Nota de la autora: Abadón es un demonio. También se le menciona en el nuevo testamento como un ángel, rey de un ejército de langostas. En el antiguo testamento se hace alusión a él como un abismo sin fondo. La idea de hacer una analogía de Alucard como Abadón surgió al ver la descripción que da la wikipedia del ejército sobre el cual rige, que me pareció similar al ejército de familiares. Sheol es una forma de llamar a la parte del inframundo donde se estancaban las almas pecadoras.
Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
Abadón
"Fue debajo de una pintura con un bosque de lanzas la primera vez que se encontraron. Y esta vez están bajo un bosque de lanzas. Ellos se reúnen nuevamente".
— El nombre de la obra es: "Tragedia al alba". Se levanta el telón. Y así, todos los actores están en su sitio.
Blanco y negro frente a frente, aguardando una señal, pacientes y expectantes. Una gélida briza agitó las togas de los caballeros del vaticano y arrancó un escalofrío a los vampiros de las fuerzas Waffen SS; alzan en conjunto la vista al cielo, como si fuese una coreografía previamente ensayada y gimen de asombro ante la espectral visión de una sombra descendiente, grácil como una hoja arrastrada por el viento. Alucard cae de pie ante ellos con los brazos extendidos y la cabeza en alto, simulando posteriormente un crucifijo invertido con sus armas. La gabardina ondeante como un río de sangre se mece con mayor intensidad al momento en que cientos de hojas versadas con pasajes bíblicos rodean las cercanías de su costado izquierdo, la silueta de su enemigo más deseado contrarresta su blasfema pose colocando sus bayonetas tal cual se vería una cruz bendecida por la gracia divina; a su derecha un estruendo sacude la tierra, percibe la peste de la sangre lupina y se eriza la piel de su lomo como un gato encrespado. Frente a los ejércitos más letales de la tierra se encuentran los representantes de sus líderes, tres nombres que resuenan como ecos distantes: Iscariote, Millenium, Hellsing...
— ¡Mi ama! Sir Integra Hellsing... ¡Ordene, ordene! Soy tu fiel sirviente, el vampiro Alucard. ¡Deme la orden!
— ¡Acaba con todos! No dejes que nadie salga de esta isla. Tiñe de purpura toda la ropa de los guerreros con armas de plata... Tiñe de carmesí toda la ropa de los guerreros con armas de hierro... Tiñe de rojo con su propia sangre a todos nuestros enemigos... ¡Mata a todos los enemigos que veas! ¡Técnica de restricción cero liberada!
— Si. Como usted desee, mi ama.
"Guardia personal del Tercer Reich, Waffen SS, convertidos en vampiros que conforman el grupo Letzte Bataillon, supervivientes: 527 soldados. Ejército de la iglesia católica de Roma, Novena división de cruzados, supervivientes: 2875 hombres. Caballeros protestantes, Hellsing, con vida: 4 hombres."
...
Corría por las calles londinenses, perplejo y anonadado por el infierno que se tendía frente a sus ojos. Pip trataba de no prestar atención a los gritos de horror y el hedor de la muerte, usaba todo su autocontrol para ignorar los cadáveres que yacían a su paso, pasar de largo ante la fragancia de la sangre que se le apetecía tanto como una cerveza helada un día de verano. Se valía de su instinto para guiarse, ignoraba la ubicación de Seras y lo último que deseaba era correr sin sentido, pero algo en su interior lo movía en esa dirección, como si estuviese jalando de un hilo que terminaba donde se encontraba su mignonette. El sueño que protagonizó seguía causando caos en su mente, lo llamó sirviente y si fue ella quien lo convirtió en un vampiro técnicamente estaba a su merced, ¿tendrían la misma relación que ella con Alucard? ¿Podría controlarlo a su antojo o seguiría bajo su libre albedrío? ¿De qué forma afectaría la relación que hasta ese momento llevaban? Quería creer que actuó sin ser consciente de sus actos, él mismo fue quien la incitó a que bebiera su sangre y jamás pasó por su mente la posibilidad de que se convirtiese en vampiro, después de todo hace mucho que ya no era virgen.
Un sentimiento desesperado lo inundó de repente, se sintió como una presa acorralada y el sentido común lo mandaba a huir de ahí. El cielo se tiñó de un negro más profundo, como si un manto de oscuridad envolviera la atmosfera y los encerrara en un pequeño domo, concentrando los gases de la pólvora y los explosivos, dejando a Londres en penumbra total, alumbrada únicamente por los edificios que ardían como si fuesen las hogueras de un aquelarre. Algo sucedía, incluso llegó a su mente una frase proveniente de quien sabe donde, jamás escuchó ni leyó verso semejante.
