Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Thomas Astruc y yo solamente los uso para divertirme un rato.

IMPORTANTE: Leer la nota de autor/a al final del capítulo.


Adrien Agreste.

Nino estaba actuando extraño. En honor a la verdad, Nino siempre estaba actuando extraño, pero en los últimos días estaba actuando más extraño de lo normal y Alya también podía notarlo. No tenía idea de lo que estaba haciendo. Enfundado en su traje de Chat Noir había decidido espiar a su amigo y averiguar que lo tenía actuando tan evasivo con él y su casi novia.

Ni siquiera podía imaginar que estaba mal con Nino y Marinette, que en los últimos días parecían evitarse como peste y se lanzaban miradas cargadas de un no sé qué, y se hablaban con desdén y se rehusaban a darles explicaciones a sus mejores amigos. Solo tenía que saberlo y así encontrar una forma de solucionarlo.

Adrien saltó sobre los tejados de París persiguiendo a Nino, ocultándose entre las sombras tratando de evitar ser visto por algún otro civil. No quería imaginar lo que diría Ladybug si alguien lo descubría. Oculto tras un árbol vio a su amigo detenerse frente a una pequeña cafetería mirando hacia adentro en busca de alguien, unos minutos después un chico de cabellos rubios salió por la puerta y ambos se abrazaron entre risas y chistes. Tragó el nudo que se le formo en el estómago. Fue fácil reconocer al chico porque lo había visto en unas cuantas fotos junto a Marinette y Nino, y de alguna manera sólo sabía que era especial para ambos. Félix. Había dicho Marinette como si le pesará nombrarlo y Nino les había pedido a Alya y a él que lo dejaran estar y no hicieran preguntas. Félix. Había dicho Chloe en un tono burlón que hizo enfadar a Marinette. Félix. Había escuchado decir a los padres de su amiga en un tono cariñoso y amoroso. Tal parecía que nombrarlo evocaba muchos tipos de sentimientos diferentes. Félix. Le provocaba arcadas solo pensarlo y se sentía un idiota por sentirse así, tan resentido y amargado con un tipo al que no había llegado a conocer pero que era tan especial para sus amigos más allegados.

Respiró profundamente. Observó cada esquina hasta encontrar un árbol que lograra ocultarlo y saltó sin hacer ruido y pasando desapercibido para su buena suerte. Contempló unos segundos ambas figuras avanzando entre la gente para aclarar sus ideas y entonces corrió por un estrecho oscuro hasta un callejón y los vio frenarse frente a un pequeño edificio.

Félix dejó entrar a Nino primero y Chat Noir desde su lugar pudo escucharlos.

—Sacare la basura, Nino. —lo escuchó decirle a su amigo. Pero consigo no llevaba ninguna bolsa de basura.

Estaba tan metido en sus pensamientos que no lo notó legar hasta que Félix le tocó el hombro. Y cuando lo vio frente a él no pudo evitar preguntarse qué le hacía tan especial, porque ante sus ojos no era más que un tipo rubio con aire confundido y sonrisa tensa. Había pensado en el vínculo que lo unía con Marinette y Nino desde diferentes ángulos. Y no importaba que tanto lo intentara, simplemente no podía sacarse de la cabeza la fotografía en el cuarto de Marinette con los tres de ellos y el parque de fondo, sus sonrisas gigantes y los ojos azules de Marinette achinados de forma adorable y con su cabeza apoyada en el hombro de él. ¿Cómo demonios se había enamorado Marinette de él cuando se notaban a leguas sus sentimientos por Félix? ¿Cómo se había hecho mejor amigo de Nino cuando parecía que ya tenía uno? ¿Qué tenía de especial aquella fotografía? ¿Qué le hacía tan especial?

— ¿Ladybug sabe a qué te dedicas en tus tiempos libres, Chat Noir? —le preguntó él y la sonrisa en sus labios le dijo que no necesitaba responder, que de alguna forma extraña Félix lo sabía. No. —He estado fuera un buen tiempo, pero estoy casi seguro que el acecho de civiles inocentes no es parte del trabajo de súper héroe.

