–¿Cómo figues estar bien?— preguntó mientras seguía escribiendo como loco en su libreta.
–De la misma forma que figues que te importo.– respondí seriamente.
Mr. Psicología • • •
23 de Marzo
–¡Oh, cariño!¿Cómo te fue con el Dr. Mitchell?
Escuché la voz chillona de mamá desde la cocina, poco después la vi llegar a la sala con un delantal de cocina y una cuchara de madera en una mano.
Terminé de quitarme el abrigo y lo puse en un gancho que está en la pared junto a la puerta. –Bien, supongo.— me encogí de hombros.
–¡Eso es bueno, cariño!Te dije que él era buena persona, me alegra que ya sean amigos...
–¿Amigos? ¿Él y yo? ¡Oh, mamá! Creo que la que necesita un psicología, además de Mitchell, eres tú. Él es un loco, él necesita un psicólogo, no yo.
Mamá se cruzó de brazos. –Ya tuvimos muchas veces ésta conversación, Kendall Knight. Es por tu bien, mi vida.
Negué con la cabeza. –Repiteme de nuevo, ¡¿por qué diablos debo ir al psicólogo?!
–¡No me levantes la voz ni uses ese vocabulario!— Me quité los zapatos, los dejé abajo de donde estaba el abrigo, y caminé en dirección a las escaleras. —¡Kendall! ¡No me dejes hablando sola! ¡Kendall!– subí ignorándola todo el camino, llegué a mi cuarto, entré y cerré con llave.
Sé que está mal que la deje así hablando sola, pero siempre es lo mismo, ella me presiona y luego no aguantaré... le diré muchas cosas hirientes,como lo de Paul por ejemplo y sobre la muy mala madre que es. La verdad, no quiero eso, suficiente con lo de Mitchell, no quiero tener que seguir dándole explicaciones a nadie sobre mi "mal humor".
Miré por la ventana y vi que estaba anocheciendo, Mitchell el loco de nuevo se emocionó con su charla de "cómo superar el enojo". Vi la casa de mi perro cubierta de nieve, mañana la limpiaré. Oh, creo que no les conté, tengo un perro, mi mirada cayó en la pared a la par mía mientras recordaba como encontré a mi perro... lo adopté hace un mes cuando caminaba de regreso del entrenamiento de hochey, estaba todo solo, sucio, hambriento y triste. Mamá me dejó adoptarlo, pero solo con la condición de que sea obligación mía cuidarlo y mantenerlo. Siempre quise un perro, así que aceptaría cualquier cosa, incluso una hora extra con ese loco, todo eso para conservar a mi amigo. Él es una raza de perro que tiene un gran parecido con los lobos, no me acuerdo en este momento el nombre de esa raza, le llamé Fox de todos modos, no sé, fue lo más "lindo" que se me vino a la mente para él.
Hablando de eso... ¿dónde está?
Escuché un ladrido, de inmediato miré la ventana para ver si estaba abajo, pero no había nadie. Voltee para acostarme en la cama y lo vi salir de ahí abajo, con una pantufla de Paul en el hocico.
Me acerqué a él poniéndome en cuclillas, sonriendo, le quité la pantufla y la lancé a un lado del cuatro, él corrió, la agarró y volvió donde mí dejando la pantufla babeada sobre mi zapato.
–Eres un gran chico.– me senté y él se sentó junto a mí para seguidamente lamer mi cachete. Reí. –Tú eres el único que me entiende, Fox.– le acaricié la cabeza y las orejas. –Hey, amigo, apestas, ¿sabes? Hoy te tocaba tu baño, pero gracias a ese lunático no pude bañarte.
–¡Woff!
–Sabía que me ibas a entender y perdonar, amigo.– Sonreí y me levanté animado. –¡Hey! ¡Vamos a jugar afuera! ¿Quieres?
–¡Woff!– ladró levantándose y moviendo la cola como loco.
Caminé a la puerta, le quité el seguro y salí corriendo a las escaleras, escuché atrás los ladridos y luego lo vi junto a mí bajando los escalones.
–¡Kendall! ¡Te he dicho que no andas corriendo por la casa y menos en calcetines! ¡Te vas a resbalar y caer!
