¡Holas Dramioneras!
Acá dejo un nuevo capítulo :D
Espero que les guste.
Quería agradecer los reviews de los capítulos anteriores
como también a aquellos usuarios que lo pusieron en favoritos o la están siguiendo.
¡Saludos! Brabura
Capítulo 3
-Quiero decir, que hasta que no termine el tratamiento. Vivirás en Malfoy Hall.
-No puedo vivir allí. Eso es imposible - dijo tratando de buscar las palabras justas que explicaran el motivo de la negación ante la inesperada propuesta, pero él interrumpió sus pensamientos.
-Lo único imposible permitirte seguir viviendo así – contestó directo - ¿Te echaron? Increíble, ¿vivirás de la tierra? - su tono irónico hizo que la castaña mordiera fuertemente sus labios. No sabía qué contestar ante eso, y lo peor es que era cierto. ¿Dónde más podría vivir ahora? Tenía tres alternativas: La primera era estar incómoda en casa de Ron; La segunda era en la mansión de los Black, estorbando el pleno romance de Harry y Ginny,-que para cualquiera de estas dos opciones debía ir tres veces al día a la mansión de los Malfoy- O la tercera y más conveniente: Vivir directamente donde estaba su paciente.
Merlín, en qué me has metido…
-Debo estar loca… - dijo sin poder creer la opción que había tomado, sin animarse a mirarlo – Pero supongo que es la opción más conven…
-Bien - dijo él luego de haber escuchado lo suficiente. Sin pensarlo le dio la espalda, saliendo de aquel angosto y frío pasillo.
Hermione sintió que su apuro se debía a la salud de Narcissa. Con un suspiro lo siguió, aunque la propuesta aún le daba giros por la cabeza.
¿Cómo se lo contaría a Ron y a Harry? No podía. Definitivamente no podía, menos cuando les había prometido no bajar la guardia contra ellos. ¿Qué les diría? Algo así como: "Hola si, ya sé que Los Malfoy sueñan con ver a los sangre sucias extintos, pero ¡Adivinen que! ¡Viviré en su mansión! Justo en la boca del lobo…
Definitivamente imposible.
Tuvieron una pequeña pelea antes de partir, ya que el ex Slytherin quería tirarle un Diminuendo a sus maletas para así acelerar el paso, pero Hermione insistía en que no podía utilizar magia en esa ciudad muggle. Aunque hizo lo posible por evitarlo, el mago sacó su varita y se salió con la suya. Hermione dio un suspiro.
-¿Dónde vamos? - preguntó llevando sus tres maletas una encima de la otra, sin la más mínima ayuda de él, pero esto no la sorprendía en lo más mínimo.
-Aquí derecho- contestó con la vista hacia el frente, mientras hojas resecas iban en dirección al aire. De pronto algo le llamó su atención, y bajó la mirada al ver a la bola de pelos que los estaba siguiendo.
-¿Qué mierda es esto? - preguntó con un tono de voz más alto. Le daría una patada y lo sacaría volando si pensaba que eso iba a ir a su mansión
-Mi gato - contestó ella a la defensiva.
-Esto se queda aquí - dijo acelerado aún más el paso.
-No estás en condiciones de negociar Malfoy - contestó ella pero de pronto se encontró con un edificio abandonado. Pudo observar como el rubio entraba por el hueco con forma de puerta, aunque sin presencia de ésta. Con un suspiro, hizo lo mismo que él. Dentro de aquellas viejas paredes, sólo estaban iluminados por la luz blanca de la luna. El suelo estaba cubierto por decenas de latas de cerveza vacías, como también coletas de cigarros.
-¡Te lo juro! ¡Era el diablo! estaba vestido de negro, ¡e hizo magia con una varita de la muerte!
Hermione quedó helada tras escuchar hablar a un ser cerca del edificio.
-¿Hechizaste a una persona? - preguntó por lo bajo totalmente estupefacta.
-Ladrón- contestó el ex Slytherin sin darle mucha importancia.
Por como tenía la nariz, la bruja no molestó con más preguntas, pero estaba segura que se podía haber evitado sin hacer uso de la magia.
De pronto una elfa apareció ante ellos. Hermione la reconoció en el acto: era la misma que había aparecido en San Mungo días atrás.
