¡Holas Dramioneras! Acá traigo el cuarto capitulo del fic.
Lamento mucho haber tardado tanto, ya saben... la universidad exige mucho tiempo :C
Pero bueno, ¡22 páginas! Espero les guste y no se aburran jajaja
Espero comentarios haganme saber que pasa por su mente al momento de leer esto xD
Ahora si, las dejo tranquilas.
¡Saludos! Brabura
Capítulo 4
-"Ay ya tengo ronchas" - repitió Hermione en su cuarto con Crookshanks en los brazos, imitando con un torno de burla la voz de Pansy - Siempre "tan simpática" - siguió, dejando al gato en el suelo, mientras se lanzaba de espaldas a la cama.
Luego de refregarse con una mano su ojo derecho, llevó su mirada hacia la ventana de la habitación. Si bien las cortinas no estaban del todo cerradas, una pequeña parte dejaba ver hacia afuera. Todo estaba oscuro, y lo único que se podía observar con claridad eran las luces exteriores. Era casi como estar en un castillo alejado de todo lo demás, sin vecinos o algo similar.
El pensar qué iban a decir sus amigos cuando se enteraran que ella estaba viviendo allí le dejaba los pelos de punta. No sabía cómo explicarles o comenzarles a informar algo semejante como aquello. Dio un suspiro profundo. Era curioso imaginar las miles de reacciones que estos podrían llegar a tomar, pero definitivamente el que lo entendieran y la felicitaran, estaba más cerca de ser un cuento de fantasías que una realidad.
Estar en la cama sólo se le hacía una pérdida de tiempo, donde le era inevitable ponerse a pensar en todas estas cosas, que tarde o temprano debía enfrentar.
Sin pensarlo, se levantó, no sin antes atraer con sus pies las pantuflas que yacían en el suelo. Se dirigió hacia el perchero, y sacó una bata color salmón. Haciendo una sonrisa leve, comenzó a imaginar que tan lindas serían las enormes bibliotecas que tanto le había estado hablando Dina el día anterior.
Al abrir la puerta de su habitación, le sorprendió ver como Crookshanks salía corriendo hacia fuera, tal como si hubiera visto a un roedor -aunque dudaba que aquellas cosas habitaran en la mansión-. Con un suspiro la bruja siguió con su camino, pero al llegar a las escaleras, recordó como había caído con Malfoy hacia el suelo.
Había sido muy distraída, incluso recordarlo hacía encender un poco sus mejillas, reconociendo cómo le avergonzaba tal acto. Pero de todas formas había sido un accidente, algo normal que a cualquier persona le podría pasar.
Llegar a su destino le costó horrores. Aún no podía adivinar en qué pensaban al momento de construir algo tan gigante como aquello. Sin embargo, y pese al miedo que daba abrir alguna puerta equivocada, al entrar a la Biblioteca quedó totalmente fascinada.
De su boca desprendía una sonrisa descomunal, al mismo tiempo que de sus ojos un brillo muy particular. Jamás había imaginado que algo así podría llegar a existir. Los ventanales eran enormes. Estaban cubiertos de hermosas cortinas de terciopelo bordó, mismo color que los lujosos sillones en frente de la gran chimenea. En medio se podía observar una mesa ratona de brillosa y atractiva madera, todo encima de una gigantesca alfombra con extraños pero elegantes dibujos.
Por suerte allí no habían cuadros de antepasados Malfoy que tanto la incomodaban, sino que todo estaba perfectamente decorado, con lujosas maderas, alfombras, adornos, aunque ahora que lo pensaba, no habían flores, y tampoco tenía recuerdos de haber visto eso en otra parte de la mansión ¿sería que ese ornamento para ellos estaba fuera de lugar?
No tardó mucho en agarrar uno de los tantos libros, para posteriormente dirigirse a la uno de los sofá cerca de la chimenea. Cielos que eran cómodos. Pero no debía acostumbrarse tanto a esa clase de vida. Su estadía allí era sólo temporal y no debía olvidarse de eso.
Luego de hojear el libro por largos minutos, llegó a la conclusión de que era realmente entretenido, por lo que tenía deseos de quedarse leyendo hasta altas horas de la noche.
-Con que aquí estás - escuchó a alguien decir desde atrás, provocando que sobresaltara aterrada del sillón.
Detestaba estar en un lugar tranquilo, lleno de paz, y que de repente alguien interrumpiera de esa forma.
-¿Qué sucede? - preguntó levantando una ceja a medida que tragaba con dificultad - ¿No puedes ser más cuidados…?
-No – respondió anchando la nariz – No sé qué me dirás, ni siquiera me interesa Granger, pero quiero que sepas que en mi mansión hago lo que se me dé la gana.
-¿Y por qué tan exaltado, eh? – Respondió la bruja recomponiéndose en el sofá – A mí tampoco me interesa saber para qué me buscabas, ¿sabes?
-Será mejor que si te interese, Granger, a menos que quieras que meta a tu asqueroso gato en una bolsa, y lo mate a patadas hasta que me canse – exasperado, comenzó a acercarse a ella.
A la mierda su padre. Él no iba a tolerar más de ella, en un mismo día lo había tirado al suelo, quemado con una fuente o lo que sea con aceite hirviendo, ¿y ahora pensaba que tenía el derecho de decirle qué podía y qué no podía hacer en su propia mansión?
-¿Dónde está? – Preguntó poniéndose de pie – ¿Dónde está mi gato, Malfoy?
-En mi habitación – respondió aun con rabia - Lloró, y arañó la puerta hasta despertarme. ¿Qué mierda le has dicho? Siempre supe que eras rara Granger, pero caer tan bajo como para mandar a tu gato a hacer cosas para molestarme, es realmente sorprendente. Aunque bien, ¿qué más se puede llegar a esperar de ti?
-Yo no lo he mandado a nada – respondió furiosa acercándose más a él – y dudo que algo así haya pasado. Crookshanks es muy especial, y rara vez alguien le cae bien como para acercarse a él.