–¡Lo siento!– cuando llegamos a la sala, corrí de nuevo a la entrada y empecé a ponerme los zapatos y el abrigo.
–¿A dónde crees que vas?– miré arriba y vi a mamá cruzada de brazos. –Tú hora de salida ya pasó.
–Sólo vamos a jugar afuera.– dije señalando a mi perro. –No me escaparé ni nada, confía en mí.
Ella soltó los brazos y me sonrió. –Confío en ti, Kendall. Y más sabiendo que tienes a alguien de confianza y más, contigo.– miró a mi perro y éste ladró moviendo la cola. Sonrió tristemente. –Pero no puedes salir, en 30 minutos vendrá Paul y traerá una invitada especial.
–¿Invitada especial?
—Sí, es la sobrina de él, se llama Amber. Ella...
–Mamá, sabes que no me gustan las visitas.
–Lo sé, pero ella solo se quedará una semana...
–¡¿QUÉ?! ¡¿UNA SEMANA?!
—Kendall, esa voz...– dijo en señal de regaño.
–Lo siento, pero mamá... ¡¿una semana?! Máximo aguantaría que se quedara 30 segundos, 5 minutos, pero... ¿UNA BENDITA SEMANA?
–Ella es muy linda, te caerá bien.– dijo volviendo a la cocina para seguir con su cena.
–¿Cuántos años tiene?– caminé detrás de ella, mi perro se acostó en el suelo con cara de aburrido.
–Unos... Ocho, creo.
–¡¿Ocho?! ¡Oh, genial! ¡Amo los niños! – hablé con sarcasmo.
–Oh,vamos, Ken. Se llevaran bien.
–¿Si sabes como está mi estado social, verdad? Tal vez no tenga amigos, tal vez mi perro sea mi único amigo, pero estoy bien así. No me gusta la multitud, ni la gente a mi alrededor. El hecho de que sea un "forever alone" no quiere decir que seré amigo de un loco que se hace pasar por "psicólogo" y una estúpida niña de ocho años.
Mamá se dio la vuelta, dejando de servir la cena y mirándome con una seria cara. –¿Cuándo será el día que dejes de ser tan amargado y grosero?
–No soy amargado ni mucho menos grosero, mamá. Así soy yo.
–Bien...— se dio la vuelta y siguió con lo suyo. Me fui a la puerta y llamé la atención de mi perro, de nuevo. –Te dije que no puedes salir.
–No lo iba a hacer de todos modos.– hablé serio. –Iré a mi habitación.– me quité, otra vez, el abrigo y los zapatos, acaricié a mi perro de nuevo en la cabeza y caminamos a las escaleras.
–Cambiate de ropa, lavate las manos y baja a comer.
–No tengo hambre.
–Dije, que te cambies, que te laves las manos y bajes de nuevo.– habló molesta entre dientes.
–Te dije que no tengo hambre.
–No te pregunté que si tenías hambre o no. Vas a hacer lo que yo digo, ¡y harás lo que yo digo, porque soy tu madre!
Esa fue la gota que derramó el vaso, el vaso que se estuvo llenando desde aquella noche en la que el maldito de Paul me violó y ella nos vio y no dijo nada al respecto. Sentí un puñetazo en el pecho, un odio profundo, una ira intensa. Me agarré fuerte del barandal de las escaleras, sentí como mis uñas se enterraban en la madera; escuché a mi perro ladrar antes de salir corriendo hacia arriba. Cerré los ojos y respiré profundamente.
"Tranquilo, Knight, tranquilo... Respira... Pronto de vas a vengar de estos infelices, pronto..."
–¿Kendall? — su voz ahora era un poco tímida y callada.
–Bajaré pronto.
Fue todo lo "tranquilo" que pude responder.
Por ahora...
Mr. Psicóloga • • •
–¡Kendall! – Escuché la voz de ... Mi madre. La ignoré y seguí haciéndole cosquillas en el estómago a Fox. De un momento a otro la puerta se abrió, dejando ver a la persona causante de mis desvelos, de mis pesadillas y por la cual estoy en "terapia" con un "psicológico".
