*¡Hola a todos! Nuevo capítulo y vamos avanzando poco a poco en la historia. Melinda está decidida a cambiar ese corazón roto por una armadura de hierro. ¿Lo conseguirá?

Espero que os guste esta nueva entrega. ¡Hasta dentro de dos semanas!*

3

Paso a paso

Después de no aparecer por el bufete en un mes, sabía que algún día tendría que volver. A pesar de decirle a Clarke Hayden que estaba hasta arriba de trabajo, sobre todo con un problema que le había trasladado la junta, lo cual servía para ponerla a prueba, la excusa del trabajo no iba a servir para toda la vida. No le apetecía verle la cara a Cary quien, tal como se imaginaba ella, seguiría acostándose con Kalinda, pero sin el cargo de conciencia – "¿Alguna vez lo tuvo?", se preguntó a sí misma – que podría haber tenido. Simplemente pensar en el reencuentro con él le daba dolor de cabeza y cierto asco mezclado con rabia. Todavía intentaba recomponerse del duro golpe que había recibido por su parte, por lo que tenía que sentirse preparada para enfrentarse ante tal situación. Una de las cosas que la despertó de este letargo vital en el que se había introducido ella sola, como parte de su terapia para volver a ponerse en pie, fue una llamada de la propia Alicia. Jamás hubiese esperado ese gesto, pero fue algo que aceleró el proceso en el que estaba inmersa.

- ¿Melinda? – preguntó una voz femenina al otro lado de la línea telefónica. Sabía quién era por el identificador de llamada pero, de todas formas, era una voz que ya había escuchado muchas veces con anterioridad.

- Hola, Alicia. ¿Qué tal te va?

- Eso mismo quería saber yo – le respondió en un tono muy amable. Melinda se había esperado lo peor. Incluso a ella misma le parecía inaceptable haber estado tanto tiempo fuera de juego, pero sabía que lo hacía por una buena razón.

- Sí, perdona de veras. Este mes ha sido… extraño. No estaba de humor para aparecer por allí porque… – quería contarle lo que había pasado, que intentase ponerse en sus zapatos y comprendiese su situación. No intentaba justificar su comportamiento pero, al mismo tiempo, también quería hacerlo.

- No te preocupes, Melinda. Ya Cary me ha contado que no estáis juntos. Siento lo que ha pasado – hizo una pequeña pausa que su interlocutora aprovechó para agradecerle el gesto –. Quería avisarte de que Cary, Clarke y yo vamos a irnos unos días a Nueva York debido a una conferencia que me han pedido que dé, pero a la vuelta te necesitamos para un caso médico. Nos volvemos a enfrentar a Lockhart & Gardner y necesitamos toda la ayuda que podamos encontrar.

- Oh, sí, no te preocupes. En cuanto me necesitéis, llamadme y voy para allá. Gracias por el aviso, Alicia – Melinda terminó la llamada.

Había llegado la hora de demostrarse a sí misma que los pedazos de su corazón roto se habían recogido del suelo y que, poco a poco, volvería a ser la misma de antes. O no. A lo mejor sería una versión con la lección aprendida y un poco más metida en sí.

La vuelta a Florrick, Agos & Associates fue mejor de lo que esperaba, lo cual era un desastre. En cuanto la vieron los empleados, ella se sintió en el ojo del huracán. Tenía la sensación de que todo el mundo conocía la historia detrás de su ruptura con Cary y eso le producía un miedo atroz. ¿Cómo la tratarían de ahora en adelante, como una pringada que se había dejado engañar? ¿Volvería a ser la pobrecita a la que todo el mundo tendría en palmitas porque lo estaba pasando francamente mal? Intentó caminar con paso firme y decidido, pero no lo consiguió de verdad hasta que le volvió a ver. Clarke le había puesto al día sobre el viaje a Nueva York, el cual era mucho más que simplemente el discurso que dio Alicia. Había supuesto una oportunidad de oro para darse a conocer y encontrar nuevos clientes. Rayna Hecht había estado por allí buscando un nuevo hogar al que trasladarse y, cómo no, Lockhart & Gardner también habían luchado como perros rabiosos para quedársela. Sin embargo, el discurso de Alicia, en el que hacía un repaso por su carrera, su conversión de madre las veinticuatro horas a una mujer de negocios, dio sus frutos y obtuvieron la esperada reunión con la señorita Hecht. Finalmente, la más lista de todas fue Elsbeth Tascioni, quien encontró a su próxima compañera de batallas en los juzgados, dejando al resto fuera de la competición. Eso había pillado por sorpresa a todo el mundo. Menos mal que, a pesar de una noticia de última hora que desalojó a mitad de la estancia donde se daba el discurso, algunos clientes se pusieron en contacto con Florrick & Agos posteriormente.