-¿Es un alago? – Preguntó alzando las cejas con media sonrisa llena de ironía, que se esfumó a los pocos segundos – Por más que tu gato tenga buenos gustos, me importa un rábano, así que has algo, o no respondo de mí.
Enojada, dejó el libro sobre la mesa ratona. Nunca había creído que su pobre gato causara tantos problemas en tan pocos días.
-¿Quieres que lo busque? – Preguntó alzando una ceja – Bien. ¿Dónde está?
-En mi habitación – contestó viendo como ella se le adelantaba, quedando bajo el marco de la puerta. A los pocos segundos, volteó a verlo – ¿Y dónde se supone que está tu habitación?
Draco dio un suspiro. Si ya estaba enfurecido porque un gato lo despertara a las dos de la mañana, más le enojaba que Granger le hablara y lo mirara de esa forma.
-Ve por la izquierda – respondió, comenzando a caminar detrás de ella.
El silencio al caminar era extraño. Solo se escuchaban el ruido de sus pasos, o cuando el mismo Malfoy le indicaba por dónde doblar, subir o bajar. Jamás en su vida hubiera imaginado una situación como aquella, pero mientras más pasaban los minutos, menos enojado se sentía de que la bola de pelos lo hubiera despertado. Aunque para ser sincero, lo que realmente le había enfurecido, había sido observar la reacción de ella cuando lo había visto, y cómo le había contestado, acompañando esas palabras llenas de odio y esa mirada cargada de veneno.
Al pasar una mano por ambos ojos, su vista fue directamente al trasero de Granger ¿Desde cuándo tenía tan buen culo? Sin duda uno de los mejores que había visto, aunque seguramente era lo único bueno que tenía. De todas formas, jamás se animaría a tocarla, por lo que seguir viéndola no era pecado.
-Es aquí – dijo al llegar. Hermione paró en seco, y tragando lentamente, esperó a que el rubio llegara hacia donde estaba ella y abriera la puerta.
Lo que vio la dejó realmente sin habla. Su gato estaba estirado en la cama de Malfoy, con la cabeza apoyada en la almohada. Para colmo, al escucharlos, dio un bostezo y se estiró plácidamente.
-Lo… lo lamento – empezó a decir nerviosa, mientras un rubor nacía de sus mejillas – no sé porque está aquí, el realmente…
-Sácalo ya, Granger – contestó secamente – ahórrate las disculpas.
El rubio hizo espacio para que ella ingresara primero. Esto la dejó perpleja por unos pocos segundos. Sin duda Malfoy podía ser un cretino, pero era muy caballero. Tales pensamientos se vieron interrumpidos al ingresar y observar la habitación. Era enorme, en donde casi todo estaba compuesto de verde y madera obscura. Estaba tan distraída mirando todo, que ni sospechó que Malfoy la tomaría bruscamente por una muñeca y la lanzaría sin piedad ni cuidado contra la pared, agarrando cada una de sus pequeñas muñecas con sus grandes y blancas manos.
-Su… Suéltame – dijo tratando de separarse de él.
El ex Slytherin por su parte no tenía interés en hacerlo, menos si ella se lo había ordenado. Al contrario, aplicando sólo un poco de fuerza, llevó sus muñecas hacía la espalda de ella, para tener más control de su cuerpo e impedir que se marchara. Esto hizo que la distancia entre ambos se acortara bruscamente.
-No quiero, que cosas así sigan pasando – le dijo apretando su cuerpo contra la pared – Quiero que lo alejes de mi habitación, y sobre todo de Pansy.
-¿Qué pasa Malfoy? ¿Le saldrán ronchas? – preguntó desafiante, alzando la cabeza con la voz entrecortada, sacando la valentía característica de Gryffindor.
-No te hagas la graciosa conmigo – contestó acercándose aún más, haciendo que sus respiraciones se cruzaran sin poder evitarlo. La bruja estaba completamente nerviosa, tenía miedo, incluso no sabía lo que él era capaz de hacerle. Las palabras de sus amigos, le comenzaron a pesar. – ¿Piensas que puedes venir, lanzarme al suelo, quemarme y encima mandar a tu gato a despertarme?
-¿Por qué no dices las cosas como deberían ser? – Preguntó alzando más la cabeza para poder verlo mejor, y ocultar el terror que la comía por dentro – Primero, me caí, y fue un accidente, ¿sabes? Segundo, tú te quemaste porque eres un chismoso que mete sus narices donde nadie lo llama, y tercero, ¡yo no lo mande! ¿Eres estúpido? ¡Es un gato, Malfoy! – Que ingenua había sido, era obvio que él solo quería provocarla, causarle miedo, pero ella no iba a caer en su asquerosa trampa. – Es increíble cómo se va saliendo tu careta de niño bueno, ¡sabía que te duraría poco!
-¿Careta? – preguntó extrañado apretando fuertemente sus dientes. Eso sin duda esto lo había agarrado desprevenido, y se enfureció – Si alguien tiene máscaras, Granger, sólo son Potter y Weasley, ¿o es que acaso aún no quieres admitirlo? – La bruja sintió un dolor en la curva de su espalda, que tenía prisionera sus manos junto a las de Malfoy - Abre la mente rata de biblioteca, ¿Nunca te has puesto a pensar que sólo te utilizaban para aprobar las ridículas materias? ¿Qué luego de dejar Hogwarts sólo te utilizaron por tu brillante y retorcida mente para encontrar los horrocrux? ¿Dónde estaban tus amigos cuando realmente los necesitabas mientras te pudrías en la calle? ¡Eres tan inteligente para algunas cosas, pero tan estúpida para otras!
-¡Cierra tu venenosa boca! – gritó, pero sólo provocó que el rubio la presionara más contra la pared. Hermione sentía que la terminaría atravesando en caso de seguir así. – ¡No hables de cosas que no sabes! ¡De todas maneras nada de eso es asunto tuyo! ¡Ellos no son como tú!