-Dina - dijo Malfoy mirándola fijamente - A la mansión.
La castaña al escuchar las palabras de Malfoy, sabía que Dina iba a aparecerlos, por lo que rápidamente se las ingenió para dejar las maletas reducidas en un brazo y tomar a Crookshanks del otro.
Aparecieron en lo que parecía ser el vestíbulo de la mansión. Era enorme, pero estaba muy poco iluminado. Hermione trataba de equilibrarse, puesto a que la repentina aparición la había dejado un tanto mareada. Miró a Draco quien se encontraba muy serio, con los ojos fijos en la enorme puerta de madera que daba paso a la siguiente habitación. No se atrevía a hablarle.
Levantó su vista para contemplar el lujoso decorado. Todo parecía ser muy costoso, aunque debía admitir que los retratos le daban un poco de miedo, jamás le habían gustado los cuadros de personas ya fallecidas, menos con caras tan serias como aquellas.
Pudo contemplar perfectamente cuando Malfoy tomó con su blanca mano derecha, el picaporte de bronce, abriendo cautelosamente la puerta.
-Sígueme - ordenó. Hermione obedeció con la cabeza por más que este le estuviera dando la espalda.
Tenía miedo, ya que con solo al entrar al enorme salón, pudo recordar la tortura que había tenido que soportar la última vez que había estado allí. Su corazón comenzó a latirle con mucha fuerza, y por unos segundos sintió que se le iba a salir de su pecho. Tenía su vista fija en el suelo, y tragaba con dificultad. Era una estúpida, ¿Cómo había aceptado ir a vivir allí, como si nada, luego de las incontables pesadillas que había tenido con ese frío lugar?
Draco la miraba entendiendo perfectamente lo que pasaba por su cabeza, ya que él mismo había sido testigo de lo ocurrido, pero no había tiempo de consolar a nadie, ni menos a ella. Además… ¿qué le podría decir? A él jamás lo habían ido a animar luego de la guerra, y allí estaba. De pie, en su fría mansión, ex cuartel del Lord Tenebroso, que había sido testigo de incontables asesinatos a gente… ¿inferior?
El platinado carraspeó la garganta, y siguió liderando el camino dirigiéndose al primer piso. Iba con mucha prisa y la bruja pensaba que no era para menos.
Se detuvieron frente a una enorme puerta de madera. Draco respiró profundo antes de entrar. Una vez dentro Hermione pudo observar dentro de la enorme habitación un ropero del mismo color que la madera de la cama, las mesas de luz, y el tocador. Acostada en la cama doble plaza se encontraba Narcissa, totalmente ajena a su llegada. Vestía con ropa cómoda debajo de las gruesas frazadas pero finas sábanas del mismo color que las cortinas de terciopelo.
-Te agradecería si me dejaras a solas con ella - le pidió tranquilamente. Draco sin contestar se fue por el mismo camino por el que había entrado.
La bruja observó detenidamente Narcissa. Parecía dormida. Estaba desmaquillada, y mal peinada, sin lugar a dudas era realmente raro verla así.
Haciendo las sábanas a un lado, puso al descubierto su plano vientre, percatándose de la helada temperatura que tenía su cuerpo.
Debía darse prisa
Tres horas habían pasado desde aquello. Estaba agotada, pero estaba segura que se recuperaría, aunque sería un tratamiento largo, demasiado.
Al salir de la habitación se dio cuenta de la presencia de Malfoy, quien la miraba exigiéndole un diagnóstico. En aquella oscuridad, solo resaltaban sus ojos grises.
-¿Y bien? - preguntó sin pestañear.
-Se recuperará.
-¿Qué tal te fue? - Preguntó al día siguiente Draco viendo como su padre se dirigía a la mesa del salón para desayunar - ¿Alguna noticia en el Ministerio?
-Me temo que no - contestó él arrastrando las palabras con una molesta mueca en el rostro - No hay caso. Nadie tiene la más mínima idea de quienes pueden ser culpables del robo - Draco levantó las cejas y dirigió nuevamente su vista al diario El Profeta – Al parecer fue alguien de confianza, puesto a que todos afirman no haber visto a nadie sospechoso aquél día.
