Estoy llena de cosas y un capítulo largo para compensar que no he contestado reviews.


UNA NOCHE BASTA


TRES

La vida sigue, no iba a echarse a morir por pena, mucho menos dejaría de atender a su hija. Nadeshiko era la niña más linda que había visto jamás, completamente preciosa, estaba enamorada de ella. Sus amigos de la universidad fueron a su casa para conocerla e igual cayeron rendidos ante esos ojitos grandes y la sonrisa coqueta tan igual a la de... su padre. Si incluso los pequeños mechones que tenía eran iguales a los de Syaoran. Suerte que al menos nadie notó eso.

Compatibilizar las clases con los cuidados de Nadeshiko fue complicado, ¡vaya que lo fue! Seguir estudiando en Tokio le fue imposible y, a pesar que lo intentó, se vio forzada a cambiarse a la universidad de Tomoeda. Todo era en pro de su hija, ella lo valía.

¿Cosas buenas que rescataba de todo esto? Además de Nadeshiko, pues… su pecho creció; se sintió orgullosa de su nueva copa cuando se vio forzada a ir por nueva ropa interior. (Ahora pensaba que quizás decirle a Tomoyo que la acompañara no fue buena idea). Además, su hija era muy tranquila y dormía casi toda la noche de corrido, lo cual era extraño pues Touya le había dicho que ella había sido una escandalosa y aquello nuevamente le llevó a pensar que eso seguramente también lo había heredado de Syaoran.

Por suerte las vacaciones invernales llegaron. La vida entre la universidad y su hija se pasaba muy rápido y un descanso fue lo mejor para su alma agotada. Por otro lado estaba emocionada por la primera navidad de Nadeshiko; Tomoyo, extasiada con su nuevo papel de madrina, confeccionó un pequeño traje navideño para la niña y, por supuesto, hizo muchas fotos, luego se dijo que elegiría las mejores para dárselas a Sakura.

Ahora, madre e hija estaban en la sala de estar... habían juguetes por todos lados, el talco de bebé y los pañales estaban sobre el sofá pequeño, mas lejos de preocuparse por el desorden, Sakura estaba en el sofá, leyendo tranquilamente los apuntes de una de sus clases con la que había quedado pendiente y su hija dormía.

Ah, la buena vida. Porque estar así, aún en medio del desorden, era el paraíso.

[...]

Para Syaoran, el tiempo pasaba rápido. Demasiado. Un día estaba hablando con Sakura por vídeo llamada sobre que pediría matrimonio a su novia Kaho y al siguiente estaba tocando a la puerta de la primera. Después de todo, el que fuera su mejor amiga le daba más privilegios por sobre sus demás conocidos, como el hecho de hacer las presentaciones de ambas chicas de forma oficial. Le dedicó una breve mirada a su acompañante, ésta le devolvió la sonrisa y se tomó su tiempo en halarle para darle un corto beso en la mejilla, justo cuando la puerta se abrió. Momento incómodo.

— Sakura, te presento a Kaho —fue lo único que logró decir antes de que le cerraran la puerta en la nariz. Tanto su cara como la de su novia se pintaron de confusión pura. — Algo debió pasar —susurró, justificando el actuar de Sakura. Kaho simplemente frunció el ceño ante el pobre intento de excusa.

Tras mucha insistencia, Kaho había aceptado acompañarlo para conocer a la familia de su novio y la tan famosa amiga de la que tan buenas referencias tenía… pero ese recibimiento dejó mucho que desear. Syaoran le sonrió, ofreciendo una disculpa muda y paseó la mirada, buscando donde fijarla para que su novia no viera la sorpresa que le surcaba el rostro debido a la actitud de Sakura.

Lo que Li no sabía es que toda la felicidad que Sakura pudo haber sentido al volver a verlo después de un año, se fue al demonio en el segundo que recordó a su hija y que precisamente ese no era el momento para comentarle a Syaoran sobre su existencia. A lo único que atinó fue a cerrarle la puerta en la cara y recoger todos los juguetes y cosas de Nadeshiko; se maldijo mil veces por ser tan desordenada, ¡pero eran vacaciones! Y sólo fue ese el día en que se dijo que ya ordenaría luego. Casi se mata al pisar uno de esos peluches que suenan cuando los tocas. Arrojó todo a la cocina... porque no entrarían a la cocina y... tampoco a la sala, sí, los mantendría en la entrada y al demonio si lucía mal educada. Es su casa y hace lo que quiere.

