Capítulo 08.

— ¿Está segura que no sabe nada más, señora Dorotea?

La mamá de Sara negó con la cabeza.

Nathaniel apretó los puños y sonrió con tristeza.

—Entiendo…

La mujer le puso una mano en el hombro.

—Lamento no poder hacer nada más por ti, cielo. Ni siquiera yo misma comprendo lo que está pasando.

— ¿Sara no le dijo nada? — preguntó Nathaniel.

Dorotea volvió a negar.

—Ojalá lo hubiera hecho. No estaríamos tan preocupados de ser así.

— ¿Cómo se encuentran todos?

—Bien, dentro de lo que cabe. Su padre y yo estamos tratando de resignarnos. Sus hermanos son otra historia— la mujer suspiró.

—Supongo que no lo aceptan. Es normal— Nathaniel sonrió con tristeza.

—Tienes razón. La testarudez de la juventud— Dorotea rió sin ganas.

—Bueno. No le quito más tiempo. Que tenga una buena tarde. Gracias por todo.

—Gracias a ti por preocuparte. Esperamos que todo se solucione pronto.

Nathaniel se despidió con la mano. Se dio la vuelta y salió de la casa de Sara.

Dorotea se quedó en la puerta hasta que lo perdió de vista.

Soltó un suspiro.

Sara parecía estar tan feliz con ese chico. Nathaniel era todo lo que ellos hubieran deseado para su hija.

No dejaba de preguntar qué ocurrió para que todo se arruinase.

Especialmente la razón que la llevó a irse de casa.

. . .

Castiel era insistente.

No se daba por vencido. Nico y Luca estaban empezando a cabrearse.

—Por favor. Tienen que saber algo más— se notaba que estaba desesperado.

— ¿Qué más quieres que te digamos si no tenemos más información? — Nico lo fulminó con la mirada.

—Estamos diciendo la verdad, Castiel. No tenemos idea adonde ha podido ir nuestra hermana— Luca suspiró.

Castiel maldijo por lo bajo. Se pasó una mano por el cabello y les dio la espalda.

Se quedó mirando a la nada.

No sabía qué más hacer. Ni adonde ir o a quién más preguntar.

Esperaba que los demás hubieran tenido más suerte que él.

Le hubiera gustado hablar con los padres de Lewis. También habría ido bien con alguna de sus hermanas.

Pero ninguno se encontraba.

Les tocó a los gemelos atenderlo. Su hermana menor jugaba en su habitación.

Eran explosivos cuando se trataba de Lewis. La celaban y molestaban al novio de turno.

Nico y Luca se miraron. Les dio lastima verlo en ese estado.

Luca avanzó y le puso una mano en el hombro.

—Nos pondremos en contacto contigo si sabemos algo más.

Nico asintió a las palabras de su gemelo.

Castiel trató de sonreír pero le salió una mueca.

Les dio las gracias y se marchó.

Los gemelos suspiraron al unísono.

Estaban acostumbrados a que Lewis la liara. Pero esta vez lo llevó al siguiente nivel.

Ya vería cuando la encontraran.

No tendrían clemencia.

. . .

Libertá apretó los puños.

Le estaba costando la vida no lanzarse encima de Lysandro.

Trataba de controlarse porque estaba su madre presente. No quería dar un espectáculo frente a ella.

Los tres se encontraban en la sala de estar de la casa de Chiara.

La mamá de Chiara preparó té. Lo disfrutaban mientras platicaban de la situación.

Ellos tampoco sabían mucho. Lysandro se lo esperaba.

Soltó un suspiro.

—Gracias por recibirme, señora Phoebe. Lo aprecio mucho.

Phoebe le sonrió con tristeza.

—Sabes que también eres parte de la familia, Lysandro. Espero que llegues al fondo de esto y logres hacer las paces con mi hija.

Lysandro les contó lo sucedido con Chiara.

Por esa razón su hermano estaba tan enfadado.

Libertá la protegía de forma exagerada.

No era de extrañar que quisiera su cabeza por haberla lastimado.

Lysandro lo entendía. No se defendería si su ex cuñado quería llegar a las manos.

Se lo merecía.

—Le prometo que haré todo lo posible por encontrar a Chiara.

Lysandro miró a Libertá.

—Se los prometo a ambos— sonrió con tristeza.

