*Con motivo del final de la serie, me he animado a subir este nuevo capítulo, donde tenemos nueva dosis de la familia Cavanaugh. ¿Preparados para conocer al patriarca?*

16

Para ganar hay que arriesgar

Los días pasaban lenta y rápidamente a la vez, como si el tiempo tuviese la característica de estirarse o encogerse a su antojo. Mientras que para Melinda las horas se pasaban volando entre consultas, papeleo y alguna que otra operación de por medio, Cary no podía creerse que todo estuviese transcurriendo a cámara lenta, haciéndose cada segundo más pesado que el anterior. El bufete no estaba pasando por su mejor momento pero, ¿qué bufete recién abierto lo estaba? Los gastos les estaban comiendo, demasiado trabajo no facturable para el cliente, por lo que todo parecía perderse por algún agujero. Tras hablarlo con Alicia, sabía perfectamente a quién recurrir en estos casos, un viejo amigo al que conocía y en quien podía confiar, Clarke Hayden. El señor Hayden trabajó el año anterior para Lockhart & Gardner cuando estos tenían una deuda enorme que saldar, por lo que se encargaba de supervisar las facturas, recortar salarios y personal, y hasta hacerle ver a los socios fundadores que era mejor llegar a un acuerdo que a juicio. Cary y Clarke se llevaban bien desde esos días, cuando el primero metió al segundo en algunos casos para que le ayudase y este no solamente aceptó, sino que le animó a seguir un sueño que tenía desde años, seguir con su carrera de Derecho. Cary le ayudó a estudiar para el examen que le convertiría en abogado y desde entonces se podía decir que eran buenos amigos, se llevaban bien.

- Así que Clarke Hayden ha visto que nos estamos quedando sin dinero. Si queréis puedo daros un poco más, no tengo ningún problema – le había dicho Melinda en una de sus conversaciones nocturnas.

- No, no podemos recurrir a ti como si fueses un banco. Tenemos que buscarnos la vida – a Cary no le gustaba nada recurrir al dinero de su novia. Es algo que ella había ganado por sí misma, suyo, y se sentía mal por quitárselo de esta manera.

- Hey, no – le acarició la cara –. Lo hago porque quiero. Si necesitáis un par de miles de dólares puedo dároslos. Tengo dinero todavía, soy afortunada de que no me falte.

- Tenemos que recortar gastos, básicamente. Nos ha dicho que podemos trasladar nuestros documentos a Bangalore para que nos los revisen por mucho menos dinero – se había apoyado en su brazo izquierdo para hablar mejor con ella. Melinda lo encontraba irresistiblemente sexy.

- Bueno, parece que sabe lo que hace. Ya me dijiste que es un gran tipo y confías en él – Melinda sabía la historia de Clarke y le caía bien, pero le gustaría conocerle en persona –. Pero lo que necesitamos son clientes, como sea.

- Podemos sacudir algunos viejos árboles – una sonrisa pícara apareció en su cara.

- ¿Más clientes de Lockhart & Gardner? Ya estamos en una guerra con ellos. No creo que necesitemos añadir más leña al fuego. Intentaré pensar en algo por mi parte – quería ayudarlos de cualquier forma y si tenía que recurrir a contactos de su padre lo haría, aunque no le gustaría un pelo.

- ¿Vas a empezar a pensar como toda una abogada? – le apartó un mechón de pelo y se lo puso detrás de la oreja para empezar a acariciarle la mejilla.

- ¿Y quién te ha dicho que no lo hago ya? – ambos se rieron y Cary se acostó, mirándola por una última vez antes de caer rendido en la almohada.

En el fondo, y aunque ella estuviese a salvo en su puesto de trabajo en el hospital, la situación casi precaria de Florrick, Agos & Associates le preocupaba, y no porque hubiese invertido su dinero o porque Cary era el jefe, sino por el impacto que podría tener en él. Ver cómo algo a lo que había puesto tanta ilusión y sacrificio se fuese a venir abajo no era plato de buen gusto para nadie, y aunque sabía que él se repondría del mazazo, el daño ya estaría hecho. Incluso podría coger miedo de volver a intentarlo. Comprobando sus correos electrónicos dio con algo que podría ser la solución: una de las fiestas a las que acompañaba a su padre. Haciendo de tripas corazón, no tuvo más remedio que llamarle.

