*¡Ya tenemos un nuevo capítulo! Esta vez nos ponemos familiares con la madre de Melinda. Poco a poco vamos conociendo a nuestra protagonista y diría que este capítulo tiene una parte muy tierna y divertida.

Espero que os guste*

23

Madre sólo hay una

- ¿Te encuentras bien, cariño? No tienes buena cara

- Estoy bien, mamá. Un poco cansada y dolorida.

- ¿Y eso?

- Es lo que tiene cuando estás en la edad fértil, que una vez al mes viene una señora de rojo a tu puerta a darte por culo.

Melinda cogió la taza de café que le ofrecía su madre. Habían quedado para ponerse al día en persona en el salón de la casa de su hermana Elia. La estancia era muy agradable a la vista, con un tono amarillo pastel que, por la tarde, con la disminución de la luz, le daba un toque encantador, tiñendo todo de amarillo. Estaban una frente a la otra separadas por una mesita donde estaban puestas las tazas en sus correspondientes platos, acompañadas por el azucarero. Su madre no quería dejar nada para la improvisación.

- Entonces, ¿en el bufete todo bien? – sabía que era difícil hablar de aquel tema con su hija pero sentía verdadera curiosidad por saber cómo se sentía en relación con ello.

- Bien, pero es duro. Los comienzos siempre son duros. Mucho trabajo por delante, demasiada presión, malas noticias, pocas buenas pero, cuando llegan, las celebramos. Es estresante a veces, pero satisfactorio – miró a su madre con una sonrisa tímida.

- Es normal. Me acuerdo cuando tu padre empezó con el bufete. ¡No paraba ni un minuto! Casi no le veía por aquellos tiempos, pero cuando todo se estabilizó más tarde, las cosas fueron mucho más fáciles.

- Hablas de ello como si Cary fuese mi marido y no lo es, mamá – no lo había dicho en plan borde, sino simplemente hizo la apreciación.

- A lo mejor se convierte en tu marido algún día – Gloria le dio un sorbo a su taza mientras no dejaba de mirarla.

- ¿No cree que va un poco deprisa, madre? – a veces, en plan bromista, la llamaba "madre" y esta se lo tomaba a bien. Aunque no lo mostraba abiertamente, le hacía gracia.

- Bueno, no está mal pensar en el futuro, ¿no? Ahora mismo creo que, por todo lo que me has contado por teléfono, el cómo empezó todo, cómo se han ido sucediendo las cosas, estás pensando más en el futuro de Cary con relación al bufete que al tuyo propio – había tomado la posición de la psicóloga que era. "Estás perdida; te está psicoanalizando aquí y ahora. ¡Peligro!".

- ¿Cuánto has dicho que tengo que pagar por la sesión, mamá? – prefería tomárselo a bien y hacer bromas sobre el asunto, pero no le apetecía nada que fuese como una más de sus pacientes.

- No te estoy hablando como una psicóloga, Mel, sino como tu madre. ¿No piensas en tu futuro? ¡Tenías grandes planes! – la notó sincera, así que decidió seguir por ese camino.

- ¿Como cuáles? – estaba interesada en lo que tenía que decir. Era cierto que tenía planes pero no eran en un futuro inmediato, llevaba su tiempo poder desarrollarlos. Cruzó los brazos sobre su pecho. Ya sabía lo que significaría para su madre: una barrera protectora.

- Investigar todo lo que pudieses para luego publicarlo y optar al Oscar de la Medicina, como lo llamáis las nuevas generaciones – se mostraba realmente preocupada, por lo que Melinda decidió tranquilizarla.

- Mamá, y lo estoy haciendo. Sigo investigando, sigo escribiendo artículos para que los publiquen en las revistas de Medicina, pero también tengo muchas otras cosas que hacer como seguir con las operaciones, pasar consulta, el papeleo diario, las cosas de la junta, y ahora el bufete – la miró a los ojos un segundo mientras se tomaba una ligera pausa –. Tampoco es que yo lo lleve, es más darles apoyo y ayudarles en todo lo que me sea posible que llevar yo misma los casos.

