Mochi

Llovía mucho esa tarde, eran vacaciones de verano después de todo. Y en realidad no había mucho que hacer tampoco. No quería estar en casa, pero la lluvia no le permitía estar afuera sin arriesgarse a pescar un resfriado.

Wasabi estaba ocupado limpiando su apartamento y aunque se vio tentada a llegar y convertir el lugar en un caos sabía que la "limpieza de verano" de su obsesivo amigo era algo que debía respetar... Al menos por un par de días.

Honey Lemon estaba fuera de la ciudad visitando a unos familiares suyos. Les había horneado unos brownies, pero le había prometido que le hornearía un par para cuando volviese. Pero eso sería hasta el domingo por la tarde y apenas era jueves.

Llamó a Fred, pero él habló mucho y no dijo nada. Simplemente la ignoró y ella no podía evitar pensar en algún secreto que él quisiera mantener alejado del equipo,* o en que simplemente quería leer cómics toda la tarde sin interrupciones. No podía culparlo tampoco.

Así es como terminó dirigiéndose al café El Gato de la Suerte. La tía Cass la recibió amablemente y pidió un té verde para pasar el rato. Todo estaba demasiado tranquilo en el establecimiento, incluso para ella.

—¿Está Hiro en casa? —preguntó finalmente mientras jugaba impaciente con la taza que contenía su té.

La tía Cass le dijo que llevaba horas encerrado en el garage, quizá tenía algo nuevo entre manos ya que no había salido de casa en días. Una chispa brillo en sus ojos. Había encontrado a su víctima del día.

Agradeció el té y salió por la puerta que daba acceso a la casa en donde habitaban los Hamada. Después se dirigió al garage que ya conocía a la perfección debido a tantas tardes que había compartido ese espacio con sus amigos. Abrió la puerta con cuidado y observó el lugar. Todo estaba un poco mas desordenado de como lo recordaba, Hiro parecía no haber notado su presencia debido a los enormes audífonos que traía puestos y notó que Baymax estaba desactivado en su estuche rojo.

Caminó con cuidado de no hacer ruido por el lugar y se sentó en un sillón. Hiro continuaba absorto en lo que fuera que estuviera haciendo y ella se limitó a observar el lugar. De pronto escuchó un tintinear. Se incorporó para buscar la fuente del peculiar sonido y se topó con los orbes esmeraldas del minino que vivía bajo ese mismo techo.

Ella le dedicó una sonrisa y el gato regordeto de la tía Cass comenzó a restregar su pelaje en su pierna. Al tener una parte de ésta al descubierto, no pudo evitar sentir cosquillas con el contacto del felino. Mochi podía ser un gato muy adorable si se lo proponía, pero también una bola de caos.

Mochi saltó hacia el sillón y se acomodó en su regazo, ella comenzó a acariciarle las orejas y terminó quedándose dormido sobre su regazo. GoGo sacó un paquete de goma de mascar que contenía una ultima pieza. Quizá mas tarde de camino a casa compraría más.

El sonido de la envoltura alertó al felino y de un salto le quitó el preciado objeto de las manos.

—¡Mochi! —gritó en un susurro.

El gato se alejó un par de metros y colocó el objeto en el suelo para acicalarse los bigotes. Ella se puso de pie para recuperar su goma de mascar, pero Mochi notó sus intenciones y corrió con el objeto en la boca hacia los anaqueles en donde los Hamada acomodaban libros y herramientas.

De no ser por el incesante tintinear del collar del minino, lo hubiera perdido con demasiada facilidad. Lo localizó paseando por los anaqueles más altos. Solo Honey Lemon con tacones o Wasabi podían llegar hasta allá sin una escalera. Ese era uno de los breves momentos en los que se reprochaba el no haber elegido baloncesto en lugar de ciclismo como deporte a practicar.

A modo de prueba, apoyó un pie en una de las repisas, notó como el estante soportaba bien su peso y lo usó para subir un par de niveles y alcanzar al felino.

Mochi esperaba a que GoGo estuviera cerca y luego de un movimiento rápido se alejaba de su alcance y brincaba a otro anaquel. ¿Qué se sentía ese gato para tener el derecho de burlarse así de ella?

Le siguió el juego un poco más, hasta que en pleno brinco lo alcanzó a tomar de una de sus patas traseras. Sonrió satisfecha y antes de perder el agarre, forcejeó el empaque para recuperar su goma de mascar.

Cuando Mochi cedió, no lo hizo amablemente. Con sus afiladas garras alcanzó la mejilla de GoGo y en un alarido de dolor soltó al gato para llevarse las manos a la zona afectada.

El sonido activó a Baymax, y sin saludar a Hiro se dirigió a los anaqueles en donde GoGo revisaba cómo había algo de sangre en su mejilla.

—Hola. Mi nombre es Baymax, Tu asistente médico personal —. Saludó el robot mientras ella buscaba el empaque de la goma de mascar —. En una escala del uno al diez, ¿cómo calificarías tu dolor? —preguntó mientras en el monitor de su estómago mostraba el dibujo de diez caritas numeradas.

