Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
Neófito
"Es el amanecer...No es un ordinario rayo de luz. La flecha del alba ha perforado el cielo, como si fuese lanzada por un arco estirado por un gigante, en dirección a la ciudad de la muerte."
Siguió con la mirada la estela de luz roja hasta que se perdió de vista, los rayos del amanecer lo cegaron, pero eso no le impidió admirar la silueta de Seras Victoria alejarse en el firmamento; era una imagen tan irreal, una mezcla de todos sus miedos. Aún no asimilaba los recientes acontecimientos: el ataque a los cuarteles, la muerte de casi toda la tropa de Wild Geese, el sacrificio del capitán y la transformación de la chica. Ella siempre se le hizo agradable, una buena niña que no tenía nada que ver con la escalofriante presencia de Alucard, fue un aterrador espectáculo el verla masacrar al adversario. Se giró hacia su compañero, Monroe estaba de cuclillas, a un costado del cuerpo de Pip, buscando pulso en el cuello.
— ¿Está muerto?
— Como todos los demás... Maldita sea, ¿al final tuvo que ser el héroe, no capitán?
—Él quería a la chica.
—Lo sé... tantas buenas mujeres en el mundo y tuvo que enamorarse de un vampiro. Siempre supe que las mujeres serían su perdición, pero nunca imaginé que terminaría así.
Hale se acercó, tratando de evitar mirar el cuerpo, le era perturbador ver muerto a aquel hombre que tanto admiraba, llevando todas las esperanzas de sobrevivencia con él.
— ¿Y ahora, que haremos?
— No lo sé... Salir sería un suicidio, no tenemos municiones y allá afuera es el infierno. Creo que es mejor que nos quedemos.
— ¿Y si alguno de esos malnacidos revive?
— Dudo que lo hagan... ¿no ves los cuerpos? Es imposible que se regeneren. El canario hizo un buen trabajo.
— Ella se regeneró con la sangre del capitán, ¿y si se levantan y alimentan de nosotros?
— Yo mismo te arrojaré a ellos para que te devoren. Deja de hacer tantas preguntas y ayúdame a levantarlo, no podemos dejarlo a medio pasillo.
Tomaron el cuerpo y con él a cuestas regresaron a la sala de conferencias, donde estaba el resto de la tropa. Unos cuantos aún se aferraban a la vida, respirando con dificultad y rompiendo el silencio con la agonía de sus suplicas, otros tantos murieron mientras ellos escoltaban a Pip. Dejaron al capitán en el rincón más apartado, evitarle a los demás la visión de ese cuerpo destrozado y marchito, si iban ir al infierno al menos que lo hicieran con un recuerdo grato de él.
— ¿Qué hacemos con los demás? No podemos dejarlos así.
— ¿Cuántos cartuchos te quedan?
— Solo uno.
— Bien, consérvalo. Tengo suficientes tiros para acabar con su sufrimiento, pero no podemos correr el riesgo de quedar desarmados.
Suspiró con pesadez y le dio la espalda a Hale. Sus pasos eran lentos pero firmes y la mano que sujetaba el arma no tembló en ningún momento, caso contrario con el resto de su cuerpo. Su oscura piel se veía pálida ante la escasa luz de la habitación, miraba la gratitud en los ojos de sus compañeros antes de disparar justo entre los ojos, dándoles una muerte inmediata. Algunos le agradecieron con dificultad, el resto solo lo miró con vehemencia y gratitud, como si fuese el ángel de la muerte que por fin reclamaría sus vidas, liberándolos de todo el sufrimiento que estaban sintiendo. No era la primera vez que Monroe disparaba a un colega, todo mercenario prefiere morir en el campo de batalla que vivir inutilizado por una herida de gravedad, pero siempre era igual de difícil, después de todo los recuerdos de los buenos tiempos afloraban con cada bala que insertaba en los cráneos, traspasando piel y hueso hasta perforar el cerebro. Arrebató cientos de vidas con anterioridad, pero todo es distinto cuando se trata de un compañero.