Sakura miró disimuladamente por la ventana junto a la puerta y el estómago se le encogió al ver a una pelirroja espectacular junto a su amigo. Seguro era una zorra. Intentó disimular su mueca de celos disfrazándola con una sonrisa y abrió la puerta, cerrándola rápidamente tras de sí.

— ¡S-Syaoran! —maldijo también su voz temblorosa. Ignoró a la mujer junto a él y saltó a abrazarlo, fuerte, anhelante, lo había extrañado tanto, extrañaba el olor de su perfume, el contacto, todo... y por lo mismo lo mantuvo aferrado por bastante tiempo. — ¿Por qué no me avisaste que ibas a venir? —rió ligero y se apartó un poco para verlo a los ojos. Y justo en ese momento se quiso morir porque su hija comenzó a llorar.

Ignoró todo. Nadeshiko era muchísimo más importante que la vergüenza que eventualmente tendría cuando Syaoran le reclamara el no haberle dicho. Abrió la puerta y corrió para cargar a la pequeña y mecerla hasta que se calmara. Lo único malo de su hija era que no le gustaba estar sola, debía siempre haber alguien en la habitación con ella, incluso si no era a su lado. Suspiró y se dio ánimos para girar porque sabía que tanto Syaoran como su novia estaban justo atrás, mirando.

— Uhm, ella es mi hija, Nadeshiko.

Syaoran siempre tenía algo qué decir, fuera bueno o malo y nunca se cortaba. Sin embargo, ahora estaba en blanco. Aquella escena de la cual estaba siendo espectador no la estaba entendiendo del todo, más aun cuando Sakura dijo que esa niña era su...

— ¿Disculpa? —pensó no haber escuchado bien, por lo que carraspeó aclarándose la garganta. Sintiéndose un intruso sin serlo realmente; no pudo evitar acercarse, seguido de su novia. Rió, algo nervioso y ansioso. — Sakura, creo que no te escuché bien, ¿dijiste hija? Pero, ¿cómo va a ser? Tu... tu... apenas, ¡maldita sea, Kinomoto! Apenas tienes 21 años —resopló buscando calmarse porque se sentía, ¿cómo se sentía? Ni él sabía explicarse. — ¿Por qué no me lo dijiste? Tantas veces que hablamos y no sé te ocurrió decirme que estabas esperando un bebé. ¿No somos amigos? Imagino que no lo creíste conveniente, ¿no? El padre de tu bebé podría molestarse —entonces cayó en cuenta. — ¿Quién es el bastardo que te hizo eso?

Y tan pronto como se escuchó, se maldijo.

— ¡¿Crees que no lo sé?! ¡No busqué que esto pasara! —alzó la voz, estaba molesta, molesta por todas las veces que escuchó lo mismo, por todas las miradas indiscretas cuando iba a la universidad aún embarazada y la gente mayor sobretodo le dedicaba una mueca de reproche. Ya estaba harta de eso y no quería que encima Syaoran le reclamara. Mucho menos porque eso /quizás/ le dio una idea de cómo hubiera reaccionado si le hubiera contado desde el comienzo que iba a ser padre; no pudo evitar deprimirse un poco y abrazó a su hija con un poco más de fuerza, sin llegar a lastimarla. — ¿Cómo querías que te contara algo tan serio por internet? —volvió a reclamar, esta vez con un tono más suave.

Una vez más se convenció de que lo mejor que pudo haber hecho fue ocultar a todos quien era el padre de su hija. Nadeshiko seguro sería una chica muy lista, entendería cuando fuera mayor y le explicara. Se notó visiblemente incómoda cuando la bebé comenzó a buscar su pecho, por todos los cielos, ¿por qué justo ahora? Buscó pronto una manta con la cual cubrirse y no tuvo opción, se sentó en el sofá, se descubrió un pecho para que Nadeshiko pudiera comer y se tapó con la manta para no causar tanta incomodidad. Suspiró.

