*Perdonad la espera. En este capítulo vuelve uno de los personajes más querido por los fans de la serie: Colin Sweeney. Vamos a ver cómo se toma su visita Melinda.
Espero que os guste y no dudéis en dejar vuestras impresiones*
20
No es tan fiero el león como lo pintan
- ¿Ese es…? – Cary asintió.
Melinda pensó por un instante que estaba en un sueño un tanto perturbador. Sabía que él había sido cliente de Lockhart & Gardner antes y que su estima por Alicia era difícil de calcular pero, ¿qué hacía en las oficinas del nuevo bufete?
- ¿Colin Sweeney? ¿En persona? – no se podía quitar el asombro que tenía en el cuerpo.
- Tal como lo ves.
- ¡Vaya! ¿Me lo vas a presentar? – Cary no pudo reprimir un gesto de extrañeza.
- ¿No te da miedo? Mató a su primera mujer.
- Bueno, salió inocente aunque todo el mundo lo sabe. No me da miedo; me parece un tipo fascinante.
- ¿Fascinante? – Cary volvía a tener ese gesto que combinaba extrañeza y sorpresa en su rostro.
- Sí. ¿Es raro que lo suelte así? Me parece muy inteligente, por eso no descubrieron que él mató a su mujer. Aunque si lo piensas yo también podría cometer el asesinato perfecto. Soy médica y he visto muchas series policíacas. Horatio Cane no podría descubrirme nunca – ella sonrió y él le respondió con otra sonrisa.
- Vale, si quieres te lo presento. Está esperando a Alicia.
- ¿Tenemos nuevo cliente?
- Puede ser – respondió Cary enarcando una ceja.
Melinda tenía el día completamente libre, sin papeleo de por medio o haciendo de niñera para su hermana, por lo que decidió pasarse por el bufete para ver cómo iban las cosas. La cuenta del hospital no sólo les estaba dando trabajo a los allí presentes, sino también una inyección de dinero que verían pronto con sus servicios. Se alegró de que todo estuviese saliendo bien, lento, pero con buen paso. El nombre de Florrick/Agos se estaba oyendo más que nunca y eso atraía hasta a los más curiosos, por lo que parecía que el futuro pintaba bastante más prometedor que hace unas semanas.
Cary la acompañó hasta Colin Sweeney, quien parecía divertirse internamente con la actividad de la oficina. Melinda dio un par de buenas bocanadas de aire preparándose para el encuentro. Colin Sweeney era el O.J. Simpson blanco, como muchos le apodaban. Había sido acusado de matar a su primera mujer hace unos años, pero fue declarado inocente al descubrir el cuerpo de la difunta en la granja que había adquirido su hija para dedicarse el día de mañana a hacer mermeladas y todo tipo de compotas. Todo el mundo sabía que había sido él y su actitud no ayudaba a que esa nube negra se fuese para siempre sobre su cabeza. Colin había desarrollado un sentido del humor retorcido y algo grotesco que, unido a sus preferencias sexuales muy particulares (sadomasoquismo) y a su pinta de Hannibal Lecter, hacían de él una persona aterradora aunque interesante. Por lo menos para Melinda, quien no sólo lo encontraba fascinante sino también refrescante. Le parecía un hombre de lo más inteligente, un poco perturbador pero con quien se podría tener una conversación de lo más enriquecedora. En el fondo estaba encantada de intercambiar unas palabras con él.
- Señor Sweeney, le presento a Melinda Cavanaugh, una de nuestras socias.
- Mucho gusto, señor Sweeney – dijo ésta firmemente tendiéndole la mano.
- Un placer, señorita – Colin le cogió la mano y se la besó.
- Todo un caballero, por lo que veo – Melinda había venido a jugar a su juego. Le había visto a veces por televisión y, junto con lo que su novio le había contado, creía saber por dónde iban a ir los tiros.
- Siempre – sonrió y ella hizo lo mismo. De repente, Zepps llamó a Cary, por lo que ellos dos se quedaron a solas –. Así que una socia… ¿Va a llevar mi caso?
- ¿Se ha portado mal, señor Sweeney? – Melinda lo dijo de forma traviesa, como si fuese una niña mala. Él se rio y terminó con una sonrisa un poco lasciva.