Libertá rodó los ojos. Dejó la taza vacía en la mesa de café y se levantó.

Antes de dirigirse a su habitación, se giró hacia Lysandro.

—Más te vale cumplir con tu palabra— le lanzó su mirada más gélida y oscura.

Luego, se marchó.

Phoebe le sonrió. Sus mejillas estaban algo sonrojadas por la vergüenza.

—Perdónale. Ha estado de los nervios desde que recibimos aquella llamada.

—No se preocupe. Es comprensible. Creo que soy la última persona que quiere ver en estos momentos.

La mamá de Chiara puso su mano sobre las suyas.

—No te culpes por lo ocurrido. No es como si hubieras querido lastimarla. Te diste cuenta de tu error y estás tratando de resolverlo. No permitas que Libertá ni nadie te haga sentir mal por ello.

Lysandro le dio las gracias. Necesitaba oír esas palabras.

Había pasado un mes desde la desaparición de las chicas.

Treinta días sin saber nada de Chiara.

No estaba pasándola nada bien. Casi no dormía y sus ánimos se encontraban por los suelos.

Su familia y amigos trataban de animarlo en vano. Ni siquiera había vuelto a quedar con Nina.

No volvería a ser él mismo hasta no dar con su amada.

Esperaba de corazón que fuera pronto.

La situación los tenía a todos de los nervios.

. . .

Kentin entró en la cafetería que se encontraba cerca del instituto.

Buscó con la mirada a sus amigos.

Alexy le hizo señas en cuanto lo vio. Armin se volteó y sonrió sin ganas.

Kentin supo por sus expresiones que no tenían buenas noticias.

Se acercó a ellos y se sentó en la silla al lado de Alexy. Estaban en una mesa cerca de la entrada.

Hacía mucho calor. No les apetecía sentarse fuera.

— ¿Y? — Armin lo animó a hablar.

Kentin suspiró.

—Nada. Supongo que ustedes tampoco.

—Supones muy bien. Deberías hacerte detective— Alex soltó una seca risita.

Kentin y Armin le sonrieron sin ganas.

— ¿No lograste averiguar nada más? — preguntó Armin.

—No. Nada que no sepamos ya. Se repite el mismo patrón con todas: No las vieron en todo el día y casi anocheciendo reciben una llamada de alguien diciéndoles que su hija está en un internado en algún lugar de Europa.

— ¿Quién demonios escucha esa basura y se queda tranquilo? — Alexy frunció el ceño.

Kentin se encogió de hombros.

—No pueden hacer nada. Ya está hecho. Lo único que les queda es resignarse… o llamar a la policía. Me sorprende que no hayan recurrido a las autoridades— comentó Armin.

—Precisamente le pregunté a los hermanos de Ruxandra por qué no lo hicieron. Ni Dragos ni Helena supieron contestarme. Fue su padre el que habló con esa persona y le dijo a su familia que decía la verdad. Ruxandra fue aceptada en un internado y se marchó. No hay más misterio.

—Eso no te lo crees ni tú mismo— Alexy le dio un leve empujón.

—Por supuesto que no. Pero no podemos hacer más nada si sus familias que son los principales interesados en saber dónde están no ponen una denuncia oficial— Kentin suspiró.

—Lo del internado no es tan descabellado ahora que lo pienso— Armin se puso una mano en la barbilla.

—También me lo habría parecido si no hubiera sido por el hecho de que todas se marcharon el mismo día al mismo lugar. ¿De verdad crees que es coincidencia? — Alexy alzó una ceja.

Armin se encogió de hombros.

—No lo sé. Quizás no sea un internado como tal sino un lugar al cual acudieron para salir de aquí. Lo que aún no sabemos son sus razones.

—Me imagino que ustedes tampoco tienen ninguna novedad.

Los gemelos negaron con la cabeza.

—Los padres de Luce están preocupados pero confían en la persona que llamó. Les aseguró que se encontraba con bien aunque no sabrían de ella en algún tiempo.

— ¿Cómo pueden estar tan seguros? ¿Hablaron con ellas? — Kentin frunció el ceño.

—No. La familia de Airy me aseguró que la última vez que trataron con ella fue el día que se marchó y no parecían mentir. Además encontraron algo extraño en su habitación.

— ¿Qué cosa?