Sabía que esa conversación se daría un día, que Syaoran le preguntaría por quién era el padre; y aún cuando lo había ensayado mil veces en su cabeza, ahora sintió las palabras atorársele en la garganta.

— No quiero hablar sobre el padre de Nadeshiko —se odió por sonar tan vulnerable. Que Syaoran pensara lo que quisiera, no le iba a decir la verdad, menos ahora que el maldito idiota decidió casarse con una zorra que acaba de conocer. La rabia le hacía pensar muchas cosas, ¡que molesta estaba en este momento!

Syaoran bufó, soltando todo su coraje e ira que ya estaban haciendo mella en él y fue cuando la realidad lo golpeó. Tan fuerte que se le quedó mirando con atención a la pequeña en brazos de Sakura. Por un segundo pensó que... ¿y si...? ¿Podría ser qué...? No, no, Sakura le hubiera informado de algo tan delicado como eso. Además era notorio que el padre de esa criatura había sido un imbécil desobligado que solo la concibió y olvidó. Apretó sus puños por inercia y no fue hasta que Kaho le tomó del brazo que reaccionó. Se sorprendió así mismo ante el reflejo que el espejo que estaba frente a él, el rictus que tenía y lo arrebolado que se veía y no justamente por estar tímido, ni en menos. Exhaló e inhaló, buscando relajarse. Venga, lo intentaría otra vez. Hablar tranquilos y no alterarse, que con lo poco captado entendió que Sakura no necesitaba estar siendo sermoneada en esos momentos.

Le dedicó una breve mirada a Kaho la cual solo asintió. No necesitaban palabra alguna para comunicarse, quizá por ello la elegía. Ella era tan parecida a Sakura en ciertos rasgos... aunque no era lugar ni instante para pensar en algo así.

Ocupó lugar a lado de la castaña, sin inmutarse por el simple hecho de que ella estaba amamantando a la criatura. De hecho, aprovechó para repensar que podría decir y solo atinó a ponerle un brazo por los hombros, halarla hacia él y abrazarla lo necesario para transmitirle su apoyo. Eso claro, sin estorbar en la alimentación de aquella bebé por la cual sintió un profundo afecto y cariño espontáneo. Se dijo también que era porque era la hija de su mejor amiga.

— Todo lo que necesites, solo pídelo ¿de acuerdo? No importa dónde, cómo, cuándo o con quién esté. Llámame. Vendré tan pronto como la diferencia de horarios me lo permita —y le besó la frente sin importar que su novia, a la que le pediría dentro de tres días matrimonio, los viera. Ella debía entender, Kaho debía comprender que Sakura sería parte importante en el futuro compartido de ambos, más ahora que había adoptado la fiel decisión de velar por su amiga e hija.

Sakura por unos segundos se sintió tan feliz, porque pensó que visto desde fuera seguro lucían como una familia feliz /por fin/. Por unos instantes imaginó a Syaoran feliz con el hecho de saber sobre su paternidad y que se quedaría con ellas y serían una familia. Incluso sus ojos se aguaron producto de la felicidad que le causó esa fantasía. Pero debía ser realista, por más que duela, quizás... quizás esa mujer que estaba ahí, aún parada en medio de la sala no era tan mala, Syaoran la había elegido después de todo. Tenía que tener la mente abierta, relajarse, hacerse a la idea que lo mejor sería nunca contar la verdad... porque aunque le doliera, si Syaoran estaba feliz, eso debía bastarle.