"El ave de Hermes es mi nombre. Devoré mis propias alas para poder domesticarme"
...
— ¡Aquí está! Un río de muerte. La muerte está bailando y todo el infierno está cantando.
El único que sonreía era Max Montana; la visión de las aguas carmín emergiendo del destrozado cuerpo de Alucard, arrastrando cuerpos sin vida, con miradas vacías y muecas inexpresivas, era la señal de que su victoria estaba próxima. Enrico Maxwell palideció, por primera vez fue consciente del orgullo de los Hellsing, él era más que un vampiro, era el rey de los no muertos, aquél que hurtaba almas destinadas al Sheol.
— El ejército real... ¡Wallachia! Tus propios soldados... tus sirvientes... tus propios hombres... ¿Qué demonios eres? ¡Monstruo! El demonio... ¡Drácula!
La triada de enemigos se disolvió. Hans Günsche dejó que sus instintos primitivos de supervivencia lo dominaran, tenía que salir de ahí antes de que fuera arrastrado por las olas de las que emergían caballeros de todas las épocas, con armaduras distintas, como un cuadro que plasmaba varias etapas de la historia. Anderson saltó a un tejado, el mismo instinto que movió a Hans lo albergó, pero el morbo de su asombro pudo más, ¿cuántos eran? Cientos... miles.
— ¡El ejército de Janizaries! Incluso a ellos... Devoraste a ellos también. ¡Esa es la causa por la que no mueres! ¿Cuántas vidas tienes dentro? ¿Cuántas vidas te has tragado?
Seras tomó a Integra con delicadeza y saltó al techo de un edificio para ponerla a salvo. Ambas observaban en silencio aquel espectáculo, la draculina sintió orgullo de su maestro y a la vez se sintió intimidada ante tanto poder. A partir de ahora aspiraría a esa grandeza, se volvería un orgullo para él, tenía que ser digna de servir al mismísimo dragón, ser más que solo un fiel siervo. La sir se acercó al borde para observar lo mejor que su limitada vista de mortal se lo permitía, él era el mayor logro de su apellido, era su conde, suyo...
— Ellos le pertenecen, todos ellos le pertenecen a Alucard. La sangre es el dinero del alma, monedas de vida. Es el método de vender vida... beber la sangre de alguien es tomar su vida para ti. ¿Ahora lo entiendes, Seras Victoria?
Beber sangre... tomar vida... Bebió la sangre del ser que odiaba y poco a poco se ganó su corazón, intercambió su vida por la suya y gracias a ello estaba ahí. Vida por vida... claro que lo entendía.
— Si.
...
Caos dentro del infierno. Pip tuvo que entrar en un almacén para huir de los cadáveres que se levantaban de las sangrientas aguas que recorrían las calles, devastando y engullendo todo a su paso. Algo le decía que el lugar en donde se originara todo estaría Seras, solo el bastardo de Alucard podría hacer algo así. Siempre supo que era más que un vampiro y ahí estaba la prueba, si él quisiera podría acabar con toda vida en la tierra, dominar el mundo justo como Integra les dijo la noche que llegaron a la mansión Hellsing. Corrió en dirección contraria a la entrada que utilizó y echó un rápido vistazo por los escaparates, esa calle estaba libre. Rompió los cristales y salió justo en el momento en que un helicóptero se desplomó cerca de su posición, dejando caer con estrépito su carga: una cabina de cristal. Sin necesidad de su agudo oído de vampiro hubiese podido escuchar a la perfección los gritos desesperados e iracundos de un hombre que creyó reconocer. Se distrajo y perdió tiempo valioso, los zombis de Alucard le dieron alcance, pero no prestaron atención en él. Lentamente se dirigieron a la cabina que yacía a pocos metros de él.
— ¡Éste es un plexiglás reforzado! No hay manera de que lo puedan romper, estúpidos zombis.
Esa voz tan prepotente y confiada con el timbre tan agudo y molesto, era el líder de Iscariote. Una bayoneta surgió de la nada y atravesó la barrera de cristal que lo separaba de la muerte, trozándola al instante.
— ¡Anderson...Anderson! ¡ANDERSOON!
— Como miembro de la división XIII, no puedo permitir esta herejía. Ya no puedo tolerar esta perversión en el mundo de dios... ¡Estoy destruyendo tu sueño, Enrico! Adiós, mi hermano...
