Hola, realmente no se si haya personas haya afuera que vayan a leer esto, pero estoy retomando la edición de esta historia. De verdad, no se que decir, han pasado muchos años desde que lo abandone.

La primera vez que lo termine fue en 2013, si quieren buscarlo sin editar, lo van a encontrar en fanfic . es con mi cuenta de GooldenMoon, con el mismo titulo que aquí, cuando lo empece a re editar por primera vez, fue en 2014, cuando estaba siguiendo con otros proyectos que tampoco termine, ya que por desgracia, la computadora que tenia en ese entonces dio todo lo que tenía que dar y falleció con honor, jajaja, pero hablando en serio, perdí todo, porque en ese entonces no tenía respaldo alguno, mis archivos personales, mis historias, fotos, todo. Y no pude obtener otra computadora propia hasta hace un año mas o menos. Si hay alguien ahí, leyendo esto, ¿Les digo la verdad? Planeaba borrar esta cuenta. Pero cuando regrese e inicie sesión, me vinieron tantos recuerdos e historias que nunca pude compartir y luego leí los comentarios de las personas que me leían en ese entonces y fue como muy triste y me sentí muy mal, me falle y les falle, así me sentí. Así que aquí estoy de nuevo, tome la historia completa que se encuentra en fanfic y la estoy re editando... nuevamente, justo ahora después de postearles esto, continuare con el siguiente capitulo, porque no quiero dejar sin cierre esto.

¿Están ahí? Déjenme un comentario, lo apreciaría enormemente.

Por cierto, supongo que como empece a re editar a partir de aquí, capitulo 11, la diferencia será bastante, de ante mano, una disculpa.

Besos, clau.


CAPITULO 11 "Enfermedad"

Al día siguiente me había reunido con Naruto después de clases, mismas que terminaban dos horas exactas antes que las de Sakura, habíamos platicado sobre su padre, de cómo Naruto no tenía duda de que su presencia no auguraba nada bueno. Un tácito acuerdo había surgido entre ambos instantáneamente, no volveríamos a dejar a Sakura sola bajo ninguna circunstancia.

De esta forma paso toda una semana sin tener problema alguno, sin embargo, la sensación, de que estábamos siendo acechados no me dejaba pensar bien, su padre quien no la había buscado anteriormente, quien solo le había llamado alguna vez, ¿Entonces, que hacia buscándola ahora? ¿Cuál era la razón de su repentino movimiento? El malestar de las preguntas sin respuestas asentándose en mi estómago permanentemente sin darme respiro. Dándome la sensación de que su movimiento significaba problemas.

Cada pensamiento que había tenido durante la semana al respecto atacándome mientras manejada hacia casa, donde mi madre visitaba de nuevo, ambas se encontraban enfrascadas en la repostería, me había dicho Sakura en un mensaje. No puedo evitarme un suspiro pesaroso al desatar mi corbata, me había pasado toda la mañana y buena parte de la tarde entre revisiones de cuentas y llamadas de muy importantes, entre comillas, ejecutivos.

Mi mente distrayéndose, siempre de regreso a Sakura.

Esta mañana en su primer día libre en meses de clases interminables, su semblante agotado, piel más pálida de lo normal y ojeras, del mismo modo su tono suave cuando respondió a mi pregunta sobre su estado, con un vacilante: —Solo tengo un dolor de cabeza.

No podía dejar la preocupación de lado.

Tenía en la mente las palabras de Naruto. ¿Qué debía esperar del padre de Sakura? si de algo estaba seguro es que su padre haría de todo menos querer una razonable conversación con nosotros.

Me siento molesto mientras fulmino el camino frente a mí. No permitiría que se acercará a Sakura si planeaba lastimarla nuevamente.

Virando rápidamente hacia el centro de la ciudad me detengo al ver el semáforo en amarillo, observando a centenares de personas atiborrando el cruce me recargo en mi asiento, una rápida mirada a mi espejo me hace fruncir el ceño, donde encuentro un auto que creo reconocer de anteriores ocasiones.

¿Gaara? No. Naruto me había dado las señas particulares del auto del padre de Sakura así que también quedaba descartado.