- ¿Melinda? – dijo una voz masculina al otro lado del teléfono.

- Hola, papá. Soy yo – intentaba sonar simpática pero no tenía tiempo para tantear el terreno –. Una cosa. Acabo de ver el correo que me has mandado, el de la fiesta.

- Oh, sí. ¿Qué pasa? ¿No puedes venir? – por un momento, la mente de Melinda jugueteó con la posibilidad de que qué pasaría si ella le dijese que no. ¿Se volaría la tapa de los sesos por no quedar de buen padre delante de todos?

- En realidad, iba a ir con otra persona. Espero que no te importe – era la ocasión perfecta para conseguir nuevos clientes y dar a conocer el bufete.

- No, no – se notaba a la legua que le había pillado con la guardia baja. Ciertamente le había molestado un poco –. ¿Alguien que conozca?

- No lo creo, pero a lo mejor nos ves durante la velada porque, ¿vas a ir, no?

- ¡Claro! Siempre está bien ver a viejos amigos – "¿intentando quitarle hierro al asunto, papá?", preguntó retóricamente.

- Bueno, pues allí nos veremos.

Ahora tenía que encontrar el momento perfecto para decírselo tanto a Cary como a Alicia. Si ambos iban a la fiesta, él podría ir labrándose un nombre por sí mismo, que le fuesen conociendo sin estar tan pegado a Alicia, mientras que esta atraería a la gente por ser esposa de quien es y, seguramente, por el escándalo del que el círculo legal ya se hubiese hecho eco. Tras acabar su turno, un poco antes de las ocho de la tarde, decidió pasarse por el apartamento de Alicia y ver cómo iba a aquello. Lo que no se esperaba era encontrar a aquellos dos en el descansillo del edificio.

- ¿Reunión secreta? – preguntó divertida ante las caras serias que estaba viendo.

- Algo así. Nos están espiando – respondió Alicia intentando sonar casual.

- ¿Espiando? ¿Quién? – pero no le hizo faltar conocer la respuesta –. ¿Lockhart & Gardner?

- Eso es lo que creemos – Cary le pasó un brazo por la cintura cuando esta se acercó más a ellos.

- ¿Tan bajo pueden caer?

- David Lee lo haría – Alicia sabía que podía ser un movimiento muy apropiado de él –. Tampoco sería la primera vez que hiciese algo así. Estoy segura.

- Vamos a usarlo. Hablaremos delante de la cámara web de tu ordenador – añadió Cary mientras centraba su atención en su socia – sobre algunos clientes que "estén" pensando dejar el bufete, los asustaremos y veremos qué ocurre.

- Suena interesante, pero no sabíamos que fuésemos el MI5 – el tercer señor que estaba allí sonrió con la referencia. Melinda se dio cuenta –. Todo por hacer caer a un gigante, ¿no?

- Lo intentamos – Cary sonrió y miró a aquel hombre, dándose cuenta de que las presentaciones no se habían hecho correctamente –. Melinda, te presento a Clarke Hayden. Clarke, Melinda Cavanaugh – ambos se estrecharon la mano.

- Ya me ha contado Cary que nos está ayudando. Se lo agradezco – quería sonar realmente honesta y parece que lo consiguió.

- Oh, sólo en lo que puedo. No es nada, de veras – Clarke intentaba no echarse flores por tal gesto. A Melinda le estaba cayendo bien.

- Bueno, ahora que os pillo a los dos juntos, y que tenemos al señor Hayden aquí, me gustaría comentaros una cosa que nos puede venir bien – se puso un poco seria. Lo que venía ahora podía ser la mayor oportunidad hasta la fecha para conseguir lo que querían, solvencia –. Suelo acompañar a mi padre a fiestas donde no sólo hay otros abogados, sino también posible clientes. Son cócteles con una parte benéfica, pero podemos olvidarnos de eso por un momento porque no tenemos pasta y dedicarnos a no sólo "flirtear" con esta gente, sino también a dar a conocer nuestra existencia. Sería publicidad con comida y alcohol de por medio.