—Estaba dando un paseo por la ciudad. —Se apoyó contra la pared y se cruzó de brazos, tratando de parecer desinteresado y cool. —Pero es curioso que le digas a tu amigo que vas a sacar la basura y no traigas contigo ninguna bolsa de basura…

— ¡Oh! Me refería a ti —cuchicheó en voz baja. Y rió curvando las comisuras de sus labios y cerrando los ojos, la fotografía en el cuarto de Marinette volvió a su cabeza instantáneamente.

No quería admitir que, en el fondo, éste chico lo intimidaba y al mismo tiempo le irritaba. En ese momento, se escuchó un grito a la distancia y pronto se sumaron otros gritos. El grito los sobresaltó a ambos y se asomaron para ver un grupo de adolescentes huir del problema.

—Creo que te llaman por allí —le dijo Félix volviéndose a verlo. Cruzando el callejón para meterse en el vestíbulo del edificio se volvió a mirarlo y añadió: —Y para la próxima deberías no malgastar tu transformación en perseguir a civiles, no quieres dejar a Ladybug sin protección. —y cerró la puerta.

(…)

Ambos se miraron para después apartar la mirada. Sin quererlo, ambos héroes se habían trasladado en la lucha hasta el edificio donde Félix y Nino se encontraban y, en su mala suerte, habían terminado en la habitación del primero. Fue raro. Mientras Nino lo ayudaba a ponerse de pie entre sus gritos exaltados y con su teléfono grabándolo de cerca, Félix se había acercado rápidamente a la chica en traje rojo con motas negras y entonces cuando se habían rozado las manos se miraron para rápidamente alejarse el uno del otro. Como si el toque les quemara. Ambos se miraron para después apartar la mirada, como si quemara, como si doliese.

— ¡Increíble! ¡Esto es genial! ¡Son Ladybug y Chat Noir! —gritó Nino emocionado acercándose a Ladybug para estrechar su mano. Luego miró a Félix y la señaló con picardía, en su sonrisa se escondía alguna confidencia entre ambos y Chat Noir vio como los labios de su compañera se curvaron en una sonrisa. —Cuando se lo cuente a Alya no va a creerlo. ¡Ladybug y Chat Noir en carne y hueso! —tomó unas cuantas fotografías en su celular.

—Que gatastrofe —dijo Chat Noir divertido mientras señalaba la ventana rota. —Engantado soy Chat Noir. —se presentó. Félix hizo una mueva ante sus palabras, pero no le dio una segunda mirada a Ladybug.

—Te recuerdo, Spielberg —declaró Ladybug mientras alejaba el teléfono de su rostro. Nino pareció emocionarse todavía más con esas declaraciones. —Debemos ponernos en marcha, Chat Noir. —dijo ella y le pareció que no se lo decía a él por muy extraño que pareciera. —Ese akuma no se limpiara solo.

Chat Noir se acercó hasta la ventana rota y saltó hasta el tejado del próximo edificio, desde allí vio a Ladybug asomar medio cuerpo y volverse a mirar a los civiles y abrir y cerrar la boca como pez fuera del agua sin lograr decir nada. Cuando aterrizó a su lado había algo fuera de lugar en ella y él no podía decir que era. Pero no perdió de vista el hecho de que Ladybug se volvió a mirar otra vez hacia atrás para ver a Félix mirarla también.

(…)

Al entrar al aula el aire se respiraba menos viciado que los días anteriores. Marinette y Nino parecían haberse amistado porque estaban compartiendo unos croissants y bebían café. Sintió un dolor repentino en el corazón y después aceptación, porque ya había aceptado que nunca tendría ese tipo de amistad con Marinette, no después de haberla rechazado. Se acercó y dejó sus cosas sobre la mesa.

— ¡Hey! —los saludo.

—Hey

— ¿Cómo estás Adrien? —le preguntó Marinette ofreciéndole un croissant.

