*¡Damos la bienvenida a agosto con un nuevo capítulo del fic! Esta vez vamos a ver a Melinda adentrándose un poco más en el bufete, lo que le puede traer un nuevo rol muy interesante.
Espero que os guste y animaos a comentar*
21
Algunos cucos buscan nuevos nidos
Mientras la fiesta ya estaba más que preparada y con las invitaciones enviadas, eran estas últimas las que estaban trayendo por el valle de la amargura a los socios de Florrick, Agos & Associates. Como parte del grupo, Melinda se pasó por allí antes de ir a trabajar al hospital y así ver cómo podían resolverlo. Por un momento creyó que iban a causarle un dolor de cabeza a primera hora de la mañana debido a que aquello parecía una jaula de grillos con tanto grito. "Esta gente es demasiado enérgica desde por la mañana. No perteneces a aquí", se dijo a sí misma intentando todavía despertarse, aunque ellos ya lo habían conseguido. Por cómo actuaban, pocas personas se habían dado cuenta de la presencia de Damian Boyle en las oficinas. Cuando fue hacia el escritorio de Alicia, este le dedicó una breve sonrisa y ella no pudo más que devolverle el saludo con su cara de pocos amigos. ¿Qué hacía el tipo ese por aquí? ¿Qué les iba a robar ahora, la ropa interior?
- Deberíamos invitar al marido de Alicia – dijo Robyn entre tantas voces. Cary estaba intentando mantener tranquilas a las fieras pero le resultaba una dura tarea.
- Alicia va a decir que no. No quiere que dependamos de Peter; son asuntos separados, trabajo y familia – respondió él mismo. Tenía razón, ya habían utilizado a Peter, aunque de forma inesperada, con el tema de Chumhum. Él se ofrecería sin dudarlo, quería ser testigo del nuevo comienzo laboral de su mujer pero los invitados…
- No creo que Peter Florrick quiera compartir espacio ni aire con tipos como Colin Sweeney al que representamos – todo el mundo miró por un segundo a Melinda –. No le viene bien para su imagen; a nosotros nos viene genial porque así seguimos manteniéndole en el bufete pero a él…
- Hay que consultárselo pero nada es seguro. Hay treinta personas que nos han confirmado su asistencia y hemos mandado 800 invitaciones. Necesitamos algún reclamo para que venga más gente – a Cary no le gustaba mucho la idea, se le podía ver en la cara, pero era la única solución que tenían en esos momentos.
- ¿Con un Florrick no les basta? Quienes les va a representar es Alicia, no Peter. Tenemos que hacernos más grandes para no caer en la misma jugada – Melinda no ocultó su cara de malestar. Todavía había un largo camino que recorrer para poder compararse con Lockhart & Gardner.
- Las cosas están difíciles y más con la "otra fiesta" – la gente volvió a formar barullo, por lo que era imposible oírse los unos a los otros.
Tras hablar momentáneamente Alicia con Clarke Hayden, quien había estado atento a la discusión que se estaba llevando a cabo en la sala de juntas, decidieron que ya era hora de meterla en la conversación.
- Metamos a Alicia en esto – Cary se estaba acercando a ella, quien estaba en una de las salidas de la sala sin puertas –. Hemos enviado 800 invitaciones para el viernes noche y tenemos treinta confirmaciones.
- ¿Para la fiesta de vacaciones? ¿Treinta confirmaciones? – Alicia se mostraba sorprendida y no era para menos. Si sólo tenían treinta personas allí, la fiesta iba a ser un desastre total.
- Sí, estamos pensando qué hacer – parecía que Robyn no podía estarse quieta sin meterse de por medio. Por una parte, le volvía un poco loca a Melinda pero, por otra, le gustaba su entusiasmo. Era como un cachorro con ganas de jugar siempre.
- No te queríamos pedir esto pero… necesitamos que invites a tu marido – Cary se sentía incómodo. Ya sabía la respuesta de antemano pero tenía que confirmarlo.
