*¡Bienvenidos de nuevo! Tras la gran tormenta que se formó con Hitting The Fan, ambos bufetes siguen en la batalla, una que acaba de comenzar de forma fuerte. ¿Estáis preparados?

Espero vuestros comentarios al respecto*

15

Sólo es una batalla perdida, no la guerra

Las gotas de sudor caían por su espalda, formando pequeñas carreras que se perdían en las manos de Cary, quien no podía dejar de admirarla con su tacto. Los movimientos eran constantes, cabalgando sobre él lentamente, haciéndole rogar cada vez un poco más por liberarse. Él se incorporó y la empezó a besar, haciendo que sus labios se borraran brevemente por la presión de los suyos, pidiendo más. Empezó a mover las caderas más rápido, haciendo que nuevas gotas de sudor apareciesen y fuesen cayendo para encontrarse con las sábanas, las cuales ya estaban empapadas. Las manos de Cary, que sostenían su cara, fueron bajando por su cuello hasta llegar a sus senos para cogerlos firmemente. Su lengua se encontró con sus pezones, haciendo que estos se irguieran para ser succionados por sus labios. No podía aguantar más la tensión, necesitaba dejarse llevar, dejarle perder el control. Sin pensarlo dos veces, Melinda aumentó el ritmo hasta el extremo haciendo que ambos llegasen al clímax. Él la estrechó entre sus brazos jadeando y dejó caer su cabeza en su pecho, agotado por el esfuerzo.

- No quiero ser aguafiestas pero, sabes que tienes que ir a trabajar, ¿verdad? – Cary sonrió todavía escondido en ella, queriendo congelar el tiempo por un momento, memorizándolo todo.

- No sé cómo voy a sacar fuerzas para ello – los dos empezaron a reírse, sintiéndose cómplices, unidos en la batalla tras marcharse del bufete y empezar su propio camino.

Haberse despedido de aquel lugar había supuesto una liberación, abrir una compuerta que llevaba cerrada por tres meses y que siempre estaba a punto de explotar. Había tenido su lado bueno y malo, como todo en esta vida. Por una parte podía empezar algo completamente suyo desde el principio, donde su mérito fuese suyo y de nadie más. La gente vería en el membrete su nombre y poco a poco los jueces dejarían de preguntar por él; lo sabrían de sobra. Por otra parte, tardar tanto tiempo en irse había empeorado mucho las cosas. Lockhart & Gardner no se iba a quedar de brazos cruzados, sino que presentaría todo su batallón en los juzgados, listos para quitarles lo poco que habían conseguido. Chumhum era una herida abierta que jamás sanaría, un golpe en el centro de la empresa, por lo que habría que defenderla a muerte. Gracias a Neil Gross, Florrick, Agos & Associates estaba en pie y quería estar así por mucho tiempo.

Cary cogió a Melinda en brazos y se la llevó con él a la ducha, haciendo caso de los consejos de las autoridades a la hora de ahorrar agua. El día se presentaba más duro de lo normal. "Un poco como se ha levantado él, ¿no?", añadió esa parte traviesa de sí misma. Se había despertado temprano para ir al apartamento de Alicia lo antes posible y supervisar lo que algunos operarios tenían que hacer.

- Tenemos que encontrar espacio de oficina o Alicia no os va a mandar a la mierda el primer día. Esto es una locura – le dijo más tarde Melinda a Agos y a Zepps, quienes se estaban tomando un refresco en la cocina.

- Wallis y Frey se separan y están dispuestos a dejarnos oficinas, pero si nos unimos a ellos – respondió Carey, quien apuraba ya su vaso.

- ¿Unirnos a ellos? – miró incrédula a ambos interlocutores –. Acabamos de salir de la boca del lobo, ¿para meternos en otra?

- Habría que votarlo, esto es una democracia, pero ambos no queremos – Cary estaba en su pose de jugador: serio, con el cuerpo un poco inclinado hacia ella y cierto encanto que sólo podía tener al hablar de estos temas.

- Incluidme en el equipo. ¿A qué hora sería la votación? Es para ver si puedo venir. Si no, te entrego mi voto negativo a ti, Cary. No nos podemos prostituir de esa manera nada más salir del yugo del chulo – todos sonrieron ante el comentario aunque Melinda se quedó mosqueada durante el resto del día.

- No te preocupes. Si no puedes hacerlo presencialmente, puedes hacerlo por teléfono, o si no ya les digo tu decisión – se estaba manteniendo profesional pero al mismo tiempo comprensivo.

