¡Hola! ¡Gracias por sus reviews!
Siletek: qué susto que me pegué por ese malentendido. Wow! No creí que alguien se enfurecería con lo de Tiny.
chreisthewolf07: qué bueno que te haya gustado esa pelea. No creí que te enojarías tanto por esa escena.
Yuna-Tidus-Love: :D sí, se parece. Qué bueno que te haya gustado. Me parece que Neo necesitaría más que un té.
KICOLOVERS239: qué bueno que te gustó ese momento ^_^
Invitado: muchas gracias y aquí está la continuación.
Un poquito tarde pero aquí está el capítulo recién "sacado del horno".
¡Gracias por leer!
Capítulo once: Búsqueda en la estación espacial
—¡Crash, espera! —pidió Aku Aku levantando su voz—. ¡Ni siquiera sabes a dónde te diriges! ¡Detente, por favor!
Por su parte, el marsupial escuchaba pero no hacía caso de lo que decía su guardián; él seguía corriendo, deteniéndose en cada puerta, buscando al osezno Polar. No le importaba con lo que se podía encontrar en ese lugar desconocido y, por lo tanto, peligroso, sólo se preocupaba su amigo. El bandicut se sentía cansado después de ese particular juego con Tiny Tiger y, al no poder respirar normalmente, quiso detenerse para calmarse.
"No lo veo por ningún lado", pensó el anaranjado con una expresión de sufrimiento en su rostro. "Este lugar es como un laberinto", se enfureció mientras golpeó a una pared con un puño cerrado.
—Cálmate, Crash… —le dijo la máscara con tranquilidad en su voz—. Ya verás que lo encontraremos. Debe estar muy cerca.
El marsupial asintió levemente y comenzó a caminar con lentitud, retomando así la búsqueda. Ellos recorrieron un largo trayecto sin resultados positivos, solamente se encontraron con peligros… Lo primero que hallaron fue reencontrarse con un gran abismo a los costados de un estrecho camino de metal con algo que lo hacía iluminar. A lo lejos se veía máquinas y tubos con la letra N pintada pero también una gran oscuridad.
"¿No será mejor buscar otro camino?", sugirió el mutante con temor al observar el pasaje que tenía en frente.
—No, Crash… —respondió negando con la cabeza—. Siento la presencia de Polar en la misma dirección que va ese camino. No tenemos otra opción que seguir adelante.
Dando un resoplido de resignación, el marsupial siguió caminando sin ánimos y sin saber aún el peligro que se avecinaba…
Por otro lado, y debajo del "tablero del juego" de Tiny Tiger, este tigre se sentía entre furioso y avergonzado por perder contra Crash. El gran mutante rugía con fuerza y enfado, y N. Gin tenía que esperar pacientemente a que se calme y se prepare para recibir los regaños del doctor Neo Cortex. Cuando los rugidos desaparecieron, el Cyborg quiso aprovechar el momento para cambiar el tema.
—Tiny… —empezó a decir pero un gruñido lo interrumpió, pero luego siguió—. Las opciones son estas: ir hacia Cortex y soportar sus quejas o regresar a casa. Tú eliges.
Como había ocurrencias en que el tigre de Tasmania evolucionado demostraba inteligencia a pesar de que no se destacaba en ello, él eligió la mejor opción.
—Tiny querer ir a casa.
—Bien... Te llevaré a la plataforma transportadora…
En el momento de retirarse del lugar, el almirante escuchó nuevamente un rugido, pero esta vez, era diferente con lo que se volteó a ver.
—Yo no ser —se defendió el falso felino.
—Sí, así es, Tiny. Tú no fuiste —dijo el científico y luego buscó por todas partes con su mirada a quien hizo ese sonido.
Con rapidez, él encontró a quien gruñía: se trataba del osezno Polar, quien comenzó a correr a toda velocidad para embestirlos y atacarlos. Difícilmente, el mutante de los dientes afilados logró atraparlo con sus manos, tratándolo de inmovilizarlo. El osito quería liberarse pero la fuerza del evolucionado era muy superior a la suya. Después de forcejear tanto, el portador de las hombreras puntiagudas preguntó.
