Todos los personajes no me pertenecen, yo solamente estoy usándolos para divertirme un rato.

Espero que les guste.


Marinette Dupain-Cheng.

—Sabes que eres mi mejor amigo ¿verdad? —le preguntó Ladybug.

Después del ataque akuma de por la tarde se había acercado a Chat Noir y tímidamente le había pedido si podían encontrarse en la noche. Él le dijo que sí y que ya estaba contando las horas para verla. No queriendo manchar los recuerdos felices que tenían sobre las vigas de la torre Eiffel, le pidió que se encontraran en el techo del colegio. Después de haber visto la cara de Félix iluminar el teléfono de Nino había decidido que no podía seguir ocultándole la verdad a Chat Noir, no era justo hacerle esperar por algo que ya no iba a pasar. Era extraño como las cosas habían cambiado en unos pocos días. Había estado soñando en convertirse la novia de Chat Noir cuando vio a Félix y todo se derrumbó. Y se volvió una pesadilla. Sentía que se ahogaba y no había allí nadie para salvarla. Ni siquiera ella misma.

—¡Por supuesto que sí, mi Lady! Sé lo importante que soy para ti

—Entonces también debes saber que nunca, Chat Noir, nunca haría algo para lastimarte, ¿lo sabes no? —volvió a preguntarle y esta vez podía escuchar la desesperación en su voz. Miró a Chat Noir esperando a que entendiera, que supiera realmente que no había tenido intención de lastimarlo. —Nunca haría algo para dañarte, menos después de todo lo que ha pasado entre nosotros

Él la interrumpió: —¡Mi Lady! Sé que nunca harías algo para herirme, pero no estoy entendiendo nada y me estoy volviendo loco. — la miró y ella pudo ver que estaba buscando alguna señal que le indicara lo que estaba mal. —¿Se trata de mostrarme quién eres bajo la máscara? —preguntó Chat Noir.

El silencio se hizo presente en la noche, la noche estaba estrellada y la luna brillaba con intensidad. Era una hermosa noche para romperle el corazón a alguien. Se tomó unos minutos para pensar en las palabras, y no las encontró hasta que se dio vuelta a mirarlo. Siempre le había sorprendido la facilidad que tenía para tranquilizarla, para sacarle los miedos y quitarle las preocupaciones.

—No puedo decirte quién soy bajo la máscara

—¡¿Qué?! ¡¿Por qué no?!

—Hay muchas cosas pasando al mismo tiempo y…no puedo, de verdad que no puedo. —susurró ella.

—No entiendo, Ladybug.

—…Chat Noir, no me hagas esto, por favor.

—¿Hacerte qué? No entiendo qué está pasando y creo que merezco saberlo. —soltó él. Se alejó de ella. La distancia entre ellos se sentía horrible. —¿Qué cambio de un día para el otro? Estábamos tan cerca de…

Se quedó en silencio otra vez. Las luces de París estaban apagadas, pero la luna iluminaba la cuidad y Ladybug sintió a Chat Noir alejarse todavía más. Se encontraba cabizbajo y casi roto. Ella le había hecho eso. A pesar de todo, la presencia del chico la hacía sentirse tranquila.

Pasaron media hora en silencio. Marinette bajo la máscara de Ladybug pensó que debía hacerlo, debía quitársela para terminar con todo de una vez por todas, que debía simplemente dejar el gato fuera de la bolsa para que todo terminara por derrumbarse; pero no encontró las fuerzas para hacerlo. El silencio se hizo insoportable. Pero ninguno de los dos podía abrir la boca para decir algo. Al final, decidió que ella era la que debía romper el silencio, que ella era quien lo había provocado y que él merecía una explicación.

Pensó entonces en Félix y en lo fácil que había sido quitarse la máscara, en lo sencillo que se había vuelto todo después de que supieran quién se escondía al otro lado y lo triste que eso la puso al final. Esa era una verdad que no había podido negar. Al final la situación con Félix la ponía triste. Y no quería sentirse así con Chat Noir, no quería que ese fuera el final con él.

—Realmente lo siento, gatito. —susurró mientras contenía las lágrimas. No tenía el derecho a llorar. Era ella quien estaba estropeándolo todo.

Él la miró en silencio, era tan ensordecedor que hubiera preferido que le gritara. Por lo menos gritar era una reacción.

—Lamento que todo esto tenga que ocurrir ahora cuando finalmente estábamos llegando a algún lugar. —ella dijo de nuevo dejando que las palabras se deslizaran por su boca. Le hubiera encantado poder controlarlo todo, cada palabra, cada lágrima, pero era más que obvio que eso estaba más allá de ella. —Si hubiera sabido que iba a arruinarlo al final no habría dejado que te acercarás tanto.