Con el semáforo cambiando a verde y los autos a mi alrededor comenzando a andar, conduje con paciencia, aun mirando de vez en cuando el auto que aún me seguía por detrás. Apreté fuertemente la mandíbula, rebuscando en mi memoria una y otra vez la posibilidad de haber visto el auto antes y en qué lugar.

De pronto lo observe girar hacia otra calle, sin placas, me percate.

De pronto como una chispa el recuerdo viene a mí, la había visto antes, en el estacionamiento de la empresa. ¿me encontraba vigilado sin darme cuenta?

Me pase una mano por el cabello frustrado. Estaba actuando como todo un paranoico.

Me obligue a tranquilizarme, debía estabilizarme para que Sakura no se percatará de mi precario estado de ánimo, sobre todo con mi madre ahí, ella siempre lograba darse cuenta de todo.

Entre a la colina que subía hacia mi hogar. Espere a que el gran portón eléctrico se abriera y entre sin estacionar el coche en el garaje, dejándolo en el patio. Baje ya con algo de ansias de entrar en casa y no volver a salir así el mundo entrara en el Armagedón.

Abro la puerta y dejo caer mi maletín junto al saco de mi traje al sofá de dos plazas en la sala, girando mi mirada a la cocina, donde la risa de Sakura trina suavemente. Trato de sacar mi estrés de encima, con el pensamiento de que ella está aquí, a salvo.

—¿Sakura? — pregunto al adentrarme en la cocina — ¿Madre? —. Ambas voltean a mirarme con una sonrisa en sus rostros.

—Cariño, que bien que ya llegas, los postres están casi listos— comenta mi madre con una sonrisa mirando hacia el horno.

—¿Quieres cenar? — pregunta Sakura viniendo a darme un beso en la mejilla —Hemos hecho Domburi con huevo y pollo.

—Sí, lo lamento, el trabajo hoy ha sido pesando— murmuro —Cualquiera pensaría que siendo dueño la tendría más sencilla — añado en broma, a lo que mi madre me mira sonriendo y Sakura bufa divertida y se aleja para servirme algo de comida. Pero antes que se aleje lo suficiente tomo su cintura y me pego a ella, colocando mi cabeza cerca de su cuello, ella ríe con nerviosismo e intenta sin éxito de zafarse de mí. Rio a sus intentos infructíferos.

—¡Sasuke-kun! — protesta —¡Basta ya! —ríe, sus mejillas coloreándose de un tenue rosa.

—No…— le digo al oído y la aprieto a mí con más ímpetu. Ambos nos congelamos al escuchar a mi madre carraspear suavemente para llamar nuestra atención, me yergo a toda mi altura y la miro lo más inocentemente que me es posible aun sosteniendo a Sakura por la cintura, Mikoto me alza una ceja mientras sonríe de forma picara.

—El joven amor, es impetuoso e impaciente…— murmura suspirando como recordando viejos tiempos. La miro asustado, mientras Sakura ríe tímidamente a mi lado.

Finalmente, la suelto, y dejo que sirva los platos. Después de la cena, nos sentamos en la sala a ver las noticias y comer el postre, que termino comiendo a pesar de mis protestas sobre las cosas dulces o quizá debido a Sakura y su sonrisa ansiosa. Ellas parecen re tomar una plática sobre tipos de telas que le van al tono de piel de Sakura mientras yo me relajo en el sofá.

No puedo evitar espiarla mientras platican, sus gestos, la forma en que la esquina de su boca sube al sonreír, sus pequeñas manos y dedos al colocarse los mechones de pelo rosa detrás de sus orejas, las bonitas pestañas largas que abanican suavemente las mejillas suaves. Ella parece tener mejor semblante. Siento el nudo pesado de mi pecho deshacerse lentamente, suelto el aire en mis pulmones, sintiéndome automáticamente mejor.

Mi madre se despide después de una media hora, así que salimos a despedirla.

Ella saluda a su chofer en la puerta de calle y sube a su auto, un momento después su auto baja por la colina hasta desaparecer de nuestra vista, Sakura se estira a mi lado.

—Tengo que terminar de limpiar la cocina — comenta mientras regresamos hacia dentro de la casa. Mi brazo cae en su cintura.

