ADVERTENCIAS: Universo alterno. Aquí los personajes tienen 21 años y son más desinhibidos, aunque creo que con alcohol de por medio todos lo son (?)
PAREJA: SyaoranxSakura, mención EriolxTomoyo
UNA NOCHE BASTA
DOS
Aquellos fueron los días más incómodos de su vida. A decir verdad, lo de evitar a Syaoran no salió tan bien porque, por alguna fuerza del destino, SIEMPRE acababan encontrándose en alguna parte: la cafetería, la biblioteca o cualquiera parte del campus –lo cual era raro considerando lo enorme que era–. El único lugar en el que se sentía "a salvo" era su facultad, ya que no estudiaban lo mismo. Las escazas veces que coincidió con Syaoran, Sakura se excusó diciendo que debía hacer algún trabajo, huyendo con la persona de turno que le acompañara. Era un lío, pero ella seguía esperando que el ambiente entre ambos se calmara y todo volviera a ser lo más parecido a lo usual.
— Si me evitas por... —bajó la voz dos octavas, casi hablando en un susurro, — lo que pasó entre nosotros. Córtalo. Acaba con eso ¿de acuerdo? No tienes que hacerlo. Es... incómodo. Más de lo que debería.
Harto de la situación, Syaoran había logrado arrinconar a Sakura en uno de los pasillos de la facultad. Él, personalmente había ido a buscarle para acabar con todo ese "te evito porque no supero nuestro acostón"; no le importaba llamar la atención por su accionar, mucho menos que los que pasaran por allí les dirigieran miradas escrutantes y cotillas. ¡Al diablo con todo y todos! Ya se decía él un tipo con paciencia y suficiente temple para soportar los desplantes de Sakura, pero tenía un límite y ese era, precisamente que lo evitara fingiendo que no lo conocía.
— Se supone que me dijiste que lo dejaríamos por la paz y la única aquí que me aleja eres tú misma, ¿qué pasó, Sakura? ¿Acaso ya no quieres que sigamos siendo amigos? Habla de una vez —sonó resentido. Resentido y decepcionado. Él no era de demostrar emociones pero la situación lo estaba agobiando. Quería hablarle de un gran logro que había conseguido, pero... resopló y apoyó ambas manos sobre las paredes para que así la otra no pensara en huir. La conocía demasiado bien para saber que lo intentaría.
— Pensé que estabas enfadado —patética, su excusa era patética. Desvió la mirada, justo ahora no le acomodaba la diferencia de estaturas; además que fue ella la que se estuvo muriendo de vergüenza todos estos días. Tomoyo había insistido para que le contara lo que le ocurría, incluso Touya y su padre le preguntaron si le pasaba algo cuando habló por teléfono con ellos. ¡Odiaba ser tan evidente! Había intentado rehuir de la realidad centrándose en sus estudios o en el equipo de atletismo del cual era parte.
Pero estaba siendo tan injusta que fue obvio que el contrario se enfadaría y tarde o temprano acabaría encarándola. Fingió demencia ante sus compañeros y conocidos y jaló a Syaoran del brazo, sacándolo de la facultad; debían conversar, estar tranquilos y sin miradas curiosas. Tomó aire; evidentemente ya no tuvo la misma impresión que aquella "fatídica" mañana, pero seguía actuando un poco extraña.
— Por supuesto que quiero que sigas siendo mi amigo —reafirmó mirándolo a los ojos. — He actuado mal, lo siento, pero también es verdad que he tenido muchas cosas en la facultad y últimamente la cabeza me duele por todo —mordió su labio inferior, buscaba las siguientes palabras para poder expresarse bien y no hacer enojar /más/ a Syaoran. — ¿Ya almorzaste? —invitarlo a comer quizás sería una buena forma de quebrar la tensión, compensarlo y volver a lo de siempre. — Han pasado varios días —siguió como si nada. — A decir verdad no me ha pasado nada interesante, pero podemos aprovechar para conversar de otras cosas...
