¡Hola! ¡Gracias por sus reviews!

Gracias chreisthewolf07, Siletek, KICOLOVERS239, Yuna-Tidus-Love, ludmilita, Mr. NBA, y rafex360.

ludmilita: probablemente no lo haga porque respeto mucho a los personajes. Además es medio complicado y tengo que preparar la continuación de este fic y seguir con el crossover. También debería pensar en nombres un poco mejores que esos. Gracias por la sugerencia; tal vez algún día lo haga.

Mr. NBA: mi plan es escribir sobre todos los juegos aunque sea imposible.

Gracias por leer y sigan escribiendo fics y reviews.


Capítulo seis: Doble amenaza

Cuando Crash Bandicoot y su protector, la máscara mágica Aku Aku, estaban preparados para seguir adelante, algo, o mejor dicho alguien, interrumpió la partida. Ese alguien se trataba del reciente aliado del equipo, el osezno Polar, quien no tenía ánimos para una nueva aventura. El osito aún seguía muy dolido por la trágica muerte de su madre y se encontraba muy deprimido, echado en el suelo. El mutante y la máscara mágica sabían bien que tenían que reanimar al pequeño, así que ambos se acercaron a él.

—Polar, no te puedes quedar aquí solo en el suelo. Por favor, ven y acompáñanos —invitó amablemente.

El de pelaje blanco no aceptó la invitación y volteó su rostro hacia otro lado para no ver más al ser flotante. Esto no molestó para nada al hechicero ya que comprendía su dolor, pero cuando quiso insistir, escuchó los pensamientos de Crash.

"Aku Aku, dile que no le ayudará en nada si se queda aquí solo y pensando en lo que ocurrió. Que nos acompañe así deja de pensar en eso."

Esto fue comunicado a Polar que, por un momento, parecía que lo habían convencido ya que se levantó del suelo y no se mostraba tan triste. Pero la respuesta no fue la esperada.

"Está bien, iré con ustedes… pero aún no me siento muy bien."

—No te preocupes por eso, Polar.

Y con eso, el osito caminó lentamente hacia ellos y los tres fueron absorbidos con fuerza por el vórtice de la puerta. Luego de sentir la dureza del suelo, notaron que el lugar a donde llegaron era totalmente desconocido para ellos…

Mientras tanto, en la estación espacial, el doctor Neo Cortex ya había preparado un nuevo encuentro de combate para probar a su enemigo. Para cerciorarse de que todo iba según lo planeado, el científico amarillento lo consultó, de manera agresiva (como acostumbraba) al experto en robótica, el doctor N. Gin.

—¡N. Gin! ¿A dónde te escondiste? —llamó en voz alta y esperó, caminando en círculos, y con las manos atrás de su espalda—. No sé por qué siempre está tan ocupado en lugar de hacer su trabajo —dijo esto último murmurando.

Lamentablemente, para alguien quien tiene los oídos mejorados gracias a la más moderna tecnología, aquel comentario fue escuchado con claridad. Sin embargo, y haciendo "oídos sordos" al mismo, el Cyborg se aproximó hacia el doctor de barba candado y decidió no poner una excusa para no tener que discutir algo que posiblemente podría agravarse.

—¿Qué es lo que necesita, doctor Cortex?

—Espero que la plataforma haya sido bien colocada y así llevar a ese torpe marsupial cara a cara con los mutantes secuaces.

—Por supuesto que sí. La plataforma fue instalada dentro de una cueva, que la llevará directamente hacia sus enemigos —dijo fingiendo interés en que suceda eso.

—Y, ¿quién de los mutantes se ofreció para pelear primero?

—Fueron los hermanos Komodo.

—¡Bien! Ahora veremos si esas lagartijas sirven para algo. Espero que les haya servido para algo esas prácticas que siempre tienen. En esta ocasión, a ese marsupial se le complicarán las cosas al enfrentarse a dos enemigos —habló con tono siniestro.

