Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fic al grupo de Las Inadaptadas, Vicky y Josita en este caso.
oxOXOxo
Capítulo 37:
Alfred, que estaba haciéndose en la cabeza una historia extraordinaria con unas hormigas a sus pies, se gira hacia la puerta cuando escucha a alguien salir y cuando ve que es Iván estira el cuello para llamarle.
—Ivaaaan —grita "calladamente". El ruso levanta las cejas al verle y se va hacia donde él, sentándose a su lado.
—Privet, ¿qué haces aquí?
Alfred le hace espacio para que se esconda mejor, pero imposible, él es el que queda escondido con la mole al lado.
—Desde este momento, este lugar es mi Baticueva —por no decir que está escondido —, y así reflexiono y analizo lo que acaba de pasar.
—Oh… ¿Entonces yo soy Robin? —algo no cuadra ahí —, ¿qué acaba de pasar? Yo no entiendo nada.
—Bueeeno, prefiero ser el Capitán América, y'know —se ríe —, pero si hiciera de Batman, tú como que serías un Robin muuuuy grande.
—Ah, y si fueras el Capitán América, ¿Quién sería yo?
Al se lo piensa porque... Es que... Este niño es bien alto y... Se acuerda de la revista y lo parecido que era con el de la bufanda, ¡los tenían una!
—Winter Soldier?
—Pero él quería matarlos —hace carita de tristeza.
—Nah! ¡Lo controlaban!
—Entonces me sale, en Rusia hay mucho invierno.
—Really? All time?! ¡Ah! Pero él no tiene poderes de nieve o algo... —le viene un flash indecoroso —, faaaq...
—Casi todo el tiempo y es más fuerte que aquí… ¿qué pasa?
La cara rojo fosforescente de Alfred se esconde entre la oscuridad de los arbustos.
—¡No me puedo borrar lo que nos mostró Eliza! —se lamenta.
—¿Por qué lo hacen? Es algo raro. Y cuando te fuiste me dijeron que si quería fotos con mi novio y le dije que no lo eras y me dijo esa chica Eliza que seguro era porque te fuiste y Feli me dijo lento.
Al se quita las manos de la cara y le mira con los ojos bien abiertos.
—¡No me fui por eso! ¡Es que la revista...! ¡Y Mattie...! —se le atragantan las palabras —, me dio vergüenza...
—¿Y sentiste calor en tu cara? —pregunta el ruso, recordando la vergüenza. El menor piensa que en todo el cuerpo, pero no lo va a decir.
—Naaah...
—Oh, yo sí… ¿por qué crees que hacen todo este alboroto?
—No lo sé... No lo sé —aprieta los ojos —, debe gustarles mucho, you see? ¡Hasta la bonita que estaba con Mathew!
—Da, tan callada… Parece que Feli se les unió también.
—Tú también eres callado y no lees cosas así —cae en cuenta —, ¡¿o sí?!
—Net! —rojo como Chiara, escandalizado —, no sabía que existían esas cosas…
Alfred se empieza a reír otra vez, porque así saca los nervios.
—¡Ni yo! —se encoge de hombros —, pero no sé si volver ahí adentro, esas niñas están chiflaaadas.
—Me siento mejor aquí contigo —susurra el mayor, bastante incomodo con todo esto.
Al sonríe y le apoya la cabeza en el brazo. Ve pasar a su hermano con las dos niñas al frente de la casa hacia la dirección contraria a la que tomaron antes. El ruso le soba la cabeza con la otra mano, distraído.
—Todos te están buscando —recuerda.
—¿Eh? Why?
—Para ponerte la ropa.
—Noooo! —se tapa la boca y no es por la ropa en sí, si no por lo que estaban haciendo con ella.
—¿Y si nos vamos? —pregunta el eslavo mirando a ambas direcciones.
—¿Quieres irte? —levanta las cejas.
—Sólo si tú quieres, para que las niñas raras no nos vean.