-¡Vaya! ¡Eso si lo tomo como un alago! Gracias – exclamó aun con el ceño fruncido. Hubo un silencio profundo. Podía escuchar con claridad la respiración temblorosa de ella, y como subía y bajaba su pecho. Sabía que tenía miedo, pero también tenía en claro que los leones eran muy orgullosos como para admitirlo – Dime algo Granger – dijo en un tono de voz más bajo, pero aun manteniendo la misma fuerza sobre ella. Sintió como ella tragó con dificultad, y aprovechó para llevar su boca extremadamente cerca de su oreja izquierda – ¿Ellos saben que estás aquí? – Hermione sintió como aquéllas bajas palabras le erizaban toda la piel. Draco la soltó sin cuidado alguno provocando que ella se golpeara mas contra la pared. Sintió un profundo dolor en varias partes de su cuerpo, sobretodo en sus manos. Su respiración aún estaba lejos de volver a la normalidad, y para colmo, no le faltaban ganas de llorar, aunque de ninguna forma se permitiría hacerlo frente a él - Saca a tu gato, y lárgate de aquí – terminó por ordenar.
-¡Si pretendes hacerme la vida imposible, quiero que sepas que me importa un pomo irme de aquí! No me interesa el trato que hicimos, ¡Y no viviré un infierno sólo porque me has prometido una casa, Malfoy! Puedo comprarme una yo misma luego de entrar al Ministerio de Magia, por algo trabajaré. No soy como tú que no eres más que un niño consentido que jamás trabajó ni se ganó algo con esfuerzo propio.
-No te irás de aquí – dijo fulminándola con la mirada – Cuidarás a mi madre hasta que sane.
-Desafíame – preguntó volviéndose a acercar, pero esta vez ella a él – Si realmente deseas que me quede aquí, no te conviene tratarme así.
Dicho esto, tomó a su gato y se marchó, no sin antes dar un portazo.
-No hay noticias aún - dijo de pronto Lucius tomando un sorbo de su café - El tonto del Ministro ya no sabe que más hacer. De todas formas vamos a encontrarlos y pagarán por lo que han hecho.
-No tiene sentido - contestó su único y heredero hijo, mientras jugaba con la cuchara en su taza de café - sería bueno que se empeñaran más en poner mejor seguridad en el Ministerio, que estar buscando a los culpables. Pueden robar cosas peores. Es una vergüenza que nadie sepa quién mierda ha sido.
Ambos se encontraban desayunando. Pese a que recién eran las diez de la mañana, Draco no había podido descansar muy bien la noche anterior. La pelea que había tenido con Granger le había quitado el sueño por horas, y si de algo estaba seguro, era que no la aguantaría por mucho tiempo más.
-En eso estamos - respondió su padre carraspeando la garganta – Kingsley está empeñado en querer hacer lo imposible para terminar de curar a las víctimas y encontrar a los culpables - hizo una pausa que a Draco le llamó la atención – Y yo obviamente estoy allí… apoyando las barbaridades que desea con tal de ganar… un puesto en el Ministerio.
Escuchar eso hizo poner sus ojos en blanco. Siempre había tenido en claro que las oportunidades pasaban una sola vez en la vida, y que si se podía sacar provecho de ello, debían actuar sin pensarlo dos veces. Su familia de hacía mucho tiempo buscaba insertarse de nuevo en la política, pero a él jamás se le hubiera pasado eso en la cabeza teniendo a su madre en esas condiciones.
-Yo no seguiré tu plan - dijo firme, sin pelos en la lengua - No seguiré fingiendo simpatía con esa. Lleva dos malditos días aquí y ya tengo deseos de matarla.
-Explícate - ordenó arrastrando las palabras sin quitarle la mirada grisácea de encima - ¿De qué demonio estás hablando, Draco?
-No lo haré - contestó desafiante, soltando la cuchara bruscamente - Intentar ser bueno significa quedar como un estúpido y esa maldita parece aprovecharse de eso. No seguiré con eso, padre.
-¿Y tú te haces llamar Malfoy? Dime ¿qué se supone qué somos si no tenemos poder político en esta estúpida sociedad? – Draco observó como su padre apretaba fuertemente sus puños - Un puesto allí es fundamental para volver a ser lo que una vez fuimos. No hay que desaprovechar esto, menos por una insufrible sangre sucia.
-Deben existir más formas que chuparle el culo a Granger. Con todo lo que andas haciendo ya debería bastar.
-El Ministro sospecha de mí. Pero esas sospechas pueden esfumarse si ella habla bien de nosotros. Es la única que puede y que a Kingsley tanto le interesa. Tú cumplirás con lo acordado, Draco, y no es una pregunta.
-¿Y si no, qué? ¿Piensas que sigo temiendo de algo luego de todas las cosas que pasamos?
-¡Cállate! - contestó Lucius apretando fuertemente su mandíbula - Cállate - Su ceño fruncido y su levantamiento de voz significaba que ya no había vuelta atrás y Draco lo sabía perfectamente. Recobrar poder para él, era algo que podía hacerlo volver a lo que alguna vez había sido: Un hombre con una familia de magos puros, con muchísimo dinero y poder. Aunque luego de todo lo ocurrido con el Lord Tenebroso y su paso por Azkaban, su vida había cambiado drásticamente. Estaba viviendo en un mundo ajeno a él y en el que aún no se terminaba de adaptar. La humillación que había vivido tanto él como su familia por parte de Voldemort lo impulsaba a querer salir adelante. Quería de una vez por todas pasar por los pasillos de la enorme mansión y no recordar nada de aquello.
Jamás había supuesto que todo iba a terminar así. Su mujer en un estado de petrificación totalmente ajena a la realidad, una sociedad que lo detestaba más que admirarlo, y más encima ahora conviviendo con una sangre sucia.
