*Poco a poco las cosas se van complicando en esta idílica burbuja en la que Melinda vive junto a Cary. Quedan sólo tres capítulos para cerrar esta parte del fic. ¿Estáis preparados?
Os animo a comentar lo que os está pareciendo y os espero en dos semanas.*
27
Quien avisa no es traidor
Tras la peligrosa jugada con Lockhart & Gardner, Melinda había recuperado la normalidad de su vida. Seguía trabajando a destajo, ya fuese por la cantidad de operaciones que tenía o por las labores relacionadas con la junta. Incluso había sacado tiempo para visitar a su hermana y ponerse al día con ella, algo que parecía que no hacía desde tiempo ha.
- ¿De verdad hiciste eso? – Elia le dio un pequeño trago a su copa de vino mientras estaba junto a su hermana en el sofá. La estampa le recordaba a cuando eran un par de adolescentes llenas de hormonas y un sinfín de sueños por cumplir.
- Sí – dijo pronunciando una pequeña pe al final del monosílabo.
- ¡Venga ya! ¿Hiciste de James Bond para que Cary ganase un caso? ¡¿Pero qué clase de locura es esa?! – Elia pensaba que Melinda estaba exagerando, cosa que a veces hacía para darle un toque más dramático contando sus historias.
- No sólo Cary, todo el grupo. Esto es un trabajo de equipo, Elia – se hizo la ofendida pero realmente estaba disfrutándolo –. Lo que más me gustó de la situación es que, aunque no esté prácticamente segura, Kalinda se lo creyó en cierta forma. Si no, Will no hubiese confiado tanto en mí.
- ¿No te estarás metiendo en problemas, verdad, Mel? – estaba preocupada. Era su hermana y lo último que querría para ella es que tuviese algún tipo de enfrentamiento con aquella mujer de la que tantas veces la había hablado.
- No creo. Excepto Cary, que es quien nos une, no tengo nada que ver con ella. Ni tampoco quiero, ¿me oyes? Lo único que parece que hace es aprovecharse de la gente y no quiero ser una de las víctimas.
- Simplemente aléjate de ella, ¿vale? – Melinda se empezó a reír –. ¿Qué? ¿Ahora qué pasa?
- ¿Desde cuándo haces de mamá conmigo, Elia? Te agradezco la preocupación pero sólo falta que te pongas a psicoanalizarme – le sonrió tiernamente.
- ¡Eso jamás! – las dos hermanas se rieron antes de seguir con el vino.
Cary continuaba enfrentándose de vez en cuando a Lockhart & Gardner, quien siempre embestía con todo lo que tenía. Alicia y él les habían humillado otra vez desde dentro con Melinda y la herida se había abierto más de lo que ya estaba. Sin embargo, a pesar de la situación, Kalinda salía a su encuentro de vez en cuando.
- Tu chica nos ha golpeado bien – le había interceptado mientras andaba hacia el hospital para reunirse con su novia.
- No deberíais haberos confiado, y menos de alguien que no es del negocio – Cary sonrió pícaramente mientras miraba al frente. Una parte de él quería mantenerse alejado de Kalinda, sabía que le traería problemas, pero, por otro, no había olvidado ciertos sentimientos que tenía hacia ella. Se sentía culpable pero sabía que, al haber sido débil una vez, volvería a serlo tarde o temprano.
- Tiene relación con el negocio. Su padre es abogado. No te olvides de ello – le respondió con el mismo tono de listillo con el que la había respondido.
- ¿De verdad, Kalinda, siendo investigadora, no conoces la situación familiar de mi novia? No tiene la mejor de las relaciones con su padre – se paró en seco para mirarle a la cara –. ¿Qué quieres?
- Nada, sólo charlar – se hacía la inocente pero ambos sabían que ella no era una santa.
- ¿Charlar? ¿Estás segura? – Cary no caía en la trampa pero el tenerla tan cerca podría empezar a hacer estragos en él.
- Antes hablábamos, Cary. Éramos amigos. ¿Qué ha pasado? – se estaba acercando a él, como si ronronease.