Hale cerró los ojos y apretó los puños con frustración, cada vez que salían de misión veía el infierno, esta vez tuvo que vivirlo. Quiso odiar a Pip Bernadotte por aceptar ese contrato, pero no pudo, después de todo él no los obligó, cada uno aceptó por su cuenta. Golpeó el suelo mientras maldecía en su mente; la sangre de sus compañeros mezclada con el olor de la pólvora abrumaba su olfato, lo llenaba de ira. Monroe lo miró de reojo, entendía su desesperación, pero él no se estaba ensuciando las manos con la muerte de sus colegas, ¿acaso creía que era agradable estar salpicado de sangre? Lo ignoró y prosiguió con su ardua labor, mientras más titubeara más sufrimiento innecesario padecían los gansos.
De no estar tan ensimismados con sus pensamientos, ambos mercenarios hubiesen notado el extraño fenómeno que se suscitaba a su alrededor: se formaron pequeños ríos con la sangre de los muros, el piso, los cuerpos, y comenzaron a desplazarse en una misma dirección a un ritmo lento pero constante. El cuerpo de Pip yacía en una esquina, con la espalda recargada sobre el muro y los brazos a los costados, con el largo cabello castaño cubriendo el rostro y las marcas de los colmillos de Seras. La red del líquido escarlata cubrió todo el cuerpo del capitán, como si fuesen listones aferrándose a las recientes heridas, suturando las mismas con la gracia de un cirujano. El enorme agujero que dejó la hoz se cerró y el inutilizado esternón regeneró sus fibras musculares, sellando la piel con los coágulos de sangre que se adhirieron a los bordes de carne, los huecos de las balas desaparecieron a la vez que expulsaban las mismas, las marcas en su cuello se acentuaron, tomando un tono morado que resaltaba con la palidez que su piel adquiría. Los dedos de sus manos comenzaron a moverse y en su rostro se formó un gesto intranquilo, como el de un hombre teniendo una pesadilla.
...
Pip caminaba sin saber que dirección tomar ni a donde dirigirse. Lo último que podía recordar era el cuerpo de Seras sobre él y una enorme excitación que jamás experimentó, después todo se volvió oscuridad. Fue una sensación extraña, juraría que fue su mignonette quien lo abrazó en la oscuridad, aferrándose a su cuerpo y besándole el cuello; él mismo correspondió el abrazo y besó su cabello, embriagándose de su aroma a sangre y rosas. Cerró los ojos y pudo ver escenas al azar que parecían el pasado de la draculina, una Seras de no más de cinco años sonreía mientras un gato bicolor se acurrucaba en su regazo, ahora veía a una Seras de mayor edad vistiendo un uniforme de policía, de nuevo una niña pequeña llorando en un cuarto gris y lleno de camas en hilera, ahora una Seras herida frente a Alucard... el desorden de las imágenes lo abrumó, todo era tan caótico, ¿acaso no había momentos felices y tranquilos en el pasado de la chica? Y justo como si lo hubiese deseado, las imágenes cesaron, dejando solo un recuerdo, la noche en que se conocieron. Pip sonrió al recrear toda la escena, incluso sintió el dolor de aquel toque brutal en su rostro, y aun así era también uno de los recuerdos más felices para él, pero algo cambió, la Seras del recuerdo se giró para mirarlo y hubo un cambio de escenario, ya no estaba en la mansión de Integra. Reconoció de inmediato los prados que rodeaban su casa en el campo, era de nuevo aquel niño de nueve años que lloró cuando supo el destino que le aguardaba y en la silla donde su abuelo leía el periódico por las tardes estaba su mignonette, observando al horizonte.
— ¿Seras? — No respondió. Se acercó a ella y se percató del cambio en su uniforme, el amarillo fue sustituido por un tono escarlata que resaltaba su blanca piel y sus ojos eran de un color a juego, tan rojos como la sangre. Lo miró fijamente, sonriendo con la calidez que solo ella poseía.
