¡Hola!
Gracias por sus reviews a chreisthewolf07, a Yuna-Tidus-Love, a Siletek, a KICOLOVERS239, al invitado anónimo, a rafex360, y a Mr. NBA.
Guest: buena sugerencia, pero... no le veo el porqué de ese cambio. Además yo respeto mucho a los personajes, sin embargo, tal vez cuando me agarre la locura, lo haga. 3:D
rafex360: ya aclaré en el primer capítulo que iba a juntar los niveles; prestá un poco más de atención. 3:D
¡Gracias por leer, sigan escribiendo fics, y dejen reviews!
Capítulo cuatro: Constante persecución
Una vez en la cámara de tiempo, Crash Bandicoot y Aku Aku lograron salir del refugio del insano de Ripper Roo. El marsupial venció de nuevo pero le quedaron las marcas de la batalla: numerosas quemaduras por todas partes de su cuerpo. Afortunadamente, la máscara mágica solucionó el problema, en gran parte, volviendo a su especialidad anterior: la de médico brujo. Fue así que Crash pudo recuperarse del dolor que sentía.
Mientras tanto, del otro lado de las cámaras de vigilancia, el doctor Neo Cortex observaba como su plan se llevaba a cabo, aunque el encuentro con el canguro no fue algo proyectado previamente. Sin embargo, mantenía siempre su mal humor acostumbrado, maldiciendo entre dientes la gran suerte que poseía su enemigo.
—¿Cómo fue que el peligroso de Ripper Roo no pudo ser capaz de vencer a ese tonto marsupial? —gritó enfurecido a su colega-asistente, el doctor N. Gin.
—Es que no se necesita solamente tener locura y explosivos para poder vencer a alguien —comentó en voz baja pero audible—. Ripper Roo no ha cambiado mucho su técnica de combate y puede ser por eso que Crash aprendió a derrotarlo.
—¡Silencio, torpe! Lo que pasa es que ese bandicut está siendo ayudado por esa máscara entrometida. Ese animal es tan tonto que por eso fue rechazado por el Cortex Vortex.
—Está bien, doctor Cortex… Como usted diga —dijo sin importancia—. Otro tema: ya solucioné el tema de los hologramas. ¿Quiere anunciarle algo a Crash?
—Sí, está bien. Prepara todo que le enviaré un mensaje.
El Cyborg asintió sin ganas y tecleó los comandos en una de tantas consolas que había a su alrededor. Luego de esto, dio la señal para que el líder del N Team pudiera hablar. Por otro lado, Crash y Aku Aku fueron sorprendidos por la intromisión del holograma de mensajes.
—Tres cristales; no está mal... Veo que te estas acercando. Necesito conservar el poder. Nos comunicaremos otra vez cuando consigas el próximo cristal.
Dicho esto, la imagen del científico desapareció dejando como siempre a un confundido bandicut. Este último se sintió con ánimos para seguir adelante pero su guardián se lo impidió hasta que pueda terminar su trabajo de curación. El evolucionado tuvo que quedarse en ese lugar hasta que su situación se mejore.
Por otro lado, en la estación espacial, al hombre de piel amarillenta se le ocurrió un nuevo modo de ataque: enviar a sus secuaces en ciertas ocasiones para hacerle más difícil su misión al marsupial anaranjado. Por esta razón, decidió avisarle, o más bien ordenarle, a su colega, quien tuvo que abandonar de nuevo el lugar para regresar a la Tierra.
Una vez en la sala de controles de la máquina transportadora, se reencontró con el Cyborg euroasiático, el doctor Tropy, el cual estaba mirando las pantallas con aburrimiento en su expresión. El ruido de la máquina funcionando, llamó la atención de este último.
—Hola, N. Gin. Déjame adivinar… un nuevo pedido de Cortex, ¿verdad?
—Así es… Tengo que dirigirme hacia la isla del árbol gigante para hablar con los mutantes… —comentó sin ánimos.
