Vacaciones con los abuelos.
Un nuevo inicio estaba a la vuelta de la esquina. Pronto dejaría de ser una niña de kinder y se adentraría en el interesante mundo de la escuela primaria. Pero antes de eso, estaban las vacaciones de verano, y dado que su nuevo hogar estaba en la ciudad en la que su madre creció, sus abuelos querían convivir con su pequeña antes de que se convirtiera en toda una niña grande.
Para ella eso eran buenas noticias. Pasar un mes al cuidado de sus abuelos era demasiado tentador como para ignorar esa idea. Postres, juegos, anécdotas, no ver a la señorita Tsuki y la ausencia de vestidos veían incluidos en ese paquete.
Aprovechando ese tiempo libre, la señorita Tsuki se iría a viajar un poco. Ethel esperaba que así se le olvidara el asunto de los vestidos por una temporada y esperaba que aprendiera alguna que otra receta de cocina que le quedara tan bien como aquel pescado frito que copió de un restaurante en el que había lanzadores de pelotas en la zona de juegos infantiles.
Su nana y su padre le dieron un fuerte abrazo una vez que su abuelo terminó de acomodar su equipaje en el interior del maletero.
—No metas en problemas a tus abuelos, princesa —le recordaba la señorita Tsuki. Se vio tentada a reprocharle el que no la llamara así, pero desistió de la idea pensando que no era el momento adecuado para ello —y si necesitas a alguien con quien hablar recuerda que puedes llamarme a mí o a tu padre. Nuestros números están en la libreta verde en tu mochila.
—No se preocupe, señorita Tsuki —la tranquilizaba Ethel —prometo portarme bien. Ya soy una niña grande —agregó ella, pero no pudo continuar porque su padre la sorprendió al alzarla y sentarla sobre sus hombros.
—Diviértete mucho, preciosa. Y hazle caso a tu abuela o te dejará colgada de los pies si desobedeces —le dijo su padre antes de acomodarla en el asiento trasero del auto y abrocharle el cinturón de seguridad —no olvides usar casco, tu seguridad es muy importante.
—Descuida, papi. Nunca lo olvido— respondió ella mostrándole el casco que compartía el asiento de a un lado mientras le brindaba una sonrisa.
La señorita Tsuki seguía dándole indicaciones de último minuto a su abuela, mientras su padre y su abuelo se brindaban un apretón de manos. La verdad era que ella estaba muy agradecida de que su familia fuera muy unida a pesar de estar rota. Por lo que había visto en algunas películas, generalmente los papás de una mamá o un papá que han fallecido detestan a aquel que "les robó a su bebé". Pero sabía que esa clase de melodramas no eran el estilo de su familia.
Cuando su abuelo inició el motor, ella se asomó por la ventana para despedirse de su padre y de la señorita Tsuki. Con un " te quiero" que alcanzó a leer en los labios de su padre, su aventura de verano inició.
Sus abuelos vivían prácticamente al otro lado de la ciudad. Era una zona en donde las casas tenían pequeños jardines o al menos uno que otro árbol en las aceras. Las casas eran mucho más grandes en esa zona y había un aire mucho más tranquilo que se respiraba con facilidad.
Su abuela le asignó una habitación decorada con paredes rosas y muebles que tenían calcomanías de estrellas y gatitos. Esa había sido la habitación de su madre cuando era una niña, la cual, se volvería unos de sus tantos sitios favoritos a lo largo de su vida.
La cama era mucho más blanda que la suya y la escaló de un brinco. En el techo pudo notar unas estrellas, su abuela le explicó que brillaban en la oscuridad. Luego se acercó a la ventana y corrió las cortinas para llevarse una grata sorpresa, la vista daba hacia un pequeño parque en donde se podían ver algunos cerezos que aún continuaban en flor. Sin duda alguna, su madre tenia una habitación muy genial.
Su abuela se ofreció a ayudarla a desempacar, pero ella insistió en que ya era una niña grande y podía hacerlo sola. Así que abrió los cajones de cuanto mueble pudo y acomodó su ropa, perfectamente organizada por colores, en ellos. Más tarde bajó por un bocadillo cuando su abuela la llamó. Después, su abuelo se ofreció a darle un recorrido por el vecindario para que pudiera salir a jugar en algún otro momento.
Los días eran de lo mas agradables, la comida de su abuela era de lo mas deliciosa y podía dormir hasta tarde viendo películas de acción con su abuelo. Pero lo que nunca faltaba era pedirle una historia a su abuela cuando esta la arropaba por las noches. No quería historias de princesas, tampoco que le leyera libros, ella quería historias de la vida de su madre, las historias que nunca podría contarle.
Y así es como se enteró de muchas cosas. Su madre había sido una mujer muy inteligente, había estudiado diseño industrial y había sido en uno de sus trabajos en donde había conocido a su padre. También se enteró de que a ella le aterraban las alturas y que no le gustaban los perros, pero que adoptaba las lagartijas que encontraba en el parque.
Ethel se sentía muy bien de saber que compartía muchos rasgos con su madre, como su necedad, su risa o el gusto por las escenas de acción en las películas.
Pero un día mientras se acomodaba el cabello, su broche cayó al suelo y terminó debajo del tocador. Al intentar recuperarlo se topó con una libreta azul con estrellas violetas. La curiosidad pudo más, así que después de recuperar su broche y guardarlo en un lugar seguro decidió que revisaría el contenido de dicha libreta. Se sorprendió al descubrir que era un diario ¡había encontrado el diario de su madre! Ahora las cosas en verdad se ponían interesantes.
