Hola. ¡Gracias por sus reviews!
Yuna-Tidus-Love: :D No sabía que lo esperabas tanto. Qué bueno que te guste.
KICOLOVERS239: Sí, acá está. Espero que te guste.
chreisthewolf07: A mí también me costaba manejarlo pero el nivel está bueno igual.
Siletek: Entonces voy a tratar de ponerlo más seguido. ¿Cómo que "al" N. Gin? :D. Neo lo manda para saber si sirve para algo ;)
Acá está el capítulo, un poquito tarde, pero está.
Gracias por leer ^_^
Capítulo trece: Un nuevo enfrentamiento
Una vez en que el mutante Crash Bandicoot, la máscara mágica Aku Aku y el osezno Polar atravesaran aquel particular camino en donde no había gravedad, ellos llegaron con dificultad a un nuevo sitio. El mismo se trataba de una gran habitación, posiblemente el lugar más grande en donde hayan estado.
Tal como los últimos sitios en donde estuvieron: el "juego" de Tiny Tiger, la zona de máquinas y robots peligrosos, y el pasaje de gravedad cero; en aquel nuevo lugar predominaba el metal a los alrededores, a excepción de un gran ventanal donde se veía las estrellas. Con algo de temor y desconfianza, los tres dieron unos pasos lentos hacia adentro de la sala, no muy bien iluminada.
—Será mejor buscar una salida —propuso la máscara mágica, quien alertó a los chicos al escuchar esa voz en medio del silencio—. Parece que aquí no hay nadie.
"Así parece", pensó el bandicut mirando a los alrededores, preparándose para lo que sea.
Ellos no habían notado que había una pantalla cerca, la cual se encendió repentinamente. Esta mostraba al rostro del doctor Neo Cortex.
—Crash, descubrí que el doctor Nitrus Brio, el inventor del rayo Evolvo, está organizando al enemigo. Brio fue el culpable de nuestros… malentendidos en el pasado. Él me obligó a ayudarle en su complot para dominar el mundo y ahora ha vuelto. Él intentará interponerse en nuestro camino. Ten cuidado, Crash... Entrégale los cristales a N. Gin.
Esto los dejó confundidos y, al avanzar un poco más, ellos notaron que había una escalera en medio de la sala, que permitía subir hacia una plataforma. Los tres se preguntaron por qué estaría esa cosa ahí, pero lo que más les llamó la atención fue que detrás de esta, había una gran máquina.
Por curiosidad, ellos se aproximaron con lentitud hacia esta y notaron que había alguien dentro. El marsupial y el hechicero miraron a ese alguien con cara rara, sin embargo, fue Polar quien reaccionó gruñendo.
—¿Qué es lo que te sucede, Polar? —preguntó el ser de madera con preocupación.
Al principio, el oso ignoró las palabras del guardián y tan sólo seguía mostrándose enfadado.
"Él es uno de los científicos malvados", pensó y luego mostró los dientes, rascó el suelo y se echó a correr a gran velocidad, con intenciones de atacar tal como los toros.
Pero el osito no pudo hacerlo; lo único que logró fue golpearse fuertemente la cabeza con el vidrio de la ventanilla bajada en el momento justo. El blanquecino dio unos pasos tambaleantes tratando de regresar al lado de sus aliados, pero no resistió más y cayó al suelo, perdiendo el conocimiento. Todo aquello fue tan rápido que Crash y Aku Aku no pudieron reaccionar y tratar de evitar lo sucedido. Ellos dos se acercaron para ayudar al desmayado, expresando dolor en sus rostros.
"¿Va a estar bien?", preguntó el anaranjado, intentando despertar al osito con cuidado.
—Sí, pero necesita descansar por un rato —respondió el ser de madera y plumas.
El bandicut se veía muy preocupado, hasta le asomaban las lágrimas en sus ojos, pero eso cambió rápidamente cuando su expresión mostraba ira. Se puso de pie apretando los dientes y sus puños, en señal que se vengaría por lo que le hicieron a su amigo de pelaje blanco. Él se acercó hacia el enemigo, dando unos pasos lentos, sin embargo, no esperaba tal defensa por parte de quien estaba dentro de la máquina.
