¡Holas Dramioneras! Acá dejo el capítulo número 2

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¡Saludos! Brabura

Capítulo 2

-Ella es la muchacha - dijo Daniel entrando a la habitación. Hermione tragó grueso totalmente desconcertada. No podía ser cierto, no podia tratarse de ellos.

-Debe ser una broma - dijo rápidamente Lucius mirándola con disgusto. Al no recibir respuesta alguna carraspeó la garganta, haciendo que a la castaña se le erizara la piel - ¿En qué se ha convertido esto?

-Pues ella es la única que sabe cómo curar esta enfermedad aparte de mí, pero a su favor, cuenta con tiempo señor Malfoy, con tiempo – El medibrujo parecía no darse cuenta del poco trato que había entre ellos. Estaba cansado, y miraba la puerta disimuladamente cada medio segundo, como si deseara marcharse de allí lo antes posible.

-No podemos aceptar esto - le susurró Lucius a Draco con voz ronca. El joven mago dio un suspiro, girando su cabeza hacía donde estaba Narcissa, quien yacía sobre una cama justo a su derecha.

-Es mi madre - Le contestó luego de unos segundos con voz temblorosa, pero a cambio sólo recibió una mirada feroz.

-¡No permitiré una sangre sucia en casa! - exclamó solo para que él pudiera oírlo, pero al juzgar lo recto de sus hombros, la bruja presintió que le decia algo respecto a ella.

-Espero que su mujer se recupere - Daniel tomó la perilla de la puerta- me gustaría quedarme, pero hay mucha gente que debo atender. Le aseguro que los dejo en buenas manos. - Apenas el medimago se marchó, el silencio se apoderó del cuarto.

-Nos vamos de aquí- ordenó Lucius ignorando la presencia de Hermione. Draco asistió con la cabeza - agradezco tu "ofrecimiento" por intentar ayudar – comenzó a decir arrastrando las palabras más de lo normal - pero me temo que buscaré a un medimago, que esté "a la altura" -levantó ambas cejas - …de sus pacientes.

-¿"A la altura"? – Preguntó la bruja completamente indignada - ¿A qué se refiere? ¿Con retraso mental? – Furiosa, también dirigió su mirada a Draco esperando a que saltara a la defensa de su padre como siempre solía hacer, pero esta vez nada pasó. Eso la confundió.

-Que "respetuosa" eres – Contestó Lucius con ironía, acercándose a ella con una mueca de costado, mirándola fijamente. Hermione lejos de sentirse intimidada le sostuvo la mirada.

-Narcissa morirá en un plazo de tres días si nadie la trata, y créame que buscar a alguien a la altura de sus estúpidos pensamientos será en vano. Sólo Daniel o yo le podemos poner fin a esto.

-Jura que eso es verdad – dijo de pronto Draco dirigiéndole la palabra por primera vez. Al contrario de Hogwarts, no habían señales en su rostro que reflejaran disgusto por verla o hablarle, como tampoco ninguna muestra de superioridad al ser un pura sangre.

-No miento – contestó, sin ver algún cambio de expresión en el rostro de Draco.

-Vámonos. – Ordenó Lucius - Aceptar ayuda de hijos de muggles sería lo último que aceptaré…

-¿La dejará morir? – Insistió Hermione reventando en ira sin poder creer la frialdad de Lucius – ¿Dejará morir a su mujer sólo por mi sangre? Esto no puede ser cierto…

-Dina, llévanos a Malfoy Hall – al terminar de ordenar esto, una alfa domestica con la cabeza gacha, salió detrás de la cama de su ama. Caminaba lentamente, como si temiera que le llegara algún repentino golpe.

-Si amo – Contestó obediente. Estaba tapada con un viejo trapo que se encontraba roto en varias partes.

Mientras la bruja veía sorprendida a la elfa, el mago menor se dirigió rápidamente a su padre.

