*Para celebrar la llegada de un nuevo mes, aquí os traigo un nuevo capítulo en el que vemos a Melinda intentando sacar a flote el bufete una vez más, pero no sin la colaboración de este mismo.
Espero que os guste y, si os apetece, dejéis algún comentario. No olvidéis que podéis seguir la historia (dándole al botón follow) para que os notifique cuándo se publica una nueva entrega*
19
Abogados en bata blanca
Aunque el día había estado cargado de tensión y mucha mala baba, Melinda se sentía mejor que nunca después de la tormenta. La gente empezaba a darse cuenta de que, aunque no tuviese un diploma en el que dijese que tenía la carrera de Derecho, se movía como uno de ellos, no los iba a dejar que nadie los pisotease y menos por un irlandés de pega como Damian Boyle. Finalmente tuvieron que pedir otros muebles y eso le dolió en el alma, como a Clarke Hayden. El contable, y a veces ejerciendo su papel de abogado, intentaba que las deudas no los ahogasen, pero para eso se necesitaban más ingresos y, por tanto, más clientes. Últimamente, el hospital estaba pensando sobre si cambiar de bufete de abogados o seguir con el que estaban. El actual era el de su padre, quien se había llevado el premio gordo por ser recomendado por su hija y por la gran presentación que hizo ante la junta, a los que se llevó de calle. Sin embargo, de un tiempo para acá, a Melinda le habían llegado rumores de que la carrera de su progenitor iba cuesta abajo y sin frenos. Parecía ser que Richard Cavanaugh, uno de los abogados estrella de Nueva York, estaba perdiendo el toque mágico, o como lo llamaba su hija, su "mojo". Richard era un abogado muy carismático, ingenioso y avispado, por lo que siempre encontraba alguna manera, por muy difícil que fuese, de salir airoso de ciertos casos complicados. El problema es que el cansancio y la edad estaban haciendo bastante mella y utilizar tanto "mojo" no era bueno ya que se había terminado agotando. Clientes descontentos a los que suplicar que se quedasen, defensas ante el juez desastrosas, él sudando y puesto entre las cuerdas, Melinda no reconocía por los comentarios al que fue ese gran abogado que había visto muchas veces en acción en los tribunales. A pesar de que una parte de ella sentía pena al ver cómo el hospital también se quería deshacer de sus servicios, otra lo celebraba con cierta alegría ya que no sólo suponía que Florrick, Agos & Associates tuviese una oportunidad de oro, sino que el karma también estaba funcionando en contra de su progenitor.
- ¿Qué te parece? – le preguntó Sam, otro de los integrantes de la junta y jefe del departamento de neurología al salir de la última reunión.
- Si es lo que queréis adelante. Vale, es mi padre, pero si no está haciendo bien su trabajo no nos podemos jugar ni la reputación ni la economía del hospital por que no nos defiende bien ante un juez – se quería mantener profesional, pero al mismo tiempo también quería ser honesta. Si su padre la estaba cagando tan estrepitosamente como decían los rumores, era mejor saltar del barco y meterse en otro – ¿Cómo lo vamos a hacer? ¿Que cada miembro presente a su candidato y luego se hacen las presentaciones, o lo elegimos entre todos?
- Mejor uno por cada miembro, así hay variedad y tienen la posibilidad de presentarse y ver el plan que nos ofrecen. Sólo somos siete personas en la junta, tampoco son muchas presentaciones. Veinte minutos como mucho cada una, nada exagerado, que les dé tiempo a contarnos todo de forma clara y concisa – ya había pasado una vez por eso y, aunque fuese un aburrimiento máximo, agradecía salirse de su rutina.
- Perfecto. ¿Tenemos fecha límite, no?
- Próxima semana. Tienes todo el fin de semana para buscar alguno y luego proponerlo. Las presentaciones se harán como muy tarde a finales de esa semana. Tenemos que encontrar un nuevo bufete cuanto antes – aunque intentaba no sonar muy entusiasmado ya que era el padre de su compañera, Sam se encontraba un poco desesperado al ver que les podía caer un gran palo si seguían teniendo una mala defensa.
