Capítulo 10.
Ágatha llegó a la hora exacta en la que dijo que estaría ahí.
María fue a por ella mientras todos se instalaban en los sofás fuera de la habitación con el material necesario.
En cuanto las vio, la mujer les sonrió con dulzura.
Todas devolvieron el gesto.
— ¿Listas para poner fin a esta primera etapa? — preguntó.
Las chicas asintieron con la cabeza. Estaban felices y emocionadas de haber llegado hasta ahí.
Un embarazo era complicado. Demasiado para una mujer adulta y aún más para unas adolescentes hormonadas.
El caso de Ruxandra era particularmente difícil.
Afortunadamente todo había ido bien hasta el momento.
— ¡Maravilloso! ¿Quién quiere ser la primera?
Luce levantó la mano tímidamente.
—Muy bien. Por aquí, cielo— Ágatha le hizo un gesto para que se le acercara.
La chica se levantó de su lugar. Lewis le dio una palmadita en el trasero para darle ánimos.
Luce la miró y le sonrió en agradecimiento, aunque estaba un poco sonrojada.
Ágatha pasó su brazo por sus hombros y cerró la puerta tras ellas después de entrar.
—Tu siempre tan sutil, cariño— Nika soltó una risita.
Lewis le sacó la lengua.
—Dale gracias a Dios que no tengo una fusta. Se la pasarían con los traseros enrojecidos, créeme.
—No lo dudo. Pero no sería un problema para mí. No me molestaría el dolor si eres tú quién lo provoca— Nika alzó las cejas de forma sugestiva.
Todas se echaron a reír.
Aunque Dimitry se encontraba ahí, se sentían en la suficiente confianza para ser ellas mismas sin cortarse.
Se comportaba muy bien con ellas. A algunas les recordaba a sus hermanos mayores.
Jamás podrían compararse, pero era bastante parecido.
Dimitry leía un libro en su rincón. Irónicamente estaba sentado en el mismo sofá que su hermana.
Parecía concentrado en su lectura pero lo vieron sonreír por el rabillo del ojo.
No se perdía nada de lo que decían.
—Y te atrevías a hablar de sutileza— comentó Lewis.
Nika le lanzó un beso.
En ese momento, sonó su teléfono móvil.
Lo sacó de su bolsillo y lo desbloqueó. Le había llegado un nuevo mensaje.
Lo leyó y sus mejillas se ruborizaron.
Se apresuró en responder con una sonrisa de tonta enamorada en los labios.
Sus amigas se miraron las unas a las otras y soltaron una risita.
—Parece que la primavera ha llegado, ¿eh? — Airy sonrió de lado.
—Jamás pensé que algo así ocurriría. Es un poco extraño pero estoy contenta por ella— dijo Sara con dulzura.
—Yo también. Se lo merece. Además Viktor es muy buena persona.
—Es cierto que eras cercana a él, Chiara— comentó Ruxandra.
Chiara se encogió de hombros.
—Un poco. No podía decir que éramos amigos porque solía juntarse más con los chicos pero nos llevábamos bien. Hablábamos mucho y te aseguro que no estaba buscando el amor. No era que no estuviera interesado pero estaba concentrado en otras cosas por el momento.
—Nika llegó a poner su mundo de cabeza, me parece— Lewis soltó una risita.
La susodicha no prestaba atención a lo que decían. Seguía escribiéndose con el chico en cuestión.
Dimitry la miró de reojo. Él sí que lo escuchó todo.
Parecía debatirse entre sentirse feliz por su hermana o entrar en modo "hermano sobreprotector".
No lo creyó conveniente. No cuando Nika seguía enfadada con él.
Suspiró y pasó la página de su libro.
Un rato después, Luce salió de la habitación.
Sonreía de oreja a oreja y se acariciaba su apenas abultada pancita con ternura.
Lewis palmeó el asiento a su lado para que se sentara.
Luce obedeció y su amiga la abrazó con fuerza.
— ¿Qué tal? — preguntó Airy.
—Todo perfectamente— sonrió ella.
— ¡Qué pase la siguiente! — Agatha habló desde el interior de la habitación.
— ¿Puedo ir yo? — preguntó Ruxandra.
Ninguna se mostró inconforme.
Nika ni siquiera la miró. Estaba ensimismada en su burbuja de felicidad.
— ¡Que te vaya bien en el cole, cariño! — Airy le guiñó un ojo.
Ruxandra rió. Levantó el pulgar mientras caminaba a la habitación.