Cerró los ojos con fuerza. No quería que se cerrará a ella, si lo hacía sería difícil leerlo y no quería. Necesitaba saber dónde los dejaban sus acciones.

—Chat Noir. —soltó su nombre y sonó como si estuviera rogándole. Tal vez exactamente estaba haciendo eso, rogando que no la odiara, que le dijera cualquier cosa que ayudara a levantar la presión que sentía en el pecho y la dejaba sin aire.

Lo miró. Decidió darle unos minutos más así que dio media vuelta para mirar la noche. Lo escuchó suspirar y entonces unos segundos después él se sentó a su lado, pero la distancia entre ellos era palpable. Ella había hecho eso.

—¿Por qué? —fueron las primeras palabras que salieron de sus labios. Otra vez. —¡¿POR QUÉ?! —repitió otra vez en un tono más fuerte, más fuera de control.

—Porque una vez quise tanto a un Chat Noir y le mostré quién era, pero terminamos ambos con el corazón roto. —dijo porque no había más explicación que esa.

—¿Eso es todo? —le dio una sonrisa sin humor. —¿Se supone que tengo que perdonarte porque lo quisiste una vez? —se mostró inflexible para enfrentarla. Ella no podía sentirse peor.

—No, no tienes que perdonarme, Chat. —respondió y lo dijo en serio. No le estaba diciendo todo eso porque buscaba perdón. Lo estaba haciendo porque no quería seguir evadiéndolo. No cuando había estado trabajando tan duro para aceptar sus condiciones, para no presionarla.

Al tiempo que se giraba a mirarlo, él apartó los ojos de su silueta.

—Estás dejando que lo que sea que tuvieras con ese Chat Noir interfiera entre nosotros, lo estás poniendo en medio de lo nuestro y no es justo que tenga que pagar por algo que él o ustedes hicieran. No pongas sus errores en mis hombros, por favor. —pidió en un tono roto. Como su corazón.

Lo siento. Quiero esto, a nosotros más que nada. Pero estoy diciéndote esto porque tengo que sacarlo de mi sistema. Pero quiero un nosotros más que nada. Pensó que esas eran las palabras adecuadas para decir. Esa era la verdad, al menos en su mayor parte, pero por alguna razón no pudo decirlas.

—¿Qué quieres de mí?

Esa fue una pregunta que no estaba segura de cómo responder. Quería tantas cosas, pero nada se le ocurría.

—Nada. Tal vez que no me odies, si es mucho pedir. —suplicó apenada.

Chat Noir se levantó y no la miró. Antes de echarse a correr le dijo: —Nunca podría odiarte, mi Lady.


Se sentía agotada y no había podido ocultar sus ojeras. Estaba hecha un desastre y no podía más que echarse la culpa que a sí misma. Después de que Chat Noir la dejará atrás en el techo del colegio había vuelto a su casa sintiéndose peor, la culpa hervía bajo su piel y no había tenido ni fuerzas para llorar adecuadamente mientras Tikki trataba de consolarla. Había estado tentada a seguirlo para asegurarse de que estuviera bien, pero no estaba segura de que sería una buena idea y lo había visto marcharse.

Se arrastró hasta su asiento junto a Alya. Su amiga la miró y con los ojos le preguntó si estaba bien, Marinette asintió con la cabeza y le hizo un gesto de que luego hablarían. Sonrió para tranquilizarla.

La clase finalizo con la profesora asignando grupos de trabajo. A Marinette le tocó con Adrien. Eso habría hecho muy feliz a Marinette si todavía tuviera sentimientos por el chico, pero la cosa ya no era así y los únicos sentimientos que tenía por él eran de amistad. Había sido fácil volverse amiga del chico luego de tanta incomodidad y torpeza por parte de ella, él por su parte después de haberla rechazado de lo más amable le había dado su espacio y ella estaba realmente agradecida por ello. Pero en esos momentos Adrien con su cabello desordenado le recordaba demasiado a Chat Noir y lo que menos quería en esos momentos era pensar en el rostro triste de su compañero gato.

—Suéltalo todo, niña. —le dijo Alya mientras la arrastraba a un rincón para que pudieran hablar a solas y nadie pudiera molestarlas. —Sé que algo anda mal.

—No puedo estar con él, Alya.