— Mejor no te diré nada, siempre exageras todo —rió entre dientes y lo empujó levemente con el hombro para luego acomodarse en su pecho; sólo sería un momento, un momento que le ayudaría a relajarse de una vez. El silencio sumió la casa y permaneció así hasta que Nadeshiko ya no quiso seguir comiendo. Se removió y le pidió a su amigo que la cargara un poco mientras ella le daba la espalda para limpiarse y acomodarse la ropa. Pensó en lo lindo que su hija fuera cargada por primera vez por su papá. Ese sería otro recuerdo que atesoraría en su mente. — Ven aquí, mi amor —si le dio algo de vergüenza que alguien le oyera ser tan dulce, pero con Nadeshiko era algo natural. Volvió a cargarla y la paseó suavemente, con la barbilla de la bebé sobre su hombro y acariciando su espalda para que no le dé reflujo, incluso tarareó un poco, pues sabía que su hija así se relajaba por completo. — Por cierto, disculpen el desorden... no esperaba visitas así que me relajé —fue sincera. — Por cierto, Syaoran, ya sabes donde está todo, ¿puedes ir a buscar té? Creo que mi padre compró ayer unos dulces. ¿Puedes ir a buscarlos, por favor?

— Siempre has sido una desordenada —comentó haciendo la broma del día, no podía evitarlo. — Kaho, no le creas —y huyó a la cocina a traer bebidas y algo que picar, más sabiendo /lo había leído en algún periódico o revista, no recordaba/ que las mujeres recién paridas eran más agresivas de lo normal.

Y se tardó su buen tiempo, la nevera estaba bien surtida, si, y todo estaba como debería estar para alimentar a ese par de señoritas sin embargo; había algo que a Syaoran no le convencía del todo, por ello se quedó allí, en medio de la cocina debatiendo si comerse ese solitario pedazo de pastel de chocolate que estaba viendo con suma interrogante.

Sakura se mostró ofendida. Ella no era un desastre, já, si de desorden de trata, era cosa de ver la habitación de Syaoran. Eso SI era un desastre nuclear. Volvió a sentarse en el sofá cuando Syaoran se fue a la cocina y prestó atención entonces a la mujer que, aunque pareciera chiste, seguía de pie. Usó su tono más amable para indicarle que se sentara si apetecía. El silencio fue incómodo. Pasaron unos minutos y dejó a su hija cómoda en su silla de bebé con esos juguetes que tenía colgando y que le gustaba patear.

— Syaoran me ha hablado bastante de ti —mentira, apenas y la mencionó un par de veces, pero quizás así la mujer se sentiría más cómoda y dejaría de observar tanto a su hija. Vamos, que sabe que Nadeshiko es completamente adorable y linda, pero ya comenzaba a incomodarse.

— ¿Syaoran es el padre de tu hija?

No supo cómo reaccionar. En blanco, totalmente en blanco, pálida. Lo peor fue que con su silencio le cedió la respuesta y sólo pudo notar el gesto fruncido de la contraria.

— Él no sabe —se apresuró a decir, torpe. — No le voy a decir… él es feliz contigo, eso me ha dicho.

Y decir aquello le dolió, le dolió porque ella también quería a Syaoran; le costó tanto darse cuenta y tuvo que pasar eso aquella noche y luego lo de su embarazo para darse cuenta. ¿Pero ya qué sentido tenía? Él había elegido a la pelirroja espectacular de labios carnosos.

— El pastel de chocolate que estaba en la nevera, sufrió un perc- —La frase quedó al aire y él, quedó estático apenas puso un pie en la salilla de recibimiento. Hombre, que la tensión podía cortarse con cuchillo de mantequilla. Kaho se encontraba sonriéndole a Sakura de una forma... ¿siniestra? La quería mucho, que le perdonara por pensar así de sus sonrisas, aunque la de Sakura no se quedaba atrás. No. Era diferente, era... era como si estuviera melancólica, arrepentida. Costeó una ceja, algo interrogativo y terminó por acercarse a su novia; ella solo le recibió con un efusivo beso en la mejilla, marcando su labial rojo sobre su piel y él solo pudo atinar a asentir cuando Kaho mencionó la recepción que se ofrecería en su casa, con motivo de su regreso por vacaciones.

«Tienes que ir» Recordó decir a Sakura antes de que le tomaran de la mano y con un breve intercambio de miradas, se marchó de allí. En todo el camino no dijo palabra alguna, en primera porque se había quedado algo perturbado por eso último ocurrido momentos atrás y en segunda porque tenía algunas cosas que pensar para esos días y el resto de su futuro.