—¿Necesitas ayuda? —ofrezco.

Ella sonríe y niega suavemente. —Bien, estaré en la sala revisando unos correos — digo mirándola, ella asiente y se aleja de mi de vuelta a la cocina.

— ¿Cómo estuvo tu día? — murmura acomodándose al lado mío en el sofá unos diez minutos más tarde, giro mi atención de mi computadora a verla y ella planta sus labios sobre los míos, sorprendiéndome —Te atrape, solo quería besarte— dice, risueña, sonrió y atrapo su cintura entre mis manos.

Ella ríe, al tiempo que acerco mi rostro para besarla, presionando sus labios con los míos, más suave de lo que esperaba.

Y así, de la forma más sencilla posible, todas las preguntas y preocupaciones, se sueltan de mi cuerpo y huyen lejos de mi cuerpo, suspiro aun con sus labios sobre los míos, sin aliento, por la forma tan increíble, tan impredecible que Sakura tiene, que siempre tiene, para alejar todo lo malo de mí.

Me detengo y subo una de mis manos a su mejilla. Frunzo el ceño y me alejo unos milímetros de ella.

—Estas muy tibia… — le susurro en el oído cuando nos separamos. Paso una mano por su frente. —¿Cómo te sientes?

—En realizad me siento bien — murmura lanzándome una mirada inocente, entorno los ojos mirándola fijamente, ella se alza de hombros despreocupadamente, y mi ceño se profundiza aún más.

—¿Segura?, no me hagas preocupar — espeto tomando su rostro para que no rehúya de mi mirada.

—Solo es, no sé, una descompensación, ¿creo?, mañana estaré mejor, ya me he tomado algo para la fiebre antes de cenar— me asegura.

—Hn — le miró, ella me regala una sonrisa brillante y se lanza a abrazarme. No puedo evitar gruñir al sentir su codo golpeando una parte de mi abdomen que aún me dolía ligeramente.

—¡Oh, dios!, Sasuke-kun lo lamento, ¿Estás bien? — murmura, su tono preocupado.

—Sí, no fue nada — le aseguro soltando el aire en mis pulmones.

—Lo siento …— murmura besando mis labios. Sus cejas juntándose con arrepentimiento.

—Hn.

La jalo para que se recueste en mi pecho y continuar besándola suavemente mientras poso mis manos por su cintura, suspiro sobre sus labios y muevo mis besos de su boca a su cuello, mordiendo la tersa piel.

Alzo su blusa y entierro mis manos debajo, logrando sentir la deliciosa piel de terciopelo, ella gime y la tomo plenamente, alzándola para que se siente sobre mis piernas.

La siento aferrarse a mi camisa en el momento que paso sin reparo mi lengua por la piel de su clavícula, subo, mordiendo y succionando, degustando libremente la piel blanca hasta llegar a su oído.

—Hoy no te escapas…— le susurro, mordiendo el lóbulo de su oreja, ella ríe, su voz sonando a música, al momento que la siento estremecerse entre mis manos.

Me alejo a besar de nuevo sus labios y siento como comienza a desabotonar mi camisa.

Termina y se aleja de mí y baja por mí cuello dejando cálidos besos, mordiendo suavemente y acariciando cada lugar que aún permanecía con cardenales. Se yergue y me miro con el mismo deseo con que yo le estaba mirando, observo con una sonrisa, como su rostro se sonroja.

Me quedo absorto al verla pasar sus manos por su vientre y tomar las esquinas de su blusa para después desprenderse de esta. Mi boca se seca, mirándola.

Baja con delicadeza, acomodándose nuevamente sobre mi pecho, no pierdo tiempo y acaricio y beso cada lugar a mi alcance. La siento gemir y me levanto, con ella, sosteniéndola para que enrede sus piernas torno a mis caderas. Hago mi camino a las escaleras para llegar a nuestra habitación.

Con deliberada lentitud la beso en los labios, tan solo absorto en la sensación de tenerla cerca, saboreando su dulzura, anhelando, queriendo quedarme así por siempre, tan solo nosotros.

