Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.
Reencuentro
"Los únicos que matan monstruos siempre son humanos. Cualquier intento de alguien que no sea un humano siempre será un fracaso"
— ¡Seras!
La espada de Integra le bloqueó el paso. Se giró para encararla.
— ¡Esa cosa va a matarla!
— No la subestime, capitán.
— ¿Subestimarla? Ese loco fanático es el adversario de su sirviente, ella no tiene nada que ver.
— Se equivoca, Bernadotte. La relación que tienen va más allá de eso, algo que no puede catalogarse bajo nuestros términos de honor.
La sir pudo percatarse de la ira que desató tras sus palabras. Era obvio el afecto que ese hombre sentía por la chica y la alusión de una relación entre ambos vampiros parecía enloquecerlo, ella misma se tensaba ante la idea, pese a saber que clase de unión poseían sus siervos.
— Ellos están conectados por la sangre, lo más valioso para un vampiro. Si alguno de los dos muere, el otro va a resentirlo de formas que no puedo comprender, pero usted sí. Seras se ha vuelto su maestra, pero a ustedes los une algo más, ella está luchando junto a Alucard porque es su deber de siervo, ¿desea salvarla por los mismos motivos?
El hombre a su lado permaneció en silencio, pero no hacía falta que hablara, ella sabía la respuesta. Un vampiro amando a otro, iba en contra de todas las enseñanzas que recibió a lo largo de su vida, ¿los monstruos tenían sentimientos? ¿Podían amar y odiar, sentir pena y alegría? La voz de su padre hizo eco en sus memorias al ver la escena que se suscitaba ante sus ojos, respondiendo todas las interrogantes que le provocaron un nudo en la garganta. "Su naturaleza inmortal, ¿realmente ellos la desearon?"
— Nosferatu, rey no muerto, conde…
Recreó aquella vieja charla con Arthur, cuando su convalecencia lo obligó al reposo. "Él borra todo a su vista, incluso durante los días de paz. Un fantasma que caminará durante toda su vida… Les tengo lástima. Parecen tan tristes, ellos son temerosos, son como niños, llorando impotentes sobre sus rodillas".
— Tan tristes…
Ladeó el rostro para observar al vampiro que permanecía a su lado, tenso como un animal listo para lanzarse sobre su presa. Saboreó amargura en el paladar, sintió pena por Seras cuando se giró e hizo contacto visual con Pip, se le estrujó el corazón al momento de bajar su espada, una lágrima se deslizó por la pálida mejilla de su rostro al ver como Romeo reclamaba a Julieta.
— Mi único amor nació de mi único odio, pronto le veo y tarde lo conozco.
Citar a Shakespeare no evitó que la envidia devorase su temple de acero.
…
Alucard se abrió paso entre el camino de espinas, aferrando el brazo de Seras para apartarla. Bastó un momento de lucidez para asimilar los hechos: el humano que admiraba se dejó corromper por el deseo de destruirlo, como hicieron otros tantos. Tembló de la impotencia y el enojo, ¿cómo se atrevió a ir en contra de sus propios principios?
— Anderson, yo habría quedado satisfecho incluso si me vencías. Debido a ese día, a ese solitario anochecer, hace quinientos veintitrés años… Si mis entrañas se volvieran tuyas sería maravilloso, pero ahora es muy tarde para eso. ¡Tú no puedes vencerme!
Se destruyó a sí mismo para quebrar el contenedor de los clavos sagrados y con ello mermar el poder de la reliquia. Su regeneración era lenta y dolorosa, estaba solo y vulnerable, más que hace quinientos años, pero él no caería esa noche.
— Los únicos que matan monstruos siempre son humanos. Morir de otra forma sería inconcebible.
…
— ¿Qué?