-No puedes poner en riesgo la vida de mi madre, deja que ella la ve…

-Silencio – Lucius lo paró en seco, haciendo que su hijo retrocediera un paso. Hermione giró su rostro y esta vez dirigió sus ojos a Draco, suplicándole entrar en razón con la mirada, pero éste cortó el contacto visual al medio segundo de haberse cruzado con los ojos de ella.

Dina estiró sus brazos para tomar con sus manitas, las pálidas y frías manos de sus dueños. La castaña quiso impedir su huida, pero antes de que algo pudiera salir de su boca, los cuatro -excepto ella-, desaparecieron de San Mungo.


-¡Estoy tan enfadada!

-No debes preocuparte querida - le contestó Molly cortándole un poco de pastel de chocolate - Ellos siempre fueron así tan "seleccionistas".

-Al diablo con ellos. Tanta reproducción inciesta entre puros los vuelve estúpidos - contesto Ginny de brazos cruzados que hizo atragantar a George.

-Ginny comportante - ordenó Molly levantando una ceja.

-Admítelo mamá - siguió George entre risas - estuvo buena. Eso explicaría muchas cosas…

-¡Pues el tema de relaciones consaguientes se terminó aquí!. - ordenó fulminando con la mirada a ambos - Hermione querida, sírvete más café.

-Me enoja el hecho de que sean capaces de ver como Narcissa se va muriendo sólo por no dejar que yo la atienda. Simplemente soy… una hija de muggles.

-Que es más inteligente que su hijo – Siguió la pelirroja con una sonrisa en la cara.

-Y mejor amiga de Harry - añadió George.

-Miembro de la orden!

-Que ayudó a destruir a Voldemort.

-¡E Integrante del trio dorado!

-¡Basta ya! - El grito de Molly hizo que ambos hijos callaran, quienes estaban teniendo una lucha interna para no estallar en risas.

De pronto se vieron interrumpidos cuando sintieron otras voces provenientes de la entrada.

-Creo que Ron y Harry ya llegaron- dijo Molly yendo a ver, acompañada de George.

-Quería contarte algo, Herms…. - se le acercó la pelirroja lentamente, con una sonrisa nerviosa en su rostro - Serás la primera en saber, por lo que me gustaría que mantuvieras el secreto.

-Sabes que soy una tumba Ginny - respondió la castaña contagiada de la sonrisa de su amiga.

-Pues, con Harry estamos planeando…

-Buenos días - irrumpió en la habitación Harry con Teddy de la mano - Miren a quien tengo aquí- dijo revelando a su ahijado quien salía de detrás suyo muy tímidamente.

-Buenos días - saludó también Ron entrando, con Molly acomodándole su desordenado cabello naranja - Para de una vez mamá - le murmuró molesto, tratando de sacar la molesta mano de su madre.

La cara de Ginny demostraba no estar contenta con su repentina entrada

-¿Interrumpimos algo? - preguntó Harry observando a su tan conocida novia

-No - Mintió Ginny mirando a Hermione – Nada.

-Buenos días- saludó la castaña mirando a sus dos amigos, para luego acercarse rápidamente a Teddy, quien se agachó para quedar a su altura - Hola Teddy. Vaya, cada día estás más bonito.

-¿Verdad que si? - siguió Ginny olvidando la interrupción, acercándose también al pequeño.

-En seis meses cumplirá dos años - Dijo Harry aun tomándolo de la mano - pensaba celebrárselo aquí o en casa de Andrómeda

-Hay que festejarlo en grande, ¿verdad Teddy? - Hermione le acarició la blanca mejilla mientras el pequeño sonreía -Será el mejor cumpleaños del mundo- al terminar de decir esto, Teddy dio una sonrisa de costado, que a Hermione le recordó al mismísimo Malfoy.

Con la imagen de ese estúpido en la cabeza, se puso nuevamente de pie, Ron se acercó a ellos.

-Hace la misma mueca que el hurón odioso - le dijo una vez que estuvo al lado de ella como si le hubiera leído la mente.