- ¡Y los ayudas con los clientes de papá! – le había dado en un lugar sensible.

- ¡Unos clientes insatisfechos y más que cabreados con papá porque ahora mismo ya no sabe ni lo que hace! – se tranquilizó un segundo y bebió un poco más del café con leche que tenía delante. Dejó la taza en la mesa por si acaso pasaba alguna desgracia –. Mamá, ellos vinieron a mí, tío Juley vino a mí en busca de ayuda, de una solución para el problema que estaban teniendo. No los tenté, ni nadie del bufete. Fueron ellos.

- Ya lo sé, Mel – le palmeó una mano al sentarse junto a ella –. Está muy enfadado, ¿sabes? Ya ha venido a recriminarme tu comportamiento por teléfono.

- Claro, como si fuese una niña pequeña controlada por mamá. Cada día le soporto menos… – soltó un bufido.

- No se da cuenta de que está haciendo las cosas mal. Cree que la culpa es de otro, como siempre ha hecho – Gloria hizo que su hija la mirara a la cara –. Por cómo es tu relación con él, me sorprendió que me dijeras que estabas con un abogado. No es propio de ti.

- ¿No crees que me sorprendió a mí también? – la sonrió intentando quitarle un poco de seriedad al ambiente –. Pero Cary me hace feliz. Me siento muy a gusto con él, puedo ser realmente como soy, una tía "rara y especial", y a él le gusta. Él me apoya, yo le apoyo, y el bufete nos mantiene más unidos – Gloria estaba a punto de interrumpirla cuando decidió seguir hablando –. No es que ayude en el bufete porque es simplemente mi novio, es porque creo en lo que hacen. Han sido muy valientes en crear su propia casa bajo sus propias reglas, hacer lo que quieren como quieren hacerlo, teniendo a todo el mundo en consideración. Está entusiasmado aunque las cosas se pongan difíciles – de repente, como si fuese una estrella fugaz, pasó por su mente la imagen de Cary en la fiesta de Navidad –. Tendrías que haberle visto en la fiesta yendo de una persona para otra charlando animadamente – el pensamiento le hizo sonreír.

- ¿Y tú no crees que puede convertirse en tu marido algún día, Mel? – estaba sonriendo como ella pero siempre tenía una neurona puesta en el futuro.

- Puede ser. A veces hemos hablado sobre ello, o sobre tener hijos, pero me parece todo tan precipitado. Llevamos seis meses juntos; cuando tengamos cierta estabilidad, o cuando sea el momento apropiado, entonces ya se verá – bebió un poco más de café y continuó –. Creía que yo me estaba dejando llevar pero tú, mamá, lo tuyo es otro nivel – ambas se rieron.

Aunque Melinda no quería pensar mucho en el futuro, sino vivir el presente intensamente, no podía evitar imaginarse cómo sería su futuro con Cary a su lado. Las cosas iban muy bien, por lo que, haciendo una proyección de futuro, él podía llegar con la gran pregunta en un par de años y, esperando un año más, o dos como mucho, ya quedarse embarazada. En cierta manera, estaba creando su guion para su película y, aunque podía ser interesante vivir en los mundos de Disney, también era peligroso, como sabría más adelante.

- Había pensado que, ¿por qué no me presentas a Cary? – Melinda se había temido ese momento durante toda la conversación.

- ¿Para que le apruebes o me digas que me aleje de él? Mamá, que nos conocemos… – su madre se estaba riendo, a lo que ella la imitó.

- Si es para conocer al muchacho, que oigo tantas cosas buenas de él que quiero verle en persona. Además, tu padre ya me dio una primera impresión – en ese instante se acordó de la gala benéfica.

- Eso es peligroso. ¿Qué te dijo? – su corazón empezó a palpitar más deprisa temiendo lo peor. Conocer la opinión de su padre, en el fondo, era importante para ella, pero no solía pensar mucho en ello.

- Le cayó bastante bien. Le pareció un tipo inteligente, sensato…

- No sé cómo alguien te puede parecer inteligente intercambiando dos frases con él, pero no va mal encaminado…

- También le pareció guapo – Melinda se relajó y se echó a reír. Era lo último que había imaginado que su padre diría sobre su novio.