- Pero estos sitios suelen costar cierta cantidad de dinero por entrar… – Alicia llevaba razón. Ahora venía la mala noticia.

- Ya… Son 1.500 dólares el plato pero – veía que se le echaban encima, así que puso más énfasis a lo que venía a continuación –, tomároslo como una inversión en una buenísima oportunidad para daros a conocer. Lo necesitamos.

- Tiene razón. Necesitamos entrar a ciertos círculos y esto nos vendría bien – Cary estaba ayudando a su novia a venderle la idea a Alicia –. Podríamos gastarnos ese dinero, ¿no?

- Conozco al que lo organiza. Puedo intentar una rebaja hasta los mil, pero no prometo nada – Melinda empezó a buscar el número en su teléfono.

- ¿Tú qué piensas, Clarke? – le preguntó Cary a su amigo, quien había escuchado atentamente la propuesta.

- Gastar más dinero es peligroso, tendría que salir de vuestros bolsillos, hacerlo como algo personal y no corporativo, pero si queréis salir de este agujero hay que moverse y esta puede ser la oportunidad – Melinda le sonrió mientras estaba a la espera con el móvil. Clarke le devolvió el gesto.

Tras una dura negociación, Melinda consiguió que el plato se quedase en los mil dólares que había predicho. Tenían un par de días para planificar alguna estrategia, conseguir unos vestidos, un esmoquin y empezar el juego desde el primer minuto en el que pisasen aquel lugar. Mientras tanto, otros problemas surgían. Alicia había sido citada como testigo por Lockhart & Gardner debido a una demanda que habían recibido. Las cosas se habían puesto complicadas dado que, durante aquel caso, ella había sido nombrada socia del bufete y la responsabilidad total podría recaer en ella, lo que llevaba implícita una compensación económica: seis millones de dólares. El bufete en pañales se había volcado y todos estaban dispuestos a pagar una parte para hacer frente a lo que les podría caer encima. Sin embargo, al enterarse de esto, Clarke decidió jugar una carta que nadie se esperaba, que él testificase para liberar a Alicia. Por ahora todo estaba más o menos resuelto, pero el aliento de Lockhart & Gardner seguía notándose en el cogote.

Melinda había decidido prepararse para la fiesta en casa de su hermana y que esta no se desplazase ya que su marido no estaba todavía en casa y no podía dejar sola a Amelia. Mientras se hacía la manicura y la pedicura, las hermanas podrían hablar y tomarse unas copas de vino.

- Así que estás ayudando a Cary con el bufete, ¿eh? – Elia se había puesto en plan cotilla; quería saberlo todo pero tampoco iba a presionar mucho si su hermana no quería contarle algo. Estaba sentada en una silla cerca del tocador, donde se encontraba Melinda.

- Es lo mínimo que podía hacer – esta estaba intentando pintarse las uñas lo más rápido posible. Todavía le quedaba maquillarse, vestirse y no morir en el intento de andar con tacones. Era más propensa al zapato plano –. Aunque esté entusiasmado por este nuevo camino profesional, sé que lo está pasando mal. No quería irse sin las bonificaciones, sin hacer tanto ruido, con más clientes en el bolsillo, y le ha salido todo un poco al revés.

- ¿Tanto querías ayudar como para apoyarle económicamente? – se sorprendió con la noticia cuando su hermana se lo dijo. ¿Desde cuándo salía con abogados y les daba dinero para sus bufetes?

- ¡Hey! Creo en lo que hace y sé perfectamente que haría lo mismo por mí. Llevamos saliendo cuatro meses y aunque parezca pronto para muchas cosas, puedo decir que conozco a Cary bastante bien – Elia acababa de abrir la boca sorprendida –. A veces conoces más a ciertas personas en un corto periodo de tiempo que en años. En esta ocasión es así, así que no me mires de esa forma como si estuviese loca.

- Lo estás, pero de amor.

- Eso te ha quedado muy cursi, de comedia romántica de Reneé Zellwegger – ambas se empezaron a reír.