Después de terminar su turno, más que agotador, en el hospital, se dio una vuelta por las oficinas del bufete y así trasladarles la noticia. Sin embargo, no se esperaba ver a aquel hombre perfectamente vestido, de punta en blanco, con el pelo canoso hacia atrás y el móvil casi en llamas. Durante los cinco minutos que le estuvo observando mientras esperaba a Cary y a Alicia, el tipo contestó tres llamadas y aporreó la pantalla contestando mensajes. Por pura curiosidad, se decidió a acercarse a aquel hombre.
- ¿Puedo ayudarle en algo? – al oír su voz, levantó su mirada del teléfono y le dedicó una sonrisa tímida, amable.
- Estoy esperando a Alicia Florrick. ¿Sabe cuándo va a venir? – se debatía entre seguir mirándola a los ojos o seguir con la conversación en el móvil.
- Espero que pronto – le dedicó una sonrisa cómplice –. Yo estoy esperando a Cary.
- ¿Agos? – el hombre levantó las cejas, mostrándose curioso.
- Sí. ¿Lo conoce? – ¿quién era aquel tipo que estaba frente a ella? Le sonaba pero no se acordaba de su nombre.
- Sí, estuvo trabajando para mi jefe en la fiscalía del Estado – volvió rápidamente a posar su mirada en la pantalla del móvil.
- ¿Trabaja para Peter Florrick? – él asintió y volvió a sonreír amablemente –. ¿Eli Gold? ¿Usted es el temor de los medios de comunicación? – Melinda se rio tímidamente por el apodo que le habían puesto.
- ¿Tan mala fama tengo?
- ¿Usted diría que es mala? No conozco a mucha gente que sea un temor para los medios de comunicación en los tiempos que corren. Yo diría que le respetan bastante – Eli se mostró encantado con la conversación que había empezado –. Ha hecho un gran trabajo con Florrick, es de admirar, de verdad – ella le sonrió. No quería que sonase a que le estaba haciendo la pelota. En realidad, Melinda había sentido una especie de admiración por Eli Gold y la transformación pública que le había dado al que era ahora gobernador de Illinois.
- ¿Y usted es…?
- Melinda Cavanaugh – le tendió la mano y él se la estrechó con un poco de fuerza.
- ¿Una clienta? ¿Una fan? – se rio, a lo que ella respondió de la misma forma. Eli estaba un poco perdido. ¿Quién era ella y qué estaba haciendo en el bufete?
- Socia, soy una de las socias.
- Así que abogada – parecía que todo empezaba a cuadrar, pero se dio cuenta de que no era así.
- No, doctora. No trabajo aquí como tal, sólo creo que es una buena causa – Melinda se mostraba de lo más simpática con aquel hombre. Siempre le había caído bien a pesar de lo que los medios decían de él.
- Una buena causa… ¿Con estas "oficinas"? – puso su mejor cara de asco. Se veía que Eli no estaba muy de acuerdo con que Alicia se hubiese trasladado a un "antro" como aquel.
- No se desanime, señor Gold. Esto es sólo el principio. Como ve, los suelos han sido pulidos y pondremos algunas paredes. Quedará bien. Roma no se construyó en un solo día, ¿verdad? – por un momento se sintió tentada en darle una palmadita en la espalda pero no tenía la confianza suficiente para ello. De todas formas, no quería estropear su aspecto impoluto. Se hizo un pequeño silencio que terminó de romper él.
- Cavanaugh, Cavanaugh… Me suena, pero no sé de qué – seguía intentando poner las piezas en su sitio pero no lo conseguía.
- ¿Richard Cavanaugh? ¿Le suena? – Melinda sentía un pesar cada vez que tenía que pronunciar ese nombre para que la ubicasen en el planeta.