- Se lo comentaré – le dijo cuando se hubo tranquilizado –. No te prometo nada, ¿vale? – su madre asintió y continuaron con el café tranquilamente.

Las "inocentes" presentaciones de novios a padres siempre eran una prueba que había que pasar, como fuere. Por lo que le había dicho su madre, Cary había pasado la prueba con su padre, si se podía llamar así, pero la de la mujer que la había parido no iba a ser tan fácil o corta. En cualquier caso, Melinda no estaba muy preocupada por lo que podría pasar ya que sabía perfectamente lo encantador que era su novio, por lo que tendría ganada a su madre desde el minuto uno; a lo mejor cayendo ante sus pies, como ya lo hizo Amelia en su día. O ella misma. Pero, poniéndose en su posición, sabía que ella nunca pasaría la prueba. Melinda no era material que le gustara a las madres, o por lo menos eso pensaba ella. Si no tuviese mucha información sobre la susodicha, se mostraría encantadora y sí que pasaría la prueba pero, en el caso contrario, a lo mejor se mostraba tal y como era, como le pasó con Jeffrey Agos. "Demasiado resentimiento por ahí, Mel, sobre todo dirigido a otra persona", se recordó a sí misma, pero realmente, aunque fuese un resentimiento con el nombre y apellidos de su padre, el señor Agos también tenía su ración dedicada. En el caso de la señora Agos, si todavía se hacía llamar así, no tenía mucha información, sólo que llevaba separada de su exmarido hace un tiempo. Cary tampoco hablaba mucho de ella y Melinda no preguntaba, no porque no tuviese curiosidad, sino porque no quería forzar una conversación que, a lo mejor, él no quería mantener. Quizá ella no conocería a su madre hasta el día de la boda, nunca se sabe. "¿Soñando despierta otra vez, no?".

Después de saber que Cary estaría en casa en cualquier momento, decidió dirigirse para allá. De camino en el coche se puso a pensar en cómo podría sacarle las "buenas" nuevas y cómo reaccionaría ante ello. ¿Entraría en pánico como ella, o sería lo contrario, mostrándose valiente? Quizá le daba demasiada cuerda al asunto ya que, en realidad, tampoco era para tanto, no en el caso de él. No se mostró muy nervioso al conocer a Richard Cavanaugh y, si lo estaba, era más por la figura que es y representa dentro del círculo legal que el hecho de que era su padre. Gloria, al contrario, aunque no era una gran figura dentro de la profesión, sí era una gran psicóloga, y ya Melinda le había puesto al tanto de lo que hacía su madre con la carne fresca: psicoanalizarla. A pesar de que le molestaba que hiciese eso desde pequeña, tampoco quería reprochárselo mucho ya que parecía que nunca podía dejar su profesión de lado, al igual que ella, quien se dedicaba a analizar a la gente cuando se aburría, como en aquellas galas benéficas a las que había acompañado por un tiempo a su padre. Nada más entrar en su apartamento, se dirigió hacia la habitación donde lanzó el bolso en dirección a la cama. Había oído ruido en la cocina, por lo que Cary ya estaría ahí. Para confirmar sus sospechas, fue lentamente hacia allí, sin prisa por una vez en ese día, y decidió verle cocinar. Parecía de buen humor tras ganar el caso de la banda que tocó en la fiesta de Navidad. Según le contó, la cara de Will fue todo un poema cuando se vio totalmente atrapado al ver que su cliente había robado la versión y la había vendido como suya.

Unos días antes había conocido a los músicos, dos tipos con aspecto de pardillo pero cuya versión del Thicky Trick se le había quedado clavada en la cabeza. Estaban en la sala de reuniones junto con su novio cuando llegó a la oficina. Se encontraban viendo el videoclip de la canción, grabado en una bolera.

- ¿Vosotros sois lo del Thicky Trick? ¡Wow, llevo desde que me enseñó Cary la canción con ella metida en la cabeza! Sois buenos – dijo con una sonrisa en la cara.

