–¿Tienes problemas en casa, Kendall?
Me recosté en la silla y solté un suspiro. –Todo el mundo tiene problemas en casa. Por suerte mi vida es bastante aburrida y nunca pasa algo realmente dramático. Sólo cuando llega la abuela y entonces mamá y ella discuten.
–¿Cómo te sientes cuando lo hacen?
–¿Cómo crees que me siento? Igual que todo los chicos con problemas en casa. Sólo quiero que se callen y dejen el drama, pero...– suspiré –supongo que las mamás y abuelas son así. Les gusta pelear y odian cuando la otra tiene razón. Tú sabes.
–Claro.– Sacó una caja y quitó la tapa. –¿Eres feliz, Kendall?
Me encogí de hombros. –Supongo que tengo todo lo que necesito y soy afortunado por eso. Una casa, comida, educación... ¿qué más podría pedir?
–En estos últimos meses las casas cambiaron, me dijo tu mamá que había conseguido trabajo. ¿Qué tal le va?
–Pasa estresada. No sé por qué estudió esa mierda de maestra, esos niños sólo son molestar. No tiene tiempo para casi nada y siempre está en el trabajo atareada.
–¿No está en casa?
–Sí, obvio. Pero llega noche y se encierra en su oficina a revisar esas cosas y el fin de semana pasa durmiendo.
–¿Entonces pasas todo el día con Paul?
–No.– rodé los ojos y me apoyé en el codo. –Es obvio que él tiene eso de estrés sexual o como se diga, sale con sus amigos a clubes y lugares para tener sexo con mujeres, una vez llegó con una rubia con grandes senos, y en verdad fue asqueroso, él casi se ahoga metiendo su cara entre ellos, fue una mierda.
–Oh, entonces él ya dejó de...
–Sólo lo intentó una vez.– tuve que detenerlo. Se veía tan feliz, y ahora estaba triste y hasta enojado. –Yo estaba en la ducha, él entró ahí sin camiseta y entonces yo entré en pánico y agarré el shampoo y le di en los ojos, me dio un puñetazo y a como pudo salió.
–Y por eso los labios rotos...– se recostó en su sillón y suspiró.
–Ajá.– él se levantó y caminó hacia su máquina de café. –Pero sólo fue una vez, creo que "descubrió" que las prostitutas le dan más ¿facilidad? Como sea, se entiende.
–Sí entiendo.– dijo sirviéndose una taza de café. –No debería, pero... ¿quieres algo?
No quería aceptarlo, pero en verdad hacía semanas desde que lo instalaron que quería probar esa máquina. –Un chocolate caliente estaría bien.
–Genial.– preparó otra taza. –¿Y cómo estás con todo eso?– el me miraba seriamente y parecía que le importaba lo que decía, de seguro algo tramaba.
–Bien.– me encogí de hombros. –Llego de la escuela, hago mis tareas y duermo.– sacó la otra taza y caminó a mí.
–¿Y la cena?– me la entregó y arrastró su silla hasta estar a la par mía, se sentó.
–¿Quién necesita cenar?– tomé un sorbo.
–Kendall.– lo decía en regaño, sabía que iba a venir con su sermón de mierda.
–A veces como cereal.
Suspiró. –Al menos es algo.
–Me estresa comer. Me gustaría que sólo comiéramos una vez a la semana o algo así. Desprecio tanto tiempo cocinando y comiendo. Bueno... A veces mamá me pasa a mi cuarto una hamburguesa o algo para cenar mientras hago la tarea, Paul le dice se no gaste más energía y vaya a dormir, pero sí en tiempo perdido.
–Me acordé de algo.– tomó un sorbo –¿Qué hay de tus amigos?
–Hmn. No tengo muchos amigos. Y ellos tienen otros amigos más interesantes.
–Pero ¿tienes alguno que es realmente tu amigo?
–Solía tenerlo.
–¿Qué pasó?
–¿Podemos seguir la otra semana?
–Nos quedan 18 minutos.
–Pero no me siento bien, realmente quiero irme.