—Oh, Marinette. —se lamentó la chica. —¿Se trata de Félix? ¿Por eso no puedes estar con él? —preguntó y la miró. No era que Alya necesitará las respuestas, ella ya sabía que era gran parte por Félix. —No puedes dejar que él maneje tu vida así, chica, él fue el que se fue…

—lo sé, lo sé, lo sé; pero tampoco puedo estar con alguien estando confundida. —le dijo sintiéndose estúpida. Mirando a su amiga vio su respuesta en su expresión. —No estoy dejando que mis sentimientos por Félix manejen mi vida, pero no puedo ignorarlos…no quiero que nadie sufra

—…Y entonces terminarás sufriendo tú, como siempre. —interrumpió la pelirroja. La miró con cara de pocos amigos. —Deberías empezar a pensar en ti, Marinette, en si tú sales herida o no. No en Félix. No en ese otro chico. Hay momentos en los que debes ser egoísta y si alguien tiene que salir lastimado, pues que así sea. —terminó ablandando su rostro.

Hizo una mueca mientras pensaba en la expresión herida de Chat Noir. De repente comenzó a sentirse mareada. Claramente ya había sido un poco egoísta la noche anterior y no se sentía correcto. ¡Era horrible y totalmente injusto! Había estado tan cerca de tenerlo todo y Félix tuvo que volver a pinchar su burbuja. No podía evitar echarle la culpa a su viejo Chat Noir por aparecerse sin avisar poniendo así su vida de cabeza. Sin duda, ella también tenía en gran parte culpa de como las cosas se estaban dando y no iba a ignorarlo, pero por el momento era más fácil culpar a Félix. Ella la noche anterior ya se había culpado demasiado.

—¿Cometí un error Alya? Dime la verdad. ¿Crees que hice bien?

—Fuiste honesta, Marinette, y eso es muy importante en una relación…así que no, no creo que hayas hecho nada malo.

Las palabras de Alya lograron tranquilizarla por el resto del día.


—¡Adrien, por aquí! —llamó a su amigo desde una mesa al otro de la sala. —Ya saqué estos libros y creo que podrán sernos de ayuda. —le dijo cuando mientras él dejaba sus cosas a su lado.

Habían decidido comenzar el trabajo cuanto antes. Marinette realmente no era buena en la física y Adrien sí, así que también él iba a ayudarla un poco con la materia. También Marinette quería ser buena amiga y animar un poco al chico, parecía realmente un desastre. Además de que eso podría ayudarla a distraerse. El día anterior después de hablar con Alya se sintió un poco mejor, no del todo, pero al menos las palabras de su amiga la habían ayudado a llegar a un acuerdo con sus acciones. Que no, no fueron las mejores, pero tampoco habían sido las equivocadas. Así que quería ayudar a Adrien con lo que sea que estuviera haciéndole sentir mal, Nino les había dicho que seguramente era algo relacionado con su padre y sabiendo que tan mal podía afectar eso a Adrien tenía sentido.

Trabajaron durante un par de horas compartiendo opiniones, repasando las consignas del trabajo, sacando información útil de diferentes libros y llegaron a la mitad del trabajo cuando se dieron cuenta de que tenían hambre. Decidieron comer en el parque. El día estaba hermoso, pero Marinette podía ver claramente que para Adrien no se veía de esa forma. Con la cabeza echada hacía atrás y con los ojos nublados en tristeza se parecía demasiado a Chat Noir después de que le dijera que no podía dejar caer la máscara. Y eso la hizo sentirse realmente triste por Adrien.

—Sabes que eres mi amigo, ¿verdad? —le preguntó.

Fue como si esas palabras le hicieran daño porque se estremeció y la miró con los ojos abiertos. La miró como si estuviera viéndola por primera vez y asintió lentamente como si no pudiera hacer salir las palabras de su boca.

—Pues debes saber entonces que sea lo que sea pueden decírmelo, Adrien. Estamos preocupados por ti…

—Estoy bien

—…pero en realidad no lo estás. Mira. Sé que las cosas entre nosotras se volvieron algo raras después de ya sabes, y tal vez sea la persona menos indicada para hablar de estos temas, pero sé muy bien como luce una persona con el corazón roto. —trató de poner énfasis en cada palabra para que él pudiera abrirse a ella. Quería que él supiera que ella todavía se preocupaba por él, que tenía amigos a los que le importaba. —¿Se trata de tu padre? —era curiosa la forma en la que el padre del chico se las arreglaba para destrozar el corazón del rubio en segundos.

