Disclaimer: El universo de Hellsing, así como sus respectivos personajes son propiedad intelectual del gran mangaka Kōta Hirano y son empleados sin fines de lucro.


Veteranos de guerra

"Todo pasó tan rápido, te convertiste en mi enemigo, enemigo de Hellsing, de gran Bretaña. Cambiaste, ahora tienes que ser eliminado"

— ¡Bien dicho, Integra Fairbrook Wingates Hellsing! Creo que llamarte «Fräulein» no sería apropiado en este momento. Finalmente te has convertido en mi verdadero enemigo.

El zepelín que desató el infierno sobre Londres descendió abruptamente, frente a los ojos incrédulos de Iscariote, ante los mallugados pies de los sobrevivientes de Hellsing. Integra ladeó el cuerpo, para quedar de frente a la guarida de la rata que osó declararle la guerra, como un juego de niños que ella no estaba dispuesta a perder. Solo los ojos de un monstruo podrían percibir el aura de orgullo y vehemencia que emanaba de ese frágil cuerpo de mujer, Alucard admitió que las palabras de Montana eran ciertas, su ama evolucionó en un adversario digno de cualquier batalla.

— ¡Ve! Yo me encargo aquí, puedo acabar con él.

— Lo sé.

— ¡Maestro!

Seras empujó levemente a Pip, librándose de su protector abrazo. ¿Desprecio? Sabía que no, pero una parte en él no se convencía con esa versión. ¿Qué era Alucard para su mignonette? ¿Lo mismo que ella para él? ¿Solo amo y sirviente? No, para él, la rubia era más que solo su amo. Desvió la mirada hacia Integra, estaba seguro que terminarían escoltándola al interior de ese nido de ratas, después de todo Walter y el vampiro buscaban enfrentarse mutuamente y él no intervendría, aunque fuese una orden directa. ¿Honor de hombres? Quien lo sabría, después de todo, para un vampiro esas cosas carecen de importancia.

— Ve y conquista, Seras, ve con nuestra ama. El sueño de este hombre finalmente llegará a su fin, después de cincuenta y cinco años. La mañana ha llegado, es tiempo de que yo lo despierte de su letargo.

La draculina agachó el rostro, dejando que su cabello lo ensombreciera por nos segundos. ¿Rabia, miedo, llanto o gritos? Ella era tan impredecible al tratarse de emociones, tan errática en su forma de actuar. ¿Qué es lo que sabía sobre ella? Solo detalles básicos de su conducta, pequeñas anécdotas que compartían, conocía su carácter de los mil diablos, aquel que contrastaba con la bondad y preocupación que siempre mostraba con los gansos que no la acosaban. El mercenario no perdió detalle sobre ella, analizando cada movimiento de su cuerpo, cada gesto, cada tono en su timbre de voz.

— Señor Walter, amm… bueno, aunque diga que ha cambiado, yo solo quiero, digo, por todo lo que ha hecho hasta ahora, ¡gracias! Ha sido un honor trabajar con usted.

Pip la observó con incredulidad, ¿cómo pudo dudar de ella? Su mirada podría ser un reflejo del mismo infierno, pero Seras aún irradiaba luz, desbordaba ingenuidad y generosidad. Seguía siendo la mujer por la que se sacrificó. Lo que no logró ni Integra ni Alucard, la chica policía lo hizo entre titubeos, Walter se quedó sin palabras por unos segundos y por un breve lapso de tiempo sonrió con sinceridad, quizá con gratitud. ¿Agradecer al enemigo? Solo un vampiro tan peculiar como Seras Victoria.

— Igualmente.

La voz de Integra sacó a todos de sus cavilaciones. Alucard sonrió al escucharla, Seras se estremeció e inmediatamente tomó posición de firmes, Pip abrió y cerró los puños repetidas veces como un calentamiento previo de sus tensos músculos, Walter permaneció en silencio, escuchando con indiferencia la sentencia de muerte por parte de aquella mujer.

—Walter, adiós. Solo muere, aquí.