- "¿Qué ha pasado?". Me la jugaste, Kalinda. Me dejaste sin oficinas porque creí que te vendrías conmigo. Eso pasó – se había puesto serio. Intentaba no mostrar cómo sus técnicas empezaban a surtir efecto poco a poco pero su careta se podría caer en cualquier momento.
- Te engañé bien, ¿eh? Ya me conoces, Cary, soy fiel a Lockhart & Gardner – seguía acercándose más. ¿Qué estaba pasando? De repente, la imagen de Melinda llegó como un relámpago a su cabeza y tomó el control de su ser.
- Kalinda, tengo prisa. Seguiremos con esto en otra ocasión – se deshizo de ella como pudo y se dirigió a la puerta principal del hospital.
Intentó sacudirse la sensación que Kalinda le había dejado en el cuerpo. A veces se preguntaba cómo, después de tanto tiempo y estar en una relación sentimental con otra persona, seguía teniendo ese efecto en él: se le erizaba la piel, el calor iba en aumento… Se encaminó hacia el despacho de Melinda que tenía la puerta abierta. Un leve toque en esta la sacó del montón de papeles que tenía alrededor.
- ¿Mucho ajetreo? – le sonrió ofreciendo su apoyo.
- ¿A ti qué te parece? Después de tanta operación alguien tiene que rellenar los informes. ¡Ugh, esta es la parte que me parece más coñazo! De verdad, si hay alguien en este planeta al que le guste esto se lo cedo – ya se había levantado para recibirle con un beso –. ¿Qué te trae por aquí? – preguntó mientras ambos se sentaban en el sofá.
- ¿Te has enterado de que han demandado a uno de vuestros doctores? – Melinda puso una cara extraña. Estaba desconcertada.
- Eh, no, no tenía ni idea. ¿Y le representas tú? – Cary asintió.
- El hospital no quiere dejar nada a la suerte y quiere hacerse cargo de su representación, por lo que estoy aquí.
- ¿Quién es? – tenía curiosidad por si conocía al tipo. A ella no le había llegado ninguna noticia sobre ello; no se había sacado el tema en las reuniones.
- Dick Bellamy – llegó a decir tras rebuscar entre los papeles del caso.
- ¡Wow, pues espero que tenga suerte porque con ese nombre…! – hizo una pequeña mueca. Él se rio.
- Lo haré lo mejor posible. Te lo prometo – le tocó una pierna para insuflarle un poco de esperanza.
- Más te vale, Agos, si quieres mantener al hospital como cliente – tenía curiosidad por saber quién había decidido que la institución tomase cartas en el asunto de la representación legal. Se aventuró a preguntar –. Hey, una cosa. ¿Quién os ha dicho que representéis al doctor?
- El jefe de la junta, ¿por? – se mostraba contrariado cuanto menos.
- No ha dicho nada a nadie. No se ha hablado sobre esto en ninguna de las reuniones a las que he asistido y voy a todas. Me resulta… raro – Cary le cogió la mano.
- Hey, no te preocupes. Lo habrá hecho por una buena razón. Además, si te pasa en algún momento a ti, que esperemos que no sea así – se apresuró a añadir –, ya sabes que puedes contar con el hospital para que te cubra las espaldas.
De repente, como si de un fogonazo se tratase, ambos vieron a alguien conocido pasar cerca de la puerta. Cary fue el primero que reaccionó. Se levantó y fue detrás de la figura masculina que había visto hace unos segundos.
- ¿Andrew? – el hombre se paró en seco. Su aspecto era reconocible desde lejos, parecía un veinteañero atrapado en el cuerpo de un cuarentón. En cierta forma se parecía a Neil Gross pero sin los millones de dólares de por medio. Se giró para ver a su interceptor.
- Cary. ¡Qué sorpresa! – recortó un poco las distancias con él.
- ¿Qué haces por aquí? – la pregunta era aparentemente inocente aunque intuía la respuesta.
- Estoy investigando un caso.
- ¿No será el del doctor Bellamy, verdad? – Andrew puso cara de "culpable".
- Me has pillado. ¿Lo llevas tú? – él también sabía la respuesta.
- Le represento – en aquel momento, Melinda había decidido acercarse.
