*Welcome back! Hace ya un año que empecé a subir este fanfic y estoy muy contenta con el camino que anda tomando. Todavía queda muchísima historia que contar pero poco a poco iré siguiendo con ella.
Os recuerdo que quedan 4 capítulos para terminar esta primera parte del fic. ¡Se vienen curvas! Si os está gustando, no dudéis en seguirlo y/o dejar algún comentario al respecto.
¡Hasta dentro de dos semanas!*
26
Me llamo Cavanaugh, Melinda Cavanaugh
- Estamos jodidos – soltó Alicia para sorpresa de todos.
Melinda se había pasado por la oficina pensando en refugiarse por un rato del frío que había traído el invierno. Florrick/Agos se enfrentaba de nuevo a Lockhart & Gardner, el primero del año, y esta vez estaba sudando ríos para conseguir una estrategia ganadora. El gesto de Cary mostraba la tensión en el ambiente; no creían que ni con la ayuda de Robyn pudieran conseguir igualarse al enemigo.
- ¿No has encontrado a nadie que nos pueda ayudar? – le preguntó él a la investigadora.
- Todo el mundo se ha cerrado en banda. O tienen miedo de hablar o se han pasado al otro lado.
- ¿Y no podemos averiguar eso último de alguna forma? – preguntó Melinda con los nervios un poco crispados.
- Lockhart & Gardner es un búnker con este caso – añadió Carey, a quien también se le veía preocupado –. No nos va a llegar un soplo de nadie.
Hacía tiempo que Melinda no formaba parte de un caso médico debido a que ya tenía bastante con lo suyo. Esta vez se trataba de un chico joven que había rechazado los dos trasplantes de corazón que había recibido y cuyo tercero había sido denegado por el médico al cargo. Lockhart & Gardner representaban al médico, ellos al paciente.
- Los búnkers se pueden abrir, sólo hay que saber cómo – dijo con un tono de lo más misterioso –, y creo que podríamos intentarlo. No vosotros, claro está, pero se podría intentar engañarles.
- ¿A qué te refieres? – Cary no comprendía nada pero estaba muy interesado.
- Puedo testificar como cardióloga en los juzgados y, dado que mi reputación es buena, mi testimonio es valioso, tanto para una parte como para la otra. Podría ir a Lockhart & Gardner y decir que quiero testificar a su favor, aunque sea mintiendo.
- No sé yo si es buena idea… – Clarke no estaba del todo convencido.
- Va a ser difícil ya que soy una de las socias, pero eso no lo saben, sólo que formo parte del equipo. De esta forma hago de una especie de doble agente: yo obtengo información por parte de ellos y os la doy a vosotros, y vosotros deberíais darme información, ya sea falsa o verdadera, para que pueda dársela a ellos.
Alicia y Cary intercambiaron miradas, como si algo se hubiese iluminado dentro de sus cabezas. El plan era difícil y traería ciertos sacrificios, pero podría ser una buena forma, aunque algo rastrera, de vencer al enemigo. "En el amor y en la guerra todo vale", se recordó a sí misma.
- ¿Estás segura de ello? – le preguntó caballerosamente Cary cuando todos volvieron a sus tareas.
- ¿Tú lo estás? – le sonrió –. Sabes lo que significa esto: no puedo ponerme en contacto contigo. Kalinda va a estar vigilándome casi las veinticuatro horas del día – Cary suspiró –. Ya… Voy a tener que pedirte que saques tus cosas de mi casa, a no ser que no te hagan falta durante unos días – él se quedó un poco frío, a lo que ella reaccionó tocándole el hombro.
- Parece como si hubiésemos cortado.
- Tiene que parecer que hemos acabado todos muy mal. ¡Me estoy cambiando de bando! ¡Tiene que ser convincente!
- Vale. Entonces montemos la escena cuando ella ya te esté vigilando – una sonrisa pícara apareció en su cara y, en ese momento, supo que le iba a costar horrores estar separada de él.
Al día siguiente y ya metida en el papel que tenía que representar, subió hasta la planta 28 donde se encontraban las oficinas del rival, ese al que tantas veces había maldecido. La recepcionista se quedó sorprendida por su presencia y por su petición: ver a Diane. Sabía que podía hablar con ella a pesar de haber trabajado juntas muy pocas veces, pero era la más racional de los dos y Will podría sacar su lado más vengativo, por lo que no tendría ninguna posibilidad de explicarse. Diane la recibió cautelosa en su oficina bien iluminada a pesar del día gris con el que había amanecido la ciudad, siempre amable e invitándole a sentarse.