La puerta se cerró y volvieron a conversar mientras esperaban.
En ese momento, María apareció.
Se marchó sin decir nada después de escoltar a Ágatha hasta allí.
Se sentó al lado de su marido y apoyó la cabeza en su hombro. Parecía estar deprimida.
Las chicas se miraron las unas a las otras.
Sucedía lo mismo desde la primera ecografía que tuvieron.
Se mostraba contenta en un principio pero de la nada sus ánimos decaían notablemente.
Se preguntaban qué le ocurría. Nika no quiso decirles nada cuando le hablaron del tema.
—Me encantaría contarles todo pero es mejor esperar a que María quiera confiárselos. Es algo que solo Dima y yo sabemos. Le afecta mucho y no debemos presionarla.
Esa había sido su respuesta.
Dimitry se percató del malestar de su esposa. La estrechó contra sí y apoyó su cabeza sobre la de ella.
Todas vieron que Nika guardaba de nuevo su móvil. Finalmente volvía a la realidad.
Miró a la pareja fijamente. Cruzó las piernas y apoyó su mejilla en la palma de su mano.
—María, ¿no crees que es momento de decirles lo ocurre?
Tanto Dimitry como María miraron a Nika.
Su hermano frunció levemente el ceño. Ella se sonrojó y se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja.
Las chicas tragaron grueso. Esperaban que no se formara otra disputa.
Sus corazones no podrían resistirlo.
—L-Lo siento… no creí que se notara tanto— murmuró María, avergonzada.
Nika sonrió con condescendencia. Se levantó de su lugar y se arrodilló delante de su cuñada.
—N-No hagas eso… no te hará bien…— María trató de hacer que se levantara.
Nika se lo impidió tomando sus manos entre las suyas.
—No tiene nada de malo. Lo sabes perfectamente. No eres inferior a nadie ni tampoco menos mujer que nosotras. Sé que hemos hablado del tema pero me siento en la necesidad de recordártelo. Eres invaluable y… estoy muy feliz de que seas la compañera de vida de mi hermano.
Aunque sus ojos se veían tristes, María sonrió conmovida.
Sus mejillas estaban sonrojadas. Quizás por la vergüenza o la emoción por lo que Nika le dijo.
—Gracias, Nika— una lágrima traicionera rodó por su mejilla.
Nika la secó y la abrazó con fuerza.
Su mirada se cruzó con la de su hermano. Dimitry sonrió con tristeza y asintió con la cabeza a modo de agradecimiento.
Nika le devolvió el gesto.
Sus amigas sonrieron ante tan bonito cuadro.
Parecía que los días de tensión pronto quedarían en el pasado.
—No entiendo muy bien a qué se refiere Nika pero estoy de acuerdo. No deberías sentirte inferior a nadie por nada del mundo— dijo Chiara.
—Pareces un ángel caído del cielo, literalmente. Nunca me imaginé que te sentías así— comentó Luce.
—Si podemos hacer algo para ayudarte y hacerte sentir mejor puedes decírnoslo. Es lo mínimo que podemos hacer por ti— Lewis sonrió de lado.
—Cuentas con nuestro apoyo de ahora en adelante hasta el momento en que no nos quieras más allí…
—…y ni siquiera entonces dejaremos de estar aquí para ti— Airy terminó lo que Sara decía.
Dimitry y Nika las miraron y esbozaron una sonrisa de agradecimiento.
María les dio las gracias de forma efusiva. Le dio un último apretón a su cuñada y se enderezó en su lugar.
Nika entendió el mensaje. Se levantó y volvió a sentarse en el sofá.
Tomó asiento al lado de Dimitry. Todos se percataron pero no dijeron nada al respecto.
—Lamento muchísimo haberlas preocupado. Realmente pensé que lo escondía bien pero me equivoqué.
María soltó una risita incómoda.
En ese momento, Ruxandra salió de la habitación.
Ladeó la cabeza al percatarse del ambiente de tensión pero hizo ningún comentario.
Se limitó a volver a su lugar.
Chiara le sonrió con dulzura antes de volver su atención a María.
—No es nada del otro mundo en verdad. Supongo que es bastante común en algunas mujeres pero siempre me ha afectado y tenerlas aquí… y ver cómo disfrutan de aquello que yo jamás podré tener…— María soltó un suspiro.
No hubo necesidad de que lo dijera. Estaba más claro que el agua.
María no podía tener hijos.
Sintieron una punzada de culpabilidad en el pecho. No debían sentirse así pero no pudieron evitarlo.