Si algo debía rescatar de todo eso, era lo bien que había criado a su hijo, Draco, que era frío, pero que tenía bien marcado las cosas que realmente importaban en la vida, como la purasangre y la vida estilo aristocrática. Sin duda alguien igual a él, aunque tales parecidos varias veces los llevaban a la confrontación, ya que no estaba en su naturaleza aceptar la pérdida de una discusión.
No obstante, siempre se terminaba haciendo lo que él ordenaba. En los peores casos, sólo debía hacer uso de un levantamiento de voz, mala mirada o amenazas. Tenía en claro que Draco lo admiraba con todo su ser, y que era su ejemplo a seguir, por lo que siempre terminaba pensando hacia sus adentros que debía obedecerlo por más que no quisiera hacerlo. Que tarde o temprano lo iba a terminar entendiendo y agradeciendo, aunque llevaran a momentos tensos como esos...
De pronto oyeron como alguien se acercaba hacia ellos. Pero antes de que terminaran de voltear, ya podían suponer de quién se trataba.
-Buenos días, Granger - saludó Lucius con una extraña sonrisa en el rostro. Draco quedó más que impactado con el saludo de su padre.
-Buenos días - contestó ella fríamente. Era la primera vez que lo veía a Lucius en la mansión desde que se había ido a vivir allí, y la realidad era que deseaba desaparecer de la vista de esas serpientes lo antes posible.
Quiso seguir con su camino hacia la cocina de la mansión, pero de pronto oyó como Lucius volvió a dirigirle la palabra. Draco aún no salía de su asombro.
-¿Vendrás a desayunar con nosotros? - preguntó ofreciéndole algo que jamás hubiera imaginado - Hay asientos y comida… de sobra - terminó alargando exageradamente las palabras, tal y como siempre solía hacer.
-Se lo agradezco - contestó la bruja desconcertada - Pero puedo cocinarme sola, y de todas formas, me sentiría más cómoda en la cocina con los elfos. Con permiso.
Con rapidez, se marchó de allí, dejando a Lucius un tanto sorprendido por su reciente reacción.
-Era lo obvio – le dijo a su hijo – Costará, pero será posible…
Hermione estaba preparándose un desayuno en la enorme cocina de la mansión. Aun no cabía en su mente por qué Lucius la había tratado de esa manera, pero era mas que obvio sospechar que algo tramaban.
Deben pensar que soy capaz de dejar a morir a Narcissa
Debía tener cuidado y no bajar la guardia. Ellos no eran personas de fiar.
-Miren a quién tenemos aquí – dijo de pronto Draco entrando a la cocina. Pudo observar perfectamente como ella levantaba la mirada de leona, dejando la mano que sostenía una galleta, y la otra que le ponía mermelada, completamente inmóviles – La integrante del trio dorado…
-¿Otra vez metiendo tus narices donde nadie te llama? – preguntó resoplando, volviendo a poner en funcionamiento su cuerpo – ¿Qué buscas hoy, Malfoy? ¿Accidentarte con otra cosa de la cocina para luego culparme a mí?
-No te creas tan interesante, Granger. Porque definitivamente no lo eres, no para mí.
-Entonces dime. ¿No te bastó con lo de anoche?
-No entiendo que pretendes – contestó acercándose a ella sin quitarle la vista de encima, muy parecido a un félido punto de atacar a su presa – Anoche te quejabas de los malos tratos, sin embargo, ahora negaste de mala forma el ofrecimiento de mi padre que sólo quería que te sentaras a desayunar con nosotros.
-Piensas que soy estúpida? – dijo dando un bufido - ¿Por qué es que de repente él me trata bien? Si no recuerdo mal, hace tan solo unos días atrás para él seguía siendo una sangre sucia que no quería que tocara a su mujer.
-Pero la salvaste – contestó seriamente – Y él se siente en deuda con eso. Sinceramente hasta a mí me sorprende que te trate de esa manera, por eso que me molesta que le respondas así.
-¿Y yo no dé debería desconfiar, luego de años tratándome como alguien inferior que sólo quería ver morir?
-¿Qué parte no entiendes que todo eso quedó atrás, Granger? ¿Acaso no fue mi madre la que puso en juego su culo y el nuestro cuando mintió sobre la muerte de Potter?
-Ustedes no lo habrían hecho. Sólo deseaban que Voldemort ganara para volverse más poderosos sobre el mundo mágico. Estoy segura que todos los días que pasan, se lamentan de no haber impedido que tu madre mintiera. De haber sido así, todos los mortífagos liderarían, y Harry, como todos los sangre sucia estaríamos muertos. Por eso no me querían aquí, y ahora deben querer tratarme bien para que no me largue. Pero no hacen falta las falsedades, Malfoy. No dejaré morir a Narcissa si es que eso les preocupa.
Draco apretó los puños con fuerza. Ella estaba equivocada. Él igual había puesto en juego su culo, pero al parecer solo recordaba y valoraba lo que quería.
-Mi padre sólo deseaba poder charlar contigo, y tratar de al menos convivir en paz estos meses. Pero lo que tienes de lista, también lo tienes de orgullosa.
-Si yo soy orgullosa, ¿qué hay de ti? – dijo levantándose de la silla, llevando su taza con la chocolatada terminada al lavamanos. A los pocos segundos, abrió el grifo y comenzó a lavar lo poco que había ensuciado. Draco observó todo detenidamente.
-Es eso – dijo con una sonrisa arrogante sin dejar de mirarla – Te molesta que seamos servidos por elfos. Por eso te empeñas en cocinar y lavar tu misma tus cosas.
-Una mezcla quizá – respondió sin verlo – Estoy en contra de la esclavitud de los elfos. Que estén obligados a servirlos sólo porque si, sin recibir si quiera algo a cambio por su trabajo es realmente estúpido.
-Ellos aman que sus amos los manden.
-Eso no es así y lo sabes – respondió furiosa – No es su naturaleza ser esclavos. Y por más que viva aquí, no me voy a adaptar esas cosas.