- Vamos, chicos, no podemos recurrir a eso.
- ¡Eso ya lo he dicho yo! – soltó Melinda desde lo más profundo de su ser.
- Si viene el gobernador se incrementarán las confirmaciones – Robyn se mostraba conciliadora y comprensiva.
- Igual la gente está tardando en confirmar. Esperemos otro día – Alicia intentaba escurrir el bulto pero sabía que no tenía salida.
- No, el problema es que otro bufete ha decidido dar una fiesta esa noche.
- ¿Lockhart & Gardner? – parecía que Melinda iba a echar humo por las orejas cada vez que veía cómo el enemigo les hacía el camino más difícil.
- Sí. Aún intentan que muramos de hambre – Cary sabía cómo intentar quitarle hierro a los asuntos.
- Vale – soltó Alicia con un suspiro –. Haré una llamada pero no prometo nada.
- Vale. Gracias – le sonrió y volvió a su asiento.
Melinda comprobó la hora; tenía diez minutos como mucho antes de irse para el hospital y comenzar su jornada. El alboroto dejó paso a una jauría un poco más calmada; al menos se oían los unos a los otros.
- ¿La fiesta está totalmente preparada, verdad? ¿No nos falta nada? – preguntó seriamente Cary.
- Todo listo. Sólo falta traer todo, decorarlo y ya. Lo haremos el viernes por la tarde, no os preocupéis – ella miró a todos y les sonrió.
- Perfecto. ¡Y no ha salido caro! – su cara se iluminó y le palmeó la mano a su novia – Bueno, será mejor que nos pongamos a trabajar.
La gente fue volviendo a sus puestos de trabajo; otro día empezaba en Florrick/Agos. Melinda se despidió de su novio e hizo lo mismo que el resto, empezar con su tarea. La jornada se presentaba más movida de lo normal ya que navidad se acercaba y quería que los niños que estuviesen a punto de ser operados fuesen lo primero en su lista de tareas que hacer. Ya había visto cómo aquellos críos que se encontraban en el hospital pasaban ese tiempo tan mágico del año: rodeados de los suyos, sí, pero con el olor del insecticida en el aire, las paredes blancas, el resplandor de los alógenos, llenos de tubos y rodeados de máquinas mientras estaban postrados en una cama. Poniéndose en su situación, le entristecía de veras verles así, por lo que todos los años intentaba que el mayor número de niños pudiese irse a casa antes de que Santa hiciese su labor nocturna. Otros, porque su condición se lo impedía, tenían que quedarse allí, pero procuraba que no fuese muy traumática poniéndoles decoraciones y pequeños árboles de Navidad en sus habitaciones. Desde hacía un tiempo, Amelia se pasaba por allí con su madre o estando su tía de guardia para jugar con los niños en el cuarto de juegos, donde se lo pasaban todos en grande teniendo a una amiga por ahí que no les trataba como niños enfermos. Melinda le había hecho ver a su sobrina que aquellos críos estaban ahí porque necesitaban la atención de su tía y que esta haría todo lo posible para que pudiesen recuperarse. Al mismo tiempo, le hizo darse cuenta de la enorme suerte que tenía de estar totalmente sana, sin ningún problema excepto algún catarro por el tiempo tan frío y nefasto que normalmente hacía en Chicago cuando el invierno llegaba. Amelia era una niña muy sociable y no le costaba conectar con esos niños, algo que siempre hacía encogerse al corazón de su tía.