Todavía le sorprendía que se dirigiera a él sin tartamudear o tropezar con sus palabras y sus pies, siempre había estado familiarizado con la Marinette que tropezaba al subir y bajar las escaleras, que accidentalmente se enganchó los pies en las correas de su mochila y no era capaz de hilar una frase coherente cuando estaba frente a Adrien. Era obvio que todo eso era parte del pasado ahora. Recordaba haberla escuchado hablar con Alya sobre un chico con el que estaba teniendo una especie de citas y parecía realmente feliz por cómo estaban resultando las cosas; y, aunque una parte de él se sentía amargado al ver cómo era fácilmente olvidado, realmente estaba feliz y esperaba que todo saliera bien para ella. Porque él estaba feliz y a días de conocer a Ladybug sin la máscara, de sostener su mano y llevarla a citas reales, de hacerla suya y nunca más dejarla ir.

—Esperando que la sesión de fotos de esta tarde se cancele. —le dijo sintiéndose torpe, hurgó en su mochila hasta encontrar los apuntes del día anterior y se los tendió a Marinette. —Son los de las clases que te saltaste, Marinette. Para que no te atrases.

— ¡Muchas gracias! Realmente, los de Alya y Nino parecen escritos en chino. —bromeó ella poniendo los ojos en blanco a Nino. —Escribías mejor cuanto teníamos cinco, al menos se te entendía más. —soltó una risilla.

Adrien rió también sintiéndose menos torpe, no era hasta que Marinette bromeaba o le sonreía que todo se sentía más liviano y cálido. Se quedaron allí en silencio unos minutos antes de empezar a hablar sobre el akuma de dos noches atrás, fue entonces cuando Nino sacó su teléfono y empezó a presumir de haber sido recordado por Ladybug y Chat Noir.

—Te lo digo, Adrien, ella me vio y dijo "Te recuerdo". —contó por quinta vez mientras pasaba una tras otra las fotos que había tomado.

—Eso es genial, Nino

—Alya no va a creérselo. ¡Viste a Chat Noir y Lad-Lady-Ladybug! —tartamudeó Marinette el nombre de la heroína como si le incomodara.

Sacudiendo la cabeza y gimiendo, Marinette dejó caer el lápiz que sostenía. Las comisuras de los labios se movían hacia arriba, y el puente de la nariz se le arrugó ligeramente con su sonrisa y Adrien no pudo evitar pensar que ese gesto en ella era bastante lindo. Se dio cuenta de que estaba por decir algo cuando enredo sus pies con su mochila, ella luchó para mantener el equilibrio y cuando no lo consiguió cayó sentada en el suelo. Marinette gimió de vergüenza y Adrien rió. Sus ojos se encontraron y la sonrisa de ella se volvió más brillante. Adrien no podía dejar de mirarla.

— ¡No es gracioso, Adrien! —exclamó ella, exasperada.

Trató de no volver a reírse, pero no pudo evitarlo y unos segundos después ella rompió a reír con él. Sus risas hicieron eco y de pronto Adrien se encontró con ganas de hacerle reír así más seguido, era un precioso sonido.

—Lo es. —dijo, alargando su mano para ayudarla a levantarse. Ella tomó su mano y su corazón tartamudeó en su pecho, lo cual era raro porque…nunca antes se había sentido así cuando se trataba de Marinette. Le restó importancia mientras la veía tomar asiento en su mesa junto a Alya que había llegado.

(…)

Estaban los cuatro de ellos en la panadería Dupain-Cheng almorzando cuando Alya les dijo que tenía una noticia importante para el Ladyblog y empezó a mostrarles las fotografías a las que había logrado mejorar con varios programas de edición. Ladybug y Chat Noir estaban en todas ellas, pero era más que evidente que era un diferente Chat Noir.

—Son las primeras imágenes de buena calidad del equipo original. —les dijo mientras volvía a enseñarles las fotos. Claramente estaba más que emocionada. —Siempre quise saber por qué hay un nuevo Chat Noir. —dijo admirando su trabajo. —No me malinterpreten, chicos, nuestro Chat Noir es increíble y genial…pero siento curiosidad por el viejo Chat Noir y por qué desapareció así de la nada.

