Capítulo 04.

Dimitry se separó de Nika.

La miró de arriba abajo y frunció el ceño.

— ¿Qué te ocurrió?

Nika rodó los ojos.

—Choqué con un imbécil que me tiró su café encima.

—Lenguaje, señorita— amonestó su hermano.

—Perdón, Dima— Nika sonrió con falsa inocencia.

Dimitry sonrió y negó con la cabeza. Su hermana era un caso perdido.

Se fijó en las chicas. Parecían estar en una especie de trance.

Volvió a sonreírles.

Estas se sobresaltaron y sonrojaron aún más.

—Lamento mi falta de cortesía. Estaba tan contento de ver a mi hermana que olvidé presentarme.

Hizo una leve reverencia.

—Mi nombre es Dimitry. Soy…

—Mi hermano. Un amante de la época victoriana y del trabajo ininterrumpido— interrumpió Nika.

Dimitry la miró con una ceja alzada.

Nika desvió la mirada. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.

Su hermano soltó un suspiro. Pareció entender lo que quería decirle.

—Exactamente. Es tal como mi querida Nika acaba de explicarlo tan amablemente.

—No sé qué harías sin mí— Nika sonrió de lado.

Parecía más relajada.

Las chicas se miraron de reojo.

¿Qué acababa de pasar?

— ¿Podrías hacerme el honor de presentarme a tus amigas? — preguntó con diversión.

— ¡Por supuesto!

Nika puso una mano en el hombro de Sara.

—Esta es Sara WhiteRose. Mi pequeña protegida.

Dimitry tomó la mano de Sara con delicadeza.

—Un placer, señorita WhiteRose— le besó el dorso.

Sara parecía a punto de desmayarse.

Nika soltó una risita.

—Esta es Chiara Clarisse— señaló ahora a Chiara.

Continuaron con las presentaciones.

Dimitry besó las manos de todas. Todas reaccionaron de manera similar a Sara.

Nunca esperaron que el hermano de Nika fuera así. Sobrepasó cualquier expectativa que pudieran tener.

—Puedes llamarlas a todas por sus nombres. ¿Verdad, chicas?

Todas asintieron a lo que dijo Nika.

—Si así lo desean, lo haré con mucho gusto— Dimitry les sonrió.

—No esperaba que vinieras a recogernos. Pensé que estarías hasta el cuello de trabajo como de costumbre— comentó Nika.

Dimitry tomó su mano.

—Puedo ocuparme de lo demás en cualquier momento. Mi hermana y sus queridas amigas son mi máxima prioridad ahora mismo.

Le besó la palma.

Nika le sonrió con ternura.

—Te lo agradezco mucho, Dima.

—N-Nosotras también se lo agradecemos— Luce hizo una reverencia.

Las demás la imitaron.

—Muchísimas gracias por su ayuda— musitó Lewis.

—T-También lamentamos las m-molestias…—murmuró Ruxandra con las mejillas sonrojadas.

Dimitry rió entre dientes.

Su risa se les antojó como el sonido de una campana. Delicado y suave.

—No tienen nada que agradecer. Soy yo el que debe darles las gracias por velar por mi hermana.

—Gracias por el voto de confianza— Nika hizo un puchero.

—Estoy teniendo un deja vú— murmuró Chiara.

No pudieron evitar reír.

— ¿Nos vamos?

Dimitry le ofreció su brazo a Airy. Esta lo tomó con las manos temblorosas.

Caminaron hacia la salida.

—Ese momento incómodo en el que desearías ser tu mejor amiga— murmuró Lewis.

Sus amigas se mostraron de acuerdo.

Nika soltó una risita.

—No se emocionen mucho. Es papa casada.

—Rayos— Chiara hizo un gesto de derrota.

—Era de esperarse siendo tan guapo y caballeroso— Sara suspiró.

—También podría haber sido gay— Nika se encogió de hombros.

—Jamás habría podido imaginarlo de ser así— Ruxandra rió por lo bajo.

Al cruzar las puertas, vieron una limusina en toda la entrada.

El chofer les abrió la puerta.

Era un hombre de cabello marrón algo canoso, piel clara y ojos marrones.

No parecía tener más de cuarenta años.

—Cuanto tiempo, señorita— hizo una leve reverencia.

Nika le sonrió.

—Lo mismo digo, Phillipe. Me alegro de verte.

Dimitry sostuvo la puerta. Le hizo una seña a Phillipe para que se encargada del equipaje.

Este obedeció.

—Con cuidado, señoritas.

Les ofreció su mano para ayudarlas a entrar. Las chicas la aceptaron de buena gana.

Se acomodaron en los asientos.