— Me he ganado una pasantía para estudiar en el extranjero —soltó sin más, pasando de la perorata que la otra le echaba. Buscaba de nuevo aquel aire de convivencia que compartían siempre ante el logro del contrario. Es más, hasta se animó a echar un codazo suave en el costado de ella. Sonrió o lo intentó. — Me marcho en un mes. ¡Sakura! ¿Te imaginas?
"¿Te imaginas?" Era todo lo que podía decir pero, más allá de aquellas simples palabras albergaba tantas cosas. Y esperaba que la castaña olvidara todo lo que pasó, porque realmente quería concentrarse en pasarla bien esas últimas semanas.
Sakura pareció en shock los primeros segundos. ¿Se iba? ¿Cómo se suponía que debía reaccionar ante eso? ¡Un mes no es nada! Sintió su boca secarse, su estómago se encogió y se sintió angustiada porque sabía cómo era el tema de esas pasantías en el extranjero; la gente no solía volver. Aún así hizo su mejor esfuerzo por sonreír y felicitarlo de corazón porque sabía que Syaoran se merecía una oportunidad así y mucho más.
Sin embargo se sintió tan idiota y se maldijo mil veces por haber desperdiciado casi tres semanas ignorándolo por vergüenza en vez de estar con él y disfrutar ese último momento juntos hasta quién sabe quizás cuánto tiempo. Sus ojos la traicionaron y derramó un par de lágrimas, lo abrazó tanto para esconderse como para... todo lo demás.
— Te voy a extrañar tanto —confesó. Porque una cosa fue no verlo porque huía de él, pero otra muy distinta es saber que aunque lo busque, no lo va a encontrar. — Pero estoy tan feliz por ti —rió torpe. — ¿A dónde irás? Espero que si te quedas allá al menos luego tengas la decencia de venir a verme o invitarme a tu casa.
— Londres —hizo una pausa que ocupó para limpiarle las lágrimas. — Cuando me instale por completo te invitaré y haremos turismo.
Dolor. Mirarla reír y llorar al mismo tiempo le dolió de tal forma que quiso llorar. Correspondió el abrazo con algo de fuerza. Apoyó su mentón en la cabeza de Sakura y resopló.
— Y, vamos. Hablaremos por móvil y vídeo-llamadas. Será como siempre. No te olvidaré ni me olvidarás.
Si bien ya se encontraba en el extranjero, pues era originario de Hong Kong, en sus planes de vida siempre estuvo esa idea loca de irse aún más lejos, a Europa y hacer una vida allí. Su madre sabía sobre sus intenciones de abrir una nueva sucursal de la empresa familiar y por supuesto que recibió todo su apoyo. Ganarse la pasantía en Inglaterra era una ayuda porque podría darse una idea de cómo eran las cosas allá y así no adentrarse a ciegas en un mundo tan competitivo. Si incluso Eriol le ofreció quedarse en su casa en el centro de Londres mientras encontrara un lugar cómodo para establecerse. Todo estaba yendo viento en popa, no podía dejar pasar esa oportunidad. Y si bien en su momento dudó en irse –eso ocurrió tras haber conocido a Sakura– el tiempo le indicó que algo tan mínimo como la distancia no desharía el lazo tan fuerte que tenían.
— También te voy a extrañar —confesó. Le dio otro apretujo y se separó de ella. — Ahora, si no es mucho pedir, ¿podríamos volver a ser los de siempre y disfrutar del tiempo que me queda aquí?
Sakura asintió repetidas veces con la cabeza, aún con lágrimas alojadas en sus pestañas. Lo iba a extrañar, pero sabía que él estaría bien, que estaría feliz, que cumpliría uno de sus sueños y que, por supuesto, aquel sería un paso importante para el comienzo de su carrera. Se secó torpemente las lágrimas e intentó sonar animada cuando le insistió para ir a comer algo.