—Sí, como usted diga —respondió el del ojo robótico con un volumen casi inaudible.

Luego de esta conversación, Neo se quedó mirando las múltiples pantallas que mostraban a su enemigo principal y los aliados de este, esperando la batalla, mientras que N. Gin fue a ver el estado de las máquinas, aunque no hacía falta un control constante. Antes de que el líder del N Team comience con otra conversación, preguntando cosas sin importancia, el Cyborg se retiró a su habitación.

Él se dirigió a su alcoba ya que era tarde y quería descansar. Al parecer, por todo esto de la venganza, el de la marca en la frente vigilaba constantemente al anaranjado, sin importarle si esto lo llevaba a quedarse despierto por algunas horas de la madrugada. El del misil en la cabeza desconocía la razón de esto; no hacía falta ya que para eso estaban los asistentes de laboratorio pero tal vez, Neo prefiere hacerlo él mismo.

"Sólo espero que esto no se convierta en algún tipo de obsesión", pensó.

Simplemente él dejó de pensar en esto para reanimarse con algo de música, y a pesar de tener medio cerebro robótico, que a veces no lo dejaba en paz, N. Gin se durmió. Sólo esperaba a que esto se termine pronto para dejar de estar en la estación espacial y volver al acorazado que tanto quería.

Después de varias horas, el de cabello anaranjado se despertó por escuchar una alarma, aunque no era muy escandalosa. Como no sabía a qué se debía ese aviso, tuvo que salir de allí para ir a la sala principal. En ese lugar se encontraba el hombre amarillento, quien parecía que recién se había levantado, y por supuesto, dirigía su mirada hacia los monitores.

—Ahora sí ese bandicut se dirige hacia la trampa —dijo con una risa maliciosa al final.

—¿Para eso era la alarma? —se preguntó el Cyborg entendiendo que su colega no quería perderse la batalla que pronto se daría.

—¿Qué dices? —interrogó con algo de enfado.

—Nada —simplemente contestó y se alejó del científico amarillento.

Él sabía bien cómo terminaría esa pelea ya que los hermanos Komodo no eran tan buenos como parecían. En sí eran buenos con las armas filosas, pero el problema eran sus ideas.

Por otro lado, y luego de descansar en aquella cueva a la que fueron tele-transportados, Crash, Aku Aku y Polar se dirigían lentamente en busca de una salida, buscando los cristales y gemas que tenían que encontrar. Fue lentamente, porque la cueva estaba en la total oscuridad y el suelo no era siempre liso y uniforme. Por fortuna, la máscara mágica usó sus poderes para iluminar parte del camino.

Siguieron así hasta que lograron divisar un sector luminoso y hacia allá se encaminaron. Cuando llegaron en aquel lugar, los tres se encontraron en una habitación amplia y circular, decorada con una gran alfombra en el centro y cortinas hacia su alrededor. Esto era acompañado por almohadones de color azul. Todos los objetos tenían diseños árabes y, esto también se aplicaba a los sables que tenían los hermanos Komodo en sus manos.

Crash no esperaba encontrarse con estos dragones ni en sueños así que decidió dar marcha atrás ya que estos no notaron la presencia de los intrusos.

—Crash, ¿Por qué te estás alejando? —preguntó Aku Aku, obteniendo como respuesta la seña de silencio por parte del marsupial.

Pero ya era demasiado tarde; los reptiles escucharon esa voz, sin embargo, no detuvieron sus malabares con cuatro sables a la vez.

—Parece que tenemos compañía, hermanito —dijo Komodo Joe.

—Ya era hora de que aparecieran —respondió su hermano, deteniendo ahora sí el juego de coordinación—. ¿A dónde crees que vas, Crash Bandicoot?

—Sí, no pienses que te irás de acá sin haber peleado con nosotros —amenazó apuntando con su espada hacia el bandicut.