- ¿Y la presentación esa que habéis mencionado antes? ¿De qué va?

- Es del comité ético del gobernador Florrick, para que no rompamos las reglas – comenzó a decir Cary –. Me han dicho que son veinte minutos.

- ¿También tengo que aparecer por aquí? No es por fallaros, chicos, pero con el comienzo del curso tengo más trabajo de lo normal. Esta semana tengo varias operaciones programadas, algunas reuniones con la junta…

- No te preocupes. Te puedo hacer un resumen luego – Carey se acababa de marchar y Melinda se estaba poniendo juguetona.

- ¿Me vas a hacer un resumen al estilo de lo de esta mañana? Porque si es así me apunto – ya había comenzado a juguetear con su corbata. Cary se estaba poniendo un poco nervioso.

- Podría, por qué no – sus labios se encontraron por un segundo.

- Me voy. Tengo que salvar al futuro de este país. Y tú necesitas otro vaso, que te has puesto muy calentorro de repente – le volvió a besar y se fue sonriéndole una última vez.

Septiembre siempre era un mes de novedades, ya fuese porque el nivel de trabajo se incrementaba exponencialmente, lo que suponía que todo el mundo estuviese más irascible de lo normal, o porque, gracias a las donaciones de ricachones que se siente mal por tener tanto dinero, tenían equipos nuevos, por lo que los adultos del lugar se entretenían con sus juguetitos nuevos. Diagnósticos más rápidos, tratamientos más eficaces, atención inmediata, y hasta su propio laboratorio al final de la planta, por lo que no tenían que compartir mano de obra con el resto del hospital, es lo que habían obtenido poco a poco. Melinda había hecho un gran trabajo en el tiempo que llevaba en el departamento, preocupándose realmente por los niños y no por el reconocimiento del hospital o el suyo propio. Gracias a las fiestas a las que acompañaba a su padre había conseguido no sólo donaciones, sino también gente interesada en seguir ayudando el resto del año, contactos con empresas de equipos médicos, farmacéuticas, incluso algunas enfermeras que estaban en desempleo y jugando a ser la mujer florero de sus maridos importantes tanto en casa como en fiestas de este tipo. Estas se habían cansado de no dar palo al agua y tenían ganas de hacer algo bueno en los que les quedase de vida así que, ¿por qué no ayudar metiendo las manos en la masa? De esta forma, y poniendo como prioridad a los niños antes que a nadie, el departamento y ella, en especial, habían ganado una gran fama, considerándola muchos como una de las mejores pediatras del país. Las familias, algunas ya desesperadas por los diversos diagnósticos y las pocas salidas esperanzadoras que se les presentaban, se trasladaban hasta Chicago buscando su ayuda, lo que a veces podía llegar a buen puerto o no, dependiendo del cuadro médico que presentase el niño. Con trabajo, tesón y el gran equipo humano que había detrás, Melinda se metió en la junta y formaba parte del selecto grupo de médicos allí reunidos, tomando decisiones clave para el hospital.

Por otra parte, Melinda también se veía obligada a escribir artículos y publicarlos en revistas médicas especializadas, seguir investigando y cosechar puntos para que un día estuviese entre los candidatos a ganar el premio más codiciado entre los médicos, al que llamaban el Oscar de la Medicina. Con este reconocimiento, no sólo se abrirían muchas puertas para su futuro profesional, sino que también habría conseguido hacerle ver a la gente que podía llegar mucho más lejos de lo que incluso ellos habían imaginado. Pero el camino podía ser muy largo y arduo, por lo que era una carrera de fondo a la que había que estar dispuesto a participar.

Tras un trasplante de válvula mitral a un niño de diez años, vio que ya era hora de volver a casa. Ni por asomo iba a pasarse por el apartamento de Alicia, un hervidero constante donde todos se chocaban con todos y hasta respirar se hacía pesado. Ella le mandó un mensaje a Cary diciéndole que ya se encontraba en casa. Él la llamó.

- ¿Qué tal el primer día volando solos? ¿No os habréis estampado, verdad?

- Le hemos quitado un cliente a Diane. Ha venido a nosotros directamente. ¡Tendrías que haberle visto la cara en la oficina del juez! ¡Impagable! – estaba eufórico.

- Wow, así que habéis empezado fuertes. ¿Al final han hecho lo de la presentación?