- Sí, el abogado de Nueva York.
- Es mi padre – Eli levantó las cejas y abrió un poco más los ojos en señal de "eureka".
- Ah, ya comprendo. El gobernador Florrick habla muy bien de él – ya todo lo empezaba a cuadrar.
- Se llevan francamente bien. Conozco a su jefe.
De repente, Cary y Alicia aparecieron por el fondo de la estancia con aspecto de cansados. Parecía que había sido una larga jornada. Sin embargo, al verlos a ambos juntos, no pudieron esconder su sorpresa. Cary sonrió tímidamente al verla, sintiendo una especie de dosis extra de energía que le impulsó el llegar hasta ella. Le dio un beso en la mejilla y saludó a Eli de forma cordial. Ya le había dicho que, aunque le había visto muchas veces, su trato con Eli Gold se ajustaba a la de saludos corteses y poco más, no había hablado mucho con él.
- ¿Qué haces por aquí? Creía que ibas a ir a casa directamente – Eli se encontraba un poco incómodo, sentía que sobraba. Se estaba perdiendo algo.
- Tengo noticias prometedoras para vosotros dos – dijo mientras Alicia iba hacia ellos, quien se había quedado rezagada por la interrupción de una secretaria en su paso.
- ¿Qué ha pasado? – Alicia se mostraba un poco ansiosa; la curiosidad la comía por dentro.
- Alicia, ¿puedo hablar un momento contigo? – Gold veía que se le escapaba la oportunidad así que decidió interrumpir –. Os la robo un segundo. Ahora os la devuelvo – les dijo a Melinda y a Cary antes de llevársela a un rincón.
Estos dos optaron por sentarse en las sillas de la "sala de reuniones" todavía en pañales. Cary estaba decidido a cambiar de tema por un segundo. Todavía no le había comentado nada acerca de la conversación que había tenido con su padre sobre la visita sorpresa de su novia en el restaurante, pero ahora vio que era el momento adecuado para hacerlo.
- Hablé ayer con mi padre – a Melinda no le sorprendió en absoluto. Ya se esperaba cualquier tipo de insulto por parte del señor Agos.
- Así que te contó sobre mi visita, ¿no? – también se esperaba algún tipo de reprimenda por parte de su novio. Esta vez había ido por su espalda, sin contar con él.
- ¿En qué estabas pensando? – Cary se mostraba un poco molesto, pero en el fondo le había gustado cómo su novia seguía defendiéndole las espaldas.
- Estaba pensando en ti, Cary. No me puedes negar que no te gustaría tener una relación normal con tu padre. ¡Es totalmente lógico! – este ladeó la cabeza, mostrándose cómplice con ella –. Creo que se puede salvar, creo que puedes tener lo que yo no tengo con mi padre pero Jeffrey se tiene que esforzar, y eso es lo que le dije. Yo ya he perdido a mi padre, sigue ahí, sí, está vivo, pero a veces sería mejor ni que lo estuviese. Supongo que sería mucho más fácil de lidiar con ello. Pero tú, Cary, tú no lo pierdas. Hizo las cosas mal pero creo que puede enmendarlas de alguna forma – no se había dado cuenta de que ella también había ladeado la cabeza y que se había acercado a él.
- Eres demasiada buena persona, Mel.
- Oh, no, no. Tú sí que eres una buena persona, Cary. Yo soy una mala pécora que hace cosas buenas. Me hubiese encantado ir con todo el arsenal nada más sentarme a la mesa pero me frené. Todavía no conoces mi lado oscuro, Agos – le sonrió pícaramente.
- ¿Lado oscuro? – él le respondió de la misma forma, encontrándolo ella terriblemente irresistible.
- Todos tenemos un lado oscuro, otra cosa es que lo saquemos a relucir, pero todos lo tenemos – siguieron sonriéndose como dos tontos enamorados mientras se hacía un pequeño silencio. A Melinda le picó la curiosidad –. ¿Me puso a caer de un burro? – Cary se rio.