-De todas formas el daño ya está hecho, qué más da saber quién fue o no…
Lucius lo miró extrañado, parándose agresivamente a su lado.
-No descansaré hasta que ese maldito se pudra en Azkaban, y tú deberías hacer lo mismo - Draco mantuvo el silencio, y sin mirarlo hizo una mueca que enfureció a su padre - ¿A qué se debe ese… gesto? - preguntó molesto.
-¿Piensas que soy estúpido? - preguntó con un tono para nada agradable, bajando el diario con ambas manos, mientras levantaba su vista para enfrentar los ojos de su padre - Pretendes interesarte en esos estúpidos ladrones para asegurarte un cargo en el Ministerio. Puede que aún tenga 20 años, pero no soy idiota.
Justo se en el grano
Lucius carraspeó la garganta, llevando su vista hacia el costado, mientras tragaba nerviosamente. Tomó la rápida decisión de sentarse en la cabecera de la mesa, pero al intentar empujar de la silla hacia afuera y así tomar asiento, se sorprendió al notar lo pesada que estaba. ¿Qué había allí? Volviendo a insistir tiró de ella aplicando más fuerza.
-Que… ¡¿Qué es esto?! - preguntó exclamado al ver al gato de Hermione acostado en su asiento; quien luego de los gritos se había despertado dando un profundo bostezo - ¡¿Qué es esto?! - repitió alterado mientras lo veía saltar al suelo, para así estirarse y afilar sus uñas en la costosa alfombra.
Draco abrió la boca para contestar pero nada salió de su boca. Era obvio pensar a quien le pertenecía…
El Malfoy mayor, aun enfadado tomó asiento. Draco pudo contemplar perfectamente como apretaba sus dientes.
-¿Ha traído otras "sorpresas" esta joven? - preguntó - Dina tráeme un café.
-No - contestó dando un sorbo a su té cargado - supongo...
-Escúchame… - respiró hondo, buscando las palabras perfectas para empezar a hablar, queriendo aclarar todo con su hijo, quien siendo un Malfoy había descubierto sus planes - Un puesto en el Ministerio nos brindará poder, y no quiero descansar hasta conseguir un cargo… importante - Draco puso los ojos en blanco, lo sabía, lo sabía.
-¿Qué te hace creer que confiaran de nuevo en nosotros? ¿Te recuerdo cual era el cuartel del Lord Tenebroso? ¡Esta mansión lo era!
-¡Tu madre salvó a Potter, y ninguno peleó luego de aquello!
-No basta - Draco levantó nuevamente el diario con ambas manos, completamente furioso - Deberíamos agradecer que no nos mandaron a las celdas de Azkaban.
-¿No basta? ¿No basta? ¿Quién crees que se "ofreció" para hacerse cargo de los gastos de San Mungo luego de que arrojaron esos malditos frascos? ¿Quién crees que anda sumamente preocupado, ayudando a los aurores a investigar a los culpables? ¿Quiénes no pelearon a favor de Voldemort en la segunda guerra? ¿Quiénes mintieron acerca de la muerte de Potter? ¿Quiénes andan manteniendo a la maldita del trío dorado en su propia mansión? ¡Nosotros! ¡Nosotros estamos conviviendo con una sangre sucia! ¿Crees que es poco? Si eso no los convence me las tendré que ingeniar para buscar otras razones, pero no creas que no intentaré hacer nada con todas esas cosas a nuestro favor, sin mencionar la cantidad de préstamos que hemos realizado.
-Claro, tener a Granger aquí seguro le hace convencer a Kingsley que la tratamos como reina - añadió Draco con sarcasmo - Por favor… Esa saldrá de aquí hablando pestes y para el tonto del Ministro su palabra es Santa.
-A menos que… - Lucius dio media sonrisa abriendo enormemente sus ojos.
-¿A menos qué?
-Que ella no tenga… porqué mentir - Draco completamente confundido no lograba entender lo que su padre quería decirle.
-Explícate – preguntó curioso.
-Llévate bien con ella Draco. Escúchame atentamente. Se me acaba de ocurrir algo.