- Señor Wiley, un placer verlo de nuevo – le tendió la mano para estrechársela –. ¿Qué tal están las pequeñas fieras?
- Muy bien. Ahora mismo están en el colegio – la cara del investigador había cambiado por completo. Se mostraba mucho más amigable y sonriente.
- ¿Os conocéis? – Cary estaba un poco fuera de onda. No sabía muy bien qué estaba pasando.
- Soy la pediatra de sus hijos. Ya veo que vosotros sí que os conocéis de antes – resaltó Melinda.
- Sí, Andrew y yo somos amigos desde hace tiempo – "Ya, ya, amigos", pensó para sí –. Un placer verte, Andrew. Veo que no será la última.
- Nos veremos las caras. Un placer, Melinda – le sonrió y siguió su camino.
- Ese "somos" era hace años, ¿no? Se podía ver a la legua que no os tragáis – soltó mientras volvían al despacho.
- Tuvimos unas pequeñas discusiones en el pasado. Nada importante. ¿Sabes que es el investigador de la parte contraria?
- ¿Y deberíamos preocuparnos? – Melinda no conocía cuán bueno era Wiley en su trabajo aunque ya conocía de antes a lo que se dedicaba mínimamente.
- Es bueno, pegado a las normas, no se las saltaría, pero sí, habría que ir con cuidado.
- Advierte a Robyn. Dará lo mejor de sí misma – Melinda tenía cierta debilidad por la investigadora. Había estado en la cuerda floja hace meses, viendo su trabajo peligrar, por lo que fue a ella para que pudiese ayudarla. En el fondo, Robyn era una de las pocas en ese bufete que la entendía, tan distinta a los demás que era como un soplo de aire fresco.
Melinda, todavía con la mosca detrás de la oreja, estuvo indagando sobre esa decisión que se había tomado sin su aprobación. Hablando con otros miembros de la junta, se quedó con que no era la única de la que habían pasado olímpicamente. Al final prefirió dejar el asunto a un lado y dedicarse a su trabajo.
Al día siguiente, por sorpresa, Andrew citó a Cary en su casa y este decidió llevar a Melinda. Aunque se quedó descolocada en un principio, luego supo que necesitaba un par de ojos más por si acaso se le escapaba algún detalle, algún movimiento que hiciera que Wiley se revelase.
- Chicos, vuestro hombre es culpable de mala praxis – mientras ambos parecían discutir con la mirada, Melinda se dedicó a cotillear inocentemente por la cocina.
- ¿Y eso quién lo dice, si puede saberse? – preguntó Cary esperando ver de qué pie cojeaba su interlocutor.
- Las pruebas, Cary, lo dicen las pruebas, los testigos.
- ¿Y has conseguido eso en tan poco tiempo con tres críos a tu cargo? ¿Tienes un clon, varios? – soltó sarcásticamente Melinda enfrascada con unos planos pinchados en el corcho de la estancia.
- Eso es problema mío pero sí, tengo testigos que sustentan lo que dice el paciente afectado.
- ¿Esto es un cohete? – se estaba yendo del tema totalmente pero se encontraba sorprendida por lo que estaba viendo.
- Sí, mi mujer es quien los diseña – contestó sin darle mucha importancia.
- ¿Y qué me quieres decir con esto, Andrew? – prosiguió Cary –. ¿Por qué me has citado en tu cocina? – Melinda seguía merodeando.
- Con la situación laboral en la que estás, quizás sería lo mejor que te echases para atrás en esta, amigo – había una rara tensión en el ambiente. Por un momento, Melinda pensó que iba a ser testigo de una lucha al más puro estilo Street Fighter.
- ¿No crees que te estás pasando? Esto sólo acaba de comenzar – decidió intervenir y poner un poco de paz entre los dos –. Agradecemos tus intenciones pero no vamos a darnos por vencidos nada más comenzar la partida – se hizo un pequeño silencio. La máquina estaba en funcionamiento. De repente estaba ahí mirándola. Se trataba de un pequeño león con aspecto de peluche sobre la mesa. Wiley se dio cuenta de ello.
- Es un altavoz para el teléfono – Melinda miró de reojo a Cary y este asintió.
