínimo detalle. Tras hablar Cary con Neil Gross y ver que su primer e importante cliente peligraba de veras, "mis consejeros piensan que no debería irme a una start-up", habían sido sus palabras, Florrick/Agos se trasladó al salón del apartamento de Alicia Florrick, situación parecida a la de Apple cuando empezó en un simple garaje.

Mientras Melinda se ocupaba de hacer algunas llamadas e intentar convencer a unos pocos clientes todavía indecisos, Cary, Alicia y Carey lidiaban con no poder reunirse con Neil Gross debido al reciente ataque por parte de Lockhart & Gardner, una orden de alejamiento al interferir ilegalmente con el comercio. Intentaron rebatirla en los juzgados y, a pesar de no poder hacer nada al respecto, vieron cómo aparecía su primera Judas, Beth.

- Menuda zorra – le había dicho a Cary mientras se tomaban una cerveza en la cocina de Alicia –. No llevamos ni veinticuatro horas funcionando y ya nos han vendido. ¡Y ni tan siquiera eran treinta monedas de plata, sino una plaza entre los socios!

- Esperemos que sea sólo por el revuelo causado y las cosas, aunque se pongan difíciles, no lo estén entre los nuestros. No podemos perder más gente – el descanso que se estaban tomando tenía su parte mala, el cansancio había aparecido de repente.

- La tentación va a ser grande si algo va mal y esos buitres les ofrecen ser socios. No quiero ser pájaro de mal agüero, Cary – estaba a punto de cortarla –, sino que estoy siendo realista. Todo puede pasar. Tengo fe en que nos dirigirás bien.

- Tienes mucha fe en mí, ¿no? – Cary le estaba poniendo ojitos y ella hizo lo mismo.

- Mucha más que en mí misma – le sonrió tímidamente y él la besó.

- Te quiero mucho, Mel. De veras. No sé qué haría sin ti en estos momentos – la atmósfera se había tornado privada en un ambiente demasiado frenético como aquel.

- Sobrevivirías. No tan bien como ahora pero creo que sí – no quería echarse flores. Ella sólo estaba allí para apoyarlos en todo lo que pudiese. Sabía que los comienzos eran difíciles. Siempre lo eran.

- ¡No te quites mérito! – le palmeó la mano como reprimenda.

- Yo también te quiero, Cary, más que a mi vida – le respondió el beso anterior, cálido, suave y húmedo.

El juego ya había comenzado y los primeros ataques no habían esperado, así que Florrick/Agos hizo la misma jugada que sus oponentes, por lo que nadie podría ir tras Chumhum. De esta forma llegó el momento en el que Diane tuvo que poner cierta paz. Llegó a la casa de Alicia un poco más tarde que Peter Florrick, quien se había pasado para mostrarle su apoyo incondicional a su mujer. Melinda lo había mirado cautelosa, no creyéndose esa estampa de pareja feliz en ningún momento.

- No hay nada más justo – había empezado a decir Diane –. Todo el mundo tiene su oportunidad.

- ¿Retiramos nuestras órdenes de alejamiento? – preguntó incrédulo Zepps.

- Ambos lo hacemos. Tenemos una hora cada uno con Neil Gross para ofrecerle nuestros servicios. El que gane, gana – Diane se dio la vuelta y se encontró con Alicia – Hola, Alicia – el tono era serio pero conciliador.

- ¿Y Will y David Lee están de acuerdo con ese trato? – preguntó la susodicha fríamente, mostrando que no se creía nada.

- No es un trato. Y sí, lo están. Retiramos nuestras órdenes de alejamiento – había vuelto a dirigirse a todo el grupo –, y mañana por la mañana a las diez, vais vosotros. A las once, vamos nosotros.

- No, nosotros vamos segundos – Melinda quiso matar a Carey en ese momento sin ningún miramiento. Ir segundos era lo peor. Tu oferta no tiene ya impacto y el cliente se encuentra cansado. Decisión mortal.

- Podemos aceptar eso, siempre que lleguemos a un acuerdo – Melinda lo había captado: Cary le hizo un gesto a Alicia diciéndole que no compraba mucho la idea pero era lo único que podían hacer en ese momento.