Cary llegaba riéndose y sonriendo ante algún chascarrillo que le había hecho a Alicia en el ascensor. Eso incendió todavía más a Melinda por dentro. No quería verle feliz, resplandeciente, con una vida plena, sino todo lo contrario. Poco a poco la idea de querer verlo en un completo sufrimiento, ese mismo por el que estaba atravesando ella, cobraba más fuerza en su interior y era algo que no podía quitarse de la mente. Tendría que saber cómo hacerlo. ¿Quería llevarlo a cabo de forma personal o también que llegase al ámbito profesional? Ahí sí que no le había repercutido en gran medida, simplemente no estaba tan concentrada como de costumbre y, tras comentarle a sus enfermeras lo ocurrido, estas se volcaron con ella, consiguiendo crear una piña mucho más fuerte que antes. Ese último gesto le había inducido un chute de energía que, realmente y, para sorpresa de ella, no sabía de dónde venía, pero lo agradecía de todo corazón. Si la cara de Melinda era un pequeño poema al ver al que fue su novio, la de este estuvo cuanto menos que a la altura. Fue una sorpresa porque no esperaba verla en su territorio. Había que otorgarle a Melinda cierto coraje en lo que había hecho, volver a aquel lugar que tanto empeño le había dedicado, sumida en la corriente de emociones y sueños que tenía Cary. Ahora, con todos sus sentimientos revolucionados y el corazón roto, no sabía muy bien si valía la pena seguir con ello, pero quería ver hasta dónde sería capaz de aguantar.

- Melinda, gracias por venir – le dijo nada más verla Alicia. Se podía sentir la tensión en la sala. Cary estaba junto a Alicia mientras que Melinda lo estaba junto a Clarke, enfrentados dos a dos. Ella estaba justo enfrente de él, a corta distancia, por lo que se podían ver casi las chispas que echaba cada uno. Aunque intentaban mostrarse relajados, era una burda artimaña con no muy buen resultado.

- Ya te dije que en cuanto me necesitaseis estaría por aquí – Melinda le dedicó una sonrisa falsa, pero se esforzó en gran medida para que se notase natural –. ¿Quién va a llevar el caso? – preguntó inocentemente aunque, de alguna forma u otra, se esperaba la respuesta que vendría a continuación.

- Yo – respondió Cary serio –. Si quieres te pongo al día sobre él y empezamos a trazar una estrategia.

- Por supuesto – dijo ella de lo más comedida, intentando mantener las buenas maneras. Sabía que no se mantendría así por mucho tiempo, pero no hacía daño seguir un poco más.

Le indicó que le acompañase hasta su escritorio no sin que antes Melinda le hiciese un ademán de despedida a Alicia y Clarke. Sabía que, en el fondo, una parte de sí misma iba a lamentar haber invertido su día de descanso en este enfrentamiento solemne, pero enfrentamiento, en el que se iba a convertir ver a Cary. Esto no le ayudaba en absoluto a aclarar algunas de sus dudas sobre el bufete, pero al menos le servía para observar cómo ambos se adaptaban a esta nueva situación.