La mención del mercenario la obligó a girarse, buscarlo con la mirada, querer apartarse de su maestro y correr a su encuentro. ¿Cómo era posible? Lo vio morir, degustó su vida y lo creyó perdido. No fue consiente del momento en el que las espinas sagradas retrocedieron, no se percató de que Alucard la sujetó y encaró a Anderson mientras la apartaba. Todo pensamiento dejó de ser prioritario en su mente en el momento que distinguió la imponente imagen de Pip Bernadotte, sosteniéndole la mirada de una forma que le heló la sangre.
— No puede ser…
Sus pasos eran lentos y forzados, quería tocarlo y sentirlo para saber que no estaba soñando, pero tenía miedo. ¿Acaso era otra trampa de Millenium? Esa posibilidad la hizo reaccionar, Integra se encontraba muy cerca y corría peligro. Aceleró el paso, tomó impulso y lanzó un golpe hacia el rostro de Pip, pero fue bloqueado con facilidad por él. Retrocedió, colocándose frente a la Sir de forma protectora.
— Sir Integra, ¿se encuentra bien?
— No es necesario atacar, Seras. El capitán Bernadotte sigue bajo mis órdenes.
— ¿Capitán… Bernadotte?
Pip asintió.
— ¿Cómo es posible? Creí que había…
— ¿Muerto? Lo hice.
Antes de que fuese consciente de sus acciones la draculina ya estaba frente a él, acariciando su rostro, tomando entre sus manos las puntas de su largo cabello, olfateando esa fragancia sanguínea que aún podía saborear en la boca. El mercenario posó sus manos en las mejillas de la chica, limpiando con los pulgares las lágrimas que tiñeron de carmín su pálida piel. Por primera vez fue incapaz de sentir la frialdad de su cuerpo, no hubo escalofríos con sus caricias, su aroma lo embriagó con más fuerza y tuvo que controlar el deseo de arrojarse sobre ella. Seras rozó sus labios con los dedos, dejando a la vista los caninos que delataban la nueva naturaleza del castaño.
— Señor Bernadotte, usted… no, no puede ser. ¿Qué hice? No sabía que usted era virgen, no sabía.
Sus labios temblaron y las lágrimas no dejaron de fluir, fue incapaz de sostener por más tiempo su mirada y Seras cerró los ojos. Pip Quiso decirle que no importaba, mientras estuviesen juntos podría soportar cualquier cosa, solo necesitaba una explicación coherente a toda esa locura y aclarar que no era virgen, él fue quien la incitó a beber su sangre, ella no era culpable de nada. Separó los labios, buscando las palabras adecuadas para expresar todas las emociones que lo dominaban, pero las palabras permanecieron en su mente, incapaces de salir por el nudo que se le hizo en la garganta. Lo único que pudo hacer fue abrazarla, aferrarse a ese pequeño cuerpo como si la misma existencia dependiese de ello. Pasó por su mente el buscar su boca y besarla nuevamente, pero no podía mirarla a los ojos. El azul que tanto le gustaba admirar fue sustituido por el color de la muerte, el de los cuerpos que veía en los campos de batalla, eran los mismos ojos del monstruo que respetaba y temía. Ella era Seras, el canario de los gansos, su mignonette… Era la mujer de la que estaba enamorado, aunque perdiese la humanidad que tanto amaba.
…
— ¡Tú eres yo!
Todos lo observaron, incapaces de comprender la vorágine de emociones que lo carcomieron. Sabía que ella mantenía la mirada fija en él; percibió el olor de su puro arder sutilmente, visualizó en su mente aquel hermoso rostro con pequeñas arrugas en el entrecejo por la incredulidad, escuchó el suspiro que escapó de sus temblorosos labios.
— ¡No eres diferente a mí! Sucedió de la misma forma, nada es diferente.
Cubrió su rostro con ambas manos, impotente y asqueado de su propia debilidad. Por primera vez en siglos lloró como el chico temeroso e ingenuo que fue en su infancia, aquel condenado a incontables torturas, el mismo infante que jamás creyó volverse un monstruo. Por primera vez, Alucard no sonreía.
— Los monstruos no lloran. Tú eres un monstruo, así que no debes llorar.
