UNA NOCHE BASTA
CUATRO
Esta vez que Syaoran se fue a Londres, Sakura no pudo ir a despedirlo al aeropuerto ya que Nadeshiko de verdad enfermó y no la arriesgaría más. De todos modos el día anterior él había ido a verlas así que no se sintió mal del todo. En su casa vio con más atención el collar que ahora tenía su hija, el primer regalo de su papá, definitivamente valoraba el gesto y cada día se lo ponía. Volvió a sus clases en la universidad y el tiempo nuevamente comenzó a escasear. Se hubiera vuelto loca de no ser por su padre que la ayudaba tanto.
Para Sakura, el cansancio era pasajero, sabía que ya luego todo valdría la pena. Y respecto a Syaoran... pues, no es como si hubiera evidenciado el hecho que ya no quería seguir hablando con él... porque le dolía como se habían dado las cosas, además que, con todo lo que debía hacer, el tiempo no le daba para sentarse frente al computador y hablar con él. Claro que le mensajeaban por teléfono, sin embargo fue evidente que las cosas ya no eran como antes.
Pensó en qué hubiera pasado si se hubiera ido con él a Londres, ahí sí que no hubiera podido ocultar su embarazo y las circunstancias probablemente les hubieran obligado a volver a Tomoeda y todos los planes a futuro que tenía su mejor amigo se habrían ido por un tubo. Cada día le dolía un poco más saberlo lejos, saber que se iba a casar, saber que Nadeshiko nunca iba a saber que él era su papá. Pero las cosas ya eran de ese modo y ahora abrir la boca sólo arruinaría todo. Era un asco, ya no quería más de nada.
[…]
El tiempo en Londres comenzó a ir más a prisa para Syaoran, más ajetreado y con menos probabilidades para hablar con su mejor amiga como antes, además, estaba el pequeño hecho de que ella lo evadía. Ni pensar en lo estúpido que se sentía.
Seis meses; ese era el tiempo que había transcurrido y de mensajes y algunas escasas llamadas no pasaban, se dijo que era lo mejor ¿qué no? Olvidar y seguir, decirle adiós y hacer su vida a lado de la persona más perfecta que pudo hallar. Así como Sakura de seguro ya estaría haciendo. Pero, una cosa era decirlo y otra muy diferente hacerlo. Los problemas, discusiones y demases ya eran más seguidos con Kaho, ella quería apresurar la boda y él... bueno, aún no quería. Dentro de todo quizá aún tenía la estúpida esperanza, qué iluso.
Meses y más meses. Otra noche más en la cual terminaron discutiendo, por alguna cosa estúpida que más que nada era una vaga excusa de ella para justificar su embarazo. La buena nueva, Kaho esperaba un crío, ocho semanas. La falta de alegría de Syaoran podía verse a kilómetros a la redonda. Y la decisión más estúpida de su vida podía verse todavía más lejos que su falso intento de existencia.
Su llamada fue atendida al tercer pitido, al otro lado de la línea podía escucharse la respiración de alguien dudoso a responder; recordó aquellas tontas llamadas de cuando eran pubertos y con Sakura una vez se hicieron pasar por aquel asesino con una máscara de fantasma para asustar a Eriol.
Sonrió. Le había costado mucho convencer a Sakura, pues siempre fue una miedosa ante esas bromas y le parecía cruel reírse de un amigo. Aunque de todos modos a Eriol no se le erizó ni un pelo y, de hecho, los descubrió enseguida.
— ¿Cómo has estado? —comenzó casual. No tenía otro modo. — ¿Y Nadeshiko? ¿Ya habla? Imagino que sí... ya hasta debe de correr, mira con el tiempo que ha pasado —reprimió un suspiro, vale que tal vez llamarle de madrugada no fue lo más acertado que pudo hacer pero, ¿a quién más tenía para contarle sus problemas? Pese a todo, Sakura era su mejor amiga.