—Perdón; no fue mi culpa —se disculpó luego de abrir la ventanilla, pero no esto no le llegó al bandicut—. Ya sufrí demasiado. No iba a permitir que un oso me golpeara.
"¿Con que sufriste demasiado? Ahora verás por lo que le hiciste a Polar", pensó el marsupial con furia y su guardián se encargó de traducir el mensaje.
—Lo lamento de verdad, Crash y Aku Aku, pero no quiero pelear con ustedes. Sólo quiero que me entreguen los cristales, tal como lo dijo el doctor Cortex.
"Aparte de mentiroso, también nos conoce", gruñó el mutante.
—Es verdad, Crash —comentó el hechicero y luego se volvió a ese extraño joven, aunque los otros dos científicos que conocieron antes no se quedaban atrás—. ¿Cuál es tu nombre?
—Me dicen N. Gin… Y no estoy mintiéndoles.
Al marsupial le sonaba ese nombre hasta que hizo memoria y recordó que aquel era quien cuidaba a la pequeña Nina en ese castillo ahora hecho ruinas. También sabía que él no era tan malvado y creyó que le decía la verdad, sin embargo, el anaranjado aún sentía bronca por lo recién sucedido. Fue así que el mutante se acercó para pelear con una mirada fulminante y trató de subirse a esa máquina. Nuevamente, la ventanilla se cerró y Crash intentó romperla a puñetazos y patadas. Ésta era irrompible pero él seguía intentando.
—Crash: parece ser que eso no se puede romper fácilmente. No quiero que te hagas daño. Mejor detente —avisó la máscara.
—Parece que decidiste pelear, Crash… —comenzó diciendo el cyborg mostrándose pensativo—. Por un lado, es mejor; eso es lo que Cortex querría.
De repente, aquella gran máquina comenzó a temblar, y esto alertó al chico de ojos verdes. Él sentía que estaba subiendo y el temblor fue tan fuerte que perdió el equilibrio, cayéndose aunque logró aterrizar bien. Lo que suponía era cierto: la nave subió hasta quedarse a la misma altura de la plataforma. La única forma de continuar con el ataque era subir por la escalera y llegar al mismo nivel. Así lo hizo no más el bandicut y, cuando llegó, notó que esa máquina tenía una especie de brazos.
Justo cuando el marsupial se decidió a saltar y llegar a la nave, esta se movió a un costado y uno de los brazos comenzó a disparar un rayo láser el cual duró el largo de la plataforma. Con suerte, el evolucionado se tiró al suelo y así evitó tocar dicho rayo para no convertirse en un puñado de cenizas. Eso no se lo esperaba, así como también, que la nave se alejara lo suficiente para no poder acercarse a esta. La idea de saltar tuvo que ser descartada y ahora el bandicut no sabía cómo atacar.
—¡Crash! —llamó el hechicero, con lo que el mutante lo miró con cierto enfado y "diciéndole" "¿Qué?" —. Sólo quería decirte que puedes lanzarle fruta wumpa que puedo hacer aparecer.
Y con eso, unas cuantas frutas aparecieron mágicamente. Él no lo dudó ni un momento y comenzó con el bombardeo, apuntando hacia esa especie de manos que se abrían y cerraban continuamente. Unas pocas frutas daban directo al objetivo aunque la mayoría terminaban en lugares insólitos, como la ventanilla; ese problema se solucionó gracias a los limpiaparabrisas. Se dio otro momento de la aparición del rayo calorífero, pero esta vez se movía de arriba abajo.
"¿Y ahora qué hago?", pensó el anaranjado con temor y, al no saber qué hacer, sólo se quedó quieto en el mismo lugar, cerrando sus ojos con fuerza.
