ADVERTENCIAS: Universo alterno. Aquí los personajes tienen 21 años y son más desinhibidos, aunque creo que con alcohol de por medio todos lo son (?)

PAREJA: SyaoranxSakura, mención EriolxTomoyo


UNA NOCHE BASTA


UNO

«Te reto a ir con él. Si lo haces, podrás pedirme lo que sea

Y él había aceptado.

Ya luego culparía a la cantidad de alcohol en su cuerpo. Por lo pronto se dedicaría a cumplir lo mejor que pudiera aquella tonta apuesta que le había hecho su mejor amiga, porque él estaba lo suficientemente seguro de su sexualidad como para poder ir, coquetearle a un hombre y hasta besarlo –aún sin ser gay– con tal de ganar el reto impuesto.

Esa era su forma de jugar entre ellos; a ratos pesado, buscando avergonzar al otro y causarle ridículo. Eran años de una amistad tierna, cínica, generosa, vengativa, solidaria, oportunista, todos los ingredientes a considerar para que se autoproclamaran la persona más importante en la vida del otro, claro, sin pasar la línea de la amistad... y es que omitir la tensión sexual irradiando a kilómetros –como todos decían– no era del todo imposible para ambos. Es más, a veces incluso era una forma de jugar a confundir a los demás.

Syaoran le sonrió con superioridad a Sakura, aludiendo a que definitivamente no perdería. Se relamió pensando en lo que podría pedirle a la castaña que perdía todo rastro de inocencia cuando de embriagaba. A Li siempre le causó cierta gracia el modo en que su amiga parecía transformarse tras unos shots de tequila. Era una suerte que el efecto durara tan poco y, de todos modos, siempre estaba con ella para cuidarla de que hiciera alguna tontería… si no también estaba Tomoyo, aunque como no había asistido a aquella fiesta, recaía sólo sobre él el cuidarla.

No es como si le molestara de todos modos.

Caminó con paso seguro y giró solo un momento para asegurarse que Sakura le estaba viendo. Alzó una ceja al ver al tan mentado tonto compañero de carrera de su amiga; no recordaba el nombre, pero sabía por la propia Sakura que, al parecer, saltaban fuegos artificiales cuando hablaban y un montón de cursilerías más que le provocó volver a rodar los ojos. La había perdido, ya no tenía caso cumplir la apuesta así que fue a buscar un trago; invitaría a alguna chiquilla a bailar y procuraría estar cerca de Sakura para cuidarla. Aún cuando se alegraba que ella –por fin– encontrara un potencial interés amoroso (Eriol parecía encaprichado con ello. Era irritante porque siempre que sacaba a colación el tema, volteaba a verlo y reía) no conocía al sujeto así que por nada en el mundo la dejaría sola.

De todo corazón Syaoran deseaba que Sakura encontrara a alguien que le tratara bien y que se la mereciera.

Si bien no era una persona del todo adepta a las fiestas, no le desagradó del todo el ambiente que había en aquel local, estilo rave dance. De reojo vio a un par tirado y en evidente estado de ebriedad y pudo jurar que escuchó sirenas de ambulancia; parecía que era verdad que este tipo de música incitaba a beber más a la gente… se iba a armar la de dios cuando el decano se enterara de lo ocurrido. Esperaba que no prohibieran las fiestas en la facultad, como había ocurrido en derecho.

Eriol SIEMPRE se quejaba de eso. Era un dolor en el trasero.

Las luces altas de diferentes colores giraban por todo el lugar dando el efecto caleidoscópico; la niebla falsa –que se te colaba por la nariz y volvía grave tu voz con el paso de las horas– se extendía por cada rincón junto con las luces estroboscópicas que se combinaban al ritmo de la canción que estaba sonando en ese momento.

Una chica se le acercó cuando estaba esperando su cubata en la barra; era de último año, practicaba violín y no era de asistir a fiestas pero había accedido porque sus amigos le insistieron. Ella le invitó a bailar y Syaoran, un poco mareado por la niebla y el licor en su sistema, sólo atinó a sonreírle encantadoramente y ofrecerle la mano para ir a la pista. Eriol apareció en ese momento en su cabeza, casi pudo jurar su risa burlona, aludiendo a que estaba orgulloso, pues siempre había que ser un caballero con las damas.