- Le quieres mucho, ¿verdad? – la cosa se había puesto más seria de lo normal, como si un halo oscuro de intimidad se hubiese posado sobre ellas.

- Creo que nunca he querido a nadie así. Y da miedo, ¿sabes? Tengo la sensación de que haría cualquier cosa por él. Me siento tan a gusto, tan en conexión. No quiero que se acabe nunca. Es…

- Amor de verdad, Mel. Nunca te había visto así – tenía la cabeza ladeada, mostrándose cómplice con ella.

- Siempre he salido con capullos. Cary no es uno de ellos. Podría haberse acercado a mí por papá y me dijo que no; podría haberme preguntado si él le podría echar una mano en estos momentos y no lo ha hecho, no lo quiere. Está conmigo por mí y es una agradable sensación cuanto menos. Me apoya, lo apoyo, me da su amor, su comprensión… Soy feliz, Elia – le sonrió a su hermana, quien no podría estar más contenta por ella.

Tanto Elia como Amelia ayudaron a Melinda a terminar de prepararse. Había escogido un vestido largo morado con escote cuadrado que realzaba su figura, pegado al cuerpo y con un poco de vuelo al final, facilitando el andar. Sabía que los tacones acabarían con sus pies nada más ponérselos pero decidió sacrificarlos por un rato por el bien común, o más bien el del bufete. A las nueve y media de la noche, Cary estaba tocando el timbre. Elia le abrió la puerta.

- Pasa, pasa – dijo Elia mientras Cary entraba en la casa.

- Encantado de conocerte. La última vez fue un poco raro – apareció esa sonrisa irresistible en su cara.

- Sí, esta vez tienes un poco más de ropa encima, más formal – ambos se rieron –. Está a punto de bajar, no te preocupes.

Como si fuese un torpedo, Amelia bajó por las escaleras y se echó a los brazos de Cary, quien la cogió entre ellos y la alzó. Estaban en plena conversación cuando Melinda apareció al final de las escaleras. Cary se quedó embobado viendo lo guapa que estaba. Sonriendo por su reacción, bajó y se acercó hasta a él, quien lucía un esmoquin que le quedaba de miedo. Por un momento sintió cómo la tensión crecía entre sus piernas; necesitaba quitarle el atuendo a bocados si hacía falta.

- Tía, estás muy guapa. ¿A que está guapa, Cary? – preguntó inocentemente Amelia. La niña se hacía querer.

- Está preciosa – la besó intentando no llevarse mucho de su pintalabios.

- Nos tenemos que ir ya o llegaremos tarde y hoy tenemos bastante trabajo. Ven aquí, pequeña – dijo mientras abría sus brazos para cogerla y abrazarla –. Ahora a dormir, ¿vale? – la cría asintió y la dejó en el suelo.

Cuando llegaron allí, los primeros invitados empezaban a entrar. En un primer momento pensaron en hacer lo mismo pero prefirieron quedarse y esperar a Alicia hasta que llegase, lo cual sería en unos minutos. Esta llevaba un vestido largo palabra de honor en color rojo intenso; se había tomado al pie de la letra lo de atraer la atención de la gente. Con ella del brazo, Cary entró con Melinda seguidos de Alicia. El gobernador Florrick llegaría más tarde debido al trabajo. El salón en el que se encontraban era enorme con muchas mesas distribuidas por toda la estancia. Al fondo se encontraba un pequeño escenario donde una orquesta de cuerda amenizaba la espera. Estaba todo elegantemente decorado, con jarrones de pie llenos de rosas que inundaban con su olor la habitación, los manteles rojos perfectamente cuadrados y las lámparas de araña velando desde lo alto a los asistentes. Los tres decidieron quedarse en un rincón esperando a que llegase más gente mientras hablaban sobre cómo iban a moverse. Alicia se iría paseando entre los invitados, parándose de vez en cuando al ser reconocida, mientras que Cary y Melinda irían juntos ya que ella le presentaría a algunas personas. Cuando vieron que la sala estaba relativamente llena fue cuando su propio espectáculo empezó. Agarrados del brazo, Melinda y Cary se pararon en el primer corrillo que vieron, donde el señor Anderson, viejo conocido de su padre y propietario de una cadena de hoteles, estaba conversando con otros amigos.