- Es muy mono – tenía asuntos más urgentes que tratar –. ¿Hacemos una apuesta? ¿Qué te parece? Si el doctor no es culpable, me quedo con tu leoncito. Si lo es, ¿qué quieres?
- Medicinas para el catarro para mis hijos, gratis.
- Trato hecho – dijo mientras se estrechaban las manos –. Ahora, vamos a trabajar.
La pareja salió de la casa del investigador y se metió en el coche sin vacilar. Todavía tenían que llegar a sus respectivos lugares de trabajo y el tiempo se les echaba encima. Ya habían tardado bastante allí siendo advertidos por el adversario que iban a perder.
- ¿Y a qué ha venido lo de la apuesta? – preguntó extrañado Cary.
- ¿Sabes cuando algo se te antoja y harías cualquier cosa por tenerlo? Pues eso me ha pasado a mí con el león. Además, esto añade un poco más de emoción al caso, ¿no te parece? – la cara de su novio era toda una oda a la preocupación –. Hey, sabes que te voy a ayudar en todo lo que pueda, ¿verdad? Tengo acceso directo al doctor, a las enfermeras y a todo el que estuviese allí. Es meterme en la base de datos, hacer un par de llamadas y puedo conseguirte la información.
- Ahora tenemos que ganar sí o sí – había un cierto tono de resignación en su voz.
- Alguien tiene que ganarme un pequeño león, ¿no?
En algunos de los descansos que se tomaba entre informe e informe, la tarea más desquiciante para Melinda, esta se dedicó a pensar en Andrew Wiley. No era un tipo muy agraciado físicamente pero con su mujer había dado un gran "pelotazo". Por lo que le estuvo contando Cary, la mujer de Wiley se dedicaba a diseñar cohetes, algunos para la marca Virgin, la cual se había introducido en este mundillo hace unos años. Al mismo tiempo, durante esta época había tenido tres hijos, dos niñas y un niño, a los que ella conocía bien desde que habían nacido. Aunque no quería vivir a cargo del trabajo de su mujer, Andrew no tenía mucho tiempo para dedicarse a su labor como investigador tras proclamarse amo de casa, lo cual alabó privadamente Melinda. "Ya es hora de que los maridos se ocupen de sus hijos y de las tareas del hogar", pensó para sí. Sin embargo, en cuanto a su relación con Cary no sabía mucho excepto el apunte que le había dado el día anterior, alguna discusión que otra sobre un tema desconocido. Le picaba la curiosidad, no lo iba a negar, pero eso formaba parte de su intimidad con él y no quería ponerlo en una incómoda tesitura. Cuando vio que le quedaba un cuarto de pila para terminar el papeleo, decidió darse una vuelta por el hospital, en concreto al ala de cirugía general para investigar por su cuenta sobre el doctor Bellamy. Estuvo hablando con otros pacientes, enfermeras, personal que le asistió en la operación y, o todos le estaban contando un cuento o algo les había ofrecido Wiley por su testimonio, cosa que no casaba con lo que le había dicho su novio anteriormente; Andrew siempre seguía las reglas. Ninguna de las personas con las que habló le sugirió mala praxis por parte del doctor sino todo lo contrario, era un buen profesional y mejor persona, preocupado por sus pacientes y entregado a ellos hasta que salían por la puerta del hospital. Se decidió a consultar los ficheros de operaciones anteriores practicadas por Bellamy, incluso vio el vídeo de la intervención en cuestión y nada parecía hacer saltar su alarma interior.
Tras acabar su turno, cogió el coche y fue hacia el bufete, esperando los datos que Robyn había conseguido por su cuenta. Todo esto le sonaba bastante raro. ¿Podría ser una conspiración contra el buen doctor?
- ¿Conspiración? – repitió Cary –. ¿Qué sugieres, Mulder?
- Lo que estoy diciendo es que, tanto Robyn como yo, hemos hablado con el personal al cargo de Bellamy y otros pacientes suyos y, sorprendentemente, nadie tiene ninguna queja sobre él. Es todo lo contrario, nada más que palabras bonitas hacia él. Huele raro – Agos se encontraba pensativo, en pleno proceso de encajar las piezas –. ¿No podría ser que tu examigo nos la quiere colar? ¿A lo mejor una forma de que nos demos por vencidos?