- Oh, no, en todo caso sería mi compañía, pero siempre estoy dispuesto a portarme mal – no dejó un segundo ese sentido del humor tan característico suyo.
- Entonces mejor dejémoselo a los profesionales, como Alicia.
- ¿No quiere hacerse cargo de mi caso, señorita Cavanaugh? – él hizo como que estaba haciendo pucheros.
- ¡Oh, no es eso! Es que no soy abogada, sólo creo en las causas justas, como esta – Colin Sweeney estaba totalmente metido en la conversación, deseando saber más. Le había picado la curiosidad.
- ¿A qué se dedica entonces? ¿Castiga a los niños malos? – seguía teniendo ese tono travieso en la voz.
- Soy doctora, pediatra, entre otras cosas. Pero si se portan mal en mi consulta, entonces sí que los castigo. ¿Usted no quiere ser un niño malo, verdad? – ambos se rieron.
- Yo siempre soy un niño malo, señorita.
- Oh, no, usted es el O. J. blanco, por lo que es más un "hombre malo" que un "niño malo" – ella sonrió como lo había hecho antes él, lascivamente, pero sólo era una forma de provocarlo.
- ¿Usted también cree que maté a mi primera mujer, Melinda? ¿Puedo llamarla Melinda? – esta asintió antes de contestar.
- No es que lo piense, es que estoy segura de ello, pero que haya salido inocente ante un juez sólo me da más pruebas de lo inteligente que es usted, Colin. ¿Puedo llamarle Colin?
- Sólo si realza mi figura de esa forma – volvió a sonreír, dejando al descubierto sus dientes blancos –. ¿No le doy miedo?
- No – se puso seria por un segundo –. Creo que usted es un hombre fascinante.
- Fascinante – volvió a repetir él, saboreando cada letra del adjetivo en su paladar –. Poca gente me ha definido como "fascinante".
- Ya tiene a otra más por aquí entonces.
- Usted me parece fascinante ahora. Cuénteme más – en ese momento, Alicia apareció por la puerta –. ¡Alicia, qué agradable volver a verla!
- Señor Sweeney – para ella no era tan agradable. Desvió brevemente la mirada hacia Melinda y la sonrió –. ¿Qué hace por aquí?
- Matando el tiempo – Alicia tragó saliva; Melinda se rio tímidamente –. Oh, es una broma, querida. Mi empresa se ha metido en un pequeño apuro.
- Pase por aquí y veamos qué es.
- Un placer hablar con usted, Melinda – le volvió a besar la mano.
- El placer ha sido mío – sonrió.
Colin Sweeney tenía la empresa Herald Equity, la cual podría traer al bufete más de veinte millones de dólares, por lo que les interesaba bastante tratarle lo mejor posible. Cary le había contado hace tiempo que él había sido de los primeros en mostrarse entusiasmado con el nuevo bufete cuando se enteró de que estaban interesados en adquirir espacio para oficinas en uno de los edificios de la ciudad de los que era propietario, incluso cuando supo que Alicia no estaba entre los que saltaban del barco en ese momento. Melinda vio cómo Sweeney se sentaba y empezaba a charlar con su interlocutora mientras se iba hacia el escritorio de Cary, quien estaba revisando unos papeles. Sin embargo, a veces se quedaba mirándola por un minuto o dos.
- Ya veo que has sobrevivido – le dijo dirigiendo toda su atención hacia ella.
- Me ha dicho que soy fascinante – no podía negar que le resultaba gracioso el comentario.
- En eso estoy de acuerdo con él – se inclinó sobre él y le besó antes de sentarse en la silla que estaba enfrente de la suya.
- ¿Necesitas una mano? Puedo hacer labores de secretaria si es preciso – de repente ladeó la cabeza y se mostró comprensivo y atento. Le cogió la mano.
- ¿No deberías disfrutar de tu día libre en vez de seguir trabajando? ¡Te lo mereces más que nadie! – le palmeó suavemente la mano con la otra que tenía libre.
- ¿Me estás echando? – puso un tono divertido, mostrándose de acuerdo con la idea.
- Totalmente – él le volvió a besar –. Una cosa, antes de que te vayas. ¿Qué te parecería la idea de hacer una fiesta por Navidad, aquí, en las oficinas? Ha sido idea de Robyn para captar más clientes.