—Bueeeno —se ríe y le toma la mano —, ¡Vamos!
Y ahí se van, tomando la dirección contraria por la que fueron los otros tres, sin rumbo fijo. Mathew los va a matar cuando no los encuentre y descubra que simplemente se largaron.
Caminan un par de minutos en silencio antes de que Alfred se ponga a reír y a contarle al mayor que la pasta de Felicia era muy deliciosa, que Mattie estaba muy callado y que la pequeñita Sakura podía dibujar comics de verdad si se lo proponía.
—Da, los dibujos son lindos pero muy raros —"raro" de que "porno".
—Es que no hay acción, ¡ni golpes, ni enemigos! —le suelta para levantar los brazos en protesta.
—Sería más interesante si los hubiera —afirma.
—Yeah! —lo empuja hombro con hombro y lanza una patada al aire. Iván sonríe con la maroma y lo intenta. Le sale algo muy artístico, pero letal para quien esté frente a él en ese momento.
—Anda, ¿Dónde estamos? —se gira sobre sus pies y ya no ve la casa de la italiana. Al se para en seco y mira a los alrededores.
—Ni idea, dude —se ríe y se sienta en la banqueta. Iván se sienta a su lado poniendo los codos sobre las rodillas. El americano inclina la cabeza hacia arriba y sonríe —. Look! The stars!
—¡Ah, hoy se ven muy bien! —suspira —, alguna vez soñé con ser cosmonauta…
—Really?! ¡Eso es genial! —le vuelve a ver, impresionado.
—Da, pero no sé si pueda hacerlo —ni siquiera sabe si pueda ir a la universidad…
—Why? ¡No hay nada imposible! ¡Mira a Hulk!
—Es cierto —abre la boca en un mueca boba que hace reír al americano —, quizás te lleve a la luna.
Alfred se sonroja y no sabe muy bien por qué, pero la declaración le parece bastante... Dulce.
—Si tú me llevas... Yo voy a diseñar una nave espacial en la que podamos quedarnos mucho tiempo, que tenga Internet y ¡mucha comida!
—¡Y juegos también! —el ruso se emociona también.
—¡Y podemos explorar otras galaxias y visitar a mi amigo Tony!
—¿Tony? —recuerda a su compañero de clase, el que habla mucho.
—¡Tony es mi mejor amigo! ¿No te conté de él? No sé de qué planeta viene pero muy pocas veces puede visitarme —arruga el entrecejo —, creo que a mi papá no le agrada mucho... ¡Pero lo podemos visitar!
—No me habías contado —sigue imaginando al español —, será divertido conocer su planeta.
—¡Yo siempre tengo mucho para contar! —se ríe, feliz por los planes.
—Da.
—¡Pero tú también me puedes contar cosas!
—Yo no sé contar historias buenas, pero antes te iba a contar algo muy importante —recuerda.
—¿Algo awesome? —levanta una mano y se imagina que agarra una estrella.
—Net —inclina la cabeza —, no es osmon.
—No? —le vuelve a ver sin bajar la mano. Iván le mira y se lleva las manos a la bufanda, cerrando los ojos en una expresión dolorosa.
—Hasta hace un par de años yo vivía en Rusia —empieza, en voz baja y afectada —. Es muy frío y hay sitios donde cae nieve todo el año. Pero mi familia y yo teníamos nuestro hogar en un lugar cálido… Mis padres decidieron que para el cumpleaños de mi hermana Yekaterina, que estaba en la universidad, sería un perfecto regalo visitarla. Madre y Padre viajaban adelante en el auto. Nataliya y yo atrás. Ella apenas podía pronunciar mi nombre.
Alfred respira irregularmente temiendo, que en la pose melancólica del ruso y ese tono doloroso, que su amigo se desaparezca como una visión fantasmal. Le toma fuertemente del abrigo.