¿Viejo Chat Noir? Se preguntó Adrien sin poder apartar los ojos de una imagen en particular. En ella ambos héroes salían riendo, los ojos de Ladybug estaban arrugados y tenía la cabeza echada hacia atrás con la boca abierta en una expresión adorable que él había visto justo después de hacer un tonto chiste de gatos y Chat Noir tenía una sutil mueca en los labios y la miraba como si fuera la criatura más hermosa del mundo. Y podía verse que había una energía entre ellos que nadie jamás entendería. Adrien quería desesperadamente entenderla.

¿De qué se habrán estado riendo? Pensó. El pensamiento rebotó en las paredes de su cabeza. La punzada de envidia que sintió fue directo a su corazón, siempre le había gustado pensar que solo él era capaz de hacerla reír así y ver con sus propios ojos que estaba equivocado le hacía sentirse un idiota. ¿De qué se habrán estado riendo? ¿Hizo él un chiste de gatos? ¿Le coqueteó? ¿Le besó la mano? ¿Chocaron los puños después de limpiar el akuma? Las preguntas se acumularon en su cabeza y Adrien sabía que no iban a dejar de perseguirlo hasta que las hiciera en voz alta. Y sabía que por hacerlas podía perder a un amigo y no estaba dispuesto a arriesgar eso, no cuando estaba tan cerca de saber quién se ocultaba tras la máscara de Ladybug.

—Creo que estaban enamorados. —lo sacó de sus pensamientos Alya con su declaración.

— ¿Q-Qué? —dio un paso hacia atrás, sorprendido por las repentinas declaraciones de su amiga. — ¿Enamorados? No lo parecen aquí. —apuntó a una foto en la que claramente se los veía en medio de una discusión.

—Sí, pero acá parecen a punto de besarse. —señaló la pelirroja hacia otra foto. Efectivamente podía apreciarse en la fotografía los rostros de ambos lo suficientemente cerca para parecer que estaban por besarse. —No tenemos que estar de acuerdo con esto, Adrien. Todos en esta sala sabemos de tus fantasías con Ladybug. Probablemente dirías lo mismo de Ladybug y nuestro Chat Noir.

—Creo que ambos podrían tener razón, pero nunca lo sabremos. —dijo Marinette alzando la voz para ser escuchada. —Lo que sea que haya sucedido allí. —señaló ambas fotos con un dedo. —es entre ellos. Y al parecer se quedó entre ellos. —terminó.

—Sí. —estuvo de acuerdo Nino en su tono relajado.

Adrien frunció el ceño ante las palabras de Marinette. Cuando quiso arremeter contra ella, que parecía dar a entender que Chat Noir no sabía nada de nada sobre el viejo Chat Noir, apareció la madre de la chica con unos pastelillos y Adrien decidió simplemente ignorarlo.

(…)

Marinette Dupain-Cheng.

Marinette tenía un gran repertorio de mentiras, unas para Alya y su insaciable curiosidad, otras para sus padres y su preocupación, unas cuantas para Nino que siempre estaba mirándola con los ojos nublados en tristeza, unas pocas para Adrien y sus miradas suaves; y muchísimas, muchísimas para sí misma y llevaba mucho tiempo escondiéndolas bajo la alfombra. Había creído estar lista para tenerlo todo, pero era evidente que había sido una mentira más y sabía, desde el fondo de su corazón, que Chat Noir saldría herido y no quería herirlo, pero tampoco quería seguir mintiéndose y, si tenía que ser honesta, ya no podía soportarlo más. Siempre había odiado las mentiras, eran sucias y asquerosas, pero eran su mejor arma contra la curiosidad, la preocupación, las miradas tristes y suaves y contra ella misma que nunca había sabido que tan fácil era mentir si se lo proponía. Era una hipócrita. Una mentirosa. Una hipócrita y mentirosa. Y estaba aterrada, pero tenía que ser valiente e ir con la verdad: no estaba preparada para tenerlo todo, no estaba lista para dejar caer la máscara (otra vez) frente a Chat Noir y, sin duda alguna, había estado esperando por el regreso de Félix desde aquel día en el aeropuerto.