—¿Qué hacer con este oso de peluche?
—… Polar. Polar. ¡Polar! —nombró al prisionero, para captar su atención, sin embargo al principio, el blanquecino ignoraba al científico—. Lamento que te hayas asustado por la caída y por tu… madre. Si prometes que no nos atacarás, te diré dónde está Crash.
Luego de pensarlo un tiempo, él tuvo que acceder al pedido antes de que la situación se ponga peor. También el tigre dudó por un momento en soltar o no al osezno, pero ante los pedidos constantes del Cyborg, tuvo que hacerlo. Una vez en el suelo, Polar los miraba fijamente y con enfado, esperando la otra parte del trato.
—Tiny aplastar a oso de peluche si seguir viendo con esa cara.
—Tiny… —comenzó a decir el joven doctor con tono de regaño—. Es obvio que está molesto por lo que le haz hecho... —luego de esto, se volvió al osezno—. Mira, Polar, encontrarás a Crash si vas por ese camino.
Después de una mirada amenazante por parte del albino, él siguió por la dirección señalada, perdiéndose de la vista del tigre y del científico. Acto seguido, estos dos últimos tomaron otra dirección para ir hacia la plataforma transportadora. Fue así que llegaron en un instante a la sala de control de la cámara de tiempo, reencontrándose con el experto en tiempo y espacio, el doctor Nefarious Tropy.
—Hola… —saludó en voz baja—. Al parecer, por la cara que tienen ustedes dos, supongo que las cosas no les han ido muy bien —comentó el Cyborg del brazo robótico.
—Tiny aplastar a Crash en otra ocasión —se defendió el mutante, mostrando sus dientes.
—Sí… Puede ser —respondió el azulado, no confiando mucho en sus palabras—. Creo que están aquí para que Tiny regrese a su casa, ¿no es así?
—Así es, doctor Tropy —contestó N. Gin.
Y con eso, el euroasiático se volteó para ingresar los datos en la consola y, cuando terminó, dio una señal diciendo que ya estaba todo listo. Después de resistirse por un momento, los científicos lograron convencer al tigre de Tasmania de que viaje solo hacia su hogar. Con temor en su expresión, Tiny Tiger desapareció de la vista de los Cyborg y, comprobaron que todo salió bien cuando llamaron a la cabaña de los mutantes por medio de la radio.
—… Supongo que ahora tendré que regresar a la estación espacial… —comentó el experto en robótica con desánimo.
—Pues… Creo que sí. Pero… Ahora que ya no hay más mutantes para detener a ese animalejo anaranjado, ¿qué sucederá ahora?
—… No lo sé. Tal vez el doctor Cortex ya pensó en algo…
Después de eso, ninguno habló más de ese tema y el científico del misil en la cabeza se alejó del planeta Tierra. Con pocas energías, él caminó hacia la sala principal de la estación espacial, ya que posiblemente Neo estaría allí junto con su típico humor. Ni bien la puerta corrediza le permitió el paso para entrar hacia ese lugar, el científico amarillento estaba allí, esperándolo con una cara de pocos amigos.
—¡Ya era hora de que te aparezcas! —gruñó con furia—. ¡Tienes que enviar a tus robots hacia ese bandicut! ¡Que lo acaben de una buena vez!
—Sí, doctor Cortex…
El científico del misil en la cabeza no tenía otra opción que seguir las indicaciones del líder del N Team, así que fue al depósito de robots para encender algunos o darle los últimos ajustes. Él preparó a los robots que no presentarían mucha dificultad al enfrentarlos pero que aparentaban peligro.
"¿Por qué tengo que exponer a mis robots para esto?", se preguntaba el experto en robótica mientras trabajaba con desánimo. "Sólo espero que Crash se dé cuenta de las señales que darán estos robots, así evitará lastimarse".