La cálida mirada que Anderson le dedicó lo sacó de su autocompasión. Ese hombre fue el rival que consideró más digno de acabar con su existencia, incluso más capacitado que Van Helsing, lo menos que podía hacer era despedir su memoria con la sonrisa de un monstruo. El cuerpo destrozado del Paladín resaltaba entre el oscuro y cuarteado pavimento, la mitad de su cuerpo permanecía integra y limpia, como si las espinas sagradas hubiesen drenado toda la sangre que poseía. Su voz era débil, apagada, tan distinta al tono enérgico que lo caracterizaba.
— Cuando las lágrimas de una persona se secan para siempre, esta se transforma en un demonio y cambian por ellos mismos, incluso su risa se vuelve diferente. Me voy, pero tú vivirás por siempre. ¿Cuánto tiempo seguirás con esta miserable existencia?
Alucard permaneció de pie frente a él, mostrando el porte de adversario que merecía el sacerdote. Incontables victorias poseía, cada una tan vacía y banal como la anterior; esta era la primera que le sabía amarga y dulce a la par, ya que con ella tendría que dejar partir al único mortal que llegó a considerar como un igual.
— Mi viejo enemigo, algún día, en el infierno…
Podía sentir su cuerpo disolverse en el aire en forma de ceniza, llevándose el dolor que lo enloqueció cuando incrustó uno de los clavos en él. No más remordimiento ni pesares, su partida fue postergada por mucho tiempo y ya era hora de que se uniera a los mártires de la cristiandad. Cerró los ojos, dejando que los gratos recuerdos de su existencia lo envolvieran, solo lamentaba el tener que dejar a sus amados niños, el pilar que lo obligaba a seguir en su monótono día a día.
— Escucho las voces de los niños. Las voces suenan como si estuvieran jugando… Todos esperan, Maxwell. Nadie debe llorar antes de ir a dormir, recuerden sus oraciones… Amen.
Su voz fue como un susurró del viento, suave pero audible para todos los expectantes que dedicaron una oración en silencio. Los subordinados del vaticano cayeron de rodillas, implorando al cielo que acogiese el alma de ese siervo pecador, Heinkel apretó suavemente el hombro de Yumie, brindando apoyo y buscándolo al mismo tiempo. Integra Hellsing tomó una de las tantas espadas sin dueño que yacía a sus pies y la incrustó en el cemento, dejando que la sombra de la empuñadura y el largo filo simularan una cruz sobre una improvisada tumba. Seras permanecía en los brazos de Pip, asimilando el dolor que sentía, el propio y el ajeno, ahora comprendía que tan fuerte era el lazo que tenía con su maestro. El mercenario cerró los ojos, incapaz de observar por más tiempo esa escena, se supone que todos eran monstruos, ¿por qué la emotividad? Sabía la respuesta y entendió al nosferatu, incluso generó empatía con él. Así como los humanos pueden amar a los vampiros, los hijos de la noche pueden amar la mortalidad de sus frágiles existencias.
— Amen.
Él no imploró por el perdón de su alma ni homenajeó su recuerdo y aun así su actuar fue el más desconcertante. Fue llamado Abadón, el rey de las langostas e hijo del mismo diablo, era el temido descendiente de los Dracul, un soberano rumano que perdió la fe en dios, el mal encarnado que terminó la oración de su adversario. Por un momento pensó que su despedida sería tranquila y hermosa, pero el familiar sonido de los microfilamentos vibrando en el aire captó su atención. Una familiar silueta surgió de entre las cenizas de Anderson, pisando sus restos como si fuesen hojas secas que entorpecen el paso. Todos observaron anonadados, congelados por la ira o el asombro, al hombre de cabello azabache que encendió un cigarrillo mientras removía los restos del paladín. Integra fue la primera en reaccionar, cuestionando lo que todos temían.
— Walter, ¿eres tú?
— Basura. Si una persona muere se convierte en basura, la basura no es digna de luto. ¿No es así, Integra?