— Más tranquila, Nadeshiko está bien... y no, apenas tiene poco más de un año, aún balbucea —y lo dijo como lo más obvio del mundo, no controló su tono irónico. ¿No se suponía que Syaoran había dicho que cuidaría de su hija? Ni siquiera la había llamado por su cumpleaños. — Aunque sí está intentando aprender a caminar, pero aún es muy pequeña y tuve que mover todo de lugar y comprar protectores —su padre le ayudó en eso, por suerte. — ¿Ocurre algo? —preguntó rompiendo el silencio. — Porque no llamarías a ésta hora si no fuera por algo importante.
Cuando detectó el deje de voz de Sakura, se dijo que quizá llamar cuando el Japón era de madrugada, no debió ser una buena idea después de todo; pero casi no podía esperar para contar aquel pequeño detalle. No sabía qué hacer, Sakura era su mejor amiga, quizás ella podría decirle algo para tranquilizarlo.
— En ocasiones me pregunto si de verdad me conoces tan bien o eres alguna clase de adivina. Me asustas —intentó alivianar aquel ambiente. No sabía si era su idea o si su amiga de verdad sonaba... ¿molesta? Como fuese, se ahorró un suspiro innecesario y siguió, evadiendo aquella pregunta. — Puedo predecir que ella será tan traviesa como tú. Ya la veo corriendo por el jardín buscando trepar ese árbol que está en la escuela... ese del que me caí y que me hizo acabar con el tobillo lastimado ¿lo recuerdas?
Otro silencio. Estúpido silencio, ¿por qué ahora ese tipo de cosas surgían entre ellos? Antes era diferente. Desvió la mirada hacia atrás, donde estaba Kaho sentada llorando, o quizá durmiendo, no supo muy bien. Se levantó y caminó a la cocina. De acuerdo, hora de decirlo.
— Voy a ser padre. Kaho tiene ocho semanas de embarazo, quiere que nos casemos antes de que el bebé llegue, pero yo... —tragó saliva. — Sakura, no me siento competente para esto. De hecho no quería que pasara pero, ahora, esto... no sé. Sakurayo... —ese suspiro emergió, dejando libre sus pulmones y terminando con sus palabras inconexas. Sabía que ella entendería porque era así, siempre lo hacía, no importaba que tan incoherente e ilógico fuera, siempre le entendía y siempre le tenía un consejo. — Lo siento, Sakura —innecesario. Menuda estupidez de decirlo pero debía, tenía qué, se sentía como si le hubiese fallado.
— ¿... por qué te disculpas? —fue lo único que pudo articular tras escuchar que Syaoran iba a ser papá. Le tomó un momento salir del shock. Ahora sí, ¿no? Syaoran ya había demostrado que no iba a estar siempre velando por su hija aunque así lo había prometido, ésta era la prueba confirmatoria. Ahora mucho menos se preocuparía por Nadeshiko porque formaría su maravillosa familia junto a esa Kaho no-sé-qué. La rabia la sumió, no pudo evitarlo, sentía una mezcla de cansancio, frustración y rabia. Se vio obligada a salir de la habitación para no despertar a su hija. Como siempre que estaba molesta, fue a la cocina y se quedó ahí, tratando de procesar todo.
— ¿Qué demonios quieres que te diga? ¿Felicidades por no ponerte un condón? —al demonio todo, no lo quería volver a ver ni que la llamara, ni nada que le involucrara. — Felicidades por no esperar a acabar la carrera —siguió ruin. Si iba a acabar su amistad con Syaoran, no se guardaría nada. — Oh, felicidades también a tu noviecita que no usa anticonceptivos. Ah... una cosa más, Syaoran —era ahora o nunca. Seguro no le volvería a ver así que, no tenía nada que perder. — Nadeshiko es tu hija —sus palabras no sonaron con tanto resentimiento como quiso. Su voz bajó varios tonos hasta convertirse en un susurro. — Así que reitero mis felicitaciones por todo lo que has hecho mal en tu vida —ya para ese entonces no podía controlarse, estaba demasiado molesta y no quería que Syaoran le restregara en la cara que sería un padre responsable, que se casaría con su novia y tendría una vida feliz. ¡Por Dios! Si estaba segura que ya todos se habían dado cuenta de quién es el padre de su hija... obvio, menos el aludido. — No vuelvas a llamarme y sigue jugando a la casita, a ver si de una vez por todas maduras y dejas de esparcir hijos por el mundo.