[…]

Una amena estancia, rodeado de postres, sodas, té, ponche, algunos tragos /cortesía de sus hermanas/ y un ambiente cálido por la suave melodía que se extendía por todo el lugar; así era la fiesta que había sido convocada a su honor. Y no podía faltar amigos, y conocidos. Sin embargo para Syaoran todavía faltaba alguien que llegase para que todo estuviera en armonía, y lo dejaba muy en claro cuando miraba hacia la puerta o por la ventana cada diez minutos. Sakura debía estar hacía una hora allí. Era la primera vez que llegaba tarde a una cita con él, y eso solo le hacía acrecentar ese leve mal humor que había tenido los últimos dos días de los cuales no había sabido absolutamente nada de ella. Ni Kaho podía controlarlo, discutían o hacían intento de ello cada vez que salía a colación la preocupación obsesiva de él por aquel par de chicas que... iban llegando en ese segundo.

— Pensé que no vendrías —se oyó decir cuando ya estaba junto a la castaña y su hija. Había pasado abiertamente de su novia y las personas allí lo notaron. Nadie dijo nada, por educación. Tomó a Nadeshiko entre sus brazos sin permiso y la apretujó, solo un poco, lo necesario para que la pequeña le mirara y sonriera. Oh, tenía un hoyuelo del lado izquierdo, justo como él; qué niña más adorable. — Hay té, del que te gusta y también pedí a Fuutie que preparara tu postre favorito —le sonrió cuando sus miradas se cruzaron y guiñó. No perdía esa actitud juguetona que con Sakura simplemente emergía. Y esa acción sólo hizo que Nadeshiko riera más; «Creo que le agradas», dijo alguien de improviso tras él. Eriol, que, al contemplar a la niña, entreabrió los labios, listo para decir algo, más Tomoyo le hizo un gesto para que cerrara la boca y luego miró a Sakura y, con una sonrisa cortés, se alejó, llevándose a su novio con ella. Syaoran solo sonrió y meneó la cabeza. — ¿Por qué tardaste en venir? Estaba pensando ir a por ti y la niña si no llegaban en diez minutos.

— Tu siempre de exagerado —en verdad sólo era así con ella; el mundo sabía que a Li Syaoran le importaba tres cuernos lo que pasara o dejara de pasar si eso no le involucraba... e incluso si lo hacía igual adoptaba esa actitud. Se sintió un poco nerviosa cuando la madre de él vio a su hija a lo lejos, pero disimuló lo mejor que pudo. — No sabía si venir, está nevando y hace mucho frío, no quería que Nadeshiko enfermara; pero mi papá me pasó el auto así que... —dejó la frase en el aire. Se quitó el abrigo y lo dejó donde siempre junto al bolso con las cosas de la bebé, porque era obvio que no era la primera ni la segunda vez que iba. Saludó a los presentes y no pudo evitar una sonrisa cuando notó que Syaoran y su hija se volvieron el centro de atención. — Cuando en cinco minutos te canses, dime para sostener a Nadeshiko... tus brazos flacos no me dan confianza —mofó ligero.

Syaoran le mostró la lengua con cierta actitud infantil en torno al comentario de sus brazos. Ya no era tan flacucho, hace mucho que iba al gimnasio. Mas eso pasó a segundo término cuando todos se acercaron a saludarlo y a curiosear a la pequeña, a la cual abrazó con cierta sobre protección e, hinchando el pecho, dispuesto a bromear, alzó la voz, lo suficiente para que los presentes de allí le voltearan a ver, entonces, miró a Kaho y pese a que advirtió esa molestia en ella, prosiguió con lo que tenía en mente /a razonamiento de él, era divertido/.

— ¿A qué es preciosa, verdad? —preguntó con esa sonrisa cuando alzó a Nadeshiko un poco para que la viesen mejor y todos respondieron que sí. — Lo sé, es igual que la madre —y ahora señaló con la cabeza a Sakura la cual se ganó un par de aplausos de algunos, cosa que la hizo sonrojar. Hizo un pequeño silencio, miró a todos, miró a Sakura y guiñó también y soltó lo pensado. — Y que el padre. Les presento a mi hija —y sonrió, amplio y orgulloso.