Sin embargo, Navidad no era un tiempo mágico, lleno de ilusión y felicidad para Melinda, y llevaba sin serlo por un largo tiempo. Su familia era la causante de ello casi en su totalidad. Desde que le contaron que Santa Claus y los Reyes Magos, festividad que también celebraba como buena medio española que era, no existían, que quienes compraban y ponían los regalos eran sus padres, todo atisbo de magia quedó disipado, haciendo que se cogiese un gran enfado y no quisiese ni un regalo más. Más tarde, cuando las cosas en el instituto se pusieron mucho más serias, las navidades se convirtieron en un momento del año en el que tenía más tiempo pero, a la vez, una mayor carga de trabajo, por lo que no podía disfrutar ni de regalos ni de familia. Y en cuanto a esta, con tantos dimes y diretes entre sus padres y su tía y su abuela, finalmente optaron por no celebrar más las fiestas juntos, por lo que todo resultó ser como un día cualquiera en el que cenaban en familia pero sacando la cubertería, la mantelería y la vajilla buenas. Con los años, a Melinda se le hacía una bola más grande que tragar con tanta celebración, con tanta fiesta y el maldito espíritu navideño. Todo le parecía forzado, demasiado alegre para su gusto, aunque esto cambió un poco cuando Amelia llegó a su vida y empezó a darse cuenta de que "disfrutaba" de la Navidad a través de sus ojos. De todas formas, cuando su sobrina no estaba a su alrededor, seguía odiando esta época del año con toda su alma.
Después del par de operaciones que había programado, y las cuales tuvieron grandes resultados, Melinda vio que era hora de marcharse y dar por concluido el día. Lo que no esperaba era aquella llamada. Mientras iba recogiendo sus enseres, su móvil vibró, noticias de una persona relativamente cercana.
- ¿Sí? – preguntó ella. No le sonaba el número, así que la intriga podía con ella.
- ¿Melinda? Soy Julian, Jenkins – como si de un interruptor se tratase, su cerebro empezó a reaccionar.
- ¡Oh, Dios, tío Juley! ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás? – Julian había sido el tío Juley desde que ella nació. Era su padrino y aunque no se llamaban muy a menudo, sí que habían quedado para comer de vez en cuando.
- Bien, muchas gracias. ¿Y tú? Hace tiempo que no te veo. Debes estar hecha toda una mujer – Melinda rio tímidamente.
- Siempre me dices lo mismo, desde hace años incluso.
- Para mí siempre serás aquella niña tímida que no paraba de curiosear con sus ojos bien abiertos. Deberíamos quedar para comer. Llamaba para eso – le pareció un poco extraño pero últimamente le pasaban cosas muy raras: conocer a Eli Gold, que Colin Sweeney se convirtiese en su fan…
- ¡Por supuesto! Cuando quieras.
- ¿Te viene bien mañana? – se sorprendió de veras. Le parecía apresurado, algo debía de estar pasando.
- A eso lo llamo prontitud. Perfecto.
- ¿En el sitio de siempre?
- Sin duda alguna – le sonrió al teléfono con su imagen en la cabeza, como si lo tuviese enfrente.
Julian Jenkins era uno de los mejores amigos de su padre, como un hermano para él. Se conocieron en el instituto y, aunque sus caminos se separaron, laboralmente hablando, cuando llegaron a la universidad, habían mantenido el contacto durante todos estos años, incluso cuando Richard no estuvo viviendo en el país. Julian era el fundador de Editoriales Jenkins, que terminó de despuntar cuando compró otras editoriales más pequeñas, por lo que su catálogo empezó a incrementarse, ganando así más dinero, comprando hasta algunos diarios y aportando su granito de arena en cadenas de televisión y varias radios. Julian, por otra parte, tenía tres hijos, dos chicas y un chico, con quien Melinda tuvo una corta relación amorosa cuando sólo era una adolescente. De aquello sólo quedó una bonita amistad que todavía perduraba. Douglas estaba casado y tenía un par de críos en casa llamándole "papá".
La llamada de Julian hizo que sus alarmas interiores empezasen a dispararse. ¿Realmente era una comida para ponerse al corriente o podía ser más seria? Nunca antes habían quedado para verse por esas fechas ya que las reuniones para cerrar el año, las cenas de navidad y los compromisos familiares lo hacían imposible, pero tenía que haber un gran motivo para ello. ¿Tendría algo que ver con la caída libre que estaba experimentando la carrera de su padre? Por el momento prefirió no decirle nada a Cary y ver qué estaba pasando realmente. No quería hacerle ilusiones cuando al final podría resultar que era otra cosa.