- Es una sorpresa verte por aquí, Melinda.
- Lo sé, Diane, y siento presentarme así pero necesitaba venir a disculparme contigo y con Will – su interlocutora pasó rápidamente de verla a ella a alguien que estaba detrás de la puerta. Le hizo un gesto con la mano para que pasara. Al girar su cabeza, Melinda vio que Gardner acababa de llegar.
- ¿Qué está haciendo aquí? – sonaba altivo y rencoroso. Seguía dolido y no podía negarlo.
- Will, ha venido a disculparse – le contestó su socia.
- ¿A disculparse? ¿Por qué? ¿Porque la gente con la que se ha asociado nos robara clientes? – se estaba alterando y, aunque lo había presupuesto, no quería que el plan se fuese al garete nada más empezar.
- Will, no he venido a disculparme por ellos sino sólo por mí – dijo al mismo tiempo que se ponía de pie y le miraba a los ojos –. Me equivoqué con Alicia y con Cary, no saben hacia dónde van. El bufete es un completo desastre, un barco que está a punto de hundirse. Por eso he decidido saltar antes de irme con ellos a pique – Will no se estaba creyendo nada, su cara impasible le estaba poniendo nerviosa –. Tenía que haberme quedado con vosotros, ser fiel, pero ahora lo puedo arreglar. ¿Querrías rematarlos, Will? Este puede ser el caso definitivo – eran las palabras mágicas que los dos socios habían estado esperando. La marcha de Alicia y Cary había supuesto una gran humillación para el bufete, una mancha que había que limpiar y, ¿qué mejor forma que borrando del mapa a la competencia?
- ¿Nos estás ofreciendo información? – preguntó interesada Diane.
- Os estoy ofreciendo la llave del castillo: información, secretos, estrategias… Sé lo que quieren hacer con este último caso en el que ambos os enfrentáis – los ojos de Will brillaban más que de costumbre aunque seguía poniendo distancia de por medio.
- ¿Qué van a hacer? – preguntó este sin mostrar gran interés.
- Quieren que el resto de pacientes afectados se sumen al caso – le contestó. Era verdad, sin embargo, necesitaba una gran entrada para conseguir su atención, ya que su confianza iba a ser mucho más difícil.
- Van a convertirla en una demanda colectiva – añadió Will, quien miraba a Diane con los ojos un poco más abiertos de lo normal –. ¿Cuándo?
- Siguen buscándolos pero es complicado, no son muy dados a hablar.
- Eso ya lo veremos – soltó Diane. Parecía que la guerrera que se encontraba en su interior acabase de despertar de un breve letargo –. Pongamos a Kalinda en esto. Necesitamos a esos pacientes.
- Entonces, ¿aceptáis mi oferta? – Melinda no tenía todas consigo. Podría haber dado un dato útil y no obtener nada a cambio.
- Sí, pero ni se te ocurra jugárnosla – le soltó lleno de veneno Will.
- En absoluto. Es más – hizo una breve pausa –, estoy dispuesta a testificar a vuestro favor. Todo sea para machacar a Florrick/Agos.
Se despidió de ambos justo en el momento en que Kalinda llegaba al despacho de Diane. Se echaron una mirada de esas que matan mutuamente. El juego acababa de empezar.
- Y vigílala. Queremos saber si realmente ha acabado mal con Florrick/Agos o se está tirando el farol – le ordenó Will, todavía mirando por el rabillo del ojo cómo Melinda desaparecía por el ascensor.
- Entendido.
Podía sentir sus ojos castaños incrustados en su nuca. Aunque ella no la viera, Kalinda se encontraba en algún lugar cerca de allí, vigilándola. Sabía perfectamente que esto iba a pasar, por lo que se había preparado bien para enfrentarse a ello. Ya en su oficina y donde nadie la pudiese ver, sacó de su bolso el móvil desechable que había comprado con la tarjeta correspondiente y llamó a Cary.
- Parece que por ahora está todo correcto. Kalinda me sigue.
- Iré a tu casa esta noche para sacar mis cosas. ¿Montamos bronca en el portal? – el tono pícaro estaba en su voz. Ella no pudo más que sonreírle al aparato.
- ¿Quieres que te tire tus cosas a la cara? Podemos hacerlo muy real – oyó su risa al otro lado de la línea. Había pasado menos de un día y ya le echaba de menos.
- Todo sea por el espectáculo.