-Son costumbres que viene de generaciones en generaciones. Jamás lo entenderás porque no vienes de una familia de magos, Granger. Los elfos existen para servir a magos de pura sangre y…
-Una vez que entre al Ministerio, será por lo primero que pelearé, Malfoy – dijo terminando de secar su taza, para luego hacer puntita de pie y dejarla en la alacena – Por los derechos de los elfos. Para que tengan un salario, vacaciones, que ya no sean maltratados y… - hizo una pausa aun de espaldas a él, apretando fuertemente los ojos mientras se mordía los labios – No sé para qué te estoy diciendo todo esto. Es obvio que debes estar con tu sonrisa burlona de siempre, y que con tu diminuto cerebro lo que te debo estar diciendo te entra por un oído y te sale por el otro.
-Voltea si quieres saber – le dijo escuchándola atentamente, y así fue. No había gesto alguno que mostrara estarse divirtiendo con la conversación – Mi padre jamás aceptaría que los elfos sean asalariados, Granger. Su crianza fue mucho más estricta que la mía, pero créeme que está haciendo un gran esfuerzo en querer cambiar, y luego de lo de hoy me di cuenta de ello. Mi madre es lo único que a él le queda aparte de mí, y si al principio no te quería aquí, es porque es orgulloso igual o peor que yo. ¿Quién querría en su casa a la mejor amiga de Potter? De no haber sido por él, jamás hubiera ido a Azkaban. Pero cuando mi madre estaba en sus últimos minutos, cambió drásticamente de parecer, y no le importaba absolutamente nada con tal de que se salvara, y ahí fue que aceptó que vinieras. Luego de que todo se calmó, simplemente se siente agradecido contigo, pero tú no haces más que ver las cosas de mal modo.
-Señor – interrumpió de pronto un elfo – el señorcito Theodore Nott lo está buscando – dijo con voz temblorosa, tomándose las manitas.
-Dile que ya voy – dijo tranquilo, mientras se seguía viendo fijo con la bruja - cenaremos a las ocho de la noche - terminó por decir, y se marchó de allí.
Varios días habían pasado, sin embargo aún no podía sacarse de la cabeza la conversación que había tenido con Malfoy en la cocina. No había vuelto a ver a Lucius desde ese día pero poco le interesaba. No iba a ir a comer con ellos, de ninguna manera.
El sólo pensar que allí se había sentado Voldemort le causaba escalofríos. Merlín sabe cuántos impuros, traidores a la sangre o sangre sucia habían muerto allí, aunque por otro lado, la voz del platinado seguía dando vueltas por su cabeza.
¿Y si era cierto que Lucius estaba haciendo un esfuerzo por cambiar? No. Sonaba absurdo. Pero por otro lado, quizá era cierto. ¿Qué ganaría él con hacer eso aparte de sanar a su mujer? No había nada que lo beneficiara, tranquilamente podría no ser una trampa.
Estaba tan confusa...
A los minutos salió del cuarto de Narcissa. Aún no se reflejaban cambios de mejoría, pero era algo sumamente normal, ya que el proceso era lento. Bajando las escaleras, se topó con unos conocidos ojos.
-Lucius - dijo queriendo sonar tranquila, pese a la sorpresa que se había llevado al verlo.
-Granger - contestó alzando una ceja - Te estaba buscando.
-¿Para qué? – preguntó aún a una distancia considerada.
-Supongo que el tratamiento requiere de pociones. Quería comunicarte que puedes retirar las que sean necesarias en Boticario del Sr. Mulpepper. Ellos lo dejarán en mi cuenta, ya están informados.
-Bien - respondió asistiendo también con la cabeza, mientras se acomodaba un mechón de pelo detrás de la oreja - Seguramente más tarde vaya – terminó por decir y era cierto. Hace días venía pensando en irles a hablar a ambos, informándoles sobre lo costoso que era el tratamiento. Ella tenía pocas, pero no bastaban.
-Hasta luego – respondió con una forzada sonrisa y la ceja levantada
-¡Miren! - dijo corriendo Ron hacía Harry y Ginny que estaban en la planta de arriba de Sortilegios Weasley junto a George - En el diario El Profeta dice que los Malfoy encontraron a un sanador para Narcissa.
Los tres se pararon de golpe a ver el diario que había traído lo pelirrojo.
-¿Será Hermione? - preguntó George rascándose la cabeza.
-Pues eso creo - contestó Ron.
-Denme eso - Ginny le sacó el diario de la mano a George, y rápidamente leyó el artículo - No hay duda - dijo dándoselo a Harry - Sólo ella y Daniel conocían el tratamiento.
-Era obvio que iban a terminar acudiendo a ella. Es bueno saber que al menos su orgullo tiene un límite.
-Ojalá le paguen bien - siguió Ginny apenas George dejó de hablar - Muero porque nos cuente la cara que pusieron esas dos víboras suplicándoles tratar a Narcissa - Tras decir esto, llevó su mirada a Harry quien estaba muy pensante. Lo conocía bastante para saber que algo ocurría, pero no lo suficiente como para saber qué era.
De pronto oyeron la puerta sonar. Fue Ron quien bajó rápidamente a ver de quién se trataba.
-Hola - saludó Hermione con una leve sonrisa apenas Ron abrió.
-¡Hermione! - contestó al verla un poco desconcertado pero con gran alivio. La bruja entró, viendo la cara de sorpresa de todos.
-¿Cómo andan? - preguntó aunque no con el tono de voz alegre que la caracterizaba. Estaba nerviosa, y desgraciadamente siempre había sido muy mala para ocultar cosas. Tenía que decirles lo antes posible, y sacarse el gran peso de encima. Ya había analizado lo suficiente y estaba completamente segura que se lo tomarían de muchas formas, excepto bien. Pero tarde o temprano tendrían que asimilarlo.