Una vez terminado esto, él liberó a esas máquinas y se dirigieron hacia el bandicut. Había varias maneras de llegar hasta allí con lo que estas se aproximaron rápidamente…
Por otro lado, Crash y Aku Aku seguían por ese camino cambiante ya que en ocasiones había que saltar para llegar hacia el otro lado o doblar, ya que no había un sendero recto. Pero lo primero que ambos encontraron fue una máquina aplastante, con lo que el marsupial tuvo que ser rápido para cruzar y así evitar convertirse en tortilla anaranjada. También había momentos en que, para seguir adelante, había que subir ya que había un camino un nivel más arriba. Con algo de dificultad, el evolucionado logró subir.
El primer robot que encontraron fue uno con cuatro patas, de mayor estatura que el anaranjado y con un llamativo color naranja en su cabeza, así como una antena muy flexible. El bandicut miró a ese aparato con cara extraña, ya que nunca lo había visto y, por lo tanto, no sabía cómo quitarlo del camino. Su guardián notó esta expresión y se acercó a ese cuadrúpedo. Ese artefacto no lo atacaba, sino que caminaba unos pasos y volvía. Aku Aku regresó al lado de Crash con noticias.
—Será mejor que no lo ataques con tu giro tornado porque aquello anaranjado que tiene en su cabeza es calor al rojo vivo; te quemarás si lo tocas.
Con esto, el mutante se quedó pensando hasta que se dio cuenta que esto se relacionaba con el lagarto con espinas en su cuello que estaba en la zona de ruinas y ya sabía cómo actuar para vencerlo. Él tomó distancia y comenzó a correr. En el momento justo, se deslizó y empujó al robot con sus pies. Este cayó al vacío y, por fin, ambos pudieron continuar con su viaje. Pero, al poco tiempo, los dos volvieron a ver a más de estos robots que sufrieron el mismo trato que el primero.
El siguiente robot se trataba de uno que tenía tentáculos que chispeaban en sus extremos, y como Crash conocía bien esta señal, concluyó a que eso era ni más ni menos que electricidad. La única forma de seguir fue saltando y aterrizando en el medio del artefacto, dándole un fuerte pisotón. Aquella máquina quedó aplastada y su energía desapareció.
Así siguió con los siguientes artilugios que se encontraron hasta que él vio a esta última máquina que tenía sus brazos hacia arriba, con lo que aplastarlo no era una buena opción. Pero lo solucionó con rapidez al sacarlo del camino tal como lo hacía con el robot cuadrúpedo.
Enfrentándose y venciendo a estas máquinas, y siguiendo adelante a pesar de los caminos discontinuos, Crash y Aku Aku se encontraron con un locker al costado del sendero. Ellos iban a pasar de largo pero desde las rendijas se filtró una luz rosada muy conocida. Se detuvieron en seco y volvieron hacia atrás para observar mejor aquello. Luego de que el bandicut abriera la puerta, vieron que esa luz era provocada por un cristal.
"Guárdalo, Aku Aku", pidió el chico de los ojos verdes, acercándole la piedra flotante y la máscara mágica cumplió con el pedido.
Al retomar el viaje, ellos dos se toparon con cosas a altas temperaturas en el medio del camino. Esto se superó dando un salto y así evitar el contacto. Otra cosa con lo que se encontraron fue un sector del sendero con otro color. Esto al principio no llamó la atención del evolucionado pero sí lo alertó cuando lo pisó, haciendo que mirara hacia todas partes esperando algún tipo de ataque.
Él pudo observar que se aproximaba rápidamente una bola de energía. Afortunadamente, Crash lo esquivó pero esta impactó sobre un robot que, para sorpresa de ambos, este se achicó hasta medir tan sólo unos centímetros de altura. Ahora el marsupial debía tener cuidado de ese suelo que activa el rayo achicador. Con más desconfianza, el bandicut siguió caminando hasta que a lo lejos no veía más camino por seguir. Al acercarse lo suficiente, notó que simplemente se trataba de un bloqueo, de una especie de escudo y, atrás de este, estaba un asistente de laboratorio.