Conforme avanzaba la noche, perdía la noción de lo que ocurría a su alrededor. Sabía que debía buscar a Sakura o al menos verla a lo lejos y confirmar que estaba bien, pero ya había bebido tanto que lo único de lo que era consciente era de que se encontraba brincando al son que el DJ daba, con el pecho subiendo y bajando, con la respiración irregular y ese mareo que le embotaba la cabeza; la 'senpai' hacia lo mismo o quizá no, la última vez que la había visto, estaba liándose con alguien más, un excéntrico con el cabello teñido de blanco. Ah, no, qué bien.

Qué les dieran a todos. Él estaba bien en una fiesta y no era certero que Sakura se hubiera percatado del penoso final que había tenido su encuentro. Un grito salió de sus labios y su efusividad se vio más prolongada con el cambio de ritmo, iría a por otra cubata y seguiría bailando hasta desfallecer… al menos esos fueron sus planes hasta que tropezó con alguien haciendo que trastabillara y por acto reflejo, acabara en el suelo con licor escurriéndole por el pelo.

Le diría sus verdades al idiota que osaba joderle la diversión, ¿por qué? Porqué podía, porque sabía artes marciales y porque el alcohol en su sistema lo envalentonaba, obviamente.

Aún cuando el 'idiota' con el que había chocado se tratase de su mejor amiga.

Le tomó un par de segundos reconocerla. Culpaba de ello al alcohol en su sistema y la oscuridad que era escasamente mermada por las luces de colores que iban de un lado a otro. Sakura se alegró de encontrarse con él después del asco de encuentro que había tenido.

En principio le pareció que las cosas con Fye de verdad podían ir por buen camino. Le había encantado bailar con él, el alcohol la había desinhibido y se acariciaban mutuamente y sin vergüenza. Cuando se encontraron cansados, pidieron dos cubatas y fueron a sentarse; ahí Fye comenzó a preguntarle por el chico ese que siempre la acompañaba y que la iba a buscar a la facultad. Aún cuando le aclaró a su senpai que Syaoran era su mejor amigo, frunció el ceño cuando el contrario le pidió cortar lazos con él si quería que lo de ellos funcionara. Obviamente no lo haría. Se excusó diciendo que iría al baño, que la esperara para que no les quiten los asientos. Se dio ánimos para cruzar el mar de gente ebria bailando y se estremeció al sentir espuma en su ropa.

— ¡Mira tu cara! —gritó la mofa a causa de la fuerte música. ¿Cuánto habría bebido Syaoran? Lucía un poco… mal.

Syaoran estaba por reclamarle, pero al ser Sakura y saber de memoria que ella ebria era aún más necia que de costumbre, meneó la cabeza lentamente mientras encogía los hombros y se acercaba al oído de su amiga.

— Deberías de ver la tuya. Y tu ropa. ¿Acaso estuviste haciendo cosas indebidas? —sonó más sugerente de lo que pensó o imaginó. Cuando se separó movió la ceja, para acompañar sus palabras, claro. En ese segundo estaba más ebrio que el mas ebrio de los allí presentes, por eso su sonrisa de idiota y esa actitud renovada que hablaba sin miramientos. Los ebrios y los niños siempre dicen la verdad, que quede presente.

Echó las manos sobre los hombros desnudos de Sakura y comenzó a moverla al son de la canción electrónica. Ya no tenía fuerzas suficientes para brincar y la loza resbalosa tampoco le aseguraba que podría seguir haciéndolo sin el inminente peligro de acabar en el suelo –otra vez–, pero ahora con la cabeza rota. Sacudió la cabeza cuando una nueva lluvia de espuma cayó sobre ellos y esta vez sí volvió a reírse a carcajada limpia mientras dedicaba una mirada de diversión a su compañera. De 'ésas' miradas que utilizaban para comunicarse.

«¿Qué pasó con tu senpai?»

Ella entendió perfectamente la pregunta muda de su mejor amigo. Se encogió de hombros e hizo un gesto con la mano para restarle importancia. ¿Aún le estaría esperando? Bueno, ningún muchacho, por más guapo que sea, será más importante para ella que Syaoran. Y si recién se conocían y ya le estaba poniendo restricciones... oh no, daría un gran paso hacia el lado.

«¿Y la tuya?»

Volvió a gesticular al preguntarle. Syaoran negó con la cabeza y señaló a una chica que le estaba comiendo la boca a un pobre hombre que parecía no saber dónde poner las manos. Sakura, demasiado mareada como para entender a cabalidad, dejó reflejada la duda en sus facciones. Hizo que el castaño se agachara un poco para poder hablarle al oído.

— Te mereces algo mucho mejor.