Empuñó la espada y caminó en dirección a su blanco, estremeciendo la tierra con el peso de su determinación. Seras hizo una ligera reverencia dirigida al antiguo mayordomo antes de girarse y alcanzar a su ama, mirando a Pip de reojo, buscando cualquier indicio de apoyo por su parte. No dudó ni un segundo en seguirla, solo quería dejar en clara la postura rebelde que siempre lo caracterizó, después de todo él no servía a nadie de forma sumisa; una detonación aislada fue la señal para meter las manos en los bolsillos del pantalón y caminar despreocupadamente tras los pasos de su mignonette, escuchó claramente la voz de Alucard llamándolas buenas mujeres, su amada ama y su amada sirvienta. Se tensó un poco por los celos, hasta que la misma voz dejó un mensaje que solo él pudo escuchar, «bendito entre las mujeres, por ahora».

— Hasta tus amenazas son elegantes y sutiles, hijo de puta.

Si algo le ocurría a cualquiera de las dos, él tendría que vérselas con el gran rojo, lo sabía y no le importaba, solo requería de una oportunidad para probar su valía y no pensaba desperdiciarla. Ellas ya habían ingresado al zepelín, tenía que darse prisa.

— Seras, ¿te encuentra bien?

— ¿Qué? Ah, sí.

— Necesito tu atención aquí, estamos en la boca del lobo y no pienso perder a nadie más de mi organización.

Apenas se percató de la negra silueta que saltó frente a ella, antes de que la draculina se interpusiera entre ambos, desgarrando la garganta del soldado nazi. Integra no se inmutó ni un segundo, continuó sus pasos sin cavilaciones con Seras pisando sus talones. Pudo percatarse del intenso color carmesí de sus ojos que resaltaba entre la oscuridad de las derruidas instalaciones, tan intenso como el de Alucard, tan familiar como el del mercenario.

— Respecto a Bernadotte, dudo que él sea virgen.

— Pero, yo creí que era necesario serlo para la conversión.

—Yo también pensé lo mismo. Por más de un siglo, mi familia se ha encargado de cazar e investigar a los vampiros, estudiando a detalle todos los mitos y leyendas que hay alrededor del mundo. Todo lo que creí saber, lo que mi familia ha recabado durante este tiempo, se vino abajo cuando convertiste a un ser no virgen. No sé la clase de relación que hayan formado, pero de alguna forma logró burlar a la muerte. Hablaremos con Alucard cuando todo termine, Bernadotte es un elemento valioso para mis fuerzas después de todo, pero quisiera enfatizar en algo: él es tu responsabilidad, Seras. Así como le ordené al conde que se hiciera cargo de sus acciones y respondiera por tus actos, te ordeno que controles y respondas por las acciones de ese hombre.

— S-sí, sir Integra.

— No te conocí mientras vivías, pero es obvio que la vampirización no afectó tu carácter de una forma drástica, más no podemos confiarnos por ello. Si llega a volverse una amenaza para la organización, para el país, su majestad o incluso para mí, no dudare en dar la orden.

No fue necesario que concluyera la frase, Seras entendió perfectamente a que se refería. Sabía que Pip jamás atacaría a Integra, o eso quería creer. ¿Tendría la fuerza para imponerse sobre él? Incluso a esas alturas lo seguía viendo como un superior, pero Integra tenía razón, ella lo convirtió y era su responsabilidad.

—Moriré si es necesario, antes de permitir que surja una nueva amenaza para mi país.

— ¿Qué pasa, Walter? ¡De pie! Si toda la situación falla, uno podría convertirse en vampiro solo por necesidad. Y cuando el cuerpo es aplastado, sanará por necesidad, así es como pasa. ¿Estás volviendo a tu juventud? Bien, es como pensé. Te estás volviendo como eras hace sesenta años. ¿Qué es exactamente lo que intentas? ¿Cuál es tu motivo?

— ¡Lo hago solo por diversión!