- ¡Para nada! Dijo que no podía estar más contento contigo.
- ¿A pesar de todo? – Melinda no se lo terminaba de creer. ¿Después de todo lo que le había dicho, le caía bien? "¡Milagro!".
- A pesar de todo – Cary la besó brevemente.
A escasos metros de allí, parecía que Eli Gold estaba más atento a la conversación entre Melinda y Cary que a la suya propia con Alicia. En un momento dado, no pudo más que preguntarle.
- Alicia, ¿esos dos que se traen? – ella le miró extrañada y luego siguió el movimiento de su cabeza hacia los dos tortolitos.
- ¿Melinda y Cary? – Eli asintió y Alicia le dio poca importancia –. Están saliendo juntos. ¿Por?
- ¿Cary no tenía algo con... Kalinda? – Alicia no pudo más que reírse. Raras veces había visto a Eli en plan cotilla.
- Eli, concéntrate, ¿vale? – Eli se puso serio mientras Alicia volvía a sonreír por lo que acababa de pasar.
Finalmente, Eli se despidió de los tres, con un "un placer conocerla" dedicado a Melinda. Alicia se sentó dejándose caer en la silla; parecía que el día no tenía fin, sentimiento que compartían ambos también.
- Voy a intentar ser breve, que veo que todos estamos bastante perjudicados hoy – comenzó Melinda mirando a sus interlocutores por igual –. El hospital está buscando un nuevo bufete y cada uno de los miembros de la junta tiene que presentar a su candidato. Adivinad cuál es el mío – les sonrió esperando alguna reacción por parte de ellos.
- ¿De verdad? – parecía que el cielo se le había abierto a Alicia delante de ellos.
- Pero va a ser muy complicado. Acabamos de abrir, no nos tomarán en serio… – añadió Cary.
- Está complicado, no lo voy a negar, pero si hacéis una presentación excepcional con el plan que nos podéis ofrecer y reforzáis los contras sin alterar los pros, podríais conseguirlo. Puedo hacer campaña por vosotros – Melinda tenía la sensación de que podían obtener la cuenta y ella iba a luchar hasta el final –. Vendeos como un bufete lleno de ilusión, fuerza, con ganas de dejaros la piel en el tribunal. Decid también que tenéis a Chumhum, ¡y a Anderson! Son clientes importantes para nosotros y eso nos da prestigio.
- ¿Cuándo sería? – Alicia estaba totalmente metida. Eso le gustaba a Melinda.
- Próxima semana – veía cómo se la echaban encima, así que intentó calmar las aguas –. Lo sé, lo sé, es muy pronto, pero podéis hacerlo. ¿Por qué no elaboráis una lista entre todos de pros y contras? Os puedo ayudar con la presentación, guiaros sobre qué preguntan, qué les preocupa más... No me toméis como una persona a la que convencer, ya vengo así de casa – les sonrió –. Esta es una oportunidad de oro que no deberíamos dejar pasar. Además, ¿cuántas veces puedes decir que le habéis quitado una cuenta importante a Richard Cavanaugh?
- ¿Tu padre lo sabe? – Cary se mostraba preocupado.
- Supongo. Le habrán dicho que están buscando una nueva casa para los asuntos legales. No creo que lo hagan a sus espaldas – le importaba bastante poco. Ahora estaba totalmente metida en esto, que era lo importante para ella. Decidió romper el silencio que se había creado entre ellos –. ¿Os confirmo como mi opción? Chicos, lo podéis hacer muy bien.
- ¿Con cuántos competimos? – Cary actuaba como todo un jugador. Esa era la actitud que buscaba ella.
- Seis más, y no os puedo asegurar que no esté Lockhart & Gardner. Espero que no.
- No nos importa enfrentarnos a ellos. Les vemos más ahora que antes – Cary se rio tímidamente, contagiándoselo a Melinda.