A las nueve de la noche, puntual como un clavo, Cary se presentó en su apartamento. Prefirió quedarse en el portal y que ella bajase las cosas, como si Melinda hubiese rechazado cualquier oportunidad de que volviese a pisar su sagrada casa. Ambos sabían que tenían público y no tardaron en dar rienda suelta a la ruptura de pega más cómica de la historia. Con mucha mala leche, Melinda le entregó su caja a Cary, quien se mostraba impasible mientras esta no paraba de insultarle y mandarle que saliera pitando de allí, que no quería verle. Kalinda, desde su coche, un poco alejado del lugar, era testigo de toda la escena a través del visor de su cámara, que no paraba de trabajar sacando fotografías. Melinda se quedó a ver cómo el coche de Cary se marchaba de allí con cara de gran cabreo.
- ¿Has averiguado algo? – le preguntó Will mientras jugueteaba con su bate de béisbol.
- No están juntos. Acabo de ver cómo ella casi le tira sus cosas a la cabeza – Kalinda se mostraba inexpresiva, como solía comportarse ella. Ahora se encontraba de lleno en un trabajo, por lo que era normal verla con esa actitud distante y fría.
- ¿Estás completamente segura de eso? – seguía jugueteando con el bate, pasándoselo de una mano a otra.
- Podría cerciorarme. De todas formas, Will, no te aconsejo que bajes la guardia.
- ¿Quién te ha dicho que lo iba a hacer? – él le sonrió, desmoronando esa actitud gélida.
A pesar de echar de menos a su novio, la vida continuaba y con ella el plan. Poco a poco iba ganándose la confianza de Diane y Will, o eso creía ella, e iba obteniendo más datos sobre el caso. Kalinda había conseguido poner en el mapa a los pacientes anteriores y, desplegando a los nuevos asociados de cuarto año, fueron convenciéndoles de no presentarse como testigos. Melinda, durante un descuido, hizo fotos a los datos de contacto y se los pasó a Alicia, quien los empezó a llamar como una loca proponiéndoles un nuevo trato. El ingenio tenía que dar sus frutos si realmente querían ganar el caso. Mientras, Melinda iba contándoles a sus nuevos aliados lo que iba a testificar en el juicio para que lo fuesen puliendo hasta quedar perfecto. La investigadora, por su parte, seguía haciendo su trabajo y, entre algunas de sus tareas, fue acercarse a Cary.
- Así que te han dejado descompuesto y sin novia, ¿eh? – se encontraba apoyada en la pared muy cerca de la puerta del bufete que daba a la calle. Él se mostró sorprendido pero realmente esperaba su visita tarde o temprano.
- ¿Cómo te has enterado? ¿Ya le has dado una paliza a alguien? – hacía como que no le interesaba saber nada sobre ella, pero en verdad se moría de ganas.
- Oh, no, esta vez ha sido un pequeño pajarito quien me lo ha contado – pasó del tono travieso al comprensivo –. ¿Estás bien? Sabes que podemos hablar de lo que quieras.
- ¿En serio, Kalinda? Confié en ti y me traicionaste. ¿Para qué te voy a volver a comentar algo si se lo vas a acabar vendiendo al mejor postor? – Cary se mostraba molesto. Seguía herido por haber caído tan tontamente en su trampa. Sabía que le tenía que haber hecho caso a Melinda.
- Estamos en guerra, Cary. Trabajo para el otro bando. Aquí, ahora mismo, vengo como amiga. Puedes contarme lo que quieras. Te puedo consolar – Cary se mostró cauto aunque una parte de él se encendió como una mecha. ¿Seguía teniendo esos sentimientos por ella a pesar de tener una relación con otra persona?
- ¿Me vas a consolar de la forma en la que yo quiero, Kalinda? – su tono era serio pero travieso al mismo tiempo.
- Podría… – ella le sonrió y se acercó más a él, como si estuviera camelándoselo. Para él era tentador en el fondo, parecía como si se abriese una puerta que había estado muchos años cerrada, pero Melinda era su prioridad por el momento.
- No, Kalinda. Gracias por la oferta, pero estoy bien.
Viéndole cómo se marchaba, Kalinda se quedó en la calle y pensativa. ¿Realmente le acababa de rechazar tras años intentando acostarse con ella? ¿Qué estaba pasando? ¿Y por qué ella en cierta forma se sentía decepcionada? Nunca había sentido nada por Cary excepto amistad, pero que la rechazase la hacía sentirse mal de una forma que no podía llegar a comprender en su totalidad.
- Tienen a un testigo que nos puede hacer perder todo lo que hemos conseguido hasta el momento – sonó por el altavoz que se encontraba en la mesa de la sala de reuniones. Se podía notar en su voz que Melinda estaba fatigada, como si hubiese corrido para ir a contarles la noticia.