Aquel río se alzó sobre Enrico y lo devoró, sus gritos fueron disminuyendo conforme los cuerpos sin vida engullían su sangre, tomándola de sus brazos y piernas, de cada parte de su cuerpo a la que pudieran sujetarse. Pip observó desde su posición, incapaz de moverse por el asombro del espectáculo y el miedo al paladín, ¿sería un contrincante para él? Ni siquiera Seras se atrevía a enfrentarlo. Tragó saliva con nerviosismo, su garganta se sentía seca y le dolía, raspaba cada vez que tocía para tratar de calmar la molestia. La agudeza de sus sentidos le permitieron escuchar la conversación de Anderson cuando tomó el comunicador que tenía Maxwell.
— Habla Anderson... quiero que todos los padres que están aquí piensen en la octava cruzada... la reconquista donde todo fue completamente destruido. En éste día, despierten de su sueño, regresen al vaticano a toda prisa.
— Pero... Anderson...
— ¡Su descanso final no está aquí! ¡Vuelvan a casa! ¡Protejan al vaticano, la casa de nuestro sagrado padre! Protejan el futuro catolicismo... Tengo que derrotarlo. ¡Mataré a Alucard! No hay otra opción.
— Pero... ¿qué pasará cuando pelee contra él?
— Eso no importa. ¡Todos los poderes de restricción de Alucard fueron liberados contra nosotros! Todas las armas, todo el poder y todo el deseo que ese hombre controla... él es como un castillo viviente, todo el poder para hacer millones de soldados a su disposición... pero, ese es un castillo con un solo amo. No es más que un solo vampiro, no hay nada más que un solo Drácula. Temo que éste era el principal objetivo de ese batallón demente de mil soldados de la SS... de los tres mil cruzados... del millón de ingleses... ¡Todos, solo para matar a un solo hombre! Es tiempo de que lo atraviese con mis bayonetas. Éste es el adiós a todos, olvida esas lágrimas idiotas de Maxwell... como siempre es una persona débil que le falta confianza en sí mismo. Es posible que lo vea en el limbo... ¡Adiós!
El padre se levantó y caminó en dirección a Pip, dejando atrás el inerte cuerpo de Enrico.
— ¡Tú, demonio! Te conozco, eras el hombre que viajó con el nosferatu.
— Y usted es el padre demente que nos siguió hasta Brasil.
El tono de Anderson no era agresivo como el que recordaba, incluso sonreía al dirigirse a él. Dio un paso más y Pip tomó pose defensiva por inercia.
— No tengo interés en combatir contigo, un trofeo mayor espera el castigo divino bajo el poder de mi mano.
— ¿Seras? — Dijo en voz alta lo primero que llegó a su mente.
— ¿La draculina? Aunque se haya vuelto hija de Lilith por la gracia de tu sangre, ella no es tan poderosa aún como el demonio de los Hellsing. — Observó la sorpresa de Pip al mencionar su conversión y la relación con esa mujer. — La chica arrastra la cruz de tu condena, el olor que despides es el mismo que emana de su cuerpo. Ustedes no son más que vestigios del verdadero mal.
— ¿Te refieras a Alucard?
— A aquel que conocen como Alucard. Él es el mal encarnado, el hijo bastardo del diablo... él es Drácula, la encarnación de Abadón. Seré yo quien lo derrote y por fin libre al mundo del rey de los no muertos, por la gracia divina de dios padre, dios hijo y el espíritu santo... ¡Amen! Lo que pase con ustedes me tiene sin cuidado.
Anderson siguió caminando de frente hacia Pip, sin perder contacto visual en ningún momento hasta que quedó a su lado y se detuvo.
— Incluso el rojo de ese ojo es idéntico a los orbes de la pequeña bestiecilla. Que dios se apiade de sus almas, pobres seres malditos...el amor no distingue entre bendecidos y condenados.
Siguió su camino, rompiendo el silencio con el eco de sus pasos. Ahora sabía que su amada mignonette se encontraba a salvo y que estaría donde Alucard. Solo tenía que dejar que el padre se adelantara lo suficiente para que no se notara que se disponía a seguirlo.
...
Muerte, sangre, putrefacción. Seras recordó las lecciones de historia que recibió en el orfanato, aquellas que hablaban de Vlad Tepes, el rey de Rumania, príncipe de Valaquia y el empalador de Europa. Frente a ella, debajo de los cientos de hombres que fueron empalados, yacía de rodillas su maestro ante la imponente figura de Integra Hellsing.
— Bienvenido, conde.
— Es bueno estar en casa, condesa.
— Eh... Bi-bienvenido a casa, maestro.
