Hola. ¡Gracias por sus reviews!
chreisthewolf07: si te pareció raro, entonces digamos que él sólo quiso deshacerse de Polar.
Yuna-Tidus-Love: aunque en realidad lo puse como una burla lo del osito de peluche. Y sí, necesita novia urgente (?) :D
KICOLOVERS239: a veces, Tiny es inteligente ^_^
rafex360: no sé si decirlo... no, ese nivel lo puse junto con los otros pero aún no sé bien.
Perdón por la demora. No sé por qué pero se me complica. Espero cumplir para la próxima semana.
¡Gracias por leer!
Capítulo doce: Extraño camino hacia una nueva pelea
Luego de pasar por un camino lleno de máquinas peligrosas y otras cosas más, Crash Bandicoot y Aku Aku lograron reencontrarse con Polar. Dichos aparatos fueron un problema para el bandicut aunque estos fueron vencidos o incluso destruidos. A pesar de encontrarse con un cristal durante su paso, lo mejor que ambos hallaron fue al osezno Polar que, aunque el guardián de madera ya había avisado de que estaba bien, el chico de los ojos verdes se alivió al ver a su amigo sano y salvo.
Cuando el hechicero decidió que ya era hora de seguir avanzando, él despertó a los chicos que, nuevamente, ellos volvieron a resistirse por un momento. Aku Aku no era de gritar mucho, pero a veces esto era necesario cuando ocurrían estas cosas; que había dormilones a su alrededor. Él había logrado su objetivo, pero las caras de los animales no era precisamente de felicidad o de aprobación por lo que acababa de hacer la voz de la razón del grupo.
—Vamos, chicos… Tenemos que continuar —comentó con tranquilidad—. No podemos seguir estando ni un minuto más en este lugar tan raro y peligroso.
Luego de un ligero desayuno frutal, los tres avanzaron de a poco por los pasillos metálicos e iluminados por luces artificiales; ambiente nada común para ellos tres. De por sí, ellos no sabían si el lugar en donde estaban tenía una salida pero no se iban a quedar quietos sin averiguarlo, así que por esta razón, ellos se dirigían hacia ningún rumbo. Caminaban por ese lugar que parecía un laberinto con lo que los llevó a pensar que se quedarían allí para siempre.
Crash y Polar seguían sin ánimos al ser de madera aunque, este último, no era un buen guía ya que no sabía con qué se podía encontrar más adelante. Por el camino, ellos se toparon con algunos robots, quienes fueron reducidos a metal retorcido pero, por fortuna, estos no eran muchos. Luego de caminar tanto, los tres se encontraron con una puerta de metal que, al acercarse, esta se abrió automáticamente. Lo que había dentro fue algo que no esperaban ver…
Mientras tanto, en la sala principal de la estación espacial, estaba en ese lugar cierto científico de piel amarillenta, a punto de que le ocurra uno de sus famosos berrinches. Luego de gruñir tanto y de pensar: "¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?, ¿acaso nadie puede detener a ese torpe marsupial?", se dio lugar a gritar todo lo que pasaba por su cabeza decorada con la inicial de su nombre.
—¡No puede ser! —gritó el doctor Neo Cortex con furia al ver que su enemigo, Crash Bandicoot pudo dar con uno de los cristales que tenía guardado—. ¡Esos robots no sirven para nada! ¡N. Gin! ¿Dónde estás?
—… Aquí, doctor Cortex —respondió en voz baja y se fue aproximando aunque no quería.
—Ya sé que ese bandicut tiene la buena suerte de su lado pero… —habló con tranquilidad y luego volvió a enfadarse—, ¿por qué tus robots no pudieron contra él?
—Pues supongo que debe ser porque están diseñados para entorpecer su viaje y no para acabarlo, tal cual como era el plan inicial.
—Supones… Pues lo que yo creo es que… ¡eres un completo inútil!