No podían siquiera imaginarse lo que debía estar sintiendo e intuyeron por su expresión que era lo que más deseaba en la vida.
—Lo entendemos… y lo sentimos mucho— dijo Sara con sinceridad.
—Muchísimas gracias de nuevo, María. Sigues acogiéndonos pese a que no estás del todo a gusto— Luce le sonrió con tristeza.
—Todas son maravillosas. No deben pagar las consecuencias de mi inseguridad y complejos— María le devolvió el gesto.
—Aun así tenemos que agradecerte. Eres muy valiente. Yo jamás podría convivir con algo o alguien que me haga sentir incómoda de alguna manera— comentó Lewis.
—Como te dijimos antes, no hay nada de qué avergonzarse— Chiara le sonrió con dulzura.
—No será lo mismo que tener el tuyo propio, pero nuestros nenes también serán tus hijos. Tanto tu como Dimitry le tendieron la mano a sus madres cuando más lo necesitaban y están cuidándolos y mimándolos incluso antes de nacer— Airy se mostraba segura de lo que decía.
—Les dimos la vida pero ustedes merecen disfrutarlos aún más que nosotras. Quién sabe dónde nos encontraríamos de no ser por ustedes. Nos encantaría que nos ayuden a criar a nuestros pequeños— afirmó Ruxandra.
—Serán incluso mejores padres que nosotras— rió Nika.
Dimitry y María se miraron por unos instantes. Parecían abrumados por lo que acababan de oír.
Se sonrieron y volvieron a mirar a las chicas.
Los ojos de ambos brillaban con una emoción que ninguna podía comprender.
Era la mejor proposición que podrían hacerle a dos personas que querían desesperadamente ser padres.
Quizás no era el caso de todos pero ellos agradecían en el alma el gesto de sus invitadas.
—Muchísimas gracias… yo… realmente no sé qué decir— Dimitry soltó una risita.
Sus mejillas estaban levemente sonrojadas. Era la primera vez que lo veían así.
Estaba tan mono que tuvieron que contener el impulso de fangirlear.
—Yo tampoco… solo… gracias… muchas gracias— María también se ruborizó.
Realmente hacían una pareja maravillosa.
—Yo sí que tengo algo que decir.
Todos miraron al lugar del que provenía la voz.
Ágatha se encontraba apoyada en el marco de la habitación. Tenía los brazos cruzados y sonreía de lado.
—Si pudieran ser tan amables de decidir quién será la próxima en entrar sería de mucha ayuda.
Todos se echaron a reír.
Lewis se levantó y acompañó a Ágatha al interior de la habitación.
De esa manera continuaron las revisiones. Mientras una estaba dentro, las demás charlaban con Dimitry y María.
Esta última se mostraba tan animada y dulce como el primer día que la vieron.
Se alegraban de poder hacer algo por ella aunque fuera poco. Merecía todo lo bueno del mundo y mucho más.
Finalmente llegó el turno de Nika.
Dimitry y María también se pusieron de pie. La chica los miró, extrañada.
—No creías que íbamos a dejarte sola, ¿verdad? — María le sonrió con dulzura.
Dimitry la miró con intensidad pero no hizo ningún comentario.
Nika sentía que quería decirle muchas cosas pero no se animaba por lo que ocurrió entre ellos.
Honestamente, ya no estaba enfadada con él.
Entendía por qué reaccionó de esa manera y todo lo que dijo después era la rabia hablando por él.
Se arrepentía de cada una de sus palabras y se notaba en su expresión y gestos.
Era hora de dejar de torturarse y hablar con sinceridad.
Debían sacar todos los rencores de su pasado a la luz. Era la única manera en la que lograrían salir adelante.
Esbozó una sonrisa que prometía que todo estaría bien.
Su hermano se sorprendió, pero le devolvió el gesto y asintió con la cabeza.
—No, María. No lo dudé ni por un instante.
Le pasó un brazo por los hombros a su cuñada y María se abrazó a su cintura.
Ambas entraron a la habitación y Dimitry cerró la puerta detrás de ellos.
Nika hizo lo mismo de siempre: Se desabrochó el pantalón, se subió la camiseta hasta arriba y se acostó en la camilla.
Todas bebieron agua de antemano. Tenía la vejiga tan llena que creía que iba a explotar.
Ágatha le echó gel en el vientre. Estaba tan frío que Nika hizo una mueca y soltó un siseo.
—Me sorprende que después de tantas sesiones sigas encontrándolo incómodo— comentó Ágatha.