No lo reconocía, pero tenía que ser él. Su cabello lucía encrespado y salvaje, llevaba una barba de candado y bigote que junto a la pesada armadura negra le daban un aspecto antiguo, primitivo. Se giró y clavó su penetrante mirada en ella, los ojos tan rojos como los propios, como el color de su ropa... eran los mismos que vio la primera vez que despertó siendo una draculina. Sin duda era su maestro.
— Al maestro le creció una barba, ¿verdad? Una barba...
Extendió el brazo en su dirección, aumentando su nerviosismo. Pensó que iba a golpearla, reprenderla e incluso burlarse de ella como era costumbre... cerró los ojos y se encogió por el miedo, pero en lugar del duro golpe que esperaba sintió en su cabeza una suave caricia, como aquellas que le daba su padre cuando niña siempre que se portaba bien. Abrió los ojos y se topó con los de su maestro una vez más, pero lucían distintos, jamás vio es mirada en él. Le sonreía cálidamente y en su rostro se reflejaba el orgullo que solo un padre podría sentir por su hijo.
— Seras... Seras Victoria.
Un grito interrumpió la pequeña reunión. Anderson se arrojó hacia ellos, dirigiendo el filo de sus bayonetas a Alucard. Seras tomó a Integra por la cintura y se hizo a un lado justo antes de que su maestro desenvainara su espada para bloquear el ataque del paladín, quien tuvo que retroceder.
— ¡Que sorpresa! Es mi viejo amigo.
— Somos los agentes de dios, los ejecutores del castigo divino. ¡Mi misión es acabar con todos los que se oponen a dios, acuchillando la carne de los cuerpos impuros, hasta no dejar una pieza unida! ¡AMEN!
El metal de la espada y las bayonetas bendecidas lanzaba chispas con cada choque. Anderson se lanzó repetidas veces hacia Alucard, quien solo se limitó a bloquear una y otra vez cada golpe, analizando y prediciendo sus movimientos, maravillado por la agilidad y fuerza del padre.
— Bueno, realmente eres algo... has entrenado tu cuerpo todo éste tiempo. ¡Enemigo, vamos, mátame! Venga y traspasa mi corazón con tus bayonetas. Como hace quinientos años... como hace cien años... venga y termina otro intervalo entre mi sueño eterno... querido enemigo.
— Que así sea. Tus demandas serán cumplidas.
La mirada de ambos era demente, destilaba gozo. Amaban la idea de destruirse el uno al otro y se veía su pasión con cada golpe de la espada, cada bayoneta que atravesaba niebla. Anderson logró destruir el avatar de conde y Alucard tuvo que retomar su antigua imagen, utilizar la amada Jackal y pelear con el estilo que siempre los caracterizó. Las balas zumbaban a su alrededor, atravesaban su cuerpo, pero no era suficiente para detenerlo, eso era nada comparado con el deseo de vencer a su contrincante. Despedazada y sangrante, la silueta de Alexander Anderson permanece de pie, sujeta el inerte brazo con su boca para evitar que se desprenda con un brusco movimiento en falso.
— ¿Qué pasa, cristiano? ¿Cómo te sientes? Tu cuerpo parece dañado, parece que tu brazo se cae. ¿Qué es lo que harás? ¿Eres un perro o eres un humano?
— ¡Deja de hablar y ven aquí! Dame tu mejor disparo... ¡Deprisa!
Quedó maravillado por la determinación de ese hombre. El deseo de matarlo podía más que los instintos de supervivencia, cualquiera en su sano juicio habría huido o ya se hubiese dejado matar. Alexander Anderson era el humano más valiente, aguerrido y terco que tuvo el placer de conocer y deseó con todas sus fuerzas que él lo matase; quería caer por la gracia de su mano, sería un honor que una de sus bayonetas atravesase su pecho en el mismo lugar donde una estaca de madera se clavó hace cien años.
— Fascinante... los humanos son tan fascinantes.
Anderson se encomendó a dios y corrió como un cordero descarriado, solo que el huía directamente a la boca del lobo. Moriría esa noche, pero no por la mano de aquellos cuerpos vacíos que le bloqueaban el paso, ellos solo eran estorbos que no le impedirían llegar hasta Abadón, el rey de las langostas.
Nota final:
Pequeña edición: 14/10
¡Hola de nuevo! Aquí la actualización de este mes, espero sea de su agrado. Ya sé que Pip no tuvo mucho protagonismo y casi todo es un copy/paste del manga, pero esta parte es de mis favoritas y tenía que dedicarle un capítulo. Prometo que en el siguiente veremos más a nuestro amado neófito.
¡Mil gracias a todos por leer, comentar y seguir la historia! Estoy abierta a quejas y/o sugerencias.