- Nada mal, es una buena oportunidad para celebrar y sí, conocer a clientes potenciales. ¿Alguien se está ocupando de eso? Podría dejar al cargo a quien me organiza las galas benéficas. ¿Qué piensas?
- Perfecto. Si quieres Robyn puede ayudarte cuando no esté investigando algún caso.
- No pasa nada. Cuando puedas, dame la lista de clientes que queréis que vengan. Y necesito un límite de presupuesto cuanto antes. Tiraré por lo bajo pero que no se note mucho – se empezó a reír. Cary la estaba sonriendo como un niño sonríe a su madre, sabiendo que había dado en el clavo –. ¡Me voy de aquí!
Nada más salir por la puerta, lo primero que hizo fue llamar a Silvia, su organizadora de eventos. La había conocido hace años a través de su madre ya que esta y la de Silvia eran amigas. Le comentó lo que quería preparar y la invitó a ir a su apartamento, donde pasaron casi todo el día juntas. Primero se concentraron en lo que querían hacer, una fiesta con motivos navideños, con un presupuesto pequeño y un montón de invitados, luego pasarían al vino y las anécdotas personales. Se fueron poniendo al día en sus vidas: Silvia llevaba saliendo durante un par de años con un profesor universitario que enseñaba literatura inglesa y estaba esperando a que hiciese la gran pregunta. Melinda, por su parte, le estuvo contando para quién era la fiesta. Sobre las ocho de la tarde, Silvia se marchó y ella decidió ponerse a jugar al ordenador un rato para así desconectar de todo y de todos.
Melinda se consideraba lo menos femenino que se había encontrado en la vida. Le habían educado tanto con juguetes de niña como de niño, por lo que siempre le interesó que Barbie tuviese un coche para ir a las tiendas a comprarse ropa; nadie podría patearse un lugar como ese con esos tacones. Luego vería que jamás querría ser como la rubia de medidas de ensueño que no llevaba bragas bajo las faldas. Nunca le había interesado ir de compras, ni maquillarse, ni pintarse las uñas, es más, esto último lo empezó a hacer para quitarse el mal hábito de mordérselas, lo cual consiguió, pero no porque le gustase, aunque terminó haciéndolo. Disfrutaba con los videojuegos, sobre todo con aquellos que implicasen conducción y un toque violento, sacando todo sentimiento negativo que estuviese albergado dentro de ella. Por eso, y porque el rollo femenino nunca le había llamado la atención, se acercó siempre más a los chicos que a las chicas, con quienes conectaba más porque sus gustos eran parecidos. Una parte de ella pensaba que por esto tendría más posibilidades de conseguir un novio, pero realmente jugó el papel opuesto, pensando estos que era una más del grupo y no alguien en el que fijarse. Luego llegó a pensar que, por varias razones como su éxito en los estudios o su inteligencia, los hombres le tenían cierto miedo. O que podría morderles si se sobrepasaban con ella, dependiendo del día que tuviese. Con el tiempo, Melinda se dio cuenta de que estaba mejor siendo un pájaro libre, sin ataduras, y que el amor verdadero llegaría cuando este quisiese. Por ahora se seguiría relajando con sus videojuegos de simulación de conducción, con los que podía pasar horas enfrascada sin darse cuenta. Cary había sido, en mucho tiempo, de los pocos hombres que apreciaba cada cualidad de ella, por mínima que fuese, y que le parecía refrescante y sorprendente por partes iguales. "Eres fascinante", se recordó las palabras de Colin Sweeney.
A este lo encontró un par de días más tarde en el mismo lugar reunido con Alicia y Cary. En cuanto la vio, le sonrió, a lo que Melinda respondió de la misma manera. Ambos interlocutores se dieron la vuelta y vio cómo Sweeney les dijo algo, lo que provocó que su novio le hiciese señas para que fuese hasta ellos. Se quedó un poco sorprendida, pero decidió hacerle caso impulsada por su curiosidad.
- Melinda, un placer verla de nuevo – le saludó con esa sonrisa lasciva en su rostro.
- Colin – hizo un gesto con la cabeza.
- Me preguntaba qué pensaría una mujer como tú sobre lo que los socios me proponen, llegar a un acuerdo en vez de seguir con el juicio.