Y no entendió porque la salida dramática de Kaho, ni por qué Eriol le dio una mirada de comprensión. Ni mucho menos logró comprender por qué Sakura se largó andando entre los invitados directo a la cocina. A la cocina solo se iba cuando estaban molestos y planeaban aclarar las cosas. Retuvo el aliento y, confundido, no dirigió palabra o mirada alguno a los demás y siguió a Sakura, cuando debió seguir a su novia.

— ¿Qué es lo que pasó? —cuestionó cuando estuvo frente a ella. Él todavía sostenía a la bebé que le miraba con esos ojitos verdes tan coquetos. Le recordó por un vago momento a Sakura cuando lo miraba e intentaba bromear con él cuando estudiaban en la biblioteca.

Sakura se dijo que todo se había ido al demonio. Su estómago se contrajo tanto que le dolió, por todos los cielos, era más que obvio que aquello había sido una broma, pero se sintió tan mal que tuvo que huir de esa escena. Y en la cocina ni siquiera atinó a buscar algo para beber o poner el agua hervir para hacerse un té. ¿La novia de Syaoran habría hablado con él? No, descartó eso de inmediato y volvió a la idea original de la broma. Estaba temblando; si no le había dicho la verdad a su amigo era porque no quería arruinarle la vida que ya formó... y de todos modos mantendrían en contacto así que, aunque no lo supiera, Nadeshiko sí tendría a su papá cerca y todo estaría bien así. Rápidamente tomó a su hija en brazos y la estrechó contra su pecho; hacer eso la tranquilizaba, era el único modo.

— El tema del papá de Nadeshiko es complicado, creí que ya lo habías supuesto —sonó molesta. Estar enojada con él, hablarle golpeado, esa era la forma en la que podía sobreponerse al menos momentáneamente para encararlo y culpar a algo que, si bien no era mentira, tampoco era la verdad absoluta. Le dio la espalda y aferró más a su hija a su cuerpo. — Probablemente ella nunca lo conozca y no quiero que ni tu ni nadie se tomen atribuciones que sólo acabarán confundiéndola.

Él no esperó que Sakura le soltara aquello sin más. Supo que fue una tremenda estupidez bromear con ello.

Muy, muy en el fondo deseó ser el padre de aquella criatura y no entendió por qué, ni dio una razón lógica a su pensar, a su anhelo. Podía escuchar la música suave viniendo de la sala, las personas hablando y el respirar de ellos en la silenciosa cocina. ¿Debía quedarse o irse? Por vez primera se debatía de cómo actuar. Apretó ligeramente sus manos haciéndolas puño, arriesgándose a seguir hablando de aquel tema que evitó por no lastimar a su amiga pero ya que salía a relucir de nuevo, mejor aclararlo antes de que fuera tarde.

— Es complicado porque lo ves así. No necesitas... no necesitas que ella tenga un padre, Sakura —vaciló si en seguir o no y en su voz de seguro se notó. — Me tienes a mí. Déjame, permite que yo sea esa figura paternal. No necesitas decirle que soy su padre, podemos decir que soy su tío — sonó ansioso al hablar.

Y quiso seguir, exponerle a su mejor amiga que podría cuidar de ellas, velar por su bienestar pero justo, justo cuando quiso hacerlo, Kaho entró a la cocina seguida de su madre. No hizo falta cruzar palabra, bastó una mirada para que entendiese a qué venía. Suspiró, hondo, lento y pesado y prefirió seguir a su novia junto a los invitados mientras su madre iba atrás con Sakura.

Entonces, tras llamar la atención de todos al golpear una copa, Syaoran comenzó con unas palabras cargadas de un sentimiento que ya no estaba tan seguro de sentir. Un breve silencio, la noticia, la verdadera razón por la cual había vuelto... los invitados felicitando a la recién pareja comprometida, la música de fondo sonando, las copas tintineando ante el brindis y la sonrisa de Kaho amplia, reluciente cuando él le colocó el bonito anillo de compromiso. Tras el revuelo que se formó, Syaoran buscó a su mejor amiga para abrazarla y que le felicitara, porque necesitaba de ello para comprender que era realidad y que pese a eso, seguirían siendo amigos.

