Compañeros

Hermione estudiaba con detenimiento su horario, e hizo una mueca de disgusto al ver que la primera clase que tendría que atender era Pociones en la mazmorra cinco. Era la asignatura que más trabajo le costaba superar con buena nota, y no porque no tuviera la capacidad suficiente para ello, sino porque Snape únicamente favorecía a los alumnos de Slytherin e ignoraba a los demás, como era de esperar.

Hizo un sonido de disgusto al pensar que tendría que volver a soportar a Malfoy y a su séquito durante una hora, y con resignación cogió los materiales necesarios y se dirigió hacia allí.

Llegó a la mazmorra con antelación, puesto que siempre le gustaba ser la primera para coger el sitio que se encontrara más cerca de la mesa del profesor, pero se sorprendió al encontrar a otro alumno ya preparado para la clase.

Reconoció la melena rubia al instante, y sin mediar palabra fue hacia la primera fila, en la cual Draco también había decidido instalarse, pero en el otro extremo. Lo miró de reojo, percatándose de que él también había decidido ignorarla. Bueno, aquello era una buena señal, quizás hoy no tendría ganas de molestarla.

Sin embargo, una vez puestos los ojos en él, ya no pudo apartarlos. Sin darse cuenta empezó a notar el cambio que se había producido en el Slytherin, de cómo había crecido durante el verano; quizás ahora él le sacara más de una cabeza. Draco cambió de postura y se apoyó sobre su brazo derecho, haciendo que la camisa se tensara bajo los músculos de éste, y causando que Hermione se ruborizara inesperadamente.

Entonces Draco desvió la mirada de su libro y la fijó en ella. La media sonrisa burlona tan habitual en él comenzó a aparecer, y Hermione se percató de repente de como la había sorprendido examinándole. Se ruborizó aún mas, haciendo que Draco riera y se girara hacia ella

- ¿Has visto algo que te haya interesado, Granger? - Le preguntó alzando una ceja, sin dejar de sonreír.

- Por favor Malfoy, solo estaba asegurándome de que estabas lo suficientemente lejos de mí para que no pudieras molestarme durante la clase - Declaró a la defensiva y con la cabeza alta.

Draco volvió a reir, divertido ante el orgullo de la Gryffindor - ¿Pues sabes que es lo que yo creo? Que te has dado cuenta por fin de lo atractivo que soy, por eso estabas mirándome de esa forma tan obsesiva - Añadió con tono burlón mientras se levantaba y se acercaba a la chica.

Cuando estaban ya muy cerca, se inclinó ligeramente, y decidido a hacerla sentir incómoda, prosiguió - pero claro, es normal que acostumbrada al mediocre de Weasley te sientas ahora atraída por alguien tan excepcional como yo, ¿no crees? -

- Ni en tus sueños, Malfoy - masculló Hermione, intentando que no notara su alteración mientras éste cogía un mechón de su pelo.

Empezaron entonces a oír los pasos de varios alumnos que se dirigían ya hacia el aula de pociones, y con una última sonrisa Draco se separó de ella lentamente y fue de nuevo hacia su sitio, antes de que alguien pudiera verles tan cerca.

Los asientos empezaron a ocuparse, y Harry y Ron fueron hacia ella para colocarse a cada lado de la chica, mientras charlaban animadamente sobre cómo estaba siendo la vuelta a Hogwarts.

- Espero que este año Snape no haga las clases tan tediosas como siempre - Se quejó Ron, a lo que Harry asintió, mostrando también su disgusto - Y que no se pase alabando a sus Slytherins toda la hora, para variar… - Añadió, percatándose en ese instante de la mirada de advertencia de Hermione - ¿Qué pasa Hermione? -

- Pasa que es la primera clase y que ya habéis contribuido a que Gryffindor pierda cinco puntos - Sentenció Snape a sus espaldas, haciendo que Ron y Harry se volvieran de un salto. Ron masculló por lo bajo una maldición, mientras el profesor se situaba tras su mesa con una sonrisilla, disfrutando de su autoridad.

- Este año empezaremos con la preparación de la poción "Filtro de la Paz" - comenzó Snape sin más dilación - Os aconsejo que prestéis mucha atención, puesto que es una poción que suele aparecer en los T.I.M.O., y os recuerdo que exijo en pociones un sobresaliente para poder continuar en mi clase - Añadió mientras observaba de forma severa a los alumnos.

- De acuerdo, comenzaré por dictar los ingredientes - Indicó, mientras empezaba a pasearse por el pasillo del aula, y a la vez que Hermione sacaba a toda prisa su cuaderno y comenzaba a apuntar frenéticamente - Para el "Filtro de la Paz" será necesario añadir polvo de ópalo, remover tres veces en sentido contrario a las agujas del reloj y dejar hervir a fuego lento durante siete minutos. A continuación habréis de añadir dos gotas de jarabe de eléboro - Dictó sin hacer ninguna pausa.

- Esta poción tendrá los efectos de calmar la ansiedad y aliviar el nerviosismo, siempre y cuando sigáis al pie de la letra mis instrucciones, claro está - Prosiguió, dando la vuelta y dirigiéndose de nuevo hacia su mesa.

- Está bien, puesto que no voy a aguantar que se pierda tiempo en mi clase, yo mismo indicaré como se harán las parejas para realizar esta poción. Cada alumno tendrá de compañero a aquel que esté situado a su izquierda. Encontraréis los ingredientes en los armarios de los laterales; podéis comenzar. - Finalizó, y se sentó en su silla, desentendiéndose del alumnado al instante.

Hermione se giró hacia su izquierda para descubrir a Ron mirándola con una gran sonrisa. Se la devolvió de forma tímida, pero interiormente estaba algo descontenta. Ron no era precisamente uno de los alumnos más brillantes en pociones, y como siempre tendría que hacer ella todo el trabajo. Además, desde que volvieron de vacaciones había estado comportándose de una forma algo extraña… pero en fin, debería estar contenta de tener un compañero de confianza.

- ¡Bueno empecemos! Ron, ¿podrías ir a reunir los ingredientes mientras yo voy preparando el caldero? - Le preguntó Hermione, mientras le entregaba la lista de lo que tenía que obtener, - Sí, ¡Cómo no! - sonrió Ron, y se dirigió felizmente a uno de los armarios.

Hermione miró por un momento a su izquierda, para descubrir a Pansy agarrada al brazo de Draco, visiblemente encantada de tenerle como compañero. Lo que le sorprendió fue ver en la expresión de él una mueca de disgusto y resignación, posiblemente ya cansado de la adoración que le profesaba la Slytherin, pero esto no pudo sino arrancarle una sonrisa a la chica castaña.