- ¡Melinda! – el hombre le dio un par de besos después de que esta se desenganchase de su novio –. ¿Qué te trae por aquí? ¿Dónde está tu padre?

- Vendrá más tarde, pero hoy no le acompaño a él. Este es Cary Agos, de Florrick, Agos & Associates. El bufete acaba de abrir pero está lleno de potencial.

Con esta fórmula, Cary iba repartiendo tarjetas entre los invitados, haciendo sonar su nombre y hablando del nuevo bufete, que estos supiesen de dónde venían, a dónde querían ir, vendiéndolo. Melinda le miraba orgullosa, a veces incluso terminando sus frases y añadiendo algún dato de interés, como que Chumhum se encontraba entre sus clientes. De esta forma, aquellas personas se sorprendían de lo que habían conseguido en tan poco tiempo y llegaban a plantearse dos veces si realmente querían cambiar de bufete. La velada también iba bien para Alicia, quien había hablado con muchísima gente, contándoles sobre el nuevo bufete, la ilusión del equipo y la presencia de Neil Gross entre sus filas. Las tarjetas volaban de sus manos.

- No nos está yendo nada mal, ¿verdad? – Melinda sonreía. El plan estaba funcionando.

- Estamos haciendo que la gente se interese por nosotros. Yo diría que nos va fenomenal – Alicia no podía ocultar su entusiasmo.

- ¿Crees que tu marido puede hablar bien de nosotros luego cuando llegue? – aunque sonaba un poco directa, esperaba que Alicia no se lo tomase a mal.

- No te preocupes. Nos apoya, así que lo venderá mejor que yo – le dio un trago a su copa de vino mientras Cary y Melinda hacían lo mismo pero a sus vasos de bourbon.

- Podríamos descansar un poco con la cena, hablar con la gente que nos toque en las mesas, y luego hacer un último asalto después. La gente incluso estará más relajada – añadió Cary. Las dos estuvieron de acuerdo. Por ahora podrían disfrutar de la velada.

Melinda echó un vistazo rápido a la puerta y se percató de que su padre acababa de entrar. Desafortunadamente la había visto. No había escapatoria. Hubiese dado varios órganos de su cuerpo por que la tierra se la tragase a ella y a Cary. No quería compartir el dato de que al que acompañaba era a su novio con su padre. No le apetecía meterle en ese apartado de su vida.

- Mi padre acaba de entrar por la puerta – le susurró a Cary en el oído –. Me ha visto y viene hacia aquí. ¿Listo? – preguntó mientras echaba otro vistazo hacia el último lugar donde le vio. Cary asintió –. Voy a necesitar otra copa – aunque lo había dicho con un toque divertido, iba totalmente en serio. Se necesitaba mucho alcohol para soportar aquella situación.

Richard Cavanaugh llevaba un esmoquin negro con una pajarita, el estilo clásico. Era alto, de la estatura de Cary, por lo que no podría ponerse en plan macho alfa mirándole por encima del hombro. Melinda estaba a punto de santiguarse mentalmente cuando apareció detrás de ella.

- Bueno, bueno, por fin te encuentro. Creía que ya te habrías marchado.

- ¿Y perderme la cena? – se había dado la vuelta. Cary la imitó. No mostraba ningún tipo de miedo ante lo que se avecinaba –. ¡Si es lo mejor la fiesta!

- Al menos te he encontrado. Ya sabes que encontrar a gente en estos eventos puede ser complicado. ¿Y tu acompañante es…?

- Cary Agos, señor – le contestó mientras le tendía la mano. Richard se la estrechó –. Soy el socio fundador de Florrick, Agos & Associates.

- ¿Vosotros sois los que os fuisteis de Lockhart & Gardner?

- Ya veo que ha oído hablar de nosotros. Espero que para bien – le sonrió como él solo sabía hacerlo, con ese toque encantador. Por un momento Melinda pensó que Cary estaba intentando ligar con su padre.