—Lo que no entiendo es cómo te las arreglas para que esta cosa esté helada como un tempano si la habitación está a temperatura ambiente— masculló Nika entre dientes.
Ágatha rió y sus acompañantes la imitaron.
La mujer aplicó el mismo gel en el transductor. Lo puso sobre el vientre de Nika y empezó a pasarlo por todas partes.
—Aquí están— los señaló con el dedo.
María y Dimitry se acercaron a la pantalla. Los pequeños de Nika estaban más formados que la última vez que los vieron.
Empezaban a parecerse más a una pequeña persona.
—Todo parece estar en orden. Todavía es muy pronto para saber su género pero siguen siendo dos campeones o campeonas.
—Me lo imaginaba. Tenía todas las papeletas ganadoras para que fuera así— murmuró por lo bajo.
María y Dimitry la escucharon y se miraron de reojo.
Nika se negaba a revelarles quién era el padre del bebé.
La interrogaron varias veces pero siempre respondía que no valía la pena que lo dijera.
Suponían que el chico en cuestión no se haría cargo. Era algo que esperaban ante lo reacia que se mostraba a hablar.
No les importaba. Ellos estarían ahí y era más que suficiente.
Pero había algo más.
No podían decir con certeza el qué.
Existía una razón de peso para que siguiera escondiéndolo y sentían que era algo… turbio.
Esperaban de corazón que sus suposiciones fueran incorrectas.
—Mierda.
Dimitry frunció el ceño al escucharla. Estaba a punto de reclamarle pero se detuvo al ver su expresión.
Parecía muy preocupada por algo. Estaba tan pálida como las paredes de la habitación.
— ¡Mierda! — Nika se cubrió la cara con las manos.
Ágatha miró a la pareja, confundida.
Ambos negaron con la cabeza. Ellos tampoco entendían a qué se debía su reacción.
—Voy a tener un hijo… maldita sea… voy a tener un hijo…
—En realidad son dos, cielo— puntualizó Ágatha.
—No puedo ilusionarme… no puedo ilusionarle… esto tiene que terminar antes de siquiera empezar…—Nika la ignoró descaradamente.
Escucharon que mascullaba maldiciones en cada idioma que conocía.
—No es justo… pero me lo merezco…
Dimitry intuyó que se refería a lo que sus amigas hablaban unos momentos atrás.
No pudo evitar fruncir el ceño. Nika parecía estar pilladísima por ese chico y probablemente no lo conocía mucho.
Su hermana solía ilusionarse demasiado rápido. Estaba irremediablemente enamorada del amor.
Se sintió en un deja vú. Aquello ya había sucedido en el pasado.
Una amarga sorpresa les impidió estar juntos. Parecía que la historia se repetía de una manera algo distinta.
María se percató de su gesto y lo interrogó con la mirada.
Dimitry le besó la sien y susurró en su oído que luego le contaría.
En cuanto salieron de la habitación, las chicas dejaron de hablar y se giraron hacia ellos.
— ¿Entonces? — Chiara no podía contener su emoción.
Nika esbozó la sonrisa más alegre que pudo fingir.
—Sigo siendo parte del grupo con más contrabando.
— ¡Choca esos cinco! — Lewis y Ruxandra levantaron sus manos.
Nika soltó una risita. Avanzó hacia sus amigas y chocó sus manos con las de ellas.
Se dejó caer entre ambas.
Las dos protestaron y trataron de sacársela de encima pero Nika se aferró al cuello de Lewis.
— ¡Cásate conmigo, Levy, y tengamos más hijos!
— ¡¿Es que cuatro no te parecen suficientes?! — chilló la chica.
Sus amigas se echaron a reír.
Aunque el día terminó en un ambiente ameno, Nika estaba destrozada.
Era la tercera vez que le sucedía lo mismo.
El amor, sencillamente, no era para ella. Esperaba que esta vez su corazón lo entendiera.
Sus dos primeras experiencias fueron hermosas en un principio, pero terminaron mal por diferentes razones.
Ahora que finalmente parecía haber encontrado al indicado, no podía tenerlo.
Viktor no querría estar con ella en cuanto supiera lo de su embarazo.
Quería creer que sí, que todo iría bien, pero no permitiría que sus ilusiones volaran demasiado alto.
Volvería a estrellarse con la realidad y no sabía si lograría levantarse de nuevo.
. . .
Rosalya estaba que echaba humo por las orejas.
Acababan de llegar a ese pueblo olvidado por Dios. Hacía calor, tenía hambre y le dolía la cabeza.
