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Capítulo siete: Peligro bajo tierra

Después de aquella pelea con los hermanos Komodo, la cual dejó al bandicut muy lastimado, con muchos cortes en su cuerpo, los buscadores de cristales y gemas estaban listos para seguir. Ciertamente, no estaban muy preparados para seguir adelante: Crash aún se sentía adolorido ya que, aunque sus heridas estaban cerradas, estas seguían doliendo. Lo mismo pasaba con Polar, quien también le dolía la cabeza después de darle tantos golpes a la gran roca que tapaba el camino.

Aku Aku, por su parte, debía ponerse en el papel de ser el adulto responsable a cuidado de los niños, el que debía tener los pies en la tierra, a pesar de no tenerlos, con lo que en ocasiones, debía convencerlos en cumplir con sus responsabilidades. Sin más remedio, los tres tuvieron que dejarse llevar por el vórtice de la puerta, a pesar de las protestas del anaranjado y del osito.

Ellos notaron que no estaban en la cámara de tiempo cuando los animales percibieron un olor no muy agradable. Al abrir sus ojos, los tres se encontraron en un lugar no muy bien iluminado, casi en la completa oscuridad; con una rejilla metálica por piso. El metal estaba por todas partes: por las paredes, por el techo, por las puertas. Con algo de temor por lo desconocido, los tres comenzaron a caminar.

Sólo a unos cuantos pasos, ellos se toparon con un sector con agua no muy profunda: esta llegaba a un poco más de las rodillas del marsupial. Meterse en esta agua no era una buena opción pero no pudieron evitarlo. Además la misma no se caracterizaba por tener aroma a esencia de fresias. Con algo de asco, los animales atravesaron esa agua, enojándose con el hechicero ya que él pasó flotando, sin siquiera tocarla.

Una vez del otro lado, ellos observaron que el camino que estaba más adelante tenía forma de tubería, específicamente, una de un gran diámetro, permitiendo pasar por esta sin problemas. ¿Sin problemas? Tuvieron que dejar de sostener esa opinión cuando se encontraron con un pequeño robot. El mismo recorría toda la circunferencia del túnel, desafiando la ley de gravedad. Al parecer, este mecanizado estaba limpiando el lugar, con lo que le resultó extraño el hecho de que no ataque.

Como Crash sabía bien que no debía confiar en estos robots, así que, cuando tuvo la oportunidad, arrojó al aparato con su giro tornado, destruyéndolo al impactar contra la pared. Esto sirvió para que Polar pueda intervenir haciendo lo mismo pero, en su caso, el osito atacó saltando sobre los robots, aplastándolos con sus gruesas patas. Cuando despejaron el camino de esos aparatos limpiadores, los tres encontraron frente a un nuevo peligro.

"¿Y ahora qué hacemos, Aku Aku?", preguntó el anaranjado al ver que tenían en frente un ventilador tan grande que ocupaba el ancho del camino.

—No lo sé —respondió simplemente y se quedó pensando, observando la gran velocidad en la que giraban las aspas—. Hay que buscar algo para detener el giro.

Mientras ellos buscaban algo, situación que fue complicada al no haber objetos por ahí, Polar señaló lo único que había para arrojar: la chatarra proveniente de los robots que recién destruyeron.

—Buen trabajo, Polar —felicitó la máscara mágica, provocando una sonrisa en el osezno.

Fue así que, después de arrojar unos cuantos trozos de metal, el ventilador se detuvo. Con algo de temor, ya que parecía que las aspas intentaban seguir girando, llegaron hacia el otro lado. Cuando siguieron con la marcha, volvieron a pisar esa rejilla metálica y, así como se encontraron con algo conocido, también con el sector con agua. Lo diferente en este es que había un robot en el agua pero, lo más llamativo en este, era que tenía forma de anguila eléctrica y, por lo tanto, electrificaba el líquido en ciertas ocasiones.

Pocas eran las veces que el agua no estaba electrificada y no podían evitar tocar el líquido ya que había un largo tramo inundado. La mejor opción, o la primera que se les ocurrió, fue la de atravesar el lugar lo más rápido posible.

—¿Están listos, chicos? —preguntó el hechicero—. Será mejor que pasen de a uno.

Los animales asintieron pero, lo sorpresivo en lo que iba a venir, era que Polar fue quien decidió pasar primero. Con la velocidad que lo caracterizaba, el osito pasó sin problemas ante la señal de Aku Aku. Cuando llegó del otro lado, en un piso metálico, dio una señal avisándole a la máscara y al evolucionado que se encontraba bien aunque algo mojado. Ese problema lo solucionó en parte cuando se sacudió como perro.

—Bien, Crash, ahora es tu turno —anunció el hechicero. El anaranjado se veía preocupado con lo que su guardián agregó—: No te preocupes; te informaré cuando puedas pasar.