Al día siguiente, arreglada pero informal, Melinda se dirigió desde el hospital hasta el restaurante en el que había quedado. El Jubilee's se encontraba en el centro de la ciudad, por lo que era muy conocido. Estaba decorado con la elegancia de los años 50 pero manteniendo ciertas cosas propias del momento como el aire acondicionado o la carta, actualizada a algunas exquisiteces pero manteniendo algunos clásicos también. Era el único sitio en el que Melinda sólo acompañaría un buen solomillo con un batido de chocolate. Cuando era una niña, tuvo una época en la que sólo tomaba batidos, variados, pero sólo eso, por lo que a Julian le pareció gracioso ver a aquella enana tomarse un filete con un batido de acompañamiento. Así que, desde ese momento, su pequeña tradición era esa, por muy asquerosa que pudiese resultar en un primer momento.
- Oh, Melinda – se fundieron en un fuerte abrazo que se prolongó unos pocos segundos más de lo normal –. Sí que estás hecha toda una mujer – esta no pudo más que reírse y ambos se sentaron.
- Tú tampoco estás nada mal. ¿Haciendo ejercicio?
- Los nietos me mantienen en forma – sonrió pero se le veía un poco nervioso. ¿Qué estaría tramando? –. ¿Trabajando mucho?
- Más que nunca, entre unas cosas y otras… – no quería mencionar el bufete pero no le extrañaría que él ya lo supiese.
- ¿Nuevos proyectos? – Melinda decidió que era mejor no darle más rodeos al tema. Siempre podía hablar abiertamente con su padrino.
- ¿Qué sabes? – Julian apartó un segundo la mirada dándose por vencido, pero pronto volvió a mirarla.
- Que eres socia de un bufete de abogados. ¡Un bufete de abogados! ¿Dónde quedó eso de que no querías saber nada de ellos?
- Llevo tiempo ayudando a algunos con los casos médicos. Esto de ser socia fue por eso y porque uno de los socios fundadores es mi pareja.
- ¿Y por eso te metiste en eso? ¿Para financiarle? – se veía que aquí venía el discurso que su padre no llegó a darle, pero no quería prologar mucho más el asunto.
- No sólo financio, intento que consigan más clientes. Vale, no soy una de ellos pero eso no significa que no pueda hacer con mi dinero lo que quiera. No ha venido a mí suplicando que lo apoyase, ¡salió de mí! – se estaba empezando a alterar. Lo último que quería era discutir con una persona que veía cada X meses y siempre con resultados positivos.
- Entonces te interesará lo que he venido a decirte – se había puesto serio, como el hombre de negocios que era.
- Así que no estábamos socializando, ¿eh? – Melinda le sonrió y él hizo lo mismo.
- Te has enterado de lo que pasa con tu padre, ¿no? ¿Su carrera? – esta asintió –. Bueno, pues parece que la cosa va a ir a peor en las próximas horas. Siendo sincero, Melinda – se acercó un poco más a ella, tomando una postura de confidencia –, la actitud de tu padre me ha decepcionado mucho. Está en plan chulo y déspota con todo el mundo que no le baila el agua, haciendo lo que quiere en los juzgados casi sin avisar a los clientes primero. ¡Es un desastre! Por eso, unos cuantos de ellos y yo nos hemos unido para buscar otro bufete, uno en el que sepan lo que hacen.
- ¿Y habéis pensado en Florrick, Agos & Associates?
- Exacto – aunque la noticia le había gustado no podía negar que tenía varias dudas al respecto.
- Sabéis que es un bufete neófito, ¿verdad? Lo abrimos hace unos pocos meses.
- Sí, y eso, por muy raro que suene, nos gusta ya que nos sentiremos apreciados de verdad. Melinda, tu padre nos ha hecho mucho daño con su comportamiento. No podemos seguir permitiéndoselo.