El rayo pasó muy cerca de él pero no le hizo ningún daño. Abrió sus ojos cuando dejó de oír el ruido que provocaba ese disparo y se cercioró de que seguía completo o de que nada se había quemado. Respiró aliviado y observó a su alrededor: su guardián lo miraba de forma extraña, por haber reaccionado de esa manera, y la nave se movía de lado a lado, para dificultar más el bombardeo de wumpas.
—Crash: trata de apuntar bien y no desperdicies las frutas, es que cuesta hacerlos aparecer —aconsejó el hechicero con cierto enfado en su tono de voz.
Esta vez, y con más cuidado, el bandicut lanzó las frutas esperando el momento adecuado y lograba dar en el blanco. En realidad aquella munición no hacía nada a los brazos mecánicos, sin embargo, N. Gin tuvo que optar por simular que le estaban haciendo daño y, con un botón, uno de los brazos se cayó. Tuvo que llegar a esa instancia ya que el enemigo no tenía otra manera para vencerlo, así que aquella actuación tenía que parecer real para las cámaras de vigilancia que lo estaban observando.
El anaranjado se veía algo mejor al saber que estaba venciendo de a poco a esa infernal máquina, pero borró su sonrisa cuando observó que venía de nuevo otro rayo. Él esperó a que el mismo bajara para saltar sobre él y así logró superarlo. Se dio otra vez el ataque frutal y, después de unos cuantos en el objetivo, el otro brazo se desprendió. El mutante celebró saltando pero la nave aún seguía en el aire. Rápidamente él comprendió que esto aún no se terminaba y se mantuvo en posición de alerta.
Sí, ambos brazos se había caído pero aún permanecían algo similar a unas hombreras y, de allí, fueron disparados tres misiles de cada lado hacia el aire. Esto, al principio no preocupó al marsupial pero, al mirar hacia arriba, vio que los proyectiles venían cerca o incluso hacia él. Con desesperación y agilidad, Crash esquivó cada uno de estos y por suerte, él pudo salvarse de esa mortal lluvia.
Ahora, el nuevo objetivo serían esas hombreras para machacarlas con pulpa de wumpa. Así sucedió y, luego de un siguiente ataque con los misiles, en el que por poco casi no terminó fragmentado por doquier, el chico logró tirar abajo uno de los lanzadores de dichas armas. Él siempre se salvaba por un pelo ante la lluvia de proyectiles pero, uno de estos explotó muy cerca, provocándole así una quemadura en uno de sus brazos; justo el que usaba para lanzar.
—Crash… —dijo Aku Aku con dolor al ver cómo el chico se había lastimado y también por no poder hacer algo al respecto; debía guardar energías para traer más wumpas.
"Estoy bien", manifestó el marsupial mediante una seña, aunque en verdad le dolía mucho.
Con el brazo lastimado, al bandicut se le dificultó más su ataque, con lo que le llevó a arrojar a corto alcance. Sin embargo, luego de reunir ánimos, la fruta dio contra la nave haciéndole caer su último lanzamisiles. Con esto, la nave descendió y los chicos buenos creyeron que esto por fin se había acabado. El evolucionado respiraba pesadamente debido al cansancio y, en sus ojos, surgían lágrimas de dolor por esa herida.
—Ahora voy a curarte, Crash —avisó su guardián y se acercó pero no pudo hacerlo.
Ambos se sorprendieron cuando vieron de nuevo a esa máquina. Más que una sorpresa, esto les llevó a pensar que esta batalla jamás se terminaría, o tal vez sí, cuando la vida del bandicut se desaparezca. El bandicut se movió hacia uno de los extremos de la plataforma pero la nave era rápida y se colocó frente a él. Lo que no esperaban ni en sueños fue que un potente rayo hiciera desfragmentar aquella parte del suelo, convirtiéndolo en polvo.
Afortunadamente, el anaranjado escapó de todo esto como pudo y se ubicó al otro extremo de aquella superficie metálica. Él ya estaba más que cansado y con pensamientos entrecortados y gestos débiles, pidió al ser de madera una fruta wumpa.