- No te has perdido nada, Mel. No te sientas mal. Luego te la cuento cuando llegue a casa. He estado hablando con Marilyn Garbanza – cambió de tema, hilándolo con el anterior –, la jefa del comité ético, y me ha estado preguntando por Chumhum y cómo lo conseguimos.

- ¿Le has dicho algo? – no le sonaba bien. Que alguien se pusiese a husmear así de repente no le hacía mucha gracia.

- Bueno, un poco, pero luego me ha parecido raro y le he parado los pies. Le he dicho que tuvimos ciertas dificultades trayendo la cuenta y que Peter estuvo por el apartamento.

- No tenías que haber dicho nada. Puede ser una prueba, Cary. Aunque sea una persona de la administración Florrick, es mejor no abrir la boca. No sabes lo que puede hacer con esa clase de información.

- Ya, ya lo sé – Melinda no podía prolongar más la pequeña bronca que le estaba echando. Cary ya se había dado cuenta de sobra de que tenía que controlarse con ciertos comentarios –. Termino unos asuntos aquí y me voy para allá, ¿vale?

- Te espero.

Melinda y Cary tenían el hábito de hablar antes de dormir, en la cama, acostados, conociéndose un poco más cada vez y compartiendo lo que había pasado en sus respectivas jornadas. Él le contó que conseguir los archivos de su clienta de Lockhart & Gardner había sido toda una odisea, con ratas de goma de por medio inundando las cajas, trayéndose así mismo una de recuerdo, lo que le pareció un gesto divertido a Melinda. Ya hartos de que les tomasen el pelo, Alicia había decidido que era mejor tratar este tema con la Junta Disciplinaria, la misma que había inhabilitado a Will hacía un año y medio. Finalmente habían conseguido los documentos pero redactados, por lo que tuvieron que ir otra vez y volver a pedirlos, incluyendo algunas sanciones de por medio ante tanto marear la perdiz y hacer que casi se les acabe la paciencia. Ahí es cuando llegó el momento del cara a cara entre Cary y Kalinda tras la traición de esta.

- Te dije que no te podías fiar de ella. Cary – le acarició la mejilla –, sabes que juega contigo y tú parece que te dejas.

- No le dijo nada durante tres meses ni a Will ni a Diane. Creí que…

- Kalinda es ahora uno de los enemigos, te guste o no. Y a los enemigos no hay que darles ni agua. No puedes caer otra vez en sus trampas. Cuanto más lejos estés de ella mejor – Melinda estaba muy harta de la investigadora y sus juegos sucios. No iba a aprovecharse más de Cary mientras estuviese en su vida. Sabía que este se tenía que olvidar de ella, apartar esos sentimientos que, al parecer, todavía tenía por ella.

A veces tenía mucho miedo de lo que Kalinda podía hacer. Tenía la sensación de que si ella chasquease los dedos, Cary volvería a ella como un perrito faldero. Este le había contado que era bisexual, tendente a salir más con mujeres que con hombres, a las cuales también había usado para obtener información. Durante los años que se habían conocido, Kalinda le había dejado terminantemente clara su posición: sólo era un buen amigo y nada más, aunque el par de besos que se dieron a lo largo de su historia no le daban buena espina a Melinda. Cuando empezó a salir con el que actualmente era su novio, conocía la existencia de esos sentimientos, él mismo se lo había contado; una parte de sí misma quería borrarlos de su interior y que sólo se concentrase en ella. Vivía con una amenaza invisible y Cary le había demostrado que la carne era débil, sobre todo si lleva un par de botas de cuero. El primer cara a cara entre ambos había tenido como ganador a Cary, por lo que estaba ejerciendo de macho alfa ante una oponente de gran envergadura. No podía dejarse achantar por Kalinda, y menos cuando acababa de comenzar la guerra entre los bufetes.

- ¡¿Tenemos a McVeigh en el equipo?! ¿Qué ha pasado? – no se lo podía creer. El marido de Diane estaba echándoles una mano en un caso que le habían quitado a su esposa. Ver para creer.

- La secretaria de Diane nos dio el chivatazo de que el caso es ganable y Alicia fue a pedirle su ayuda. Por ahora todo va bien – le sonrió en la oscuridad de la habitación.

- El marido de Diane Lockhart ayudándonos… Debe de estar que se sube por las paredes – se rio para sí misma, dándose él cuenta de aquello.