-Nosotros bien - contestó Ron cerrando la puerta- Pero tú nos preocupabas. ¿Dónde estabas? Leímos que alguien está tratando a Narcissa. ¿Eres tú?
-Pues… - comenzó a contestar sacándose la bufanda del cuello - Sí. Era lo obvio, ¿No? - su voz comenzó a sonar quebradiza - Puede que sea Malfoy, y que viva en una familia de arpías, pero yo nunca dejaría a alguien morir. No a alguien a quien yo pueda sanar. De todas maneras si estamos aquí, gran parte es gracias a ella.
-Concuerdo – dijo Ginny aun confusa al ver la rara expresión de su novio - Siéntate - invitó la pelirroja, mostrándole un asiento a la bruja junto a ella - Y dinos… ¿está muy grave?
-Pues, se encuentra estable - contestó a medida que se sentaba – Pero confió en que se pondrá bien.
-Eso es bueno - Dijo Ron acercándose a ellas, tomando asiento también en la mesa - ¿Te pidieron disculpas? ¿O cómo fue? - preguntó curioso.
-Dinos que te pagan bien - dijo George sonriente a medida que le pegaba un codazo a Ron para que riera, pero Ron estaba muy desconcertado para eso.
-Pues, la recompensa será buena, y… - Quedó callada al ver la forma en que Harry la miraba. Ni siquiera se había molestado en saludarla. ¿Qué ocurría?
-¿Dónde estabas? - preguntó serio Harry, hablando por primera vez - Dime que no estás viviendo donde Malfoy - la bruja apenas escuchó esto, se mordió los labios nerviosa -¿Estás viviendo allí Hermione? – repitió y la bruja resopló, no sabiendo bien por dónde comenzar a explicar.
-Es una larga historia… - empezó a decir, pero Ron la interrumpió.
-¿Qué? – Dijo levantándose de la silla donde se había sentado hace pocos segundos atrás - ¿De qué hablas Harry? – Al ver que su amigo si quiera lo miró, llevó su mirada hacía la bruja - ¿De qué habla Hermione? ¿Con Malfoy? Esto debe ser una broma…
Ginny quedó totalmente impactada, entendiendo perfectamente la seriedad que hace varios minutos tenía Harry.
-Pues empieza, hay tiempo - dijo la pelirroja mientras veía de reojo a su novio.
-En realidad no - Interrumpió George - En veinte minutos exactos, debemos abrir la tienda. - queriendo poner un poco de humor a la conversación, se llevó la cruel mirada de su hermano.
-Es tiempo suficiente - contestó Ron ocasionando que la bruja suspirara, nerviosa al tener tantos ojos encima.
-Escuchen. Estoy bien, ¿Si? – Contestó mirando a Harry, con una expresión que suplicaba comprensión – No tienen de qué preocuparse. Casi ni los veo, y sólo me enfoco en sanar a Narcissa. La mansión es lo suficientemente grande como para…
-Dime que estas bajo una maldición imperius, Hermione. No puedes estar viviendo allí.
-¡Si puedo Ronald! - contestó levantando la voz, llevando su vista hacía él - ¡Ustedes no tienen la más mínima idea por todo lo que he pasado! Creo ser lo suficientemente madura como para tomar mis propias decisiones. Tomen esto como un simple trabajo puertas adentro. ¿Bien? Me pagan bien y allí las cosas no son tan malas como creen.
El ambiente estaba tenso. Hermione tenía en claro que nadie iba a entender que ella estuviera viviendo allí, pero tampoco los culpaba por eso. Si le hubieran contado a ella lo que sucedería hace un mes atrás, se hubiera reído hasta el nuevo amanecer.
Nunca lo hubiera imaginado…
-Es obvio. Sólo un estúpido te trataría mal sabiendo que eres la única esperanza de su madre.
-Para cuando Narcissa esté sana, ya no seguiré viviendo allí, Ron.
-Hermione… Son los Malfoy…
-Lo sé, lo sé Ginny - suspiró mordiéndose los labios - Pero lo tomo como un intercambio de favores. Por ahora no tengo nada que decir sobre ellos, y…
-¿Y?
-Sólo me gustaría que me apoyen en esto.
-No - contestó simplemente Ron - Puedes vivir tranquilamente en la Madriguera, mi padre te ofreció nuestra casa Hermione.
-¿E ir tres veces al día a la mansión Malfoy?
-Al menos dormirías pacíficamente sin temer ser asesinada en plena madrugada.
-Bien Ronald- dijo parándose molesta - Debo irme.
-Espera Herms - la detuvo Ginny - Tienes que entender, que si estamos así es porque nos preocupa que algo te pase.
-No tienen de qué preocuparse, Ginny – respondió acomodándose de nuevo su bufanda.
-Si tenemos - dijo Ron molesto - Estas viviendo en la mansión de Lucius Malfoy, Hermione. ¡Lucius - Malfoy!
-Pasare de nuevo en la semana - dijo yéndose hacia la puerta - espero que para ese entonces acepten que sé tomar decisiones sola - dicho eso, tomó la perilla y salió de Sortilegios Weasley. Ginny fue tras su amiga.
-¡Es increíble! - Exclamó Ron molesto - ¿Es que acaso tener que ir tres días a la semana le bastan para vivir tranquilamente con ellos? No descansare hasta hacerla entrar en razón…
-Quizá no es con ella con quién deberíamos hablar - dijo Harry pensante
-¿Qué quieres decir, Harry?
-Hay que ir a hablar con Draco…
-¿Y bien? ¿Eso que dijiste es cierto? ¿O lo has dicho para calmarnos? - preguntó Ginny mientras paseaban por el Callejón Diagon.
-Es cierto - respondió la castaña de brazos cruzados - Si me preguntas si he recibido maltrato físico o mental la respuesta es no.
-Me atrevería a preguntar entonces si es que te tratan bien.
