Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fic al grupo de Las Inadaptadas, Vicky y Josita en este caso.

oxOXOxo

Capítulo 32:

El menor rodea el mueble con los pies en punta y cuando está frente al inglés se arrodilla, tomándole un mechón de pelo. Arthur suspira pesadamente pero no se despierta, cosas aun más molestas pasan cuando están sus hijos en casa, esto no lo va a mover ni un centímetro.

El francesito frunce los labios cuando el mayor no se despierta. Así que con manos temblorosas, cada una al lado del hombre, se agacha lo suficiente para besarle en la mejilla. Allí el dueño de la casa siente un cosquilleo y abre los ojos, topándose de frente con el rostro del chico.

Bonjour —susurra el francés, esperando el grito —. Lo siento, buenas tardes, Arthur.

—¡Ah! ¿Qué estás haciendo tú aquí? —da un salto. Hay más preguntas en su cabeza pero esa es la más fuerte.

—Tranquilo, ¿no te llegó mi invitación? —sonríe mientras le acaricia el despeinado cabello. De un manotazo Arthur se lo saca de encima, fulminándolo con la mirada —. ¡Oye!

—Sí me llegó, pero no pensé que fueras a venir —se incorpora, bastante molesto —, ¿qué no te dejé las cosas claras la última vez?

Non! ¡No me lo quedó! ¡¿Es porque soy hombre?! ¡¿O menor de edad?! —grita el muchacho y por dentro se responde a sí mismo. Sí, era obvio. Y ya se estaba comportando como tonto otra vez… iba a respetarlo se había dicho, pero ya lo había arruinado.

—¡Pues por ambas! —chilla el inglés —, ¡Podrías ser mi hijo!

—Pero no lo soy, ¡Y el que sea un hombre no es un problema! —se le acerca —. No he dejado de pensar en el beso tan apasionado que nos dimos, ¡hay fuego en ti, Arthur! ¡No lo niegues!

—¡¿Cómo que no es un problema?! ¡Y yo no te besé! —le pone un dedo en el pecho, agresivo.

—¡Sí lo hiciste! —levanta la voz, angustiándose —. ¡Y te gustó tanto como a mí!

—¡No me gustó! —y se pone rojo hasta las orejas. Maldición, toda la semana se la pasó pensando en ello. Día y noche. Pero era incorrecto y él no se iba a convertir en un criminal sólo por placer.

—Sí le gustó —frunce el ceño. Ya no estaba seguro de nada, pero de eso sí.

—No —se aleja del chico e intenta convencerse a sí mismo de ello —, no me gustó para nada.

—Demuéstralo entonces —se acerca lo que él se alejó, poniéndole las manos en el pecho —, demuéstrame que no te gusta.

—¡No tengo que demostrarte absolutamente nada! —palidece por la cercanía. El francés sonríe afectadamente y le abraza de la cintura, ya que está haciendo todo mal… —. ¡Suéltame, bollocks!

—¡No! No pasará nada si te beso —le susurra —. No me corresponderás ni te gustará.

—No —suelta con firmeza pero traga saliva al instante, atrapado. Y no es que no confíe en su fuerza, que de seguro es mayor que la de ese mocoso flacucho, pero… la tentación prohibida de lo que sólo había probado una vez le está matando.

—No tienes que temer nada, Arthur —le prensa contra él e inclinando el rostro, le besa con la mayor suavidad posible.

El inglés se tensa y entra en pánico, recobrando la conciencia y haciendo presión para liberarse. Más el francés se esfuerza en el beso y logra relajarle momentáneamente. Lleva sus manos a recorrer la espalda del mayor. Poco después siente como el cuello se le parte en dos.

Una de las manos de Arthur está en su cabeza y lo está apartando con fuerza.

—Tienes que irte… —le mira intentando recuperar la respiración y limpiándose los labios con el antebrazo.

—No me voy —le hala para besarle otra vez, maravillado con la visión del hombre excitado frente él.

Un escalofrío recorre todo el cuerpo del inglés con sólo la voz ronca del chico, quien prácticamente se le lanza encima hasta derribarle en el sofá.

—¡Espera, espera! —le tapa la boca con el revuelo —, ¿por qué demonios estás haciendo esto? ¡Es muy extraño!

—No lo es —se le sienta en el regazo, dispuesto a comérselo —, me gustas y ya. No veo otra forma de demostrarlo.