— Walter…
Seras le dio la espalda a Pip sin apartarse de su lado y encaró al hombre que vestía igual que uno de sus pocos amigos en la mansión Hellsing.
— Señor Walter, ¿qué le ha pasado?
— ¿Qué me pasó? Fui capturado y transformado en vampiro. Además, mi mente fue limpiada de cualquier cosa que no me permitiese luchar eficazmente. Contesté tu pregunta y espero estés satisfecha.
La draculina retrocedió ante el gélido tono en esa respuesta, encontrando los brazos del mercenario que nuevamente la aferraron a su cuerpo de forma protectora. Walter lo observó fijamente antes de cambiar su semblante indiferente por uno de burla.
— Capitán Bernadotte, así que murió en combate. Esto es un resultado inesperado, pero me alegra saber que alguien con sus habilidades tácticas permanece en Hellsing, sería muy aburrido enfrentar solo a mujeres.
— ¿Pero qué mierda dices? ¿Dónde estabas cuando esos bastardos atacaron la mansión y masacraron a todos mis hombres?
— Estoy aquí, de pie y sin vida, a diferencia de muchos otros ante mí. De pie como yo mismo, aquí como Walter C. Dornez. Y así, siguiendo con mis intenciones de asesino, creo que ya es tiempo que los separe de esta "Alba".
El mercenario se tensó por el repentino ataque de ira desatado tras esas palabras, Seras tuvo que tomar sus manos entre las suyas para tratar de calmarlo.
— Walter, ¿por qué?
— ¡No me llames con ese nombre nunca más!
Integra estaba lista para responder con la ponzoña que merecía un traidor, pero alguien se interpuso entre ella y su antiguo mayordomo. Pese a la increíble velocidad que tenía, pudo distinguir a la monja que acompañaba la comitiva de Anderson. Quiso advertirle, decirle a esa mujer que sus ordinarios ataques no funcionarían contra el ángel de la muerte, pero al ver la desquiciada mirada en su rostro supo que nada ni nadie podría detenerla.
— ¡Matar, matar, matar, matar…! ¡Tu comentario sobre el padre Anderson, yo lo recuerdo y tú también lo recordarás!
Yumie se arrojó contra el desconocido adversario, confiada por su letal técnica del Batto-jutsu. Blandió con destreza la afilada katana, creyendo haber hecho un corte perfecto en ese detestable cuerpo, destazando carne y hueso.
—¡Estás muerto!
— No estás matando a nadie, pero si estás siendo asesinada.
Lo último que escuchó fue la voz de Heinkel gritando su nombre, unas cuantas lágrimas escurrieron por su rostro al ver por última vez a su andrógina amiga, antes de que su cabeza rodara por el suelo y el resto de su cuerpo fuese destrozado en el aire, mezclándose con los trozos de su arma. Los gritos de la Iscariote fueron acallados en la distancia, Seras y Pip miraron atónitos el horrendo espectáculo, Integra sintió asco al ver ese extraño adversario cubierto por la sangre de otro de sus enemigos. Alucard permaneció en silencio, manteniendo la calma como el presagio de una tormenta, un previo al desastre.
— Nadie puede detenerme. No permitiré que nadie interfiera con esta insurrección.
Su largo cabello era mecido por el viento, golpeando con fuerza sobre sus pálidas mejillas. Permaneció de pie, con el porte de cualquier caballero al servicio de su majestad, manteniendo su gracia de mujer pese a la postura masculina que sostuvo durante tantos años, la misma postura que le impedía derrumbarse en ese momento, la que no le permitía llorar y gritar con todas sus fuerzas, la que no dejó que cuestionara los motivos del hombre junto al que creció y creyó que vería morir, él mismo que solía decirle de niña lo orgulloso que se sentía de ella. Mordió su labio inferior hasta sangrar y tuvo que exhalar repetidas veces para que no se le quebrara la voz al hablar.