Armin sacó su móvil. Lo desbloqueó y empezó a buscar algo.

Al encontrarlo, se lo enseñó a Kentin.

Se trataba de una fotografía de una bolsa repleta de aparatos electrónicos.

Kentin reconoció el móvil de Ruxandra.

—Dante la encontró en el armario. No sabemos a ciencia cierta por qué los dejaron ahí— comentó Alexy.

—Probablemente para evitar que pudiera seguirles la pista. Todas saben que me manejo bien con la tecnología— Armin soltó una seca risa.

En ese momento, el móvil de Armin empezó a sonar.

Kentin se lo devolvió.

Armin le echó un vistazo. Tenía un nuevo mensaje del grupo de WhatsApp en el que estaban todos.

Se apresuró en leerlo.

Soltó un suspiro.

—Los demás tampoco lograron averiguar nada más. Les diré que vengan para que pensemos en alguna otra cosa.

Kentin y Alexy se mostraron de acuerdo.

Cuando estuvieron todos juntos, volvieron a discutir sus opciones.

Estaban quedándose sin ideas. Lo único que aún no probaban era recurrir a medios ilegales.

No les parecía una buena idea. Lo que menos les convenía era terminar en comisaría.

Especialmente a Armin.

Estuvo ahí una vez. No le apetecía repetir la experiencia.

Si tan solo tuvieran una pista que los guiara a ellas…

Suspiraron al unísono.

Algo se les ocurriría. No se darían por vencidos.

Las encontrarían así fuera lo último que hicieran.

. . .

Algo cayó en cuanto abrió la puerta del armario.

El chico se agachó y lo recogió.

Se trataba de una bufanda azul marino tejida a mano. Era un regalo que Nika le hizo por su cumpleaños.

Se mordió el labio inferior.

Quiso tirar la prenda a la basura. Terminó apretándola en sus puños.

No podía deshacerse de esta. Tampoco de los recuerdos con la chica.

Nunca imaginó que terminaría queriéndola de esa manera.

No dejaba de pensar en ella. Su imagen se le venía en la cabeza cada vez que estaba con una chica.

Era como una maldición.

Soltó una seca risotada. Merecía lo que estaba ocurriéndole.

Lo que le hizo no tenía perdón de Dios.

Lo sabía a la perfección.

Quiso contactarla para disculparse pero Nika no respondía sus llamadas.

Se lo dejó claro el día que le terminó. No volvería a saber nada de ella.

Estaba cumpliendo con su palabra.

Se enteró que se había ido con sus amigas a quién sabe dónde.

También que los novios de estas estaban buscándolas.

Le gustaría formar parte de la investigación.

Quería verla. Disculparse por todo el sufrimiento que le provocó.

¿Pero cómo podía involucrarse sin que supieran que tuvieron una relación?

No le apetecía revelarlo. Mantuvieron lo suyo en secreto por esa razón.

Ni siquiera las amigas de Nika estaban enteradas.

Debía pensar en cómo podía ayudar sin que pareciera sospechoso.

Quizás metiéndose en la conversación la próxima vez que mencionaran algo.

Sí. Eso haría.

Colgó la bufanda en el perchero de su habitación. Tomó su chaqueta y se marchó.

Era el momento de hacer una pequeña visita.

. . .

Priya se encontraba cenando con su familia.

Era la primera vez en algún tiempo que todos se reunían. Su padre casi nunca estaba en casa.

Se alegraba de poder pasar tiempo en familia pero no conseguía dejarse llevar.

El asunto de Nika ocupaba todos sus pensamientos.

Después de comer, su madre volvió a la cocina para traer el postre.

Le sirvió un plato a cada uno.

Su padre le dio un bocado a la tarta de fresa que tenía una pinta estupenda y se volvió hacia su hija.

—Por cierto, Priya. ¿Cómo se encuentra Veronika?

Priya sonrió con tristeza.

—Está bien, creo. Hace tiempo que no hablo con ella.

— ¿No van al mismo instituto? — preguntó su madre.

—Sí. Pero se retiró hace un tiempo. Desconozco las razones.

Todos se miraron los unos a los otros con sorpresa.

—Vaya. No me lo esperaba para nada. Keith tenía razón entonces.

— ¿A qué te refieres? — Priya ladeó la cabeza.