No fue una noche tranquila, sino más bien le recordó a los días previos a un examen en la facultad, cuando se dedicaba a repasar todos los apuntes que tenía, aprenderse los datos de memoria lo antes posible y seguir con el siguiente párrafo para repetir la misma acción. Cary estaba así, repasando sus notas, ensayando con ella mientras esta se mostraba comprensiva y le daba alguna taza de café entremedias. Tenía que hacer todo lo posible para que la reunión saliese a la perfección, pero no fue así. Neil Gross los paró los pies incluso antes de llegar a su oficina. La administración sumamente ética que quería desempeñar Peter Florrick fue el detonante para que Chumhum le supusiese al nuevo bufete un mazazo en vez de una alegría, hasta que los milagros ocurren. O los gobernadores.

Era un momento extraño del día. Tras estar desde primera hora de la mañana sin parar y con el corazón encogido por el devenir de los acontecimientos, esta era la primera vez que la calma reinaba en aquel lugar. Todos seguían trabajando pero a un ritmo más pausado, pensando bien cuál sería el siguiente movimiento. De repente, Cary subió el volumen de su portátil para que todos escuchasen: Peter Florrick acababa de regalarles Chumhum.

- Me gustaría hablar sobre los impuestos del comercio por Internet – había dicho el gobernador –. Los proveedores de Internet, en mi opinión, han disfrutado de los beneficios de no pagar impuestos – todos estaban alrededor de Cary, quien estaba sentado en el sofá –. Me parece que esto no es justo. No digo que mi opinión no vaya a cambiar sobre este asunto…

Con la amenaza de Florrick de meterles un buen palo, Neil Gross no tenía otra opción que marcharse con Florrick/Agos. "Gracias, señor gobernador", pensaron todos y cada uno de los presentes. Melinda, quien estaba asomándose por detrás del sofá, le apretó un hombro a Cary como señal de que habían ganado. Él le sonrió de vuelta. El bufete se había salvado por el momento.

Tras firmar los últimos papeles en las oficinas de Gross, quedaba un momento para la celebración. Melinda había vuelto al hospital hacía un par de horas ya que uno de sus pacientes necesitaba su atención inmediata ante la posibilidad de una operación de urgencia. Tras estar una hora en observación, su estado empeoró y se le preparó para el quirófano, donde Melinda pasó dos horas curando a aquel crío. Después de llamar a Cary y preguntarle si seguía en casa de Alicia, esta se dirigió para allá. Estaban esperándola para celebrar las buenas noticias. Tony descorchó una botella de champán cuando ella apareció por la puerta.

- ¡Un segundo! ¡Un segundo! – Cary se dio cuenta de que estaba allí y le pasó un brazo por los hombros –. Enhorabuena a Florrick, Agos & Associates.

- ¡Sí! – corearon todos.

- ¡Sí! Ahora somos un bufete – se notaba el entusiasmo en su voz –. Tenemos un cliente de treinta y cinco millones anuales. Todo lo que necesitamos ahora es una oficina, más abogados… – tenía un toque divertido en su voz, intentando que no fuese tan dramático todo.

- Material de oficina, asistentes – añadió Carey siguiéndole el rollo.

- Y ordenadores – dijo Tony.

- Pero tenemos que celebrar las buenas noticias cuando llegan porque habrá muchas malas noticias – siguió Cary con el toque chistoso.

- ¡Vaya, hablando de negatividad! – Alicia tenía la copa de champán en la mano. Melinda acababa de recibir la suya y ya se había contagiado del espíritu de aquel grupo que veía cómo la aventura sólo acababa de empezar.

- Muy bien, muy bien, que todo el mundo levante sus copas. Por Florrick, Agos & Associates.

- ¡Salud! – gritaron todos mientras brindaban.

Tras la celebración, todo el mundo fue desalojando el salón y dirigiéndose hacia sus respectivos hogares. Al llegar al apartamento de Melinda, Cary se dejó caer en la cama con el traje puesto. Mientras estaba ahí tranquilo con los ojos cerrados, ella fue a por un par de cervezas y las trajo al dormitorio.

- Se te va a arrugar el traje. Déjame que te ayude a quitártelo – dejó las botellas en su mesilla y, poniéndose encima de él, empezó a quitarle la chaqueta cuando él se incorporó. Luego pasó al cinturón y él a la acción.

Empezó a besarla con pasión, necesitándola con todos los poros de su piel. Ella le iba quitando los botones poco a poco, incrementando la tensión que siempre estaba presente entre ellos; él le desabrochó los vaqueros y empezó a subir sus manos por su cintura para tirar de la camiseta hacia arriba y quitársela. Melinda le bajó la cremallera y no pudieron contenerse más. Las cervezas se calentaron, como sus cuerpos.