Cortó la llamada y lo primero que hizo fue bloquear el número, así mismo lo bloqueó de todas las redes sociales. Temblaba, pero ya no solo de rabia porque la pena de igual modo la inundó, porque seguramente ahora él la odiaría o por lo menos le tendría rencor por no decirle algo tan importante.
Dos, tres, diez segundos, eso fue lo que le dio para procesar todo lo que Sakura había dicho. ¿Qué rayos había sido eso? Retiró lentamente el móvil de su oído y se quedó como tonto viendo la pantalla ahora con el fondo de la foto de Nadeshiko. «Nadeshiko es tu hija» Tragó saliva y como en cámara lenta todas las imágenes, detalles, circunstancias y coincidencias le bombardearon la mente. Sakura... Sakura... le mintió. Siempre. Desde la primera vez. No asimiló si era dolor, rabia, tristeza, ira, enojo o decepción en su más puro estado lo que le invadió pero, apretó con tal fuerza el apartado en su mano que sintió dolerle. Y para colmo Kaho venía de nuevo a reclamarle algo.
Fue la gota que rebalsó el vaso.
Ni siquiera pensó en volver llamar a su ex-mejor amiga. Tampoco intentó buscarla por ninguna red social... y de todos modos Sakura era tan cobarde que seguramente lo había bloqueado de todo. La conocía demasiado bien. Los siguientes días la pasó indiferente, siguiendo con lo suyo, rindiendo en la universidad los exámenes que venían antes de la Pascua, semana de vacaciones. También dijo que sí a casarse lo antes posible; durante ese pequeño receso estudiantil fijarían la fecha y darían la noticia a las respectivas familias. Bien, aprovecharía ese viaje a Hong Kong, haría un desvío para zanjar algunas cosas.
Porque Li Xiao Lang no es un hombre que guste de dejar cabos sueltos o, peor, esconderse tras arrojar la piedra.
Lo primero que hizo cuando hubieron dejado las cosas en el recibidor del departamento, fue ir directo a la casa de Sakura. Ni siquiera le avisó a Kaho que saldría. Golpeó la puerta con tal fuerza que poco le importó que algunos vecinos salieran a verle. Quería encarar a esa mujer que tuvo el suficiente descaro para ocultarle algo de tal magnitud. Y oh, la oportunidad se le dio cuando se abrió la puerta. No le dio tiempo a Sakura para volver a cerrarla, empujó y se adentró a la casa.
— ¿Cómo pudiste? —decir que estaba ofuscado era decir poco. — Es que... ¿en verdad? ¿Pensaste qué tal vez nunca me iba a dar cuenta? ¡Joder, Sakura! Si ella es mi hija es más que obvio que lo sabría. Tarde que temprano —¿estaba hablando más alto? Le daba igual, tomó aire y siguió. — Pero no. Pudiste decírmelo. Tuviste inmensidad de oportunidades. ¿Por qué...? ¡¿Por qué me ocultaste algo así, maldita sea?! ¡Es mi hija! —cuando calló se le quedó viendo, y pese a que quería odiarla, no podía. Tal vez estaba cegado por la decepción y enojo, pero sabía, muy en el fondo, que Sakura hizo todo eso para no fastidiarle la vida. Y también para quedarse con la niña.
— Ajá, tú, el hombre más listo del planeta se iba a dar cuenta —el sarcasmo fue evidente. — ¿Para qué querías que te dijera? ¿Para qué volvieras a Japón, echaras por la borda tu sueño y luego me reclamaras lo mismo siempre que tuviéramos una discusión? Tú ya tenías tu vida armada y ni Nadeshiko ni yo figurábamos en ese cuadro.
— Pelearé por ella —si así lo quería. Así sería.