- ¿Quién es? – preguntó urgentemente Alicia.
- Una de sus enfermeras, o su novia, como queráis tomároslo. Va a apoyar su versión aunque sea mentira.
- Podríamos desenmascarar a los dos en el estrado – comentó Cary.
- ¿Cómo? – Carey se mostraba falto de ideas pero intentaba que los demás suplieran su vacío.
- Con otra enfermera – soltó Melinda tras una pausa –. Por lo que comentan Diane y Will, hay una enfermera que podría echar por tierra sus testimonios, pero la están intentando comprar. La amenazan con darle la vuelta a su declaración y acusarla de perjurio.
- ¿Sabes cómo se llama? – Robyn acababa de aparecer por allí.
- Todavía no pero en cuanto sepa algo te mando un mensaje con sus datos.
Melinda se sentía como toda una Viuda Negra, o la versión femenina de James Bond, pero mucho menos arreglada. No iba a dejar de lado su estilo de vestir por estar en el bando contrario. Cada vez tenía que ser más cautelosa con sus movimientos ante la llegada inminente del juicio, cuando todo se descubriría. Durante los últimos días, había fantaseado con la cara que se les quedaría a Will y Diane, sorprendidos por su interpretación y lo bien que les había engañado. "No te vayas por las ramas, que todavía no se ha acabado. Es mejor que te concentres en lo que tienes que hacer".
Tras un par de días más nerviosa de lo habitual, con todo el lío que tenía en el hospital, su faceta de doble agente y que tenía a Kalinda más pendiente de su cogote que su madre cuando era una niña pequeña, se presentó en la sala que les había tocado, donde el juez Kluger era el encargado de dictar sentencia. Melinda se sentó en la parte de Lockhart & Gardner, esperando a que le tocase su turno. Deseaba que todo este asunto se acabase en el mismo día, pero no tenía pinta de que fuese así. Florrick/Agos atacó duramente para ser la primera embestida al anunciar que presentaban la petición de convertir la demanda en una colectiva con el apoyo del resto de pacientes afectados. Will intentaba no mostrar su enfado delante de sus rivales, pero no se cortó un pelo cuando volvió al bufete.
- ¡¿Cómo coño sabían que estábamos tras el resto de afectados?! – gritó por toda la planta 28. Melinda le seguía a unos pasos por detrás, intentando pasar desapercibida.
- Tranquilízate, Will. Así no vamos a arreglar las cosas – le sugirió Diane, quien se mostraba más calmada teniendo en cuenta la situación.
- No. Ya lo sé. Nos la han jugado, Diane, eso es lo que más me molesta. Podemos hacer frente a una demanda colectiva, pero lo que no me gusta ni un pelo es que nos engañen y que jueguen con nosotros.
- Averiguaremos quién ha sido pero ahora mismo nos tenemos que centrar en cómo vamos a atacar de vuelta.
- Como hayas sido tú – le espetó Will a Melinda, quien se encontraba callada en la puerta de su despacho –, te voy a despedazar con mis propias manos – sonaba serio Y amenazante. Melinda tragó saliva como pudo pero no se quedó atrás.
- ¿Qué te dice que soy yo, Will? Puede haber sido uno de los asociados de cuarto año que mandaste con uno de esos pacientes. Es posible que tengan algún contacto con ellos y hayan querido traicionarte – se mostró tranquila y segura de sí misma, pero sabía que aquello se iba a desmoronar de un momento a otro.
Plantar la duda en uno de los asociados no había sido una mala idea, quitaría el foco de ella durante un rato, pero tenía la sensación de que, o esto se acababa ya, o no podía aguantar con la farsa por más tiempo. Tenía un historial que gritaba a los cuatro vientos que era culpable y su desazón por volver a ver a Cary y estar con él hacía más difíciles las cosas. Por casi se pone a rezar para que todo esto se acabase pronto.
En el segundo día del juicio, Melinda les había dado el chivatazo a Diane y Will de que la parte contraria no había encontrado un profesional de mismo nivel que ella para rebatir su testimonio. Will sonrió al ver que seguía manteniendo el control de la situación a pesar del mazazo del día anterior, pero no sería por mucho tiempo. Tras oír la declaración de la novia del médico acusado y de este, Alicia presentó a la otra enfermera, la que estaba dispuesta a desmantelar toda la historia punto por punto. Tanto el semblante de Will como el de Diane eran todo un poema que Alicia y Cary estaban disfrutando. También lo hacía Melinda pero de manera mucho más disimulada para no hacer volar su tapadera por los aires. No quedaba mucho para eso ya que después del pequeño receso el juez le daría paso.