— ¿Entonces será de esta forma? Ya veo. A través de tu propia voluntad has sido reducido a un traidor y así te atreves a mostrarte frente a mí. En ese caso, tú ya no tienes derecho a seguir siendo mi mayordomo y yo no tengo ningún derecho de ser tu ama. Walter C. Dornez. Así que, en cuerpo y mente, te has convertido en un ángel de la muerte completo, ¿no?
— ¡Correcto! Después de todo, este mundo se ha convertido en el sueño de una noche de carnicería pública. ¡Letargo, delirio! Por mucho tiempo esta forma ha existido como un sueño fugaz… ¡Y ahora, justo al alba, yo tengo esto, convertido en el ángel de la muerte! Así que, ponte de pie Alucard, que Hellsing muestre lo que tiene.
El nosferatu se giró hacia su ama, buscando su aprobación en aquella mirada azul que tanto le fascinaba admirar. No pudo más que sentir admiración por su ama, solo ella podía mantener ese porte ante semejante situación. Casi sintió pena de las palabras que ya se agolpaban en su garganta, listas para salir y rematar el daño hecho en la cordura de su amado cordero.
— Incluso ahora nosotros solo somos perros de caza, y los perros no deben aullar por si solos. Mis órdenes, espero ordenes mi ama. Puedo matarlos a sangre fría sin pensarlo ni por un momento, después de todo yo soy un monstruo y tú eres Integra. Es mi destino que los humanos apunten sus armas hacia mí, sin embargo, para matar necesito saber tu deseo de asesinato. Entonces, ¿cuáles son sus órdenes? Comandante de Hellsing, Integra Fairbrook Wingates Hellsing.
Su frente estaba perlada, permanecía erguida y tensa, con los brazos a los costados y los puños apretados. Cientos de voces llegaron a su mente, repitiendo una y otra vez el deseo que reprimía con tanta desesperación. "Dilo, dilo, dilo"
— ¡Te ordeno que lo digas! Dilo, mi princesa.
¿Él dándole ordenes? Y encima tuvo el descaro de llamarla princesa. Eso bastó para que la frialdad característica de sus acciones se interpusiera a los berridos de su infante interior. Por fin pudo relajarse y sacar de su abrigo la cigarrera que siempre llevaba consigo, tomó un puro y lo olfateó con deleite, ante la mirada de incertidumbre de Seras. Buscó en sus bolsillos el encendedor de plata que siempre llevaba consigo mientras Pip seguía atento cada uno de sus movimientos, como si temiese que hubiera perdido el juicio. Tomó el puro con los labios y lo encendió, asimilando el hecho de que ya nadie extendería el encendedor frente a ella.
— El objetivo es el enemigo. Matar sin opción de fallar. ¡Busca y destruye, sirviente! Esa es mi orden, sin importar como, todos los que se oponen a nosotros deben ser destruidos. Todo lo que se ponga en nuestro camino debe ser completamente eliminado.
El pequeño cuerpo de la draculina tembló ante la severidad y gelidez de esa orden. Más por instinto que por conciencia, la acunó entre sus brazos como si temiese perderla en ese momento. El miedo de Seras, la ira de Integra, el regocijo de Alucard, él podía sentir todas esas emociones como si fuesen propias, y tuvo miedo, ya que jamás en su existencia se sintió tan humano y vulnerable como en ese momento. Tuvo que volverse un monstruo para entender a los mortales.
Notas de la autora:
¡Tarde pero seguro! Aún es agosto, así que me mantengo con la promesa de la actualización mensual. Este mes fue muy difícil, ya que estuve saturada de trabajo y pasaron varias cosas que me distrajeron del reto, así que si este capitulo quedó algo flojo y aburrido, lo siento (al menos así lo sentí, pero si no lo publicaba seguramente terminaría perdiendo interés en el fic). Ya saben, estoy abierta a quejas y sugerencias, nos vemos el siguiente mes, espero yo, con más creatividad (se viene la escena por la que cree esta historia).