— Creo que esto no es divertido. ¿Estás jugando solo? La forma que tome, nunca tiene un significado. No importa si nos traicionaste o no, en estos tiempos solo son malos recuerdos, mocoso. Eso es todo lo que hay, ellos persisten en apuñalarnos, persiste en el tiempo, pero tuviste que luchar contra demonios reales y cuando los recuerdos se convirtieron en demonios tú lo hiciste. Esta es la verdadera esencia de la batalla, aquel que ha pegado caerá. Todo se repite desde aquí, cometí ese error hace quinientos años y ahora tú lo cometes, Anderson también, incluso perdió su preciosa humanidad.

Sus ojos no lograban enfocar bien a través de la densa neblina que rodeó el cuerpo de su adversario. Podía sentir el cuerpo más liviano, sus energías renovadas, la elasticidad de sus músculos le permitía moverse con facilidad y aun así era incapaz de encontrar a Alucard en ese momento. Algo no andaba bien, lo presentía y se ponía alerta ante la incertidumbre. El nosferatu continuó su discurso.

— ¿Seguro que quieres seguir combatiéndome? Cuando diste el primer paso, ¿pensaste que podrías continuar así? ¿Has logrado entender tus nuevas habilidades? Todos tememos volvernos inservibles, tememos a la vejez, tememos ser olvidados. Al menos actuaste como si lo disfrutaras, aunque al final te volviste un demonio. Fuiste un demonio hace sesenta años y sigues siendo uno… muy bien, juguemos.

Por fin se disipó esa molesta niebla, dejando a su vista una imagen tan nostálgica como su propio reflejo. Algo se removió en su interior, un deseo añejado que afloró en el mismo instante que observó la inocente figura de un demonio vestido de blanco, con su largo cabello azabache, con sus ojos rojos y el rostro aniñado, un deseo de posesión y muerte.

Pip se guiaba por el rastro de cadáveres que yacían esparcidos a lo largo de los estrechos pasillos. Su audición de inmortal le permitía escuchar las múltiples detonaciones que seguramente tenían por blanco el cuerpo de su jefa, la visión mejorada tras su conversión lograba enfocar destellos rojizos desplazándose a gran velocidad, bloqueando cada una de las balas antes siquiera de acercarse a Integra lo suficiente para ser una verdadera amenaza. ¿Era parte de las consecuencias por beber de su sangre? Seras se desplazaba con precisión, ningún movimiento era errático o innecesario, sus puños eran armas letales y la monstruosa fuerza que temió por tanto tiempo bastaba para derribar a soldados vampiro con un solo golpe. Era como si estuviese viendo su propio desempeño en el campo de batalla, la forma de tomar impulso y golpear en los flancos, lanzar ganchos a la quijada, desequilibrar al contrincante, todos eran los mismos movimientos que a él le tomó años perfeccionar. ¿Acaso una parte de él vivía dentro de ella? ¿Se habría llevado toda su destreza junto a la sangre que arrancó de su cuerpo? Silencio. Las detonaciones cesaron y los gritos junto a ellas. Una voz hizo eco a través de las bocinas que aún permanecían intactas y que reconoció al instante.

Todos mueren riendo. Sí, ellos solo han venido hasta aquí con la única intención de morir.

— Si tanto desean morir, entonces no tienen razón para no hacerlo. ¡Solo vayan y háganlo! Debieron suicidarse hace cincuenta años.

Exactamente eso es lo que no podemos hacer Fräulein, solo morir haría las cosas un poco injustas. Estamos más allá de cualquier ayuda, la humanidad ha decidido que somos innecesarios e incluso se han olvidado de nosotros. ¡Morir sin ninguna razón es la única cosa que no debemos hacer! Hay algo más importante que nuestra muerte, así es como llegamos a este punto, la razón por la cual hemos continuado tan lejos. Debe haber algo más, debe existir otro lugar donde podamos continuar con nuestra guerra, otro enemigo con el que podamos luchar. El mundo es enorme, lleno de amenazas y maravillas, repleto de guerras y disparos. Y eso es precisamente el porque, en algún lugar de este enfermo mundo, debe haber una batalla en la que podamos plantarnos y luchar una vez más.