- Un movimiento valiente aunque peligroso. He oído que no están muy contentos – Richard estaba tanteando las aguas, preparándose para soltar la pregunta.

- Nosotros sí lo estamos – dijo riéndose. Richard lo imitó.

- Y, ¿de qué os conocéis? – lo sabía. Ahí estaba la pregunta. ¿Contestarla con sinceridad o intentar desviarse del tema?

- Le ayudé con un caso médico hace meses y desde entonces le ayudo con el resto – Melinda prefirió mantenerse en los hechos sin tocar ese tema, aunque sabía que pronto lo haría. Había que callarle la boca de alguna forma.

- Un gesto muy considerado por tu parte – el tonillo había aparecido. "No podía mantenerse educado, ¿verdad?".

- Me ha ayudado muchísimo. Es muy buena en los tribunales – añadió Cary, intentando despejar la tormenta que se estaba formando entre ellos. Ocurrió lo contrario.

- Sí, es una pena que no estudiase Derecho. Podría haber sido una de las mejores abogadas del país – el tono frío y melancólico le tocó la moral a Melinda. Estaba a punto de dejar suelta su lengua viperina.

- Papá…

- ¿Qué? Es verdad. Me alegra que tú también lo veas, Cary.

- ¿Me podrías traer otra copa, Cary? Te lo agradecería de veras – había captado el mensaje: necesitaba tiempo a solas con su padre. Cary hizo un gesto con la cabeza de despedida y se largó de allí –. ¿Qué coño estás haciendo?

- Conociendo a tus amigos. ¿O es algo más que eso? No me creo que estés ayudando a un abogado sabiendo lo que piensas sobre nosotros.

- Es mi novio, papá. ¿Es eso lo que querías saber? ¿Satisfecho? – Melinda estaba a punto de perder el control. No le gustaba nada esa situación –. ¿También quieres saber cuánto tiempo llevamos juntos o el número de veces que me lo he tirado?

- No hace falta ponerse así, Melinda.

- ¿Así cómo, diciendo las verdaderas a la cara? Estoy aquí ayudándole con el bufete del que, para tu información, si no lo sabes ya, formo parte como socia porque sí, papá, creo en lo que hace y he contribuido en ello económicamente. Y no, no es lo que piensas. No me ha pedido dinero, es más, ha tenido muchos reparos para aceptarlo. Esto ha salido de mí. Y ahora, si me disculpas, me voy a cenar. Espero no verte más durante la fiesta.

Melinda dejó a su padre con la palabra en la boca, no queriendo saber nada más del asunto. Ya su actitud había dicho bastante por parte de él. Encontró a Cary en la barra contemplando su segundo vaso de bourbon, esperando paciente a que el huracán padre-hija terminara de pasar.

- Perdona por eso. No quería pero… – se sentó junto a él, agitándose por momentos, enfadada consigo misma y con su padre al mismo tiempo.

- Hey, no te preocupes – le tocó el brazo para calmarla –. Ya me contaste cómo eran las cosas con él. Si no saltabas tú lo iba a hacer yo – se hizo un pequeño silencio.

- ¿Siempre eres tan mono? – ambos sonrieron.

- Sólo contigo, Mel – no pudo resistirse y la besó, agarrándola por la nuca suavemente.

Tras ellos, se formó un gran remolino de gente. Peter Florrick acababa de llegar. La cena daba su comienzo. Alicia y Peter se sentaron en una mesa distinta a la de Melinda y Cary, quienes tenían entre sus acompañantes al señor Anderson, por lo que pudieron venderle el bufete un poco más y hablar sobre otros temas. La velada continuó con representaciones teatrales y musicales, por lo que se hizo muy amena, dentro de lo que cabía para Melinda. Ella, por su parte, hablaba sobre su labor en el hospital y sus pacientes mayoritariamente con las mujeres, quienes se sentían más conectadas emocionalmente con ese tema. Al final, tras la fiesta, el balance había sido muy positivo, aunque el cansancio hacía gran mella. Mañana había que volver al trabajo. Sin embargo, la noche podía continuar un poco más para los dos tortolitos. Al llegar al ascensor, no pudieron más. Cary la subió en sus brazos y le puso la espalda contra la pared mientras no dejaba de besarla; Melinda estaba sujeta con sus brazos tras su cuello mientras se dejaba llevar por el momento. Al ver que estaban llegando a la última planta, sacó como pudo las llaves del pequeño bolso que llevaba y se las dio a Cary, quien abrió la puerta. Por un momento volvieron a repetir la estampa de la primera vez que se besaron, con ella contra la pared del recibidor, siendo besada con pasión y ternura, sin descanso y a punto de explotar. Sin embargo, Cary la movió rápidamente hacia la encimera de la cocina donde dieron rienda suelta a sus instintos más animales, deshaciéndose de la ropa y deslizando cremalleras.