-Siempre creí que era cosa de los Malfoy, pero al parecer viene de los Black - contestó haciendo referencia a la sangre del niño, quien ajeno a la conversación, había salido corriendo a jugar con unos bloques que le había traído George de la tienda, qué al lanzarlos al suelo, volaban por los aires prendiendo luces por todas partes.

-Hermione, ¿qué te dijo Daniel? - preguntó Harry acercándose.

Inmediatamente, Hermione les contó todo lo ocurrido en San Mungo, la misma historia que le había contado a Molly, George y Ginny apenas había regresado a la Mansión Black.


-De todas las personas que hay, ¿justo debió tratarse de uno de ellos? qué asco - dijo Ron.

Recién habían terminado de cenar, y los Weasley excepto Ron, habían regresado a la madriguera, dejando al trio de oro y Teddy solos. Este último estaba durmiendo sobre un sofá, agarrado de un oso de felpa traído de su casa.

-Al menos me relaja saber que si algo le sucede a Narcissa no será culpa mía. Yo me ofrecí y ellos me rechazaron.

-Todo sucede por algo Hermione - siguió Ron animando a su amiga - Alégrate. Mientras más alejada estés de esa familia mejor.

-Supongo- dijo no muy convencida, frotando sus manos luego de ponerse los guantes, dispuesta a irse.

-Yo no estaría tan tranquilo si fuera tu - interrumpió Harry con una voz más seria de lo normal, quien luego de observar la cara de confusión de Ron y el ceño fruncido de su amiga siguió - Los Malfoy son una familia que siempre hacen lo que más le conviene. Por lo tanto, saben cuándo rendirse. Si no logran conseguir a alguien que trate a Narcissa, volverán por ti.

-Quizá esto les suene raro, pero solo era Lucius quien se oponía a la idea – Se detuvo unos instantes pensando lo que iba a decir, ya que ni ella lo había analizado lo suficiente – Draco parecía… asustado. ¿Creen que ha cambiado?

-La guerra nos ha cambiado a todos – contestó Harry pensante.

-No bromeen, ese hurón sigue siendo un Malfoy. Estoy seguro que cada día se levanta pensando lo maravilloso que hubiera sido el mundo si Voldemort hubiera ganado la guerra.

-Te recuerdo que Narcissa tuvo mucho que ver con que ganáramos, Ron.

-Bueno, dale las gracias a ella, no a ellos. ¿Acaso piensan que ese estúpido ahora es bueno? Es igual a su padre.

Hermione quiso contestarle que había sido Draco quien no los había delatado en su mansión aquella vez que los Carroñeros los llevaron allí, pero hasta a ella se le haría extraño defenderlo tanto.

Tras un profundo suspiro, Hermione prometió no bajar la guardia, y estar pendiente e informarles en caso de que Draco o Lucius vuelvan como perros mojados a aceptar su ayuda.


Un par de días más tarde, Hermione volvía de The Gem envuelta en una gruesa bufanda, abrazándose a sí misma como si sintiera que esto le sacaba un poco el frío.

Londres estaba en pleno otoño, y las hojas secas volaban por todas partes, con un aspecto amarillento y seco. La fría temperatura hacía que la punta de su nariz tome un color rojizo, al igual que sus mejillas.

Ya habían pasado dos días

¿Cómo estaría Narcissa? Según su libro, personas con esta enfermedad, debían ser tratadas antes del tercer día, en caso contrario moriría. ¿Habrían podido conseguir a otro medimago "a su altura" quien pudiera hacer el tratamiento?

En pleno camino, sus pensamientos se vieron interrumpidos, y sintió como si un balde de agua helada le caía encima. Podía observar claramente como su casa –más bien la que rentaba- tenía la puerta abierta, las luces encendidas y todas sus cosas afuera. Denise parecía ser la protagonista del caso.

-¿Qué demonios hace? - pregunto exclamada, corriendo rápidamente hasta llegar allí - ¿qué significa esto?