Cuando tuvo que convivir con ellos en el castillo, el mutante anaranjado sabía bien que los hermanos eran peligrosos, así que decidió salir de allí corriendo. Polar observó la reacción del marsupial así que lo acompañó con la huida, incluso marchando más rápido que él. Al notar aquella evasión, Komodo Joe arrojó uno de sus sables, el cual cortó una cuerda y una gran roca tapó la entrada, dejando al osito del otro lado.

—Buen tiro, hermano —felicitó Komodo Moe.

—Gracias —dijo haciendo una reverencia y luego fue a buscar otro sable de los cientos que había en una cesta.

Ahora Crash estaba encerrado, con lo que tenía que aceptar el desafío de los lagartos sí o sí. De todos modos, él intentaba mover esa gran piedra sin ningún éxito.

—Ni lo intentes, bandicut. No sabes cómo nos costó preparar esa trampa, así que te será imposible de moverla —explicó el dragón flacucho.

—Vamos, no seas cobarde y prepárate para pelear —anunció Komodo Moe y luego se dirigió a su pariente—. Ya es hora, hermano. Tal como lo ensayamos.

Con rapidez, el dragón pasado de peso arrastró la cesta con los sables hacia el centro de la habitación mientras que el otro se acercó hacia su hermano. Con una maniobra veloz, el primero hizo girar al otro, con lo que las armas blancas que tenía, lo convirtieron en algo a evitar o sufrir cortaduras que podían ser graves.

El giro de Komodo Joe era mucho más largo de tiempo que el de Crash, con lo que le fue algo difícil de controlar por parte del dragón. El anaranjado debía estar bien despierto para evitar ser un bandicut metido a una procesadora, y lo único que podía hacer era correr. Luego de un tiempo, el reptil cayó al suelo, completamente mareado y ese fue el momento para darle un buen golpe con su giro tornado.

Tanta fue la fuerza en que el reptil fue arrojado por los aires, que golpeó también al dragón quien estaba en el centro de la habitación, haciéndolo caer y provocándole un gran dolor en su abdomen. El resultado de todo esto es que el reptil delgado quedó encima de su hermano.

—Esto no es como lo ensayamos —dijo entrecortado Komodo Joe.

—Sólo quítate de encima que ahora es mi turno y lo intentaremos otra vez.

Aunque el primero se hizo a un lado, este no se repuso de su mareo. Fue momento de la intervención del dragón más gordo, quien atacó al bandicut lanzándole casi todos los sables que tenía en la cesta. En algunos casos fue difícil esquivar ya que el dragón era un experto con esas armas, lo que provocó que el anaranjado tuviera algunos cortes superficiales. Tanta fue la fuerza al arrojarlos que se quedaron incrustados en la pared de piedra. En una ocasión, una de estas armas lo inmovilizó, siendo atrapado por la tela de sus jeans. Fue allí donde Aku Aku reaccionó, creando un escudo momentáneo con sus poderes, puesto que un sable venía directo hacia él.

Como lo que quería era lastimarlo y hacer más prolongado el dolor, Komodo Moe detuvo su ataque, a buen momento ya que su hermano se había recuperado. Nuevamente se acercó hacia él y se preparó para girar. Otra vez Crash y la máscara viviente tuvieron que eludir al girador con filo incluido.

Esta vez, Komodo Joe logró lastimar al anaranjado, cortándole un poco la piel de uno de sus hombros. Afortunadamente, no lo dañó más ya que de nuevo el dragón no soportó dar tantas vueltas y se cayó al suelo. Crash se llevó una mano a la zona del reciente corte, tratando de contener un poco de la sangre que le salía. A pesar de esto, el bandicut atacó golpeando de nuevo al reptil girador y, otra vez, también al lanzador de sables.

—Hermanito, no funcionó. Pero estuve cerca —dijo el más delgado.

—Estas ideas que se te ocurren… Era mejor pelear así nomás.

—Pero ahora no vamos a cambiar la técnica a mitad de la marcha. Espera a que me recupere que voy a intentarlo de nuevo.