—La pasamos muy bien, sestra estaba muy feliz con la visita y no hallábamos como despedirnos —sonríe por los recuerdos, aferrando la mano del menor —. Y nevó. No debía pero nevó. Aunque el noticiero dijera que haría sol, aunque estaba haciendo calor. Y padre no estaba acostumbrado a manejar en esas condiciones porque madre temía mucho por él. Mas no se mostraron nerviosos hasta que estaba tan blanco el paisaje que ni el camino se veía.
El de anteojos tiembla con el agarre y se sienta todo lo cerca que puede de él, notando como la voz de Iván tiembla, como ondas musicales.
—Los autos no son estables y mucho menos en una ventisca. ¿Sabes? Nataliya dormía a mi lado en su silla y madre nunca dejó de sonreír, viéndonos que estuviéramos cómodos, sin frio. Padre estaba serio, yo creo que era su forma de no preocuparnos. Pero cuando se dio cuenta de que un camión cisterna estaba a punto de chocarnos de frente le escuché gemir de sorpresa.
Iván suelta al chico y se cierra el abrigo, recordando el frio lacerante de ese día.
—Cuando desperté, no sé cuánto tiempo después, estaba abrazando a Nataliya y con tanto frío como nunca antes. Ella lloraba pero al menos no se había lastimado. En cambio mis padres… —suelta un quejido y se pasa una mano por la cara —, ellos no respondieron a mis gritos. ¿Sabes? Ni siquiera podía gritar y mucho menos moverme. No puedo recordar el resto… sólo a sestra llorando, Nataliya llorando, yo en terapia para volver a hablar.
"Estaba tan herido… mi garganta… mis cuerdas vocales" termina el ruso y frunce el ceño. Ya no iba a decir más, temblando. Alfred abre la boca y no dice nada, poniéndose de pie y abrazándole todo lo fuerte que puede.
E Iván se le repega en el abrazo, escondiendo su rostro en el pecho del chico que es lo más cercano tiene, apretándole fuertemente, como pidiéndole que nunca se vaya. Al, que no es una lumbrera, le aprieta fuertemente y se le escapan un par de lágrimas. Este chico le ha confiado un hecho de su vida que le lastima, que hace rechazar a las personas. Pero a él no y eso lo hace muy feliz... Y lloroso.
El ruso le separa un poco de sí mismo y se lleva las manos a la bufanda, desviando la mirada, tan aterrado como si fuese a mostrar su alma. Su corazón. Toma la tela de un extremo y con un suave movimiento se la quita. Alfred hace un puchero y es que no puede evitarlo, dos gruesos lagrimones se le escapan antes de tomar la bufanda de su amigo y ponérsela a él mismo.
—Thaaank youuu —chilla entrecortadamente, abrazándole otra vez. Iván se pone a llorar ahí mismo, sobrepasado con los recuerdos, el miedo de que este niño ruidoso ya no le quisiera y que le asustara sus cicatrices.
oxXOXxo
—почему́? —pregunta el ruso luego de un largo suspiro, intentando calmarse e hipeando un poquito.
—Whaaat? —el menor se suena la nariz.
—¿Por qué me agradeces? —dice todo entrecortado.
—Por contarme —susurra un poco más calmado —, y por mostrarme...
—Te volviste alguien importante…
Al le suelta y le mira a los ojos otra vez, una sensación tibia llenándole el cuerpo desde el estómago hasta la punta de los dedos. ¿Así se siente el amor? Sonríe y las yemas de sus infantiles dedos se van a acariciar las cicatrices del cuello frente a él.
—Tú eres... —le mira los labios sin poder terminar la frase.
oxOXOxo
¡Hola, holaaaa!
¿Les gustó el capítulo? Nosotras estamos desconsoladas porque hace dos años que escribimos la historia y no recordábamos mucho. Hasta la edición. También porque este es el antepenúltimo capitulo.
Ojalá nos apoyen hasta el final :3
¡Hasta el próximo domingo!