-¿Qué significa? - pregunto levantando una ceja mirándola asqueadamente - significa que no voy a permitir que sigas viviendo aquí con dos meses de retraso – Contestó mirándola de arriba a abajo - Vamos a ver si consigues aprovecharte de otra vieja jubilada de donde vivir gratis - dicho esto, cerró con unas nuevas llaves la casa. Hermione pudo darse cuenta que había cambiado la cerradura de la puerta.

-¡Le dije que le pagaría en unos días! - exclamo aunque sabía que era en Vano.

-Ya me cansé de sus mentiras, jovencita. Buenas noches.

Dicho esto, Denise se dirigió a su auto, no sin antes dedicarle una mirada fulminante.

La bruja mordiéndose fuertemente el labio, llena de impotencia, se sentó rendida en el piso, sobre quién sabe cuántas hojas resecas.

Se sentía completamente triste. Jamás había pensado que se sentiría tan poco orgullosa de sí misma.

El viento soplaba fuerte, haciendo volar por los aires sus ondulados cabellos. Frotándose las manos, y doblando sus piernas, cayó sobre sus rodillas tratando de contener sus profundos deseos de llorar.

¿Quién iba a pensar que iba a terminar de esa manera? No tenía a su familia y Merlín sabía cuánto extrañaba el apoyo de su madre y los abrazos reconfortantes de su padre.

Una lágrima brotó de su ojo, y al levantar un poco la vista, pudo comprobar a Crookshanks sobre un árbol, que al verla saltó de el para irse junto a ella. Después de esto lloró lo que pareció ser una eternidad.


-Bien Dina, pásame el papel donde anotaste la dirección - dijo un hombre de más o menos veinte años de edad, a la elfa que tenía al lado.

-Si señor - contestó extendiendo su manita con un papel arrugado a su dueño.

-Jamás había venido a este asqueroso mundo muggle - murmuró el rubio plateado mirando con asco todo a su alrededor.

Ambos se encontraban escondidos en un edificio viejo y abandonado. Un lugar ideal para no ser visto por nadie.

-Ven aquí en media hora - ordenó sin verla, e inmediatamente salió por un hueco donde al parecer antes había existido una puerta. Comenzando un recorrido hasta la casa del ser que podría salvar la vida de su madre.

Todo le parecía sumamente extraño. Sobre todo no entendía por qué el piso estaba cubierto de pavimento. Aunque seguramente era para no manchar los zapatos. ¿No? Estúpidas ocurrencia la de los muggles.

Caminando en su forma habitual como si fuera rey del mundo, se sobresaltó al escuchar un horrible y fuerte ruido detrás de él, parecido al sonido de una bocina.

-Que mierda- susurró haciéndose a un lado de la carretera. ¿Cómo se atrevía ese estúpido auto en asustarlo de esa manera? De no haber visto que más autos pasaban por aquel camino pavimentado, hubiera vuelto a caminar por ahí, pero pensó que lo mejor sería ir por el costado.

Malditos autos. ¿Por qué mierda estos malditos seres carentes de magia se subían en ellos? Eran exageradamente grandes, duros y para nada atractivos. Si ahora estarían en su mundo, la gente se trasladaría en escobas por el cielo, sin molestar a las personas que andaban por el suelo.

-Que tal amigo, ¿tienes hora? - pregunto un chico de más o menos su edad, acercándose con tres personas más. Draco los miró con asco alzando una ceja. Contempló a uno con extraños agujeros en el rostro y cabello rojo; otro y con extraños dibujos en el cuello, parecido a lo que él tenía en su brazo, pero estas no se parecían a nada a la marca tenebrosa de Voldemort; y el otro con pocos dientes, y para colmo era el que más sonreía.

-Bonito reloj- dijo éste último con sonrisa maliciosa en la cara - pero creo que me quedaría mejor a mí, ¿no crees?

El rubio quiso seguir de largo. Estaba apurado y no tenía ganas de socializar con muggles. Suficiente había sido tener que mentalizarse en hablar con Granger.