Draco se estaba duchando. Las palabras de Lucius y su extraño pedido aun lo tenía pensante. ¿En verdad ese era su padre? Era obvio que a cambio de poder era capaz de hacer cualquier cosa, y aprovecharse de cualquier situación, jugando con todo lo que se encontraba a su alrededor, pero ya sacar provecho de la salud de su madre y un buen trato para una "sangre sucia" era demasiado.
En cuestión de minutos el baño quedó cubierto de vapor. El agua caliente caía sobre su nuca, chocando con ésta misma, dándole una sensación de alivio aunque su mente estaba inundada de problemas que al parecer no tenían una inmediata solución. Era el único lugar donde podía pensar en paz, aunque más de una vez también se había convertido en su lugar de desquite, donde enfurecido, había golpeado tan fuerte las paredes hasta hacer añicos sus nudillos.
Quizá su padre tenía razón y debían sacar el mayor provecho con Granger allí.
Enjuagaba sus cabellos lentamente, mientras nunca antes imaginadas imágenes tratándola bien daban vuelta por su cabeza. Si bien era cierto el hecho de que su prejuicio por los impuros había desaparecido, ser amigable con ellos era algo sumamente extraño y para nada sencillo. Ella no era tan estúpida, por lo que era obvio que iba a dudar de su cambio de personalidad. ¿Cómo iba a hacer?
-Maldita - susurró en voz baja.
Al terminar de ducharse, se secó y rápidamente se puso su bata verde, abrochando la tira de la cintura con un nudo desprolijo, dejando partes de su pecho al descubierto.
Era temprano, y lo más probable era que ella aún durmiera, por lo que podría aprovechar en ir a ver a su madre.
En pantuflas, con los cabellos totalmente húmedos y desordenados, comenzó a dirigirse a la escalera que iba al primer piso de la mansión, pero justo al llegar a ella, pudo notar desde abajo como Granger salía del cuarto de Narcissa. Ella inmediatamente lo vio.
-Buenos días Granger - Saludó y ella se sorprendió. ¿Buenos días? ¿Malfoy diciéndole buenos días?
-Hola - contestó tragando confusa.
-¿Te sorprendes? ¿Acaso los muggles no se saludan cada mañana?
-Me sorprende que seas tú el que le esté diciendo buenos días a un hijo de muggles, Malfoy. Es más… es preocupante. ¿Ha ocurrido algo? ¿Le pasó algo a alguien que conozco?
El rubio se llevó una mano a su cara. Maldito sea su padre y el extraño favor que le había pedido.
-No sabía que ibas a hacer tanto escándalo por un simple saludo. Vivimos juntos. ¿O no? De saber que te pondrías así hubiera preferido no saludarte.
-No quieras que lo tome como algo natural, cuando vivimos en el mismo castillo por seis años y siempre que me encontrabas lo que menos hacías era saludar amablemente.
-¡Las cosas cambiaron Granger! - respondió apretando los puños, dejando completamente a un lado su planeado buen trato, contestando como él realmente se sentía, sin máscara alguna - Luego de la guerra todos cambiamos, y con ello maduramos. ¿Acaso tu no? Me sorprendería saber que lo que tenías de inteligente también lo tienes de rencorosa.
-¿Rencorosa? - respondió con una risa irónica - es obvio que maduré, pero no me hagas creer que tú has cambiado, cuando hace tan solo unos días atrás no querían contratarme justamente por mi sangre.
-¿Yo? - respondió subiendo un escalón, al igual que su mentón - repítelo… ¿mi padre o yo?
Hermione tragó en seco. Era cierto, el único que se había negado había sido Lucius.
-Bien, fue él - admitió tragando en seco - pero… pero tú… tú estabas asustado, por eso la sangre no te importó, como tampoco te hubiera importado contratar a una rata en mi lugar con tal de salvar a tu madre.
-¿Tan mal esta eso? Que ya no tenga nada contra los de su raza no significa que los ame Granger. Entiéndelo.
Hermione comenzó a morderse los labios, confusa.
-Bien - dijo odiando al punto al que había llegado un simple saludo - Buenos días, Malfoy. ¿Feliz? - sin mirarlo, comenzó a bajar por las escaleras. No quería verlo, seguramente tenía esa estúpida mueca en su rostro. Típica de él.