- ¡Muchas gracias! – respondió el más espabilado de la pareja, por lo que pudo deducir Melinda –. Saqué la inspiración de la imagen de ver a Rick…

- …Astley rapeando. Os escuché el otro día cuando estabais reunidos – contestó mientras iba derecha a Cary y le dio un beso en los labios –. Lo de Drama Camp es una putada, chicos. Sé que Cary va a hacer todo lo posible por ganar este caso – le miró tiernamente, al mismo tiempo que le insuflaba fuerzas para dicha tarea.

- ¡Wow! Me encanta tu rollo… – era cierto, no se había presentado.

- Melinda, soy una de las socias del bufete – le sonrió y el más listo de la pareja hizo lo mismo de vuelta.

- Yo soy Rowby – le extendió la mano y ella se la estrechó encantada –. Con sólo veros me viene la inspiración. Es… este sitio, tenéis un ritmo estupendo, muy de jazz, ¿verdad? – le preguntó a su compañero, quien asintió sin saber muy bien a qué se estaba refiriendo.

- ¿Gracias? – miró de reojo a Cary con quien llegó a una conclusión, no tenían ni idea de qué estaba hablando pero no le parecía mal que con sólo verlos la gente se pudiese inspirar.

Al cabo de unos minutos, Cary se sintió observado y levantó la vista para encontrarse con la suya.

- ¡Has sobrevivido! – a Melinda le hizo gracia y él también se rio –. Por lo que me contaste, creía que te lo iba a poner difícil.

- ¡Lo ha hecho! Pero he sabido cómo moverme en el terreno de juego – dijo mientras se acercaba hasta a él y le besaba cuando llegó a su lado –. Es toda una vida, Agos. Si ahora, después de tanto tiempo, me pilla en su trampa, entonces estoy perdida.

- Me alegro de que todo haya ido bien – la agarró por la cintura, trayéndola para sí y volviéndola a besar.

- Sí, aunque traigo noticias. Un par, más bien – se puso seria por un momento. Dadas las circunstancias, empezar con lo de su familia iba a ser más fácil.

- Dispara – Cary retomó lo que estaba haciendo mientras ella le ponía al día.

- Mi madre quiere conocerte. Un café, para charlar. Yo estaría ahí, así que no te preocupes porque cubro tus espaldas – él empezó a sonreír.

- ¿Lo nuestro va muy en serio, verdad? – tenía un tono divertido en la voz pero, aunque le preocupaba la pregunta, ella le siguió el juego.

- ¿Lo dudabas acaso? – decidió pasar por detrás suya y le dio un cachete en el culo mientras se ponía enfrente de su novio. Él sonrió pícaramente –. Bueno, ¿vas a poder hacerle un hueco en tu apretada agenda a mi madre? Serían un par de horas como mucho.

- Dile que me tendrá ahí. Espero tu mejor defensa, Robin – respondió mientras la miraba.

- Ahí me tendrás, Batman – le saludó como si fuese un militar mientras sonreía de oreja a oreja.

- ¿Y la segunda noticia? – no sabía muy bien cómo comentárselo, así que se hizo un poco la remolona antes de soltarlo de carrerilla.

- Me han comentado que Lockhart & Gardner está pensando en abrir oficinas en Los Ángeles – Cary dejó lo que estaba haciendo y la miró seriamente.

- ¿Después de Nueva York? – tenía ese gesto de extrañeza en la cara. Él tampoco se lo podía creer.

- Después de Nueva York. Suena muy ambicioso aunque también puede ser terriblemente estúpido – hizo una pausa para que la idea fuese calando en su interlocutor –. ¿Tienen tanto dinero y personal como para montar oficinas en ambas costas del país? No lo creo. Pero – vio que la iba a interrumpir, así que le hizo un gesto para que la dejase terminar –, esto podría jugar a nuestro favor. Si están con la cabeza metida en las nuevas oficinas, significa que los socios fundadores no están tan al tanto del día a día, por lo que sería más fácil ganar los casos contra Lockhart & Gardner sin que usemos tantos recursos. No digo que necesitemos eso para ganar en un juzgado porque ya lo hemos hecho, sino que sería favorable para nuestra economía.

