Hola.
Gracias por sus reviews a Yuna-Tidus-Love, a KICOLOVERS239, a Mr. NBA, a chreisthewolf07, a ludmilita, y a rafex360.
ludmilita: tu respuesta está en el capítulo anterior ya que pidieron lo mismo.
rafex360: mirá ya llegaron a la gema morada (violeta, como se dice acá). Fijate bien.
Gracias por leer, sigan escribiendo fics, y dejen reviews.
Capítulo cinco: Ayuda inesperada
Luego de escapar de esa zona de nieve llena de peligros, Crash Bandicoot y su protector, la máscara mágica Aku Aku, lograron regresar a la cámara de tiempo y así comenzar de nuevo la búsqueda en otro lado. Desde luego, ambos permanecieron un momento en ese lugar ya que el bandicut no se encontraba en buenas condiciones para seguir avanzando. Mientras reponía sus energías con una wumpa que el hechicero tenía guardado, nuevamente los sorprendió el holograma del doctor Neo Cortex.
—Vas bien, Crash pero aún faltan muchos cristales que recoger, cuatro para ser exacto. Los trece planetas se alinearán dentro de poco y crearán una energía capaz de destrozar la Tierra en mil pedazos. Los cristales absorberán y controlarán esa energía…
Después de este mensaje incompleto, la imagen desapareció para que aparezca una nueva, la cual se trataba de la de Coco.
—Crash, ¿eres tú? Te he buscado por todas partes. No tengo mucho tiempo para decirte esto; ten cuidado. No es buena idea confiar en Cortex. Crash, no puedo mantener la vía de datos abierta por más tiempo. Crash, necesitas encontrar… —habló con prisa y allí el mensaje de la bandicut se cortó.
Al finalizar la comunicación, el mutante y la máscara finalmente supieron para qué estaban juntando los cristales aunque seguía la duda si en realidad el científico los usaría con ese fin. No tenían otra opción que esperar para ver si eso se cumplía pero, por ahora, tenían que seguir viajando y buscando. Cuando ambos se dirigían hacia la quinta puerta, Crash esperaba no ver más aquella amenaza llamada nieve.
En el momento en que el marsupial abrió los ojos, se desilusionó de nuevo: el hielo y la nieve estaban por todo el paisaje. Ambos aparecieron en medio de un estrecho sendero rodeado por un desfiladero. El suelo estaba cubierto por nieve y, para empeorar más las cosas, también estaba nevando. Aún así, los buscadores no tenían otra alternativa que seguir adelante a pesar del frío que había en el lugar.
Luego de caminar por un breve momento, los dos se encontraron con lo que suponían uno de esos animales que dificultaban el paso. Por esta razón, ambos se pusieron en posición defensiva ante cualquier movimiento de ese cachorro de oso polar que los miraba seriamente. El osito, aunque tenía el mismo tamaño que el marsupial, se quedaba quieto en el lugar y los miraba, especialmente a Crash, con sus ojos oscuros.
Como resultó extraño que el oso no atacara, el de los ojos verdes se acercó lentamente así como su guardián Aku Aku. El oso polar reaccionó haciendo una especie de ladridos que la máscara mágica entendió. Este último se vio sorprendido con lo que el bandicut hizo gestos de preguntar qué pasaba, sin embargo, el médico brujo no le contestó.
—Sí, es él. Y… ¿Qué quieres con él? —preguntó mirando al de pelaje blanco.
La respuesta del osito sorprendió aún más al hechicero y luego procedió a informarle al anaranjado.
—Crash, él dice que… está para ayudarte.
Al escuchar eso, el bandicut sonrió y le acarició la cabeza a su nuevo amigo. Después, los tres siguieron con el viaje. Durante el mismo, Aku Aku le fue explicando al reciente la historia de cómo él se encontró a Crash, siguió con el viaje por las tres islas, con el trabajo de los científicos, mientras que el cachorro también fue contando un poco de su historia: que fue secuestrado junto con su madre, que la perdió de vista hace tiempo, y que la extrañaba mucho. Debido a esta triste historia, la máscara tenía algo en mente.