De todos modos, él se mostraba con algo de temor y respiró profundo para calmarse. No sabía por qué estaba así; tal vez porque el viaje lo estaba desgastando o porque los lugares de búsqueda eran muy hostiles. Trató que cambiar sus pensamientos dándose ánimos por el hecho de que Polar cruzó sano y salvo. Pensando en todo esto, no prestó atención cuando escuchó una voz.

—¡Ahora! —gritó el ser flotante. La voz lo alertó pero el bandicut comenzó a correr algo tarde—. ¡No! ¡Vuelve a donde estabas!

El anaranjado no sabía qué hacer ya que estaba casi a mitad de camino. En un segundo, él vio a la anguila mecánica que estaba despidiendo electricidad, así que optó por seguir adelante a toda velocidad. Dio un salto final que lo hizo aterrizar sobre el osezno y sintió un ligero toque eléctrico en uno de sus pies. Crash se salvó por poco de achicharrarse con la electricidad.

Después de que los tres se recuperaran del susto que se pegaron, siguieron caminado pero, más adelante, se volvieron a topar con otro robot pequeño. En este caso, se trataba de uno distinto, uno que tenía púas en los costados y se asemejaba a una rata, hasta incluso imitaba el sonido de dicho animal. En primera instancia, no sabían qué hacer con este y patearlo no era buena opción.

El momento no permitió para meditar el problema ya que este robot se estaba acercando. Lo único que atinó a hacer el bandicut era saltar y darle un buen pisotón. Por fortuna eso funcionó y fue así que ese aparato se quedó quieto en su lugar, totalmente aplastado. Esto hizo que el anaranjado se sintiera más confiado y sirvió para Polar para aprender cómo se trata a esos robots.

Luego de caminar más y de encontrarse con más de estos peligros mecánicos, los buscadores de fuentes de poder descubrieron que el sendero no tenía salida. Había una gruesa puerta circular pero les fue imposible abrirla y, al parecer, esta demostraba que no era muy utilizada.

"¿No puedes hacer algo para abrir esa puerta, Aku Aku?", preguntó Crash pero el nativo no tenía buenas noticias.

—Estoy guardando energías para una emergencia pero si la puerta está en ese estado, será un esfuerzo en vano poder abrirla.

"Entonces busquemos otro camino", decidió el anaranjado y se volteó para regresar. Lo que no esperaban era no hallar al osito por ningún lado. "Estaba detrás de mí, ¿a dónde se fue?".

—No lo sé —dijo mirando hacia todas partes—. Polar. ¡Polar! —llamó y escuchó un ladrido proveniente de abajo.

El mutante y la máscara se sorprendieron al ver al osito que estaba en un nivel abajo. Al parecer, él se había caído sin que ellos dos lo notaran.

—Polar, ¿te encuentras bien? ¿Cómo es allá abajo? —preguntó el ser de madera.

"Estoy bien", transmitió e hizo una pausa para poder explorar un poco el camino. "Aquí sigue el camino. Bajen".

Cuando Aku Aku compartió lo que había escuchado con el bandicut, este último fue el primero en descender con confianza. Detrás lo siguió el flotante. Efectivamente, Polar tenía razón y allí abajo seguía el camino, aunque este no era muy seguro. Esto de debe a que sólo había un corto tramo de rejilla metálica que pisar pero después no había nada, solamente unos tubos debajo, los cuales parecían estar a altas temperaturas debido al color rojo incandescente que poseían.

—Veré si esos tubos están tan calientes como parecen —decidió la máscara y comenzó a descender lentamente.

"No te vayas a incendiar, Aku Aku", pensó Crash, haciendo que este vuelva a su lado.

—A veces olvido que estoy hecho de madera —dijo con tristeza.

"Yo voy a fijarme entonces", y fue así que el marsupial se acostó en el suelo y dejó caer su brazo para sentir la temperatura, aunque le faltaba mucho para llegar a tocar los tubos.

Sí, se notaba un calor que también se percibía en el ambiente pero se dio cuenta que estos estaban a punto de ebullición cuando una gota de su saliva cayó y se evaporó en un segundo.

—¿Y ahora cómo cruzaremos hacia el otro lado? —se preguntó el hechicero y se quedó pensando, así como sus compañeros.

Mientras trataban de que una idea les apareciera por sus mentes, los animales aprovecharon el calor del lugar para secarse y así descansar un poco. Por suerte, al osito no le molestaba las altas temperaturas y esto resultó bueno para el bandicut ya que pensaba que, después de esto, lo invitaría a vivir a su casa, con el calor tropical de la isla N. Sanity. Hacía mucho que Crash no sentía tanto calor después de sentir el clima bajo cero.

Cuando se recostó boca arriba para dormirse un rato, vio que arriba había una especie de rejilla metálica que no habían visto antes. Al observar mejor, esta era del largo del camino que seguía y se le ocurrió una idea.

"¿Y si vamos por ahí?", preguntó señalando el posible camino con lo que el nativo se mostró confundido. "Así, mira", y se colgó en la rejilla y comenzó a avanzar como si esta se tratara del juego de pasamanos.

—Buena idea, Crash, pero Polar no puede aferrarse como tú lo haces —dijo el hechicero, haciendo que el osito se viera triste.

