*¡Hola de nuevo! Con motivo de mi cumpleaños, quería ofreceros el prólogo de lo que va a ser la segunda parte del fanfic. Por el momento tengo 18 capítulos escritos, para mí pocos para seguir publicando la historia de inmediato. Espero que los estudios me dejen un poco de tiempo por lo menos para añadir unos cuantos capítulos más y seguir.

De todas formas, seguid el fanfic y os enteraréis de cuándo subiré nuevo material sin falta.*

Parte II

hasta que alguien la rompe

Prólogo

Comienza el fin de Melinda Cavanaugh

Todo el mundo tiene un lado oscuro. Yo lo sé, lo siento dentro de mí intentando salir como si le fuese la vida en ello. Otra cosa es que lo exploremos, que le demos rienda suelta y se apodere de nosotros, de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Hace tiempo que conozco de su existencia, desde que era una adolescente con mucha rabia dentro, algo que dejaba salir en la más absoluta intimidad de mi habitación a través de las lágrimas en su mayoría. He tenido pensamientos terribles, terroríficos, hacia otras personas, no hacia mí; nunca he sentido el impulso de hacerme daño, pero sí de hacérselo a los demás. Esa rabia, el dolor, la frustración, me han llevado a imaginarme más de una vez cómo mataría a mi propio padre, cómo le clavaría un cuchillo de cocina en su pecho mientras dormía. Iría a su habitación cuando se encontrase en el más profundo de sus sueños, de puntillas, sin hacer ruido, teniendo como único compás el ritmo de mi respiración. Al acercarme, levantaría poco a poco el cuchillo y, al estar sólo a un paso de él, le contemplaría, como lo hace una madre con su hijo, con cierta ternura. El problema sería que no habría ternura en mis ojos, sino el más profundo odio nacido de mis entrañas. Levantaría el cuchillo más alto y, midiendo a ojo, se lo clavaría en el esternón, atravesándolo hasta llegar al motor de la vida: el corazón. El cómo deshacerme de las pruebas es un punto que nunca he pensado. A lo mejor quisiera que me cogiesen, que alguien me salvase de mí misma y de la siguiente atrocidad que pudiese cometer. Tranquilo, no lo he hecho, como puedes comprobar, pero sí que lo he pensado. "No se merece vivir", me he dicho a mí misma a raíz de varios actos: de su comportamiento estúpido e infantil conmigo, de la traición hacia mi madre y de las mentiras con las que nos ha intentado (y sigue intentando) engatusar a mi hermana y a mí. Sin embargo, nunca lo he intentado, algo dentro de mí ha parado a la bestia que habita en mi interior. Quiero pensar que es el raciocinio, cosa que todavía no he perdido y que me mantiene cuerda, siendo quien soy y sin saltarme una línea que jamás se debe de cruzar. Pero, sinceramente, no sé qué me detiene. ¿Realmente quiero liberar ese lado oscuro que albergo? ¿Se está verdaderamente preparado para ello? ¿Qué hace que una persona dé rienda suelta a la locura que eso conlleva? ¿Podría ser yo la siguiente?

Pienso que una vez que se da el primer paso en cualquier aspecto de la vida, cualquiera, ya no hay marcha atrás. La segunda vez, la tercera, se producirán de una manera más fácil, sin tantos impedimentos morales en la mente. Simplemente uno se deja llevar por la corriente. Llega la libertad absoluta. No hay cadenas, ni leyes, ni lecciones que hemos estado tragando durante toda la vida para continuar en la rectitud del camino. Adiós a los mandamientos y bienvenidos a la bacanal de la vida.

Estos escalofriantes pensamientos me llevan a la gran conclusión de algo que ya sabía en mi fuero interno: soy una mala persona. Supuestamente, una "mala persona" es aquella que hace cosas malas pero, en mi caso, simplemente las pienso. Son pensamientos oscuros, llenos de maldad, odio y consecuencias que cambiarían mi vida. Pero, por otro lado, me dedico a salvar vidas, ayudo a los demás, me muestro cariñosa con mi allegados, he amado; hago cosas buenas. Soy una mala persona que lleva a cabo acciones buenas, que intenta equilibrar su interior con su exterior. La pregunta es, ¿por cuánto tiempo se puede conseguir esto? Llegará un momento en el que ni siquiera tenga un propósito por el cual hacerlo, que me anime a ser esa aparente buena persona, esa cara amable hacia el otro. ¿Cuándo llegará mi total conversión? Poco a poco siento cómo esa oscuridad se apodera de mí y, aunque siento miedo, una parte se siente liberada, arrastrada hacia la libertad que me va a conferir mostrarme tal y como soy. Pero, ¿realmente soy así, un alma oscura llena de veneno que quiere infectar a los demás? ¿Cuál es el propósito que tiene este cáncer negro?

¿Es la locura la que te elige a ti o eres tú quien la elige? En mi caso es una mezcla de ambas cosas. La oscuridad siempre ha vivido en mí, relegada a un rincón enjaulada por decisión propia pero, si alguien toca una porción muy sensible de ti, si provoca que la locura se desate, entonces eres tú quien la está eligiendo. Pensándolo ahora, tras todo lo vivido, no quería que las cosas hubiesen ocurrido así, tan precipitadas, tan poco consultadas con la almohada y demasiado con el corazón, dejando a la razón completamente muda. Hice daño, mucho, devolviendo o, incluso yendo a más, de lo que me lo hicieron a mí. Quería ver la destrucción de su vida, que viviese en sus propias carnes el infierno por el que estaba pasando, que suplicase por que parara. Creí que tenía el poder en mis manos, que podría con todo por mucho esfuerzo, sacrificio o dolor que causase; creí que sería intocable, que después de lo sentido nada me podría herir más. Sin embargo, todo era la ilusión del momento, la oscuridad hablando y no dejándome ver lo que realmente estaba pasando. Salí perdiendo, al igual que él.

Él abrió la compuerta de par en par con su traición. Él me quitó lo último bueno que tenía en mí. Me di por completo y él pisoteó el amor que le profesaba. Si de alguien es la culpa de esa progresiva transformación que experimenté es de Cary Agos. ¿O realmente fue mía?