Transformada en Ladybug se balanceó por los techos de París y no se sorprendió cuando termino en el techo del ayuntamiento y vio la figura de Félix esperándola. El viento hizo bailar sus coletas y se estremeció al cerras los ojos evocando así todos los recuerdos que habían compartido en ese sitio y casi pudo tocarlos, quería desesperadamente poder tocarlos y aferrarse a ellos, pero sintió el suave toque de su compañero sobre su hombro y su corazón se sintió tibio y cálido, pero amargo al mismo tiempo. Su corazón se había sentido de la misma forma cuando se enamoró de Adrien y Chat Noir, porque una parte de su corazón siempre iba a serle fiel a sus sentimientos por Félix y no había nadie que pudiera ocupar su lugar allí.

—Enana, no esperaba verte por aquí. —le dijo él mientras una sonrisa triste y suave se asomaba en sus labios. — ¿No es demasiado tarde para una niña ande sola por las calles de París a esta hora? ¿Acaso no te advirtieron tus padres sobre el peligro de la noche? —repitió las misma preguntas de la primera vez que se vieron en el tejado.

El recuerdo la golpeó con fuerza y trató de recordar sus palabras, cuando lo hizo dio unos pasos hacia atrás y volteó para ver la ciudad dormir.

— ¿No es demasiado tarde para que estés comportándote como un idiota? —le dijo ella.

Él soltó una risa y se apoyó junto a ella mirando la ciudad. Marinette sabía que no veían lo mismo, nunca lo habían hecho y nunca lo harían después de todo lo que había pasado. A pesar de que estaban apoyados uno junto al otro, Marinette sentía la distancia entre ellos y le dolía y estaba desesperada por acortarla, pero ¿Cómo? ¿Qué se suponía que debía decir? ¿Cómo se suponía que tenía que actuar? ¿Qué tenía que hacer para hacer desaparecer el abismo entre ellos? Había tantas preguntas y pocas respuestas.

—Te ha ido bien con esto de ser una heroína. Nino me mostro la estatua en tu honor. Muy bonita.

—Ya. Se me ocurrió un día que quería una estatua en mi honor y ¡voilà! Ahí está.

La risa de Félix resonó en su cabeza y Marinette se unió a ella unos segundos después. Él todavía olía a queso. Él todavía olía al chico que luchaba a su lado y la sostenía cuando pensaba que iba a caerse de todos los pedestales que le ponían a Ladybug. Sospesó qué debía hacer y qué podía decir para no hacer las cosas incomodas entre ambos y al final nada se le ocurrió, pero sintiéndose valiente decidió apoyar su cabeza en el hombro del chico y cuando él la estrecho en sus brazos se relajó.

—Casi puedo escuchar tus pensamientos, Ladybug. —le dijo. Y unos minutos después añadió: —Es peligroso pensar tanto, uno nunca sabe dónde irán a parar esos pensamientos.

—No he dejado de pensar desde el día que te fuiste. —le respondió Ladybug, exaltada. Quiso separarse, pero él se lo impidió. —Y mis pensamientos siempre van a parar a los lugares más oscuros que se te puedan ocurrir. Pero supongo que me lo merezco

—No. —la interrumpió Félix, enojado y sacado de quicio. —No vayas allí, Marinette, solo no lo hagas. También mis pensamientos terminan en los peores lugares y dan paso a los peores sentimientos, pero no sirve de nada echarse la culpa por algo que no fuimos capaces de controlar. Lo que hice…lo que te hice no tiene perdón. Me fui y te deje atrás y desprotegida cuando me jure que nunca te pasaría nada, y sola tuviste que hacerle frente a un nuevo Chat Noir y te hice sentir menos, defectuosa y que no eras lo suficientemente buena para ser Ladybug. Me fui y te deje atrás y no tengo perdón…

— ¡Basta! Hiciste lo que cualquier persona haría y no puedo culparte por eso. Y no fuimos capaces de controlar lo que paso, pero me encantaría que hubiésemos podido hacerlo. En todo caso, yo te hice tomar decisiones que no debías tomar…las culpas son compartidas. —suspiró Marinette y sonrió. Pensó en el jueves que Félix subió a un avión sin mirar atrás y en la forma que se había quitado sus pendientes y todo lo que había sentido. Había embotellado sus sentimientos y se había pasado los cuatro meses siguientes convenciéndose de que había hecho bien al quitarse los pendientes, pero en el fondo también había sentido que había hecho mal. —Fui yo quien decidió que no podía ser Ladybug sin ti. Yo misma me hice eso.