- Métenos en la lista. Dejaremos los casos grandes a un lado para prepararnos bien la presentación – Alicia estaba más decidida que nunca, sin miedo a nada.
- ¡Así me gusta! Si seguís con esa actitud os vais a comer a la junta.
Le encantaba ver a Cary sumido en una montañera de papeles, rodeado de todo el arsenal (su portátil, algunos folios, un par de bolígrafos, el móvil al lado), trabajando sin descanso pero entusiasmado con la tarea. El fin de semana fue de trabajo en equipo, rodeados del resto de socios yendo de un lado a otro del apartamento de Melinda. A esta no le importaba que por un par de días fuese el lugar de encuentro; quedaba en un lugar más céntrico que las oficinas y a todos les venía bien. Había que sacrificarse por el equipo. Por otra parte, reunirse otra vez en el salón de Alicia iba a resultar abusivo, así que era mejor esta alternativa. Melinda les contó su experiencia previa, lo que le había gustado y lo que no para que estos tomaran notas y no cometiesen los mismos errores que los anteriores candidatos. Entre todos formularon la lista que les había propuesto a los socios mayoritarios e hicieron una lluvia de ideas para solventar los contras que tenían y reforzar los pros. Mientras se dedicaban a discutir unos y otros, Melinda les mandaba mensajes a otros miembros de la junta para saber cuáles eran sus candidatos y así no repetir, por lo que tenía información actualizada de primera mano. Por ahora, el nombre de Lockhart & Gardner no se barajaba en ningún momento, lo que le permitía respirar tranquila.
- ¿Alguien ha pensado en Lockhart & Gardner? – había preguntado inocentemente. Casi de inmediato, alguien respondió.
- ¿Ese no es el que uno de los socios fue suspendido?
- Sí. ¿Cómo sabes eso? – se había quedado realmente extrañada. El resto de miembros no se movían por el círculo legal. La misma persona contestó rápidamente.
- Pedí consejo a un amigo mío que es abogado. Me lo ha contado. ¿Habías pensado en ellos? – pero antes de contestar se le adelantó el miembro más antiguo.
- No vamos a contar con un bufete que ha tenido problemas legales como ese. Hay muchos peces en el mar. Seguid buscando.
Con Lockhart & Gardner fuera de juego, la competición podía ser mucho más fácil. Los chicos recibieron las buenas nuevas con vítores y aplausos; esta era la inyección de energía necesaria para seguir adelante. Siguiendo con la conversación en pleno directo, los candidatos eran bufetes de medio pelo, no muy grandes para que se pudiesen centrar en el hospital la mayor parte del tiempo y que llevaban ya unos años en marcha. Pero la ilusión seguía ahí y Melinda no iba a dejar que se esfumase.
Tras varios días ultimando los detalles finales y repasando lo que se quería contar junto con el plan a presentar, el día de la verdad llegó. Alicia y Cary serían los que hiciesen la presentación y contarían con el apoyo de Melinda en la sala, por lo que se podrían sentir un poco más queridos.
- ¿Preparados para la acción? – les preguntó antes de meterse ella en la sala de reuniones y empezar a ver las presentaciones.
- ¡Por supuesto! – Cary se mostraba confiado pero al mismo tiempo nervioso. Alicia se fue un segundo para contestar una llamada.
- Lo habéis estado haciendo muy bien estos días. No te preocupes, va a salir bien – le estaba arreglando la corbata; ella también se moría de los nervios.
- Sigues teniendo mucha fe en nosotros, ¿verdad? – Cary la miró y ella se encontró con sus ojos y su tímida sonrisa. De repente sintió cómo ese sentimiento que conocía bien invadía todo su cuerpo, su amor por él.
- Nunca he dejado de creer en ti – le besó, y no le importó que el resto de candidatos estuviesen ahí delante viendo el espectáculo. Se hizo un pequeño silencio.