- Esto es cosa de Will – dijo Alicia al terminar de escuchar a Melinda.

La pareja había decidido contárselo a la Primera Dama para ver qué pensaba. Carey Zepps también se había unido al grupo junto con Clarke Hayden. Estaban en la sala de juntas todos reunidos, como si se tratase de una reunión secreta delante de todo el bufete. Allí no había mucha privacidad debido a que casi no había paredes. Cosas de diseño.

- Da igual de quién sea la idea. Lo que están haciendo es intentar crear un monopolio comprando a los competidores, como hicieron con Wallis y Frey – añadió Clarke.

- Nos podrían comprar a nosotros si quisieran – sentenció Melinda. La frase cayó como una lápida sobre sus cabezas. Nadie quería volver al redil del que tanto les costó salir. Carey decidió romper el silencio incómodo que se había creado.

- A mí me ha llegado el rumor de que las cosas entre Diane y Will no están tan bien como parecen – todos miraron a Zepps como si de un extraterrestre se tratase.

- ¿Problemas en el paraíso? – preguntó retóricamente Cary.

- ¿Posible guerra civil en Lockhart & Gardner? Vaya, esto sí que se pone interesante – le echó una mirada de complicidad a Cary –. ¿Qué dicen los rumores, Zepps? – Melinda estaba intrigada. Si las cosas no están tan bien entre el "matrimonio" de esos dos, podrían atacar mejor en los juzgados rompiéndoles la defensa, o el ataque, dependiendo de su postura, por la mitad.

- Al parecer, Diane no está de acuerdo con lo que está haciendo Will. Cree que con unas oficinas por ahora en una de las costas tienen suficiente.

- Suena a Diane – dijo Alicia mirando a Cary.

- Suena sensato, querrás decir – estaban serios, como si estuviesen comunicándose con la mente.

Como si de un torbellino se tratase, los cuatro empezaron a hablar a la vez y Melinda decidió no tomar cartas en el asunto; no tenía mucho más que añadir. Discretamente comprobó la hora y vio que tenían que irse ya a la cita con su madre.

- Tenemos que irnos – le susurró en el oído.

Cary se disculpó con el resto de los presentes, cogió sus cosas y acompañó a Melinda hacia el ascensor. Durante el trayecto en coche no pudo discernir si estaba nervioso o no ya que se mostraba tan normal como antes durante la conversación, no hablaba más de la cuenta por la emoción ni estaba demasiado callado por los nervios. Melinda canturreaba en el coche algunas de las canciones de la radio y a veces él se le unía, dándole la sensación de que estaban juntos y se apoyaban. Gloria abrió la puerta con una sonrisa en la cara, intentando mostrarse lo más amable que podía. Llevaba unos vaqueros y una blusa roja. "¿Esa es la blusa de Elia?", se preguntó a sí misma. Su madre se conservaba muy bien con sus clases de pilates y aeróbic, por lo que no le sorprendía demasiado que se la hubiese cogido prestada.

- Pasad, pasad, que hace mucho frío ahí afuera – les dijo metiéndoles prisa.

Cary y Melinda estaban quitándose los abrigos cuando Gloria le preguntó a él cómo quería el café; en ese momento, no le importaba uno solo, fuerte para lo que le venía encima. Se sentaron uno junto al otro en el sofá mientras que la anfitriona terminaba de poner las tazas en la mesita que los separaba. A Melinda le iba el corazón a mil por hora y él pareció darse cuenta, por lo que estrechó su mano con la suya para tranquilizarla y hacerle saber que todo estaba bien.

- Bueno, Cary, por fin nos conocemos – le dijo ella con una sonrisa. A Melinda le sonó como si Al Capone estuviese enfrente de ella en vez de su madre; sólo le faltaba el gato persa en los brazos para que la estampa fuese perfecta. Cary la imitó, mostrándose de lo más encantador.

- Así es, señora. Es un placer conocerla – le apretó la mano a su novia, se estaba poniendo un poco tenso. Gloria le hizo un ademán con la cabeza de aprobación.

- Me ha dicho Mel que ya lleváis seis meses juntos y parece que os va muy bien.