—¿Y qué es lo que te gusta de alguien como yo? —suspira, intentando aclarar esto ya y sacarse al mocoso de encima —. Mira, deberías buscarte a alguien de tu edad, chica o chico o lo que sea, pero alguien que en verdad quiera estar contigo. ¡Sin obligar a nadie!

Fran se echa un poco hacia atrás sin quitársele de encima.

—¿Por qué te cuesta creer que me gustas?

—Porque no me has visto más de un par de ocasiones y ya crees que tienes derecho sobre mí, soy hombre y mucho mayor que tú.

—¿Y? El que seas hombre y mayor no es importante —le toma la cara entre las manos —, sólo a ti parece importarte, Arthur.

—Esa es una clara muestra de que sólo eres un niño y no piensas en los sentimientos de los demás —le riñe, apartándole las manos.

—Claro que las pienso —frunce el ceño —, te vi, me gustaste y yo también te gusto. ¿Ya no están todos los ingredientes que se necesitan?

—No, no… —se pasa una mano por la cara, sintiéndose tan inexperto en estos asuntos —, el amor no funciona así…

—¿Cómo funciona entonces? A ver, ilumíname —le reta.

—¿Qué no me estás diciendo que eres un experto y muy maduro? —le devuelve la pregunta porque no sabe cómo responderla. Francis levanta una ceja y se ríe suavemente.

—Pero tú eres el que no acepta que sea de la forma en que no quieres. Y yo quiero saber qué hacer —le acaricia la mejilla con un dedo, entrecerrando los ojos.

—Pues… Es muy obvio —levanta la nariz, inventado sobre la marcha —, hay que conocerse más, saber los gustos del otro… ver si ambos son compatibles.

—Estoy totalmente seguro de que lo somos, al menos al besarnos —dice sintiéndose súper cursi.

—¡Ah! —grita frustrado —, ¿cómo hago para que entiendas?

—¡No sé! —se frustra también, yendo a besarle porque ya pasó mucho rato.

—¡Qué no, idiota!

—¡¿Me estás diciendo que si no me conoces lo suficiente no me tomarás en cuenta?! —abre mucho los ojos, entiendo por fin eso.

—Eh, ¿sí? —Arthur cavando su tumba —, ¡No! ¡Digo que no!

Fran sonríe ilusionado y le da un besito fugaz, levantándose por su propia seguridad. El mayor le gruñe pero se relaja evidentemente cuando el francés se levanta.

—Bien, ya que lo has entendido, ¿por qué no te vas con tus amigos a la pijamada? ¿Ibas con mis niños, no?

Non, vamos a cenar ¿recuerdas? —prefiriendo omitir que él mismo planeó la dichosa pijamada para quedarse con él.

—Ah, fuck —maldice, muy raro en él con gente presente. Ya no sabe qué hacer y cansado como está, accede para terminar rápido con esto —. Pero no haré nada, si quieres algo lo pedimos.

—No es necesario, ven —le tiende una mano.

Arthur ve la mano como si fuera una araña mutante de mil cabezas, medio perturbado. Fran suspira y sonríe.

—Preparé algo para ti —se encamina a la cocina y agrega con falsa modestia —, es algo sencillo.

—Mmm —le sigue con reticencia, imaginando algo parecido a lo que prepara Alfred cuando muere de hambre y no está Mathew —, ¿qué es?

—Cassoulet de ternera —saca de la canasta los tuppers y los platos con sus respectivos cubiertos —, brioche y creepes de chocolate.

La boca del inglés se abre hasta el suelo.

—Eso… eso es mucho, no puedo aceptarlo —dice con pena y su desgraciado estomago empieza a rugir porque huele bastante bien… el muy traidor.

—La hice expresamente para ti —le sirve un plato con el brioche y se lo pone al frente —, anda, siéntate.

Arthur se debate entre el hambre, entre lo que él cree es un engaño (ese mocoso no puede cocinar así de bien) y con esa sensación de estar metiéndose en un hoyo muy profundo. Tenía que echarlo cuanto antes. Antes de que sus instintos terminaran ganando el control.

El hambre gana, devorando la ternera como todo un caballero… que no ha comido en semanas. Fran saca las copas para servir el vino del primer cajón que abre y le mira con satisfacción.

—Puedo cocinar lo que quieres —le tiende la copa y piensa que él aun no tiene permiso para tomarlo. Arthur se avergüenza y se detiene a sí mismo, sonrojado.

—Acaso… ¿estás en un curso o algo parecido? —hace una pausa notando algo —, espera, ¿cómo es que sabes dónde está todo?