El almirante, por su parte, bajó la mirada ante eso último aunque, en realidad, no le importaba lo que le decía; aquello se trataba de tan sólo de una actuación.
—Bueno… —dijo después de un tiempo—. Entonces los rediseñaré y los enviaré a Crash.
—¡No! —exclamó sorprendiendo al cyborg, quien se preguntó "¿por qué?"—. ¡No hay mucho tiempo para eso! Tengo una idea mejor…
—¿Y de qué se trata, doctor?
—¡Tú vas a enfrentarte a ese marsupial! —concluyó en voz alta y esa idea sorprendió aún más al experto en robótica—. Piensa en algo bueno y oblígalo a que te dé los cristales que tiene. No quiero ver más fracasos, ¿entendiste?
—Sí, doctor Cortex —dijo y asintió levemente y se retiró de esa habitación.
Mientras que N. Gin caminaba por los pasillos sin rumbo aparente, él pensaba en su nueva misión. Era obvio que no quería lastimar al pobre de Crash, que ya había pasado por muchas cosas, así que tenía que pensarlo bien. Además, si acababa con el anaranjado, cosa que le sería fácil, el mundo que conocía dejaría de existir. No iba a permitir que eso sucediera, así que no iba a atacarlo con todo su armamento, e incluso, como última instancia, fingiría perder. Pero, él aún no sabía qué hacer específicamente.
Luego de meditarlo bien, el cyborg llegó a una decisión: atacarlo con ayuda de la nave que tenía guardado en su acorazado. Traer dicho vehículo no era tarea fácil aunque para él no era tan complicado. Para eso, él tenía que teletransportarse para ir hacia su buque de guerra y llevarlo volando hacia la estación espacial. Entonces debía ir con el experto en tiempo y espacio, el doctor Nefarious Tropy.
Una vez en la sala de controles de la cámara de tiempo, N. Gin buscó por todas partes a su colega del N Team, el cual no se encontraba vigilando a su invento. El otro lugar donde el científico estaría, sería en su casa, así que hacia allá se dirigió. Al encontrarse en el exterior pudo observar que el sol se estaba ocultando, permitiendo que las estrellas se asomen de a poco al cielo oscuro, y las ventanas de la residencia estaban iluminadas. El joven del misil en la cabeza se acercó y golpeó levemente la puerta.
—¿N. Gin? —preguntó en voz alta sin siquiera abrir la puerta y, luego de contestar a la pregunta, el hombre de piel azulada habló de nuevo—: Pasa.
En el interior del hogar, se encontraba el doctor en la cocina, preparándose algo para comer. Él no tenía puesto su típica armadura ni su particular sombrero metálico, haciéndolo ver un poco más normal, sin embargo, ese brazo robótico aún seguía llamando la atención de cualquiera.
—Buenas tardes, doctor Tropy —saludó el joven de cabello anaranjado amablemente.
—Hola, N. Gin. Ya te dije que no hace falta tanta formalidad… Y… ¿Con qué salió Neo esta vez?
—Pues… Ahora es mi turno para enfrentarme a Crash.
—¿De verdad? —preguntó y luego soltó una risa fugaz—. Bueno, a falta de mutantes, estamos nosotros. Y, ¿qué necesitas para lograrlo? Por algo haz venido hasta aquí.
—Pues sí… Había pensado en utilizar esa nave en la que estaba trabajando así que necesito que usted ingrese los datos para que me pueda ir hacia el acorazado.
—Bien. Entonces lo haré ahora mismo… Pero primero quédate a comer algo. No creo que Neo se enoje, de todos modos, supongo que no irás a fallar contra ese marsupial peludo.
—Sí, por supuesto… —trató de oírse convincente.
Luego de esto, ambos cyborg fueron hacia la sala de controles de la cámara de tiempo para así enviar al almirante a su acorazado, y sí ocurrió no más. Ya en el navío, N. Gin por fin se sentía como en casa, sin embargo, era mejor no perder más tiempo y se dirigió hacia su taller. Allí estaba esa nave, algo gris por lo guardado, pero comprobó que funcionaba correctamente. El siguiente paso era abrir el techo y así poder salir volando para ir hacia el espacio exterior.