-¿A dónde vas amigo? Te conviene darnos ese lindo reloj de oro, ¿y qué tal esos zapatos? - pregunto el de cabello rojo, acercándose hasta quedar a sólo pocos centímetros de él, por lo que Draco paró seco.

-¿Qué mierda quieren asquerosos muggles? déjenme tranquilo.

-¿Muggles? - pregunto uno conteniendo la risa, mientras su duro colorado cabello iba en dirección al viento.

-Parece ser metalero, mira aquellas ropas largas y negras.

-Metalero y… - contestó nuevamente el colorado contemplando a Draco seriamente – ¡Bielever! Mira su cabello – dicho esto, estalló en risas.

El mago los observaba completamente incrédulo.

¿Qué mierda era eso?

-No me temblará la mano si no se alejan rápido de mí – Draco estaba luchando contra sí mismo, conteniéndose para no agarrar su varita y hechizarlos.

Esta vez el grupo entero de delincuentes río, pero al parar de reírse, lo arrinconaron en una pared.

-Suficiente chistes por hoy amiguito - dijo el que parecía ser el líder de allí, el mismo ser que estaba todo tatuado - danos el reloj, ese anillo y quítate los zapatos.

-Vamos rubiecito - siguió otro acercándose más - si te resistes te golpearemos y créeme que no te conviene.

-A menos que quieras ver como tus sedosos cabellos lavados con Pantene terminan cubiertos de barro.

-No soy su amigo, tampoco sé que mierda son los mutaleros eso de bielver, pero no tendré piedad si no se alejan de mí.

-Este tipo es todo un cómico - dijo uno por detrás con tono irónico, pero todo indicaba que al líder no le había echo ningún chiste, puesto a que sin pensarlo golpeó al rubio en la cara, reventando su blanca nariz

-Danos todo. Ahora- ordenó.

Draco se llevó una mano a la cara, y al comprobar que estaba cubierta de sangre, enfureció

-¡Desmaius! - exclamó frente al que lo había golpeado, lanzándolo a metros de donde se encontraban, contemplando perfectamente como se hacía añicos contra el piso. Los otros al ver lo que le había ocurrido, comenzaron a caminar de espaldas, mirando completamente asustados al ser que tenía la varita en mano - ¿y ustedes qué? - pregunto observándolos hecho un furia.

-Es… ¡es el diablo! - gritó uno completamente aterrorizado.

Antes de que Draco pudiera decirles algo, se alejaron corriendo, dejando a su líder en el suelo, desmayado.

Con la sangre seca aún en su mano, desenvolvió la dirección que le había dado Dina, comprobando que estaba en la calle correcta según un letrero a su izquierda. Observando una casa amarillenta, estaba en la casa número 15, pero él buscaba la 23.

De pronto, siguiendo la calle mirando atentamente el número de todas las casas, se extrañó al ver a una persona sentada en el suelo abrazando sus piernas. El viento jugaba con aquellos cabellos castaños. ¿Sería Granger?

Acelerando el paso, cada vez que se acercaba más, más podía confirmar que se trataba de ella. En pocos segundos, al estar frente a su objetivo, alzo una ceja ante lo que estaba viendo: una pequeña mujer abrazada a sus delgadas piernas, mientras sus ondulados y feos cabellos iban desordenados en dirección al viento. Quiso acercarse lentamente, pero algo lo detuvo un seco. La bola de pelo naranja posicionada al lado de ella comenzó a acercarse a él, maullando.

¿Acaso el mendigo de Weasel se había convertido en animago? Al maullar, la castaña alzó la cabeza. Al juzgar por lo colorado de sus ojos, había estado llorando quien sabe por qué, pero tampoco le importaba.

-Mal...Malfoy? - pregunto desconcertada, poniéndose de pie en cuestión de segundos.

-Entiendo que hayan delincuentes en esta zona, pero no soy uno de ellos - dijo mientras contemplaba la cara de sorpresa que ella tenía y pareciera que no se le iba a ir con facilidad

-¿Qué haces aquí? - pregunto en una forma que parecía ser de susto y enojo a la vez - por… ¿porque tienes la cara así?