- El caso va sobre una mujer que está ejerciendo como vientre de alquiler y que no está siguiendo las indicaciones de los padres adoptivos – dijo Cary al sentarse y prosiguió mientras buscaba los papeles sobre el juicio. Melinda estaba sentada al otro lado de la mesa con la espalda lo más recta posible. Necesitaba depositar toda su presión en algún punto de su cuerpo.

- ¿Qué indicaciones? – preguntó al no comprender por completo a lo que se refería.

- El feto tiene malformaciones y una de las condiciones de los padres adoptivos es que no querrían tener un hijo con este tipo de defectos. Ya pasaron por una experiencia similar y querrían ahorrársela – Cary actuaba con normalidad aunque, claramente, había un gran elefante en la habitación.

- Entiendo – respondió Melinda al recibir los papeles y empezar a repasarlos –. ¿Y para qué me necesitáis, concretamente? No soy cirujana neonatal.

- Pero sabes las consecuencias que tendría que el bebé naciese y su calidad de vida, ¿verdad?

- Por lo que veo, no muy buena – respondió mirando los registros médicos del feto –. La mujer que ejerce como vientre de alquiler, ¿quiere tenerlo? ¿A pesar de los datos médicos?

- Así es – la miró con cierta dulzura. A pesar de la rabia que le tenía y sus incipientes ganas de venganza, Melinda no podía negar que todavía quería a Cary.

Esos sentimientos tan fuertes no se podían olvidar de un día para otro. Había estado con él durante ocho meses en los que lo había conocido como poca gente le conocía, al igual que él a ella. Sin embargo, ella le había querido mucho más que a la inversa. Durante este último y turbulento mes, donde los sentimientos estaban mucho más a flor de piel que de costumbre, se había preguntado en numerosas ocasiones qué era lo que había ido mal, cuál había sido el fallo de su relación. ¿Realmente iban tan rápido? ¿Le había entrado miedo? ¿Por qué no comentarle nada? ¿Había sido tan cobarde que había preferido dejar "morir" la relación, o matarla directamente lanzándose a los brazos de Kalinda, que optar por hablar con ella? Entonces, ¿qué habían supuesto estos últimos meses juntos? ¿Un juego que fue demasiado lejos? ¿Y esos "te quiero"? ¿Eran de verdad, eran de mentira? Melinda había entrado en un bucle de preguntas que, desafortunadamente, no le llevaban a ningún lado excepto hacerse más daño si cabía. Por otro lado, su mente no podía dejar de darle vueltas a lo mismo, sobreanalizando todo, lo que le llevaba a pensar que se había convertido en una completa masoca.

Había dedicado ya diez minutos a leer los documentos que le había entregado Cary e incluso los había leído por segunda vez cuando este empezó a hablar.

- Melinda…, sé que esto es incómodo para ambos por lo que ha pasado pero…

- Cary, no quiero hablar de ello, ¿de acuerdo? Estoy siendo lo más profesional que puedo por el bien del bufete, porque tenemos de nuevo un enfrentamiento con Lockhart & Gardner y será de lo más positivo que nos preparemos lo mejor posible para ello. Si puedo yo, creo que tú también podrás – le dedicó una sonrisa falsa y burlona para volver a continuación a su cara impasible.

Cary se quedó cortado. Tampoco podía hacer mucho más. A pesar de mostrarse preocupado por ella tras la última vez que se vieron, se dio cuenta de que si ella no quería que él supiese nada de lo que había sido su vida durante el último mes, no podía forzarla a ello. O, mejor dicho, Kalinda le había hecho darse cuenta de aquello. Desde que terminase su relación con Melinda de forma tan abrupta, la investigadora se había convertido en su apoyo condicional. Pero, más que llorarle en el hombro, lo que hacía era buscar su "consuelo". Por primera vez en mucho tiempo, Kalinda y él parecían estar en la misma página: dos personas que se atraían sexualmente, aunque en su caso fuese todavía más allá, y que se usaban para ello. No le pedía más tras estar ocho meses junto a otra persona.

