DISCLAIMER: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fic al grupo de Las Inadaptadas, Vicky y Josita en este caso.

oxOXOxo

Capítulo 26:

Es viernes otra vez y si nadie pone atención a clases en semana mucho menos este día. Todos, absolutamente todos los estudiantes están ebrios del fin de semana que se les acerca.

Hay uno que está especialmente ansioso ya que tiene un plan especial para este fin de semana. Sus amigos habían aprobado todo lo que les preparó por lo que ya tenía el menú. También un traje nuevo se encontraba en su armario. Ni qué hablar del estilista, cita para el domingo en la mañana.

Con una sonrisa en el rostro saluda a las chicas de su clase y a otras que no y al final y al cabo a toda la escuela, que está nervioso pero no para tanto. En esas se encuentra con sus amigos que ahora están unos kilos más pesados. Se ven pasaditos por almidón, esponjoncitos.

—¡Tío! —le llama Antonio y Gilbert agita una mano, detrás de ellos viene un refunfuñón Ludwig.

Fran los saluda con la mano y después extiende los brazos dramáticamente para que le abracen. Toni agarra al albino porque sabe bien que este se pone tímido con lo de abrazar y entre él y el francés lo hacen un sandwichito.

Los dos se ríen y saltan como niñitos mientras el alemán protesta, aunque no hace mucho para liberarse. Ludwig pone los ojos en blanco.

—¿Ya tienes todo listo? ¡La comida estaba deliciosa! —grita el español, aun saltando en el abrazo.

Ouiii —le abraza más fuerte —, ¡todo va a salir bieeeen!

En ese momento pasa Alfred a la par de ellos como Flash con Felicia detrás.

—¡Ayer te escapaste pero hoy la pagarás, cazzo!

—¡Te dije que te veías bonitaaa! —igual huye.

—¿¡Bonita!? ¡Casi me quedo sin cabello! ¡No vuelvas a intentar peinarme! —grita, como siempre.

Alfred se ríe a carcajadas y se da la vuelta, tomándola de la cintura y dándole con torpeza tres vueltas seguidas.

—¡Idiotaaa! —protesta muerta de risa. Y van a terminar jugueteando, ya no tan enojada ella.

Al que le salta una vena de la frente es a Ludwig, que los mira con los brazos cruzados.

Así como quien no quiere la cosa, el americano choca a la chica contra el alemán. Y listo. Se le cambia la cara y la agarra como si fueran a bailar tango. Pero, qué va a saber el alemán de eso.

Hallo —la saluda y hace un intento de sonrisa.

Alfred los ve, hace que vomita y corre hacia Iván que por fin está entrando al recinto después de que Feli empezara a perseguir al de anteojos en el estacionamiento.

Ciao —se sonroja, recordando que a él le mandaron esa foto horrible y no respondió nada. Extrañamente eso la puso nerviosa.

El ruso sonríe y le pregunta si no lo asesinaron. El menor sólo se ríe, él es invencible.

—Me llegó una... Foto —dice Lud, mirando durante un segundo al americano.

Alfred sigue saltando porque está de buen humor y agarra al ruso de las manos y se pone a dar vueltas, porque se quedó con ganas.

—¡Ay, no! ¿Podrías borrar esa imagen de tu cabeza? ¡Es horrible! —se lamenta. Lud niega y la aleja un poco, sólo quedándose con su mano.

—Estabas adorable —lo dice sinceramente.

—¿Eh? —le mira con extrañeza, pensando que los chicos que la rodean tienen muy serios problemas.

—En serio —se inclina hacia ella sin pretender más que darse a entender.

—Es… Yo… ¡No! ¡Estaba horrible con ese intento de peinado! —extiende los brazos y se apena al hacerlo, viéndose totalmente como si quisiera que el chico la siguiera sosteniendo.

—Lo único que se veía mal era... —"que no eran mis piernas dónde estabas acostada" piensa para sí, sonrojándose sin notar la expresión avergonzada de la chica.

Iván se ríe con las vueltas y le pregunta al chico si está feliz. Alfred asiente y se ríe más, dando las vueltas necesarias para llegar hasta donde está la otra parejita y empujar a Lud por la espalda.