—No se trata de mi padre, Marinette. —contestó Adrien, volvió su mirada hacia algún punto del parque. Parecía estar buscando las palabras, o como si estuviera preguntándose si podía hablar con ella sobre lo que lo tenía así.

—Puedes hablar conmigo de lo que quieras. —le aseguro la chica.

—Se trata de un problema de chicas. —soltó él, inseguro y cediendo ante los ojos de Marintte.

Oh. Oh.

No es que Adrien pudiera estar interesado en alguien lo que la sorprendió. Era que él estuviera abierto a compartir ese tipo de información con ella. Era conocimiento de todos el pequeño enamoramiento tonto y descabellado que Adrien tenía con Ladybug, y era por eso que realmente nunca se había planteado que pudiera interesarse en alguien más. Mientras que algunos veían con ojos divertidos los sentimientos de Adrien por la heroína de traje rojo, Marinette lo veía como una cruel broma del destino porque había visto en los ojos del chico algo que nunca había visto cuando la miraba a ella u otra chica. Y era realmente estúpido porque Marintte y Ladybug eran la misma persona. Ella era la que menos trataba de burlarse de esos sentimientos, los tomaba con seriedad y cada vez que lo veía en su traje de Ladybug trataba de darle un tratamiento normal. No más sonrisas cariñosas ni palabras suaves. No quería tener que romperle el corazón a su amigo. Pero ahí estaba confesándole sus sentimientos por otra chica. Y estaba gratamente sorprendida de que Adrien todavía pudiera actuar como un adolescente normal y pudiera deshacerse de sus fantasías con una heroína a la no iba a atrapar nunca.

—Wow. Eso es genial, amigo. ¿Cómo es ella? —preguntó, curiosa y divertida.

—Ella lo es todo. —esa chica debía ser realmente especial, pensó, por la forma en la que Adrien hablaba de ella. La sonrisa boba en la cara de Adrien era una señal de lo importante que era para él. —Y hasta hace poco pensé que yo lo era todo para ella, pero no sé…algo paso y ahora todo está mal.

—Oh, Adrien, lo siento mucho. —le dijo. Y lo sentía de verdad. —¿Qué sucedió? —preguntó, preocupada por el corazón de su amigo.

El rubio pareció pensarlo unos minutos antes de cerrar la boca. Marinette decidió que no iba a presionarlo, que si él quería contarle lo haría a su debido momento y que ella iba estar allí para escucharlo. Comieron en silencio mientras los ruidos de los niños jugando, los murmullos, los autos y los pájaros hacían del silencio menos incómodo. Nunca habían estado tanto tiempo solos y comenzaba a sentirse inquieta y no quería que sus pensamientos corrieran a Chat Noir y el fracaso de su posible relación. Era el momento de ser el apoyo. Quería ayudar a Adrien.

—Estábamos casi allí, ¿sabes? Solo teníamos que dar un paso más y…no sé realmente que nos hizo retroceder, no sé si hice algo mal. Tal vez no es que hice algo mal, tal vez es que hay algo malo conmigo…estoy roto y defectuoso, yo tampoco querría algo conmigo si fuera ella

—No digas esas cosas, Adrien, no hay nada malo contigo. —habló ella antes de que pudiera terminar la frase. No quería que se despreciara. —Escúchame bien, Adrien Agreste, porque no quiero repetirlo: no hay nada malo contigo, no estás roto ni defectuoso; eres increíble y si ella no es capaz de verlo, pues entonces es una tonta.

» Me acuerdo del día que me confesé y no fui capaz de decir la mitad de las cosas que pensaba, así que voy a decírtelo ahora. La primera vez que te conocí fuiste terriblemente tonto, y entonces pensé que debía detestarte porque eras amigo de Chloé y me demostraste que no eras otro Chloé.

» Te comencé a querer un martes bajo la lluvia. Me disté un paraguas y te di una parte de mi corazón. Y te vi incluso cuando no querías que te vieran. Eres amable y encantador, pero triste y solitario al mismo tiempo. Y tan divertido, desinteresado y tienes el corazón más grande que haya visto.

» Y te mereces todo el amor que hay en este mundo. Todas las cosas buenas que puedan sucederte, que te quieran con la misma intensidad o más. Y tu padre no es capaz de verlo, y al parecer ahora esta chica tampoco…entonces ellos se lo pierden, Adrien, porque te mereces el mundo. —terminó mientras lo estrechaba entre sus brazos y lo escuchaba sollozar.

Y lloró. Adrien lloró en sus brazos mientras Marintte comenzaba a sentirse un poco mejor.