- En serio espero que te mantengas profesional, Cary, sobre todo estando al lado de Kalinda y viendo las artes manipulatorias de las que es maestra – Melinda no había dudado ni un segundo en tirarle el dardo. Quería ver cómo reaccionaba él, si se alteraría y si ella, al mismo tiempo, podría controlarse.

- No te preocupes por Kalinda. De ella ya me encargo yo – Cary sonó algo frío, lo que le sorprendió a Melinda, pero ella podía serlo mucho más.

- Claro, como ha salido eso tan bien en el pasado…

Cary prefirió callarse y Melinda, por su parte, mientras le echaba un falso vistazo a los papeles que tenía delante, no pudo reprimir una sonrisa traviesa. Si su interlocutor se mostraba frío, ella podía notar cómo poco a poco ella misma iba enfriándose en su interior, de forma muy gradual. Algo dentro de ella estaba cambiando por completo y no sabía todavía si le gustaba. Si quería controlar la situación, hacerle realmente daño, tendría que controlar sus sentimientos, ser fría y calculadora dado que nada podía salir mal.

En los días siguientes, Melinda se pasaba de vez en cuando por el bufete para saber cómo iba la estrategia del caso y si había que tomar alguna decisión administrativa sobre la empresa. La llegada de los nuevos clientes había otorgado una inyección de dinero que les venía bastante bien pero no resultaba suficiente. Querían estar fuera de peligro, en una zona de equilibrio, pero todavía faltaba para ello. El tiempo parecía haberse acelerado progresivamente hasta llegar al día del juicio, cuando Melinda tendría que declarar. Había elegido un vestido azul marino de lana de punto, sencillo, adornado con un estrecho cinturón negro para darle un poco de forma y que no quedase tan soso. A pesar de encontrarse casi a mediados de abril, en Chicago continuaba haciendo un frío de los mil demonios y la lluvia sorprendía de vez en cuando. Por ello, optó por unas botas que le refugiarían de las inclemencias del tiempo. Se encaminó hacia los tribunales en su BMW rojo y llegó allí con tiempo suficiente como para tener un pequeño cara a cara con Lockhart & Gardner. Cuando llegó a la puerta de la sala que les había sido asignada, vio a Cary consultando su móvil. Se quedó un poco paralizada al principio, pero fue la señal perfecta para ir calentando motores, hasta que vio a David Lee y a su lengua despiadada que no pudo quedarse quieta.

- Pero, mira, si son los desgraciados de Florrick, Agos & Associates – dijo el abogado nada más verlos con un tono de lo más particular. Les dio un repaso tanto a Melinda como a Cary con la mirada –. ¿Cómo os va en aquel sitio… la fábrica de camisetas? ¿Ya os estáis muriendo de hambre?

- Nos va bastante bien y no, todavía no nos morimos de nada. Pero si quieres te podemos hacer una camiseta en la que ponga "capullo". ¿Te parece? – le respondió Melinda con una sonrisa burlona en sus labios. David Lee iba a contraatacar pero Diane llegó justo a tiempo para pararle los pies.

- David… Déjalo. Entremos a la sala – le dijo en un susurro. Melinda estaba más que preparada para atacar de nuevo pero Cary le agarró suavemente por el brazo para contenerla. Esta se dio cuenta.

- Ni se te ocurra tocarme – le contestó fría como el hielo mirándole directamente a los ojos. Cary la dejó ir y Melinda se dirigió hacia el interior de la sala.

Podía aguantar las miradas, los comentarios, incluso la humillación pública – ¿alguien no se habría enterado ya de que Cary le puso los cuernos con su némesis? –, pero lo que no iba a tolerar en absoluto era que la tocase o la rozase por algún casual. Ya le estaba resultando duro todo aquello como para que le temblasen las rodillas por que su piel tocase la suya. Tenía que mantenerse firme y, si para ello tenía que convertirse en alguien completamente diferente, en una Melinda llena de odio y rencor por lo vivido, no se iba a quedar atrás.