Sintió el miedo de Seras como si fuese propio, corrió mientras saltaba y esquivaba los cuerpos, pisando charcos de sangre que ensuciaron las botas tácticas. Divisó las siluetas de Integra y Seras, quietas, expectantes ante un tercero. El ondear de la gabardina le daba un toque escalofriante, su altura imponía y la musculatura de sus miembros destacaba pese a la gruesa tela de la vestimenta nazi. Veía fijamente en dirección a las dos mujeres, pero sabía que era a él quien veía con intensidad como si estuviese declarando un desafío. Detuvo la carrera y a pasos cortos se acercó a Seras, colocándose detrás de ella, sosteniéndole la mirada al peculiar soldado.

Para nuestra muerte se requiere algo más, nosotros debemos continuar eternamente por toda la tierra hasta encontrar el motivo de nuestra muerte. Es por eso que los consideramos tan valiosos, lo merecen. ¡Realmente son magníficos, Hellsing! La razón de que su existencia haga que nuestras muertes valgan la pena es porque su existencia s algo digno de morir.

— Sir Integra, por favor continúe.

— ¡Seras!

— Estaré bien, usted y el señor Bernadotte vayan contra el mayor. Ese hombre ya ha dicho demasiado, no se le debe permitir decir na más.

Pip golpeó suavemente uno de los glúteos de Seras con la mano extendida, empujándola hacia adelante. La chica se giró para encararlo, lista para reclamarle su acto depravado, pero el rostro del capitán permanecía serio, observando fijamente al hombre que les bloqueaba el paso. Supo que ella no sería quien lo combatiría cuando el castaño se abrió paso entre ambas, lo supo al ver aquel extraño apartarse y señalar uno de los pasillos. Integra le tocó el hombro para captar su atención, tenían que ponerse en marcha.

—Bernadotte, más le vale que no pierda la vida, o habrá alguien que nunca se lo perdonará.

— Me subestima demasiado, jefa.

Integra se detuvo frente al silencioso adversario, observando en la dirección que le señaló segundos antes. Tuvo que reprimir el deseo de sacar el revólver y dispararle, después de todo no era su contrincante. Prosiguió con sus pasos, lo suficientemente lentos para dedicarle unas palabras a su enemigo y dejar que Seras la alcanzara, con la misma determinación que mostró hasta ese momento.

— Que perro tan honorable, gracias.

Seras observó con impotencia como se alejaba su ama, sabía que su lugar en ese momento era junto a ella, pero no quería dejar a Pip.

— Mignonette, Integra ya se fue.

— Pero, señor Bernadotte…

— ¿Qué? ¿Tú también me subestimas?

— No, es solo que, bueno, acaba de despertar como un vampiro y…

— Y temes que sea como tú, ¿no es así? No, Seras, yo no me tiento el corazón cuando tengo un objetivo ni dudo un instante en atacar a mi adversario. Entiendo el papel que estoy jugando en estos momentos, solo que esta vez soy un peón que se coronó, ahora soy una pieza más útil. Tu lugar es a lado de la ama de tu amo, el mío es al frente de la batalla, peleando como un perro contra otros perros. Hellsing contrató a los gansos para ganar esta guerra y en nombre de las tropas libres contratadas mostraré lo profesionales que somos, jactándome de esta victoria. Ve, mon cher, has algo útil con mi sangre y terminen esta maldita guerra de una buena vez.

Tal vez no fue su intención, pero sus palabras hirieron a la chica, después de todo ella solo estaba preocupada. Pasó de largo, a su lado, con la mirada agachada y los puños cerrados, firmes a los costados. Supo que él no la miró, en ningún momento perdió de vista a su adversario, ¿era parte de su profesionalismo? Una parte de él que creyó conocer, hasta ese momento. ¿Qué tan cambiado estaría Pip cuando se reunieran de nuevo? ¿Realmente había alguna posibilidad de que se volviera una amenaza para Hellsing? ¿Él sería capaz de atacarla? Se estremeció ante la idea, pero mantendría su palabra, moriría antes de permitir que Pip Bernaodtte se volviera una amenaza.