Y cumplió su promesa. Volvieron a ser los mejores amigos de siempre con sus tonterías y humor extraño. El problema no fue sólo que ese mes se pasó demasiado rápido, también radicó en que cada vez que pensaba en que Syaoran se iría, debía correr al baño a vomitar. Para mala suerte más de una vez no alcanzó y tuvo que disculparse hasta el cansancio con los de la limpieza. Por ello fue que comenzó a llevar ropa extra en la mochila. Si bien Tomoyo no tenía problemas con pasarle ropa –aquel gusto por el diseño nunca amainó, aún cuando, al igual que Syaoran, estudiara economía para luego dedicarse a la empresa de su familia– sentía que estaba abusando de la buena voluntad de su amiga. Además que odiaba ver la preocupación surcada en las lindas facciones de Tomoyo.
Sakura no creyó que el que Syaoran se fuera le iba a afectar tanto al punto de somatizarlo. Al menos el chino la consentía comprándole cosas para comer, porque no la dejaba ir con el estómago vacío. Claro que le reclamó el no ir al médico... es que, ¡por favor! Ella estudiaba fisioterapia, algo de medicina sabía y, no iba a molestar a un médico por un virus estomacal. Además que prefería mil veces que Syaoran luego la abrazara e invitara a comer... si hasta tomó la costumbre de cargar con enjuague bucal para ella; aunque con los ácidos del estómago su boca no recibía de buen modo aquel líquido.
[…]
Fanren, una de las hermanas mayores de Syaoran, por vídeo-llamada le dijo que alejarse de la gente querida era uno de los tantos tragos amargos que recibiría en la vida. Luego comenzó a especular que era quizás por la educación machista de la familia que lo obligaba a muchas cosas por ser el único heredero varón. Syaoran a veces envidiaba a sus hermanas y la libertad que tenían.
Las cuatro mayores vivían en una eterna fiesta de compras y maquillaje. ¿Cliché? Por supuesto. Syaoran jamás sintió tan encima la responsabilidad de ser el heredero como en ese momento. Se juró que si alguna vez tenía una hija, no la dejaría de lado por su género; ya era hora de dejar de lado la educación machista.
En el aeropuerto, sus amigos fueron a despedirlo. Eriol viajaría con él para asegurarse que no tuviera inconvenientes en su casa o se sintiera incómodo con el idioma. Despedirse de Sakura fue peor de lo que había predicho y se debatió entre partir o quedarse… admitía que en gran parte era por ver el estado de salud de ella y, porque aunque muchas veces le insistió en que acudiera a un médico… sabía que era en vano, que era testaruda. Aún así, la preocupación estaba ahí, era su mejor amiga después de todo. Tomoyo, dejando de lado la nube rosa en la que estaba encerrada con su novio, le tranquilizó, diciendo que se aseguraría que su prima fuera al médico y que le diría todo respecto a su salud. Daidouji también sospechaba, al igual que Sakura, que estaba somatizando su tristeza, pero era mejor consultar a un experto.
Luego vinieron abrazos, uno especialmente largo para Sakura; promesas y un adiós temporal. Prometió volver en vacaciones, o que los invitaría a todos en Navidad, pues para esa fecha ya tendría su piso propio.
[…]
— El desayuno es muy diferente a lo que tengo acostumbrado. Aquí toman zumo de naranja, café, tostadas con jalea o emparedados de jamón simple, cereal con leche, ensalada de frutas a la cual le vierten granola y yogur. Demasiado para mi gusto —hizo una mueca de querer regurgitar, obviamente en broma y rió quedo y breve para después solo resoplar. — La familia de Eriol me ha tratado muy bien, pero… es extraño que no estés acá. No hay a quién molestar por las mañanas por su pelo de espantapájaros.
Habían pasado tres días desde que había llegado a Londres, si bien no tenía quejas sobre su instancia tanto estudiantil como cotidiana, acostumbrarse a la vida británica era muy diferente. Y ni hablar del jetlag. Cuando se mudó a Japón a los once años, al menos tenía a Wei. Se prometió que dedicaría el fin de semana a buscar un lugar donde vivir y traer a su fiel mayordomo para no sentirse solo. Sentía que era como empezar de cero, pero eso no lo mencionó en la vídeo-llamada que estaba teniendo con Sakura; la diferencia de horarios le obligaba a ser él quien se desvelara, además lo hacía porque intuía que aun algo estaba mal con la salud de ella. Tomoyo no le había dicho nada, pero nada más bastaba ver la cara de Sakura para ver que no estaba bien.