¿Alguien sabría que se ponía cariñosa cuando estaba ebria? Bueno, apenas hace poco lo había descubierto. Hizo que Syaoran se agachara aún más. Le dio un beso en la frente y volvió a pasar sus brazos por el cuello de él.

— Creo que voy a vomitar...

Syaoran frunció el ceño con algo de preocupación y le quitó el mechón de cabellos de la frente para verla mejor. No tenía muy buena pinta. Rió, negando.

— Venga, vayámonos de aquí. Mucho por hoy —agradecía la estatura de la chica. En serio. No le tomó nada de esfuerzo el alzarla por la cintura y ceñirla a él para irse abriendo paso a través de la multitud brincando hasta lograr llegar a la entrada del local. La dejó sobre la loza para pasar un brazo por sus hombros y sostenerla. — ¿Quieres ir al sanitario? Sacas lo que te hace mal y de allí vamos a descansar.

Dudó. Ni de broma llegaba al dormitorio del campus con una Sakura en ese estado; de hecho dudaba demasiado de su propia capacidad de caminar, porque aunque Sakura esté verde, él no estaba mucho mejor. Le guió hacia los sanitarios y se debatió si dejarla entrar sola o seguirle. Terminó por entrar con ella –todos estaban demasiado ebrios y nadie haría escándalo por su presencia en el baño femenino– abrió la puerta de uno de los cubículos, sostuvo el cabello de Sakura y le dejó hacer.

Si eso no era amistad, entonces que lo parta un rayo.

Ebria y todo, Sakura aún sentía vergüenza y sabía que le debería una muy grande a Syaoran. Y... por Dios, qué asco oírse vomitar, la garganta la sentía rasposa, quería un poco de agua y una manta porque sintió el cuerpo congelado. No había vomitado demasiadas veces en la vida, pero sí sabía que era normal sentir frío luego de ello. Se levantó torpe y caminó hasta el lavabo para limpiarse. Que maldito asco. El sabor ácido y rasposo no se iba de su boca, quería su cepillo dental, lavarse con mucho dentífrico y desaparecer en su cama. Volvió a acercarse a Syaoran y lo abrazó por la cintura. Maldito alcohol, nunca más bebería.

— Tengo frío, sueño y quiero mi cama —reclamó en un tono casi infantil. Sabía que Syaoran no estaba mucho mejor que ella, pero tenía la esperanza que la cargara... o que al menos la guiara hasta su habitación y, si en efecto estaba tan mal, podía dormir con ella, no haría escándalo por eso. Además, el cuerpo del moreno estaba tan calentito y ella temblaba, no se iba a enojar si compartían la cama.

— Vamos, vamos —arrastró las palabras. Entonces odió el viento frío de la madrugada. Se repitió mil veces más que no volvería a beber alcohol

/si claro/.

Y aunque el camino pareció innecesariamente más largo de lo habitual, logró dar con su habitación. Mejor aún, pudo poner la llave en el picaportes –tras el cuarto intento– y pudo entrar. Arrastró a Syaoran y lo sentó en la cama, advirtiéndole que no se vaya. Ella por su lado fue al baño, se lavó los dientes y volvió a tomar agua para aliviar su garganta herida por el ácido del estómago. A tropezones se quitó los calcetines y se acostó, obligando a Syaoran a hacer lo mismo y se aferró a su cuerpo.

— Tienes el cuerpo caliente...

— Creo que tengo fiebre —masculló con voz aletargada. Con trabajo se había logrado sacar los zapatos tras caer como un saco de papas sobre la cama de su amiga. Pese a que sus ropas aún seguían algo húmedas debido al sudor se mantuvo abrazado al cuerpo de Sakura, dándole su calor. Sus ojos buscaron a la mirada de ella; Sakura había chocado su frente a la de él, quizás para comprobar su fiebre, nunca lo supo porque ocupó toda su atención en sus labios posados sobre los de su amiga, los estaba moviendo lento y suave, casi con torpeza debido a lo reacio de sus sentidos, sus brazos ceñían esa delgada cintura y su cuerpo se iba moviendo de a poco para irse posicionando entre las piernas de Sakura.

Se sentía extraño. Sakura apenas y había besado a un hombre además de Syaoran, pero ese contacto se sentía tan bien, quizás por la confianza y el cariño mutuo que se tenían. Igual que cuando sus ropas comenzaron a caer... la piel de la espalda de Syaoran estaba helada, supuso que por la mezcla de temperatura y el sudor pegado producto de bailar tanto en la fiesta y... ¿qué estaba pensando?