- ¿Y qué quieres que haga? ¿Concertar una cita con Florrick/Agos a ver qué dicen?
- Si puedes…
- Puedo y ellos querrán. ¿Con todos o sólo contigo?
- Estaremos todos. Podemos hacerla en nuestras oficinas. Ya me han contado que las vuestras…
- ¿Están en un barrio chungo en el que el camello de la esquina puede atracarte? Bueno… sí – se rio –. Son provisionales, cuando nos podamos permitir unas mejores en otra parte lo haremos. ¿Seguís en el mismo sitio de siempre, no?
- Sí, no ha cambiado el exterior sino sólo el interior. Tendrías que ver la nueva decoración…
Durante un par de horas, padrino y ahijada estuvieron charlando de sus cosas pero dos de los temas más relevantes fueron sobre los hombres de su vida: su padre y Cary. Melinda siguió consiguiendo información sobre el comportamiento errático de su progenitor, muy parecido al de un adolescente, haciendo lo que le viniese en gana y quedándose más solo que la una con el paso del tiempo. Su bufete estaba totalmente perdido y no había forma de volverlo a meter en vereda. Por otra parte, ella le estuvo contando su historia con Cary: cómo se habían conocido, cómo le estaba ayudando con el nuevo bufete, la situación con Lockhart & Gardner… Por un momento se olvidó del verdadero objetivo de la comida y se dedicó a soltar todo lo que tenía dentro, a desahogarse de tanta rabia que había estado acumulando por las jugadas del bufete rival. Julian se mostró comprensivo y siguió interesado en ser cliente después del monólogo que ella le había dado. "Menos mal", se dijo para sí misma.
Debido a que terminaron un poco antes y todavía tenía tiempo antes de seguir con su turno, Melinda decidió pasarse por el bufete y contarles la gran noticia. Sin embargo, a pesar de que se encontraba de buen humor, hubo algo que no le sentó muy bien. Estaba esperando junto con Robyn cuando Alicia, Clarke y Cary salieron del ascensor. Ambas se acercaron a ellos con buenas noticias.
- Gracias a Dios que estáis aquí – se adelantó Robyn mientras las dos iban hacia ellos.
- ¿Qué pasa? – Cary estaba muy serio. Melinda andaba con cautela.
- Tenemos más confirmaciones de asistencia.
- Bien. ¿Cuántas?
- 835 – todos se quedaron con cara de extrañados. ¿Qué narices estaba pasando?
- Perdona. ¿Acabas de decir…? – soltó Cary todavía con el abrigo puesto.
- Sí, 835 personas han dicho que sí.
- No podemos meter 835 personas en nuestras oficinas – Clarke Hayden seguía en estado de shock, intentando procesar el asunto.
- Lo sé – dijo Robyn. Alicia estaba mosqueada.
- ¿Has enviado un comunicado a la prensa de lo de Peter? – a Melinda no le estaba gustando nada esto.
- No, hemos enviado un email de alerta a nuestros invitados. Eso es todo – respondió Cary intentando comprender por qué estaba así su socia.
- ¿Cary? – Alicia se movió unos centímetros para crear una conversación aparte. Clarke, Robyn y Melinda seguían siendo testigos de todo aquello –. ¿Cuándo hemos dejado de actuar juntos?
- Actuamos juntos.
- En el momento en que accedí a llamar a Peter, has enviado un email. Tan pronto como… – Cary seguía teniendo esa cara de extrañeza cuando no comprendía del todo algo.
- La fiesta es mañana – intentó excusarse.
- Entonces dímelo – Alicia optó por mostrarse un poco más comprensiva.
Esta se dirigió hacia su escritorio donde se encontraba una mujer que Melinda no conocía. Más tarde se enteró de que era su madre. En ese instante, decidió recoger el testigo de la socia fundadora.
- ¿Qué ha sido eso? – no quería sonar dura pero no consiguió su objetivo, así que lo remedió ladeando la cabeza.