— Has hecho una apuesta realmente desventajosa, pequeño Walter. Y pronto todas tus cartas caerán envueltas en llamas. Compartimos el mismo amo, los mismos compañeros, y es por eso que te mataré. Que patético final, no tengo ningún interés en jugar con tu vida en estos momentos. Un traidor, eso es lo que eres, y ni una sola vez en toda mi existencia he perdonado a alguien como tú. Así que no pienses que perderé mi tiempo peleando limpiamente contra ti, tu muerte será de las más rápidas. Además, estoy hambriento.

Varios ríos de sangre comenzaron a fluir en una sola dirección, los cadáveres que yacían inertes sobre las calles londinenses fueron drenados totalmente. Alucard lo miraba sádicamente, mostrando una dentadura perfecta y mortal. Walter jamás había sido testigo de semejante espectáculo, una parte de él temía por el inmenso poder que tendría después de incrementar su ejército de familiares, pero todo era parte de un plan. Sin ser consciente de ello, aquel temible vampiro firmó su sentencia de muerte.

— Yo no considero a ese hombre como una persona, ni siquiera lo veo como un vampiro. Él es un castillo viviente, en él están todas las vidas de sus enemigos. ¿Qué debo hacer para derrotarlo? Solo pienso en eso, cuando estoy despierto y hasta cuando duermo. Porque esta lucha es solo mía… ¡Guerra! Es una guerra entre él y yo. Debo poner toda mi alma en este conflicto. ¿Qué es lo que tengo yo? ¿Qué es lo que tiene él? Al final no tengo nada, porque soy un ser humano. Si fuera un vampiro sería fantástico, luchar y vivir eternamente suena como una bendición, pero es algo que jamás podré hacer. La eternidad es maravillosa, es tan poderosa, la sangre que corre y la línea de la vida. Las propias vidas y los corazones de las personas se vuelven uno con su ser, esa es la esencia del vampiro. ¡Eso es maravilloso, es fantástico! Sin embargo, es algo que no quiero. Lo que es mío es mío, mi alma y mi sangre, yo soy yo. ¿No es algo envidiable? Es algo magnifico, hermoso, por eso lo odio. Finalmente encontré a mi verdadero enemigo, mi guerra, para eso nos hemos preparado por cincuenta años. El ultimo batallón, la novena cruzada, Anderson, los hombres lobo y Walter, todo ha sido planeado para este momento en el cual Alucard ha liberado el nivel cero de restricción y con el su castillo viviente. ¿Cómo derrotas a un rey demente? Alguien que ha visto muchas más batallas que nosotros y que volverá a beber sangre, pero su gran habilidad es su punto débil. Él era un tirano y aun lo sigue siendo, ahora el tirano morirá envenenado.

Pip permaneció estático, listo para analizar cada movimiento de su adversario, pero no se movió. Comenzó a desesperarse, estaba desarmado y en desventaja, un paso en falso podía ser fatal para él. Hizo un rápido reconocimiento de la zona, ubicando puntos de bloqueo y salidas de emergencia, hasta que logró divisar un par de fusiles StG 44, muy similares al Ak-47 que solía utilizar, necesitaba distraerlo de alguna forma ara poder llegar a ellos e iniciar de una vez ese enfrentamiento.

— Bien, somos tu y yo, perro faldero. Debes saber que soy francés y además de adorar el vino y las mujeres voluptuosas, detesto a los nazis. Para mí, no son más que asesinos a sueldo, sin honor ni gloria; diría que somos iguales, pero mi tropa y yo nos regimos por un código de honor rescatable entre toda la basura del bajo mundo, ustedes no tienen ni eso.

No se inmutó ni un poco. Necesitaba cambiar su estrategia, no podía arriesgarse a ser alcanzado por un proyectil de las monstruosas Mauser C96 que colgaban a los costados, bajo la verde gabardina. Le tomó un par de segundos desarrollar una estrategia para el plan B, era la primera vez que enfrentaba a un monstruo de forma directa y solo sabía pensar como una presa humana, así que esperaba resultase como lo tenía planeado.

— Aunque, debo reconocer que fue muy honorable dejar ir a las mujeres sin atacarlas, eso es de hombres. ¿Viste a la rubia de cabello corto? Puedo asegurar que es el vampiro más sensual que hay en este nido de ratas y ella aguarda por mí, así que hazme un favor y aceleremos las cosas.