–¿Por qué no te abres? Eres toda una caja de emociones y no me dejas entrar. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué hay ahí dentro? ¡Estábamos tan bien hace un momento, Kendall!– se levantó y dejó su taza en la mesa. Yo tomé de la mía, iba casi a la mitad y no me daba cuenta. Él buscó algo en sus cajones.
Me encogí de hombros. –No lo sé.
–Tú deberías saberlo mejor que nadie.
Suspiré. –Últimamente no me importan algunas cosas.
–Oh, entonces de ahí viene tu desorden alimenticio.
–Supongo.
–Toma.– sacó una caja, quitó la tapa y era un cuaderno azul con líneas blancas de la tapa y un lápiz de escribir con borrador. –Si no quieres hablar conmigo o con alguien más, puedes hacerlo aquí. Es peligroso que guardes todo para ti mismo.
–No quiero.
–¿Qué cosa?
–Esto.
–¿De qué hablas?
–Olvídalo.– me levanté y agarré su caja con las cosas. –Voy a agarrar tu estúpido cuaderno sólo para no ver más tu maldita cara.
Sonrió. –Es un proceso.– Se acerqué a la puerta cuando, pero me detuve y volteé escuché unos pasos. –Dile a tu mamá que necesito hablar con ella mañana, puede venir a la 1.– decía mientras se quitaba su bata blanca y se ponía su chaqueta negra. –En su hora de almuerzo.
–¿Por qué?– pregunté con un poco de miedo, no quería que este loco dijera cosas que no eran verdad, y menos con mi mamá.
–Oh, también necesito que venga Paul.
–¿Eh?– ahora sí estaba aterrado.
–Puedes y debes estar aquí.
–¿Qué mierda estás tramando?
El sonrió de lado y suavemente caminó hacia mí, me puso la mano en el hombro y me dio un apretón. –Las cosas van a mejorar, Kendall.
[…]
Me pasé buena parte de la noche pensando en lo que estuviera planeando Logan. Últimamente ha estado muy encima mío, siempre me pregunta cosas más de la cuenta, sé que él es mi psicólogo pero... Es algo diferente. No sé si pueda explicarme bien o mejor, pero no es como antes. A veces me preocupa que arruine más mi vida.
Di vueltas un par de veces, puse el plato donde mamá me había dado una hamburguesa para la cena y lo puse en mi escritorio. Me senté en la cama y empecé a recordar a mi papá, y después cuando éramos felices todos... Recuerdo cuando las cosas eran en verdad mejores... Pero todo empezó a volverse horrible. Poco a poco recordé las decepciones de mi vida, mis vergüenzas en la escuela, las cosas que escuchaba decir de mis compañeros y chicos de la escuela a mis espaldas, los golpes de Paul y las cosas horribles que me decía, todas las veces que mamá no me creía, la vez que llegó Amber y tuve aquél problema...
Y entonces estaba llorando, echo una bola en mi cama, con dolor de cabeza. Me agarraba el pelo y no podía respirar. Empecé a gritar, no sé si fue en mi mente o en realidad. Me levantaba de la cama y caminaba por el lugar, mi cuarto, el baño.
Abrí el botín de mi mamá en su cuarto y saqué un paquete de pastillas, cuarto pastillas en mi garganta, bajando con agua del tubo del grifo del lavamanos. Sólo quería que el dolor desapareciera, sólo quería dormir. Sólo quería paz por unas horas.
Cuando llegué a mi cuarto empecé a sentirme mareado, me acosté en la cama y me cubrí con las sábanas y almohadas, tenía frío y me estaba congelado todavía. Cerré los ojos con sueño, pero los abría de golpe, tenía miedo de dormir. Pero tenía tanto sueño que me estaba matando. Y sólo caí con miedo de morir y no hacer todo lo que tenía planeado.
Es corto, pero hey! Es sólo para que medio supieran lo que pasó en entonces "meses" en la vida de Kendall. Esto está volviendo! Conseguí una motivación y una idea para continuar esto, gracias a un libre de auto... Bueno algo así como un libro de motivación o algo de la biblioteca de mi colegio.
Qué creen que pase ahora?