- No le ha gustado que avisase a los invitados de que Peter venía – se mostraba chafado, casi enfadado consigo mismo. ¿O sería con Alicia?
- Si no lo hacías no iba a venir nadie, es por eso que se lo pedimos – intentaba mostrarle su apoyo y él le mostró una media sonrisa –. ¿Estáis bien? Me refiero a vuestra relación.
- Sí, sí, no te preocupes – pero ella ya estaba preocupada. Cary intentó quitarle hierro sonriendo otra vez y poniéndole la mano en el hombre.
- ¿Seguro? No me gusta que papá y mamá peleen – lo dijo seria, pero no pudo reprimir hacer un puchero falso.
- ¿Papá y mamá? Estamos bien, Mel – sin esperárselo, posó sus labios en los suyos y, por un segundo, se sintió teletransportada a un sitio lejano, con menos gente y nada de bullicio. Luego, desafortunadamente, volvió a la Tierra –. ¿Qué te trae por aquí? – otra vez esa sonrisa mientras iban de camino a su escritorio.
- Traigo noticias muy interesantes. ¿Esperamos a Alicia? – Cary negó con la cabeza pero le hizo señas a Clarke para que viniese y se sentase al lado de Melinda.
- ¿Qué ha pasado?
- ¿Te acuerdas de que la carrera de mi padre está casi ya por los suelos? Sus clientes han decidido volar a otro nido. Al nuestro – no pudo reprimir su cara de satisfacción. Cary se quedó sorprendido pero se le notaba cierto aire de triunfo. Clarke, mientras, se mantenía a la espera.
- Esa es una muy buena noticia. ¿De cuántos clientes estamos hablando?
- Sobre unos quince. ¡Nos podrían sacar de muchos apuros! – Melinda estaba entusiasmada, aunque fue Clarke quien les puso los pies sobre el suelo.
- ¿Y esto cómo ha surgido? – estaba serio, haciendo su papel de controlador de la situación.
- Julian Jenkins ha contactado conmigo. Hemos comido juntos y me lo ha comentado.
- ¡¿Julian Jenkins?! ¿Fundador de Editoriales Jenkins? – Cary estaba casi boquiabierto.
- El mismo que viste y calza – Melinda se estaba guardando el pequeño detalles un poco más.
- ¿Conoces a Jenkins? – Cary estaba intrigado. Clarke se había movido un poco del asiento, inclinándose hacia ella.
- Es mi padrino. ¿Contentos ahora con el cotilleo? – les dedicó una sonrisa de medio lado a ambos. Cary la imitó –. Quieren una reunión con vosotros en las oficinas de la editorial en el centro de la ciudad y necesitan una respuesta cuanto antes. Están muy interesados – hizo hincapié con el tono de voz. Esta era una oportunidad que no podía rechazar.
- Vale, diles que mañana a las 10, si les viene bien. ¿Estarán los quince?
- Me ha dicho que sí.
- Voy a ir a ver si Alicia ha terminado con su visita – dijo Clarke mientras se levantaba y desaparecía de su vista.
- Así que tu padrino es Julian Jenkins. Te lo tenías muy callado, Mel – se estaba poniendo picarón y ella no pudo más que reírse brevemente.
- ¿Qué creías, que te iba a contar todo de mí en la primera cita? Tengo que dejar ciertos detalles para las siguientes – le besó brevemente y se despidió de él mientras ya iba buscando el número de Julian en su móvil.