El rubio comenzó a subir a medida que ella bajaba, pero de pronto pudo notar como Granger perdía el equilibrio, cayendo hacia adelante
Encima de él
Draco en una milésima de segundo intentó sostenerla para que no se lo llevara encima, pero el intento fue en vano. Ella se desplomó sobre él, y cayeron hasta el fin de las escaleras.
Con su cabeza apoyada en el costado del cuello del rubio, la bruja pudo sentir el aroma de su pelo recién lavado, y el calor que aún conservaba su cuerpo seguramente por el agua caliente
-Que mierd… - comenzó a quejarse adolorido.
-Lo… Lo siento - se disculpó Hermione tratando despegarse del cuerpo de él, totalmente avergonzada, pero al darse cuenta que una de sus manos estaba apoyada en su torso desnudo, la quitó bruscamente, perdiendo el equilibrio, volviendo a caerse encima otra vez.
-¡Ahhg! - Se quejó Draco con el ceño fruncido - ¿Tenías que caerte de nuevo sobre mí? ¡Demonios! ¡Sí que eres estúpida!
-Lo… lo lamento - volvió a disculparse y al abrir sus ojos se dio cuenta cuán cerca estaban sus rostros. Juraba que podía escuchar su respiración, su aliento mentolado cada vez que abría su boca para quejarse, como también ver cada pequeña marca de su fina piel, sobretodo la herida de su nariz por el supuesto robo de ayer.
-Tus disculpas no me quitan el dolor - contestó abriendo los ojos, pero por unos segundos olvidó la caída, quedando perdido en su mirada color avellana, decoradas con largas y encurvadas pestañas.
Hermione se dio cuenta que nunca antes lo había tenido tan cerca. Sus ojos eran fríos, desiertos, pero esta vez no estaban acompañados de un enojado y fruncido ceño. De pronto sintió como Malfoy sin permiso, con ambas manos la tomó por su delgada cintura haciéndola a un lado.
Abruptamente a un lado.
El rubio se puso de pie acomodándose la bata.
Maldita sea Granger, su padre, la escalera y su horrible gato. No sabía porque incluía a este último, pero todo respecto a ella en ese momento lo maldecía.
-Trata de ver las escaleras al subir o bajar. Podrías haberme matado - ordenó subiendo nuevamente las escaleras.
Hermione no contestó.
-Ron ¿Sabes algo de Hermione? - preguntó Harry mientras sostenía una carta escrita por él mismo.
-Pues, trabajando de seguro - contestó sorprendido tras la repentina pregunta de su amigo - ¿por qué lo dices?
-Por nada, es sólo que…
-Harry le mandó una lechuza a Hermione, pero la lechuza volvió con la carta aun atada en la pata - contestó Ginny un poco alterada, evitando la mirada de Harry quien sabía que la estaba mirando un poco molesto - Harry no quería que supieras, pero es raro, ¿no lo crees?
-Quizá… solo fue de compras – contestó el colorado confuso.
-La lechuza no hubiera vuelto en caso de que Hermione aun siga viviendo allí - dijo Harry ya no queriendo guardar nada, exponiendo su preocupación, mientras tiraba la carta encima de la mesa de la mansión Black.
-Les dije que andaba mal de dinero - agregó Ginny arqueando una ceja - Pero hay otra cosa que a Harry le preocupa…
-¿Qué? – preguntó Ron frunciendo el ceño buscando respuesta.
-Malfoy – contestó la pelirroja, haciendo que su hermano se pusiera más blanco de lo normal.
-¡Mataré a ese maldito oxigenado si le hizo algo, Harry! – Exclamó parándose de la silla, al mismo tiempo que su amigo daba un bufido tirando su cabello hacía atrás.
-¿Te das cuenta porque no quería decirle nada? - susurró viendo de reojo a su novia – Escucha Ron – ésta vez llevó su vista hacía él - No quería asustarte con algo como esto, quizá simplemente ella se mudó y…
-¡Lo mataré! ¡Y le meteré una saeta de fuego en el culo!
-Cálmate Ron – pidió Ginny a su hermano.
-¡Maldito hurón apestoso!
-¡Hermione sabe lo que hace! ¡Ella tiene cerebro! – Insistió la pelirroja, queriendo gritar más fuerte que él para ver si así podía hacerlo callar.