Afortunadamente, aquella nave especial también era espacial así que, después de un tiempo de viaje atravesando las capas de la atmósfera, él ya estaba cerca de la estación. Él pudo ingresar gracias a unas compuertas y, luego de que la gravedad y el oxígeno regrese a aquella gran habitación en la que estaba, se quedó esperando a que apareciera el bandicut pero también a pensar en su plan de ataque…
Por otro lado, Crash, Aku Aku y Polar se encontraron con algo que no esperaban ver: un pasillo sin salida con pozos profundos a sus costados.
"¿Y ahora qué hacemos, Aku Aku?", preguntó el osito con algo de temor al ver esa nueva dificultad en la que estaban. "¿Regresamos por dónde vinimos?".
—No lo sé, Polar —contestó simplemente y, luego de buscar al bandicut con la mirada, logró observar que este se había encontrado con algo—. ¿Qué encontraste, Crash?
"No tengo ni idea", respondió y se puso a explorar ese nuevo elemento.
El hechicero y el blanquecino contemplaron cómo el chico de los ojos verdes olfateaba, daba vueltas y trataba de ponérselo encima a ese objeto, hasta que finalmente él logró colocárselo a modo de mochila. No fue el caso de unas gafas especiales que también encontró, ya que él ya sabía de qué se trataba. Sus aliados lo miraban sorprendidos, con caras raras, pero fue Polar quien después se rio al ver a su amigo más gracioso que de costumbre.
—¿Y ahora qué harás con esas cosas, Crash?
"No lo sé", pensó y fue a investigar ya que notó que no se trataba de un callejón sin salida, sino que había una puerta, la cual estaba cerrada.
El mutante palmeó en todos los alrededores de aquella compuerta hasta que presionó un botón. Él logró abrir la puerta pero, lo que no esperaba fue que sintiera que no pesaba nada. Por supuesto que esto lo asustó y, al ver a sus amigos, él notó que no era el único que comenzaba a flotar. Para Aku Aku, esto no era una novedad, sin embargo, el albino estaba atemorizado por experimentar la falta de gravedad en su cuerpo.
—Chicos, no tengan miedo —aconsejó la máscara mágica pero ambos animales pataleaban y lo único que estaban logrando era ponerse de cabeza—. Tranquilícense los dos, por favor.
"¡Ayúdame, Aku Aku!", pensaron los dos chicos al mismo tiempo ya que estaban entrando en pánico al no poder manejar aquella situación.
Luego de una explicación detallada, pero al nivel de los chicos, sobre cómo flotar dada por el nativo, ambos animales pudieron mantenerse estables pero, al ver que había un largo camino adelante, volvieron los problemas: no sabían cómo ir hacia allá. Nuevamente, el bandicut se puso a explorar lo que había encontrado hasta que halló la solución: un botón encendía la máquina que resultaba ser un jet pack. Pasó un tiempo en que el anaranjado probó trasladarse con ese aparato hasta que logró dominarlo.
"Ahora si podemos seguir", pensó el marsupial con una gran sonrisa luego de ir y venir, y de subir y bajar con el jet pack.
—Pero, Crash… —comenzó diciendo la máscara—. ¿Qué haremos con Polar?
Y con eso, el bandicut se acercó al osezno y lo tomó de una de sus patas delanteras, permitiendo así poder llevarlo consigo. De esa manera ellos pudieron avanzar pero, en frente, se encontraron con más peligros…
La mayoría de las cosas que había a su alrededor se trataba de anchas cañerías, algunos al rojo vivo. Prestando atención a las experiencias que tuvieron y a los carteles que decían "precaución", los tres siguieron adelante tratando de no tocar nada. Luego de esquivar unas columnas de metal en medio del camino, los tres se detuvieron cuando vieron cuatro esferas con altas temperaturas que giraban. Estos sólo permitían el paso en algunas ocasiones, con lo que ellos debían ser rápidos para cruzar.