—Crash, ¿qué te parece si le ayudamos a buscar a su madre? —con lo que éste estuvo de acuerdo levantando el pulgar y luego él se volvió al de pelaje color blanco—. Por cierto, ¿tienes nombre?
El osito negó con la cabeza pero el marsupial pensaba en uno. Debido a que le llamó la atención el nombre de la especie del cachorro, propuso "Polar" y, aquel quedó definitivamente. Un nuevo aliado se sumó al lado de Crash Bandicoot, algo que no esperaba, ni en sueños, el líder del N Team.
—¡No! ¡¿No se supone que ese oso debía atacarlo?! ¡N. Gin! —llamó furioso.
—… Pues… la verdad es que no sé qué sucedió para que eso ocurra —explicó con algo de temor—. El Cortex Vortex funcionó bien con los otros animales. Tal vez…
—¡Tal vez, ¿qué?!
—Tal vez la máquina lo rechazó; tal como ocurrió con Crash.
—Eso no puede ser… Si arreglé el problema cuando sucedió esa prueba con el bandicut. ¿Qué tiene de especial ese oso para ser rechazado?
El Cyborg hizo ademán de no saber pero la pregunta fue respondida por sí sola cuando volvieron a observar los monitores. Vieron que aquel osezno era capaz de saltar a largas distancias, algo muy difícil para ejemplares normales; habilidad útil al sobrepasar sectores de camino donde había grandes agujeros con agua congelada en su interior.
Así fue que el bandicut, montado sobre Polar, superó los complicados caminos con elementos inconstantes: nieve, hielo resbaladizo, aguas congelantes, y otra clase de obstáculos, como las focas y orcas, que, estas últimas intentaban comerse al osito cuando saltaba sobre los sectores con agua.
Como contraofensiva a esto, el científico de cabello negro azulado ordenó enviar a unos asistentes de laboratorio a parar la carrera del oso polar. Vestidos con un abrigo grueso, unos cuatro androides llegaron a la zona de búsqueda esperando encontrarse con los "chicos buenos". De a dos, se ubicaron en los costados del camino y taparon el paso con una fila de cajas de acero. Por si lograban eludirla saltando sobre esta, los mecanizados tenían el plan de levantarla.
Cuando Crash, Polar y Aku Aku estaban cerca de estos enemigos, el osito aprovechó el momento en que la fila subía para pasar por debajo a toda velocidad. Más adelante, los otros dos robots cambiaron la técnica y bajaron la fila de cajas, aunque de nada sirvió ya que el osezno pasó por encima saltando. Al parecer, nada detenía la marcha hasta que llegaron a un lugar distinto…
—¡No puede ser! —se enfureció Neo—. ¡Ese oso logró eludir a esos robots!
—Parece ser que Crash tiene muy buena suerte… —dijo el Cyborg concentrándose en el monitor de una de tantas máquinas que había en la estación espacial.
—¿Acaso no hay otra cosa para detenerlo por un momento o de hacer su camino más difícil?
—… No se preocupe, Doctor Cortex. Ellos pronto llegarán donde se encuentra ese gran oso polar y es muy agresivo. Les será complicado tratar de escapar.
—Bien. Sólo espero que ese oso no resulte un aliado para ese bandicut —y volvió su mirada donde mostraba al anaranjado y sus amigos.
Por su parte, N. Gin no quería continuar con esa conversación debido a que se trataba de Cortex con quién estaba hablando y, por esto, no quería perder el tiempo con alguien así. Como deseaba regresar a la Tierra y así, evitar estar cerca de él. Sin embargo, al ver a los buscadores de cristales y gemas, él se preocupó ya que no sabía cómo iba a reaccionar la osa cuando viera a su hijo junto con el enemigo. Pero como se trataba de Crash, quien escapaba de todos sus problemas, él sólo esperaba a que todo salga bien.