–Kendall...
–¿Qué mierda quieres?
–Esa es la forma de trata a tu querido... Padrastro?
–¿Padrastro?– hablé con ironía. Tengo tantas ganas de patear a este infeliz... –Oh, eres más que eso. Eres...
–Tienes razón.– me interrumpió. Se acercó lentamente hacia mí, sonriendo con su estúpida y sínica sonrisa de pedófilo. Se sentó junto a mi en el suelo y pasó sus mano por debajo de mi camisa, tocándome. –Soy más que sólo tu "padrastro".– susurró en mi oreja y lamió mi cuello.
En mi estómago se formó una revuelta. Era una combinación entre asco-ira, todo lo que quería hacer en ese momento era golpearlo, golpearlo fuerte, tan fuerte hasta dejarlo inconsciente. Cerré los ojos al sentir su mano colarse en mi bóxer.
Abrí los ojos, al escuchar unos ladridos. Fox le estaba la ladrando a Paul, parecía que en cualquier momento se le tiraba encima para morderlo.
Sonreí, amo este perro.
—Por desgracia, hoy no tendrás amor de parte mía, y no hablo solo porque tu perro te quiere solo para ti, sino porque se quedará aquí mi sobrina y no quiero que escuche tus grito de perra cuando te coja. ¿Ok?– sacó su asquerosa mano, se levantó y caminó a la puerta para luego abrirla. –Por cierto. Dijo tu madre que la cena ya está lista. Ponte guapo y baja.– dijo, me guiñó un ojo y salió.
Estúpido viejo, maldito pedófilo.
Me levanté del suelo, acaricié de nuevo a Fox, caminé a la puerta y salí. Fox iba a mi lado, cuando íbamos bajando las escaleras, escuché la conversación que llevaban en la sala.
—¿Qué te dijo Kendall, amor?
—Casi no habló, está de nuevo cortante, ya sabes. Deberías decirle a Mitchell que aumente más sus horas, tal vez él le ayude.
—¿Quién es Mitchell, tío Paul?
—Es el psicólogo de Kendall.
—¡¿Él está loco?!
—No, para nada, cariño. Mi hijo solo... solo está en una etapa en la que... él, ehm... necesita hablar con alguien porque...
–En pocas palabras, ellos me toman por loco.– dije entrando.
La "niña", no era exactamente una "niña", parecía de mi edad, más o menos parecía de unos 15-16-17 por ahí, más o menos.
–Mira, Amber, él es Kendall, el loco. Tiene que ir al psicólogo hace más de 6 meses.
–Gracias por la presentación, Paul. No era necesario.– dije serio.
La chica se acercó a mí, movió su cabello haciendo parecer "sexy", pero lo único que hizo, fue quedar como perra. –Soy Amber Martin.– dijo extendiendo la mano.
–Ya sabes quién soy, no hace falta presentarme.– solo miré su mano, pero no hice movimiento alguno de querer extremar su muy, muy, muy vanidosa mano.
–Kendall, no seas grosero.– dijo mamá.
Rodé los ojos. –Kendall.– estreché su mano y luego caminé a la cocina para lavarme las manos, volví al comedor y me senté para esperé a que terminaran de acomodarse.
La chica "Amber" se sentó junto a mí, frente a Paul, ella me daba miradas e intentaba rozar su mano con la suya, pero siempre encontraba una manera para alejarme de ella.
[…]
Escuché la puerta de mi cuarto ser golpeada suavemente. Fox se levantó del suelo y movió su cola rápidamente mientras mirada la puerta, quité la computadora de mi regazo y de mala gana fui a abrir. Me topé con Amber en la puerta con una pose "sexy" (más bien parecía una... ustedes saben), con un bombón (paleta(?) en la boca jugando con él, tenía el cabello desarreglado; en un abrir y cerrar de ojos me tenía contra la puerta, sonriéndome suciamente y Fox ladrando del otro lado de la puerta, en el pasillo.
–¿Qué rayos...?
–Shh... tranquilo, Kendall...– puso su dedo índice sobre mis labios.