No pudo identificar bien, sus sentidos estaban torpes, pero Syaoran hizo algo con su boca que la hizo estremecer. Y luego... ¿y luego?

Siguieron tocándose, besándose, perdió la noción de la realidad porque, aunque sabía que al que besaba era su mejor amigo, no podía dejar de hacerlo porque sentía tantas cosas agradables en el estómago; como si tuviera su propia fiesta ahí dentro aún cuando su sentido común le advirtiera que sólo era un tema referente a las muchas terminaciones nerviosas en esa zona del cuerpo. ¿Pero quién piensa en fisiología cuando sentía esos movimientos lentos y certeros que sólo le provocaba gemidos y estremecimientos? Al diablo todo. Pese a que en ambas mentes muy, muy en el fondo le decía que aquello que hacían no estaba del todo bien, sus cuerpos reaccionaban a cada estimulante sonido que el otro soltaba conforme se iban acariciando, tocando y besando..., solo fue cuestión de tiempo para que, sus cuerpos desnudos y su inhibición les llevaran a cruzar ese punto límite.

[…]

Syaoran se removió entre las sábanas y entreabrió los ojos, todavía somnoliento. Bostezó y volvió a cerrarlos para abrirlos de golpe y sentarse de forma brusca sobre la cama y pasear la vista aún nublada por el lugar. No era su habitación... pero, se le hacía conocida. Familiar. La habitación de Sakura, la conocía tan bien. Relajó el cuerpo un poco. Vagas imágenes le venían a la mente y si estaba allí es que después de todo no había cometido alguna estupidez. No era la primera vez que dormían juntos, compartiendo cama. Eran casi hermanos.

"Casi hermanos."

Ese pensamiento se vio olvidado cuando quiso levantarse y se vio desnudo completamente y a su lado, descansando de espaldas a él, yacía alguien igual, cobijada únicamente por las sábanas que estaban hechas un desastre. Tragó saliva despacio y fue subiendo la mirada hasta toparse con esa cabellera castaño claro que estaba esparcida sobre las almohadas. Oh. Joder. Joder. Joder. De seguro el color se le fue de la cara porque sintió que el corazón se le detuvo y la garganta se le antojó seca.

¿Qué-rayos-había-hecho? ¿Debía despertarla? ¿Vestirse y salirse de allí? ¿Encarar la situación? Claro, como si tener sexo con tu mejor amiga desde hacía casi una década fuera lo más normal. ¿Qué le diría? «Hey, la pasé bien anoche me gustó dormir contigo, pero mejor sigamos como amigos». Ya se veía recibiendo un puñetazo de los buenos.

Se erizó de pies a cabeza cuando la escuchó gruñir y moverse en la cama. Obvio que iba a tener mal despertar si tenía resaca.

— Syaoran, tráeme agua —Sakura recordaba haberle dicho a su amigo para quedarse a dormir porque su estado era tan penoso como el de ella. Luego tuvo que haberse quedado dormida porque no recordó haberse quedado hablando con él o algo parecido. Tenía frío, ah, sí sólo estaba cubierta con una sábana. Que idiota, anoche habían hecho un lío en su cama. — ¡Li! —reclamó al no recibir su agua luego de unos minutos. La cabeza se le estaba partiendo. Abrió un ojo y vio el pecho desnudo de él. ¿Tenía calor? Estaba loco.

Entonces notó su estado y el alma se le fue a los pies. Le tomó varios segundos darse valor para mirar a su amigo... Syaoran era su mejor amigo y habían cruzado la línea. En el pasado había reconocido sentirse atraída por Syaoran y sí, quizás imaginó un escenario en el cual se volvían pareja. Se conocían tanto que quizás una relación con él no estaría mal... quizás…

Pero no así.

Se cubrió lo mejor posible con las sábanas y apoyó la espalda en el respaldo de la cama. Sentía que no podía hablar. El dolor de cabeza por la resaca desapareció. ¿Qué se suponía que se decía en estas situaciones? «Jaja, que cosas, ¿no? Bueno, hagamos como si nada»

Quería que la tierra se la tragara.

Sobresaltó y se cubrió aún más cuando sintió a Syaoran moverse. Syaoran pensó que con gusto le hubiera dado el agua que pedía, claro, si su cuerpo no estuviera rígido, sin poder mover apenas un músculo que hasta ahora notaba, tenía doloridos. Eso y la espalda le ardía a horrores ahora que sentía el sudor escurrirle por ahí.