Quería que todo lo demás se evaporará, sabiendo que, solo con tenerla cerca, con escuchar sus suspiros, oler su perfume y con sentirla entre mis brazos era suficiente para que funcionara, para que todo encajara. Para dejar de pensar, tan solo perderme en ella.

Repase una y otra vez su cuerpo con mis caricias, mis manos y mis labios. Con sensaciones inquietantes, que a pesar de ya conocer su cuerpo me seguían asaltando.

Comencé a jugar con mi lengua entre sus labios, saboreando y finalmente adentrándome en su boca, jugamos lentamente, tan solo sintiéndonos, como si jamás antes lo hubiéramos hecho, como si fuese la primera vez que estábamos juntos.

Y poco a poco, casi sin sentirlo, nuestras ropas fueron desapareciendo, hasta que quedamos piel con piel bajo las sabanas.

La habitación pronto fue sacudida, llena de suspiros, jadeos y gemidos, ambos nos perdimos en el otro, fundidos en un abrazo. Mirándonos como si en realidad fuera la primera vez que hiciéramos el amor.

Ella tenía las mejillas ardiendo, mientras yo las acariciaba con mi pulgar y una sonrisa dulce en los labios, me besa fugaz pero insondable en los labios y se apega aún más a mí, metiendo su rostro en mi cuello, la abrazo, no queriendo por nada, separarme de ella.

De esta forma, nos quedamos dormidos, uno al lado del otro, eclipsados en el momento, perteneciéndonos.

.

.

.

Me despierto muy temprano, como siempre después de estar con ella, solo para poder mirar su rostro impasible, observarla ser hermosa, sin que ella pueda percatarse de esto.

De vez en cuando me encuentro a mí mismo preguntándome, ¿Qué es lo que me atraía tanto de ella?, ¿Podía decir que, en 10 años, seguiría haciendo lo mismo que ahora? ¿Observarla ser hermosa? ¿Era, mi sentimiento creciente, tan fuerte como eso?

Los pensamientos zumban en mi cabeza, mientras veo la forma de sus labios, lo rosada que es la piel que tiene en los parpados, lo mucho que disfruto ver sus ojos, preciosas joyas al despertar y puedo olvidarme de las cuestiones burbujeando dentro de mí.

Acomodo mi barbilla sobre su coronilla y cierro los ojos, respirando su aroma. La siento estremecerse, la miro de refilón y con mi mano atrapo la sabana y cubro sus brazos desnudos.

Acaricio con mis dedos su cabello, la siento estremecerse nuevamente y después murmurar con voz adormilada: — ¿Qué hora es? —. La miro, sus ojos permaneciendo cerrados, sus labios abiertos.

—Muy temprano, duerme de nuevo…— ordeno sobre su cabello. Ella se ovilla junto a mí, colocando su frente en mi pecho.

—¿Sasuke? — murmura bajito, en un susurro. Le gruño en respuesta, ella abre sus ojos al fin y me mira, esmeraldas mirándome, brillando; —Me gusta despertar contigo — dice.

Le sonrió, me acerco y beso su frente, la abrazo, aferrándome a su cuerpo como ella lo hace conmigo. Justo en estos momentos, me pregunto cómo hice antes, para pasar esas noches sin ella, porque ahora, pensar en no tenerla junto a mí, el solo pensamiento de no volver a verla, hace que mi estómago se revuelva. No iba a permitir bajo ningún motivo, dejarla ir.

Sakura estaba enferma, tal y como había sospechado, después de las once de la mañana había recibido un mensaje suyo diciéndome que se había sentido peor y que Naruto la estaba acompañando. La mañana había sido más ligera que de costumbre, con Itachi encargado de los proyectos nuevos, podía tomarme la libertar de tener la tarde libre.

Miro al cielo, por la ventana de mi oficina, ¿Podía demandar a mi padre por explotar a un chico de diecinueve?, fulmino al cielo amargamente. Minutos después, me encuentro en camino a casa. Pensando en cómo cuidar de Sakura.

Si estaba enferma tenía que quedarme con ella, comprarle medicina, hacerle comida apropiada, no podía descuidarla y Naruto no parecía tener las habilidades para cuidar correctamente de una persona enferma, sin mencionar que no podía quedarse con ella siempre.