- Me resultaría raro en Andrew. Él no es así – le estaba defendiendo pese a todo.
- Cary, la gente cambia. Él también podría haberlo hecho – le dijo con una mano sobre su hombro.
- Puedo mirar si Matan les ha prometido cualquier cosa – soltó de repente Robyn –. No me extrañaría.
- Con tal de salirse con la suya… Gracias, Robyn – contestó Cary.
Él se sentó en su silla donde se desplomó con todo el cansancio que albergaba. Melinda sólo quería abrazarlo pero le dejó tranquilo un momento mientras tenía cerrados los ojos. De repente, Clarke se acercó a ellos pero con el intercambio de miradas que tuvo con ella, supo que debía dejarlo para más tarde.
- No has parado en todo el día, ¿verdad? Deberías darte un momento para ti – le dijo dulcemente mirándolo en aquella postura.
- No puedo descansar – abrió los ojos y se echó hacia delante, poniendo los antebrazos sobre la mesa –. El tiempo apremia – le sonrió.
- Ya, y tú ni siquiera puedes ver las cosas claras ahora mismo, Cary. Vete a casa a descansar y mañana estarás más fresco para seguir con el caso – le cogió la mano –. No pierdas el tiempo, inviértelo en ti. Vámonos a casa.
Se esforzó en animarle un poco, que su cabeza saliese del caso en el que estaba enfrascado y pudiese coger aire. Le contó el repaso que había hecho con sus pacientes, algo que siempre era digno de ver. Los niños son siempre muy listos y suelen encontrar las grietas para meterse dentro de uno, por muy serio que parezca. Conseguían llegar a tratos con ella, tomarse las medicinas a cambio de algo: un juguete, una videoconsola, más tiempo en la sala de juegos, etc. Luego ella tendría más material para sobornarles o castigarles. A pesar de que era la doctora de todos ellos, una parte de ella también ejercía de madre, sobre todo cuando se requería una figura más autoritaria. No siempre era así pues también se mostraba cariñosa con sus pacientes, estaban a su cargo y quería lo mejor para ellos. Simplemente, aquellos días, no quería enterrarse en papeleo, sino que prefería la acción del quirófano. Por eso agradeció la visita inesperada de Andrew Wiley un par de días después.
- Gracias por recibirme – dijo mientras se sentaba en la silla que tenía frente a la de Melinda.
- No, gracias a ti por sacarme de este infierno – le respondió mostrándole el trabajo que tenía por delante –. ¿Quieres algo de beber, una taza de café, un vaso de agua?
- Oh, no, muchas gracias pero estoy bien así – casi de inmediato se puso serio, más profesional –. Vengo a preguntarte por el doctor Bellamy.
- No sé nada distinto de lo que tú ya conoces – continuó con la seriedad de su interlocutor –. Bueno, sí, que dicen todo lo contrario.
- Es posible que te teman porque formas parte de la junta – empezó el contraataque. Melinda estaba más que preparada. Los enfrentamientos sacados de la manga no la achantaban.
- Yo no despido a la gente porque sí y menos cuando no son de mi departamento. Soy de las últimas que votan a favor o en contra de poner a alguien en la calle. No entiendo por qué deberían temerme – se encontraba relajada, viendo cómo la pelota iba de un lado a otro de la pista.
- No hablas igual con una persona del entorno que con un forastero.
- Ya, con el forastero deberían hablar menos, ¿no crees? – le dedicó una media sonrisa –. Andrew, tanto a nuestra investigadora como a mí, las mismas personas nos han contado lo mismo; todas son buenas palabras para el acusado. A lo mejor tienes que investigar sobre si alguien de la fiscalía del Estado les ha puesto el dulce en los labios y ahora quieren comérselo.
- ¿Kalinda? – un poco más y diría que estaba horrorizado. Se inclinó hacia adelante en su asiento, como si quisiera contarle un secreto –. ¿Kalinda es vuestra investigadora? – Melinda estaba contrariada. ¿Otra víctima de la investigadora con botas?