Aquel lugar distinto al que llegaron el mutante, la máscara mágica y a quien le lavaron el cerebro, se trataba de uno similar a cuando estaba la gran bola de nieve perseguidora. Es decir, que la cantidad de nieve y frío en el ambiente disminuyó un poco aunque estos seguían permaneciendo.
Apenas se podía ver el cielo, el cual se encontraba nublado, como a punto de llover, debido a la enorme cantidad de árboles de gran altura y de piedras gigantes. Cuando los tres se aproximaban a una pequeña ruina techada, Crash pensaba que también habría algo que los perseguiría. Luego de atravesarla y de alejarse un poco de esta, él se tranquilizó al ver que nada iba tras él, sin embargo, escuchó un sonido grave que provenía detrás y no sabía de qué se trataba.
"¿Qué fue eso?", preguntó el marsupial volteándose hacia atrás, buscando la respuesta.
—No lo sé, Crash —contestó Aku Aku—. Jamás había escuchado algo así.
Aquel sonido volvió a oírse, sólo que más fuerte y se parecía a un gruñido soltado por un animal y muy grande. Mientras esperaban a que algo apareciera frente a ellos, Polar sabía bien quién hacía ese ruido.
"¡Es mamá!", dijo el oso, muy contento, a través de un ladrido.
—¿Qué? —se sobresaltó el hechicero—. ¿Estás seguro?
Y así fue que sobre aquella ruina apareció una gran osa polar y se la veía furiosa, mostrando sus agudos dientes. Esta se había quedado inmóvil, observando a esos tres seres que estaban en frente suyo.
—¿En verdad que ella es tu madre, Polar? —interrogó en voz baja, sin dejar de apartar la vista de la osa gigante.
"Sí, pero parece que creció mucho y nunca la había visto tan enfadada", contestó extrañado por semejante cambio.
Luego de esto, la osa lanzó un gruñido y, de un salto, ella comenzó a perseguirlos. Instintivamente, los tres empezaron a correr, desconociendo el porqué de tanta agresividad contra ellos.
"¿Qué sucede, Aku Aku? ¿Por qué nos persigue?", preguntó el anaranjado mientras corría.
—Ella cree que secuestramos a su hijo, Crash. Ella cree que somos sus enemigos.
"Pero si no hicimos nada malo", comunicó con cada vez más temor.
—Polar intenta hablar con ella pero no escucha. Ella está totalmente rabiosa.
Los tres continuaron con la carrera por la vida, esquivando pozos sin fondo, paneles eléctricos, delgadas rejas de madera, y curiosas lagartijas saltarinas que querían impedir la marcha. En un momento, la osa por poco atrapa al bandicut con su gran bocaza de dientes enormes y afilados y fue allí donde Polar reaccionó levantando a su amigo para llevarlo sobre su lomo. Fue así que ellos pudieron alejarse más ya que el osezno era muy veloz.
Cuando parecía que nunca perderían de vista a la osa furiosa, los tres observaron que más adelante había un puente de madera, similar al cual la gran bola de nieve cayó por el peso excesivo. El marsupial y la máscara recordaron ese suceso y pensaron que tal vez la madre de Polar no pasaría por ese deteriorado puente. Como tenían que pasar si o si por ese lugar, siguieron adelante y lograron llegar hacia el otro extremo.
Allí fue que el de los ojos verdes jaló las orejas redondeadas del osito en señal de que pare su marcha. Por su parte, él accedió, pensando que llevaban mucha ventaja pero no esperaba a que se debiera por otra razón. Cuando el de pelaje blanco volteó para ver a su madre, no tenía idea de que algo malo sucedería…
Cuando la osa se acercaba y atravesaba el puente, las maderas no resistieron tanto peso y comenzaron a romperse. La madre de Polar solamente llegó a la mitad del puente y se cayó en el gran pozo sin fondo. El osito jamás se había imaginado perder de esta manera a su madre. Asustado, él se acercó a la orilla del puente roto con algunas lágrimas en sus ojos.