Se acomodó mejor, apoyando la barbilla sobre la almohada y guardó silencio, porque sabía que ahora ella le daría su opinión, el punto de vista que siempre él tomaba como apoyo. Sakura, por su parte, sólo pudo disimular la mueca de asco ante lo que escuchó; pensar en comida le daba asco y el motivo por el cual aquello era causado sólo lograba que se encogiera sobre sí misma deseando el que la tierra se la tragara. Abrazó con fuerza la almohada que tenía sobre su regazo e imitó el accionar del contrario.
— También te extraño —no iba a ponerse sentimental, no quería, pero ahora que estaban lejos había decidido no guardarse las cosas. — Lástima que sólo me extrañas porque no tienes a quien molestar —simuló ofensa, mas pronto rió suavemente. — ¿Cómo sigues con el idioma? ¿Aún tienes ese acento raro? Ah, y antes de que me vuelvas a reclamar, ya fui al médico, Tomoyo me acompañó… no tengo nada grave, sólo un poco de anemia, falta de hierro y vitaminas, así que me dieron pastillas y eso…
Dijo la verdad a medias, no se atrevió a decirle todo, es decir, ¿para qué? Porque sabía que Syaoran mandaría por un tubo su pasantía y su gran oportunidad. No, no, jamás podría perdonarse si hacía eso. Había sido difícil convencer a Tomoyo que no dijera nada, ni siquiera a Eriol; ya luego vería qué hacer con lo que le aquejaba.
— Me preocupa que seas siempre el que se desvela, Syaoran; no quiero que luego por mi culpa vayas mal en clases, o que acabes desmayado por agotamiento. Eso sí sería un problema porque tendrían que buscar una grúa para jirafas —volvió a reír. Syaoran no era tan alto, solo unos centímetros por sobre el promedio, aún así Sakura nunca perdía oportunidad para molestarlo. — Mañana me desvelo yo, ¿sí? No acepto un no como respuesta.
— ¿Eh? ¡No, Sakura! Me niego. No, no y no. Estás delicada de salud y te desvelarás, ¿estás loca? Me opongo. Si no soy yo el que se desvela dejaremos de hablar —frunció los labios y arrugó el ceño para verse molesto. En serio no iba a dejar que la otra pasara desvelos porque él quería escucharla. — Tengo sueño. Hablamos más tarde, ¿vale? Te mandaré un mensaje luego.
Apenas cerró la portátil, la dejó a un lado y se acomodó en su cama. Inevitablemente recordó 'aquella' noche, o lo poco que lograba venir a su mente. Y aunque se negó a rememorar, no pudo. Mejor intentó dormir, lo menos que quería era faltarle el respeto a su amiga de aquella forma.
Sakura infló los mofletes, molesta. Syaoran debía ser el hombre más testarudo sobre la faz de la tierra. Ahí donde estaba ella era recién de mañana, pero en Londres el reloj bordeaba las 1 am. Era una suerte que los jueves entrara un poco más tarde a clases.
Luego de enterarse de su "dolencia" comprendió los vómitos, el cansancio, el dolor de pies, todo… y por desgracia no era algo relacionado a anemia o a falta de vitaminas como le había dicho a Syaoran; aunque eso de que comenzó a tomar vitaminas sí era cierto. Resultaba casi gracioso… y el 'casi' era expresado con profundo sarcasmo. Es decir, sólo una vez estuvo con un hombre, esa vez perdió su virginidad… y la guinda del pastel fue descubrir que ahora estaba embarazada.