Decido dejar el coche afuera, al llegar a casa, y prácticamente corro a dentro de la casa, inmediatamente un olor llena mis sentidos, huele a sopa recién hecha, —Es Sakura —, me digo, no podía ser nadie más, pero al entrar me encuentro a Naruto, que lleva el delantal rosa de Sakura puesto y mira la estufa con un puchero y expresión meditabunda, no puedo evitar ahogarme ante la vista.

— ¿Qué haces? — pregunto con voz en grito, el rubio, grita al mismo tiempo que termino mi frase, lleva una mano a su pecho para sostener lo que bien podría ser su corazón saliendo entre sus exhalaciones, una sonrisa socarrona se dibuja en mis labios.

—Sopa… ¿Querrías mejor sacar un arma y dispararme? — comenta con ironía. Bufo, que reina del drama.

— ¿Y Sakura? — murmuro pasando de él.

— Arriba — murmura, asiento y me alejo a buscarla. Entro a la habitación y miro la cama deshecha.

— ¿Sakura? — pero solo el silencio me responde, ¿Dónde podría encontrarse la pelirosa? Una sensación de pánico se apodera de mí; — ¡Sakura!, ¿Dónde estás?

Bajo de nuevo las escaleras con el ceño fruncido y esa sensación pesada en mi pecho, viro a la cocina y miro desde la puerta a Naruto brincar con la cuchara entre las manos, era obvio que se había quemado al cogerla sin los guantes.

— ¿Dónde rayos esta Sakura? — pregunto con rudeza, me mira con lagrimillas en los ojos, y una cara de cachorrito atropellado, que a cualquier otro hubiese convencido, — ¿Dónde, mal-dita sea esta Sakura? — repito, sin humor.

—¿En su habitación…? — murmura mirándose la palma con dolor, giro lo ojos, molesto.

—¡No se encuentra ahí, tu rubio sin… ¡— pero mi exclamación muere, interrumpida por una dulce voz.

—¿Probaste en el baño…? — giro mi rostro para toparme con una Sakura muy pálida bajando por las escaleras. Me acerco a ella y tomo su mano para ayudarle a bajar los últimos escalones, me mira con una media sonrisa, me acerco a besar su mejilla.

—¿Cómo estás? — pregunto.

—Dah, enferma, ¿No es obvio, bastardo? — giro a ver al rubio, molesto, el me regresa la mirada con una gran sonrisa en los labios, carga con él una bandeja con un plato lleno de su sopa, que por el olor parece ser comestible.

—No te metas, Naruto… — le gruño con fastidio, él me sonríe más ampliamente — Te agradezco por cuidar a Sakura, pero ahora estamos bien…—

—Perdona, pero no confió en ti Uchiha, así que me quedare hasta que tu madre llegue, adorable señora, por cierto, tuvimos una larga charla por teléfono… — murmura con gesto inocente.

Escuchó a Sakura reír suavemente, al tiempo que me sostenía del brazo para que no me lanzara sobre el rubio loco, el sí, que podía sacarme de quicio más rápido de lo que imaginaba.

—Bueno, bueno, suéltala hombre, que debe descansar, no seas inconsciente — dice mirándome como si le hablara a un tonto, le miro incrédulo, alzando una ceja, sintiendo la ira burbujear dentro de mí, se acerca y toma la mano libre de Sakura, y la ayuda a subir las escaleras, con una mano en el brazo de Sakura y la otra en la bandeja con sopa, —Vamos, Sakura-chan, que te he preparado la receta secreta de los Uzumaki, es la de la abuela, nunca falla.

Miro, incrédulo, a Sakura, sonreírle con dulzura. Subo detrás de ellos, negándome por ningún motivo a dejarlos solos.

Aun con mi rostro de enfado, no logro convencerlo, de que bajo ningún motivo dejaría que algo le pasará a Sakura bajo mis cuidados, hasta que la pelirosa interviene y hace que Naruto termine aceptando, no sin antes dejar tres números diferentes a su nombre por si necesitaba algo y yo no podía dárselo.

Y así, con el ceño aun fruncido miraba a la chica con la que vivía, comer aquella sopa con una sonrisa dulce en los labios.