—Entonces, ahora mismo ingreso las coordenadas… —dijo y comenzó a teclear los comandos—. ¿No quieres que te acompañe? Comienzo a aburrirme de tanto vigilar las pantallas. No sé cómo hace Neo para entretenerse allá arriba…
—Siempre está mirando los monitores siguiendo a Crash… Espero que no se vuelva una obsesión lo de la venganza.
—No creo que pase eso, aunque sí era necesario hacer algo contra ese marsupial; las cosas no se iban a quedar así nomás.
—Sí, puede ser… —dijo no muy convencido—. Otra cuestión: ¿Todavía permanecen por acá cerca los osos polares que capturamos la otra vez?
—Ya los envié y los puse en lugares distintos; obviamente en zonas de frío —respondió con seguridad.
El de cabello anaranjado quiso comentar algo en relación con que estuvo mal separar a la madre de su cría pero se quedó en silencio ya que de seguro ese comentario no era relevante para el viajero del tiempo y espacio. Sin embargo, decidió cambiar de tema.
—Bueno… Será mejor que vayamos a la isla antes de que sea tarde.
—O antes de que Neo se enoje —bromeó el de piel azulada emitiendo una breve risa.
Fue así que ambos fueron hacia ese lugar en un instante y se encontraron cerca de la cabaña de los evolucionados Tiny Tiger y los hermanos Komodo. Al descender de la plataforma y caminar hacia la puerta, a los doctores les parecieron extraño que estos no estuvieran fuera de la casa. El de los relojes fue quien llamó a la puerta sin obtener respuesta, fue entonces que el otro científico le avisó que no había nadie allí y, para comprobarlo, entró sin permiso pero no se encontró con ningún mutante.
Ambos salieron del edificio para ir a buscarlos preguntándose a dónde se habían ido. Tropy pensó por un momento en lo peor: que habían llegado los agentes que seguían a Cortex y secuestraron a los animales. Esto fue descartado cuando a lo lejos vio que estos se aproximaban. Una vez estos cerca de casa, notaron que el tigre de Tasmania llevaba en brazos a un agotado y lastimado Ripper Roo, quien fue acomodado en una cama.
—Doctores… ¿Por qué están aquí? ¿Nos tienen una misión? —preguntó asombrado el más delgado de los hermanos.
—Exactamente… pero… ¿Qué está haciendo aquí el canguro y por qué está en tan mal estado? —inquirió el del brazo mecánico.
—Escuchamos ruidos de explosivos en la ruina de la cascada, tal como sucedió el año pasado. Cuando llegamos allá lo encontramos desmayado en el suelo y lo trajimos para atenderlo —explicó Komodo Moe.
—De nuevo se enfrentó con Crash; me lo comentó el doctor Cortex —comentó N. Gin.
—Pero estará bien y… ¿Cuál es nuestra misión? —interrogó Komodo Joe.
—El doctor Cortex quiere que ustedes acaben con Crash así que tienen que prepararse para pelear con él y de tratar de quitarle los cristales que reunió. Busquen un buen lugar para así colocar una plataforma transportadora.
Mientras el dragón robusto se mantenía pensando, su hermano rápidamente había decidido en un lugar apropiado: una gran habitación dentro de una de las tantas ruinas que había repartida en la isla. Komodo Moe estuvo de acuerdo y, mientras que Tiny Tiger atendía a Roo, los reptiles guiaron a los dos científicos hacia dicho sitio y así instalar el acceso directo.
Una vez terminado el proceso, los Cyborg regresaron cada uno a su lugar correspondiente, aunque N. Gin no estaba ansioso por ver de nuevo el rostro del hombre de la marca en la frente, sin embargo, tuvo que dirigirse hacia la estación espacial. Cuando estuvo allí, informó que su plan ya se estaba poniendo en marcha.
Por otro lado, en la cámara de tiempo, Aku Aku terminó con la curación con lo que el bandicut ya estaba listo para seguir viajando. Se dirigió a la cuarta puerta y ambos aparecieron en un sitio con algo de nieve a los costados del camino. Fue en ese momento en que Crash recordó lo sucedido en la zona de frío intenso con lo que se vio algo desanimado, aunque se mantuvo optimista ya que esta vez estaba acompañado.