Sakura jamás pensó que aquella fiesta incluiría el compromiso de Syaoran y su novia; de haber sabido hubiera llegado al punto de inventar una resfriado en su hija para no tener que ver aquello. Estaba confundida, en un momento era como si Syaoran le diera pie a que le confesara su paternidad y al siguiente se comprometía, no sabía si reír, llorar o irse indignada de esa casa. Ah, pero sí sintió bastante pena porque él poniendo el anillo en el dedo de su novia lucía tan feliz... y claro que eso era importante, su felicidad, pero no podía compartir el mismo sentimiento en ese momento.

Rechazó la champaña aludiendo al hecho que estaba amamantando. Pensó en irse, lamentablemente no se iría enfadada sino bastante triste. Pero fue inteligente, sabía que si se iba ahora que justo se había efectuado el compromiso, levantaría sospechas así que le pidió a Tomoyo sostener a su hija un momento en lo que ella iba al baño.

¿Cuánto era lo socialmente aceptado para estar en un baño? ¿Tres minutos? Intentaría calmarse en ese momento. Lloraría, reclamaría y haría muecas en silencio, se retocaría el leve maquillaje que siempre usaba para pasar desapercibida y saldría como si nada. Con tres minutos bastaría... bueno, quizás cinco.

Y fueron los cinco minutos más cortos de su vida. Ahora sólo quería sostener fuerte a Nadeshiko contra su pecho y estar así hasta tranquilizarse.

Cuando vio acercarse a Syaoran /en realidad él la interceptó/ notó que esperaba una felicitación o algo parecido, pero no podía, no se sentía capaz de ello. Se limitó a abrazarlo. Quería gritarle que no se casara, que tenían una hija en común, que se suponía debía ser ella quien tuviera el anillo, pero vamos, no podía ser tan egoísta; Syaoran no la quería de ese modo y, aunque sonara cruel, Nadeshiko era el resultado de una noche de borrachera.

Kaho llegó en ese momento y le abrazó por el costado, viendo a Sakura con una reluciente sonrisa, le preguntó si se quedaba a cenar. Syaoran no supo si fue su imaginación o había alguna clase de secreto entre ellas. Se sintió incómodo y se excusó de ellas para ir mejor a por Nadeshiko. Se vio huyendo a su alcoba junto con la pequeña a la cual dejó sobre la cama para buscar algo. Cuando lo hubo hallado lo colgó al cuello de ella, un pequeño collar que él usó cuando pequeño. Indiferente de lo que su amiga dijera, él iba a ser el tío de Nadeshiko.

Se vio interrumpido de la "charla" que llevaba con la bebé cuando tocaron a la puerta y ésta se abrió.

— ¿De verdad te agrada tanto? —había llegado al segundo piso tras buscar a Syaoran, pues Tomoyo le había dicho que se llevó a la niña. No pudo evitar la pregunta; creía que al chino no le agradaban los bebés. Se apoyó en el marco de la puerta con los brazos juntos y tomó aire, como preparándose para la respuesta.

La pregunta le sacó de su pensar. Torció los labios, quizá con algo de molestia y debate interior. Ambivalencia, eso le causaba Nadeshiko pero era una opinión que no tenía porque expresar, por lo que se la guardó y al contrario añadió, con cierta sonrisa indescifrable:

— Tiene algo que me hace quererla —encogió un hombro y volvió a hacer una mueca que había descubierto en ese poco tiempo que a Nadeshiko le hacía que riera, como estaba haciendo. — Y no es porque sea tu hija, eso no tiene nada que ver. Es... —miró a su amiga, frunciendo los labios, buscando la palabra exacta, pero no la halló. — No sabría cómo explicarlo, me llama la atención. Es todo.

Silencio transcurrió entre ellos y fue él, el mismo quien lo rompió al palmear a un lado, sobre el colchón para que lo ocupase ella.