Chat Noir despareció antes de que pudieran chocar el puño por la victoria. Ella no pudo encontrar fuerzas para culparlo. Él no tenía la culpa de nada. Suspiró. La situación se estaba volviendo ridícula y Alya ya había lanzado comentarios en el Lady-Blog sobre el extraño comportamiento que Chat Noir estaba teniendo. No era la primera vez que se veían después de aquella noche en el techo del colegio, se habían visto cuatro veces ya y él siempre terminaba huyendo antes de que ella pudiera abrir la boca. Y sin chocar los puños.

Cayó detrás de unos contenedores de basura y deshizo su transformación. Miró el reloj. Llegaba tarde. Corrió al otro lado de la calle y subió de dos en dos los escalones, no quería que la profesora le diera detención otra vez. Sus padres se enfadarían.

Entró al aula jadeando y soltó una pobre excusa: —Lo si-si-siento, profesora…un dinoperro…gigante…—se deslizó junto a Alya. Todos la miraban. —Sí, eso. Lo siento.

—¿Dinoperro? —murmuró, preguntó Alya mirándola divertida. —Realmente tienes que pensarte mejores excusas, Marinette.

—Me muero. —apoyó la cabeza en el escritorio.

—Si te vas a morir, que sea después pasarme los apuntes de química.

El resto de la clase fue normalmente. Pero la cabeza de Marinette estaba maquinando una forma de poder hablar con Chat Noir, estaba volviéndose loca y necesitaba encontrar una forma de arreglar las cosas. Había tratado después de cada pelea, pero él siempre huía y realmente estaba cansándose de jugar al gato y el ratón. Estaba tan metida en sus pensamientos que no le hizo caso a lo que Nino estaba diciéndole y asintió con cabeza enérgicamente. Alya la miró con los ojos abiertos. Adrien hizo una mueca incomoda. Y Nino sonreía triunfante.

—¡Genial! Le diré a Félix.

—¡¿QUÉ?! —exclamó, aterrada y tratando se recordar lo que había aceptado.

—Te pregunte si podías ayudarnos a Félix y a mí con algunas cosas en la vieja casa de Félix, ya sabes por la venta, y dijiste que sí. ¿sábado por la mañana? —preguntó Nino dejando en claro que no podía retractarse de su palabra. La había engañado y por la sonrisa en su rostro estaba más que contento consigo mismo.

Antes de que pudiera discutir, Nino salió llevándose a Alya.


Nino Lahiffe.

Cuando Nino se ponía a pensarlo no sabía exactamente cuándo se había enamorado de Marinette. Se conocían desde pequeños y estaba completamente seguro de que no era algo que había ocurrido en esos tiempos. No estaba realmente seguro de que alguna vez recordara ese momento exacto y muchos menos estaba seguro de que quisiera hacerlo. Lo cierto era que el amor para él no había sido más que una chica bonita con ojos triste y que difícilmente podía corresponderle. Siempre había sido pequeña y desordenada. Y Nino la había deseado durante tanto tiempo que, de repente y de la nada, no sentirse de la misma forma había comenzado a molestarle. Le pareció extraño. Tal vez nunca lograría saber con exactitud cuándo había sucedido, pero eso ya no le molestaba. Siempre había sido pequeña y desordenada. Y Nino la había deseado durante tanto tiempo, pero ya no más.


¿Qué tal?

Me siento horrible por haber dejado tanto tiempo sin actualizar. Realmente lo siento. Lo cierto es que estoy con muchísimas clases y trabajos, parciales, y montones de cosas. Casi no tuve tiempo de sentarme a escribir más que tareas y trabajos aburridos. Hace unos días pude sentarme a relajarme un rato, después de una sesión se estudio, y pude reunir todos estos fragmentos. Espero que les haya gusto el capítulo. Es hasta ahora mi favorito por la charla entre Marinette y Adrien, porque evidentes razones (Marinette está consolando a Adrien por culpa de ella misma, juego mucho con lo que son Marinette/Ladybug y los sentimientos por Adrien/Chat Noir).

Ahora, la última parte de Nino fue más bien un "ya no está más enamorado de Marinette", voy a ir dejando caer más eso tal vez (si quieren); pero lo cierto es que no había pensado incluir los pensamientos/ punto de vista de otros personajes que no fueran Adrien y Marinette...pero en la serie me pareció muy raro y de la nada el enamoramiento de Nino con Marinette y quise darle como algo de contexto al igual que su desenamoramiento (voy a tratar de dejar caer más detalles de esto si quieren).

En fin, déjenme saber sus opiniones.