—Cuando llegué de Shanghái el otro día me quedé hablando un rato con Keith. Sabes que es un gran amigo mío. Me contó que ese mismo día un grupo de jóvenes se había marchado en un avión privado. La descripción que dio de la que parecía liderar la comitiva se me hizo similar a la de Veronika pero no lo creí posible.

Priya se levantó de su lugar de un salto. Su madre la reprendió por su falta de modales pero no le importó.

Lo único para lo que tenía cabeza en esos momentos era para lo que acababa de oír.

—Papá. Dime que Keith te dijo hacia donde se dirigía aquel avión.

Su padre asintió con la cabeza y le reveló el destino del avión.

También le dio el número de su amigo. Para que pudiera corroborar la información y resolver cualquier otra duda.

Priya se lo agradeció. Le dio un abrazo y salió corriendo a su habitación después de pedir disculpas por irse así.

Tomó su móvil y marcó el número de Keith.

El gerente del aeropuerto se mostró muy receptivo. Respondió todas sus preguntas de buena gana.

Le dio las gracias por su tiempo y colgó la llamada.

Revisó lo que anotó mientras Keith le contaba lo que sabía. Empezó a organizar mejor sus ideas.

Añadió algunas cosas, tachó otras e hizo hincapié en unas cuantas.

Resaltó con especial énfasis el nombre del pueblo a las afueras de Francia.

Una vez terminó, llamó a Rosalya.

— ¿Si? — se escuchaba agitada.

Guardó silencio un momento. Quizás debió esperarse un poco más.

—Hola. Lamento si interrumpí algo.

—No te preocupes. Por suerte apenas estábamos empezando— Rosalya rió de forma traviesa.

Priya resopló con burla y negó con la cabeza.

—Te pediré que escatimes en detalles, por favor. Sé que estás ocupada pero necesito contarte algo. ¿Podemos vernos en el parque?

—Por supuesto. ¿De qué se trata? — preguntó Rosalya.

— ¿Prefieres que te lo diga ahora?

—Al menos dame un adelanto. Tengo una opción más tentadora en casa.

Priya rió por el comentario de Rosalya.

Apretó el cuaderno con sus notas. Tomó aire y lo soltó.

—Ya sé en dónde están las chicas.

La emoción en su voz se notaba a kilómetros.

Rosalya dejó escapar un gritito. Se escuchó la voz de Leigh en el fondo preguntándole si todo iba bien.

Luego se oyó un estruendo como si alguien se hubiera caído. La maldición que soltó Rosalya le confirmó que eso ocurrió.

Priya se mordió el labio para no reírse.

—Estaré ahí en cinco minutos— masculló Rosalya y cortó la llamada.

Priya hizo lo mismo y se permitió reír.

Lo único bueno que dejó la situación era que Rosalya y ella se hicieron buenas amigas.

Se fijó en una de las fotografías encima de la cómoda.

En esta aparecían Nika y ella de pequeñas en un enorme jardín.

Llevaban puestos vestidos costosos. Se podía apreciar un castillo a lo lejos.

Soltó un suspiro nostálgico. Eran épocas agridulces pero las atesoraba en su memoria.

Todavía no podía creérselo: Encontraron a las chicas.

Valió la pena todas las tardes de investigación y noches en vela. Pudieron lograr su cometido

¿Debía informarles a los chicos?

Sabía por Rosalya que también estaban buscándolas.

Lo pensó mejor y decidió guardárselo para sí.

Rosalya no les comentó nada por alguna razón. No quería meter la pata.

Primero se aseguraría de que estuvieran bien y escucharía lo que tuvieran que decir.

Luego ponderaría si les decía o no.


¡Buenas!

Aquí les traigo el octavo capítulo. ¡Espero que les haya gustado! :D

En el siguiente volveremos con las chicas. A ver qué se cuentan (?).

Como mencioné en el capítulo anterior, estos son los datos adicionales que necesito ahora:

Nombre del bebé:

Sexo:

Físico (cabello, ojos y tono de piel. También si se parece a papá o mamá):

Personalidad (juguetón, tranquilo...):

Todavía falta bastante para usarlos pero prefiero tenerlos desde ya~

Es todo por ahora. ¡Ánimo y suerte en todo!

¡Adiós! (:

ღ LadyAbsynthe ღ