"Y que pase por arriba. Creo que puede", sugirió el anaranjado y volvió donde estaba para ayudar a Polar a subir. Le costó mucho hacerlo pero lo logró.

—Pero, Crash. ¿No es mejor ir por el mismo camino que va Polar? Si te caes, te carbonizarás —advirtió su guardián.

"Yo puedo hacerlo, Aku Aku. Tengo mucha fuerza. No te preocupes", pensó con confianza.

De esta manera, los tres pudieron seguir adelante: Polar caminando un poco agachado, Crash trasladándose colgado de sus brazos, y Aku Aku flotando al lado del marsupial. Siguieron un largo camino así hasta que el de los ojos verdes vio que se acercaba un pequeño robot con grandes espinas en su cuerpo.

Observando mejor, él descubrió que el aparato flotante recorría un circuito y, suponiendo que era lo mejor no tocarlo, porque también parecía que estaba a altas temperaturas, esperó el momento justo para evitarlo y seguir adelante. Él se arrepintió de no haber acompañado a Polar cuando vio que había más de esos robots espinosos pero, con algo de dificultad y de buena suerte, logró pasar sin que estos lo tocaran. Luego de un tiempo, Crash encontró el piso de metal para así descansar sus brazos.

Mirando el camino que tenía más adelante, el bandicut notó que este volvió a la normalidad, con lo que era tiempo de ayudar a bajar al osito y estar en el mismo nivel. Como sus brazos ya estaban algo cansados, le costó mucho ayudar al osezno con lo que, en un momento, no soportó más el peso y ambos se cayeron, aunque sin hacerse daño.

—Crash, Polar dice "gracias y perdón" —comunicó la máscara mágica, con lo que el anaranjado le "dice" al osito que no hay problema, sonriendo y levantando el pulgar.

Después de que los animales se reincorporaran, ellos tuvieron que seguir adelante pero, en el camino, los tres se encontraron con esos mismos robots punzantes. Lo que ellos no esperaban es que estos solamente se movían verticalmente, con lo que era fácil de eludirlos. Se complicó la situación un poco cuando había sectores de camino que estaban destruidos. La única opción ante esto era dar un buen salto, evitando así no tener contacto con la cañería al rojo vivo.

Lo próximo a realizar era subir por una escalera y así volvieron al mismo nivel del cual comenzaron. El ánimo de los animales decayó cuando no encontraron ninguna de estas piedras, después de haber recorrido tanto.

—Vamos, chicos. Sé que falta muy poco para encontrar algo —trató de animar el ser mágico.

Siguieron caminando hasta que se toparon con un camino bifurcado. No sabían cuál seguir pero, de todos modos, podrían regresar para recorrer ambos senderos. Decidieron en ir hacia la izquierda y, de nuevo se encontraron con un callejón sin salida. Lo único bueno que tenía ese sitio es que encontraron un cristal, y el ánimo perdido se recuperó.

Para continuar, los tres debieron regresar para ir hacia el otro camino y, una vez en este, hallaron un enemigo conocido: un asistente de laboratorio, quien se encontraba reparando y traía consigo un soplete que amenazaba con quemar a los buscadores de piedras. Crash aprovechó el momento justo, donde el androide se distrajo, para mandarlo a volar con su giro tornado. El ser inanimado sorpresivamente lanzó un grito de terror.

Aku Aku felicitó al chico, obteniendo de este una gran sonrisa, y siguieron caminado hasta que de nuevo vieron otro sendero dividido. Los tres siguieron por uno que también resultaba ser uno sin salida pero, al final de este, lograron dar con una gema: la de color verde.

"Bien. Ahora sólo hay que encontrar cómo regresar y listo", pensó el bandicut con optimismo y fue así que ellos continuaron su viaje, enfrentándose a los enemigos que antes habían destruido o evitados, y a lugares similares a los que habían recorrido.

Los peligros se acrecentaban, pero los tres pudieron superarlos, aunque los estaba desgastando. Tuvieron que pasar la noche en ese lugar, aunque no sabían si en realidad era de noche. Fue un largo tiempo en que ellos no vieron ni el sol ni la luna, ni el viento o algún ser vivo y comenzaron a extrañarlos. Ellos estaban muy acostumbrados a la vida al aire libre y este encierro los estaba perjudicando.

Lo que más los desanimó a los tres fue cuando se despertaron y observaron que aún seguían en ese lugar insalubre, en la casi plena oscuridad. Cuando pensaron en que no encontrarían la plataforma transportadora, después de tanto caminar, por fin lograron encontrarla. Crash y Polar festejaron por esto y saltaron de felicidad.

—Bueno, chicos. Creo que ya es suficiente —avisó Aku Aku, invitándolos amablemente a dejar de hacer ese festejo—. Será mejor irnos de una buena vez.

Los animales asintieron y, de un salto y al mismo tiempo, pisaron la plataforma transportadora que los llevó a la cámara de tiempo, dando por finalizada la búsqueda allí.