El resultado de la fiesta fue muy bien recibido por el resto de integrantes de Florrick, Agos & Associates, quienes esperaban que pronto diera sus frutos. Sin embargo, todavía había asuntos que arreglar, como el de Alicia. Cary le había contado que Anthony había sido citado también ya que hizo un soborno en el caso de la adopción por el que había sido demandado Lockhart & Gardner. Melinda puso el grito en el cielo, y más cuando le contó las nuevas noticias al llegar por la tarde al que había sido tiempo atrás el salón de Alicia.

- ¡¿Otro Judas?! ¡¿Y además por ser socio también?! ¿Qué pasa, que ahora que os habéis ido regalan plazas en ese bufete o qué? – el instinto le había dado la razón, Tony no era de fiar, y menos cuando te vendía de repente. Por un momento se imaginó a ella matándole sangrienta y dolorosamente.

- Le puede contar a Will y a Diane nuestros planes – añadió Zepps.

- Vamos, que estamos jodidos. Más de lo que lo estamos ya – concluyó Melinda. Sentía rabia en su interior, ganas de acabar con todo, sobre todo con Lockhart & Gardner –. Tenemos que luchar más que nunca. Estoy harta de que nos pisoteen y acabamos de empezar. Quiero que este bufete sea tan grande que nuestro amiguito el Judas indio venga a nuestras puertas arrodillándose pidiendo un puesto de trabajo. Y yo me encargaré de mandarle personalmente a la mierda, ¿entendido? – le dijo a Cary mirándole a los ojos muy seria –. Se acabó ser el saco de boxeo de esa gente.

El resto de socios empezó a vitorearla en mitad del salón, a lo que ella no hizo ni caso. Cary se la llevó a la cocina, donde le sirvió un vaso de refresco junto con otro para él. Clarke Hayden apareció de repente.

- Tengo buenas noticias – Cary había creado en un segundo un ambiente más tranquilo en mitad de aquella bomba de relojería a punto de explotar.

- Por fin. ¿Qué es? – Melinda necesitaba alegrarse un poco y pensar que no todo estaba perdido. Se había apoyado en la encimera, dejando su cabeza en su mano derecha para atenderle mejor.

- Clarke nos va a ayudar con las cuentas y con los casos – la ceja derecha de Melinda se alzó, la había sorprendido. Eso es lo que quería oír, que la ayuda llegaba –. Lo va a hacer gratis – de repente se irguió en el asiento en el que estaba, como si le hubiesen inyectado una dosis de energía extra. Ahora sí que le caía bien del todo ese señor con gafas de culo de botella pero con aspecto más moderno, bajito.

- Wow, le debemos gustar mucho – puso énfasis en la última palabra dirigiéndose hacia Clarke, quien la miró de forma seria pero tímida al mismo tiempo.

- Me gusta... la ley.

- Sí, a mí también me gusta la ley – sonrió y él se hizo cómplice de ese gesto.

A Clarke Hayden le podía gustar la ley, sí, estaba segura de ello, pero estaba más segura incluso de que le gustaba ese grupo de gente, su entusiasmo y sus ganas de salir de un sitio tan opresor para los asociados de cuarto año como había sido Lockhart & Gardner. Sin embargo, y siendo honestos, le gustaba mucho más Alicia y Cary. Melinda no podía más que estar en el mismo barco que él.