-No lo sé… - dijo dando un suspiro - Lucius nunca está en la mansión y Malfoy… se la pasa en su oficina. Y eso es tan grande que cruzarlos es casi imposible.
-Herms… trata de no bajar la guardia. Y no confiarte tan rápido de sus buenas actitudes. Yo me encargaré de hablar con Ron y tranquilizarlo.
-Gracias Ginny - contestó dando un profundo suspiro.
-Por cierto, ¿Dónde irás?
-Debo ir a Boticario del Sr. Mulpepper – contestó acelerando el paso – debo comprar unas pociones necesarias del tratamiento.
Luego de que Ginny le dijera que la acompañaba a comprar, ambas entraron a la tienda.
-¿Y te caíste encima de él? – preguntó la pelirroja riendo – No puedo creerlo. Pagaría por ver la cara de Malfoy.
-Luego también se quemó –Agregó la bruja con una sonrisa en la cara, intentando no reírse - aunque debo admitir que me dio un poco de lástima. No sabe cómo hacer nada sin uso de magia. Es increíble…
-Es un estúpido – Ginny no tenía problema en disimular la gracia que le daba imaginar esas escenas – Egocéntrico, orgulloso, aunque muy apuesto.
-¿Malfoy? – preguntó desconcertada.
-Hay cosas que no se niegan, Herm… Aunque eso no quiere decir que deja de ser un idiota.
-Buen día muchachas – interrumpió de pronto un joven detrás de ellas, que para su sorpresa era el vendedor - ¿Las ayudo en algo? – su cara de gracia, dejaba en evidencia haber escuchado toda la conversación.
-Aún no veo de que te sorprendes. Era obvio que tarde o temprano iba a plantearte el tema, Draco. Sabes que Pansy desea profundamente casarse contigo.
-Sabes que nunca la tome en serio, Nott. Inclusive cuando salimos en Hogwarts, ella misma era consciente de eso. – Contestó el platinado, sentado en la silla de la oficina - Me mostraba en público con Pansy, mientras por atrás salía con muchas otras. Seguíamos juntos sólo porque ella quería.
-Es porque te ama… - respondió directo, con el codo apoyado en el marco de la ventana, diciendo algo que obvio para todos.
-Esas son palabras vacías. Siempre sentí que tiene una obsesión conmigo, tanto que me quiere a pesar de que vivo engañándola. Pero bien, le daré el gusto. Es tanto lo desean tanto mis padres como ella y su familia.
-¿Y tú no sientes nada luego de tantos años?
-¿A quién le importa que siento, Nott? - Dijo Draco riendo por largos segundos - Solo siento la obligación de responder ante lo que fui criado. Casarme y formar una familia con una purasangre miembro de los sagrados veintiocho. Seguro mis padres estarían orgullosos de eso. De todas formas Pansy no es mala opción. Es sexy aunque un tanto estúpida...
-¡Señor! ¡lo buscan! - gritó desesperado un elfo del otro lado de la puerta. Su nombre era Beax.
-Abre Malfoy - escuchó que le ordenaban del otro lado sé la oficina, con un tono de voz que se le hacía completamente familiar.
-¿Potter? - preguntó Nott completamente confuso. Draco apretando los puños, fue a abrir.
-Vaya, miren a quien tenemos aquí - les dijo Draco a ambos apenas abrió la puerta, mientras alzaba las cejas y daba media sonrisa - El cara rajada y la comadreja. ¿Qué les sucedió? ¿Necesitan un préstamo? ¡Están en el lugar correcto!…
-Maldito rubio oxig… - empezó a decir Ron a medida que intentaba sacar la varita de su túnica, pero Harry lo interrumpió.
-Malfoy - dijo el pelinegro tapando con su brazo derecho que Ron se le acercara al sujeto que tenía en frente - Queremos hablar contigo.
-Miren que sorpresa - dijo Nott desde atrás lleno de ironía - ¿Por qué no invitan también a Longbottom así estamos todos?
-Pasen – Dijo Draco seriamente, invitándolos a tomar asiento - hablemos las cosas de forma decente, no tenemos porque…
-¡No quieras hacerte el bueno ahora! Todos sabemos que eres un maldito que…
-¡Basta Ron! - le dijo Harry enojado y con un suspiro miro de nuevo al platinado - Malfoy, sólo hemos venido a hablar sobre Hermione, no creo que te sorprenda esta visita.
-¿Por qué negarlo? Una parte de mi pensó que vendrían a preguntar por su "especial" amiga - ambos quedaron pensantes ante este adjetivo, no sabiendo si hacía referencia a algo preciado o a su sangre, aunque era bastante lógico sospechar que él jugaba con estas palabras para indirectamente hacerlos enfurecer - pero otra parte de mí, decía todo lo contrario, digo… - de pronto se puso de pie, apoyando ambas manos sobre el escritorio - Yo la encontré en la calle, y no tengo el más mínimo recuerdo que alguno de ustedes le haya brindado ayuda como la que le ofrecí yo.
-¡No hables si no sabes la historia!
-Ella no nos permitió acercarnos, pero no es el punto - Harry lo miraba fijamente a medida que hablaba.
- No te quieras hacer el salvador de inocentes, cuando en realidad sólo la buscaste para que salvara a tu madre, aprovechándote de su situación económica para traerla a vivir aquí y de seguro maltratarla todo el maldito día.
-No entiendo a qué se debe esta maldita conversación cuando sólo estamos haciendo un temporal cambio de favores – Draco intentaba mantener la calma, pero la verdad era que ya tenía deseos de matar al vagabundo de Weasley.
-¿Cambio de favores? ¡Estás viviendo con nuestra amiga! ¡A la que menospreciaste muchos años en Hogwarts! ¡Trayéndola aquí, en la misma casa donde quisieron matarla!
-¿Qué pasa Weasley? ¿Enojado con la vida por qué no fue tu madre la que enfermo? - escupió con rabia perdiendo la calma, dejando a ambos con la boca abierta - ¿Acaso piensas que pasa desapercibida tu escena de celos? ¿Te hubiera encantado tenerla viviendo en tu casa, cierto?