-¡Y los Malfoy una marca en el antebrazo!
-¡Demonios! ¡Odio cuando te pones así!
-No creo que le haya hecho algo. Dado que ella era la única capaz de curar a Narcissa - intervino Harry haciendo callar a ambos - Además Hermione no es idiota, Ron. Es muy inteligente, estoy seguro que está bien.
-¿Bien? ¡Sabes qué clase de personas son los Malfoy! Mira si Narcissa no aguantó la enfermedad y le causaron el mismo destino a Hermione? ¡La culparán!
Hermione se encontraba en la gigante cocina de la mansión. No pensaba comer lo que cocinaban los pobres elfos que usaban de esclavos. Ella tenía manos y podía hacer tranquilamente uso de ellas.
Le dolía un hombro, pero lo asociaba a la caída. Que torpe había sido. Por huir de su mirada se lo había llevado puesto, cayendo hacia el piso. Pero había algo que no podía sacar de su mente, y eran sus ojos.
No podía negarlo, Malfoy era muy apuesto, pero era un ser con un pasado sumamente oscuro y aterrador, sobre todo para ella, que más de una vez habían planeado terminar con su vida y la de sus pares.
-Demonios Granger - entró de pronto Draco tapándose la nariz totalmente asqueado - Si vas a quemar la comida te recomiendo que dejes cocinar a los elfos.
-No esta quem… ¡Oh demonios se quemó! - gritó desesperada haciendo a un lado la sartén.
-Si pensaras menos en la comadreja quizá harías las cosas bien…
-¡No estaba pensando en él!
-¿A no? ¿Y en quién?
En ti…
-En nadie. ¡Cuidado! – Gritó al ver como él estaba por agarrar la sartén, seguramente para tirarla lejos y hacer desaparecer el olor a quemado.
-¡Ah demonios! ¡Demonios! ¡Duele maldita sea! - Se quejó sacudiendo su mano de arriba hacia abajo a la velocidad de la luz.
-¡¿Cómo se te ocurre agarrar la sartén por ahí?! ¡Por algo tiene mango! ¡Estúpido!– gritó la bruja acercándose a él, pero sin animarse a tocarlo.
-¡Quería alejar ese asqueroso olor! - gritó tratando de decir algo evidente mientras la fulminaba con la mirada - ¡Mierda que quema!
-¡Eso es por meterte donde no te llaman!
-¡Dina sirve para algo y has desaparecer esa maldita olla!
-¡No le hables así! Y es una sartén.
-¡Da igual! Merlín, esta mierda arde… - La bruja al ver su mano enrojecida, se apiadó por unos segundos de él, y rápidamente se dirigió a la canilla de agua fría.
-Pon tu mano aquí – le pidió amablemente antes de abrirla. El mago obedeció – A ti sólo se te ocurre hacer algo así… - La bruja abrió el grifo, pero un fuerte chorro de agua fría salió de allí, mojándo toda la manga del mago.
-Genial… - dijo mirándola de reojo mientras la bruja se tapó la boca con una mano, totalmente avergonzada.
El mago cerró el grifo dando un fuerte suspiro, quitándose su blanca camisa de un saque.
-No creo que tarde mucho en seca… - Hermione se sonrojó a ver el abdomen desnudo del rubio, donde también dejaba ver vellos rubios que venían de más abajo.
-No tengo tiempo para esperar - preguntó totalmente ajeno - ¿Planeas matarme? primero me tiras y ahora esto.
-¡"Esto" no fue mi culpa, y lo de las escaleras sólo fueron tres escalones hacia abajo!
-Hubiera sido más divertido si justo debajo estaba tu asquerosa bola de pelos.
Draco estaba en la oficina de su mansión. Trabajaba haciéndose cargo de importantes préstamos de dinero que daba su familia a reconocidas tiendas que se habían visto destrozadas luego de los ataques en el transcurso de la guerra.
Tales "negocios" le brindaban poder en muchísimas tiendas del callejón Diagon y Knockturn, pero sin duda el más importante había sido la "ayuda" al Banco de Gringott.
Él solía quedarse allí, a la espera de que los clientes fueran a pagarle como hacían casi todos los meses hacía más de un año, mientras su padre trataba de ganar un cargo en el Ministerio.