—El médico me dijo que debía descansar al menos tres días, beber abundantes líquidos, tomar el medicamento en mis horas, y seguramente mañana me sienta mejor— la miro asintiendo, mientras tomo la receta que se encontraba en el buró cerca de la cama.

—Bien — no puedo evitar gruñir — Iré por la medicina, ¿quieres que llame a tu Naruto mientras no estoy? — rechino hacia ella.

—Me basta con que me des un beso y me abraces para que me duerma… — murmura ignorando mi tono, y hablando dulcemente, miro el menor indicio de sonrojo en sus mejillas y su mirada destellando con intensidad. Enferma y aún hermosa.

—Hn — me recuesto a su lado, beso sus labios con suavidad, permitiéndome la mayor delicadeza posible, me separo de ella pasando una mano por su mejilla, por primera vez fría al tacto, alejo la bandeja con comida de su regazo, la abrazo y me acomodo junto a ella en la cama, nos quedamos así, sosteniéndonos —Duerme… — le murmuro, respirando su aroma a flores.

Ella no tarda en quedarse dormida, seguramente más cansada de lo que en realidad parecía. Me alejo de ella, de puntillas para no molestarla. Me quito mi saco por fin, y lo tiro sobre los pies de la cama, meto mis manos en las bolsas de mi pantalón y la miro. Labios entre abiertos, pálidas mejillas, el rostro de un ángel, enmarcado por cabello rosa. Me doy cuenta de nuevo, como en cada ocasión como esta, que ella se ha vuelto en un todo para mí, desde su sonrisa, sus ojos brillantes, su voz. Todo.

Suspiro, pasándome una mano por mi cabello, me doy cuenta que mis obsesiones hacia ella han crecido de tal forma a dejar de ser conformistas, quería, siempre quería, verla siempre, tocarla siempre, escucharla, verla dormir, hacerle el amor.

Me alejo de la cama, sopesando la idea de quedarme a su lado y dormir un poco. Pero me saco la corbata y la tiro sin más al suelo, ordenándome ir rápidamente por su medicina.

Salgo de la casa, haciendo el menor ruido posible, repasando las farmacias más cercanas por la mente, y subo al auto para llegar rápidamente a la que se encontraba a tres cuadras bajando por la colina.

No han pasado ni diez minutos cuando me encuentro en la caja pagando, y se escucha un rechinido de llantas bajando rápidamente, mi ceño se frunce, fijo la vista en el espejo que había detrás del mostrador, y miro con una nubla de estupor cayendo en mi mente, a un auto plateado pasando a alta velocidad por la calle, dejando una estela de humo a su paso. Siento mi pecho empezar a bombear con fuerza.

El mal presentimiento subiendo por mi garganta.

Le pago a la viejita detrás del mostrador y salgo, prácticamente corriendo al auto, tenía la desesperación creciendo en mi pecho, subo al auto y sin importarme velocidad, ni limites, en dos minutos me encuentro, llegando a casa, bajo del auto mal estacionado y cruzo las puertas como vendaval.

—¡Sakura!, ¿Dónde estás? — grito, llegando a las escaleras — ¡Sakura! — repito, más fuerte. Continúo llamándola, mi voz haciendo eco en las paredes.

Me siento hueco, frio, cuando entro a la habitación y veo la cama vacía, enorme y desarreglada, la sabana cayendo desordenada, mitad en el piso y mitad en la cama. Entro en pánico.

Grito nuevamente, sin obtener respuesta. —¡Sakura!

Entro en el baño y lo encuentro desocupado, salgo a revisar cada habitación, aunque sé que no encontraré nada. Nada. Sigo gritando y gritando su nombre sin parar, solo el silencio golpeándome con furia cada vez.

Reviso la cocina, la sala, cada alcoba del primer piso, baños y por último el patio. El frio me inunda, rio secamente, aunque no hay nada gracioso en nada — ¿Dónde estás? — susurro al viento.

Me giro y regreso a la puerta, miro sin mirar realmente sus goznes desvencijados. Le frunzo el ceño al repentino dolor en mi pecho que cala hasta sacarme el poco aire que queda en mis pulmones.

Se habían llevado a Sakura… y era mi culpa…