La nueva zona de búsqueda tenía además tótems y pequeñas ruinas en algunas ocasiones, gran cantidad de árboles de varios metros de alto, específicamente de pinos, y enormes hongos de color rojo anaranjados. Todo marchaba bien; no había ninguna clase de peligro con lo que ambos marcharon con seguridad aunque preparados para algún imprevisto.
Del otro lado de las cámaras de seguridad, el líder del N Team miraba con fiereza las pantallas al ver que su enemigo se libraba de todas las trabas que se encontraba. Rápidamente él recordó las trampas que había preparadas en ese lugar para el mutante silencioso pero, para cerciorarse de que todo ya estaba listo, lo consultó con su colega-asistente, hablándole con su típico mal humor.
—¡N. Gin!, ¿ya están listas las trampas para ese marsupial?, ¿ya están en posición tus androides asistentes?
—Sí… ya está todo listo, doctor Cortex… —respondió desanimado.
—Bien… —dijo con una breve risa siniestra inmediatamente después—. Ahora sí se llevará una gran sorpresa ese infernal bandicut.
Efectivamente, el de los ojos verdes se estaba acercando cada vez más a una de las numerosas artimañas que iban adquiriendo más complejidad.
Luego de atravesar una ruina techada y de caminar unos pocos metros, Crash y Aku Aku escucharon un fuerte ruido que provenía detrás de ellos. Al voltear a ver de qué se trataba, se encontraron con una gran bola de nieve que rodaba con intención de aplastarlos. No lo pensaron dos veces para salir corriendo de allí a toda velocidad antes de que algo malo ocurra. Durante la carrera por la vida, el marsupial tuvo que esquivar más pozos sin fondo, pero algo nuevo se presentó ante él: unos paneles que chispeaban. Obviamente, él ya sabía que estos estaban electrificados con lo que también evitó tocar.
Otro obstáculo para el anaranjado fueron las minas repartidas en el suelo que, aunque no sabía bien qué eran estos objetos, al verlos ya se dio cuenta de que eran peligrosos. De tanto esquivar, accidentalmente tuvo que pisar uno de estas esperando a quemarse. Púes sí sintió ardor pero lo que las minas hacían era entorpecer la huida. Casi lo logra de no ser que el mutante pudo seguir con la veloz marcha.
Luego ambos llegaron al interior de una ruina techada pero no fue el caso de la bola gigante de nieve: impactó con la estructura, deteniéndola por fin. En ese lugar, Crash intentaba recuperar el aliento ya que su perseguidor fue algo que no se esperaba. Ahora ya no podía dar marcha atrás; la gran masa de nieve bloqueó totalmente la entrada con lo que si o si debía seguir. Con algo de temor, siguió adelante.
—Vamos, Crash. Sabes que te estaré cuidando; no debes preocuparte —animó Aku Aku.
El chico asintió con un poco más de ánimos pero luego su expresión volvió a la anterior ya que de nuevo lo estaba persiguiendo otra gran bola de nieve. El bandicut corrió a la velocidad que su cuerpo le permitía teniendo cuidado de los obstáculos que estaban en su camino. En esta segunda persecución, los paneles eléctricos mostraban un cambio: esta vez ocupaban todo el ancho del camino dejando un pequeño espacio en la parte de abajo con lo que Crash tuvo que deslizarse y así evitar ser electrocutado.
Por su parte, para ayudar a su aliado con los paneles, Aku Aku había pensado absorber la energía tal como sucedió con los androides el año pasado, pero el resultado no fue el que esperaba: en esta ocasión, la electricidad sí lo dañó, aunque no gravemente. Fue así que comprendió que a partir de ahora debía tener más cuidado con los artefactos eléctricos ya que los doctores habían cambiado de fuente de poder.
"No vuelvas a hacer eso de nuevo, Aku", pensó el marsupial retándolo mientras escapaba.