"Bueno… Mientras que no ataque con electricidad, no creo que sea un problema", pensaba Crash mientras se acercaba para empujar el escudo con sus manos. "Fue mala idea", concluyó cuando el androide lo empujó con fuerza y se acercó un paso más, haciendo que el bandicut se aproximara al abismo.
—Será mejor que busques otra forma de sacarlo del camino —comentó Aku Aku, sin embargo, obtuvo una mirada de enfado por parte del animal quien pensó: "¿Por qué tengo que pensar yo solo?"—. No, Crash, también estoy pensando en algo…
Después de quedarse un rato pensativo, al bandicut "se le prendió el foco" y decidió atacarlo tal como lo hizo con el robot de cabeza incandescente, empujándolo pero con los pies. Esto funcionó, haciendo que el asistente retroceda tanto que cayó a la fosa. Durante la caída, este dio un grito de temor. Ahora que el camino estaba despejado, Crash y Aku Aku pudieron seguir avanzando, pero no había rastros del oso polar.
Más adelante, ambos enfrentaron a los mismos enemigos que aparecieron anteriormente y, como ya sabían como detenerlos o acabarlos, el viaje se hizo más rápido aunque este estaba desgastando al mutante. Por un momento, el chico pensó en que su guardián lo había llevado por el camino más largo y peligroso, pero luego se arrepintió de desconfiar ya que se trataba de su aliado y también porque él podía escuchar los pensamientos.
—Crash, este era el único camino, además siento que Polar está muy cerca. Es verdad —dijo la máscara de madera con un tono de fastidio.
"Lo siento", expresó el marsupial bajando las orejas y tallándose uno de sus ojos.
—No te preocupes —pidió con una leve sonrisa—. Sigamos adelante.
Y fue así que los dos continuaron recorriendo por ese lugar lleno de máquinas y de metal por todas partes, aunque esta vez el anaranjado caminaba sin ánimos. Los peligros se acrecentaban así que él debía olvidarse de su cansancio y hacer lo posible para superarlos. Después de tanto viajar, al doblar por una esquina, algo grande lo empujó haciendo que se cayera hacia atrás y este quedó por encima del marsupial. Eso fue totalmente inesperado y cuando se fijó en lo que estaba sobre él, vio que se trataba de lo que buscaban.
"Te encontré, Crash", dijo Polar mediante unos ladridos agudos y con una gran sonrisa y el bandicut reaccionó abrazando a su amigo por el cuello.
—Te dije que estaba muy cerca, Crash —interrumpió el ser de madera esa escena y con eso, los animales se separaron y se pusieron de pie—. Bueno, ahora que ya estamos todos reunidos, deberíamos buscar una salida.
"Tienes razón, Aku Aku", pensó el mutante asintiendo con la cabeza. "Pero… ¿Hacia dónde?", se preguntó mientas rascaba su cabello y se iba acercando hacia una ventana.
Los demás lo siguieron y los tres vieron un paisaje que no conocían. Ellos lo asociaron con el cielo nocturno pero sabían bien que estaban muy lejos de casa, más que de costumbre. Luego de quedarse un momento observando a través de la ventana, Crash, Aku Aku y Polar decidieron descansar por un breve tiempo antes de buscar cómo salir de ese lugar. Ellos se quedaron en una especie de pasillo, lejos del abismo y de peligro visible, aunque el guardián vigilaba los alrededores.
El cansancio venció a los animales, quienes se quedaron dormidos o, por lo menos, trataban de lograrlo. Ellos sólo esperaban a que todo esto de la recolección de cristales terminara lo más pronto posible y así regresar a la isla N. Sanity para volver a estar en paz. Querían estar lejos de esos científicos y de sus armas y métodos que arriesgaban sus vidas. Pero, desgraciadamente, aún sentían que había camino por seguir…