- Sí, la verdad es que hemos conectado perfectamente desde el principio. Melinda es una mujer estupenda. Tengo mucha suerte de tenerla en mi vida – la sonrió y su novia le imitó.

- Tanto que incluso te ha ayudado con el bufete… – "¿A dónde quieres ir a parar, mamá?".

- Eso ha sido totalmente voluntario. Ella me ha ofrecido su apoyo y comprensión en estos primeros meses, que son los más duros, y nos ha servido de gran ayuda, tanto fuera como dentro de los juzgados.

- Sobre todo dentro de forma económica… – respondió la matriarca.

- Mamá… – no le estaba gustando el tono de la conversación, demasiado serio. Si alguien iba a ser psicoanalizado que fuese ella, no su novio.

- ¿Qué, cariño? Necesito saber con qué hombre está pasando mi hija su tiempo y parte de su vida, ¿no?

- Señora Cavanaugh, con todos mis respetos, sé que suena mal describirse a uno mismo, pero voy a ahorrarle su precioso tiempo. Soy un hombre trabajador que salió de Harvard siendo un chaval sin mucha idea de la vida y, poco a poco, con el paso del tiempo, he ido aprendiendo, y lo sigo haciendo – Melinda estaba viendo ese brillo en sus ojos, estaba inspirado, en el estado de gracia que un abogado suele tener cuando presenta su alegato final –. Quiero a su hija, es más, la adoro por todo lo que está haciendo por mí – no podía mirarle a la cara, sentía que a lo mejor le cortaba el momento, por lo que decidió acariciarle la mano con el pulgar –. No sólo nos ha traído clientes, sino que nos da su visión sobre ciertos asuntos como si fuese toda una abogada – sonrió al pensar que por cada vez que escuchaba eso podría ganarse un buen pellizco de dinero –, nos ha metido en fiestas para conocer gente, se ha enfrentado a mis antiguos jefes, y todo sin esperar una medalla a cambio. Me ha apoyado, ayudado y animado cuando las cosas eran difíciles. Sinceramente, señora, no sé lo que haría sin ella – sus miradas se encontraron brevemente y él pudo ver en sus ojos la sombra de unas pequeñas lágrimas. La sonrió tímidamente y se volvió a dirigir a su interlocutora –. Estoy ahí, a su lado, y voy a estar ahí siempre. Se lo prometo, pase lo que pase – se hizo un pequeño silencio. Gloria pareció reaccionar al cabo de unos minutos que a Melinda le parecieron eternos.

- ¡Wow, si hablas así de bien también en los juzgados tienes un futuro muy prometedor, chico! – ambos se rieron pero Melinda seguía cautelosa estudiando el ambiente –. Espero que así sea, Cary. Nunca he visto a mi hija tan feliz – se le quebró un poco la voz y dirigió su mirada hacia ella cuando una lágrima rodaba por la mejilla de esta. Melinda estaba pensando que su novio estaría sintiéndose de lo más incómodo.

- ¿Ya has terminado tu tercer grado, mamá? – prefirió quitarle hierro al asunto y que la cosa fuese un poco más divertida; parecía que había muerto alguien.

- ¡Por supuesto! – y se sirvió un poco más de café.

Estuvieron charlando durante un par de horas sobre todo un poco: el bufete, la carrera de Cary, la de Melinda… hasta que llegaron al pasado de la susodicha. Aquí llegaba el momento de la vergüenza, su niñez y adolescencia. ¿Habría fotos de por medio?

- ¿Sabías que estuvo en el coro del instituto? – Gloria y Cary parecían ya íntimos. Por una parte le alegró pero, por otra, parecía un arma de destrucción masiva.

- ¿Ah, sí? No me habías dicho nada, Mel – le dio un codazo de colegueo y a ella le subió la bilis por la garganta. No quería que sacara ciertos trapos del pasado.

- ¡Oh, sí! ¡Fue solista! – su madre se mostraba orgullosa, aunque siempre lo hacía con sus hijas, al contrario que su padre.