Decirle a Syaoran estaba fuera de discusión. Ya se le ocurriría algo, después de todo disimular en una cámara web era bastante fácil. Tomoyo no diría nada y Eriol… uhm, ya luego se le ocurriría algo para explicar su vientre abultado y, por supuesto, lo convencería para que no le dijera a Syaoran. Y luego podría… podría… podría decirle al chino que consiguió trabajo de niñera /tenía que pensar en una mejor excusa/. No iba a arruinarle el sueño haciendo que volviera a Japón a ser padre de un hijo no deseado. En más de una ocasión le había oído decir que ser padre estaba completamente fuera de discusión. Tomó aire para intentar controlar sus lágrimas y se acarició el vientre porque inevitablemente en algún momento tendría que decirle a su familia.
[…]
Afortunadamente no se lo tomaron /tan/ mal. Touya casi explotó de rabia, reclamando el nombre del desgraciado que le hizo 'eso' y su padre permaneció en shock, sin decir nada. No supo qué reacción había sido peor. Ese día estuvo toda la tarde encerrada en su vieja habitación junto a su gato, Kero. Ignoró las llamadas y mensajes de Tomoyo.
Un día que no tenía clases por la tarde, su padre la invitó a almorzar así que tomó el tren a Tomoeda apenas acabó la jornada de la mañana. El abrazo de él la reconfortó y sintió ganas de llorar. Más a la tarde, descubrió armada en su habitación la cuna que había usado de bebé y ya no pudo contener el llanto. El abrazo de su hermano mayor, aún cuando lo agradeció, le provocó llorar aún más.
Los meses pasaron. Probablemente lo que más lamentó fue el hecho de tener que salir del equipo de atletismo. Las vídeo-llamadas con Syaoran siguieron y todo indicaba que las cosas iban muy bien para él. Incluso le comentó entre risas sobre una chica que conoció en la biblioteca con la que aparentemente había 'química'. No supo por qué le dio tanta pena escuchar aquello. Incluso sintió una patadita en el vientre.
Por casi una semana no habló con su amigo. Eso se debió a que ingresó al hospital para dar a luz y los días que estuvo ahí hasta el momento en que regresó a su casa. Disfrazó todo con el hecho de estar en periodo de exámenes muy complicados en la universidad… compatibilizar su embarazo con los estudios fue duro y ahora se pondría peor. Equilibrar su último año con su hija recién nacida no sería fácil; era una suerte que su padre y hermano estuvieran tan dispuestos a ayudarla. Eriol, Tomoyo, sus amigos de la escuela y la universidad e incluso la señora Sonomi fueron a verla al hospital para conocer a la pequeña Nadeshiko. Sonomi se mostró muy conmovida con el homenaje de Sakura a su madre y no dudó en ofrecer su casa para hacer una fiesta por el nacimiento de la niña, claro que pospondrían la celebración hasta que tanto Sakura como su hija estuvieran en óptimas condiciones para festejar.
Cuando se sintió un poco recuperada y ya en su casa, Sakura procuró maquillarse para disimular lo más posible su cansancio e inició la tan ansiada vídeo-llamada con Syaoran. Lo extrañaba mucho y quería oír su voz. Nadeshiko aún estaba durmiendo tranquilamente así que era la hora ideal.
— Hey —sonrió al ver que tenía el cabello un poco desordenado. — ¿Me extrañaste?
[…]
Había un dicho que su padre le decía mucho cuando era pequeño. «Cuando estás viendo realizados tus sueños, el tiempo corre deprisa sin permitirte disfrutar de esos pequeños momentos importantes». Bien, tenía mucha razón ya que desde que había llegado a Londres el tiempo no se detenía. Un día estaba empezando el cuatrimestre y al darse cuenta ya había pasado cerca de un año. Y lo más importante pese a todo eso es que el vínculo de amistad que tenía con Sakura no se había visto mermado, al contrario, pese a ser vídeo llamadas, ella se comportaba más atenta con él y viceversa. Dejando de lado que algunas veces se veía fatal y que evadía muchas cosas de su vida, ella seguía siendo la misma. Y él en algún punto también, aunque ahora contaba con la presencia de otra persona en sus planes a largo plazo.
Extrañó en demasía esos días en que no se hablaron pero, se dijo que era lo mejor, más si Sakura estaba esforzándose igual que él en los estudios. Algún día todos esos desvelos y sacrificios valdrían la pena. Claro que sí.