Con el peso y la velocidad el hermano de Gilbert cae hacia el frente y hace un movimiento raro para no lastimar a la italiana, que lo ve con horror. Alfred pone cara de tragedia y se lleva al ruso de allí. Que le agradezca ese cara de piedra.

—¡Felicia! —la levanta.

—Veee~! ¡¿Qué pasó?!

—Tu amigo ese que piensa que todos tenemos su... —la abraza contra él automáticamente y calla, viéndole los labios fijamente.

Francis los mira y se le abre la boca de la impresión. Ni siquiera Gil parpadea y Toni se está tapando la boca con ambas manos porque bien que sabe que si dice algo, Ludwig dejará de hacer lo que sea que esté haciendo.

Ludwing aprieta los labios y se le acerca otro poquito, importándole tres cominos que su hermano y sus amigos lo estén viendo. Bueno, la verdad es que ni los ha notado. Feli está paralizada como tabla y en pánico, viéndole fijamente.

El alemán se acerca hasta poner sus labios en su mejilla. Y se separa como si quemara, con los ojos muy abiertos por el atrevimiento. Ella parpadea unos segundos y se pone tan roja como los tomates que le gustan a su hermana.

Ludwing le hace competencia, hasta se le nota que le sale humo de la cabeza.

Gilbert se seca disimuladamente una lagrimita de orgullo mientras comenta en voz baja que su hermano es todo un adulto, contrario a Antonio que esperaba algo más. Luego recuerda que estos más pequeños y nada calenturientos como él. Suelta una carcajada. Francis se ríe disimuladamente de Gil y su concepto de madurez.

—Yo... Felicia —empieza Lud cuando recuerda que tiene el don de hablar. Ella está sin habla, manera eficaz de callar a una italiana —. Me gustas Felicia —así y directo.

Al diablo estar en la entrada de la escuela con una congregación alrededor. Al parecer a todos aquí les gusta hacer sus cosas en público.

Felicia no dice nada, lo toma de la mano y sale corriendo, más avergonzada que emocionada. Ludwig corre lo mejor que puede o al menos no se deja arrastrar, el chico de las pesas. Ella aminora el paso en uno de los pabellones menos habitados y no le mira a los ojos.

—Yo… aún no sé qué decirte —refiriéndose a la declaración y a sus sentimientos que están muy verdes.

Lud aprieta la mano que lo hala y se le caen el corazón con eso, detestándose por ser tan impulsivo cuando ella ya lo había "rechazado" una vez ya. Era obvio que no iba a enamorarse de él de un día al otro.

—No importa —le dice sin detenerse ni mostrar ningún sentimiento, queriendo ser todo lo orgulloso que su hermano dice que debe ser.

—No... Es que... no sé cómo decirte… Eres muy interesante y guapo —no lo está consolando, en realidad lo cree —. Pero es muy pronto… ¡Pero no quiero que te enojes o te alejes!

—¿No quieres... que me aleje? —se detiene ahora sí y sin soltarla, lo que provoca que la chica se detenga de golpe también.

—¡No, per favore, no te enojes conmigo!

—N-no, lo siento, no estoy enojado, sólo que... No te entiendo Felicia —toma la otra mano de la chica y se las lleva a la cara en un gesto muy suave para él que es más sensible que una piedra.

—Me agradas mucho a pesar del miedo que me provocas, pero no se puede forzar el amor, eso dice mi abuelo —extiende las palmas de las manos con naturalidad para tocar el rostro del chico —. No puedo decirte que me gustas si no lo siento de verdad, es peor mentirte que darte esperanzas. Quiero poder conocerte mejor…

El alemán la mira otra vez y la baja las manos, sonriéndole a pesar de que le está diciendo directamente que no le gusta con esa voz dulce.

—Está bien —se sonroja —. Yo... No quiero agobiarte con mis... sentimientos. Perdóname.

—Ah no, no… —le sonríe cariñosa y sigue caminando con él hasta que escucha una voz chillona muy familiar.

—¡Dice que no son novios! ¿Pero los viste? —grita Al desde un salón vacío.

—¿Así son los novios? —pregunta Iván a la nada y sin esperar respuesta.

—Pues no sé si todos, pero así se comportan ellos —se le sienta a la par.

Iván mueve un pie que tiene entumido y le pega a un pupitre que cae y hace un ruidajal que escucha la italiana que justo va pasando por ahí con Lud.