- ¿También va a estar Sam en la sala? – a Cary no le caía bien y lo dejó constar una vez más en su tono de voz. Pensaba que se mostraba afectuoso con su novia y eso no le gustaba un pelo.
- ¿Celoso? – le dedicó una sonrisa maliciosa. Melinda ya no sabía si tomárselo a risa ya que no podía creer que estuviese de esa forma.
- No, sólo que no me gusta ver lo pegado que está a ti.
- Ya te lo he dicho: es cierto que lo ha intentado un par de veces conmigo pero siempre le he dicho que no. Y nunca desde que sabe que estoy contigo – Melinda dejó su mano en su pecho –. Tranquilo – Alicia volvió –. Me tengo que ir. Os veo dentro en un rato.
Florrick, Agos & Associates entraría de los últimos ya que los candidatos hacían sus presentaciones por orden de antigüedad de sus representantes. Aunque las primeras presentaciones no estuvieron mal, Melinda veía que no tenían pasión por lo que estaban haciendo; era una simple reunión más, nada por lo que rasgarse las vestiduras. Eso jugaba a favor de Alicia y Cary, quienes iban a hacerles ver a los miembros de la junta que ellos eran los mejores abogados que podían conseguir en todo Chicago. Como siempre, los asistentes empezaron entusiasmados pero poco a poco se fueron desinflando por el cansancio de escuchar siempre lo mismo y con cierta parsimonia. Cuando le tocó el turno al bufete, Melinda, que se encontraba con la cabeza apoyada en un brazo, cambió de postura y se irguió en el sillón para darle la bienvenida a Cary y Alicia. La presentación fue extremadamente bien, con mucha energía y pasión, vendiéndose, y vendiendo el plan propuesto, de una forma que no habían visto anteriormente aquel día: dinámico, conciso, claro y con un buen ritmo. Como les había aconsejado ella, los dos no establecieron contacto visual con ella en ningún momento ya que era al resto al que había que convencer. Los demás integrantes respondieron muy bien, con buenos comentarios hacia ellos en privado, pero todavía quedaban un par de presentaciones más. Cuando terminaron todas, se agradeció su presencia a todo el mundo y se les comunicó que al final del día conocerían quién sería el afortunado.
La votación fue de lo más tranquila. Todo el mundo tenía claro su voto y sus argumentos para apoyarlo. Melinda no se esperaba realmente el resultado pero sí que notó la sensación de que el bufete había hecho un gran trabajo de todas formas. Cuando todo hubo terminado por completo, decidió marcharse a las oficinas de Florrick/Agos y contarles lo que había pasado. Nada más entrar en ellas, vio cómo todo el mundo giraba su cabeza y la miraba atentamente.
- ¡Hey, atención! Quiero deciros que habéis hecho un trabajo estupendo y que estoy muy orgullosa de vosotros. Era difícil, lo sé, pero al menos hemos participado, ¿verdad? – podía ver cómo las caras de la gente perdían el brillo al oír sus palabras –. ¡Y hemos ganado! ¿Quién quiere celebrarlo? – sacó las botellas de champán y se las dio a Robyn, quien le dio un gran abrazo.
Se volvieron locos aplaudiendo y silbando. Cary llegó hasta ella con cierta dificultad por el gentío que se había armado.
- ¿En serio? – se le notaba entusiasmado, con el brillo de la victoria en los ojos.
- ¡Totalmente! ¡Les habéis encantado! No han dudado un segundo en votar por vosotros – Cary la besó cogiéndola dulcemente por la nuca, perdiendo sus dedos entre su pelo.
El resto descorchó las botellas y empezaron a llenar las tazas que aquella mañana simplemente habían llevado café. El ambiente tan alegre era contagioso, una buena vacuna para los días grises que habían tenido y que no tardarían en venir. Como dijo una vez Cary: "tenemos que celebrar las buenas noticias cuando llegan porque habrá muchas malas noticias".