- Si es lo que piensan los socios – les dedicó una breve mirada –, entonces creo que debe aceptar el acuerdo. No querrá perder dinero, ¿verdad, Colin? Sería un castigo para el "niño malo" que habita en usted – este sonrió ante el comentario.
- Oh, querida, es usted una delicia.
- Espero haberme salvado y no estar en su lista negra. Podría acabar a dos metros bajo tierra y no quiero que llegue ese día tan pronto – se la estaba jugando pero él parecía disfrutar de la dinámica que tenían. Alicia y Cary parecían haberse quedado helados.
- Usted nunca estará en mi lista negra. Sería una pena que el mundo perdiese a un ser como usted – se hizo un pequeño silencio, pero él lo rompió casi de inmediato –. Me enteré el otro día que mi hijo es uno de sus pacientes – Melinda enarcó una ceja a modo de respuesta –. ¿Stanton?
- ¿De verdad es su hijo? Es un amor, y muy guapo. Ya sé de quién ha sacado eso – le guiñó un ojo siguiendo el juego un poco más.
- No me haga sonrojarme delante de estas personas, por favor – ambos sonrieron y pareció que la tensión del momento fue aflojándose.
- Es raro que no le haya visto nunca con su hijo por la consulta, siempre va su madre sola. Isobel, ¿verdad? – él asintió antes de contestarla.
- Bueno, ya sabe, puedes pillar un catarro en cualquier sitio, pero a partir de hoy tengo una buena excusa para ir con él. Ya lo creo que sí – Sweeney le dio un repaso de arriba abajo. Alicia y Cary no sabían dónde meterse. Sabían que no estaban pintando nada en aquel lugar.
- Oh, es usted un pillín, señor Sweeney. Será mejor que le deje terminar, todavía tiene negocios que atender – mientras se dirigía a la puerta, le guiñó un ojo a Cary y este sonrió.
Le encantaba jugar al juego de Colin Sweeney, no lo podía negar, se lo pasaba como una niña pequeña. Era peligroso pero terriblemente excitante, quitándole todo el contexto sexual que pudiese llevar el adjetivo; una forma de medirse con el humor, una pizca de travesura e inteligentemente. No estuvieron más de diez minutos reunidos cuando estos salieron animados, sobre todo el cliente. Cary se acercó rápidamente a ella.
- ¿Qué ha sido eso? Por un momento he tenido miedo por ti – se le notaba preocupado, tanto que le estaba agarrando la cintura gentilmente. Melinda creía que se lo estaba tomando demasiado a pecho.
- ¿Por qué? ¿Porque he entrado en un juego con Sweeney? ¡Si le encanta! Hace que su vida sea menos… aburrida, podríamos decir – Melinda intentaba tranquilizarlo, pero veía que no estaba resultando efecto –. Cary, no te preocupes, sé dónde me meto. Colin Sweeney, el mataesposas. ¡Ni que me fuese a casar con él, por Dios!
- Ten cuidado, Mel. No es de fiar – como si le saliese del alma, ella le acarició el rostro y le dio lo que iba a ser un beso fugaz. Sin embargo, él se recreó un poco más en el gesto.
- ¡Oh, venga ya! Melinda, me acaba de romper el corazón – Colin Sweeney era un melodramático de cuidado, así que ella se lo tomó a broma.
- Nunca me preguntó si ya tenía a alguien especial, Colin. Tendrá que ponerse a la cola – seguía con el juego. No tenía miedo, se mostraba segura de sí misma.
- No lo dudaré, querida, no lo dudaré – de repente miró a Cary seriamente –. Señor Agos, cuide de ella. Es una mujer extraordinaria – este hizo un gesto con la cabeza en señal de aprobación.
La pareja contempló atenta cómo Colin Sweeney desaparecía de la oficina y se encaminaba hacia el ascensor, donde luego se esfumaría y volvería a su habitual rutina. "¿Alguna muerte más de por medio?", pensó Melinda, quien se podía imaginar la escena perfectamente. Cary se fue a su escritorio seguido por su novia.
- Parece que le has caído bien. Eso no lo puede decir todo el mundo – estaba sentado y con predisposición a ponerse a trabajar en el resto de clientes que tenía.
- Yo creo que se ha convertido en mi fan número uno. Espero que mi madre no se enfade – y le sonrió.