Al abrir la libreta se topó con una foto de su madre abrazando a su padre. Eran tan jóvenes, y ella se veía tan hermosa. Contempló la fotografía por un buen rato, y luego escuchó a su abuelo que la llamaba. Dejaría esta misión para más tarde.
Al bajar las escaleras se topó con su abuelo y un señor que se veía solo un poco más grande que su padre, éste se presentó como el hermano mayor de su mamá. ¡Tenía un tío y ella no lo sabía!
—Tu papá me dijo que te gustan las motos— explicó el hombre mientras se hincaba para estar a la altura de su sobrina. A Ethel se le iluminó el rostro y asintió muy animada. —Le pedí permiso para que me acompañaras a una pequeña aventura.
—¿Dijo que sí? —preguntó ella antes de dejarlo continuar. Su tío asintió con una sonrisa y ella pegó un brinco de la emoción.
—Ve por tu casco y ropa cómoda, hoy nos vamos a divertir en serio.
Ethel corrió escaleras arriba, tomó su casco y se vistió con su ropa favorita. Luego bajó hacia la cocina para despedirse de su abuela y tomar un puño de caramelos que estaban en el dulcero del comedor. Su abuelo se despidió de ella en la puerta y su tío la tomó de la mano para cruzar la calle.
Sus ojos brillaron al ver la motocicleta de su tío. Era mas grande que la de su papá, porque ésta era una motocicleta para pista, era de un color rojo brillante con lineas amarillas. Su tío la invitó a subir, igual, ella iba al frente. Aunque, dadas las características de la moto, su tío decidió no ir demasiado rápido para evitarse problemas con la ley.
Nada se podía comparar al viento golpeando su ropa, o el sentir que todo a su alrededor no importaba. Pero esa sensación nunca era suficiente, después de todo, en algún momento debían de detenerse, pero jamás se imaginó que sería frente a una de las casetas que daban acceso al Circuito de San Fransokyo.
—¿Qué hacemos aquí tío? —la pregunta no era extraña, no había carreras próximas por esas fechas, ni siquiera demostraciones o cosas así dado que los accesos se veían desiertos.
—Esta es la locación de nuestra aventura de hoy, Ethel.
Ella contuvo la respiración una vez que el oficial de la caseta les dio acceso y saludó a su tío como si fueran viejos amigos. Después su tío condujo hasta llegar a uno de los talleres anexos al circuito.
Ahí se llevó una enorme sorpresa al encontrarse con un montón de gente. Su tío la presentó a la gran mayoría y todos le dieron una cálida bienvenida. Su tío era el jefe del equipo de ingenieros de un famoso corredor local, Katsuro Tukusama.
Ahí aprendió un montón de cosas. Para poder correr en una competencia como el Gran Premio de San Fransokyo no solo se necesitaba de un buen corredor con una buena moto. Requería de todo un equipo bien coordinado. Su tío era el encargado de dirigir las acciones que mantenían a la vanguardia la motocicleta que usaba el héroe local.
—Vienes en un buen momento, Ethel —le dijo Katsuro— hoy probaré las últimas mejoras que tu tío le ha hecho a mi motocicleta.
Salieron todos a la pista, ¡era muchísimo más grande de lo que parecía en la televisión! El sonido del motor alcanzando su velocidad punta retumbaba en sus oídos y ella observó maravillada cómo todo el equipo contenía la respiración al momento en el que su corredor casi se recostaba sobre la pista al tomar una curva cerrada. Después de darle un par de vueltas al circuito, Katsuro se acercó a su tío y al resto de los ingenieros.
Después de unos momentos caminó hacia ella. Ethel se quedó estática mientras lo observaba, seguro había alguien importante detrás de ella, ¿verdad? Sus sospechas se vieron desechadas cuando el corredor se hincó para estar a su altura.
—¿Quieres darle una vuelta a la pista?
Éste había sido el mejor día de toda su vida, o al menos eso pensaba ella en ese momento, ya que había sido consentida por sus abuelos en la mañana, pasó toda la tarde con su tío y su extraordinario equipo de trabajo, había conocido a un famoso corredor de motos ¡y le había autografiado su casco! Además, comió mucho helado mientras tenía una videollamada con su padre diciéndole que tenía una gran sorpresa para cuando volviera de sus vacaciones.
Tenía muchas ganas de leer el contenido del diario de su madre, pero al llegar a casa estaba más que exhausta. Quizá lo leería en la mañana.
Hola! Al fin traigo el nuevo capit de éste fic. Como habrán notado, seguí en la misma línea de tiempo de donde terminó el capitulo pasado. Esto no siempre sera así.
Voy a ir dando un seguimiento cronológico a este asunto con saltos temporales. Así que en el siguiente capitulo tendremos al equipo de nerds!
En serio, siéntanse libres de dejar sus comentarios e ideas. Eso sí, se valen sugerencias de shippings, pero no haré ninguna oficial de momento, me gusta la idea de todos ellos como una familia en donde todos se quieren, se apapachan y se fastidian hasta el cansancio.
Cuídense mucho! Y no olviden usar casco y cinturón de seguridad.
Nos leemos luego. Bye.