Finalmente, Melinda, antes de entrar en el quirófano para llevar a cabo otra de sus operaciones, concertó la reunión para el día siguiente a la cual, para su infortunio, no podía asistir aunque le hubiese gustado. Por una vez, se sentía poderosa dentro de aquella empresa trayendo a los clientes de su padre a un nuevo hogar en el que serían muy bien recibidos. Se estaba haciendo a la idea de pedir ciertas condiciones sobre aquellos clientes, como llevar sus cuentas, ser quien los llevara a comer o cenar junto con alguno de los socios y ser la responsable, en definitiva, de su bienestar. Había sido ella quien había puesto a ambos mundos en contacto así que, ¿por qué no hacerse cargo de algo que había hecho posible? Por otra parte, lejos del orgullo que sentía de sí misma, la sombra de su padre volvía a aparecer. Sabía cómo se iba a tomar la noticia, como un puñal en la espalda que venía de su propia hija, por lo que tendría que prepararse para otra batalla con su progenitor. Ella no los había buscado, sino que ellos recurrieron a ella y lo hicieron desesperados, por lo que no tendría que sentirse mal ante la situación que se le venía encima. Lejos de echarse para atrás, se sentía con más confianza que nunca, por lo que no se iba a parar ante las desavenencias que tendría con él.
- Tendrías que haber visto a Clarke – empezó a decir Cary con un botellín de cerveza en la mano mientras estaban sentados en el sofá. Necesitaban un minuto de descanso para estar juntos –, lo nervioso que estaba cuando preguntó a la testigo pero, ¡luego lo sacó adelante y rebatió lo que estaba diciendo Boyle sobre ella! – parecía un niño que acababa de ver por primera vez una película de Los Vengadores. Melinda no paraba de sonreír viéndole gesticular y subir las cejas.
- Así que Clarke sabe moverse en los juzgados – enarcó las cejas mientras seguía sonriendo –. Parece que vale para todo. ¿Tienes pensado llevarle mañana a la reunión?
- Sí, lo había pensado. Nos podría venir bien y aportaría otro punto de vista ante los posibles clientes, uno más serio y menos optimista que el nuestro – le dio un sorbo a su cerveza –. Te echaré de menos en la reunión – dejó su mano en la pierna de ella mientras sonreía tímidamente –. Ellos también.
- Ya le he dicho a Julian que sois buena gente – él sonrió mostrando sus dientes perfectos y blancos –. ¿Qué pasa? Sé venderos bien – ella no dudó en imitarle. Cuando terminaron de comerse con la mirada, Melinda decidió seguir con la conversación –. ¿Cómo es Boyle en los juzgados? ¿Se comporta como el perrito faldero de Will? – le dio un sorbo a su botellín mientras Cary se pensaba la respuesta.
- Es agresivo, intenta quedar bien delante del juez pero se nota que busca todas las triquiñuelas posibles para ganar el caso. No actúa como el "chico nuevo" de Will pero se nota que este confía en él.
- ¿Sigues pensando que eres el nuevo Will, Cary? – este sonrió con la pregunta. Melinda había oído ese comentario varias veces de sus labios y su opinión no había cambiado ni un ápice al respecto.
- Si nos comparas, Alicia y yo somos los nuevos Diane y Will. No es un espanto decirlo.
- No pienso lo mismo – añadió cortándole –. La situación puede ser similar pero no tienes el mismo carácter que Will. ¡No te pareces a él, Cary! Will es Will, tú eres tú, y no deberías compararte con nadie, sino ser tú mismo, tener tu estilo de hacer las cosas. Will es el enemigo y punto. No hay que pensar más en él.
- ¿Estás viviendo este enfrentamiento muy intensamente, no? – usaba el humor para suavizar las cosas y no meterse en discusiones. A Melinda le gustaba porque no tenía ganas de meterse en una pequeña batalla con él.
- Me lo he tomado como algo personal y a lo mejor no debería, ¿verdad? – dejó caer la cabeza en el reposacabezas del sofá sin dejar de mirarle.
- Yo te he incluido en esto, Mel – le acarició la mejilla suavemente y ella empezó a relajarse, a dejarse llevar.
- Y yo me he dejado incluir, ¿no? – le sonrió con un halo de cansancio en la cara. El día había sido demasiado largo –. No te preocupes, me gusta estar en el equipo. Es… pura adrenalina.