—¡Ahora, Crash! —gritó la máscara y el marsupial se alertó y pasó como un rayo.
Lo lograron pero, más adelante, había una especie de rayo calorífero que disparaba en direcciones distintas. Crash esperó el momento justo y cruzó rápidamente hacia el otro lado. Más adelante, ellos vieron que tenían en frente a un asistente de laboratorio usando también un jet pack. Este androide cuidaba una de tantas compuertas que había en el lugar y, detrás de este, había una especie de escudo con lo que la opción de esquivarlo no sería una buena idea.
Al aproximarse a este, el bandicut notó que a veces el robot le surgía electricidad en sus manos, tal como uno lo hacía en el castillo ahora en ruinas, así que decidió soltar a Polar por un rato y atacar al guardia de la puerta. Lo mandó a volar con su giro tornado y el androide impactó en aquel escudo que hizo que desapareciera. Ahora sí ellos podían continuar…
El siguiente peligro fue tratar de eludir a los cables cortados que flotaban. Eludir porque estos chispeaban y, por el grosor de los cables, concluyeron a que habría demasiada electricidad en ellos. Los tres esperaron a que permitieran el paso y, a gran velocidad, pasaron y se alejaron de estos. Fue así que el anaranjado, el blanquecino y el ser de madera viajaron por esa zona, aunque no todo era peligros: había sectores en donde se podía apreciar el paisaje del espacio exterior donde reconocieron a la Luna.
"Si esa es la Luna, ¿qué será aquello?", pensó Polar observando a aquello que era similar al satélite aunque era más grande y predominaba en este el color azul.
Crash se mantuvo pensando, con la mirada perdida, pero Aku Aku recordó los mapas que había visto y reconoció a la particular forma de la isla de Australia.
—Es la Tierra… —respondió en voz baja y los chicos se mostraron sorprendidos.
"Entonces… Eso quiere decir que estamos muy lejos de casa; más que de costumbre", reflexionó el anaranjado, con una sonrisa forzada.
—Así es… —dijo asintiendo levemente—. Con lo que no podremos salir de este lugar con facilidad. Tenemos que buscar a esos científicos y averiguar cómo ellos pueden regresar.
Los animales miraron de manera rara al guardián por sugerir esa idea pero, por un lado, él tenía razón. Luego de un tiempo de descanso en un lugar algo inofensivo, los tres decidieron en seguir adelante y volvieron a encontrarse con los mismos obstáculos aunque cada vez más difíciles de superar. De vuelta a un sitio más o menos tranquilo, ellos observaron que había una vitrina con un cristal adentro.
Al principio, esto les pareció como demasiado sencillo o fácil de obtenerlo y, más aún, cuando Crash abrió la puerta así no más y tomó el cristal, acercándoselo al hechicero.
"Guárdalo, Aku Aku", le "dijo" con una gran sonrisa.
—De acuerdo, Crash… —contestó pero su expresión en su rostro cambió a mostrarse confundido—. Espera… —hizo una pausa para hacer aparecer a todos los cristales que tenía guardado y entre todos los contaron.
"¡Ya tenemos los ocho cristales!", pensó el chico de los ojos verdes, sonriendo de oreja a oreja.
—Así, es —dijo el nativo y se puso a guardar las piedras mientras que los chicos celebraban.
Cuando el ser de madera decidió que ya era suficiente festejo, los tres siguieron viajando hasta que encontraron una habitación muy parecida a la que dio inicio a este camino extraño por la falta de gravedad. El bandicut volvió a tocar el mismo botón y todos regresaron al suelo; excepto la máscara mágica, quien siguió flotando. Crash también accionó el interruptor que abrió la puerta.
Ellos tres siguieron avanzando y, lo que había más adelante, fue algo nuevo para ellos.