- ¿Te acuerdas bien de todo lo que tienes que decir? – le preguntó Will con sus manos apoyadas en sus hombros. No sabía si quería parecer comprensivo o intimidante.
- Sí, no te preocupes. Va a salir todo bien – le estaba mintiendo en su cara pero, ¿qué es lo que había hecho aparte de eso durante los anteriores días?
- Vamos a allá – le indicó que fuese delante de él con un gesto.
Todos los presentes se fueron sentando tras ver que el juez ya lo había hecho. Siempre había tenido ciertos nervios al compartir su experta opinión ante un tribunal pero esta vez era diferente, sólo requería unos segundos más y explotaría delante de todos.
- ¿Tiene un experto que nos pueda iluminar, señor Agos? – preguntó el juez Kluger, a quien se le veía molesto por tanto bombo que se le estaba dando al caso.
- Sí, Señoría. Melinda Cavanaugh.
Se levantó y se dirigió al estrado con aires triunfantes, despojándose de su lado el papel de víctima cuando realmente era el verdugo, disipando su inocencia con cada paso. Les dirigió una mirada altiva a los que habían sido sus aliados por unos días, mientras que Alicia hacía lo mismo, con una media sonrisa en su cara. Vio cómo Will miraba a ambas, casi colorado por la rabia. Cary también estaba contento, la jugada había salido a la perfección. Melinda estaba en el bando correcto, en el ganador; no había ninguna manera de que el médico saliese impune ante tal desfachatez, negarle otro trasplante a un paciente que luchaba por su vida, parecía como si quisiese que se fuese para el otro barrio. Él no era el culpable de que su cuerpo rechazase el órgano, son cosas que pueden pasar y para las que hay que estar preparado. Su decisión no tenía ni pies ni cabeza. El juez les dio la razón, ni más ni menos. Pero aunque la batalla había terminado, la guerra seguía en marcha.
- Bien jugado. Veo que seguís igual de rastreros que siempre – comentó Will antes de marcharse con su socia siguiéndole los pasos.
- Entonces no sé de qué te sorprendes, Will, si parece que ya nos conoces. Más suerte la próxima vez – Cary y Alicia sonreían; Melinda se encontraba lo bastante cerca como para oír todo, a un banco de distancia de ellos.
- Oh, te aseguro que la próxima vez va a doler – Will trataba de controlarse pero le resultaba un trabajo de lo más complicado. Diane le puso una mano en su hombro.
- Vámonos – dijo ella.
- ¿Contenta? Espero que realmente te hundas con este barco, Melinda, y vuelvas a mi bufete donde te daré con la puerta en las narices. Ahí es cuando se te quitarán las ganas de vengarte – le amenazó Will. Ella no pudo más que seguir con su sonrisa triunfal intacta.
- ¿De verdad, Will, por qué no te mueres y nos dejas en paz, no ves que estás haciendo el ridículo? Sé un hombre y aprende a encajar un buen golpe. No deberías fiarte de nadie. Y, por cierto – hizo una pequeña pausa –, a lo mejor eres tú quien viene a nuestra puerta pidiendo perdón. Deberías andar con cuidado con lo que dices: si escupes al cielo te puede caer de lleno – mantuvieron sus miradas por un instante pero, instándole a seguir caminando, Diane le dio un empujoncito y se fue detrás de él.
Había sido unos días llenos de tensión. Interpretar el papel de víctima, el rebajarse ante unas personas con las que mantenía una guerra por una causa que ni siquiera era la suya, a pesar de haberla adoptado, no era fácil, agotaba por completo. Lo bueno de que todo se hubiese terminado era que Cary podía volver a dormir con ella, sentir sus brazos a su alrededor mientras estaban acostados y vería esa sonrisa de niño bueno por las mañanas. Le había echado muchísimo de menos, tanto que a veces, si se paraba a pensarlo, dolía.
- ¿Cómo te ha ido en tu corta vida sin novia? – le preguntó riéndose mientras estaban metidos en la cama.
- Ha sido… aburrida – respondió pensativo.
- ¿Aburrida? Es un buen calificativo, sí señor – ambos se rieron.
- ¿Qué puedo decir? Te he echado de menos.
- ¡Eso es lo que podrías decir, sin andarte con rodeos! – seguía teniendo un tono divertido.
- Te he echado de menos, Mel – se acercó un poco más a ella y le plantó un beso en los labios.
- ¿Qué te parece si recuperamos el tiempo perdido?
Y se dedicaron a perderse entre las sábanas, o en sus cuerpos.