"¿Mamá? ¡Mamá!", ladró con dolor.
Crash y Aku Aku se acercaron también pero, este último, descendió flotando para cerciorarse de que la perseguidora se encontrara bien. Luego de unos momentos, los animales volvieron a ver a la máscara y, por la expresión de este, no traía buenas noticias.
—… Lo siento, Polar —dijo pesadamente—. Tu madre falleció con la caída.
Al escuchar eso, el osezno comenzó a llorar con cada vez más fuerza. El mutante también soltó unas lágrimas al verlo tan dolido y esto le hizo recordar cuando él perdió a su madre hace un tiempo atrás. Cuando Crash se estaba acercando hacia el huérfano para consolarlo, éste último se alejó enfadado con un paso hacia atrás. El bandicut no sabía por qué el de pelaje blanco reaccionó de esa manera y lo consultó con el hechicero.
—Crash, él cree que le hiciste algo a su madre como para que te persiga de esa manera —explicó con calma y luego se volvió al osito—. Lo único que sé es que la culpa la tiene ese científico amarillento. Crash y yo somos del lado bueno y estamos aquí por culpa de ese hombre. No somos tus enemigos, Polar.
El osezno comprendió las palabras del ser mágico pero aún se lo veía apesadumbrado. Como estaba anocheciendo, los tres siguieron caminando en busca de un refugio donde pasar la noche. Finalmente lo encontraron; se trataba de un lugar techado hecho con gruesos troncos de árboles. Debido a las bajas temperaturas, el anaranjado se estaba congelando con lo que Aku Aku reunió algunas ramas para hacer fuego. Con algo de tristeza por lo sucedido, los tres pudieron descansar.
Al día siguiente, y luego de desayunar unas wumpas, los animales y la máscara mágica continuaron con su viaje. Aún el osito se veía entristecido aunque mantenía el ritmo de la caminata. El de los ojos verdes trataba de animar a su nuevo amigo y, después de varios intentos, logró sacarle una pequeña sonrisa.
Después de pasar por varios obstáculos, como pozos, cercos eléctricos, minas en el suelo e incluso asistentes de laboratorio vestidos y armados como cazadores, lograron dar con un cristal y una gema de color rojo. Estas piedras fueron guardadas, dando así como cumplido el objetivo en esta zona, pero aún debían hallar la plataforma que los lleve de regreso a la cámara de tiempo. Luego de caminar sin lograr nada, Polar, quien iba delante de todos, olfateando el camino, detuvo su marcha, señalando algo con sus ladridos.
—¿Qué encontraste, Polar? —preguntó la máscara flotando rápidamente hacia el oso.
Crash no se quedó atrás y apresuró su marcha para llegar hasta allí. Después de haber avisado, el osezno comenzó a escarbar la nieve hasta tocar algo hecho con piedra.
—¿Acaso será la plataforma que estamos buscando? —comentó el ser de madera y plumas, y esto sirvió como señal para que el bandicut también se pusiera a excavar.
Después de quitar la nieve de encima de la piedra, descubrieron que ese algo era la plataforma que estaban buscando y, al mismo tiempo, los tres se subieron en esta. En un abrir y cerrar de ojos, ellos ya estaban en la cámara de tiempo, dando por finalizada la recorrida por ese lugar helado y lleno de peligros.
En ese sitio, la temperatura era agradable y el calor no parecía molestarle al osito. Luego de un breve descanso, se volvió a oír la voz y a verse el holograma del doctor Cortex.
—Cinco de ocho cristales… Te vas acercando. No me queda mucha energía así que desde ahora me será difícil establecer comunicación. Ten cuidado y recuerda que cuento contigo —dijo la última frase con voz siniestra y allí se cortó la comunicación.
Después de esto, Crash y Aku Aku no tenían otra opción que prepararse para seguir.