El tintinear del cascabel la alertó. Ahí estaba esa bola de pelo calicó que se paseaba alegremente con el empaque de chicles en la boca.

—Estás sangrando —dijo Baymax después de escanearla —lo mas aconsejable es que aplique un spray para que la herida no se infecte.

GoGo bajó de los anaqueles con un salto y corrió para atrapar a Mochi. Atrás y por debajo de los sillones, arriba del librero, entre los anaqueles, en los muebles de herramientas... GoGo en serio se preguntaba cómo un gato tan regordeto podía tener tan buena condición física. Mientras tanto, Baymax los seguía a su ritmo lanzando preguntas a su escurridiza paciente y dando recomendaciones de salud.

Mochi, cansado, se apresuró y brincó hacia el regazo de Hiro. Sorprendido, Hiro se quitó los los enormes audífonos y bajó la mirada para acariciar al minino. Sólo él sabe cómo rayos no había escuchado tanto alboroto a su alrededor en todo ese tiempo.

—¡Ah! —aquel grito hizo que Hiro volviera su vista justo a tiempo para ver a GoGo caer al suelo.

¿Qué hacía ella aquí? ¿Qué había pasado? El cómo Mochi se escondía entre sus brazos mientras Baymax ayudaba a GoGo a ponerse de pie le dio la clave. El tierno gato de la tía Cass había hecho algo no muy agradable.

—¿Puedes decirle a tu gato consentido que me devuelva mi caja de chicles?

Ahí estaba la respuesta a todo este asunto. Hiro tomó la pequeña caja de cartón y se la extendió a su amiga, que no dejaba de sacudirse las rodillas y las palmas de las manos.

GoGo mascaba su chicle mientras dejaba que Baymax le aplicara un spray desinfectante. Hiro acariciaba la cabeza de Mochi mientras éste le dedicaba una mirada tierna a GoGo para pedirle disculpas.

—Persuasivo —musitó desviando la mirada. Hiro se extrañó con el comentario.

—¿Perdón?

—Tu gato —explicó ella.

La tía Cass entró al garage con un plato de papas fritas con queso y observó el desastre que acontecía en el lugar. No preguntó por discreción, pero más tarde interrogaría a su sobrino. ¿Qué tanto podría haber hecho a solas en el garage con una chica seis años mayor? La respuesta sin duda no sería agradable, pero el ver a Baymax y a Mochi con ellos separados por varios metros de distancia la tranquilizaba.

—Ya debo irme —dijo GoGo mientras se ponía de pie una vez que se terminaron las papas y dejó de escucharse el repiquetear de la lluvia sobre la cortina de acero.

Baymax estaba acariciando a Mochi. No pudo evitar sonreír ante la imagen. Quizá esa bola de pelo podía ser una molestia si se lo proponía, pero nunca dejaría de ser adorable.

Hiro la acompañó a la puerta principal del café. Para entonces ya eran cerca de las seis de la tarde.

—Deja de usar tus audífonos con un volumen tan alto —le dijo a Hiro mientras lo despeinaba un poco —te quedarás mas sordo que Honey Lemon a este paso.

Él le devolvió una sonrisa.

—Lo tomaré en cuenta.

GoGo llevaba un par de minutos caminando con dirección a su casa cuando la conversación colectiva de sus amigos comenzó a sonar. Eran las reacciones sobre el resultado de la batalla del año que, además, venían acompañadas de una foto de la perdedora siendo atendida por Baymax.

"Súper heroína adicta a la velocidad es derrotada por un gato regordeto".


* Diferentes fuentes han manejado que Fred tiene una doble vida. Además de ser la mascota de la escuela, también se dedica a las obras de caridad, ¿no es un encanto? Ya me lo imagino leyéndole cómics a los niños :3 Aunque en sí, ya sería triple, porque es un súper héroe, pero eso es aparte XD.

Lamento mucho la demora, pero tenía que terminar una bufanda, jajaja (mañana es el cumpleaños de mi mejor amiga y le tejí una bufanda de Griffyndor) y además hoy fui a una posada. El botín de dulces estuvo genial, pero a cambio me rompí una uña y me salió un moretón debajo de mi rodilla izquierda (les juro que no tienen ni idea de lo extrema que se pone la piñata en esas posadas XD). Normalmente eso no me importaría en lo absoluto, pero el siguiente viernes es mi fiesta de graduación de la escuela superior. Auch XD

Dudo actualizar mañana porque me la pasaré de vaga con mi amigocha, pero el domingo sin falta actualizo.

Ya sé que éste capi salió más corto que los otros tres, pero la culpa la tiene Mochi. Alguien debe tener la culpa :p

Por cierto, espero y respondan lo siguiente en sus lindos y preciosos reviews: Cuál es su postre favorito? (o favoritos)

Nunca duden de las capacidades de un gato.
Nos leemos luego!
Bye!