— Parece como si hubieras muerto y resucitado —su falta de tacto era parte de su encanto; Tomoyo siempre reía de él por eso… aunque era verdad que Sakura no lucía de todo sana. Se preguntó qué tan duros fueron sus exámenes, quizás había pasado noches enteras sin dormir. Se acomodó mejor en la cama y sonrió, entrecerrando los ojos para descubrir cualquier secreto que Sakura estuviera guardándole. — Entonces… —hizo una pausa porque le llegó un mensaje al móvil el cual leyó rápido y despachó sin responder. — ¿Cómo te fue en los exámenes? Dime rápido porque necesito contarte una buena nueva. Quiero que seas la primera en saberlo —¿ella podía notar la emoción en su rostro? Esperaba que sí, y que con eso se animara un poco.
— Yo, uhm... —comenzó con voz temblorosa. Jamás fue buena mentirosa y ahora temía quedar en evidencia. Sabía que los avestruces no hacían eso de esconderse, pero en este momento deseó poder meter la cabeza bajo tierra y desaparecer. Entonces pareció que el alma le volvió al cuerpo cuando escuchó que quería contarle algo. — ¿Qué pasó?
Aún podía sentir aún su corazón latiendo a mil por culpa del estrés. El cortisol seguro lo tenía en la estratósfera. Desvió un poco la cabeza para ver a su hija durmiendo; estaba tan tranquila y se veía tan linda que no pudo evitar sonreír. Volvió su atención a la pantalla del computador y solo entonces notó la ansiedad de Syaoran. Alzó una ceja.
— ¿Acaso te estás aguantando las ganas de ir al baño?
— Fui antes de hablar contigo —agregó con tranquilidad. Despeinó su cabello con lentitud y, como no queriendo la cosa, agregó: — He encontrado a la indicada. ¿Recuerdas cuándo te dije que el matrimonio no estaba hecho para mí? Retracto mis palabras —inspiró hondo y soltó lo que estaba conteniendo—. Sakura, le pediré matrimonio a Kaho.
Sí, tal vez para Sakura todo fuera apresurado y seguramente comenzaría con la perorata de que era muy joven aún y que podía enamorarse más adelante de alguien pero, para él, era lo contrario. No se había sentido así hace mucho. Quería a Kaho, quizá incluso la amaba, era la chica correcta, la adecuada, y se lo haría ver a Sakura en cuanto tuviera oportunidad.
— No me digas nada antes de conocerla, ¿de acuerdo? —fue su única súplica y el deje en su voz podía corroborar aquello. — Era todo lo que te quería decir. Nos vemos después —y se desconectó. Vamos, podía verse algo maleducado pero si se quedaba un minuto más hablando con ella, estaba seguro que le diría la sorpresa que planeaba: ir por las vacaciones invernales, y era algo que no deseaba arruinar.
Se las había arreglado para reunir a todos en Japón. Sus hermanas parecieron encantadas con la idea y, de hecho, ya se habían adueñado de su departamento. Su madre fue un poco más difícil de convencer, pero todo fue más fácil cuando reconoció merecer unos días de vacaciones. Estaba ansioso, ansioso porque llevaría a su novia consigo y esperaba que todos la aprobaran. Y si no… que se fueran al diablo, le pediría matrimonio de todas formas.
En Japón, Sakura aún no acababa de digerir la noticia cuando se dio cuenta que Li había cortado la llamada. Todo había sido tan rápido. Luego de escuchar el nombre femenino dejó de escuchar aún cuando veía moverse los labios de Syaoran. ¿Cómo que se iba a casar? Si no hacía ni un año que la conocía, ¿por qué el apuro? ¿Acaso la había dejado embarazada? Já, casi, casi rió por eso último. ¿Pero por qué se iba a casar? Ni siquiera le dejó decirle algo… veía el cuadro de chat en blanco y el "off-line" a un lado. Estaba estupefacta, no lo podía creer y tardó varios minutos en darse cuenta que estaba llorando.
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En mi defensa... me gusta el drama(?)
¡Gracias por por reviews! (L)