—Ahora ya aprendí, Crash —contestó mirándolo pero, cuando volvió su vista hacia delante, encontró un puente de madera—. ¡Debes cruzar el puente! No creo que pueda soportar el peso de la esfera.
Pensando en que eso era buena idea, el silencioso apresuró aún más la marcha para llegar lo más pronto posible hacia ese lugar que detendría al perseguidor. Cuando ambos estaban del otro lado del puente, la gran bola de nieve siguió su camino a través de esta por unos momentos ya que el hechicero tuvo razón: la esfera se cayó junto con el puente, en un pozo sin fondo visible; solamente pudo escucharse un estruendo en señal de que tocó la superficie de allá abajo.
Fue así que Crash tuvo otro momento para tranquilizarse así como su respiración. Ambos pasaron por situaciones difíciles pero aún se notaba que había mucho camino por seguir.
Continuando con la búsqueda de las piedras, afortunadamente Crash y Aku Aku no volvieron a ser perseguidos por otra bola de nieve gigante, sin embargo, en el camino encontraron nuevas dificultades: las conocidas pero peligrosas plantas carnívoras de gran tamaño. Algo extraño tenían estas plantas, el cual diferenciaba a las que vio en el río, hasta que lo descubrió: las actuales tenían unas raíces visibles que contenían grandes espinas. Como el bandicut sabía bien cómo enfrentarlas, ignorando la diferencia en estas enemigas, él se dirigió a estas con seguridad.
Cuando se disponía a golpearlas con su giro tornado, las plantas atacaron de otra forma, escupiendo una especie de granadas explosivas. Desde luego, el ataque sorprendió al mutante, el cual recibió una de estas granadas que le provocó un fuerte dolor de estómago. Al verlo sufrir, la máscara intervino creando un escudo mientras curaba el malestar. Cuando el chico pudo sentirse un poco mejor, su protector le dio un consejo.
—Será mejor que esquives a las plantas y sus ataques; no es buena idea enfrentarlas. Cuando el escudo desaparezca, corre lo más rápido que puedas.
Aquellas palabras fueron hechas realidad y fue así que ambos pudieron alejarse de ese peligro natural. Luego de un momento de calma, ambos lograron hallar un cristal, el cual fue guardado gracias a la magia del hechicero. Sólo restaba encontrar una gema y, así poder salir de ese amenazador lugar.
Mientras que los buscadores de piedras marchaban por el sendero, el ser espiritual se detuvo abruptamente. El marsupial extrañado le preguntó qué sucedía hasta que pudo ver, con más detenimiento, algo en el costado del camino.
—¿Estás preparado para correr de nuevo? —interrogó la máscara en voz baja—. Aquello que está adelante es un panal de abejas nativas y su picadura inflama todo el cuerpo de cualquier ser viviente. Estas sienten olor y salen a atacar, por eso debes correr.
Con algo de espanto, Crash comenzó a correr a toda velocidad y, durante el camino pudo ver que había más panales. Mirando un instante hacia atrás, pudo divisar a las furiosas abejas que iban tras él. Luego de tanta carrera, ambos llegaron a un suelo extraño, de color rojizo, y allí, Aku Aku le ordenó en voz alta.
—¡Crash, cava la tierra y entra en el pozo! ¡Rápido!
Sin dudar, obedeció y, cavando como si fuera un perro, notó que esta superficie era fácil de perforar. Una vez hecho, el hechicero dejó de flotar para ubicarse sobre el agujero. Luego de unos minutos, Crash salió de allí cuando su aliado le avisó que los insectos ya no estaban.
Al retomar el viaje, los dos encontraron lo que buscaban: una gema; en este caso, color violeta. Luego de esto, también se enfrentaron a más peligros, aunque no tan extremos como los anteriores: eludieron a una especie de tótem viviente de gran tamaño, el cual su intención era aplastar, y el chico destruyó a un asistente de laboratorio vestido como un talador, que atacaba con un enorme mazo de madera.
Después de caminar tanto, Crash y Aku Aku al fin pudieron dar con la plataforma transportadora que los llevaría lejos de ese lugar tan hostil.