Imaginó que su rostro estaba hecho un poema, casi igual al de ella. Y que también debía desviar la mirada por mera decencia o cortesía, pero no pudo. O no quiso porque siendo sincero y dejando hablar a esa parte masculina de él, como hombre, le había encantado ver desnuda a su mejor amiga.

Carraspeó deshaciendo el silencio incómodo que se había formado entre ellos y después de un resoplo y de lograr echar la mirada a otro punto que no fuera los pechos de Sakura ocultos por las sábanas habló, bajo y tratando de sonar como siempre, normal, más fue un sonido seco y estrangulado el que se dejó oír.

— Fue mi culpa. No... debí... sabes... debí... largarme... y... —calló. Bien, Syaoran. Era un jodido experto buscando solucionar la metedura de pata. Otro intento. — Si te consuela… no recuerdo nada de lo que pasó, así que date por servida que no recuerdo tu cuerpo desnudo ni lo que hicimos.

¿Lo recordaba? No tanto, solo... sonidos. Su nombre siendo repetido infinidad de veces por la voz de Sakura mientras... gemía. La cara le ardió. Diablos

Sakura maldijo. Oh, por favor, que no empezara con eso de echarse la culpa por algo que hicieron los dos. Vale, se les pasaron las copas. Vale, evidentemente se pasaron de la raya. Vale, metieron la pata hasta el fondo. Había tantas cosas que hicieron mal en una sola noche que ahora sólo podían apreciar las consecuencias de sus actos.

Lo que más le aterraba era que de ahora en más su amistad se viera empañada y comenzaran a actuar distantes el uno con el otro.

Acomodó de mejor forma la sábana para cubrirse y que no se le notara nada al girar para hablarle, aunque su lado racional y cruelmente irónico le dio a entrever que, en realidad, Syaoran ya lo había visto todo aunque no recordara... pero sí lo había visto. Y ahora estaba tan avergonzada que definitivamente no le daría una segunda chance de mirar.

— Syaoran —cortó agobiada. — No puedes culparte por algo que hicimos los dos —no se atrevió a decirle que ella sí recordaba todo, no perfectamente, pero tenía algunas lagunas mentales. Recordaba el cuerpo del castaño sobre ella, sus jadeos y besos; no pudo controlar su sonrojo. — Te juro que no sé qué decir, pero no te culpo de nada... creo que... definitivamente me alegra que haya sido contigo y no con otro, ya sabes, por la confianza y eso...

Confianza las pelotas. Quería esconderse bajo las sábanas y no volver a salir. Ambos. Por separado.

Li dudó. ¿Era en serio? Quería que Sakura le jurara que debido a ese desliz no cambiaría la amistad que tenían. Porqué sí, para él ya viendo las cosas de un punto de vista imparcial, no quería perder la buena convivencia con la castaña.

Se quedó callado la mayor parte del tiempo dejando que la otra echara su perorata para que al final, solo encogiera un hombro y rascara su mejilla para así soltar unas simples palabras bien elaboradas y pensadas.

— Olvidemos esto. Fue cosa de una noche. Y si no tienes lío en habernos acostado, tampoco lo tengo yo —oh. ¿Qué hombre se hacía líos por eso? nadie, nadie. Él tampoco. — Así que, dado que es tarde —habló al tanteo claro, — y que igual que yo quieres darte una ducha, me largo —dicho eso, hizo una seña con el dedo índice al girarlo. Traducción: a menos que quieras verme desnudo, gírate, cúbrete con las sábanas o haz lo que sea. Y no esperó, se puso en pie y comenzó a juntar sus prendas que estaban esparcidas por la loza de la habitación, ¿cómo rayos lanzaron la ropa de ambos a esa distancia? Un misterio sin resolver. Terminó calzándose los zapatos minutos después y resopló para hacer entender que ya ella ya podía mirar.

— Nos vemos —buena frase para después de follar. Bien, Syaoran, bien. Ya mejor se largó.

Sakura le correspondió el saludo de despedida.

Botó el aire que tenía contenido y se dejó caer en la cama. ¿Qué demonios habían hecho? Rayos, ¿sería muy evidente si comenzaba a evitarlo? Sólo un poco, hasta que pasara un tiempo y las cosas se calmaran. Se quedó ahí en su cama, desnuda, sólo cubierta con la sábana casi media hora, pensando a mil por segundo. Al final resopló y buscó sus cosas para tomar una ducha muy larga.

Un paso a la vez. Tenía que poner sus ideas en orden.

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Ya se armó la de Dios(?) Espero que les haya gustado.

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