Miraron a su alrededor. Estaban empezando a acostumbrarse a tantos lujos.

Dimitry entró de último y cerró la puerta.

Momentos después, Phillipe ocupó su lugar.

Encendió el motor y puso a andar el vehículo.

Empezaron una charla casual. Las chicas perdieron la timidez poco a poco.

Dimitry las escuchaba con genuino interés.

Las motivaba a contarle lo que fuera. Incluso lo más vergonzoso.

Por decisión unánime, hablarían del tema que les interesaba más tarde.

Esperarían a estar más cómodos y tranquilos.

. . .

La limusina llegó a su destino.

Las chicas tuvieron que esforzarse para no soltar sonidos de sorpresa.

Dimitry las ayudó a bajar del vehículo.

Se estiraron un poco. Estuvieron viajando durante un buen rato.

Observaron todo el lugar con los ojos muy abiertos.

Estaban delante de una mansión de estilo victoriano.

Se ubicaba en el corazón del bosque, a las afueras de la pequeña ciudad.

Los jardines contaban con distintos tipos de flores. Se escuchaba una fuente a lo lejos.

Una suave brisa les movió los cabellos.

Olía a sal.

Debían encontrarse cerca del mar.

—Vaya pedazo de choza— Lewis emitió un silbido de admiración.

Nika le pasó un brazo por la cintura.

—Gracias, cielo. Sabía que te gustaría.

Dos hombres vestidos con trajes de mayordomo se apresuraron en descargar el equipaje.

Al terminar con su labor, Phillipe volvió a encender el motor.

Puso a andar de nuevo el vehículo y se marchó.

—Regresará en un momento. Debe ir a estacionar en el lugar correspondiente— explicó Dimitry.

Hizo un ademán con su mano, invitándolas a avanzar.

Las chicas subieron las escaleras de la mansión.

Al llegar a la entrada, se encontraron con una joven.

Parecía ser de su misma edad.

Su largo cabello rubio se ondulaba en las puntas. Tenía la piel pálida y unos preciosos ojos morados.

Vestía con un vaporoso vestido de época.

No les sorprendió que su estilo fuera igual al de Dimitry.

La muchacha sonrió con dulzura.

Abrió los brazos. Nika no dudó en lanzarse hacia ellos.

Se abrazaron con fuerza.

—Estoy tan contenta de volver a verte— su voz era suave y sedosa.

—Yo también, María. Te eché mucho de menos.

Se separaron con lentitud.

La joven se fijó en sus amigas. Las chicas se pusieron tan rojas como un tomate.

Todos eran hermosos en aquella familia.

—Bienvenidas. Les prometemos que haremos todo lo posible para hacerlas sentir como en casa.

Nika le puso una mano en el hombro.

—Esta es María Magdalena. Mi cuñada.

—Díganme María, por favor— les guiñó un ojo.

—María, estas son mis amigas. Te las iré presentando.

María era tan encantadora como su marido.

Tomó sus manos y les dio dos besos a medida que Nika iba diciendo sus nombres.

—G-Gracias por su hospitalidad— murmuró Airy.

—Lamentamos mucho las molestias causadas— secundó Chiara.

María negó con la cabeza.

—No nos molestan en lo absoluto. Al contrario. Les agradezco mucho por cuidar de Nika.

— ¿Por qué siempre tengo que salir a colación? — murmuró Nika por lo bajo.

—Porque eres un imán de problemas andante— Dimitry le acarició la cabeza.

Besó la frente de su mujer y le pasó un brazo por la cintura.

María se estrechó contra él.

— ¿Les apetece venir a los jardines? Es un lugar tranquilo en el que podremos hablar con calma.

Todas se mostraron de acuerdo.

Se adentraron en la mansión. Era como si hubieran retrocedido a la Europa del 1800.

Estaba decorada de forma exquisita.

Se notaba que algunos detalles costaban más que el futuro de todas juntas.

La pareja las condujo a los jardines.

Se sentaron en una mesa tipo comedor. Se encontraba al lado de una fuente con esculturas de ángeles.

Debía ser la que oían desde fuera.

Una joven vestida de mucama apareció con un carrito.

Allí había una bandeja con una tetera de porcelana y tazas con diseños a juego. También varios aperitivos dulces.

Lo colocó todo sobre la mesa. Hizo una leve reverencia y se marchó.

María vertió el té en las tazas. Era una infusión de auténtico Earl Grey.

Nika la ayudó a repartirlas.

Todos se sirvieron por su cuenta los aperitivos y la cantidad de azúcar y leche que querían.

—Muchas gracias, María. Todo está delicioso— Sara le sonrió con timidez.

Sus amigas se mostraron de acuerdo con ella.

María le devolvió la sonrisa.