— Tú me perteneces tanto como yo te pertenezco. Seremos uno hasta el fin de los días, porque así lo decidiste. - Acarició la mejilla de Pip y besó sus labios, logrando un enorme sonrojo en el rostro infantil. — Pero tienes que alcanzarme, solo eres el sirviente de un sirviente.
Se levantó y saltó del balcón; Pip trató de seguirla, pero la vista daba a un hondo precipicio y Seras se perdió de vista. Gritó su nombre repetidas veces hasta que obtuvo una lejana respuesta, "alcánzame, se digno del título, un rey entre demonios". No entendió a que se refería, solo necesitaba una explicación y salir de ese lugar. Cerró los ojos y gritó con todas sus fuerzas, tenía la esperanza de acabar con la pesadilla en la que estaba atrapado.
— ¡SERAS!
Se levantó con tanta brusquedad que perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse en el muro. Observó con desesperación a su alrededor tratando de identificar el lugar en el que estaba a la vez que jadeaba presa del miedo y la desesperación; los cuerpos de sus chicos yacían sin vida en todo el lugar y dos hombres le apuntaban con sus armas, tan pálidos y enfermizos como si hubieran visto un fantasma. Los reconoció al momento y un enorme alivio lo invadió.
— ¿Pero que creen que hacen? Bajen esos rifles antes de que se lastimen, señoritas.
— ¿Ca-capitán?
—¿Quién más podría ser? ¿No me estás viendo?
— Pero, usted estaba... muerto.
— ¿Muerto?
Hale y Monroe no bajaron sus armas, el miedo en sus ojos le confirmó que no era una broma, ellos estaban diciendo la verdad. ¿Estaba muerto? Trató de buscar pulso en su yugular, pero no sintió nada más que la frialdad de su piel y dos orificios que escocían, como si estuviesen al rojo vivo... entonces recordó todo: la invasión a los cuarteles, el ataque directo del enemigo, la ofensiva de Seras y el sacrificio que hizo para salvarle la vida. Él debía estar pudriéndose en el infierno y sin embargo estaba de pie frente a dos hombres que fueron testigos de su muerte; su mano tembló cuando la alzó y sintió los prominentes colmillos que sobresalían de su labio superior, era un vampiro.
— ¿Pero qué mierda?
— ¿Acaso era virgen, capitán?
— ¡Claro que no!
Pip se sintió ofendido ante la duda de su no virginidad, era como si dudaran de su hombría. Si mal no recordaba, para ser un vampiro uno tenía que ser virgen, su mignonette lo era y gracias a ello pudo volverse uno, pero, ¿qué era él? ¿acaso se volvió un ghoul? No se sentía ni se veía como uno. Quizá su transformación tardaría más, era mejor salir de ahí para no poner en riesgo a los chicos, que no bajaron sus armas en ningún momento, no podía culparlos, él tampoco lo haría.
— ¿Dónde está Seras?
— No lo sabemos.
¿Cómo era posible que no lo supieran? Solo tenían que saber su ubicación para que él pudiera encontrarla y ni eso eran capaces de hacer. Estuvo a punto de llamarlos inútiles, pero se contuvo, algo no andaba bien en él. Generalmente era más tranquilo y no perdía el control de esa manera, ¿tendría que ver con que fuese un vampiro? Aspiró aire con fuerza, tratando de calmar esos repentinos brotes de ira, pero inhaló la fragancia que rondaba en toda la estancia y se sintió enloquecer, se le hizo agua la boca y un cosquilleo en la garganta le causó molestia. Hale y Monroe tuvieron miedo al notar el extraño comportamiento de Pip, se veía furioso, respiraba con dificultad y su ojo se tiñó de un profundo color rojo, tan intenso como los ojos de la draculina. Él también fue consciente del peligro que suponía para sus chicos que permaneciera con ellos por más tiempo, jamás pidió detalles sobre la transformación y no tenía idea alguna si era normal que se sintiera tan furioso... no podía correr el riesgo de dañarlos, tenía que salir de ahí.