El vuelo que tomaron era la peor experiencia que había vivido en toda su vida.
Pasaron dos semanas desde que descubrieron el paradero de las chicas.
Ambas se pusieron de acuerdo para tomarse libres un viernes y un lunes de un fin de semana para ir a buscarlas.
Hablaron con Leigh y entre los tres decidieron qué semana les convenía más.
Cuando se acercaba la fecha, Rosalya y Leigh encontraron una excusa para Lysandro.
No tuvieron que esforzarse demasiado. Tan solo dijeron que volverían a tener un fin de semana romántico en la playa.
— ¿Otra vez? — Lysandro alzó las cejas con sorpresa.
—Nos gustó mucho el sitio y teníamos muchas ganas de regresar— Rosalya se encogió de hombros.
Afortunadamente el chico no hizo más preguntas. Aceptó de buena gana y les deseó un buen viaje.
Les dolía tener que mentirle pero le dieron la razón a Priya: Era mejor esperar a escuchar la versión de las chicas.
Todo parecía ir bien el día del viaje hasta que subieron al avión.
La aerolínea era supuestamente reconocida por su buen servicio pero dejaba mucho que desear.
Los asientos eran incómodos, las azafatas eran antipáticas y por si fuera poco no les ofrecieron comida.
Que agradecieran que fuera un viaje corto. De lo contrario era capaz de desviarse solo para ponerlos en su sitio.
Suspiró y se estrechó contra Leigh. Su novio sonrió y le acarició el brazo con dulzura.
Pronto estarían en el hotel y las cosas irían mejor.
Subieron al taxi y charlaron de su estrategia para dar con las chicas mientras veían por la ventana.
Rosalya debía admitir que el pueblo estaba bastante bien. No iría ni a vivir ni a vacacionar pero era muy pintoresco.
En ese momento, vio dos borrones de cabellos rosas y rojos que reconocería en cualquier lado.
— ¡Deténgase en este momento!
El taxista se sorprendió tanto por su grito que frenó en seco.
El auto los impulsó hacia delante pero al tener puesto el cinturón de seguridad no sucedió nada.
Rosalya se apresuró en salir de ahí. Ignoró el reclamo del taxista y corrió como nunca en su vida lo había hecho.
Justo cuando iban a doblar en una esquina, las tomó del brazo.
Chiara y Sara se voltearon, sorprendidas.
Palidecieron al ver de quién se trataba.
—L-Las encontré— musitó Rosalya entre jadeos.
—R-Rosa…—Chiara tenía los ojos abiertos como platos.
— ¿C-Cómo es posible? — Sara no podía creer que lo que veía.
Priya y Leigh aparecieron en ese momento. El pobre chico cargaba con el equipaje de los tres.
Se sorprendieron al ver a las chicas. Ahora entendían por qué Rosalya reaccionó así.
El corazón de Chiara dio un vuelco al ver a su ex cuñado. Sara parecía a punto de desmayarse del susto.
—Eso mismo digo yo. Espero que lo que tengan que decir sea bueno porque estoy de muy mal humor y si no me convencen sus argumentos les juro que haré que lamenten el día que se les ocurrió cruzarse en mi camino.
—Rosa…—Leigh trató de apaciguarla tomándola por los hombros.
—Chiara, Sara, me alegra verlas con bien. Llévennos con las demás, por favor. Tenemos mucho de qué hablar.
Jamás habían visto a Priya tan seria.
Las chicas tragaron grueso. ¿Por qué tuvieron que antojarse de dar un paseo en esos momentos?
No tenían escapatoria. Debían hacer lo que les decían o habría consecuencias.
Rosalya no parecía bromear con lo que acababa decirles.
¡Hola! :D
Aquí les traigo el décimo capítulo. ¡Espero que les haya gustado!
Seguro pensaban que había abandonado esta historia. Pues no estaban del todo equivocadas (?).
No tenía demasiada inspiración como expliqué en otra de mis historias, pero me puse a leer un manga que trataba del embarazo adolescente y cuando me di cuenta estaba escribiendo el capítulo.
Son las seis y media de la mañana aquí. Tengo que levantarme a las ocho y seguro andaré como zombie durante todo el día pero no podía irme sin actualizar ;w;
Aprovecho para decirles que sigue habiendo cupos en mi historia "Into the Lion's Den". Igual que aquí habrá mucha historia en el salseo ewé
Es todo por ahora. ¡Ánimo y suerte en todo!
¡Adiós! (:
ღ LadyAbsynthe ღ