Komodo Moe asintió y se levantó para tomar los algunos sables de la cesta para arrojárselos al anaranjado. Esta vez, la lluvia de espadas era más furiosa con lo que el bandicut por pura suerte los esquivó. Gracias a la agilidad del chico, a algunos escudos mágicos y a buena suerte misma, el marsupial se salvó aunque le quedaron más heridas.

—Esta es la última vez que lo haremos, hermano. No me siento muy bien. No creo soportar otro golpe más —avisó Komodo Joe, no muy recuperado.

El dragón obeso hizo girar a su hermano y el pobre de Crash no tenía otra opción que salir corriendo, aunque sus energías se estaban agotando. Algo que no esperaba el de los ojos verdes fue que el otro dragón también atacara lanzando más de esas armas blancas. Ahora el peligro era doble: por un lado tenía que esquivar al reptil girador y, por otro, los sables.

Después de un tiempo, cayó el dragón aturdido y el marsupial aprovechó esa oportunidad para darle un buen golpe, el cual también llegó al otro escamoso. El golpe reciente hizo que los dos hermanos caigan inconscientes, permitiendo así la victoria del bandicut.

—Bien hecho, Crash —felicitó Aku Aku para reanimar un poco al chico, quien estaba muy cansado—. Ahora tratemos de salir de este lugar, antes de que esos dragones se despierten.

Crash asintió, con dolor en su expresión, y, cuando ambos se acercaron hacia la gran piedra que bloqueaba el camino, esta se movió por sí sola. En realidad, fue Polar quien la movió dando topetazos a la misma hasta que logró correrla y permitir el paso. El osito, también cansado y con un poco de dolor de cabeza, se encontró con el anaranjado todo lastimado y con la máscara mágica quien trataba de sanar las heridas.

—Gracias, Polar, por haber sacado esa piedra del camino —dijo el hechicero, obteniendo como respuesta una leve sonrisa por parte del osito—. Como esta cueva no tiene salida del otro lado, será mejor ir hacia la misma plataforma que nos trajo aquí.

Los dos animales asintieron sin ánimos y, con esa misma energía, entraron al túnel oscuro aunque podían ver gracias al poder del hechicero. Con pasos pesados, Crash y Polar, junto con el nativo, llegaron a la plataforma y, en un instante, ellos vieron que se encontraban en la cámara de tiempo.

Rápidamente, Aku Aku siguió con el proceso de curación y también hizo aparecer unas wumpas para que el anaranjado recupere sus fuerzas. Estas frutas también fueron ofrecidas al osezno, quien las comió a pesar de que era la primera vez que comía frutas.

La mayoría de las heridas fueron sanadas, o simplemente, cerradas. Sin embargo, todos necesitaban descansar y no les quedó otra alternativa que dormir en el suelo de la cámara de tiempo. Cuando ya se habían preparado para pasar al mundo de los sueños, el ruido del proyector de hologramas los alertó. Su descanso fue interrumpido cuando la imagen del científico de la letra N en la frente apareció.

—Muy bonito, Crash. Es evidente que los hermanos Komodo carecen de tu capacidad. No es el momento de hacerse el valiente. Aún quedan muchos cristales. Recuerda, el mundo el mundo cuenta contigo —y dicho esto, la imagen se desvaneció.

Sí, por supuesto que el bandicut sabía bien que tenía una misión muy importante pero, tuvo que dejar de pensar en el mundo por un rato para tener un merecido descanso, después de aquella pelea doble que, por poco, casi no terminó como un puré.

—Trata de dormir un poco, Crash. Mañana todo estará mejor —dijo Aku Aku—. Y lo mismo va para ti, Polar. Descansen.

El anaranjado se acomodó en el suelo, al estilo perro, y el oso blanco lo acompañó, quedándose a su lado. Mientras ellos se durmieron, la máscara mágica cuidaba de ellos, atento a cualquier imprevisto. Al día siguiente, los tres se sintieron un poco mejor con lo que tenían ánimos para seguir adelante a pesar de desconocer el peligro que se avecinaba.