—Eh... Lo adivino —se sienta a su lado con naturalidad —. Y no, mi papa tiene un restaurant en el centro, voy de vez en cuando a su cocina y en casa practico con quien quiera arriesgarse —sonríe con suficiencia.

—Oh, eres muy intuitivo… —frunce el ceño, notando todo lo malo en esa oración.

Fran se lleva una mano a la boca para que no vea que sonríe cuando recuerda sólo unos minutos antes haber abierto todos los cajones de la cocina. El mayor toma el tenedor otra vez y viéndole de reojo, se lo mete a la boca.

—En realidad no esperaba que fuera tan bueno —asegura sinceramente. El menor levanta las cejas y se gira totalmente hacia él.

—¡Claro que lo es! No tan bueno como el de mi papa pero lo superaré algún día —sonríe.

—Mmm… —entrecierra los ojos —, ¿estás seguro que lo hiciste tú?

Oui —se echa un bocado —, pídeme lo que quiera y lo haré —sonríe.

El inglés se medio ahoga, imaginado muchas cosas indebidas. Fran le mira preocupado y le alarga la copa. Arthur apura un largo trago de vino y se decide por una de sus tantas peticiones.

—Entonces márchate —dice muy bajito. El francés abre la boca y el tenedor que sostiene se queda a medio camino. Traga saliva.

Moi... —deja el tenedor en el plato, sintiendo que con este hombre es un paso adelante y diez atrás. Intenta sonreír —. Está bien, pero primero termine de comer.

Arthur siente una punzada de arrepentimiento al ver la cara de desilusión del chico, pero si no hacía nada era casi obvio lo que pasaría después. Y se odia por ello. Por ser débil y no acabar con esto en el mismo momento que despertó. Ay Emily… ¿qué había hecho él en sus vidas pasadas como para merecer esto?

—Es normal, nunca nadie puede hacer todo lo que quiero —intenta bromear, muy raro en él.

—¿En realidad quieres que me vaya ya? —se le aprieta la garganta, ya vislumbrando el final de la velada.

—Ya, ya. Terminemos de comer antes —tampoco quiere ser un monstruo. Pero debería.

Fran se da de topes en la cabeza mentalmente, se había pasado todo el día ensayando cómo comportarse con Arthur. O sea, como suprimir sus ganas de saltarle encima y poseerlo. Y había fallado al instante. Incluso entendía el problema… pero no quería aceptarlo. Aun era un inmaduro y lo estaba aceptando de la peor forma.

Mira al inglés y su ceño fruncido le hace suspirar. Era en definitiva un invitado molesto. No, él se había colado allí utilizando al tierno Mathew.

—¿Fue muy difícil preparar todo esto? —pregunta Arthur.

El menor levanta la vista de su miseria y niega, tomando la botella de vino.

Non, cocinar es lo más fácil que hay si lo haces con el corazón —le rellena la copa y se sirve un poco él —. Si no te sabes la receta puedes crear e improvisar incluso, lo que importa es el esfuerzo.

Los hijos de este hombre no dicen lo mismo.

—Suena muy fácil para ti… Yo tengo la ligera sospecha que mis pequeños no me quieren en la cocina —se ríe con amargura y desvía la mirada a la copa del chico —, no puedes tomar eso.

—Es fácil si tu padre es chef, está en mi sangre —sonríe sin responder lo del vino, dando un trago de hecho.

—Entiendo, es algo natural —asiente.

Fran sonríe un poquito al ver que al menos se interesa algo en él, aunque sea por educación. Asiente y contrariado, se levanta para sacar las creepes. Si se las da, era inevitable que debía irse pronto, y si no, estaría traicionado su corazón de chef. El inglés ve las creepes y sonríe.

—Sabes, esto me recuerda a Mathew —apoya una mano en su mejilla, recordando con cariño a sus retoños —. Él ama los hotcakes con miel de maple, ¿conoces a Math?

Oui —sonríe recordando al chico y se emboba con la sonrisa del mayor —. Es muy amable y lindo.

—La gente siempre cree que los gemelos son en iguales en todo, pero no es así en realidad —justo ahora es el vino hablando.

—Son muy diferentes —afirma el francés.

—Sí, incluso físicamente.

—La verdad es que no ha sido a ellos quienes he visto bien —se encoge de hombros.

—¿Eh? —sale de su ensoñación.

—Que al único que veo es a ti —suelta sin ninguna vergüenza.