Sakura se había mantenido serena, indiferente y con los brazos cruzados... eso hasta el momento en que le escuchó reclamar que le quitaría a su hija. De inmediato sintió pánico porque, si era realista, Syaoran se iba a casar y una familia tradicional daba más estabilidad y un juez perfectamente podía ceder los derechos de Nadeshiko a su... padre. Además estaba el hecho que haberle escondido su paternidad ahora le podía jugar en contra. Comenzó a temblar, no iba a dejar que la apartaran de su lado.
— ¡Lárgate de mi casa! ¡Tú no me vas a quitar a mi hija! ¡Ya vas a tener otro con tu esposa!
— ¡No me vengas con eso ahora! ¡Si tú...! —intentó calmarse, vamos, nada ganaba con alzar la voz como un ignorante, más sabiendo que su hija estaba en la misma casa y que podía asustarse por el escándalo. — Si tú me hubieses dicho que estabas embarazada te hubiera llevado conmigo. Maldición Sakura, ¿es qué acaso nunca te has dado cuenta? Siempre te he amado, no iba a dejar pasar la oportunidad de tenerte conmigo, creciendo a nuestra hija —resopló cuando se cubrió la cara con la palma de la mano y se apoyó contra la pared. Estaba tan alterado, el pulso le latía tan fuerte que podía escuchar el palpitar de su corazón en los oídos.
— ¡No vengas ahora con ese cliché tan viejo! —por favor, eso no podía ser verdad, ¿la amaba? Si claro, por eso se comprometió con otra mujer. Además nunca tuvo nada que hacer en Inglaterra. Suspiró cuando por fin se hizo silencio entre ellos; aún temblaba, no quería ni imaginarse la vida sin su hija y ahora lo único que podía sentir hacia el hombre frente a ella era rabia.
Se mostró un poco contrariada cuando escuchó la puerta y su mueca fue automática al ver a Kaho del otro lado. Genial, era lo único que le faltaba.
No hizo falta decir algo para que ella se diera cuenta de lo que ocurría, en cuanto abrió la boca fue para reprocharle a Sakura sobre la situación. Ah, así que ella también lo sabía. Syaoran se sintió destrozado y quiso mandar todo a la mierda. Dejarlas e irse. No podía confiar en ninguna de ellas. Ah, pero daría la cara, no se escondería; su padre siempre, desde pequeño, le enseñó a ser valiente.
Pero era humano, y el serlo te hacia débil, y más ante verdades crueles como aquellas que estaban siendo dichas por ambas mujeres como si él no estuviera presente.
— Lo sabías —masculló, apretando la mandíbula. — ¿Lo sabías y no me dijiste nada, Kaho...? Y tú —dijo ahora dirigiéndose a Sakura. Meneó la cabeza en negación y habló, no sin antes dar un profundo suspiro. — Pueden quedarse solas. Tener a nuestros hijos con ustedes, pero no cuenten conmigo para estar a su lado. Eso sí, prometo cumplir con mi papel como padre.
Y antes de retirarse, le dedicó una significativa y breve mirada a Sakura, ¿ella podía ver las lágrimas de frustración que escurrían por sus pómulos? Ahora podía estar contenta. Li Xiao Lang, nunca, jamás en su vida se vio llorando por alguien... y ahora, lloraba cual crío por la mujer que amaba y que le mintió.
Sakura, aún acarolada por la discución. Rodó los ojos, restándole importancia. Ella nunca esperó que Syaoran en verdad estuviera a su lado así que sería como siempre... pero sí sintió romper algo dentro de ella, muy en el fondo, cuando lo vio llorar, seguramente superado con toda esa situación.
Trató de ser lo más amable con Kaho al pedirle que también se fuera. Incluso le ofreció algo de beber por si quería dado su estado de embarazo, pero fue brutalmente ignorada. Kaho se fue casi enseguida que Syaoran. Y eso fue lo que más le dolió, porque recordó de pronto todo lo lindo que había vivido con él, incluso esa fiesta en la que concibieron a Nadeshiko y quiso llorar, pero se dijo que era mejor aguantar hasta asegurarse que su hija no hubiera despertado a causa del escándalo.
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No sé si quieran matarme. Quizás todo fue demasiado rápido, no sé. De todos modos no valía la pena alargar lo inevitable.
De antemano disculpen si ven alguna falta.