-Malfoy, contrólate – pidió Harry observando los ojos de basilisco de Draco.
-¡A la mierda la calma! Está aquí cuidando a mi madre, y si alguno de ustedes la convence para que la abandone, les juro que los matare.
-¿Asustado? ¿Qué pasa Malfoy? ¿Temes por tu mamita?
Fue en este momento donde Harry se puso en frente de Ron, al ver como Draco se le acercaba con toda la furia, de seguro para golpearlo hasta cansarse.
-¡No te metas, Potter!
-¡Ya basta! - gritó Harry sosteniendo también con fuerza a su amigo para que no se tirara encima de Draco dispuesto a matarlo - Nos iremos de aquí, pero pronto conversaremos Malfoy, sólo los dos. Aunque te advierto, le llegas a tocar un pelo a Hermione, te juro que yo no detendré a Ron, nos tendrán que sujetar a ambos para no matarte a ti.
Harry arrastró a Ron hacia afuera de la mansión, evitando una grave pelea entre ambos.
Draco tomó una copa de agua que tenía encima de su escritorio y lo lanzó con fuerza hacia una pared.
-Comadreja de mierda - gruñó entre dientes tirándose el cabello hacía atrás.
-¿Que no podías hablar tranquilamente Ron? – Le dijo Harry sumamente enojado
-¿Qué? ¿Te enojas conmigo? ¿Qué acaso no estuviste allí y oíste todo lo que me dijo? Es un maldito. Ahora se hace la víctima porque necesita a Hermione. ¿Cómo no te das cuenta, Harry?
Hermione se encontraba yendo hacia la biblioteca, pensando en la larga charla que había tenido con Ginny. Confiaba en ella y sabía que iba a hacer lo imposible para calmar a su novio como a su hermano, Ron, pero aún así sentía culpa. Mucha culpa de estar viviendo ahí, en la boca del lobo.
Por más que quisiera ocultarlo, bien en el fondo sabía que ellos tenían razón. ¿Cómo era que ella estaba viviendo ahí? obviamente que para cualquiera esto era algo realmente increíble, pero aún sostenía que no había tenido variedad de alternativas.
Todo era como le había contado a Ginny, cruzárselos era algo casi imposible. Inclusive, veía menos a Malfoy que cuando vivían juntos en Hogwarts.
En su camino a la biblioteca, pudo ver como algunos elfos limpiaban la mansión. Sus caras de cansancio y sus ropas rotas y sucias la hacían sentir miserable. ¿Cómo podía ser que una familia tan adinerada tuviera elfos que trataran de esa forma? Sin duda, cada día que pasaba estaba más segura sobre qué quería hacer en el futuro, y sin duda era reclamar derechos que todos los elfos debían tener. ¿Quién había sido el monstruo que había dicho que su naturaleza era servir?
Mordiéndose el labio furiosa, cerró la puerta con un fuerte portazo.
-Cálmate Hermione - se dijo por lo bajo.
-Cuanta delicadeza para cerrar la puerta - escuchó de pronto decir. Automáticamente dirigió su vista hacia el lugar donde había provenido la voz. Era él, y por su tono lo había comprobado incluso antes de mirarlo - Podrías disculparte por haber interrumpido mi lectura en vez de quedarte mirando así.
-No sabía que estabas aquí - contestó sin quitarle la vista de encima.
Pudo notar como pasaba la hoja del libro apoyado sobre su regazo, mientras leía con los pies apoyados sobre la mesa ratona
-Tenía insomnio. Pensé que sería más productivo pasar tiempo aquí - dijo sin mirarla - De todas formas ya me iré a dormir.
La bruja se sintió extraña al verlo. Parecía cansado, incluso tenía ojeras que resaltaban ante tan pálida piel. Sus cabellos estaban despeinados, como si no le hubiera importado ordenarlos antes de dirigirse allí. Aunque en definitiva, estaba en su casa.
-¿Tuviste un día agitado? - preguntó, sintiendo como aquéllas palabras salían solas de su boca
-Algo así. Sólo una molesta visita.
-Escucha Malfoy - Dijo interrumpiéndolo, yendo había otro sofá cerca de él - Por más que esté viviendo aquí, me siento mal al ver a los elfos trabajando sin descanso. Deberías darle un dia de descanso, o pagarles por todo lo que hacen. Veo sus caras y siento impotencia.
-Granger, tengo asuntos más importantes.
-Los elfos también son asunto importante Malfoy. Están agotados, deben tener sueño y hambre y…
-¿Saliste hoy? - preguntó aun sin despegar las hojas del libro. Sinceramente leía sin leer. No podía concentrarse, pero aparentaba estarlo. Si había ido allí, había sido justamente para esperarla y hablar con ella. La charla con Potter lo había dejado pensante toda la tarde. Si cualquiera de ellos dos hablaba con Kingsley, todo estaría arruinado. Debía actuar, y no tenía mucho tiempo.
-Fui a comprar las medicinas de tu madre - respondió desconcertada y luego frunció el ceño - ¡No me quieras cambiar de tema, Malfoy! Hablo muy en serio cuando te pido que…
-Y fuiste a hablar con Potter y Weasley.
-¿Me estás siguiendo? – preguntó alzando una ceja
-No Granger. Ellos vinieron aquí.
La bruja quedó en blanco no sabiendo qué decir. No se le había pasado por la cabeza la idea de que sus amigos fueran a la mansión.
-Ellos leyeron en el Profeta que estaba aquí - dijo tragando grueso - No tiene nada de malo que se preocupen por mí.
-Puedes quedarte tranquila - dijo cerrando con un suspiro aquel libro - Amenazaron con matarme en caso de hacerte algo. Así que ahora puedes tener más seguridad viviendo aquí.
-Yo…
-Iré a dormir. Buenas noches Granger.