Por el momento, en Florrick/Agos estaban pasando dos cosas grandes: por un lado, la reunión con los posibles nuevos clientes, y por otro, la herencia que podría recibir Alicia de 12 millones de dólares por parte de un antiguo cliente, Matthew Ashbaugh. Cary se encontraba nervioso aquella mañana de viernes entre todo lo que tenía en mente, añadiendo además que esa misma noche era la fiesta de Navidad del bufete. Melinda le había dado su espacio, preparado el desayuno mientras él repasaba pruebas y documentos varios para el juicio mientras echaba un vistazo al plan que iba a proponerle, junto con Alicia y Clarke Hayden, a los nuevos clientes. No quería arruinar nada así que no le deseó la mayor de las suertes, sino que simplemente le dio un abrazo y le soltó un "¡A por ellos!" para animarle. Mientras, ella estaría pasando consulta durante un par de horas y volvería al quirófano por seis más, teniendo esta vez una operación en conjunto con otro departamento.
Cuando salió del hospital, vio cómo la noche se iba apoderando de la ciudad de Chicago ante sus ojos, creando en el cielo espectros de color naranja que se iban batiendo en duelo con otros de color azul, ganando estos últimos. Luego daría paso al negro tan característico del invierno, cuando la noche era más que cerrada y los días más cortos. Se dirigía a las oficinas de Florrick/Agos con cierto nerviosismo por ver cómo estaba quedando todo con la decoración y por saber cómo había salido la reunión. Una parte de ella empezó a rezar por que todo hubiese salido bien y los quince estuviesen encantados de ser recibidos en el bufete; la otra parte se criticó duramente por siquiera rezar, lo que le parecía una auténtica absurdez viniendo de una persona atea como ella. Al salir por el ascensor, ya vio las decoraciones: espumillón plateado alegrando las mesas con la comida, golosinas en algunas fuentes, jarrones transparentes con bolas dentro y flores rosas y rojas, luces blancas por algunas paredes, bebidas varias para acompañar como refrescos, vino y hasta champán, y una gran guirnalda presidiendo una de las grandes paredes. Todo estaba listo para los invitados, aunque el ambiente no estaba muy festivo por el momento dado que estaban sumidos en el trabajo. Cary y Alicia estaban hablando en el "despacho" de ella cuando Melinda los encontró.
- ¿Al final qué ha pasado con la reunión? – Cary se dio la vuelta para verla. Tenía el abrigo abierto y estaba sudando un poco por la calefacción.
- Tenemos quince nuevos clientes – este sonrió pícaramente, pronunciando las palabras como si las saboreara. Alicia también sonrió desde su asiento.
- ¡Sí! – Melinda abrazó a Cary sin pensárselo dos veces y luego le besó –. ¡Ahora somos un poco menos pobres!
- No fue fácil convencerlos a todos – apuntilló Alicia.
- Tendrías que haber estado, Mel.
- Para las reuniones con ellos estaré. ¿Puedo hablaros de una cosa? – de repente se puso seria. Era el momento de comentarles lo que había estado pensando. Cary le hizo ademán para darle pie –. He pensado que, ya que son clientes de mi padre y que han venido a mí, podría hacerme cargo de sus cuentas, llevármelos a comer, estar atenta de que están a gusto. Un poco como lo que hacías tú con Chumhum – le dijo a su novio, quien le estaba atendiendo.
- Si te ves con ganas, por mí perfecto – respondió él –. ¿Qué opinas Alicia?
- Creo que es una idea estupenda, así te implicas todavía más en el bufete, si es lo que quieres. Además, te lo mereces. Gracias por hacernos saber que estaban interesados – Alicia parecía realmente agradecida y contenta con la idea. "Menos trabajo para ella", supuso.
- Oh, no me deis las gracias. Ellos estaban interesados, yo sólo concerté la cita. Tampoco fue para tanto – otra vez intentando quitarse el mérito, manteniendo los pies sobre la tierra, siendo humilde.
"¿Cuándo te mostrarás orgullosa de lo que consigues, Melinda? ¿Cuándo empezarás a alardear sobre tus victorias?". Ella pensó que nunca, el destino le diría que estaría equivocada.