Moví mi cabeza de lado a lado y logré apartarlo, pero ella se acercó más a mí, podía sentir sus senos sobre mi pecho impidiéndome respirar bien. –¿Qué se supone que haces?
–¿Qué crees tú?– empezó a meter sus manos bajo mi camisa, podía sentir sus largas y plásticas uñas rasguñárme. –Eres mío esta noche(1). Tu mamá y Paul fueron a dar un paseo y la verdad, si conozco bien a ni tío, no creo que sólo sea un simple "paseo", tú sabes. Por eso...– empezó a desabrochar los botones de mi camisa, empezando con los de la parte de abajo. –Pensé que tal vez nos podíamos divertir así como ellos, pero aquí en la casa. Tenemos toda la casa solo para nosotros.— susurró lo último en mi oreja.
–Gran idea...– la tomé de la cintura. –Empecemos por el pasillo.– sonreí seductoramente. Nos quitamos de la puerta, la abrí y salimos, la arrinconé contra la pared, besé su cuello y en un abrir y cerrar de ojos, la dejé sola en el pasillo y yo entré a mi cuarto con Fox, cerrando la puerta con llave. –Perra.
[…]
Una hora después escuché de nuevo golpes en mi puerta, Fox estaba profundamente dormido sobre mi cama como para escuchar algo.
–¿Quién es?
–Somos Paul y yo, cariño.
Fui a la puerta y la abrí. —¿Qué pasó?
Mamá iba a hablar, pero Paul la interrumpió. —Arregla tu cuarto, toma algunas cosas y anda a dormir a la sala.
—¡¿EH?!
—Lo que oíste, anda y obedece.
–¡No! ¡¿Para qué quieres que haga eso?!
–Amber dormirá aquí.
–¡Para algo está el cuarto de invitados!
—¡Suficiente!– gritó mamá. –Kendall, haz lo que Paul dijo, Amber está lavándose los dientes y nosotros ya tenemos sueño, van a ser la una, es tarde ya.
No dije nada. Cerré la puerta y me di la vuelta.
«Estúpida Amber.»
Apague la computadora y la dejé adentro de mi mochila y luego la puse abajo de la cama, no vaya a ser que a esa loca se le meta ver videos porno y llenarme la compu de virus o algo, o peor, que se meta a mi Facebook y ponga algo para quedar en vergüenza o darme problemas. Agarré mi almohada y cobija, acaricié suavemente a Fox para despertarlo.
–Oh, Ken... si quieres puedes quedarte, y...– La puerta se abrió y unos pasos se acercaron, luego sentí unas manos en mis hombros. –Y puedes aceptar mi propuesta, podemos pasar una buena noche, prometo no gritar mucho... si quieres...
Me aparté bruscamente, Fox saltó al suelo y salimos del cuarto.
—Buenas noches.— dije antes de dar un portazo a la puerta.
[…]
Me senté en mi cama, tenía que ir al baño, me levanté y caminé medio somnoliento, choqué un par de veces con las paredes, pero nada de qué preocuparse. Llegué al baño, hice lo que tenía que hacer y me lavé las manos, después volví al cuarto. Me acosté en la cama y lancé un brazo al otro lado de la cama, tengo un poco de mal dormir, sentí algo raro, como que alguien más estada en mi cama, al principio pensé que era Fox, pero no tenía pelo sino piel, tal vez quera... ¿Paul? No, no creo. Tal vez, puede ser...
Me levanté asustado, encendí la lámpara junto a mí y quité toda la sábana y...
Oh, mierda...
Ahí junto a mí estaba Amber desnuda y... yo también lo estaba.
¿Qué rayos pasó?
Oh, Dios, no me digan que esta loca me drogó o algo...
Amber se removió y se despertó, se sentó en la cama, e igual que yo, se miró y luego me miró.
—¡PAUL, SEÑORA KNIGHT! ¡KENDALL ME VIOLÓ!
Mr. Psicología • • •
Holis! Perdón si el cap no fue lo mejor, es solo un "relleno", el otro prometo será mejor.
SPOILER: Hay Kogan en el siguiente cap!
(1): quién más se acordó de Camille con esa frase? (*-*)/