—Me alegra mucho que les haya gustado. La receta de los dulces ha pasado por mi familia de generación en generación.

Dejó la taza sobre la mesa.

Las miró con una mezcla de tristeza y comprensión.

—Nika puso a Dimitry más o menos al tanto de la situación. Él sólo me contó por encima. Nos gustaría escucharlo todo de sus propias bocas.

Las chicas asintieron.

Habían hecho demasiado por ellas sin quiera conocerlas. Era lo mínimo que podían hacer para retribuirles.

Lewis fue la primera en contar su historia.

Las demás siguieron su ejemplo.

Entre todas les informaron de la decisión que tomaron.

Al no saber cómo llevarla a cabo, acudieron a Nika en búsqueda de ideas.

—Jamás creímos que nos salvaría la vida. Le debemos mucho. También a ustedes.

Dimitry, María y Nika sonrieron al oír a Airy.

—Es un placer poder ayudarlas. Fueron muy valientes al alejarse de aquello que les hacía daño. Yo hubiera hecho lo mismo en su lugar.

María extendió su mano hacia Chiara. Esta la tomó sin dudarlo.

—No se arrepientan de la decisión que tomaron. Todo irá bien a partir de ahora. Permaneceremos a su lado todo lo que ustedes nos permitan. Tendrán nuestro apoyo incondicional y nada nunca les hará falta.

—Ni tampoco a sus pequeños— Dimitry les sonrió de forma tranquilizadora.

Los ojos de las chicas se llenaron de lágrimas.

Sentían que una pequeña carga era liberada de sus hombros.

—Muchas gracias— Chiara apretó la mano de María.

Se percataron que Phillipe se acercaba corriendo.

Al llegar hacia ellos, pidió disculpas por la interrupción.

—Lo solicitan en el teléfono, joven.

Dimitry soltó un suspiro.

Le dio un último sorbo a su té y se puso de pie.

—Lamento no poder quedarme más tiempo. Tengo que arreglar algunos asuntos.

María le acarició el brazo. Dimitry le besó la frente con ternura.

Le acarició la nuca a su hermana.

Se despidió cándidamente de sus invitadas y se marchó junto al chofer.

Una vez que estuvo lejos, María se volvió hacia Nika.

—Sabía que nos enfrentábamos a algo complicado pero no pensé que tú estarías en la misma situación.

Le puso una mano en el hombro.

—No te preocupes. Encontraremos la manera de decírselo a Dima sin que pierda la cabeza.

Nika alzó una ceja.

Las chicas la miraron, confundidas.

— ¿De qué hablas, María?

María ladeó la cabeza.

—Entonces no lo sabes aún…

— ¿Saber el qué?

María le sonrió con tristeza.

—Sé cuando alguien está en estado. Tu más que nadie entiendes el por qué.

Se fijó en las chicas.

—Tus queridas amigas tienen ese brillo especial de toda mujer embarazada.

Volvió a mirar a su cuñada.

—Tú también lo tienes, Nika.

Nika palideció.

Sus amigas abrieron mucho los ojos.

—No… no puede ser…

María le dio un leve apretón en el hombro.

—Tengo unos cuantos test de embarazo en mi habitación. Es mejor que salgamos de dudas.

Nika asintió de forma mecánica. Parecía estar ensimismada en sus pensamientos.

María se dirigió velozmente a su habitación.

Tomó las pruebas de embarazo.

Se encerró junto a Nika y las demás en el baño más cercano.

Era del tamaño de una sala de estar. Entraban cómodamente y aún sobraba espacio.

Siguieron las instrucciones de las pruebas.

Luego, esperaron el tiempo indicado para comprobar el resultado.

Las chicas se miraron las unas a las otras.

No serviría de nada que dijeran algo. Las palabras sobraban en esos instantes.

Ruxandra y Luce tomaron las manos de Nika.

La impulsaron para que se levantara. Estaba sentada en la tapa del váter.

Ruxandra la estrechó con fuerza en sus brazos. Las demás se unieron al abrazo como pudieron.

Nika ni siquiera pestañeó.

No podía creer lo que acababa de descubrir.

María la miró con una mezcla de tristeza y angustia

Las tres pruebas encima del lavabo arrojaban el mismo resultado: Positivo.

Nika también estaba embarazada.


¡Hola!

Aquí les traigo el cuarto capítulo. ¡Espero que les haya gustado! (:

¿Qué opinan el final? ¿Lo esperaban? ewé

Trataré de que los chicos salgan en el siguiente capítulo.

Todo depende de cómo organice mis ideas ;w;

Es todo por ahora. ¡Ánimo y suerte!

¡Adiós! :D

ღ LadyAbsynthe ღ