— Cómo pasa el tiempo. ¿Recuerdas? hacia años atrás nos quedábamos aquí hasta tarde leyendo cómics y jugando videojuegos, pensando en qué haríamos cuando fuéramos adultos —suspiró. — Y henos aquí, tu siendo mamá y yo a punto de casarme. Todo es tu culpa, no me hubieses dejado ir a Londres y tal vez esto no nos estaría pasando —bromeó. Y quizás fue cruel en su broma, pero era su forma de decir las cosas: directas y sin pudor.

El dolor en el estómago de Sakura fue automático. ¿Eso qué Syaoran no podía explicar sería su instinto? Dicen que la sangre "llama" después de todo pero hasta ese día creía que era sólo una frase de adorno. Trató de calmarse, ¡debía hacerlo! Oh rayos, iba a volverse loca, de verdad que sí. Y quizás sentarse junto a él no fue de las mejores ideas, pero sí quería tenerlo cerca, a él y a su hija y pensar nuevamente en la familia feliz... sólo sería un momento. Sus buenos momentos comenzaban a durar tan poco y la frustraban tanto que se dijo firmemente no volvería a soñar con algo que involucrara a Syaoran porque siempre ocurría algo que la hacía caer de cara al suelo. Frunció el ceño e intentó no sonar resentida. No supo si lo logró.

— ¿Qué querías que hiciera? Siempre soñaste con Europa. Como sea, supongo que gracias a eso conociste al amor de tu vida —que horrible se sintió decir eso y aparentar indiferencia. Esperaba haber lucido convincente. Giró para ver a su hija y notó entonces un collar en ella; miró a su amigo en silencio. — ¿Qué caso tiene pensar en el pasado? Las cosas no van a cambiar por más que queramos.

— Eso del amor de mi vida suena ridículo, ¿sabes? Pero eres tú así que diré que sí porque solo tú crees en ese tipo de cosas —incluso mostró la lengua para que la bebé riera mas. — ¿Ves? Tu mamá siempre ha sido de esas románticas empedernidas, vamos a burlarnos de ella —y aunque fue lo que dijo, terminó por encorvarse un poco y recargar su cabeza en la de la castaña y resopló, fijando su vista en el estante de libros que tenía frente; apretó con cuidado y suavidad a la niña cuando la cambió de posición, ahora pegada a su pecho. — Sakura... las cosas tienden a ser como se debe. No más. Además siempre te dije que nos atreviéramos a ir juntos a Londres, pero nunca me diste una respuesta y, ¿quién sabe? A lo mejor si no hubiese pasado aquella noche entre nosotros esa vez, las cosas serían diferentes. Me atreví a irme para no hacerte sentir incómoda —confesó. Se lo debía, ¿no? Ser sincero, dejarla ir.

Y eso era lo malo de haberte enamorado de tu mejor amiga. Bah, la basura más grande que te podía pasar. Pero ahora todo estaba así, ella había sido madre de un imbécil que ni cargo se pudo hacer de la criatura engendrada y él, pues le tocaba seguir su vida.

— Además, podrás golpearme después de decirte esto pero, hace poco que recordé todo lo que pasó y créeme cuando digo que eres desagradable cuando duermes, me pateaste muchas veces —le besó la mejilla tratando de apaciguar la ira que de seguro emergería. — Sigamos en contacto después de que me case, ¿de acuerdo? Quiero saber cómo vas tú y Nadeshiko, sobre todo ella. No me alejes, confío en ti.

Sakura quiso reír y llorar al mismo tiempo. En ese rato que estuvieron ahí los tres juntos se preguntó si algo hubiera cambiado si le hubiera dicho la verdad a Syaoran desde el principio; ¿se habría hecho cargo de su hija? ¿Le habría ignorado o reclamado? ¿Se habrían enojado? Quizás ni siquiera seguirían siendo amigos. De verdad tenía miedo de la reacción de él. Se limitó a asentir con la cabeza y luego de unos minutos más en silencio, sugirió volver abajo con los demás, después de todo no era bien visto que el anfitrión se escabullera de su propia fiesta.

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Vendrán cosas peores, dice la biblia(?)