—¿Qué? Sabes que suenas como un acosador, ¿no? —se pone rígido en su silla —. Si sigues haciendo esto tendrás problemas; entrando en la casa de una persona mientras duerme, enviar cartas anónimas, ¿decir que sólo me ves a m-mí?

—Tal vez no fue la mejor de las maneras, ¡pero admita que de otra forma ni me hubiera dejado entrar!

—Es probable, no lo vuelvas a hacer —le dice serio, aunque suena a que le está dando algún tipo de permiso y no es lo que pretendía.

—Claro que no —alarga la mano para tomarle la suya pero es rechazado otra vez. Fran la mira, lo mira a él y toma la canasta —. ¿Quieres otra creepe?

—No, thanks. No soy muy amigo de los dulces, aunque estaba muy bueno.

—Oh, bueno —se levanta y agrega con esperanza —, ¿puedo traerle algo salado la próxima vez?

—No —lo mira de frente —. Ahora te debo mucho. Si hay una próxima vez te pagaré por esto. Así funciona el ser un caballero.

—¿Y cómo me pagarás? —camina hacia él y le pone la canasta en las piernas, pensando en una compensación en especie.

—Tal vez te cocine algo yo a ti cuando estén mis hijos —frunce el ceño con la canasta —, eso no es mío.

Cuando Arthur levanta la cabeza otra vez, Fran aprovecha y le besa, lanzándole los brazos al cuello. Es que no aprende y se justifica a sí mismo que es la última vez. Arthur lo está echando. No lo va a ver jamás.

Hey! —lo empuja —, ¿por qué sigues insistiendo? ¡Lo tienes prohibido! ¿Entiendes? No sé cómo es que te dejé quedar aquí…

Fran trastabilla por estar inclinado pero logra mantenerse firme, con los ojos húmedos grita.

—¡Porque me gustas Arthur y no encuentro ni concibo otra forma de demostrarlo!

—¡Pues si tanto te gusto entonces respétame! —se levanta y da un golpe en la mesa, haciendo temblar todos los cubiertos —, ¡no me gusta que hagas eso en contra de mi voluntad! ¡Sólo estás siendo un mocoso caprichoso que no se detiene a pensar que así no se obtienen las cosas! ¡¿Es que te crees que viniendo aquí y besándome a la fuerza podrás obtener algo de mí?!

Fran levanta las cejas y se queda sin habla. Sí, a cada rato le estaba obligando a pesar de que sabía que al menos el deseo era recíproco, pero eso no era excusa. Debía querer corresponderle con su mente. Se muerde el labio inferior y levanta la canasta otra vez.

Je suis désolé —se disculpa pero no es suficiente para el mayor —. ¿Irme te hará feliz?

—Es lo mejor —se masajea las sienes, harto de todo.

El menor aprieta los labios y sale de la cocina a paso apresurado, limpiándose las lagrimas con la mano libre… hasta que recuerda algo.

Arthur se queda ahí intentando procesar algo de esto, pero sabe que debe acompañarle hasta la puerta como cortesía. Aunque se entró solo y no tiene ánimos de nada. Ni siquiera se levanta cuando Francis regresa con las rosas que había llevado y que olvidó por completo al ver al hombre de la casa. Se las da sin decir nada y se va ahora sí.

El inglés espera con la vista en el vacío hasta que oye la puerta cerrándose y no es hasta que sabe que está solo que mira las rosas. Eran sus favoritas gracias a Emily, así que eran como un golpe bajo para él. Se dirige al basurero con una rabia inexplicable apoderándose de él y a las arrojo en él.

Dos minutos después las coloca en un florero. Ellas no tenían la culpa pero… ¿Cuál era su error?

oxOXOxo

Fran se recarga en la puerta y se deja caer, llorando en silencio, sobrepasado con su propia inexperiencia. No quería ser una molestia, pero Arthur se lo dio a entender a pesar de darle prácticamente permiso para visitarlo. ¿O también eso había entendido mal?

Saca el móvil de su pantalón y busca el número de Pierre. En cuanto el hombre le contesta, balbucea unas cuantas cosas en francés, pidiéndole que le venga a recoger. No va a molestar a Antonio otra vez.

oxOXOxo

¡Hola a todas!

Esperamos que no se hayan decepcionado mucho con este desenlace entre Arthur y Francis. Pero sepamos comprender XD además, todo tiene arreglo menos la muerte.

Muchas gracias por sus reviews, adoramos leerlos y sentirnos queridas.

¡Nos vemos el próximo domingo!