-Señorcito, la señorita vino a verlo – Dijo de pronto una elfa entrando a la oficina.
-Déjala entrar Dina - contestó el rubio desde el escritorio.
-¡Draco! – gritó Pansy entrando rápidamente.
-¿Pansy? - preguntó sin poder creer lo que estaba viendo - Creí que seguías de viaje.
-Lo estaba - contestó acercándose más a él, enroscándolo con sus brazos - Pero me enteré lo de Narcissa y quise volver inmediatamente - dicho esto, llevó sus labios hacia los de él, para morderlos e introducir su lengua para jugar con la de él - te extrañé.
Draco se alejó y se llevó una mano hacia el cabello, tirándolo hacia atrás.
-Las cosas ya están bien - dijo sentándose nuevamente en su asiento. Su novia lo siguió hasta quedar parada al lado de él.
-Leí en El Profeta que conseguiste a quien pueda tratarla - comenzó a acariciarle el pelo - Me alegra que… ¡achis! - estornudo inesperadamente - me alegra que… ¡achis! ahh demonios ¡achis!
-¿Te encuentras bien? - preguntó Draco levantando una ceja.
-Claro que… ¡achis! - Pansy tapándose de la nariz acercándose a la gran ventana, y de pronto con su dedo índice comenzó a señalar desesperada algo de atrás del sillón negro de la oficina - ¡Un gato! - exclamó desesperada.
-¿Qué? - preguntó confuso el rubio yendo hacia donde estaba señalando su novia, justamente para ver el gato de Granger durmiendo allí, en frente de la chimenea.
-¡¿De dónde sacaste esa asquerosidad?! - preguntó enojada aún con su mano en la nariz a una distancia considerada del animal.
-No es mío - dijo él no sabiendo si acercarse a ella o hacia el animal para pegarle una patada y largarlo de ahí.
-¿No? ¿Y de quien se supone que es?
De pronto la puerta de su oficina se abrió, haciendo que los dos voltearan a ver quién era.
-Crookshanks, ¿estás aquí? - susurró Hermione entrando cuidadosamente, agachada con pasos silenciosos, ajena a que estaba siendo observada por cuatro ojos.
-¡¿Granger?! - gritó Pansy y Hermione sobresalto completamente asustada - ¡¿qué hace ella aquí?!
-Es la sanadora. Relájate Pansy – Pidió el platinado, ya harto de los gritos.
-¡¿Qué me relaje?! ¿Ésta está viviendo aquí con esa cosa?
-¡"Ésta" tiene nombre! - contestó la castaña totalmente enfadada.
-¡Draco! ¡Échala de aquí! ¡Tu padre te matará si se entera de esto! Estás traicionando a tus antepasados, como se te ocurr…
-¡CALLATE! - gritó el rubio completamente enfadado haciendo que el silencio por unos segundos reinara en la habitación - ¡Granger, no quiero que vuelvas a entrar sin tocar! - ordenó apretando fuertemente los puños - Y por favor llévate a esa bola de pelos de aquí.
-Ya puedo sentir ronchas en mi piel - añadió Pansy victimizándose pero se calló al ver la mirada enfurecida del platinado.
-Mejor dile a tu noviecita que no se meta conmigo - contestó la bruja, y tomando a su gato en los brazos se marchó de allí.
-¿Hacía falta todo esto? - preguntó Draco mientras Pansy vergonzosa huía de su mirada.
-No entiendo por qué está esa viviendo aquí – contestó enojada acercándose a él - ¿Te has vuelto loco? ¿Vivir con Granger? ¿Te olvidas quien es ella?
-Ya cállate de una puta vez – La pelinegra paró en seco - Está cuidando a mi madre, ¿A qué se debe tanta furia?
-¡Me da rabia! – Exclamó desde su lugar - ¿Sabes que me enoja? que llevamos cinco años de novios, pero de un minuto a otro ella te tiene más cerca que yo.
-¿Más cerca? ¿A qué quieres llegar? – El rubio abrió sus manos desde ambos lados de su cuerpo exigiendo una explicación.
-Pienso que deberíamos dar el siguiente paso. No lo sé… ¿Nunca has pensado en casarnos?
-¿Qué?