Pero a pesar de la lucha constante, Florrick, Agos & Associates perdió la primera batalla. Tras ver que tendría que pagar una cantidad desorbitada de dinero para compensar el trabajo realizado por Lockhart & Gardner, la clienta decidió volver con Diane, por lo que todo lo trabajado y luchado se quedó en nada, un recuerdo que formaría parte de los comienzos de la empresa. Para Melinda, en cambio, sería un motivo más a tener en cuenta en su propia rivalidad con aquellas dos personas con las que había trabajado en el pasado, dos nuevos enemigos ganados por unirse a la causa de su novio.

- Creo que no deberíamos asociarnos con ellos. Acabamos de salir de la misma situación. Es ridículo. ¿Por qué deberíamos…? – estaba diciendo Tony cuando Melinda llegó al apartamento de Alicia. Estaban todos reunidos en el salón como de costumbre.

- No llego tarde, ¿verdad? – le susurró a Cary cuando se puso a su lado.

- No, acabamos de empezar – le dio un beso rápido y volvió a centrar su atención en aquel gallinero en el que se había convertido el lugar.

- ¡Vale, vale! – Alicia intentaba poner paz y mandó callar a la gente –. Tenemos que decidirnos. Estamos quedando como idiotas.

- Que les jodan. Es un bufete fiscal – respondió Tony con cara de asco.

- Es un bufete fiscal que nos ofrece oficinas – Robyn no podía mostrar más su aburrimiento. De repente vio a Melinda y se le alegró la cara, saludándola con la mano tímidamente. Ella hizo lo mismo.

- De acuerdo, voy a hablar por mí – retomó Alicia –. Me impresionó su oferta. Wallis y Frey no tocarán los honorarios de Chumhum durante los tres primeros años. Son todos nuestros – puso énfasis para resaltarlo –. Ese es un buen trato – Cary se mostraba en desacuerdo.

- Sí, pero compartiremos derechos de votación. Nuestros diez socios con sus diez socios. ¿En serio queremos eso?

- Tenemos que hacer algo. Mirad, nos tenemos que ir de aquí. Esto no es sólo sobre mí – Zach, el hijo mayor de ella, pasó por delante y lo paró un segundo, diciéndole algo al oído.

- Mira, Alicia, si esto es sólo por tu apartamento… - Alicia interrumpió a Tony casi de inmediato.

- ¡No! No seremos un bufete de verdad hasta que no tengamos oficinas. No podemos reunirnos con los clientes aquí. ¡No podemos reunirnos con Neil Gross aquí! Y Lockhart & Gardner nos está tomando la delantera mientras nosotros discutimos – Melinda no podía estar más de acuerdo. Había que encontrar otro sitio ya o el bufete se iría al garete nada más empezar.

- Sí, pero no nos deberíamos comprometer con Wallis y Frey por sus oficinas – le respondió Cary –. O terminarán aprovechándose de nuestro trabajo como Lockhart & Gardner que es exactamente por lo que les dejamos – Melinda estaba también de acuerdo con su novio. Era mejor seguir siendo libres y buscar una nueva alternativa. Asociarse con otro bufete era el peor error que podían cometer en ese momento; sería el último movimiento a realizar antes de desaparecer como compañía.

- De acuerdo, ¿sabéis qué? – Alicia optó por ponerse a la defensiva un segundo, intentando conciliar a sus compañeros –. Podemos discutir esto hasta que nos hartemos. Todos somos socios así que vamos a votar.

- No, no. Tenemos que tener en cuenta las condiciones financieras – soltó Zepps. Melinda se empezaba a desesperar y decidió consultar los mensajes en su teléfono móvil.

- Alicia es socia fundadora. Está pidiendo una votación – Cary estaba intentando poner orden por su parte –. Entonces votamos, ¿vale? Aquellos a favor de unirse a Wallis y Frey que levanten la mano – estaba a punto de contar cuando Robyn le hizo un gesto para que mirara detrás de sí. Había movimiento, una llamada en proceso. Melinda alzó la vista para ser testigo de lo que ocurría. Él se acercó al tipo con el móvil en la oreja un segundo bajo la atenta mirada de todos los presentes. Volvió con una sonrisa torcida y un tanto pícara.

- ¿Qué ocurre? – preguntó Robyn.

- Han comprado su bufete.

- ¿Justo ahora? ¿Quién?

Alicia se rio tímidamente y eso dio una pista perfecta sobre quién había sido: Lockhart & Gardner. Se estaban moviendo rápidamente, eliminando a la competencia y para así hacerse con el control de la situación. Terminaría por parecer que David estaba peleando con Goliat, y Melinda no quería ser engullido por un gigante, no por ese precisamente.