En un rápido movimiento el castaño llevó la diestra al bolsillo de su pantalón y extraje de él un cuchillo de combate que siempre llevaba consigo, su adversario tomó una postura defensiva, llevando ambas manos a los costados, muy cerca del gatillo de sus armas. Arrojó el cuchillo en su dirección, pero con un desvío en la trayectoria, Hans sintió el aire que agitó el impulso del arma, más terminó incrustado en unos tablones por encima de él, logrando desestabilizarlos y haciendo que cayeran sobre él. No eran más que madera y un par de cuerdas, nada significativo para un hombre lobo, pero bastó para que el mercenario se hiciera de las armas que necesitaba y comenzara a disparar en su dirección, pese a la gran nube de polvo que debía impedirle la vista. Apuntó hacia las piernas del nazi, tratando de desequilibrar sus pasos, pero nada impedía que siguiera avanzando, disparando en su dirección; Pip tuvo que rodar en el piso y ocultarse tras un montón de escombros, ¿qué clase de bestia era ese mal nacido? No era humano, él tampoco.

— Bastardo.

Maldijo en voz alta mientras se incorporaba y continuó disparando, su vista le permitía observar detalles que le sería imposible sin una mira telescópica, era totalmente visible el tórax a la altura del corazón y aun así no logró acertar ni un solo tiro. Aprovechando esa frustración, Hans se quitó la gabardina y la arrojó en dirección a Pip con la intención de cubrirlo con ella y dejarlo vulnerable, pero se enfrentaba a un soldado que pudo predecir sus intenciones y apartarse antes siquiera de que la tela lo rozara.

— ¿Crees que soy un novato? No me subestimes, maldito pervertido.

La confianza que adquirió con esa pequeña ventaja desapareció al verlo de pie, justo en el momento que tiró sus armas y tomó una postura de ataque. El rostro del que creyó un vampiro se deformó y tomo una apariencia bestial, como si se formase el hocico de un lobo. La hilera de colmillos le pareció más impactante que la de Alucard y tuvo miedo, como si aún fuese solo un humano. Acortó la distancia entre ambos en milisegundos, tomando la forma de un gigantesco lobo blanco y se plantó frente a él, lanzando una letal mordida que logró esquivar por centímetros; Hans aprovechó su confusión y pateó con fuerza el pecho del mercenario, impulsando su cuerpo hacia el muro más cercano. El concreto se cuarteó por la fuerza del impacto, sintió el rebote de su cráneo al golpear la pared y sus vertebras crujir al chocar, olió la sangre que emanó de su frente y degustó la que tuvo que escupir para que no llegara a los pulmones que creía indispensables. Antes de poder asimilar su situación, el hombre lobo se arrojó nuevamente sobre él, rompiendo esta vez el suelo y lanzando a ambos a una habitación inferior. Su cuerpo impactó una vez más y juró que estaba al borde de perder la conciencia, olvidó por unos segundos que ya no era un simple mortal y eso le costó una ventaja valiosa y vital. La imagen sonriente de su mignonette llegó a su mente, tan hermosa como la vio en su sueño, con el aura de grandeza y soberbia que resaltaba su belleza. No pudo más que esbozar una torcida sonrisa, incluso mover los músculos del rostro le era doloroso. Quizá si era solamente un sirviente.


Nota de la autora:

¡Hola de nuevo! Aquí estamos, con una actualización más. Este mes fue muy pesado, lamentablemente mi país se vio afectado por dos sismos de gran intensidad y el ultimo me generó un estrés postraumático que ya creía crónico. Ni siquiera pensaba en escribir, estaba totalmente bloqueada, pero me percaté que al distraerme se calmaba mi ansiedad, así que abrí el archivo de word y salió esto, con mucho copy/paste en los diálogos, como ya es tradición por acá. Espero que lo disfruten, ya casi se acaba el año y con él esta historia, ya saben que atesoro todas sus opiniones y les doy mil gracias por seguir leyendo. Hasta la próxima, si la vida y mi inspiración lo permiten~