Con un fuerte suspiro y sin pensarlo, el mago la alcanzó en cuestión de segundos. Hermione retrocedió un par de pasos evitando inútilmente ser alcanzada.

-¿En serio que no sabes que mierda hago aquí? - preguntó con sus ojos grises fríos como una piedra, que al juzgarlo por lo oscuro que estaba la noche, se veían completamente negros.

-Dímelo tu - dijo ella dando pasos de espalda. Adentrando a un pequeño pasillo que separaba las dos casas, como si pudiera eludir que éste no se siguiera acercando.

Apretando fuertemente los dientes, Draco la sujetó de los hombros de forma brusca, tirándola hacia la pared. La bruja no pudo evitar quejarse del dolor.

-¡Deja de jugar! - exclamó enojado

-¡Creí que te daba asco tocarme! - grito ella mirándolo de frente

Draco la soltó rápidamente, sin hacer desaparecer su ceño fruncido.

-Mi madre está mal - dijo más calmado, pero aun conservando la misma seriedad y la misma mirada.

-¿Has vuelto como perro mojado? Creí que iban a buscar por cielo y mar a un mago de su "altura"

Draco queriendo mantener su orgullo intacto, no sabía cómo empezar a decirle lo que quería proponerle.

De pronto mientas desviaba su vista en busca de palabras para comenzar a hablar, contempló lo que había a su alrededor: grandes maletas, tres de diversos colores. Pensante y uniendo fichas, llevo de los nuevo su vista a ella, quien aún mantenía los ojos hinchados y rojos.

Ahora todo era más fácil.

-¿Tan miserable se ha vuelto tu vida que no eres capaz de pagar una simple "choza"?

Hermione bajó la miraba mientras la impotencia la consumía. Sin darse cuenta sus ojos comenzaron a humedecerse, pero no quería derramar una lágrima frente a él. Una cosa era que ella misma se avergonzara de si, y otra muy distinta era que estuviera Draco Malfoy riéndose de ella.

El mago al verla en ese estado, sintió algo dentro de sí que no supo identificar, pero lo relacionó inmediatamente con compasión, y eso lo aterró. Como mierda podía estar pensando esas cosas en ese momento. Su madre estaba muriendo. ¡Joder!

-Vine a proponerte algo, que nos convendrá a los dos - dijo secamente. No iba a permitirse sentirse débil frente a ella.

-¿Con que saldrás Malfoy? ¿Con algo como que debería matarme para volver a nacer, así dejaría de sufrir y tú de verme?

Draco puso los ojos en blanco, dando un suspiro. Hermione se sintió avergonzada por largos segundos.

-Necesito que cures a mi madre - arrastró las palabras, tomando valor para proponer lo siguiente.

-Eso lleva muchos meses - contestó ella con voz quebradiza, pero aun así con mucho valor

-Como recompensa Te pagaremos por mes. Y al finalizar te compraré la casa que tú quieras, donde quieras y te olvidaras de los alquileres que al parecer se te hacen un dolor de cabeza

Hermione tragó grueso y levantó su vista para enfrentar sus fríos ojos de basilisco.

-Pues empecemos entonces - dijo y Draco abrió enormemente sus ojos - ¿en verdad te sorprendes? A diferencia de tú y tu familia, sabes que yo no dejaría a alguien morir - suspiró- Démonos prisa, tu madre me necesita y yo debo conseguir donde quedarme esta noche- al querer comenzar a caminar, Draco la paro en seco.

-Olvídalo - le dijo y Hermione levantó la ceja completamente confundida - Yo necesito a alguien que se dedique al cien por cien de mi madre. No nos podemos arriesgar a que algo malo ocurra.

-¿Qué quieres decir? – Preguntó - ¿Acaso no les bastará que vaya tres veces al día para el tratamiento?

-Quiero decir, que hasta que no termine el tratamiento. Vivirás en Malfoy Hall.