Disclaimer: Como ya sabéis, Harry Potter no me pertenece.
N. A: Este fic participa en el minijuego de diciembre para "La Copa de las Casas 2014-15" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black. En el reto de recuperación de puntos tengo que escribir sobre un Slytherin, aunque mi casa es Gryffindor. La frase que tenía que incluir en la historia es: "Cayó de rodillas, con el corazón palpitándole a mil por hora y sin aliento". La verdad es que no me convence demasiado la historia. He tenido que cambiar el final de como lo tenía originalmente porque me pasaba del límite de palabras, pero bueno... Ahí está. En cuento al título, sé que no tengo mucha imaginación, pero no se me ocurría otra cosa. xDDDDDDD
Por ti
Corrió por el pasillo ignorando lo que le estaba diciendo Terence. Las palabras que había escuchado seguían resonando por su cabeza. "Sí, esta tarde han pillado a los del grupo que apoyan a Potter. Dudo que se libren de la cruciatus..." Al oírles, solo pudo pensar en una cosa: Michael.
El otro día le había dicho que se iban a reunir, y, como siempre, discutieron cuando salía ese tema. No paraba de recordarle una y otra vez lo peligroso que era hacer esas reuniones con los Carrow y un gran porcentaje de estudiantes de Slytherin encantados de practicar las imperdonables en ellos, pero una vez más, le había ignorado.
En poco tiempo llegó a la entrada de la sala común de Ravenclaw. Cayó de rodillas, con el corazón palpitándole a mil por hora y sin aliento. Era consciente de las miradas curiosas de los alumnos que pasaban por allí, pero no les hizo caso. Sin embargo, no fue hasta en ese momento cuando se dio cuenta de que no tenía forma de llamarle o saber si estaba dentro, pero era el único lugar al que podía acudir. Sabía que la enfermera haría demasiadas preguntas, por lo que solo le quedaba ese sitio.
Poniéndose en pie, miró a su alrededor. Un par de alumnas de Ravenclaw se vieron sorprendidas al encontrarse con su mirada, las cuales no dudaron en irse apresuradamente de allí; seguramente con algo de miedo al saber que le traía a un estudiante de su casa en ese sitio.
Entonces, la puerta de la sala común se abrió, apareciendo Michael.
—¿Estás loco? —preguntó al verle—. ¿Qué haces aquí?
—Necesito hablar contigo —respondió, buscando minuciosamente cualquier indicio de tortura en su rostro, pero sin encontrar ninguna.
—De acuerdo. Ven conmigo.
Le condujo a una de las aulas vacías en el piso, y nada más entraron en ella, le abrazó fuertemente.
—¿Pero qué… —dijo Michael sorprendido—. ¿Qué te pasa?
—Me enteré de lo que pasó —respondió—. Y creí… creí que…
Michael pareció entender, porque respondió al abrazo de la misma forma.
—No te preocupes, no me ha pasado nada. Aunque Anthony, Macmillan y Finnigan no han tenido tanta suerte —dijo con una mueca.
—Si vuelve a pasar algo como esto, prométeme que me escribirás.
—Lo haré —prometió, comprendiéndole mejor que antes. Ahora sabía el motivo de sus enfados, y no pudo evitar sonreír.