—Veee~! ¿Qué es eso? —mira la puerta con terror.

Alfred se ríe y le toca el pie con el de él para que sienta más feo. El alemán se encoge de hombros.

—¿Crees que haya un fantasma ahí? —pregunta la italiana, pegándose al cuerpo del mayor.

—No, los fantasmas no existen —la abraza, aprovechando igual.

—Se escucha muy extrañoooo —lloriquea la chica que a pesar de todo se acerca al ruido —, ¡oye, yo conozco esas voces! ¡Son mis amigos!

Lud hace facepalm con el par de idiotas que aparecen hasta en la sopa, siguiendo a la italiana que abre la puerta sólo para encontrar a los chicos en medio de un desastre de sillas esparcidas y risas.

Alfred escucha la puerta y vuelve la vista hacia ella.

—¡Feliciaaa! —se sonroja con la pierna de Iván abrazada.

Privet —saluda Iván con el pie menos encalambrado pero sintiendo espasmos igual. La chica sonríe con la escena y recuerda que no le ha dicho al ruso del acontecimiento del siglo.

Ciao —se gira al alemán, no queriendo invitar al ruso con él al frente… —. Eh, ¿nos vemos luego?

El alemán levanta las cejas con la despedida de la chica después de asentir para Iván y fulminar al americano. Le pone una mano en el hombro y se le acerca como si quisiera besarle la mejilla otra vez.

Ja, hasta luego —susurra como si el que sólo ella escuche va a hacer que el mundo caótico a su alrededor desaparezca. Se va sin mirar a los otros dos.

Felicia se queda petrificada con la cercanía, esperando obviamente el tacto de los labios y cuando no pasa, mira al alemán irse con la boca abierta. Se gira con la cara roja a sus amigos. Y si Alfred estaba sonrojado... ella está en llamas.

El americano pone cara de payaso feliz, no se sabe si se ríe de ella o con ella.

—¿Quéeee? —le regaña ella, indignada y acercándose a los dos. Toma una silla de las caídas y se les sienta al frente.

Nooothing —codea al ruso para molestar a la chica en conjunto. Iván mira el codo y luego a Alfred. No entiende nada.

—Iván —le llama Feli —, no había podido decirte antes pero, ¿quieres venir a una pijamada este domingo?

—¿Qué es una pijamanada?

El americano se detiene y le abraza de la cabeza, abriendo mucho los ojos con esa pregunta.

No kidding!

Net, no lo sé.

—Es cuando vas a casa de un amigo o vienen a la tuya a pasar la noche y jugar y a comer y así hasta el amanecer —le explica, acariciándole un poquito el pelo.

—Ah, entiendo —nunca hizo algo así cuando estaba en Rusia, así que lo imagina como él cuando ve la novela con su hermana. La caricia le relaja y se le entrecierran los ojos.

Felicia muere de la ternura.

—Ajá, y contamos historias de terror, o asamos malvaviscos, ¡son muchas cosas! —sonríe y mira a Felicia, sin dejar de enredar sus dedos en los mechones pálidos del mayor —. ¿A qué hora llegamos?

—¿Eh? En la noche, a las siete está bien… creo —piensa en Fran y que no recuerda a qué hora necesitaba que la casa del inglés estuviera desalojada.

Ok! —sonríe, pensando desde ya las cosas que puede llevar.

—Está bien —a Iván su sestra le empacará sus cositas.

—¡¿Y tienes video juegos en tu casa?! —la pregunta importante.

—Eh, no. Pensaba en alquilar muchas películas.

Movies?! Ok! —suelta al ruso por un momento y lo mira —. ¡Eso es awesone too!

—¡Sí, podemos ver muchas! —Feli se contagia con la emoción del americano.

Yeah! —se levanta y la abraza, de buen humor.

—¿Cuáles películas? —pregunta el ruso, queriendo unirse a los saltitos pero sintiéndose muy torpe. Alfred deja a la italiana y se arrodilla frente a él.

I don't know —piensa en las de terror que no le gustan mucho —. ¿Qué te gustaría ver?

—Me gustan las películas de peleas —y la novela de las nueve.

Really? —levanta las cejas —, a mí también, pero Feli seguro que sólo tiene de besiiitos.