- No, Robyn. Kalinda se quedó en Lockhart & Gardner. ¿Por qué te preocupa? – la curiosidad hizo acto de aparición.
- Mantente alejada de ella. No es trigo limpio – se había puesto paternalista pero no se lo tomó a mal. Sonrió.
- Mira, en eso estamos de acuerdo – se hizo un pequeño silencio. Wiley parecía dubitativo, como si no se decidiese a contar algo.
- ¿Cary te ha contado por qué dejamos de hablarnos? – eso sí que le pilló por sorpresa.
- No. Tampoco le he preguntado, para serte franca – se inclinó hacia adelante, imitando la postura de Andrew.
- Cary y yo éramos buenos amigos. Me trajo de vuelta al mundo de la investigación cuando ya lo creía olvidado. Prefería ejercer de padre las veinticuatro horas del día y hacerme cargo de la casa mientras mi mujer estaba fuera trabajando. No me importaba en absoluto, es más, me gustaba y lo sigue haciendo – hizo otra pausa –. Cuando Cary estaba en la fiscalía del Estado vino buscando mi ayuda para un caso que tenía a Kalinda como objetivo – a Melinda se le estaban abriendo los ojos un poco más cada vez que le escuchaba –. No pintaba bien para ella pero logró escapar gracias a Cary, quien la ayudó a escondidas. Lo supe porque les seguí más de una vez y me enfrenté a él ya que nunca comprendí por qué seguía ayudándola. Sabía que tenía una cosa por ella, una especie de "cuelgue", pero echarle una mano supondría poner en riesgo su puesto en la fiscalía. Lo hizo sin pensarlo, se lanzó a ello – lo estaba rememorando, se notaba en su semblante. También recordaba la frustración del momento –. No puedo hacer ver a un ciego, Melinda, y creo que, en el fondo, tú misma lo sabes.
- Las cosas han cambiado, Andrew. Cary está conmigo y todo va bien.
- Hasta que no vayan bien – la cortó –. ¿Sabes que han hablado, verdad? – Melinda estaba más seria que de costumbre. ¿A qué se refería exactamente? Wiley pareció leer su gesto –. No lo sabes.
- No sé a qué te refieres realmente – soltó intentando pararle los pies –. Sé que hablaron hace tiempo, cuando Kalinda se la jugó.
- No, más tarde. Hace un par de días estuvieron hablando frente a este hospital – Melinda ya no sabía lo que creer pero la noticia le sentó como un jarro de agua fría. ¿Entraba en los planes de Wiley ponerla en contra de Cary? ¿Todo esto era por el caso o había un motivo personal de por medio?
- ¿Y? – levantó una ceja como muestra de despreocupación.
- Eres una buena profesional, Melinda, y todo el mundo dice que también eres una gran persona. Me caes bien. No quiero que te haga daño. Ya me lo hizo a mí como amigo por esa mujer; que no te lo haga a ti como novia que eres. No te acerques a Kalinda y no dejes que se acerque a Cary – se le notaba sincero y ella prefirió dejarlo así.
- Te lo agradezco, Andrew. Tendré cuidado.
Agradecía la advertencia pero no sabía hasta qué punto debería preocuparse. ¿Era posible que Cary siguiese teniendo sentimientos hacia Kalinda después de siete meses juntos? Por ahora lo mantendría en un rincón de su mente, sin obsesionarse demasiado, aunque no sabía si podría evitarlo. Al llegar al coche, decidió poner la radio, dejar que sus problemas fluyesen al son de la música y olvidarlos por un momento.
- Teníais razón – dijo Cary nada más verla –. Matan ha estado engordando la oferta a los testigos hasta hacerla de lo más jugosa.
- ¿Ya empiezas a creer, Scully? – preguntó ella con una sonrisa.
- Estoy en ello – la besó y todas las dudas se disiparon.
Estaba segura de que picaba de inocente, que a lo mejor la estaba engañando con su mejor interpretación, pero le gustaba demasiado aquella mentira en la que estaba viviendo, esa perfecta burbuja que habían construido juntos. Por ahora, seguiría en ella.