—¿Podrás atacar y esquivar al mismo tiempo? —preguntó el médico brujo no muy confiado en lo que va a ser su aliado luego de darle el pedido.
Por su parte, el silencioso contestó asintiendo levemente y, de repente, aquella nave apareció e hizo lo mismo con esa parte de la plataforma. El bandicut no pudo atacar, sólo le dio tiempo a salvarse de milagro. Por otro lado, el científico del misil en la cabeza había notado el desgasto por parte de su enemigo, así que decidió poner fin a todo esto.
Cuando la nave subió nuevamente para pulverizar la última parte de la plataforma, tuvo que esperar a que el mutante arrojara esa fruta en medio del rayo láser. Una vez hecho, el cyborg presionó el botón de autodestrucción de la nave, la cual se posicionó algo lejos del chico cansado para finalmente explotar.
Crash y Aku Aku cerraron sus ojos con fuerza y trataron de cubrirse ante tamaña explosión. El gran ruido hizo que Polar despertara de repente, aunque a él le parecía que aún soñaba, o estaba dentro de una pesadilla: el fuerte estruendo, el humo que cubría la habitación con rapidez, y las chispas que emanaban luces como relámpagos. Pero el osito descartó esa idea cuando logró divisar a sus amigos bajar lentamente por las escaleras. Aún algo adolorido, el blanquecino se levantó para ir hacia ellos y observó la herida que tenía el marsupial.
Fue un momento de alivio para todos: Crash y Aku Aku pudieron comprobar que Polar estaba bien, y este último, se alegró al encontrarse con ellos y de fijarse que ellos salieron con vida después de enfrentarse con ese científico. Pero el momento de felicidad fue interrumpido cuando vieron que aquel que manejaba esa máquina llegó al suelo con un buen aterrizaje.
Sin embargo, cuando ellos se acercaron hacia él notaron que el humo se empezaba a dispersar y, que también, el enemigo parecía desmayado. Aun así, los tres se aproximaban, especialmente Polar, quien aún tenía cierto rencor. El chico de ojos verdes seguía lentamente a su guardián, y este, iba tras ese enemigo para quitarle información. Cuando el ser de madera y plumas se había decidido a hablarle, N. Gin se reincorporó quedándose sentado en el suelo y miró a los tres con temor en su expresión.
—¡No! —gritó y levantó una mano en señal de que detengan su marcha—. No me hagan daño, por favor.
Un gran interrogante se presentó en las mentes de ellos: antes no parecía tan cobarde, ¿por qué ahora sí? ¿Será porque ya no tiene nada que le protege? Pasando esto por alto, Aku Aku comenzó con su interrogatorio.
—No te haremos nada si nos dices dónde está la salida de todo esto o, en su defecto, dónde está ese científico amarillento.
—¿Se refieren al doctor Cortex? —preguntó y luego señaló una puerta—. Entonces… Sigan por esa puerta, los llevará a un lugar donde hay muchas computadoras.
Los tres miraron con desconfianza a ese extraño joven debido a que dijo sin problemas lo que le preguntaron. Además no sabían si creerle o no, o si él les indicaba hacia un camino equivocado. Todo esto fue advertido por N. Gin.
—No me creen, ¿verdad? —preguntó, pero la respuesta que obtuvo fue que los tres se mostraron pensativos hasta que negaron con la cabeza.
—Pues, para ser sincero, no —respondió el hechicero.
—Polar, yo te dije la verdad: encontraste a Crash sin problemas, ¿no es así?
Por su parte, el osito miró hacia otro lado con enfado en su expresión, en señal de que él tenía razón pero no lo iba a admitir. Luego de una breve discusión entre ellos tres, concluyeron en seguir esas indicaciones, así que, a paso lento, ellos se dirigieron a la puerta. Una vez que el cyborg perdió de vista a los animales y a su particular guía, él se levantó del suelo y pensó: "Espero que Cortex se lo haya creído". Después siguió por un camino opuesto al de la sala de control.