Pero, en lo más profundo de su corazón y su alma, Marinette sentía que esas últimas palabras era una verdad a medias. Y, cuando sintió a Félix tensar los músculos, la distancia entre ellos se sintió de repente más amplia y el dolor más insoportable. Todavía quedaban muchas cosas sin decir y demasiadas preguntas sin responder, pero supuso que ya tendrían tiempo para eso.

(…)

Nino la miró fijamente durante diez minutos sin decir ni una sola palabra y Marinette se preguntó si Félix le había mencionado algo sobre su encuentro dos noches atrás. Pero Nino no dijo nada y sonrió con todos los dientes y sus ojos brillaban detrás de sus gafas. Y Marinette dudaba que Félix hubiera dicho algo y comenzaba a dudar que la llamaría para volver a hablar, no lo había visto en sus patrullas siguientes y antes de hablar con Chat Noir necesitaba ver qué pasaba con Félix y a dónde iban las cosas entre ellos. No estaba segura de nada, en su corazón sentía una mezcla de sentimientos y no podía identificarlos uno por uno, en su cabeza los pensamientos se arremolinaban y en sus huesos la culpa se sentía pesada y amarga pero esta vez no estaba segura de por qué.

Estaba segura de una cosa: no estaba lista para nada. Y tenía que encontrar una forma de hacérselo saber a Chat Noir sin herirlo en el camino y rápido, él había estado esperándola desde siempre y había sido paciente y amable, había respetado sus decisiones y ella le debía por lo menos ser honestar. ¿Esto tiene sentido? Pensó. Cerrarle la puerta a Chat Noir solamente porque Félix está de vuelta no es justo, volvió a pensar sintiendo más fuerte la punzada en su corazón, no es justo para nadie.

En su lugar, suspiró, confundida y triste, y susurró: —Vi a Félix hace unos días y hablamos. — esas palabras captaron la atención de sus tres amigos. Alya la miró buscando algo mal en ella, Nino con esos ojos tristes y Adrien con un no sé qué. —Y no sé cómo me siento.

—Oh, Marinette. —dijo Alya en un suspiro.

— ¿De todo? —preguntó Nino.

—No sé, supongo que muchas cosas quedaron por decir…—pensó y repasó cada palabra dicha solo unas noches atrás y suspiró. —No, la verdad que no hablamos de todo y no estoy segura de querer hablarlo todo.

Nino apoyó una mano en su espalda y la miró como siempre, con los ojos tristes y una mueca en sus labios. Se notaba en su postura que también estaba pasándola mal y que no tenía idea de cómo afrontar las cosas, y Marintte lo que menos quería era que Nino tuviese que tomar un lugar, pero también quería que él la entendiera y la abrazara como el día después que Félix los había dejado atrás. El teléfono de Nino sonó rompiendo el silencio y Marinette vio el rostro de Félix aparecer en la pantalla. Sintió un golpe en el corazón.

Entonces los gritos de un ataque akuma captaron su atención.


¡Perdón!

Hace muchísimo que tendría que haber publicado, pero después de haber colgado el primer capítulo mi computadora se rompió y lamentablemente no tenía arreglo (estaba muy viejita) y los archivos era imposibles de recuperar, y tuve que empezar la historia desde cero otra vez. Y recolectando un poco algunas cosas que tenía escritas en el celular y en algunos cuadernos pude reconstruir algunos capítulos, pero no todos.

También tome clases de verano y ahora empecé la universidad otra vez y no tengo tanto tiempo como me gustaría. Pero quiero que sepan que voy a terminar la historia y voy a tratar de no tardar tanto en volver a publicar, pero me va llevar tiempo actualizar esta historia. Por otra parte, voy a empezar una historia que actualizare con más frecuencia ya que es de pequeños relatos.

Una vez dicho todo esto, espero que puedan entender y ser pacientes. Gracias por haber comentado y por la buena onda.

Saludos :)