—¡No es cierto! Tengo películas ambientadas en la mejor época de la mafia y eso —indignada.

—Nah —se gira hacia ella —, de parejitas y princeeeesas y así.

—¡Seguro que te gustan y más que a mí! —le acusa, señalándole con el dedo.

Alfred se queda callado de golpe y el sonrojo es épico. Sí que había visto unas cuantas de la muñeca esa pero no... Para tanto.

No! —y se nota que miente.

—¡Ha! ¡Te gustan las películas de unicornios y barbies! —súper feliz de ganar.

—Yo las veo con Nataliya —dice el ruso muy feliz porque este sí es un tema conocido.

—¡Qué no! Yo no veo... —hasta le hace "crack" el cuello al voltear a ver a Iván cuando dice eso, con las manos en alto para hacerle cosquillas a la chica —. ¿En serio? ¿Te gustan?

—Tienen muchas canciones y bailes —sonríe, sin notar que la chica se reía de Al. Al menos a Feli la respuesta de Iván le parece tierna.

—Mmm... Pero a mí me gustan más otras cosas —le sonríe, otra vez feliz.

—A mí me gustan más si puedes bailar, ¿Cuáles te gustan?

Alfred le abraza otra vez y se golpea la cabeza con el hombro del ruso. Él intentaba sonar sugerente. La italiana se unirá al club de Eli y Sakura en un futuro no muy lejano si este par siguen haciendo cosas así de tiernas frente a ella.

—Las de los Avengers... —le susurra contra el cuello, olvidándose de que no están solos.

Al ruso esto le provoca un escalofrío y un sonrojo, sin saber que es Al el culpable… Como si no lo tuviera pegado al cuello como vampiro. El menor lo nota, pero se lo atribuye a cualquier otra cosa.

Feli abre la boca y se sonroja también porque cree que eso es muy íntimo como para hacerlo en… frente de ella y la escuela. Sólo Alfred está pensando en las corrientes de frío o las manifestaciones paranormales.

Are you ok? —le pregunta desde el mismo lugar.

Da… —no nota que su corazón se le va a salir. Inclina la cabeza y acaricia la mejilla del menor con la suya en un gesto espontaneo.

—Eh… —Feli se incomoda de repente, aunque disfruta la vista y a la vez haciendo de violinista o algo —. Bueno chicos, luego decidimos qué películas ver… nos vemos luego… Ciao!

Al sale del cuello del ruso y la ve irse pero no alcanza a decirle nada.

WTF! —se ríe.

El eslavo mira a su amigo, suspirando pesadamente e importándole poco a donde se haya ido Felicia. El menor le mira también y le pone las manos en la cara.

—¿Tienes frío o tienes calor? —pregunta por el escalofrío y ahora que parece sofocado.

—Mucho calor… —susurra con la voz apretada.

—¡Claro que sí! Siempre llevas puesta esta bufanda —se la jalonea, aflojándola un poco a ver si así —, ¿mejor?

Iván niega con la cabeza, sujetando la tela.

—Rayos, ¿y si te la quitas totalmente?

Net! —se agarra la bufanda, apretándola fuertemente contra el cuello —, ¡no la quites!

Alfred levanta las manos, un poco asustado con esa reacción.

Okeeey...

El ruso se queda con las manos en el cuello y mira al suelo, nervioso.

I-I'm sorry —y ni sabe por qué se disculpa. Sólo el verle la cara le hace sentir mal.

—No quiero que las veas —dice y se levanta justo en el momento que suena el timbre para la siguiente clase. Al le mira desde el piso y se le rompe un poquito el corazón.

—¿Ver qué...?

—No importa, vamos a clase —no lo dice serio pero tampoco alegre, es un tono raro.

El menor se levanta y le mira de frente, queriendo abrazarle pero algo en el tono lo detiene totalmente.

—Bueno...

oxOXOxo

¡Hola!

Muchas gracias por sus reviews, han estado tan lindos que nos pone un poco tristes cuando los dejan en anónimo o sin nombre y no podemos contestarles como se debe *sob* ¡pero aun así las amamos!

¿Les gustó el cap? ¿Qué creen que sea lo que esconde Iván?

¡Nos vemos la próxima semana! ¡Besos!