- ¡¿Solista?! – Cary estaba poniendo un tono de voz para irritar un poco a su novia. Lo hacía con buena intención; en el fondo se sentía divertido por el momento y abrumado por ver tanto amor y orgullo de una madre hacia su hija. Nunca lo había tenido en su vida, por lo que ser testigo de ello le hacía ver la suerte que tenía su novia.

- Venga mamá. Basta ya – tenía los brazos cruzados sobre el pecho, controlándose de no soltar una voz más alta que la otra.

- Tiene que conocer todas tus facetas, Mel. Esta fue muy importante en tu vida, ¿recuerdas? ¡Lo contenta que estabas cuando te eligieron! Pocas veces he visto esa cara de felicidad máxima en ti – Gloria se había levantado buscando algo en las estanterías.

- Mamá, eso fue hace más de una década. Tampoco es para tanto. ¿Qué estás buscando?

- A ver si tu hermana tiene algún vídeo de alguna de tus actuaciones. ¡Lo hacías tan bien! – Melinda se sentía totalmente avergonzada pero parecía que su novio estaba disfrutando de ese momento como un crío.

- ¿Te ha contado alguna vez que llevó durante una época el pelo muy corto? - le dijo mirándole directamente. Cary negó con la cabeza. Gloria continuó con su búsqueda – Creo que tu hermana tiene alguna foto de aquello…

- Las cogí todas, mamá, y ahora mismo me estoy planteando quemarlas – seguía con el tono serio a pesar del ambiente distendido que había en el salón.

- Mel, no seas aguafiestas – su madre puso cierto tono compresivo, pero Melinda ya estaba algo cansada.

- No soy aguafiestas, mamá. Tenemos que irnos, se ha hecho tarde – dijo mirando el reloj.

- ¡Pero si no son más de las ocho! Podríais quedaros a cenar…

- Tenemos que trabajar mañana, mamá – Melinda ya se estaba poniendo el abrigo cuando Cary empezó a hacer lo mismo.

- Oh, es una pena – Gloria miró a su interlocutor a los ojos –. Cary, vuelve cuando quieras. Te dejo con uno de mis mayores tesoros – le dio dos besos. Definitivamente había pasado la prueba.

- Lo cuidaré como si fuese el más importante del planeta – este le dedicó una sonrisa encantadora, de esas que hacían derretirse por dentro a su novia.

- Si seguís así voy a vomitar arcoíris, de verdad – Melinda se rio.

- Tú siempre tan encantadora, hija mía.

- Soy encantadora, mamá. ¡Hasta luego!

El viaje en coche de vuelta al apartamento de ella, donde hacían vida en común desde casi los comienzos de su relación, fue mucho más silenciosa, dejando reposar lo que habían vivido durante las dos últimas horas. Una parte de ella creía por completo lo que le había dicho Cary a su madre, que la adoraba y que iba a estar ahí siempre, pasase lo que pasase, sin embargo, la otra parte tenía sus dudas. Kalinda volvía a su mente como si de un fantasma del pasado se tratase; hacía tiempo que no la veía y que no se había acercado a su novio para nada pero, como si de un pálpito se tratase, pensaba que no iba a pasar mucho tiempo hasta que algo les hiciese encontrarse en el camino. A veces los pálpitos se hacían realidad, para su desgracia. Quien no tenía aquellas dudas y sombras rondándole por la cabeza era a su madre que, como ya había predicho, terminó adorando a Cary, postrada ante sus pies por "lo buen chico que es, tan atento y entregado a ti, Mel".

- ¿Cómo de corto? – le preguntó de repente mientras estaban esperando en un semáforo.

- ¿Perdona? – se había quedado totalmente ensimismada. Viajar en coche ya con el cielo oscurecido es lo que le provocaba, meterse en sus propios pensamientos.

- ¿Cómo de corto tenías el pelo? – le sonrió mientras ella hacía un viaje mental hacia el pasado. Le miró un segundo estudiando su corte.

- Más corto que el tuyo – le contestó casualmente.

- ¡¿Más corto?! Eso quisiera haberlo visto yo – sonrió ante la idea cuando el semáforo cambió a verde. Ella se prometió que nadie jamás vería esas fotos.