— ¿Se encuentra bien, señor?
— No, no estoy bien... solo dime hace cuanto tiempo se fue mi mignonette y que dirección tomó.
— Una hora aproximadamente, quizá un poco más. Saltó por la ventana del pasillo en dirección al centro de la ciudad.
— Ella dijo que acabaría con todos, como se lo prometió.
Dijo que cumpliría con la promesa que le hizo y saltó por la ventana, justo como en su sueño. Tenía un mal presentimiento, sus palabras en esa etérea broma de su mente le dolieron, él era más que un simple sirviente y estaba dispuesto a probarlo o morir en el intento, era tan digno como el bastardo de Alucard y se ganaría el derecho de estar a su lado.
— Bien. Quédense aquí hasta que regresemos, esto se acaba de una puta vez.
Se encogieron ante su iracunda voz, muchas veces les había gritado, pero jamás con ese tono tan gélido. Pip se encaminó a la salida, tratando de evitar a toda costa el respirar para no inhalar el olor de la sangre, fue entonces cuando descubrió que no necesitaba oxígeno, ¿Por qué respiraba Seras? ¿Fingía hacerlo? Tendría que preguntárselo una vez que la encontrara. Caminó presuroso hacia la entrada principal, pisoteando los cráneos de cada soldado alemán que se cruzaba en su camino; el ver a toda su tropa masacrada no hizo más que aumentar esa ira que comenzaba a nublar su temple, ya no era un inútil humano jugando a la guerra contra un par de monstruos, era un monstruo que pelearía a muerte contra otros monstruos.
...
El águila estaba por arribar a la pequeña isla, la característica niebla de la isla lo recibió junto al olor de la guerra y el coro de la masacre, todo era tan nostálgico para él. "Érase una vez un vampiro que se embarcó en un viaje a Inglaterra para conseguir a una mujer que con tantas ansias anhelaba. La nave apiñada en la que este vampiro navegaba se movía entre las olas, rodeada por la niebla, en una excursión descuidada. Su tripulación había sido masacrada por completo en el camino. Por fin, la nave llegó al puerto de Londres, inundada de cadáveres y con un solo ataúd. El nombre de la nave es Deméter".
Inmediatamente percibió la fragancia de su condesa y de su fiel sirvienta, la pestilencia de sus enemigos y algo más, un olor extraño pero familiar a la vez, procedente de un neófito. Alucard soltó una sonora carcajada y aplaudió al vacío, su draculina al fin bebió la sangre que se negó a ingerir por tanto tiempo y además creó a su propio sirviente, ese mercenario resultó ser un saco de sorpresas.
Nota de la autora:
Pequeña edición 14/10.
Bien, aquí está la actualización de este mes. Agradezco a todos por sus favs y follow, no creí que con una viñeta llamaría la atención. Gracias por darle una oportunidad a este divague de mi cabecita :D
La frase inicial es una mezcla de lo que dice uno de los gansos en el manga y en el OVA. Los nombres de Hale y Monroe son invención mía, además son los mismos que emplee en mi fic "Walpurgisnacht" (ojalá le den tambien una oportunidad) y la alusión de Seras como un canario es de mi fic "Sueños" y algunos drabbles de "Mon petit amour". La frase que menciona al Demete en la parte final es parte del manga y, como ya sabrán, es Alusiva a Drácula.
Quise plasmar a un Pip que no puede controlar tan fácilmente sus sentimientos como consecuencia de la conversión. Ya sé que Seras no tuvo un cambio significativo una vez que se convirtió, pero Pip es más frío y calculador, no se deja llevar tan fácilmente por su ira o tristeza porque necesita la cabeza fría para liderar a los gansos, así que es fácil explotar después de tanto tiempo conteniéndose. Igual estoy abierta a quejas y/o sugerencias, todo comentario es bien recibido.
Hasta el siguiente mes, si la vida y la inspiración lo permiten~
